ALMUTAMID

La fantasía masturbatoria me dejó clara una idea: tenía definitivamente que aclarar mi situación con Claudia. Mis sentimientos por Alba superaban el límite de la amistad y ella venía, dentro de su forma de ser, de frente a por mí. Y a pesar de todo los días siguientes la evité. Me daba vergüenza estar con ella pensando en que me había hecho una paja pensando en ella.

Por suerte aquel domingo habían regresado la mayoría de mis amigos y de sus amigas. Yo retomé los partidos por la tarde aprovechando que el calor aflojaba. Me vino bien ver a más gente y hablar de otras cosas. Además era la última semana de mis clases y tocaba repaso y exámenes de prueba.

Pero no podía sustraerme de lo que me venía, deseándolo y temiéndolo a la vez. El martes estuve nervioso todo el día. Al mediodía durante la cerveza que me tomé con mis amigos estaba pensativo y taciturno a pesar de las típicas charlas de reencuentro. Mi cabeza estaba contrada en Claudia.

Por la tarde fui a buscarla a la estación de autobuses. Venía como siempre, con sus típicos shorts vaqueros negros que contrastaban con la blancura de sus piernas largas y delgadas, y uno de sus habituales tops ajustados aunque llevaba sujetador. Al verme en el andén me sonrió relajándome bastante pero su saludo fue un abrazo y un beso en la mejilla evitando mi boca.

Le propuse dejar sus cosas en casa, pero como sólo llevaba una pequeña mochila con su ropa para el día siguiente y sus enseres de aseo y una carpetita con documentación prefirió que paseáramos y fuéramos más tarde.

La estación de autobuses está junto al río, en el centro y muy cerca de mi barrio. Así que decidí ir hacia la zona monumental y tomar algo por allí. Por un momento tuve una sensación extraña llevando a Claudia por la misma zona donde había estado con Almudena. Qué distinto un paseo del otro.

De hecho, acabamos en la misma plaza sentados en un taburete frente a la enorme colegiata y las palomas que revoloteaban al rededor. Al menos Claudia estaba habladora y me contó como había sido todo su proceso para conseguir la residencia en mi ciudad y asegurarse que podía hacer el traslado de expediente de una universidad a otra. Pero evidentemente cayó la pregunta que todos suponéis:

-¿Y por qué has decidido venirte a mi ciudad?

No se pensó mucho la respuesta:

-Para estar cerca de mi familia. Además Madrid y Barcelona son ciudades muy caras. Aquí podré gastar un poco más.
-¿Sólo eso?
-Luis, no voy a decir que para estar cerca de ti porque tú no vas a estar. Cuando yo esté tú no y viceversa.
-Pero yo puedo venirme los fines de semana, o al menos más fines de semana. No sería como en la residencia pero tampoco como cuando estabas en Italia. Si tu hubieses querido este verano habríamos hecho más cosas juntos.
-Luis, ¿no te acuerdas que cortamos?
-Pues para haber cortado bien que te acostaste conmigo en junio…

Me arrepentí al instante de haber dicho aquello de esa manera, pero por el contrario a lo que me temí Claudia se lo tomó de buen grado y mirándome fijamente respondió al fin algo agradable:

-No somos pareja pero algo queda.
-Pero tú ya has decidido apagar los últimos rescoldos.
-No es tan fácil. Cuando se ha pasado mal como lo he pasado yo es difícil olvidar.
-Yo también lo he pasado mal.
-No, Luis. Tú tienes remordimientos. Yo tengo pena y dolor por tu engaño. No es lo mismo, te lo aseguro.
-Pero el rencor no es bueno- rebatí.
-Qué idiota eres a veces. Si te tuviera rencor no estaría sentada ahora contigo. Te quiero mucho, pero no puedo tener una relación contigo. No sé cómo explicártelo de más formas. Te quiero mucho pero no voy a volver contigo.

Me dejó helado. Me quedé callado un rato sin saber qué decir. Claudia esta vez había sido muy directa. Ella me miraba ahora con cierta bondad, como si sintiera lástima por haber sido tan directa. Pero fui yo quien acabó con el momento incómodo. Iba a estar con ella toda la noche y dormía en casa. Y en el fondo no era la primera vez que me daba el palo. Así que rompí el silencio:

-¿Dónde quieres que cenemos?¿En casa o en la calle?
-No quiero causarte molestias, Luis. Si quieres puedo dormir en una pensión o un hostal.
-No digas tonterías. Puedo admitir tu rechazo. Fuimos amigos antes de ser novios. Podré llevarlo.
-Mira, para no ensuciar ni nada, podemos cenar un bocadillo o una pizza en cualquier sitio.

Decidí llevarla a un mesón muy típico donde ponen el bocadillo más típico de la ciudad. Una viena de pan abierta rellena con un churrasco de cerdo o pollo cubierto con rodajas de tomate, un pimiento frito, una loncha de jamón serrano y aderezado con salsa alioli, todo servido en una bandeja con papas fritas. La verdad que a pesar del palo que me acababa de llevar comí el serranito con ganas. Hasta recuperé la locuacidad contándole a mi exnovia historias de la residencia que seguramente Lourdes no le había contado.

