ALMUTAMID

La charla con Víctor me había dejado tocado. Quería aislarme en mi dormitorio pero no quería quedar mal con Ángela. Llamé a la puerta. Estaba sola. Pero nada más entrar en el dormitorio que había sido de Claudia y donde tantos ratos habíamos pasado de charla conociéndonos y enamorándonos me derrumbe y me eché las manos a la cara para esconder mis lágrimas.

-Pero Luis, ¿qué te pasa?

Me costaba hablar. Las palabras de Víctor retumbaban una y otra vez en mi cabeza. Ángela me abrazó y después tirando de mí me sentó en la cama haciendo ella lo propio cogiéndome una mano.

-Se acabó…-es lo único que fui capaz de decir antes de que me diera otro apretón del llanto.
-Pero estás fatal. Cuéntame qué ha pasado. Llevamos mucho sin hablar.
-Claudia…

Como no decía nada más Ángela se impacientó:

-Claudia ¿qué?
-Se acabó. Me quiere pero no quiere estar conmigo.
-Luis, qué galimatías. Por favor. Cuéntame…

Con dificultad y con interrupciones intentando evitar la llantina fui capaz de relatarle lo sucedido desde que nos habíamos despedido al volver de aquel fin de semana terrible con Marta y Chari en la playa, especialmente el encuentro con Claudia y la forma abrupta en que había cortado de raíz toda relación conmigo.

-Pero ya ha pasado tiempo, ¿cómo sigues así?- me preguntó acariciándome la espalda.
-Acabo de hablar con Víctor. Ella me quiere…pero quiere romper toda relación conmigo, ni por teléfono. Pero mi propio amigo me aconseja que la deje en paz. Y yo…

Volví a echarme las manos a la cara mientras Ángela me abrazaba. En ese instante se abrió la puerta del dormitorio. Entró una chica bajita y rubia de pelo corto o recogido, pues no la vi bien. Venía con un albornoz del baño recién duchada. Al vernos se quedó cortada.

-Perdón- dijo.
-Tranquila, Luis es amigo mío- explicó Ángela- y está pasando un mal rato.
-Hola- dijo la chica sonriéndome mientras yo disimulaba mi llantina- soy Sol.
-Luis- dije un poco de mala gana- Encantado.
-Vanessa se ha ido de la residencia- me explicó Ángela- y Sol es mi nueva compañera. También de enfermería me dijiste ¿verdad?
-Sí. Esto. Chicos- respondió Sol- no es por molestaros pero me gustaría poder cambiarme.
-Perdón- me levanté presuroso.
-Oye, que puedes venir cuando quieras- me respondió la chica- sólo que empezar en la residencia cambiándome delante de un tío no era la idea de mis padres cuando me reservaron esto.
-Sí, sí, perdona- dije de nuevo.

Ángela y yo salimos de la habitación mientras su compañera se despedía:

-Encantada, Luis. Ya nos veremos por aquí, y espero que no sea nada grave.
-Igualmente, gracias.

Nos salimos al pasillo. Y Ángela me habló con su acierto habitual:

