ALMUTAMID

Entre la inapetencia de comer, la falta de sueño, la presión en el pecho, el nudo en el estómago me sentía peor que el protagonista de una canción de Alex Ubago. Sólo cogí el móvil para ver si había alguna huella de Claudia eludiendo el resto de mensajes y llamadas perdidas salvo un mensaje de mi madre dándome instrucciones para cuando volvieran de la playa.

El viernes tenía clase doble y no sabía como las iba a afrontar. Me pasaba las horas tirado en la cama sin apenas comer y asearme, con la cocina sin recoger y el cuarto donde iba a dormís Claudia tampoco. Mi bloqueo era total. Maldecía haberla visto en junio cuando ya tenía decidido pasar página, pero estar con ella volvió a encoñarme como se dice en estas latitudes y ahora el daño me parecía irreparable. Me había roto. El verano, y especialmente mis esperanzas habían volado por los aires y ahora veía derrumbarse el mundo que había construido en mi mente y que nada tenía que ver con mi realidad.

Y no sólo me aterraba perder definitivamente a Claudia, también el regreso a la residencia tras el mal royo con Marta. Temía la actitud de Lourdes. Temía todo. Y me faltaba fuerza mental para enfrentarme a todos esos retos. Si sólo había cambiado una cosa en mi vida, más ideal que real, pues apenas veía a Claudia, ¿por qué de golpe se derrumbaba todo como un castillo de naipes?

No hay un manual para entender nuestra mente aunque los psicólogos lo intenten ni tampoco un manual para nuestro corazón que no es precisamente obra de cardiólogos. ¿Efecto mariposa? Demasiado presuntuoso. Alguno pensará que mi sufrimiento era por un juguete roto. Pero el dolor, fuese verdaderamente justificado o no, era real. Pero esa enfermedad del corazón podía convertirse en algo físico dado mi escaso apetito y abandono de mi aseo y mi cuidado durante el día y medio que pasé aislado del mundo concentrado exclusivamente en mi pérdida.

Las horas, ya fuesen del día o de la noche las pasaba en mi cama dándome pena de mí mismo, con un sentimiento de culpa e incapacidad que me hacía verme como un ser despreciable, torpe, zafio y egoísta.

Debió ser mi ausencia y mi silencio prolongado el que hizo saltar la alarma de que algo me pasaba entre mis amigos. El jueves por la noche llamaron a la puerta de casa con insistencia. Había sonado el porterillo pero no le había prestado atención, pero cuando sonó la puerta con tanta insistencia reaccioné levantándome con hastío. Ni me preocupé de ir en calzoncillos. Abrí la puerta pensando en algún comercial de algo al que despacharía de mala forma. Pero me encontré de frente con Pablo, Viqui y Alba.

-Nos tenías preocupado. No coges el teléfono ni respondes los mensajes.-dijo mi amigo sorprendido por mi mala cara con los ojos rojos de no dormir y llorar, mis ojeras, la barba de varios días y seguramente el olor a humanidad por la sudada pues ni había encendido el aire acondicionado.

Sin que yo respondiera se colaron los tres en la casa y cerraron la puerta. Alba me observaba consternada mientras que Viqui y Pablo me llevaban como a un muñeco al salón.

-¿Nos puedes contar qué te pasa? Estás fatal…-pregunto Viqui.

Los observaba como si yo no fuese el protagonista de aquellos hechos pero sus ojos clavados en mí me hicieron tomar realidad corpórea respondiendo de mala forma:

-Dejadme tranquilo, ¿qué más os da?

Alba preocupada se sentó a mi lado y cogiéndome la mano me dijo:

-Claro que nos da. Somos tus amigos y no podemos verte en este estado, dejarte así y sin saber qué te ha pasado.

Fue tan contundente su respuesta que no supe reaccionar viniéndoseme de golpe toda la angustia encima de no saber explicar qué me pasaba. No podía contener el llanto y echándome en su hombro sollocé:

-Se ha ido, para siempre…ya nunca más…
-¿Quién se ha ido? ¿Se ha muerto alguien de tu familia?- preguntó Pablo.
-Que burro eres- le dijo Viqui- Qué forma de preguntar las cosas. Luis desahógate. Suéltalo.
-Se ha ido…hicimos el amor y después se ha ido, se acabó- repetía en el hombro de Alba mientras mi amiga me abrazaba como una madre a su niño lloroso.
-¿Pero quién?-preguntaba Viqui insistiendo ella ahora.
-¿Claudia verdad?- respondió Alba con la voz muy seria haciendo que rompiera a llorar dejando salir toda la angustia que me aprisionaba.

