ALMUTAMID

El primer intento en la app no me había gustado, por lo que prefería dejarla de lado y aguantarme los picores. Tenía la sensación de que mi vida había tomado una línea circular y que me iba a tocar volver a vivir las épocas de sequía sexual que terminaron cuando empecé con Viqui. Quizá era mi castigo por haber abusado de mi suerte. Perdía a mi chica y se acababa mi capacidad de atracción.

Sin embargo, fue un pensamiento fugaz teniendo en cuenta que un par de semanas antes Mónica me había propuesto sexo y que según Ángela yo le gustaba a Sol aunque todavía no supiera para que.

De hecho, el domingo quedé con las dos para desayunar en la cafetería de siempre frente a la residencia. Ángela estaba algo picada conmigo pero aún así no mostró delante de su compañera ese sentimiento. Sol había salido con sus compañeras de clase la noche anterior y decía habérselo pasado muy bien aunque se lamentaba de lo pronto que había que volver a la residencia.

-Yo me quedaba a dormir en casa de algún amigo.- le expliqué.
-Amiga, mejor dicho.-puntualizó Ángela que tenía ganas de pinchar.
-Sí, unas veces con Miriam, otras con Marta. Donde hubiera sitio.- comenté.
-Ah que bien- respondió Sol- A ver si alguna amiga mía me invita algún fin de semana y me puedo quedar más tarde.
-Nosotros este año lo tenemos más jodido- se lamentó Ángela.
-Bueno, con Miriam a lo mejor- dije.
-Puff. Si no la hubieras cagado con Marta- me atacó.
-Perdona, y tú con Miriam.

Sol nos miraba extrañada por la discusión sin atreverse a cruzar palabra o preguntar la causa. Pero Ángela la soltó:

-Si el niño no pensara con la churra…seguiríamos todo el grupo juntos.
-Oye, ¿habló de lo que pasó con Miriam?

Mi amenaza fue respondida con una mirada suplicante de mi amiga de que no dijera nada. Tenía que hablar a solas con ella para sonsacarle esos cambios repentinos en su actitud. Pero no sabía como pillarla a solas. Lo único que se me ocurrió fue decirle que se pasara por mi cuarto después a recoger lo que le había traído. Entonces fue Sol la que reaccionó de ls siguiente manera:

-Ay, Luis. Gracias por lo de ayer, que no te he dicho nada. No te he devuelto la camiseta porque aun tenía restos de harina y la voy a lavar, pero gracias de verdad. No me imaginaba que las novatadas fuesen así.
-No es nada, chiquilla. Te vi apurada y como yo paso un tanto de esas cosas te eché una mano.
-Luis es muy servicial- dijo Ángela con retintín.
-Para algo estamos los amigos.

Sol me regaló una sonrisa que iluminó su cara endulzándola. De hecho, recordarme lo sucedido la tarde anterior me hizo recordar la visión fugaz de sus pechos haciendo que ruborizara tontamente como un colegial.

Regresamos a la residencia y al poco vino Ángela a mi dormitorio.

-¿Qué te pasa Luis?
-A mí nada nuevo. Pero ¿y a ti? ¿Hay algo que no me hayas contado?
-¿Por qué lo dices?
-No quieres que Sol sepa que eres lesbiana.

Mi amiga se quedó en silencio con la mirada baja.

-Si te pasa algo en quien mejor puedes confiar es en mí.

Ángela dudaba. Parecía querer decir algo pero no atreverse. Yo esperaba pacientemente a que se decidiera sin presionarla. No se había ido no se había cerrado por lo que deduje que quería hablar pero no sabía como decir lo que quería. El silencio empezaba a ser tenso. Pero creí oportuno tener que aguardar a que mi amiga se decidiera a compartirme sus sentimiento como yo había hecho abriéndome a ella en varias ocasiones. Sin Marta ambos éramos los más cercanos. Por fin habló:

