ALMUTAMID

No eran celos. Lo juro. Pero tras ver el odio que me profesaba María y la actitud de Marta tras saber que yo seguía enamorado de Claudia, su presencia, que yo había querido conservar como amistad por todo lo vivido juntos, se convertía en una losa para mí. Y no por celos, lo vuelvo a jurar. Su actitud tan desinhibida con los chicos aquel verano había contrastado demasiado con su actitud de pareja conmigo. No me cuadraba. Y menos aun que su objetivo directo fuese Dani, y por cierto, buscándolo de la misma forma en que me buscó a mí.

¿Realmente yo conocía a aquella chica? ¿O ella había interpretado un papel conmigo? La cuestión es que me incomodaba verla en esa actitud con una persona a la que meses antes evitaba e incluso comentaba que le resultaba poco recomendable. ¿Buscaba mis celos? Mala táctica. Y más en aquel momento.

Aunque analizando fríamente lo que había visto en ella aquel verano Dani se asemejaba al menos físicamente al tipo de tío que le iban más que yo. Lo que me llevaba a otra pregunta, entonces ¿por qué acabó conmigo? No iba a perder mucho el tiempo ya. Pues cuando regresé del baño me despedí amistosamente de las chicas con las que había estado charlando y me fui a la residencia con la excusa de que a la mañana siguiente me iba a mi ciudad de puente.

Lo único que perturbó mi sueño aquella noche fue pensar qué daño le habría hecho yo a Marta para que actuase así. En el estado en que me encontraba desde hacía semanas y mi capacidad de autoinfligirme castigos empecé a pensar lo mala persona que debía ser yo para provocas esas reacciones en gente que supuestamente me había querido. Aunque repasando el verano, tampoco era tan grave, pues Dani al fin y al cabo sería el tercer cachitas con el que la había visto en poco tiempo si es que no hubo más. Esa conclusión me hizo sentirme menos dañino y facilitó mi sueño.

Por la mañana, tras desayunar como un viernes cualquiera me despedí de Marcos, Víctor y Ángela y me fui a por el primer tren que saliera. Poco después de la 1 de la tarde yo estaba en mi ciudad en la principal estación de ferrocarril. Por algún extraño motivo no me había apeado del tren en la estación anterior que me dejaba más cerca de mi casa. Salí a la explanada de la estación en una soleada mañana de otoño y viendo que no habría nadie en casa recordé que la residencia de Claudia estaba cerca de allí, y en un impulso me dirigí andando con mi mochila a la espalda hacia allí.

Realmente no sabía por qué iba. Las palabras de Víctor no habían dejado de resonar en mí. Pero el impulso de intentar verla era mayor. De hecho, cuando llegué a la puerta no dudé a pesar de ser una residencia exclusivamente femenina. Pregunté al recepcionista por ella y el buen hombre cortó de raíz mi plan de encontrarme con mi exnovia:

-Claudia sale los viernes con un pequeño equipaje y ya no vuelve hasta la noche del domingo…

Evidentemente lo tenía todo pensado y quería evitar cualquier cruce fortuito e incómodo en la ciudad.

En el fondo yo mismo acepté lo ocurrido como algo positivo. Había sido un impulso y ni yo mismo tenía claro porque había aparecido allí ni qué le iba a decir. Mi plan seguía hacia adelante y no se veía influido por esta circunstancia.

Por la noche volví a quedar con todo el grupo. Evidentemente tuve que hacer informe más de una vez de mi estado y de como había empezado el curso, hasta tres veces tuve que repetir que ya estaba bien delante de Alba primero, Pablo después, y Viqui cuando llegó con Mikel. Y yo mismo lo certifiqué comportándome aquella noche con total normalidad. Me extrañó una vez más la ausencia de Nieves y Alberto. Pablo me explicó que últimamente salían poco con el grupo. Con cierta maldad le respondí privadamente:

-Con suerte Alberto ya se estará follando en condiciones….como me la follaba yo.