No sé qué hacían mis amigos mientras yo me desarmaba en brazos de Alba pero ella me abrazaba de forma cariñosa mientras mojaba su hombro con mis lágrimas. Realmente no sé cuanto tiempo estuve así, pero sí recuerdo que escuche a Viqui decir:

-No podemos dejarlo así. Tiene el dormitorio y la cocina hechos una porquería y él está hecho una piltrafa. Pablo ayúdalo a ducharse mientras que Alba y yo le cambiamos las sábanas y recogemos un poco.
-¿Quieres que me trague la churra de este tío?- respondió Pablo escaqueándose.
-Ay madre mía, que flojitos sois los tíos…-respondió mi exnovia.- Alba, ayúdame tú a llevarlo.

Sentí como me cogía cada una de un brazo y me llevaban casi a rastras hasta el baño. Al llegar y ante mi escasa colaboración Viqui me bajó los calzoncillos empujándome posteriormente a la bañera. Cogió el teléfono de la ducha y abrió el grifo regándome con el agua fría.

-Eh, eh…-grité- que está helada.
-Póntela a tu gusto y enjabónate. O también quieres que te bañe como a un niño.

Tomando conciencia de la situación sentí vergüenza de mi desnudez ante las dos chicas a pesar de que mi polla no era una novedad para ninguna de las dos. Les pedí que me dejaran solo en el baño. Me lavé la cabeza y me enjaboné intentando asimilar lo que estaba pasando. Cuando salí con la toalla en la cintura me encontré sábanas limpias en la cama y ropa para que me vistiera. Supuse que Alba conocedora de mi armario lo había sacado mientras me duchaba. Al verme, Viqui, la más resuelta de los tres me dijo:

-Vístete que vamos a dar una vuelta.
-Yo no pienso salir a la calle.- contesté de mala gana.
-Claro que vas a salir, vas a comer algo y nos vas a explicar qué te pasa.

Con parsimonia le di la carta de Claudia que seguía sobre el escritorio. Ambas chicas la leyeron mientras yo me vestía de espaldas a ellas. Cuando terminaron cuchichearon algo entre ellas. Entonces llegó Pablo al dormitorio explicando que ya estaba recogida la cocina. Me hicieron coger las llaves y si darme opción a poner excusas me llevaron a una pizzería cercana. Allí me hicieron relatarles lo sucedido y explicarles la causa de la carta.

Después me volvieron a dejar en casa con la amenaza de venir al día siguiente a ver como estaba y sacarme de nuevo a la calle. Yo protesté pero visto como habían actuado aquella noche di por seguro que así sería.

Cuando se fueron me desnudé y me tiré en la cama intentando tomar conciencia real de lo pasado y de cómo habían actuado mis amigos. Podía estar orgulloso de ellos y agradecido, pero por el mismo motivo me sentí un mierda. Mi exnovia, que me dejó sin que yo lo lamentara, y la chica a la que le gustaba y había rechazado eran mi sostén mientras estaba hecho una mierda por otra, a la que además le había puesto los cuernos con Nieves, y ellas lo sabían. Ese nuevo sentimiento empezaba a sustituir a la angustia que sentía por como Claudia me había dejado haciéndome sentir un ser despreciable que no se merecía tanto cariño. No encontraba motivos para gustarle a Alba ni para que Viqui siguiera aguantándome. Y allí habían estado las dos.

Con el estómago lleno y la mezcla de autocompasión y desprecio que sentía de mí mismo conseguí dormir. Seguramente la noche en blanco anterior había tenido mucho que ver. Pero cuando me despertó el amanecer me sentía algo más repuesto. También estaba determinado a agradecer a mis tres amigos lo que habían hecho por mí y especialmente a las chicas que me verían como a un ser egoísta, encerrado en mí mismo e inmundo.

La oportunidad la tuve pronto. Alba me llamó a las 9 y media para comprobar que estaba despierto para mis clases.

-Gracias por llamar.- respondí.
-¿Estás mejor?
-Sí. Alba…

Hice un silencio y por fin fui capaz de decir lo que quería.

-Siento lo de ayer. Fui desagradable con vosotras y muy egoísta.
-Para eso estamos los amigos, para apoyar…
-Pero fui…, no sé cómo decirlo…¿insensible?
-No estabas para pensar mucho las cosas.- quitaba importancia a lo que yo intentaba comunicarle.
-Pero no tuve tacto. Y tú no te mereces…
-Luis. No hace falta. De verdad. No tienes que darme explicaciones de nada.
-Pero yo me siento mal y no sé realmente…

No me dejó terminar.

-Luis, de verdad. Lo hicimos porque somos tus amigos y lo habríamos hecho por cualquiera. Seguro que tú por nosotros también. Además, siempre has sido sincero conmigo. No has tratado de engañarme y yo te lo agradezco. No tienes que darme explicaciones.
-Gracias, Alba. Pero además estoy cortado con vosotras.
-En serio, Luis. Que no pasa nada.
-No, no es eso. Es por la ducha…

Se hizo el silencio al otro lado de la línea y seguí:

-…es que me visteis tan mal y eso desnudarme y tal, ahora me da bastante corte.
-Yo ni miré, en serio, así que no pasa nada.

En ese momento sonó el telefonillo. Me despedí de ella y me preparé para recibir a mis alumnos.