-Mira Luis, yo no puedo darte muchos consejos. No tengo experiencia. La relación más larga que he tenido en mi vida ha sido con Karina y ya ves. Pero hay algo que no entiendo. Hace nada estabas con Marta cabreado porque ella no se implicaba, aparece Claudia y te olvidas de Marta. Ni peleaste. Te dio igual. Algo molesto porque se enrolló con un tío pero en el fondo más postura de exnovio molesto que realidad. Ahora rompes con Claudia ¿y se acaba el mundo?
-No lo entiendes.
-Pues claro que no lo entiendo.
-A ver. Yo me enamoré de Claudia el primer día que la vi en este pasillo. Me rechazó durante todo el curso y sólo reconoció que yo le gustaba y acabó conmigo cuando me vio echo polvo por Marta. Y ¿qué quieres que te diga? Me olvidé de Marta.
-Tú es que en ese sentido has sido un poco cabrón con ella.
-No. Nunca le he dicho nada de esto. No desprecié nunca el tiempo que estuvimos. Por eso lo volví a intentar.
-Vale. Pero cuando yo te conocí estabas con Claudia pero…
-Sí, pero le ponía los cuernos. Es verdad. Parece incongruente. Estaba enfadado con ella. Se había ido a Italia cuando éramos felices y había tirado todo por los suelos.
-Todo no, Luis. Había tirado la relación ideal que tú te habías montado en tu cabeza, porque ella tenía otras cosas claras como tú me has dicho en varias ocasiones.
-Vale. Estuve mal. Lo sé. Me arrepiento, lo lamento. Pero aún así y habiendo sido yo el que la había dejado en cuanto nos vimos antes de las vacaciones salió lo que llevábamos dentro. Por eso acabé definitivamente con Marta…
-Puteándola…
-Ella no quiso comprometerse.
-Por miedo precisamente a lo que hiciste.
-Bueno, da igual. Claudia y yo íbamos a volver. Antes de ir a la playa nos vimos y nos despedimos con un beso y sin embargo ahora, zas, se acabó. Precisamente cuando volvemos a tener posibilidad de vernos.
-Pero ¿te estás oyendo Luis? ¿Quién va a querer una relación con alguien como tú?

La miré ofendido y continuó:

-Eres buena persona, buen amigo, pero un desastre de novio. Tienes cabreos de niño chico en vez de asumir las cosas con madurez. Vas y vienes sin pensar en lo que la otra persona sienta o deje de sentir y en cuanto se te abre de piernas una Blanquita allí que vas. Y pretendes que te lo aguanten porque en el fondo las quieres a ellas.
-Tú tampoco eres un ejemplo. Buena las liaste por Karina.
-Lo admito, pero no la engañé a ella. Te pude utilizar y ya lo admití, pero por ella. ¿Tú que has hecho por Marta o por Claudia? ¿No por ti para estar con ellas? Por ellas…

Me quedé planchado. Me estaba leyendo la cartilla y yo no tenía argumentos. Ángela me observaba ablandando el rostro quizá dándose cuenta de que podía haber sido demasiado dura conmigo en mi estado, algo que corroboró cuando dije:

-Soy un mierda que no me merezco nada…

Hice el gesto de retirarme a mi cuarto cuando Ángela me agarró de la mano.

-Luis, no. Vales mucho, pero tienes que aclarar ciertos conceptos de pareja. Si no valieras no tendrías tanto éxito con las chicas. Pero tienes que madurar y centrarte en tu relación. Mira, hace unos meses aparentabas que Claudia te daba igual. A lo mejor esto se te pasa igual. Y que sepas una cosa. Soy tu amiga y te voy a decir lo que siento te guste a o no. ¿Te queda claro?

Asentí con la cabeza y justo cuando me iba a retirar se abrió la puerta del dormitorio de Ángela asomando Sol.

-Oye, que ya podéis pasar si queréis.

Ni me fijé en ella y respondí:

-Gracias, ya me iba. Hasta mañana.

Ángela me besó en la mejilla y se despidió también de mí.

Otra noche desvelado fue seguida de una mañana diferente. Los cambios que había hecho en la matrícula hicieron que apenas coincidiera en dos clases a la semana con mis compañeras, Marta y Miriam, a los que no vi aquel lunes. La casualidad me hizo compartir una optativa de 15 alumnos con María que me seguía mirando con cara de desprecio casi dos años después. Pero de las 3 clases de aquella mañana dos fueron optativas de 4º curso siendo la mayoría de los compañeros mayores que yo. El motivo de poder adelantar mi matrícula era la concesión de la beca que para adaptar el programa de estudios de ambas universidades permitía a los alumnos matricularse en asignaturas no comunes. Gracias a aquello pude poner en marcha mi plan.