La suavidad del otoño en mi ciudad invitaba a disfrutar de espacios abiertos y aunque algunas chicas ya paseaban con atuendos invernales, la temperatura invitaba más a disfrutar aun de ropa primaveral con su chaqueta correspondiente. Y pude comprobarlo con Alba, que venía tan guapa como siempre con un vestido corto de verano ajustado a sus muslos y marcándole algo de culo con un cinturón grueso que demostraba la estrechez de su cintura que tan nervioso me había puesto en otras ocasiones al bailar con ella tomándola por ahí, y una torera vaquera que disimulaba sus enormes pechos embutidos en el vestido.

Terminamos en un festival que solía instalarse en el inicio del otoño con casetas con restaurantes de diversos lugares del mundo y actuaciones musicales. Un espacio interesante donde probar comidas exóticas y probar todo tipo de cervezas. Acabamos allí y lo pasamos muy bien comiendo crepes franceses, gyros pitas griegos o arepas venezolanas combinándolo con cervezas belgas, alemanas o norteamericanas. Incluso perpetré algún baile latino con Alba y Viqui demostrando mi recuperación.

El baile con Alba me reprodujo antiguas sensaciones que debí desechar para no romper las pautas de mi plan. Pero no os puedo ocultar que mientras me sonreía contoneando sus caderas con una bachata me entraran ganas de abrazarla y besarla. Pero el nuevo Luis que tenía que resurgir de las cenizas que dejó Claudia como un ave fénix no podía tener esos deslices que derrumbaran su nuevo proyecto. Si se tenía que follar se follaba, pero nunca complicándome la existencia con personas tan cercanas con ella.

Y eso empezaba ya a ser un problema. Porque mi abstinencia empezaba a ser prolongada para lo que yo estaba acostumbrado en los dos últimos años. No quería líos con mis amigas aunque notaba a Alba dispuesta a algo más y no sabía hasta donde quería llegar Sol. En la app no encontraba más que sorpresas. Y yo no sabía ligar en bares y menos con Alba delante. Eso sería hacerle un gran feo. Por lo que, aunque había caído alguna paja suelta desde la marcha de Claudia, tampoco era algo que hubiese practicado últimamente. Inspirarme en los últimos recuerdos con mi ex me resultaba doloroso y cuando me inspiraba en el último recuerdo morboso con Almudena de nuevo en mi mente ocurría aquella mutación que sustituía su carita morena por la cara más pálida de Alba resultándome tan perturbador que dejaba de meneármela al instante.

De hecho tuve una ocurrencia aprovechando aquel puente. No ver a Claudia casi me había venido mejor pues lejos de sentir su ausencia sirvió para ir mejorando mi convalecencia sentimental. Divertirme con mis amigos era la muestra de ello. Pero no sabía por cuanto tiempo podría reprimir mi impulso sexual. Así que caí en la tentación de escribirle a Mónica.

-Hola, estoy en la ciudad y me he acordado de ti. Creo que no fui muy cortés contigo el día del botellón.

La verdad es que pese a haber mandado aquel mensaje después de comer no había recibido respuesta. No siquiera aparecía como que la chica la hubiese leído. Por lo que supuse que tras mi plantón estaba pasando de mí, y era lógico además. Sin embargo, avanzada la tarde y cuando ya iba a llamar a mis amigos para unirme a su plan vi que la chica me había contestado:

-Hombre profe. Mejor dicho, Luis. Veo que te has venido de puente. Estoy trabajando, pero salgo a las 10. ¿Una cerveza?

Respondí de inmediato:

-Dime donde te recojo y te busco.