Mi penúltima clase fue a base de ejercicios de repaso y no sé si mis alumnos se dieron cuenta de lo apagado que estaba. Por la tarde Pablo me obligó a jugar un partido y fue lo mejor que pude hacer. No jugué bien, pues me basaba más en deseo que en inteligencia buscando regates fuera de lugar y abusando de la conducción de balón. Pero pude pegar tres pelotazos, discutir algún agarrón y casi me engancho a tortazos con otro amigo. Pero la adrenalina y la furia que liberé fueron un bálsamo para mi estado de postración.

No quiere decir que estuviera recuperado pero al menos iba a dejar de estar tirado en una cama lamentándome. El único problema era que aquella noche se iba a reunir todo el grupo después de las vacaciones y no me apetecía que determinada gente supiera lo que me había pasado. Especialmente Nieves y Leyre. Yo rehusé salir pero Pablo se opuso insistiéndome. Sin prometerle nada me fui a casa a comer algo, aunque seguía inapetente con el nudo en el estómago que no conseguía desatar, y a ducharme.

Llegada la hora de la quedada yo seguía tirado en la cama en calzoncillos viendo la tv sin vestirme. Sentía una mezcla de pereza, falta de ganas, miedo y molestia. Me llamó Pablo por teléfono y me excusé diciendo que me quedaba mejor en casa. Media hora más tarde sonó el porterillo.

“Qué pesados…” pensé levantándome a contestar.

-¿Sí?- contesté secamente.
-Luis, por favor abre que necesito un baño urgente.- reconocí la voz de Viqui.

Abrí y me fui al dormitorio a poner me unas calzonas. No se me olvidaba la vergüenza pasada durante la ducha el día anterior. Llamaron al timbre y abrí. Venían Alba y Viqui. Efectivamente la segunda pasó al baño como una exhalación mientras Alba y yo la esperábamos en la cocina.

-¿Qué haces que no estás vestido?- me preguntó.
-No me apetece ver a tanta gente.
-Pues no los veas.
-Pues como no me vaya a pasear solo…
-Vente con nosotras. Hemos venido a por ti.
-Pero, en serio, que no me apetece.
-Nos vamos los tres solos. Venga anímate…te saco la ropa, jajajaja que ya me sé el camino.

Alba se coló por el pasillo mientras yo la seguía en el momento que oímos sonar la cisterna del baño y Viqui se nos unía en mi dormitorio.

-¿Pero qué vamos a hacer?- me quejaba sin fuerza.
-Salir, que te de el aire, tomar algo, bailar…lo que nos apetezca.-respondió Alba husmeando en mi armario,
-No me apetece nada.
-Por eso estamos aquí- añadió Viqui.

Alba me dio una camisa blanca y un chino azul diciéndome:

-Con esto vas a estar muy guapo…

Se salieron del dormitorio a esperar que me cambiara mientras las oía cuchichear sin ser capaz de entender lo que decían. Salí vestido dándome por vencido. La misma Alba con su mano me colocó el pelo con su mano peinándome un poco. Ya en la calle me di cuenta de que venían las dos bastante arregladas, con zapatos de tacón y maquilladas, pero mientras Viqui lucía un vestidito corto de verano el de Alba era lago y ajustado marcando sus formas voluptuosas en pecho y caderas.

Por el camino me explicaron que el grupo se iba de botellón y no les apetecía así que al decirles Pablo que yo no quería salir habían decidido venir a buscarme. Iban a levantarme el ánimo para hacer el vacío más llevadero.

Pese a que no tenía ganas de diversión me llevaron a una terraza de moda que al ser temprano estaba bastante tranquila. Nos sentamos a hablar evitando ellas en todo momento que yo sacara el tema de Claudia. Consiguieron hacerme reír unas cuantas veces criticando a Leyre y Nieves o la torpeza de Pablo en mi casa. Hasta consiguieron hacerme bailar.

El problema fue al despedirme de ellas. No había bebido demasiado pero mi estado de ánimo me tenía tan sensible que se me saltaron las lágrimas reconociendo que no me merecía el trato que me daban. Cuando te sientes despreciable esas muestras de adhesión inquebrantables te vuelven completamente vulnerable haciendo que yo mostrara aquellos días una debilidad extrema de carácter que se presentaba a patada limpia y pelotazo jugando al fútbol-sala o con llanto fácil frente a mis amigas.

Pero no quedó ahí la cosa. El domingo mientras remoloneaba en la cama sonó el timbre. Con desgana me levanté a ver quien molestaba pensando en alguna vecina a la que se le había caído algo por el balcón. Molesto ni me preocupé de ir en calzoncillos a abrir la puerta. La sorpresa fue encontrarme a Alba.

-¡Hola! ¿Cómo has dormido hoy?
-¿Qué haces aquí? -pregunté cortado.
-Pues vengo a ayudarte a tener la casa recogida para cuando vengan tus padres y a hacerte compañía. Mira- me dijo enseñándome una bolsa- he traído tortilla de papas y ensalada para comer.