De regreso cruzamos el puente que lleva el nombre de mi barrio y no pude evitar comentar con pesar en voz alta lo siguiente:

-Vas a conocer más de mí vida y de cómo me he criado cuando ya no estamos que durante…

Claudia se quedó muy callada sin responder a mi comentario. Al llegar al final del puente me detuve y me di la vuelta para que viera la vista desde allí iluminado al anochecer, con el río, la famosa plaza de toros, catedral de la tauromaquia, el conocido campanario de la catedral, la torre que vigilaba el antiguo puerto de Indias y los puentes que cruzaban el río hacia el sur.

-Me habría gustado más mostrarte todo esto en otras circunstancias…

Por fin Claudia se ablandaba. Me cogió por la cintura y me besó en la mejilla.

-No le des más vueltas, Luis. Las cosas han salido así por circunstancias, por errores, pero ya no podemos cambiarlo. Ha sido así…

Me giré y le besé los labios. De inicio Claudia me devolvió el beso, pero a los pocos segundos se separó bruscamente de mí.

-No, de verdad. No me hagas esto. Ha sido un error vernos…
-Perdona- me disculpé- ha sido un impulso.

Continuamos atravesando el barrio mientras yo le explicaba los rincones que cruzábamos. Por donde pasaba mi hermandad, la cafetería donde solía quedar, la instalación deportiva donde jugábamos cuando llovía, mi instituto…pasamos casi por la puerta de la casa de Alba, hasta llegar a mi casa.

Subimos en silencio en el ascensor y abrí la puerta. Le fui enseñando la casa, entrada, cocina, salón, baño…hasta llegar al dormitorio de invitados. Allí le expliqué:

-Esta mañana he puesto sábanas limpias y ahí te he dejado toallas porque supongo que querrás darte una ducha. Ese de en frente es mi dormitorio. Si necesitas algo me buscas allí. En la nevera hay agua fría, refrescos y cerveza. Mmmm. No sé qué más decirte.
-Está todo muy claro, Luis. Gracias de verdad. Mira, creo que voy a empezar por la ducha y así mañana gano tiempo.
-¿Sabes cómo se llega a la residencia?
-Sé donde está, pero no sé como llegar desde aquí.
-Es muy fácil…

Le expliqué brevemente como llegar en autobús, donde tenía que cogerlo y la parada donde bajarse. Agradecida se metió en el baño con su mochila y las toallas que le dejé. Yo me desnudé en mi cuarto y me fui a ducharme al baño de mis padres. No había salido como yo esperaba pues Claudia venía demasiado decidida a cortar de raíz mis intenciones de volver.

Cuando salí envuelto en mi toalla Claudia cruzaba el pasillo de regreso a su dormitorio. Iba descalza con una camiseta ancha a modo de camisón que le cubría un poco más debajo de sus bragas y sin sujetador.

-Buenas noches Luis, que descanses. Me voy muy temprano. Cuando termine te aviso y paso a despedirme.
-Que descanses….-casi digo princesa, pero ,me contuve y dije su nombre-…Claudia.

Claudia cerró la puerta del dormitorio y yo me fui al mío. Me puse unos calzoncillos limpios y me tiré en la cama. No podía dormir intentando procesar lo que había pasado y entendiendo que éste era el fin ya de mi relación con Claudia. Sentía presión en el pecho y un gran vacío en el estómago. Los minutos pasaban en el reloj digital de mi mesilla mientras yo intentaba encontrar la postura que me dejara dormir. Entonces oí su puerta abrirse. Se escuchaban sus pies descalzos caminar por el pasillo. Iba a la cocina. Tuve la tentación de levantarme pero sólo había ido a beber agua. La oí regresar y cerrar de nuevo la puerta. Ella tampoco podía dormir.

A los pocos minutos de nuevo el sonido de su puerta. Pero ahora los pasos se acercaban. Vi su silueta dibujarse en la oscuridad en el dintel de mi puerta. Parecía querer ver qué hacía yo. Le hablé:

-¿No puedes dormir?
-No…
-Yo tampoco- confesé.

Sin decir nada más Claudia se acercó a mi cama y se tumbó echándose en mi hombro diciéndome con pesar:

-¿Cómo hemos llegado hasta aquí cuando habíamos sido tan felices?

Su muestra de cariño inesperada y su pregunta retórica me dejaron descolocados y sin palabras lo que dio pie a Claudia para seguir hablando:

-Luis, no has cambiado nada desde que te conocí. Sigues siendo aquel niño cortado que yo conocí. Tienes el buen corazón de ceder tu camiseta a la chica en apuros mientras te enfadas como un niño porque has perdido a un juego de cartas. Crees que con deseos bonitos y palabras arreglas todo, con tu encanto personal pero después eres incapaz de controlar tus impulsos. ¿A cuantas tías te has tirado este verano? No. No contestes. No quiero saberlo…

Tampoco le iba a dar la razón tan claramente reconociendo que había tenido tres líos ese verano.