Me citó en un bar muy conocido de la ciudad en pleno centro pues debía estar seguramente muy cerca de su trabajo. Tenía un par de horas. El tiempo de arreglarme y de acercarme andando hasta el lugar. Llegué con cierto adelanto. El bar está en plena zona comercial en una calle peatonal y es famoso por llevar el nombre de la calle y por tener al fondo una grada donde tradicionalmente se sentaba la gente joven con sus cervezas, vinos y tapas. Me pedí una cerveza y me senté en la parte alta de la grada para poder controlar la puerta y que Mónica me viera con facilidad.

Ya habían pasado las 10 de la noche hacía unos minutos y empecé a ponerme nervioso temiendo el plantón. De todos modos no tenía nada que perder. Pero la incertidumbre me generaba una inseguridad que me hacía dudar de lo que estaba haciendo. Tenía muy claro por qué quería quedar con ella, pero ahora que se retrasaba ya no estaba tan convencido. Y si me dejaba tirado quizá me estaba haciendo el favor.

Pero mi zozobra fue breve pues la vi asomar por la puerta buscando con la mirada. Yo levanté la mano y me reconoció. Atravesó la muchedumbre que llenaba el local a esa hora para llegar hasta donde yo estaba sentado. Cuando subió por la escalera me levanté para darle dos besos. Ella aprovechó para quitarse la chaqueta larga de polipiel con la que cubría el uniforme de su trabajo, un sencillo pantalón negro ajustado con una camiseta igualmente negra y ajustada con el nombre de la tienda donde estaba trabajando sobre sus pequeños pechos marcados en la tela.

Llevaba el pelo recogido en una coleta con su flequillo suelto pero al sentarse se lo quitó dejando ver una media melena que le había ido creciendo a lo largo del verano. Por un momento sentí un escalofrío por la similitud física con Claudia, más delgada y con las tetas no tan cónicas, además tenía una cara y una forma de ser muy diferentes. Sin ir más lejos su voz era más grave y su postura corporal menos segura, algo que chocaba bastante con su actitud el día que se me insinuó.

Tras preguntarle que quería tomar pedí otra cerveza para mí, un refresco para ella y dos montaditos para empujar. Regresé con ella y le pregunté por su trabajo:

-No sabía que estabas trabajando.
-Llevo poco. No he conseguido plaza en ningún sitio donde quería para seguir estudiando y me he puesto a trabajar mientras.- me explicó.
-Muy responsable.
-Luis, no soy una niñata.
-Nunca me has dado esa imagen.
-Pero te habrás preguntado por qué con mi edad todavía estaba en bachillerato. Pues no ha sido por dejadez. Hubo problemas en casa y dejé los estudios y cuando he podido retomarlos me ha costado más trabajo.
-Pero lo has conseguido- le alabé.
-Y te lo agradezco en parte. El latín es una muerte.

Seguimos charlando mientras cayó una ronda más de bebidas y un plato de adobo. Me sorprendió que no me preguntara el motivo de haberla llamado y que actuáramos como dos viejos amigos cuando en realidad sólo habíamos hablado al margen de las clases el día del botellón más de un mes antes de nuestra cita.

De regreso a nuestro barrio le pregunté si estaba cansada o le apetecía dar un paseo. Eran las 12 pasadas pero el domingo descansaba así que le propuse tomar una copa en la misma terraza frente al teatro de la ópera donde había estado con Almudena.

Mónica no dejó de sorprenderme pareciéndose más a la chica enigmática de la foto de la app que a la alumna vergonzosa y callada de mis clases. Tras tomarnos una copa a la que me empeñé en invitarla iniciamos el regreso pero en vez de hacerlo por el paseo junto a los edificios y el tráfico la conduje por el muelle junto a l río, más oscuro y solitario entre la torre albarrana y el famoso puente.

Mientras paseábamos llegó la pregunta que en toda la noche pensaba que no sabría contestar:

-Bueno, Luis. ¿Y para qué me has llamado?