Me quedé cortado sin saber qué decir mientras mi amiga cerraba la puerta y entraba a la cocina a guardar la comida en la nevera. Cuando salió yo seguía parado en el vestíbulo de la casa.

-¿Pero qué haces ahí parado?- dijo mientras notaba que su mirada se deslizaba por mi cuerpo involuntariamente hacia mi paquete,
-Vale, vale… – respondí yéndome a mi cuarto a ponerme unas calzonas y una camiseta y hacer la cama.
-Venga, por donde empiezo.
-Si quieres ve al cuarto de invitados…-respondí evitando ser yo quien recogiera la cama de Claudia.

Pusimos una lavadora con sábanas y toallas, devolvimos el televisor al salón y limpiamos el baño mientras mi amiga me regalaba su presencia, su sonrisa y su ayuda. Empezaba a darme cuenta de cuanto valía Alba mucho más allá de su belleza y su inteligencia. Si mi corazón no me hubiera llevado por los líos con Marta y Claudia lo que había ocurrido en Feria con ella habría fructificado. Pero yo no estaba para emprender nada en ese momento. Y además dudo que ella quisiera ser segundo plato.

De hecho, comprobé un cambio en su actitud con respecto al anterior fin de semana cuando habíamos estado tirados en mi cama. Se recolocaba la ropa constantemente como solía hacer no manteniendo la actitud de descuido que había mostrado una semana antes. A ello contribuyó el que después de comer nos sentáramos en el sofá y no en mi cama. Pese a invitarla que subiera las piernas para estar más cómoda no quiso ni sujetando su vestido corto con la mano para que no se le vieran las bragas.

Fue un momento, pues en previsión de que mis padres saldrían de la playa después de comer Alba se fue pronto a su casa. Aunque el parón en la autopista sería kilométrico no nos apetecía dar explicaciones de qué hacíamos los dos solos en la casa.

Y efectivamente, apenas media hora después de despedirnos aparecieron mis padres a los que ayudé a subir maletas desde el garaje. Tras aprobar mi madre el estado de la casa tuve que dar informe de qué había hecho y quien había venido a casa aquellos días, qué había comido, etc. Evidentemente el informe fue incompleto eludiendo los datos más relevantes en realidad.

La locuacidad de mi madre y su empeño en salir a cenar juntos fue el estímulo para que al final quedara con mis amigos aquella noche retrasando la cena familiar al domingo. Y es que según pasaban los días mi angustia iba perdiendo intensidad aunque no acababa de soltar el nudo en el estómago. También tengo que reconocer que aunque en esos estados de ánimo deseamos la soledad y el autoflagelarnos con el sentimiento de culpa la compañía era el bálsamo curativo. Yo no la quería, pero cuando la tenía me sentía mejor en esas contradicciones típicas de los estados psicológicos.

De hecho Pablo no se separó de mí en toda la noche demostrando tener más voluntad que capacidad a la hora querer ayudarme, gesto que también le hizo crecer como persona delante de mis ojos. Y así surgió la siguiente idea de mi amigo:

-Se me ocurre una cosa- dijo apurando una copa- ¿Y si nos vamos a la playa para rematar el verano? El piso de mis padres está libre. Y así pasamos un fin de semana diferente antes de que Luis se vaya estudiar.
-No sé…-dudé.
-Mañana viene Mikel- comentó Viqui- queda feo que me vaya y lo deje aquí.
-Tráetelo.-respondió el anfitrión.
-Se lo diré, a ver qué le parece.
-¿Pero quienes vamos a ir?- pregunté temiéndome la respuesta.
-Pues todos. El grupo.

Verme un fin de semana metido en el apartamento de los padres de Pablo con Nieves y Leyre no me hacía ninguna gracia pero iba a ser difícil ausentarme, sobre todo cuando Alba empezó a aplaudir animando a todos a irnos juntos.

-Además ese fin de semana es la feria de allí-comentó Pablo.
-Pues decidido, jajaja- reía Alba mientras Nieves miraba con cara de pocos amigos y Alberto sonreía.

Yo ni me comprometí ni tampoco me negué absolutamente a la idea del fin de semana en la playa. El año anterior me había pasado ese fin de semana follando con Nieves poniéndole los cuernos a Claudia. Con lo que habían cambiado las cosas desde entonces tampoco me parecía tan horrible el viaje aunque mi estado de ánimo lo rechazara. Pero faltaba una semana todavía y ocurrirían más cosas.

El lunes di mi última clase. Me sorprendí a mi mismo diciéndole a mis alumnos que si aprobaban lo celebraríamos saliendo una noche. Andrea se puso muy contenta dándome un abrazo refregándome sus tetas. Mónica no dio ninguna señal de aprobación o no. Empezaba a arrepentirme. No estaba yo para tonterías.