A la hora del comedor sí quedé con Miriam, pues no me atreví a pedirle a Marta que comiéramos juntos. Vino sola y tras abrazarnos y darnos dos besos empezó a asediarme a preguntas. No podía evitar ser tan cotilla. Yo me limité a decirle que Marta y yo habíamos roto y que habíamos hecho vidas separadas todo el verano. Por más que insistió no le quise dar más detalles. No quería que le fuera a Marta con el chisme.

Por la tarde quedé con Dani. Seguía siendo el capitán del equipo y quería avisarle de mi marcha en febrero por si querían prescindir de mí. Por la mañana habíamos coincidido en una clase de 4º, pero él había llegado tarde y se había ido antes que yo con el tiempo justo de quedar en vernos por la tarde.

Por supuesto que me dijo que mientras estuviera en la facultad que jugara con el equipo. No me iban a echar y querían aprovechar mi potencial durante ese tiempo. Ya pasamos a cuestiones personales. Había cortado con su novia del pueblo. De hecho había decidido que no iba a volver al pueblo cuando terminara la carrera. Al preguntarle los motivos me confesó que le había ocurrido algo difícil de ocultar en una sociedad tan limitada. Al final y dada la confianza ganada al final de curso pasado me confesó:

-Cuando te pillan con el hijo del alcalde comiéndote la polla la primera que se entera es tu novia…

El martes por fin coincidí con Marta. Saludo frío con dos besos e indiferencia. En la hora del desayuno pasó de Miriam y de mí en la cafetería y se fue por otro lado. Su actitud, más hacia Miriam que hacia mí, dejó muy claras sus intenciones. En el fondo prefería eso a tener roce constante y terminar peleando. Su manera de mandare a la mierda en el fondo fue amistosa. Tampoco tenía mucho que echarme en cara. Que yo supiera se había comido dos pollas ese verano, el madrileño y el riojano, si es que no hubo más. No tenía mucho que pelearme. Quizá por eso su retirada.

En cuanto a Miriam, se pasó toda la comida relatando sobre Marta hasta que le pedí que parase. Nunca se llevaron bien y ahora Marta la había metido en el lote conmigo. El problema era que ahora había decidido que estudiaríamos juntos las asignaturas comunes. Ella no era tan brillante como Marta en los estudios ni en los trabajos, pero yo no tenía excusa para rechazarla. Al menos no sería todo el curso. Porque si no se me iba a hacer muy duro aguantar sus cotilleos y preguntitas todo el año.

De hecho, ya ese martes nos pasamos gran parte de la tarde buscando algún libro y material. Os preguntaréis si intentó sonsacarme que había pasado en verano con Marta. La respuesta os la podréis imaginar. Evidentemente que sí. Pero me mostré duro y fui capaz de eludirla sin que aparentemente se molestara. La excusa de salir a correr fue la perfecta para desembarazarme de ella sabiendo que era algo que se repetiría más de un día. Ojalá los entrenamientos del equipo empezaran pronto.

De nuevo me daba cuenta de que mientras tuviera actividad no caía en los malos pensamientos y en la nostalgia. Necesitaba construirme una nueva rutina. Pues hasta que no volví a la residencia y me quedé solo en la ducha no volvió el nudo en el estómago y la sensación de final de todo que me embargaba desde que Claudia me había abandonado.

En la cena sí hubo novedades. Al grupo que conformábamos desde el curso anterior Marcos, Víctor, Ángela y yo, ésta invitó a unirse a su compañera de habitación, Sol. Yo ya la había conocido pero no había reparado en ella. La chica efectivamente era bajita y rubia con el pelo rubio recogido en una coletita. Tenía la cara pecosa y redonda con unos ojos marrones muy vivos y la nariz y la boca pequeñitas. De hecho si Blanca era apretada, Sol era redonda. Esa era su característica principal, pues sin ser gorda, sus brazos y muslos eran redondeados como se podía comprobar con los shorts que llevaba. Aunque donde su redondez alcanzaba el grado máximo era en sus dos tetas y su culo. Su cuerpo parecía hecho de esferas que se unían unas a otra dejando como únicos espacios planos su vientre y su espalda.