No encontraba la respuesta exacta para no quedar mal y ella sólo se contestó:

-No te has acordado de mí en más de un mes y hoy aquí me escribes por sorpresa. Entiendo que has aceptado mi proposición de aquel día.
-Bueno, yo…
-Tranquilo. Tienes ganas. Es normal. Pero no me has preguntado si me apetece.
-Pensé que si venías es porque…

No me dejó terminar la frase respondiendo:

-A lo mejor tienes que ganártelo…

Evidentemente no me rechazaba pero esperaba algo más de mí. Estaba claro que yo le gustaba pero quizá se le habían rebajado sus ganas de enrollarse conmigo. Como no sabía que hacer y ella demostraba cierta expectación sólo se me ocurrió besarla. No me rechazó sino todo lo contrario, siendo ella la que empujó con su lengua para buscar la mía y la que pasó sus brazos por detrás de mi cuello para no dejarme escapar. Cuando nos soltamos Mónica con una sonrisa me respondió:

-Mucho mejor, así sí dan más ganas…¿dónde vamos?
-Pues no lo había pensado, la verdad…-respondí confuso- No había pensado que…
-Jajajaja. Luis eres un tío muy raro. Vas de malote pero eres un cacho de pan. Tienes picardía pero muestras constante falta de confianza. Dudas pero después apareces. ¿Y ahora qué?
-Si quieres damos un paseo…
-Jajajaja. Esto es poner la miel en los labios para después quitarla…

Su respuesta casi me molestó así que volví a besarla con mucha lengua y esta vez me atreví a posar mi mano en su culo cubierto con la chaqueta de polipiel. Sin decir nada más la tomé de la cintura para continuar caminando.

-Cuando eres impulsivo ganas, jajajaja.

Pasamos bajo el túnel que atraviesa el puente por debajo en paralelo al río y aprovechando la oscuridad y soledad volví a buscar su boca. Me la regalaba con gusto. Esta vez incluso me pareció que gemía levemente mientras me besaba y mi mano en su cintura la apretaba contra mi cuerpo.

-No contaba con llegar a nada hoy- le dije- pero hoy no te escapas viva.
-Jajajaja- rio Mónica zafándose de mi abrazo y corriendo fuera del túnel.

Yo le seguí el juego persiguiéndola. Salimos al otro lado del túnel, curiosamente al mismo parque donde habíamos hecho el botellón en que Mónica se me había insinuado, pero por el extremo contrario. A nuestra izquierda en dirección a la orilla del río había un pequeño prado con un inmenso árbol de pimienta que ensombrecía la luz de la farola que iluminaba aquel rincón dejándolo en penumbra. La chica se apoyó en el rugoso tronco del árbol mientras yo dejaba de corretear para acercarme a ella lentamente. Me observaba con una mirada intensa abriendo mucho sus grandes ojos. Sin decir nada volvimos a besarnos pero ahora eran sus manos las que recorrían mi espalda y mi culo. Evidentemente me tenía ganas.

Envalentonado por sus muestras de deseo y dejándome llevar por el tiempo que llevaba sin catar hembra mi mano buscó su piel colándose por la camiseta. Hay chicas que en cuanto les tocas la barriga les da risa o se encogen y Mónica era una de ellas, pero ella utilizó esa sensibilidad para responderme desabrochando mi camisa para desnudar mi pecho. Iba a por todas. No se contentó con sobarme el pecho sino que se agachó para jugar con mis pezones con su lengua provocándome un escalofrío haciéndome sentir además que ya no me cabía la polla en los pantalones.

Me sonrió con cara de niña traviesa y yo respondí colando de nuevo la mano bajo su camiseta con su consiguiente risita. Pero esta vez no me detuve allí sino que mis dedos alcanzaron su sujetador. Ahora su sonrisa se transformó en una mirada desafiante a la que respondí con una provocación, pues tiré de la copa de su sujetador liberando su pecho, que aunque algo blando, como si estuviera desinflado me regaló un pezón punzante y duro y, por como su cara se contrajo en un suspiro al sentir la yema de mi dedo jugar con él, muy sensible.