Efectivamente el miércoles llegaron los resultados. Habían aprobado todos y lo íbamos a celebrar invitándome a un botellón tanto los de 1º como las de 2º de bachillerato. Mi efectividad del 100% por segundo año consecutivo me aseguraba tener alumnos para el siguiente verano y mantener esa fuente de ingresos que me había dejado tanta independencia económica el curso anterior. Aunque mi manutención seguía dependiendo de mis padres tenía dinero para mis propios gastos sin aumentar su ya dilatada inversión en mí en residencia, comedor, libros…Con el dinero ganado podía volver más a menudo a la ciudad y hasta darme una escapada como la del año anterior a Italia. Aunque claro, ya no tenía con quien. Además en pocos días sabría si definitivamente me daban la beca Erasmus y donde me tocaría. Así que el dinero extra también me venía bien reservarlo para ese caso.

El jueves por la mañana Pablo apremió para ver quien iba a la playa y organizar la escapada. Casi se nos cae el plan, aunque a mí tampoco me habría importado, pues Nieves se descolgó pese a que a Alberto le apetecía y aquello hizo dudar a Leyre. Después supimos que Pablo y ella habían discutido y prácticamente la había obligado a ir sin su “amiguita”. Viqui confirmó que iba con Mikel y Alba sin preguntarme respondió en el grupo de mensajes que ella y yo íbamos.

Cuando se lo comenté a mis padres mi padre se descolgó dejándome el coche para el fin de semana guiñándome el ojo a espaldas de mi madre diciéndome que aprovechara y me lo pasara bien con mis amigas antes de empezar el curso. No sé qué se estaría pensando o con quien.

Todo salía rodado menos mis ganas que no eran muchas. Llevaba días dejándome arrastrar por los acontecimientos y el paso del tiempo haciendo que no me sintiera dueño de mi vida. Pero tampoco me sentía con fuerzas para dirigirla. Para dominar el timón primero hay que saber dónde se va. Y yo no tenía rumbo.

Pero a pesar de mi frustración aquella tarde antes de quedar con mis alumnos ya había organizado la hora de salida y hasta la distribución en los coches. Pablo y Leyre se adelantaban por la mañana y el resto saldríamos después de comer para poder esperar a que Mikel saliera de trabajar. Sin Nieves sabía que al menos no habría salidas de tono desagradables y suponía que Leyre estaría más amable.

Mis alumnos me llevaron de botellón al lado del río en un parque frente a nuestro barrio. No éramos el único grupo pues estaba aquello bastante animado. Me sorprendió que apareciera Mónica a la que apenas le había escuchado la voz en todo el verano. Tras tomarme una copa del terrible ron blanco barato que habían comprado y felicitarlos a todos por los resultados hice el ademán de despedirme pero no me dejaron. Especialmente Andrea, que se sentó a mi lado en un poyete del parque echándose encima de mí casa vez que podía refregándome una vez más sus tetas. Me incomodaba esa chica. De hecho me recordaba a Silvia. Quizá fuese por eso.

Evitando a la pesada de Andrea y viendo que Mónica estaba algo aislada del resto de chavales, de un curso inferior y además varios años más jóvenes que ella me senté a su lado y le di conversación.

-Me ha extrañado encontrarte aquí- le dije- siempre eres muy reservada.
-Todos tenemos nuestros secretos. No soy muy habladora, nada más que eso.
-Pero vienes y apenas hablas con los demás.
-Porque no he venido por ellos- me contestó con franqueza.
-Pues ahora ya sí que no entiendo- me hice el despistado.
-Curiosidad. ¿Almutamid?

Me quedé de piedra cuando la escuché decir mi nick de la app de contactos. ¿Me había visto y quería comprobar que era yo? Estaba tan desconcertado que no acertaba a decir nada. Sin embargo ella con seguridad continuó hablando:

-Llevas tiempo sin entrar en la app. Eso es o que te has echado novia o te ha ido muy mal.
-Pero ¿tú? ¿Cómo sabes que…?-

Entonces tuve un chispazo y fijándome bien en ella. Su delgadez, su cabeza con el pelo cortado con media melena hasta los hombros. ¿Era ella? ¿Habíamos hablado en la app sin yo saber que en realidad venía tres días en semana a casa?

-…eres la silueta misterios.-balbuceé dudando.
-Jajajaja. ¿Así me llamas?
-¿Cómo no me lo habías dicho antes?
-Eras mi profe. Tampoco hemos hablado tanto en la app.
-Porque no querías, que yo te daba conversación.
-No quería descubrirme.
-¿Y qué hacías ahí metida? Perdona mi indiscreción, pero eres tan tímida, o al menos eso aparentas.
-Lo soy. A lo mejor es por eso.
-Pero una app de contactos es para…
-Tú sabrás, tú estabas allí.- me respondió dejándome cortado.
-Bueno, lo mío tiene una explicación.
-No tienes por qué dármela.-me dijo quitando importancia.
-No tengo suerte en las relaciones. O la cago o la cagan. Más bien la cago yo. Así que pensé tirar por la calle del medio. Llegar al sexo pero sin relación.
-Me sorprende tu sinceridad.
-No tengo nada que esconder. Ya me has visto allí.
-Pero no parecías el típico que va buscando un polvo. No vas al grano. Das conversación hablas de otras cosas.
-Es que me veo incapaz de decirle a al alguien “vamos al lío” sin ni siquiera hablar un poco, conocernos, no sé…
-¿Ves? Eres diferente. Si no hubieses sido mi profe te habría dado más cancha.- me dijo demostrándome que quizá la timidez era sólo una barrera que ella misma interponía.
-No estoy ahora para nada.- respondí con la misma sinceridad.
-¿Y eso? ¿Por eso has dejado de entrar en la app?
-Entre otras cosas. Ya te digo que no estoy pasando un buen momento.
-Pues sales muy mono en la foto con los calzoncillos blancos…

