QWERQ

Y lo oye, oye como una lata se abre detrás suyo.. a unos metros por detrás. Don Fernando está abriendo una lata de comida de gato y la deja en una especie de bol en el suelo.

Ella no quiere escuchar el ruido, está en un punto de éxtasis que hace como si no lo hubiera escuchado, llegando a pensar que si no hace caso es como no hubiera existido, ahora solo piensa en una cosa, saciar eso que le come por dentro, saciar sus ganas de follar…

Pero nada más allá de la realidad, Don Fernando se acerca poco a poco donde están Alejandra y Ahmed. Ella nota una mano en su pelo mientras le oye decir. —Aún no has comido, ¿Verdad?.

—No… no quiero comer.. quiero… por favor… —dice dejándose besar de nuevo los pechos por Ahmed que absorbe sus pezones con rudeza.

El viejo estira de los pelos de mi madre y lo separa de Ahmed.

—Ahh… —dice al notar el último chupetón en el pezón de Ahmed.

Ella se levanta al son del viejo, con los ojos llorosos y la cara enrojecida, con los pechos fuera hinchados de la excitación y los pezones durísimos. Apenas puede articular palabras, apenas tiene el control de su cuerpo.

—Vamos zorra, yo también te he hecho la comida… —le dice mientras la gira hacia donde ha depositado la lata…

—¿¿Qué??

—¿No querías que yo también te hiciera la comida? —dice con una sonrisa dibujada en la cara mientras sigue arrastrando a mi madre por los pelos.

El pakistaní no se cree lo que está pasando.

—Eso no… Me da asco Don Fernando…

—¿Asco? ¿por qué?

—Es… es comida para gatos…

—Tu me has hecho la comida a mí… lo justo es que yo también te la haga a ti… ¿no?

Está como ida, todo lo que ha pasado no le hace pensar claramente, en otra situación se hubiera escandalizado, pero ahora mismo está en una especie de trance. Está casi llorando, excitada, solo desea una cosa… y es ser penetrada. Si no estuviera en ese estado, nunca aceptaría algo así.

—Es lo justo, ¿no?

—No… no es justo… Me da asco Don Fernando… Por favor… —Pero sin embargo avanza, tambaleándose, como una autómata estirada por él hasta situarse delante del bol. —Dios mío… No por favor…—Ella ya no anda como una señora erguida y algo engreída que es… Que era… Con la cabeza baja, con el sujetador bajado mostrando sus pechos y con la falda, con el viejo a su lado y el pakistaní sudado con la camiseta abierta y los pezones chupados por ella..

Ella queda inmóvil de pie delante del bol, como esperando un gesto de compasión que sabe que no tendrá.

—¿A qué esperas?

Ella, con la ayuda del viejo, se arrodilla. Más que arrodillarse, cae de rodillas. Siente su mano, autoritaria en su cabeza…

Una vez de rodillas, ella se acerca a gatas al bol, hasta quedar enfrente de él. Huele a pescado, es algo que jamás ni en los peores sueños pensaría que sucediera. Nota como una mano presiona su cabeza.

«Dios mío… qué asco… qué asco me da…»

La comida queda a escasos centímetros de su boca hasta que no puede evitarlo más e introduce algo de esa comida en la boca, prueba su sabor, le da un tremendo asco.

Pero aún sin saberlo come un bocado… Otro…

—Vamos… no tengas vergüenza… —le dice mientras que con un gesto le indica a Ahmed que se levante y se acerque a ellos.

—Vino por favor… no puedo… por favor vino… —dice mi madre levantando la cabeza. Casi con arcadas. Ella se imagina a si misma así… Se puede ver como si se viera desde fuera de si misma. «Qué perra he llegado a ser… hasta como como una…»

Ella vuelve a dar otro bocado mientras espera a que alguien le traiga algo de vino. El viejo, sin embargo, le dice al pakistaní que no tenga vergüenza, que aproveche y que se haga una paja…

Alejandra tiene las nalgas levantadas mientras sigue introduciendo algo de comida en la boca… Y el pakistaní obedece.. se baja el pantalón y el calzoncillo y se la empieza a tocar mientras ve como mi madre come del bol…

Mi madre no sabe lo que pasa, solo oye su respiración acelerada.

—Vaya, mira lo que has provocado… —y mi madre al levantar la cabeza ve a su lado al pakistaní con una polla bastante negra y llena de venas, pero algo más grande que la del viejo. —Mientras levanta la cabeza y ve la polla, Don Fernando le da un vaso de vino que ella agradece enormemente, bebiéndose toda la copa de un trago, hasta caer algo de vino por la comisura de sus labios.