Insistí provocando sus gestos de sensibilidad y como si de un desafío se tratara le pregunté:

-¿Y ahora qué?

Mónica con cara de deseo no contestó pero su boca entreabierta invitaba a besarla y me lancé a comérsela con brío mientras mi otra mano imitaba a su gemela jugando con su otra teta. No os podéis imaginar lo caliente que me puso que me gimiera en mi misma boca. Echaba de menos apretar otro cuerpo y sentir como se estremecía. Sin soltar su boca con mi boca ni una teta con mi mano, la otra descendió por su barriga agitada y aprovechando su delgadez se coló por la cintura del pantalón. Cuando Mónica sintió mi mano dentro de su braga y sin haber tenido tiempo de llegar a su raja pues sólo había alcanzado su monte de Venus cubierto por una finita capa de vello empezó a agitar su cuerpo como el rabo de una lagartija. La fuerza de mi mano en su pantalón impedía que se separara de mí y en cuanto conseguí llegar con mi dedo a su entrepierna y rozar sus labios mojados sus gemidos aumentaron de duración e intensidad. Si se ponía así con el roce de mi dedo no quería imaginármela cuando recibiera un pollazo. Pero claro, en medio de un parque junto al río no era fácil llegar a hacerlo.

Sin embargo, cuando creía que estaba totalmente entregada a las sensaciones de mi mano en su coño sentí como sus manos se coordinaban para desabrocharme el pantalón. Con cierta presteza soltó el cinturón y el botón bajando la cremallera. En cuanto noté que sobaba mi dureza marcada en el calzoncillo clavé mi dedo en su raja obligando a la chica a poyar su cabeza en mi hombro entre gemiditos tenues. Pero no cejó en su interés liberador y pese al placer que le generaba mi mano dentro de sus bragas fue capaz de bajar el calzoncillo dejando que mi nabo tieso rebotara fuera. Pero en vez de pajearme lo agarró y empezó a rozar mi glande con la yema de su dedo pulgar provocándome sensaciones de placer. Desde luego sabía manejar una polla mejor que aquella chica extremeña del verano que casi me la arranca.

Joder, ya no recordaba la sensación de clavar mi dedo en un chochito caliente y húmedo. Además los movimientos corporales de Mónica me hacían percibir la sensación de causarle mucho placer. El peligro estaba en que me estaba gustando tanto tocarla y el modo experto como ella lo hacía conmigo que temía correrme en su mano en pocos minutos apoyados sobre aquel árbol. Olvidándome del sitio le susurré al oído:

-Tengo condones…

Entre gemidos me contestó:

-Arggg, no corras tanto vaquero, mmmmm, haber previsto otro sitio…

De nuevo nuestras bocas se encontraron. Mi dedo la penetraba buscando rozar la cara interna de su coño y su pepita mientras sus flujos empapaban mi mano y sus bragas. No entendía como su mano podía masturbarme suavemente mientras su cuerpo se contoneaba por efecto de como yo la masturbaba. Botando encima de mí tendría que ser un espectáculo. Tenía que haberlo previsto. ¿Pero cómo saber a qué estaba dispuesta? Daba igual su pericia pajera me tenía a punto.

-Mónica…vas a hacer que me corra…
-Es lo querías, ainsss…que mano tienes, joder…
-Pues anda que tú…me vas a ordeñar…
-Estoy deseándolo…-respondió alternando una masturbación intensa con masajes a mi glande.
-Estoy cargadísimo…
-Mmmmm, déjate ir…disfruta.

Empezaba a traspasar el punto de no retorno en el que sientes como los conductos seminíferos se llenan del líquide de vida y ya no puedes evitar explotar, pero de golpe Mónica apoyó de nuevo la cabeza en mi hombro entreabriendo su boca y sentí un gritito ahogado, dejó de menearse , soltó mi polla y se quedó rígida durante unos instantes. Pasado ese momento se quedó lacia poyada en mí. Yo había ganado la batalla de las masturbaciones consiguiendo su orgasmo.

