QWERQ

—¿Te gusta verdad? Te gusta besar a Ahmed… —ella oye todo lo que le dice Don Fernando sin contestar, solamente limitándose a darle placer al pakistaní.

Pero para sorpresa de ella, una mano del viejo se pone entre ella y su pecho, intentando separarla de él. Se sorprende, como si la hubiera despertado de un sueño. Ella se gira y mira hacia Don Fernando, no se esperaba ver lo que aparece ante sus ojos.

—Seguro que prefieres esto… —le acaricia la mejilla mientras Alejandra se da cuenta de que ante ella aparece la polla de Don Fernando a la altura de su cara.

Una cara de sorpresa la invade. Pero ahora mismo no piensa con detenimiento. La vuelve a ver, desde el día del parking no la veía. Ya estaba empezando a olvidarla, pero de nuevo aparece frente a ella. Su glande rosado, descapullado y sus venas recorren todo el tronco mientras no para de acariciarla con su mano. La desea, no sabe por qué pero la desea. Cada vez que la ve, la encuentra más atractiva, más apetecible, más grande. Ella sin mediar palabra, acerca su boca a ella, sabe lo que espera de ella. Así, aguantándole la mirada, pronuncia unas palabras que hacen que en la cara de Don Fernando se le dibuje una sonrisa. De satisfacción.

—¿Puedo Don Fernando? Por favor…

Don Fernando le aguanta la mirada, entre ellos se crea algo que deja totalmente fuera a Ahmed. Él solamente puede ver como ella, totalmente sumisa, engloba su polla en su boca, creándose un clima al que sin querer Ahmed está invitado a presenciar. Ella aún en el regazo de Ahmed gira su torso y empieza a lamela. Sigue encima de él, pero ahora está muy lejos, tan lejos que para ella ahora ya no existe, solo Don Fernando, solo su polla. La mano de Don Fernando se posa en la cabeza de Alejandra y acerca su cabeza hacia su polla. Ella abre la boca sin rechistar y su polla inunda el interior de su boca, disfrutando, creándose un sitio donde solamente existen ellos dos y Ahmed pasa a ser un simple espectador de este espectáculo. Observa como ella no para de mirar al viejo a los ojos mientras su polla está dentro de la boca de ella, mientras ella la saborea, juega con su lengua dándole placer.

—Eso es… —le dice mientras le acaricia el pelo. —Eso es cariño, es tu premio…

Ella estúpidamente se siente agradecida… Su boca y su polla forman parte el uno del otro. Su saliva por todo su glande y dentro de su boca juega con su lengua. Jamás se había esforzado tanto en dar una mamada como lo hace con ese viejo.

El pakistaní la mira, como se la besa, como pasa la lengua, como se la introduce en la boca, aún estando en su regazo. No quiere que se escape. Empieza a acariciar con su mano a la altura de su cintura desnuda… Ella no lo ve, solo siente la polla de Don Fernando y su barriga en su frente.

La mano de él empieza a acariciar su cintura, y poco a poco empieza a subir… Ahmed no pierde detalle de cómo mi madre le chupa la polla a ese viejo, como se entrega a él. Aprovecha y no para de acariciar su piel desnuda de su cintura mientras no para de mirar los pechos de ella. Don Fernando se da cuenta y sonríe. Ella sin embargo, no se da cuenta de nada, está solamente para la polla del viejo.

—Zorra… —le dice a ella mientras sus ojos siguen conectando el uno en el otro.

Pero ella no contesta, sigue mamando su polla…

—¿por qué no dejas que Ahmed toque tus pechos?

Pero ella sigue sin contestar con la polla en su boca esforzándose en darle una buena mamada. El pakistaní lo toma como una invitación. Ella nota como una de sus manos asciende por su cintura hasta llegar a la altura de su pecho…

Poco a poco nota como mano de Ahmed empieza a abarcar uno de sus pechos, por encima, aún con la tela del sujetador de encaje separando las dos pieles. Al cabo de los pocos segundos Ahmed nota una superficie más dura. Sabe que es el pezón de ella. No puede evitar que se endurezca ante la situación.

Aprovecha y con la otra mano abarca el otro pecho, acariciándolo también.

Ella no puede más, mientras chupa la polla de ese viejo, nota como sus dos pechos están siendo masajeados, recreándose en ellos, y sus pezones duros no puede esconder una gran excitación. Hasta que el pakistaní, con un atrevimiento y sin el consentimiento de nadie, baja el sujetador hasta que los pezones de mi madre se muestran visibles, dejándolos a su vista…

Pero ella no se lo recrimina, sigue chupándole la polla al viejo. Le deja hacer, ella lo sabe, lo necesita, necesita sentir placer y necesita que haga algo con sus pechos.

El pakistaní al no oír reproche, desciende el sujetador hasta debajo de su pecho y lanza su lengua hacia sus pezones. Esos pezones oscuros que apenas hacen contraste con el moreno de su piel. Son de un tamaño justo, ni muy grandes ni muy pequeños, y son acordes al volumen de los pechos de ella. Ahmed los observa, están duros, muy duros. Saca la lengua y empieza a recorrer cada centímetro de esos pezones cada vez más endurecidos.

Ella sigue con la polla en la boca, mamándosela al viejo mientras nota como un escalofrío la parte en dos ante las mordidas y lametones de Ahmed en sus pechos. Se deja hacer, lo necesita, está a punto de estallar. Jamás sehabía estado tan excitada… La imagen es impactante, ella sentada en el regazo de Ahmed, con su cabeza sumergida en sus pechos mientras le sigue mamando la polla a ese viejo…

Don Fernando ve desde su perspectiva como es la misma Alejandra quien coge la cabeza del pakistaní y la hunde aún más en sus pechos, como dándole la bienvenida  sus duros pezones…

—¿Te gusta que te chupe los pezones Ahmed, verdad?

Ella no responde mientras la cabeza del pakistaní va de un pezón a otro..

—Sí… gr-gracias…

—¿Gracias? Así no joder… dale un beso de gratitud…

Ella no para de mamar su polla…

—Dale un beso de gratitud a Ahmed, con pasión, como si fuese tu marido… —dice humillante.

Ella sin pensárselo dos veces, se gira para besar a Ahmed y le un beso apasionado, casi desesperado. No solo es el beso, ambos mezclan sus salivas de nuevo, ambos recorren sus lenguas en un beso violento, obsceno. Pero ambos tienen el sabor en la boca de quien realmente está por encima de ellos. Ambos notan el sabor de la polla de Don Fernando pero ambos lo aceptan.

Un beso desesperado, con su lengua en su boca, parece hasta violento. Los brazos de Alejandra cogen su cabeza, con los ojos llorosos.

—Por favor… no puedo más… —dice mi madre suplicando. —Hacedlo por favor… hacedlo de una vez… no puedo más…

Pero Don Fernando abandona la posición al lado de mi madre, mientras ella sigue entregándose aun más si puede al Ahmed. Los besos no le permiten darse cuenta de que el viejo se ha ido de su lado. Pero un ruido alerta a Alejandra, un sonido de un objeto abrirse, a unos metros detrás de ella. Algo se ha abierto, algo que a Alejandra le resulta familiar…

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