-Luis, no quiero que Sol sepa que soy lesbiana.
-¿Y eso?- pregunté extrañado- ¿te gusta?
-Claro que me gusta. Es monísima. Pero no es por eso.
-Entonces. No me aclaro.
-Joder Luis. Que mi vida es una mierda. Que ser lesbiana es una mierda.
-¿Por qué dices eso a estas alturas?
-Luis…mira. El ridículo de este verano fue espantoso con Chari. Parece que estoy mendigando cariño o sexo, o lo que sea por tener algo. Me he pasado otra vez como me pasó con Miriam. Por no hablar del chasco con Karina. Es que no levanto cabeza.
-Pero eso es porque has tenido mala suerte y no has dado con alguien que merezca la pena. A lo mejor tendrías que salir por bares de ambiente.
-Que no Luis. Que ya probé en su momento, y mira en la app esa lo que me pasó. Bueno, la app la sigo teniendo.
-Lo sé.
-¿Tú también estás?- me preguntó sorprendida.
-Este verano me creé un perfil. Tras fracasar con Marta y creyendo que lo mío con Claudia iba para largo decidí buscar gente sólo para follar. Sin líos ni compromisos.
-Qué fácil lo veis los tíos, de verdad. Llegáis, metéis la churra, soltáis el chorreón y como si no te conociera.
-Yo no soy así y lo sabes. Pero no quería líos sentimentales como el de Marta y pensaba que iba a tardar mucho tiempo e volver a ver a Claudia. Y además tú sabes que no soy tan egoísta. Pienso en los demás.
-¡Yo que voy a saber¡ ¿Acaso hemos follado?
-Joder, pero conoces a Marta. Seguro que algo os habréis contado.
-Pues no.-respondió enfadada.
-Vale, vale- respondí levantando las manos en sigo de rendición- Entonces ¿qué vas a hacer?
-Tengo una crisis de identidad- me soltó de golpe.
-Pero Ángela somos lo que somos. Podemos cambiar nuestro comportamiento pero no nuestra esencia.
-¿Y si no sabes lo que eres?- me lanzó como pregunta.
-Pero tú estabas segura.
-Ya no lo estoy tanto.
-Explícame eso.-le rogué.
-A lo mejor soy lesbiana porque yo me empeñé en serlo, pero nunca he estado con un tío.
-Tampoco te han gustado- repliqué.
-¿Y si eso ha cambiado?
-Líate con uno y prueba.
-Pero qué bruto eres. Eso no le gusta ni a una hetero.- contestó con suficiencia.
-A algunas sí…
-No te equivoques. Si tú has tenido suerte es por tú les gustabas. No un tío cualquiera. Aunque sólo fuese para eso, pero les gustabas tú…

Esa frase provocó dos efectos en mí. El primero de cierto orgullo rápidamente tamizado por pensar los sentimientos que mi actitud hubiera podido provocar en mis distintas parejas de los últimos dos años. La caída fue como si me tirara por un acantilado. Me decía a mí mismo: “Les gustas pero las machacas…eres un mierda egoísta…” Ángela debió notar mi desconcierto momentáneo y como mi rostro se ensombrecía.

-Luis. No eres mala persona. No haces daño con intención y si lo haces después te arrepientes. Pero te centras demasiado en ti. Y no tienes empatía para ponerte en el otro lado. Eres en ese sentido como Karina…
-Eh. Respondí molesto- yo no manipulo a la gente.
-No hablo de eso. Hablo de tu capacidad para atraer, hacer feliz, hacer creer a la otra persona que es el centro del mundo, y al poco descubrir que todo lo hacías para engordar tu ego y sentirte el más deseado y el más alabado…
-Yo no soy así.
-Pero es la impresión que das.
-Para ya- corté incómodo- estábamos hablando de ti. No de mí. Si te gusta Sol ¿por qué me la echas encima?
-Joder, Luis. La niña es hetero. No me ve como una posible pareja. Además no estoy enamorada de ella ahora mismo ni de nadie. Necesito aclararme.
-¿Te gusta algún tío?
-Y yo que sé, Luis. Pero es verdad que con uno me he ruborizado y sentido cierta vergüenza delante de él que me hacía perder la confianza. Y no sabía como interpretar esas sensaciones.
-Mira que eres complicada. Prueba a ver que siente él, díselo. Y si crees que tiene que haber sexo, pruébalo, que no es malo. Que te gusta, de puta madre, que no. Crisis de identidad resuelta.
-Qué fácil lo ves todo.
-No es fácil. Pero es la solución. ¿O qué vas a hacer si no?

Ángela se quedó pensativa con la mirada perdida un instante.

-¿Qué voy a hacer si no…?-se repitió a sí misma.

Viendo que no salía de ese ensimismamiento le dije:

-Mucho mejor que buscar a un tío en una web de citas ¿no?
-Ahora sí que me muero de vergüenza. Me has visto allí…

Pensaréis que mi actitud era egoísta pero no me veía capacitado en ayudar a mi amiga en más que la compañía y algún consejo. Pero su problema era tan complejo que no me veía capacitado para ayudarla mucho más. Aunque en los siguientes días la noté un poco decepcionada conmigo sin que llegara a verbalizarlo.