—Gracias.. gracias…

—¿Nos vas a dar un beso de gratitud por habernos portado tan bien contigo?

Ambas pollas están encima de ella, a escasos centímetros…

—¿Quiere.. quiere que se las bese Don Fernando? ¿Eso es lo que desea?

—Sí… Creo que deberías darnos las gracias besando nuestras pollas…

Y ella, sin rechistar avanza hasta besar la polla de Don Fernando… Él coge de la cabeza mientras ella le besa y chupa el capullo levemente… —Gracias Don Fernando…

—¿A él no le vas a dar las gracias? —dice triunfante.

—Sí… sí…

—A ver…

Gira su cabeza buscando su polla, al verla delante de ella se da cuenta que está a punto de reventar…

Sin embargo la suya no la chupa, solo la besa, dos besos escuetos. —Gracias… gracias Señor Ahmed…

Pero de repente, un sonido quita todo el climax formado en ese salón… Un móvil empieza a sonar dentro del bolso situado en el sofá…

“RING RING… RING RING… RING RING…”

Tanto el viejo y el pakistaní como mi madre miran hacia el sofá. Todos saben que es el móvil de ella.

Mi madre se aparta momentáneamente de las pollas mientras oye hablar a Don Fernando. —Joder quien cojones es ahora. —le dice mientras se acerca al sofá y rebusca en su bolso hasta sacar el móvil. —Te llama tu puto hijo. —le dice mientras le da el teléfono.

En la pantalla de su móvil ve como pone “Juan Cariño”. Sabe que es su hijo y duda por un momento si coger el teléfono en el estado en el que está…

Al final descuelga asustada, mientras las pollas del viejo y Ahmed aun siguen a la altura de su cabeza a escasos centímetros.

—¿Mamá? ¿Donde estás? Acabamos de llegar a casa ¿Dónde estás? Papá y yo pensábamos que estarías en casa.

—¿Ya habéis llegado?

—Mamá, te dijimos que llegaríamos después de comer.

—Es verdad…

—¿Dónde estás?

—Ahora voy cariño, es que he salido a dar un paseo…

—¿Un paseo? ¿Dónde?

—Es que necesitaba… necesitaba que me diera el aire…

—Papá y yo estábamos preocupados…

—Estoy paseando por el lado del río…

—Papá está preocupado…

—Tranquilos, ya vengo pronto…

—Vale mama, te esperamos.

—Oye que casi no hay cobertura aquí… te oigo mal… ahora nos vemos.. besos..

Y cuelga el teléfono. Dejándome con la palabra en la boca…

El hecho de que le llamara hace que se despierte de todo lo que estaba pasando. Intenta volver un poco en si misma.

—Dios mío… Qué he hecho… Don Fernando tengo que irme… —dice sin levantar la mirada, sin saber muy bien qué hacer o donde ir. Recoge su ropa que esta por el suelo antes de levantarse. —Dios mío… Esto es una locura… Qué hemos hecho… —dice mientras recoge sus pertenencias y se levanta.

Intenta coger aire mientras se levanta. El viejo no parar de sonreí, ve la cara de preocupación de ella, sabe perfectamente como se encuentra en este momento. Ella se coloca bien el sujetador una vez de pie, con los pezones por dentro del sujetador poniéndolo todo en su sitio. Ahmed, se guarda la polla mientras la observa, algo compungido por ella.

—Deb-debo irme…

—Te vas en el mejor momento Alejandra… —dice sin la parte inferior de su pantalón, sin vergüenza de mostrar su polla a los presentes.

—Dios… Debo salir de aquí… —dice para sí misma, sobrepasada por todo lo que ha pasado.

Una vez que recoge  todas su pertenencias y termina de vestirse para posteriormente. Casi sin mirar a ninguno de los dos, sale sin de ahí en silencio ante la pasividad del viejo que no hace nada para retenerla.

Un comentario sobre “El advenimiento (35)

  1. Don Fernando como buen Amo, tendría que haberle dado el postre a su sumisa ,.. aún de rodillas en el suelo tras terminar la llamada, meter de nuevo su polla en la boca hasta llenarla con su semen, sacarla despacio y deslizarla por sus mejillas, limpiándose, mientras la polla del invitado descarga también dentro de su boca. Levantarla y arrastrarla frente a un espejo. Que sus ojos descubrieran su boca abierta, babeando, el semen resbalando y cayendo sobre sus pechos desnudos..

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