Tras percatarme de lo mal que debía haber estado yo la noche anterior para no haberme fijado en ella le di la bienvenida a la mesa.

-Ya nos conocimos anoche- me respondió con una sonrisa.
-Es verdad, pero yo no estuve muy cortés.
-No pasa nada.- dijo sentándose mientras los demás la saludaban.

De enfermera a enfermera. Vanessa estudiaba enfermería y Sol había llegado a la residencia matriculada en la misma escuela. Aunque a diferencia de aquella, que nunca mostró ningún interés por tener amistad primero con Claudia y después con Ángela, Sol demostraba que venía dispuesta a conocer a mucha gente.

La llegada de alguien nuevo sirvió para que todos le contáramos que estudiábamos animando la conversación con las preguntas de la chica que mostró mucho desparpajo. Me vino bien la novedad. Llevaba tres días en la residencia y no iba tan mal la cosa. Empezaba a mejorar mi estado de ánimo en gran medida por estar entretenido la mayor parte del tiempo pero también por la determinación de mi plan.

El problema llegó el viernes. Para encajar las asignaturas que había elegido tenía clases por la mañana de lunes a jueves pero tenía una clase lo miércoles por la tarde. El viernes se me quedaba libre. Me había planteado irme a mi ciudad todos los findes de semana. De hecho, si Claudia no me hubiese dejado lo habría hecho. Pero no quería gastarme tanto dinero teniendo una estancia de varios meses en Bélgica que tenía que cubrir con los apenas 400€ de la beca. Así que tras dudar bastante me quedé el fin de semana en la residencia.

Primer problema, cuando estaba solo y sin tarea es cuando me daba a pensar y tenía mis recaídas. Segundo problema, en ese estado ya no tenía ganas de salir por la noche. Al mediodía ni siquiera fui al comedor. Me compré un bocadillo y me lo comí en la habitación tras haberme pasado media mañana tirado en la cama. Mientras intentaba echar una siesta Marcos fue a por sus cosas para irse de fin de semana a su pueblo.

Aburrido y cansado de darle vueltas a la cabeza lamentándome de mi ser salí a correr. Cuando volvía me encontré a Ángela esperándome en el pasillo.

-Pensé que estabas dormido.
-He salido a correr como todos los días.
-Venga dúchate que cenamos y salimos un rato.
-No tengo ganas- respondí de mala idem.
-No me jodas Luis. Le he dicho a Sol que saldríamos a enseñarle la marcha universitaria con los compañeros y no voy a quedar mal. No me vayas a dejar tirada que no tienes excusa. Te espero en el comedor en media hora que voy a arreglarme.

Mo contesté y me metí en el dormitorio pensando qué hacer, pero aunque algo más tarde aparecí en el comedor donde ya me esperaban las chicas cenando. Ángela me sorprendió poniéndose falda, que era algo que hacía en pocas ocasiones, aunque abusando del color negro como siempre. Como Sol estaba sentada al otro lado sólo me fije que llevaba un top de tirantas en cuyo escote asomaban perfectamente las formas redondas de sus pechos. Era la primera vez en casi un mes en que las formas de una chica despertaban mi interés. O vamos a dejarlo en simple curiosidad, pero durante la cena me costaba que mis ojos no se desplazaran por su escote antes de acabar mirándome en sus ojos marrones cuando me hablaba.

Tras acercarnos andando a la zona de tapeo nos paramos a tomar una cerveza. Volvíamos al toque de queda en la residencia y no podíamos volver muy tarde. Fuimos ejerciendo de veteranos, especialmente yo, y enseñándole garitos según el chupito típico o el tipo de música y ambiente. Al final y tras varias rondas de cervezas en distintos bares terminamos tomándonos una copa en un pub los tres sentados en una mesa. Allí Sol volvió a dar muestras de su desparpajo contándonos sus impresiones en la primera semana de universidad. En un momento dado y con picardía le pregunté:

-Bueno, ¿y las enfermeras son como se piensa o es un mito?
-¿En qué sentido?- preguntó Sol.
-Si pregunta Luis ¿en cuál va a ser? Jajajaja- comentó Ángela.
-Oyeeeee- me defendí- que no soy un salido.
-Ahnm, jajajaj, vale. En ese…-respondió Sol- Pues….algo hay.

