MOISÉS ESTÉVEZ

Tras un rápido repaso, en principio no notó que le faltara nada, y se
preguntó quién había estado allí y qué buscaba…
Por mucho que lo intentaba no podía encontrar la relación de un registro
así con cualquier acontecimiento, lugar o persona que tuviese que ver con ella.
Seguro que habría motivos y alguna conexión, pero en ese momento no se le
ocurría nada.
Lo que si se le ocurrió fue llamar a su jefe, mejor que a la policía. El
sabría qué hacer en estos casos mejor que nadie, sin ninguna duda, él actuaría
sin vacilar ni equivocarse, ya que Silvia se temía que aquí no habría margen
para el error. – Si, ¿jefe? Creo que tenemos un problema. Si, al llegar del viaje
me he encontrado mi apartamento patas arriba, todo revuelto. No lo sé. En
principio no parece faltar nada, sabes que yo no suelo traerme el trabajo aquí y
tampoco tengo cosas de valor. Está bien, perfecto. Estamos en contacto.
Mario, su jefe, apodado ‘el francotirador’, debido a su pasado como
agente de campo en diferentes países y multitud de conflictos bélicos, le
ordenó a Silvia que cogiera lo imprescindible y se perdiera unos días, que él se
encargaría de todo.
Metió en su mochila Kanken una muda limpia, su Mac y un par de
novelas junto con su 9 mm. Llamaría a Rubén que seguro estaría encantado de
volver a verla, al igual que ella a él. Le diría que se cogiera unos días libres
para estar juntos y recuperar el tiempo que habían estado sin verse.
Rubén trabajaba como freelance para diferentes periódicos. Se
conocieron en el Líbano, donde él cubría las noticias sobre el conflicto armado
que se estaba produciendo en esos momentos, mientras ella cumplía uno de
esos encargos clandestinos que su agencia le mandaba. Evidentemente, aquel
desconocía realmente a que se dedicaba esa chica tan dulce y simpática, y
hasta ahora su tapadera le había funcionado. Silvia para Rubén y el resto del
mundo era una tratante de arte que viajaba constantemente por motivos de
trabajo.
Le saltó el contestador y decidió no dejarle ningún mensaje – Bueno, me
tomaré un café por la Gran Vía mientras leo un rato, a ver si consigo
despejarme y relajarme un poco, y más tarde lo vuelvo a intentar… –

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