Pese a compartir clase con nuevos compañeros no llegué a hacer nuevas amistades, pues en unas clases coincidía con Miriam y Carlota y en otras con Dani. Además aquella semana se hizo la preselección del equipo de fútbol-sala y yo fui, a pesar de que sólo iba a estar medio campeonato, uno de los capitanes que ayudó a comprobar a los nuevos candidatos. El equipo no tenía buenas perspectivas, pues los chavales que íbamos a incorporar no mejoraban, ni siquiera igualaban, a los que habían dejado el equipo.

Así que fueron pasando los días y se llegó otro fin de semana en el que yo no había hecho planes. Me vi condenado a pasarlo con Ángela. Y no porque me molestara sino porque no habíamos empezado bien el reencuentro entre mis nostalgias y sus dudas. Y como muestra algo que pasó el viernes.

Como había pasado la semana anterior me pasé casi todo el viernes remoloneando al no tener clases. Aunque por la mañana había estado con el ordenador preparando apuntes después de comer con Miriam en los comedores, definitivamente Marta había pasado de ella y ahora éramos los inseparables de la facultad, me tiré a dormir la siesta en la cama aprovechando que Marcos ya se había ido. A una hora que me pareció demasiado pronto llamaron a la puerta. Pensé que era Ángela y algo molesto le dije que pasara sin levantarme de la cama a pesar de estar en calzoncillos. Pero al abrirse la puerta escuché la voz de Sol:

-Perdona Luis, no quería molestarte.

Cortado por haber sido brusco con ella me disculpé también poniéndome de pie:

-Perdona, no pensaba que fueras tú.

La chica de nuevo se quedó cortada al verme en calzoncillos y alargándome una bolsa me dijo:

-Sólo venía a devolverte á camiseta. Muchas gracias.

Con velocidad me puse unas calzonas que tenía en la silla del escritorio e intenté ser amable:

-Perdona otra vez, es que estaba medio dormido. Siéntate si quieres. Gracias…

Mi torpeza le hizo gracia porque se sonrió con cierto sonrojo.

-No quiero molestar de verdad. Si estabas durmiendo. Pensé que estarías estudiando o algo así. Me voy.
-No, por favor. Que últimamente estoy un poco de mal humor pero no es por ti. No me has molestado. En serio.
-Ya me ha contado Ángela que acabas de salir de una relación complicada. Te entiendo. Por eso estabas así el día que te conocí.
-¿Habéis hablado de mí?

Sol se puso colorada como un tomate y se explicó:

-Bueno, Ángela me explicó quien era el chico con el que estaba. Yo pensaba que erais novios o algo y que teníais una peleílla y por eso ella me explicó que sois buenos amigos y que tú, pues eso, que venías de una ruptura chunga y se lo estabas contando.
-Ahn, vale. No pasa nada. Ella y yo tenemos mucha confianza.
-Ya lo he visto. Nunca he tenido un amigo tan cercano.
-¿Y eso?- pregunté extrañado.
-Porque sólo he tenido confianza con amigas. Pero la verdad es que aquí estoy un poco perdida.
-Cuéntame- le rogué.
-Pues en la escuela no termino de intimar con nadie. No sé. He dado con chicas o demasiado reservadas, o con novio que nunca salen sin ellos, o demasiado abiertas, ya me entiendes. No sé no encajo.
-Bueno, aquí nos tienes a Ángela a mí.
-Pero vosotros estáis muy unidos, y no sé, me siento como que invado algo.
-Jajajaja- reí- pero ¿te estás escuchando?
-El día que me estorbes te lo haré saber, pero por ahora eres una amiga más. La nueva amiga de la residencia. Ojo, como Ángela lo fue el año pasado y mira como estamos.
-Ya me ha dicho Ángela lo buen tío que eres, y lo comprobé cuando me diste la camiseta, pero ahora hablando contigo ya estoy supersegura de que eres buena gente.
-No exageres que me vas a poner colorado.

Entonces sin esperármelo Sol se me abalanzó abrazándome diciendo:

-Gracias, estáis consiguiendo que esto no se me haga tan duro.

Aparte de no esperarme su reacción abrazándome me clavó sus pechos redondos en mi torso desnudo haciéndome dar un respingo y obligándome a echar el culo hacia atrás por miedo a que algo se despertara en mi calzoncillo y la chica lo notara.

-No es para tanto. No estamos haciendo nada especial, en serio…-le quité importancia cogiéndola por los hombros.