Ángela y yo nos miramos sorprendidos por la respuesta y Sol nos explicó:

-En la cafetería de la escuela se oye de todo. Imaginaros, mi clase por ejemplo somos 60, pero sólo hay 16 o 17 tíos. Todo lo demás chicas. Y sospechan que más de uno es gay. Ya se están peleando por alguno. Y el otro día en las que ya están en el hospital con las prácticas escuché a varias hablar que si se habían tirado a tal médico o a tal otro. Yo estaba alucinando…
-Me equivoqué de carrera- dije.
-Jajajajaja-rieron mis amigas.
-No te ha hecho falta nuca. No te quejes.-me contrarrestó Ángela.
-Dejemos ese tema que no ando fino.
-Ahí te equivocas- insistió Ángela- una cosa es el mal de amores y otra tener la churra contenta, y a ti de lo segundo no te suele falta.
-Tíaaaaaa, córtate. ¿Qué va a pensar Sol que soy?
-Lo que eres. Un tío muy guapo y que vale mucho.-respondió Ángela evidentemente con intención de levantar mi ánimo decaído.

Me puse colorado por el arranque de Ángela pero Sol intervino:

-Oye que si queréis que os deje solos me voy a la residencia, jajaja.
-Noooo, jajaja. Si Ángela y yo no podemos….

Sol nos miró extrañada pues no entendía qué estábamos diciendo. Así que Ángela dijo:

-Muy amigos. Nunca nos ha dado por ahí.

Ahora el extrañado era yo. ¿Ángela le estaba ocultando su tendencia sexual? Eso merecía una conversación en privado. Pese a todo la noche estaba resultando divertida así que me alegré de haber salido. Aunque cuando las chicas me invitaron a tomar algo en su habitación al regresar a la residencia yo me retiré.

El alcohol me ayudó a dormir bien dejándome ir bastante de la hora de desayunar. A media mañana alguien llamó a mi puerta. Pasé de contestar. Pensé que sería Víctor y no tenía ganas de tocar el tema otra vez. El que fuera insistía mucho. Tanto que terminó abriendo la puerta.

-Sabía que estabas aquí, anda vamos a desayunar- dijo Ángela subiendo la persiana de la habitación.
-Tía córtate que estoy en calzoncillos- dije cabreado.
-No nos vamos a asustar- oí la voz de Sol que asomaba por la puerta.

Me senté en la cama frotándome los ojos.

-¿Me dejáis al menos que me asee y me vista?
-Te esperamos en 10 minutos abajo, hasta ahora….-respondió Ángela.
-Adiós…-dijo Sol mirándome ruborizada.

Esto de tratarme como a un niño estaba empezando a mosquearme. De mala gana me vestí y fui al baño a lavarme los dientes y asearme un poco. No disimulé mi incomodidad porque Ángela hubiese decidido controlar mis movimientos. Aunque quizá lo hacía con intención de ayudarme yo pensaba decirle que me suponía una molestia. Estuve muy callado mientras desayunábamos pero la jovialidad de las dos chicas impidió prolongar mi enfado. Al salir d ela cafetería Sol se fue a comprar algo y Ángela y yo nos volvimos a la residencia. No me dio tiempo a reñirle pues me dijo:

-Le has gustado a Sol.

-Y mí ¿qué me cuentas?-contesté de mala forma.
-Hijo, a ver si se te pasan las murrias que tienes.
-No te has preguntado si me gusta a mí.
-Te gusta.
-No.
-Luis, anoche no le quitabas ojo. A mí ni me mirabas.
-Te tengo muy vista.
-Bueno. Yo te lo he dicho. Haz lo que quieras.