Mientras se recuperaba mi mano seguía en su braga pero acariciaba su pello púbico sin tocar ya su coño.

-Ufff, Luis…ufff- dijo recuperando la respiración y recolocándose la ropa.

Pensé que se había acabado la fiesta pero me dio un beso corto y me hizo apoyarme en el árbol a mí sin darme tiempo a subirme los pantalones. Se puso a mi lado y me dijo:

-Ahora te relajas…

Agarró mi polla, que seguía durísima y acarició mi glande como al principio provocándome un leve gemido.

-Esto hay que terminarlo…-dijo mirando mi polla.

Empezó a masturbarme mientras con su otra mano me sorprendió agarrándome una nalga desnuda al tener pantalón y calzoncillo en los muslos.

-La de veces que te habré mirado este culillo de reojo en las clases, jajaja. Tiene buen culo…

Entre la paja y el sobeteo de culo, mientras yo apoyaba mi mano en su hombro la avisé que me faltaba poco. Y es que el cosquilleo ya me subía por la rabadilla, los huevos y la propia uretra. Fue cuando de golpe presionó mi glande con dos dedos cerrando el conducto. Yo sentía que me corría peor no salía el placer se me subía por la espina dorsal, De golpe soltó mi glande y empezaron a salir chorros a presión entre gemidos lastimeros mientras la chica acariciaba mi culo y mis pelotas. Fu un orgasmo increíble entre la cantidad acumulada y la técnica que mostró Mónica.

Cuando terminé de correrme me quedé a poyado en el árbol con la mirada perdida y la respiración muy profunda. Cuando pude articular palabra le pregunté que donde había aprendido a pajear así.

-En un libro…-respondió quitando importancia.
-Joder qué mano tienes.

La chica me dejó un pañuelo para limpiarme los restos de semen que habían quedado en mi churra ya descansada. Me vestí pero vi que Mónica se tendía en el césped junto al río observando al frente la casas antiguas de nuestro barrio.

Me tumbé a su lado y ella me preguntó:

-¿Ya se te ha pasado el mal de amores?
-No del todo.
-¿Y entonces?
-Ya sé que no hay marcha atrás aunque a veces tengo mis dudas.

Se puso de lado con la cabeza apoyada en su brazo y mirándome me preguntó:

-¿Qué planes tienes?
-Tengo un plan y quiero cumplirlo pero es a largo plazo.
-¿Y en las próximas semanas o meses?
-Me voy en febrero de Erasmus a Bélgica.
-Eso tiene que estar chulo…
-No me ilusiona demasiado.
-¿Me volverás a llamar?
-Si tú quieres.
-Por mí está bien…

Nos quedamos un rato más tumbados en el césped hasta que la humedad y el fresco nos hicieron movernos hablando de sus planes y explicándome en parte su fracaso escolar. Aunque se mostraba como una chica centrada escondía algo diferente que yo no era capaz de adivinar.

Un comentario sobre “La residencia (140)

  1. Ni al caso con Marta ya mejor olvidate de ella..Ella es muy convenenciera…Se hace lo ofendida pero no es ninguna perita en dulce.No te mortifiques con ella ni te sientas culpable..Ella esta despechada pero tambien le encanta el borlote.Luis date un tiempo para ti ya no te involucres con nadie asi no lastimas a nadie y tampoco sales lastimado tu.Piensa,medita..no se sabe que va a pasar con Claudia, y Alba me encanta para ti pero si no estas preparado para algo enserio con ella mejor quedatela como amiga..ella no merece que la lastimen y tampoco vale la pena que la pierdas como amiga.Alo mejor ahora que te vayas a estudiar a otro lado te va hacer muy bien.La vida te espera con cosas y aventuras nuevas…Por favor quiero seguir leyendo que mas pasa entu vida.♥

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