ISA HDEZ

Nada hacía presagiar que el destino de Andrea pudiera cambiar ese día, o en días sucesivos. Su rutina la tenía sumida y tampoco hacía nada por cambiarla. Los hechos acaecidos en su vida le habían dejado seca el alma, solía comentar a su sobrina Lola, pero esta no le hacía mucho caso, y siempre le repetía que le auguraba un futuro más sorprendente de lo que ella se imaginaba. Andrea se sonreía para si cuando su sobrina le decía esas cosas, hasta se ruborizaba tanto que, su cara parecía un arrebol y su sonrisa tenue asomaba iluminando sus bellos ojos azul cielo, como si soñara con ello. Una tarde recibió un mensaje en su viejo ordenador mientras repasaba unos apuntes para la clase de historia, pero no prestó atención, pensaba que sería de publicidad como tantos otros que recibía y que borraba casi sin mirar la pantalla. Le extrañó que el mensajero insistiera y, ello le hizo fijar la atención y leer el mensaje. Era de un profesor compañero de profesión de otro instituto diferente al suyo, y le pedía cita para discutir temas de trabajo. Los dos eran profesores de Historia y se conocían desde la facultad. Andrea sabía que Darío la pretendía desde la época estudiantil, pero su timidez le impedía acercarse y menos manifestarle su deseo. El mensaje sorprendió a Andrea y, casi sin pensarlo accedió a la cita. Cuando llegó al café Bulevar, Darío se levantó y la recibió con la cortesía, educación y amabilidad, características en él. La saludó sonriente y le besó la mano;  ella trémula apenas si podía hablar y se imaginaba la cara encendida y la boca con balbuceo al emitir las respuestas a los halagos de Darío. Mientras tomaban el café hablaron del trabajo, de los alumnos y del tiempo que llevaban sin verse.

 Desde que Andrea se quedó viuda se recluyó en su casa y en el trabajo, y, Darío no se atrevía a insinuase, pero había pasado el tiempo y este encuentro abría una luz de esperanza. Andrea sabía que era algo más que un intercambio de temática de historia. Le gustaba Darío, pero no podía demostrarle sus sentimientos, necesitaba replantearse su vida y necesitaba más tiempo, aunque dejó la puerta abierta. Cuando entró en la casa su sobrina Lola hacía palmas sucumbida por la risa.

Al abrir el ordenador, Andrea se emocionó al leer la carta que le había enviado Darío, era una declaración de amor. Lola la abrazó mientras Andrea se enjugaba las lágrimas en las mangas del jersey color perla. ©

Un comentario sobre “La sorpresa de Andrea

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