Me molestó tanto la charlita que a la hora de comer me subí algo del comedor a la habitación y me quedé allí. Estuve toda la tarde aislado. Pensé en salir a correr y cuando me estaba vistiendo escuché jaleo. Salí al pasillo y vi a los veteranos sacando de sus habitaciones a los novatos de la residencia. Ni me acordaba de la novatada. Asomé por mi ventana al patio y ya los agrupaban como rebaño con uno de los más antiguos amedrentándolos con su discurso. Yo en realidad pasaba ya de aquello. Cada día que pasaba me sentía menos miembro de aquella residencia.

Aun así fui a buscar a Ángela. Estaba en su dormitorio. Me dijo que acababan de llevarse a Sol.

-Todavía me acuerdo del día de tu novatada.- le dije.
-No hice nada especial.
-Sí que lo hiciste. Te viniste andando en tetas por todo el pasillo como si te diera igual. Ese día te ganaste mi admiración.
-Es que me daba igual. En la playa me ve las tetas todo el mundo. No voy a darle el gusto a estos tiparracos de hacerme la molesta porque me quiten la ropa.
-Ya te digo, que ibas toda digna, jajaja. Oye- advertí- ¿has avisado a Sol?
-Pues no…

En ese momento empezamos a escuchar los gritos que subían por la escalera. Ya los habían embadurnado en harina y subían a las duchas con los gritos acosadores de los veteranos, en muchos casos sus propios compañeros de habitación. Como estábamos en la habitación de Ángela asomamos al pasillo del ala de las chicas. Ya salían las primeras novatas gritando en bragas tapándose las tetas para entrar a sus dormitorios pero las mayores no las dejaban entrar obligándolas a recorrer todo el pasillo y volver.

Yo me acerqué al descansillo de las duchas para intentar irme a mi cuarto pero había tanta gente concentrada que no podía pasar. En ese momento salió sol despavorida tapándose las tetas con las manos con un tanguita azul. Menudo culo gastaba la niña. No sabía hacia donde correr y me vio en frente mirándola sorprendido. En un impulso me quité la camiseta que llevaba y se la ofrecí para taparse. Me miró que cara de enorme agradecimiento y pegándose a mí para ocultarse de los demás se quitó el brazo de las tetas para enfundarse mi camiseta. Tuve el tiempo justo de ver dos tetas blancas muy redondas coronadas por dos enormes pezones muy claritos. La chica me dio las gracias y se fue corriendo a terminar el recorrido. Entonces Ángela se me acercó y me dijo:

-Ya. Ahora dime que no te gusta.
-No lo he hecho por eso. No tengo gestos hacia nadie para llevármelas a la cama…

Y me fui molesto a mi dormitorio.

Al rato vino Víctor. Había quedado con Lourdes y querían verme. No supe como negarme para no quedar mal. Hice de tripas corazón y salí con los dos a tomar algo temiendo tener que hablar todo el rato de Claudia y soportar esta vez la regañina de Lourdes. Todo lo contrario. No se tocó el tema y todo fue amabilidad hacia mí. Sólo al despedirme Lourdes me dijo que sentía que se rompiera el vínculo que habíamos creado los 4 el primer año. Yo le recordé que esos momentos no se iban repetir pero que esperaba que mantuviéramos la amistad. Víctor me miró extrañado pero se guardó el preguntarme seguramente para otra ocasión en que no estuviera su novia.

Así que me vi bastante temprano acostado de nuevo en mi cama de la residencia. La ventaja de que Marcos se fuera los fines de semana al pueblo era que tenía el dormitorio para mí. Podía andar en pelotas si quería aunque aquellos días en que empezaba a refrescar me ponía una camiseta para dormir o dormía en calzoncillos con la ventana cerrada.