La semioscuridad imperante debió mitigar que Mónica se diera cuenta de como se me subían los colores con un rubor casi infantil, pero encontré la forma de salir del aprieto respondiendo:

-Ya ves, yo con fotos cutres y tú con ese atardecer tan bonito en bikini en la playa.
-No estoy en bikini- respondió graciosa.
-Después decís que si los tíos somos unos salidos y tal, pero ¿cómo me dices que estás en topless en la playa y que yo no me ponga nervioso?
-Jajajaja. Qué gracioso eres. Pues porque es verdad. Tampoco es en la playa. Y no estoy en topless.
-¿Entonces?
-Es una puesta de sol en un murete que parece en la playa, pero en realidad es en el campo y estoy en ropa interior.
-Ahora ya me dejas más en shock. Eres la reina de simulación. Aparentas timidez cuando no te veo nada tímida y además creas una sensación de playa y bikini con el enmarque de una foto a contraluz.
-Bueno yo soy como soy. Son tus ojos los que interpretan algo que y en ningún momento te he dicho que sea así.- me explicó contradiciendo mi teoría de la simulación.
-Tampoco eres habladora. Eso lo he comprobado en las clases y en la app.
-Ahora estoy hablando contigo.
-Más que antes. Pero sigo teniendo una duda.-le pregunté- ¿Usas la app para quedar con gente para amistad, pareja…sexo?
-Lo que surja. Pero más encaminado a lo segundo y lo tercero.
-¿Y has quedado con alguien ya?
-Sí.
-¿Y qué tal?
-Pues no sé decirte todavía, parece que bien. El niño está bueno, es simpático y en persona gana.
-Ahn, que estás quedando ahora con alguien.
-Sip…
-De la app.
-Exacto.
-Pues me alegro por ti. Y es un chaval de ¿nuestra edad? ¿Mayor?
-De nuestra edad exactamente.
-Mira que bien. ¿Y él piensa como tú?
-No lo sé. No lo hemos hablado.
-Pues eso es importante para que no tengáis equívocos.- le aconsejé.
-Pues tú dirás…
-¿Yo? ¿Por qué?
-Porque ese chico eres tú.

Me quedé totalmente cortad. No me esperaba para nada esa respuesta de una chica que en ningún momento a lo largo del verano había mostrado interés, ni siquiera a través de la app. Y que ahora me encaraba de esa forma tan directa.

-Pero yo no puedo ahora. No estoy en condiciones. Vengo de una ruptura y no me planteo nada con nadie. Mi cabeza no está para nada. Perdona, no es que te rechace, que me pareces muy guapa y misteriosa, pero es que no puedo, de verdad que no puedo…
-Vale, Luis. No te me agobies. Tenía que intentarlo. Pensaba que ya no siendo alumna y profe era el momento y no antes. Pero te entiendo. Oye, que no iba a casarme contigo. Sólo conocernos mejor y probar…

¿Me estaba ofreciendo sexo?

Debió notar mi perplejidad porque se disculpó por ser tan directa o eso entendí yo de sus palabras:

-Me acabas de dejar cortada. Pensé que al estar en la app ibas más, no sé como decirlo, a saco. Pero no quiero que pienses tampoco que soy una desesperada o algo así.
-No, no. Para nada. Te entiendo. No quiero decir eso, perdona. Que suena a muy creído. Quiero decir que te he podido dar una idea que te ha llevado a equívoco. Bueno que mierda, ningún equívoco- reflexioné en voz alta sincerándome con Mónica- yo iba a eso. Pero llevo unos días muy chungos por haber perdido a una chica que me interesaba mucho y estoy bajo de ánimo y de todo, vamos.
-Oye, no hace falta que me cuentes tu vida si no quieres. Que cuando vi en la app que eras mi profe me hizo mucha gracia, por eso te hablaba tan poco para que no me descubrieras. No sé, me resulto interesante verte desde dos puntos de vista. Para que mentirte, pensé que eras otro guarrete de los que hay en la app que te la dabas de modoso en las clases y después eras el típico depredador, pero en lo poco que hablamos vi que eras igual por los dos lados. Bueno, en las clases con más ropa, jiji…
-Joder, ahora me siento desnudo delante de ti. Cuelgas esas fotos para ligar a saco pero cuando las ve una persona que no piensas que tendría verlas te avergüenzas.
-Pero si no enseñas nada. La de churras que he visto yo ahí, jajajaja.