Sol se separó y se fue de mi dormitorio despidiéndose hasta la tarde pues también mandaba recado de Ángela para salir. La escena me dejó algo confuso por la reacción de la chica pero sobre todo por mi propia reacción. Mi cuerpo seguía siendo demasiado vulnerable a la cercanía de una chica. Sin sentir una atracción fuerte por ella al irse me dejó con la boca abierta y la polla morcillona.

Cuando salimos los tres aquella noche Ángela ya estaba más animada, Miriam, que se nos unió encantada, Sol bastante suelta y segura y yo, más optimista. ¿Tenía mis nuevos ángeles de Luis? Ver a Miriam y Ángela como si no hubiera pasado nada entre ellas me agradó bastante, y hasta nos planteamos que se viniera a dormir de tapadillo a la residencia un fin de semana aprovechando que no estuviera Marcos.

El sábado me desperté de buen ánimo. El bálsamo de mis males, como había ocurrido en mi ciudad cuando mis amigos me hicieron compañía, me sacaron y hasta me llevaron un fin de semana de playa, era estar acompañado, entretenido y con la cabeza centrada en alguna actividad.

Y cuando desayuné con mis dos amigas se lo hice saber. Que me sentía mucho mejor. Que aunque era consciente de que no terminaba de sentirme bien conmigo mismo por mis errores y eso me hacía cargar un lastre que iba a pesarme durante mucho tiempo, estaba contento de tenerlas como amigas. Ángela me regaló un abrazo que hacía tiempo que no me daba y Sol imitándola me regaló otro aunque esta vez ya prevenido y vestido la acogí fraternalmente y no tuvo las mismas consecuencias que el anterior.

Me sentía muy bien, así que saliendo en plan tranquilo con ellas hasta el toque de queda de la residencia y acompañándonos Miriam en el café del domingo aquel fin de semana terminó dejándome mejor cuerpo que el anterior.

Además aquella semana ya empezamos con entrenamientos por las tardes. Tuvimos que entrenar muy seguido pues aquel jueves estrenábamos la liga. Fue también un buen curativo, pues ya sin la furia que demostré en los últimos partidos con mis amigos en mi ciudad, empecé a recobrar el sentido del juego, a pensar lo que hacía antes de intentar una jugada individual y a ganarme la admiración sobre todo de los nuevos jugadores.

De nuevo enfrascado en el curso, y de nuevo una rutina hasta el momento más sana que en el curso anterior. Empecé a sentirme tan suelto que un día que pillé a María mirándome en una de las clases que compartíamos le saqué la lengua como a una niña pequeña.

Pero las cosas cuando empiezan a enderezarse hay veces que nunca terminan de hacerlo. El jueves el partido del equipo volvió a reunir a una numerosa hinchada femenina. Entre las nuevas alumnas se corría la voz de que las fiestas después de cada partido era un buen lugar para conocer gente de la facultad. De hecho, hasta nuevos alumnos acudieron viendo la oportunidad de conocer a chicas.

A pesar de la expectación y de que el equipo ya no funcionaba tan bien aquel partido se lo ganamos no sin dificultad al equipo de la facultad de Filosofía. Nosotros éramos conscientes de que para repetir los éxitos del pasado teníamos que mejorar, pero nuestra hinchada no, por lo que casi cien personas nos juntamos en el pub de reunión de los jueves por la tarde para celebrar los triunfos del equipo.

Me presentaron a varias chicas de las que no recuerdo ni sus nombres a pesar de que alguna era bastante mona o tenía algún escote bastante sugerente. Pero mientras con otro compañero me tomaba una cerveza departiendo con tres chicas de primero me quedé helado. Marta había llegado acompañada de Silvia, algo que me extrañó teniendo en cuenta que no la soportaba. No hizo interés por ver si yo estaba y saludarme pero la vi muy amistosa con Dani.

Eso no tenía nada de particular. Se conocían. Pero yo pensaba que conocedora de los “vicios” de mi colega de equipo ella no lo tenía en gran estima. No le di importancia, pero cuando tras varias cervezas y viendo que las niñas nuevas no eran tan proclives a dejarse sobar el culo fui a vaciar la vejiga me encontré a Marta sentada en las rodillas de Dani poniéndole morritos. No os podéis imaginar el cabreo que me entró por el cuerpo.

En ese momento me llevaba a alguien por delante. Pero no eran celos. Yo ya no quería nada con Marta aunque tampoco quería vivir sin hablarnos. Lo que realmente me enfurecía era verla hacer algo con alguien que yo sabía que no era de su agrado sólo para hacerme daño. Quería vengarse sin importarle nada más que eso.

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