No podía dormir y empecé a darle vueltas a la cabeza. Las tetas de Sol pasaban por mi mente como un flash. Pero no me veía empezando nada con la chiquilla. Era demasiado pronto para saltarme mi plan. De hecho, me sorprendí sobándome el paquete, algo que no recordaba hacer desde hacía tiempo. Sol había despertado algo en mí. No me iba a lanzar a por ella y menos si suponía enredarme en una relación que ni buscaba ni quería.

Entonces de súbito se me planteó la opción de buscar algún contacto. Echar un polvo. Sin enredos. Follar con alguien, sacarme esa espina, pero sin poner en juego sentimientos que pudieran generarme algún dolor de cabeza a unos meses de irme de Erasmus y que trastocaran la hoja de ruta que yo mismo me había marcado. Si echaba un polvo quizá evitaría pasar a mayores con Sol si ella venía a por mí.

Abrí la app de contactos en el móvil y cambié mi ubicación. Al momento empezaron a aparecerme perfiles de chicas de la ciudad donde estudiaba. La mayoría eran estudiantes que buscaban relación. Primero hice una criba comprobando perfiles de chicas que sólo buscaban sexo. Pero lo que vi me bajaba un tanto el deseo. Pasé luego a ver chicas que se abrían a otras opciones, que es una forma de decir que busco un polvo pero sin decirlo. Ahí si había perfiles interesantes pero demasiados. Así que se me ocurrió filtrar para ver sólo los perfiles que estaban en un radio geográfico más cercano.

Ahí me llevé dos sorpresas, una previsible y la otra totalmente inesperada. La previsible fue encontrarme a Karina. Así había conseguido conocerla Ángela y por tanto era lógico que siguiera “cazando” allí. No pude evitar meterme en el perfil para ver qué buscaba y también fue previsible:

Karina
Edad 19 años
Estudiante de Bellas Artes
Bisexual
Estudiante de Bellas Artes abierta y divertida busca chicas para posible relación y chicos para que me sirvan de modelo en mis prácticas artísticas. Si eres atrevida, pasional y divertida te estoy esperando. Y si te sientes orgulloso de tu cuerpo, no te importa posar durante horas ni te avergüenza la desnudez también contáctame
.”

Tenía tres fotos además. Una de su cara en primer plano, la que servía de reclamo en la que admito que la niña salía muy guapa con los ojos perfilados y los labios maquillados con un rojo muy intenso que contrastaba con su piel clara. La otra foto era una imitando la pose de una estatua clásica vestida con unos leggins negros ajustados y top a juego en los que se marcaban sus tetitas sin sujetador. La última era una foto en blanco y negro dividida en 4 en la que aparecía haciendo distintos gestos como en una imagen de fotomatón, sonriendo, guiñando un ojo o pincel en mano.

Apenas estaba ojeando el perfil recibí un mensaje de ella:

-¿Luis?

No me atrevía a responderle pero tampoco quería parecer grosero.

-Sí. Perdona estaba cotilleando y quería saber si eras tú.
-¿Qué tal? ¿Qué de tiempo? ¿Cómo estás?

Tras las típicas respuestas corteses y sin contar el fondo de mi estado o de mis sentimientos y sin que en ningún momento me preguntara por Ángela me propuso quedar un día a tomar algo. Me disculpé inventándome una excusa relacionada con mi agenda. No iba a quedar con ella a espaldas de Ángela ni tampoco dejarme engatusar para alguna de sus ocurrencia pitándome o fotografiándome. Ya pasé por eso por ayudar a Ángela y no sirvió de nada.

Tras despedirme de ella seguí curioseando. De golpe el corazón me dio un vuelco. Ni me podía imaginar la persona que estaba en un perfil buscando conocer chicas y ¿chicos? No me atreví a explorar en su perfil pues tras lo que me acababa de pasar con Karina recordé que cada vez que visitas un perfil en la app le llega una notificación a ese usuario. Así que me tuve que aguantar la curiosidad sin poder saber qué estaba pasando.

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