Me sorprendía su doble personalidad. ¿Realmente estaba hablando con la misma alumna a la que apenas le salía la voz del cuerpo?

-Además- añadió- ya te he dicho que te quedan muy bien.
-Joder, no estoy acostumbrado a que alguien sin confianza me halague de esa forma en algo así. Me dejas, no sé como decirte. A ver, pero ¿tú exactamente qué quieres?
-No te rayes, Luis- me dijo apoyando su mano en mi hombro- sólo quería conocerte mejor.
-Pero yo me voy en unos días a la ciudad donde estudio.
-Lo sé. Se lo dijiste un día en clase a la pesada de Andrea. Por eso quería conocerte ahora, pero si estás chungo yo te entiendo. Me da cosa haberte molestado con lo bien que me caes.
-Gracias.

Seguía tan cortado que no sabía que más decirle por lo que tomé las de Villadiego a la manera tradicional.

-Perdona Mónica, me estoy meando…

No era mentira aunque aproveché la coyuntura. Mientras meaba detrás de unos matorrales intentaba procesar lo que acababa de ocurrir. Nada me encajaba: ni la personalidad de Mónica, ni su actitud ni sus cambios ¿psicológicos?. Aunque también reconozco que pasó por mi mente comprobar si de verdad estaba tan dispuesta a “conocerme”, pero cuando intenté visualizar de qué me iba a servir darme un revolcón con ella el día antes de irme a la playa con mis amigos descarte la idea. Demasiados líos tenía yo ya para meterme en otro sin medir consecuencias para mí o para ella.

El resto de la noche no llegué a evitarla pero eludí que volviera a salir el tema aunque nos despedimos con su invitación de llamarla algún día si me apetecía dar una vuelta “o algo”. Teníamos nuestros teléfonos por el grupo que yo usaba para las clases.

Por la mañana preparé lo que me iba a llevar a la playa. Eran pocos días así que en poco tiempo tenía la mochila montada. Después de comer recogí a Alba y Viqui con el coche. Venían felices muy playeras con sus shorts vaqueros y tops sueltos de los que dejan un hombro al aire. Tras dejar sus bolsas en el maletero se subieron al coche encantadas, risueñas y decididas a pasarlo bien. Yo no compartía su euforia temeroso de que me diera un bajón.

Fuimos al parque tecnológico a recoger a Mikel directamente en el trabajo. Esperamos que se comiera un bocadillo y salimos en dirección a la playa. Al atasco propio de un viernes a las 3 de la tarde tuvimos que sumar la caravana en la autopista hasta el peaje y una segunda caravana en la carretera que unía la autopista con la costa. En total más de dos horas en las que Viqui explicaba nerviosa a su novio por donde pasábamos. Pese a ser septiembre el fin de semana la ciudad seguía derramándose hacia las costas apurando los últimos fines de semana antes del inicio de las clases.

El apartamento de los padres de Pablo era el típico de playa con dos dormitorios, cocina americana y un pequeño patio pues era una planta baja. El patio era cómodo para darse un manguerazo al volver de la playa y para cenar fresquitos pues el salón era muy pequeño. Evidentemente Pablo y Leyre se quedaron el dormitorio de matrimonio y aunque Viqui le propuso a Alba dormir ellas dos en el otro dormitorio y dejarnos a Mikel y a mí en el salón, ésta la convenció de que se fuera con su novio al dormitorio y ella se quedaba conmigo en el salón aunque no tuviera intimidad. Tampoco le hacía falta. Yo apoyé su ofrecimiento aunque me iba a tocar dormir en un colchón dejándole a ella el sofá-cama.

Leyre estaba extrañamente amable. Parecía que su novio le hubiese leído la cartilla o algo que me preocupaba más, que le hubiese contado lo que me pasaba. Aunque descarté sentirme tan importante como para que yo fuese el motivo de semejante cambio de actitud.

Pese a que la pareja había llegado por la mañana tuvimos que salir a hacer la compra. Yo sospechaba que en realidad habían estado follando pues la cama de su cuarto estaba deshecha. Llevaban casi todo el verano separados y sin tener un sitio cómodo en la ciudad por lo que imagino que nada más bajar del coche se meterían mano como posesos conociéndolos a ambos. Los envidiaba. ¿Quién me lo iba a decir?

Ya no dio tiempo a bajar a la playa, pero sí a darnos un baño en la piscina de la urbanización. Mikel estaba encantado pues nos explicaba que en el País Vasco en septiembre era raro que saliera un día bueno de playa, no por temperatura sino por lluvias. Tras el baño las chicas fueron duchándose en el baño mientras mis dos amigos forzudos y este canijo se daban un manguerazo con gel de ducha en el patio. De hecho sabiendo la lentitud de las chicas lavándose pelo, encremándose y eligiendo modelo optamos por ponernos bañadore secos y beber cerveza picoteando mientras ellas salían.

Los días acortaban y ya era noche cerrada cuando la primera apareció duchada pero no vestida para salir. De hecho como íbamos a cenar en el patio salieron con ropa de estar en casa, Alba con un vestidito de playa y las otras dos con unos pantaloncitos deportivos con camisetas, por lo que tocaría volver a esperar a que se vistieran después. Tampoco pusimos pegas pues mientras los tres íbamos a estar bebiendo en el patio.

Al final bastante tarde ya salieron las tres arregladas. Mis ojos en realidad solo se fijaron en Alba, pues aunque tanto Pablo como Mikel alabaron el modelo de sus respectivas parejas, yo hice lo propio con mi amiga con un espectacular vestido largo blanco escotado por la espalda. No sé con que suerte de artilugio el vestido sostenía sus enormes pechos con un lazo en su cuello mientras sus hombros y espalda quedaban descubiertos.

Había marcha todavía y tras pasar por un par de pubs terminamos en una discoteca en el famoso paseo marítimo que va desde el faro al santuario de esta localidad playera. Siempre fue una playa de ambiente familiar y por eso carecía de grandes discotecas pero a cambio el ambiente era muy agradable, con gente casi mayoritariamente de nuestra propia ciudad. Tomamos alguna copa más, reímos, bailamos. Me sorprendí de lo bien que llevaba yo el fin de semana. El nudo en el estómago llevaba perenne más de una semana pero mi ánimo iba mejorando.

Todo fue bien hasta que al llegar a la casa de madrugada y tras un riguroso turno en el baño para lavarnos dientes y vaciar vejigas las dos parejas se retiraron a sus dormitorios y me dio el bajón. De golpe recordé los días que Claudia y yo habíamos pasado en la playa junto a Víctor y Lourdes y la nostalgia empezó a presionarme el pecho de nuevo. No se lo dije a Alba pero debió notarme muy callado mientras vestía el colchón para dormir en el suelo.

Admito que en parte la causa de mi aflicción fue ver a mis amigos meterse con sus parejas en los dormitorios mientras que yo estaba solo, pues la última persona con la que quería meter la pata era Alba. Antes de dejarme llevar e intentar sacar un clavo con otro clavo a martillazos tendría que haber aprovechado la ocasión que Mónica me había puesto en bandeja la noche anterior. Y esa no era la solución. Tras un polvo así sabía que el vacío que sentiría sería un abismo mayor. Y Alba era consciente de mi estado y ya sabía que no intentaría aprovecharse de él.

Cuando volvíamos de la discoteca y la vi temblar por el relente de la noche le había echado el brazo a los hombros para darle mi calor. Agradecida me había alabado el gesto mientras que yo me justificaba diciéndole que yo estaba más necesitado de mistad y abrazos que ella, que sólo tenía frío. Y ella estaba siendo la compañera ideal, discreta y entregada. Yo no podía pagárselo con el mal gesto de enrollarme con ella sabiendo que yo le gustaba mientras mi cabeza pensaba en Claudia.

Y dudo que ella lo consintiera pese a que como todos decían estaba colada por mí. De hecho al notarme decaído y taciturno empezó a hablarme de sus costumbres de playa y como se metían sus primos en verano en la casa que tenían sus padres copando todas las habitaciones y el salón. Quería alejar mi mente de los malos pensamientos y yo de corazón se lo agradecía pero no era capaz de hacerlo.

Al final fue la casualidad la que me distrajo de esos pensamientos oscuros cuando de la habitación de Viqui y Mikel salió un largo suspiro masculino muy ronco. Alba desde el sofá me miró con complicidad y ahogamos nuestra risa con la mano.

-Esos sí que se lo están pasando bien…-susurré sonriéndole.
-Déjalos que disfruten.
-Me alegro por Viqui.
-Lo sé. Me gusta que os llevéis tan bien. Ella te quiere mucho.
-Lo sé también- respondí- No os merezco.
-No empieces otra vez- respondió Alba bostezando.
-Bueno, sólo quería agradeceros todo esto.
-Oyeeee, no seas tan creído. No te pienses que hemos venido solo por ti, jajaja. Que todos queremos pasarlo bien.- me riñó.

Entonces de la otra habitación salió un suspiro largo esta vez de Leyre. Volvimos a reírnos.

-Unos más que otros- dije.

Alba se quedó pensativa un instante hasta que dijo:

-Anda vamos a dormir que éstos cuando se levanten nos van a despertar.
-Vale. Que descanses Alba.
-Hasta mañana Luis.

Pero al poco vi que Alba se sentaba en la cama. En la penumbra de la habitación pude ver como metía su mano por dentro de la camiseta que llevaba y tras unos extraños movimientos se sacaba el sujetador por una manga.

-¿Qué te pasa?- pregunté.
-Pufff, el sujetador me estaba matando…

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