…yo di un paso muy difícil porque no pude evitarlo. Me dejé arrastrar por tu encanto y en parte por tus meteduras de patas con la rubia aquella de tu clase, tan inocente y tan retorcido a la vez. Supe llevar con entereza que salieras con Marta y hasta te animé a pesar de estar enamorada de ti. Eso te alejaría de mí y podría centrarme en los estudios que es mi primer objetivo y que tú ponías en peligro. Pero estabas tan hecho polvo cuando te dejé tan injustamente pero tan merecidamente por tus líos con la rubia que ya no pude más y dejé escapar los sentimientos que llevaba meses negándome. Y eres un cabrón…-dijo golpeándome el pecho con la palma de su mano-…fuiste un novio maravilloso. El complemento prefecto para mi estudio. Estudiábamos juntos, comíamos, juntos, dormíamos juntos y follábamos. Y yo saqué buenas notas y empecé a sumar puntos en mi currículum y llegó la beca en Italia.

Fui a poner mi objeción pero Claudia no me dio lugar a responder.

-Yo estaba feliz pero sabía que tú no admitirías mi marcha. No estabas preparado. Eres un niño caprichoso acostumbrado a salirse con la suya. Lo has sido siempre pero te faltaba confianza, pero el primer año en la residencia la ganaste sobradamente, quizá en exceso. Pero era una confianza frágil como comprobé cuando Marta te dejó y sobre todo cuando te dije que me iba…
-Pero…
-No, Luis. Yo era la mujer más feliz del mundo a tu lado. La semana en la playa con nuestros amigos fue maravillosa. Mi novio era guapo, inteligente, educado, follaba bien y no era celoso ni posesivo. Yo estaba en el cielo, me gustaba todo de ti aunque temía tu fragilidad. ¡Si hasta presumí de la polla de mi chico delante de la chica aquella de la playa! Pero cuando me comunicaron que me concedían la beca estalló la tormenta.
-Me lo ocultaste…
-No. Te lo dije cuando ya era seguro. Y tuvimos bronca. ¿Tú creías que se desmoronaba el mundo por segunda vez en un mes? Luis…¿y yo? No renuncié a ti pero tú sí renunciaste a mí. Sólo te servía el aquí y ahora…sólo el estar juntos para vernos y follar. No admitías el sacrificio de dejar de lado lo físico para continuar en lo personal. Aun así confiaba en que tú me querías como yo a ti…
-Y te sigo queriendo.
-Pero Luis…he ido ocultándote todos mis problemas para que no huyeras. Te llevé a los Alpes no reconociendo mi mala relación con mis compañeros de piso para que no lo pasaras peor. Si te cuento que ese tío me acosaba ¿qué habría pasado? No tienes capacidad ninguna para ponerte en el lado del otro. Tu ego te lo impide. Te quedas siempre en el yo, yo, porque yo…incapaz de empatizar con otras realidades. Para ti perder un año de carrera es un retraso. Para mí es perder mi carrera. Por no perder un año de estar juntos perdiste una relación entera. Y tu ego se engorda como tu polla. O mejor dicho a la vez.
-Creo que me has dejado claro que la cagué. Y que no confías en mí.
-No es cuestión de confianza, Luis. Tú no estás preparado para una relación y mucho menos a distancia. Y yo no puedo estar esperando a que lo estés devanándome la cabeza sin saber qué haces ni con quien estas.
-Eso son celos…-aduje.
-No, Luis. Es incertidumbre. Y no me la puedo permitir. No renuncio a tener una relación, renuncio a tener una con el chico al que quiero porque no es capaz de cubrir mis expectativas y yo no cubro las suyas. Ya te lo dije. Probamos y salió mal. Sin rencores. Pero no me persigas más.
-Es que no quiero perderte…
-Ya me has perdido.
-Pero dices que me quieres- respondí con voz suplicante.
-Nunca se olvida el primer amor de verdad. Pero una cosa es deseo y otra realidad. Te deseo con el alma peor la realidad me aleja de ti. Y sé que me quieres pero también estoy segura de que encontrarás a otra persona con la que te unan no sólo el tiempo y el espacio, sino más cosas y te enamorarás de ella. Y yo seré un buen recuerdo. Me hiciste muy feliz y también muy infeliz ¿por qué no nos quedamos con lo primero en vez de machacarnos?
-Pero ahora vamos a tener más posibilidades de vernos…
-Te lo dije. Me gusta verte. Estar contigo siempre y cuando no insistas. Yo sé controlarme, ¿tú puedes?

Me quedé pensando una respuesta y no sabía como rebatir sus argumentos. Sólo se me ocurrió decir:

-Tú tampoco sabes controlarte. Por eso te liaste conmigo en junio y por eso estás ahora en mi casa y en mi cama.
-No confundas una cosa con otra. ¿Cómo estás tan seguro?
-Por esto…

Me giré hacia ella agarrándola de la cintura para quedar frente a frente y la besé. En tres segundos recibía mi boca con gusto y nuestras lenguas chocaban. Me separé de ella y me giré para encender la luz de la mesilla de noche:

-¿Por qué enciendes la luz?- me preguntó confusa.
-No quiero perder detalle de ti…

Claudia se levantó de la cama. Temí que se fuera y me dejara allí, pero reconociendo en ella a la chica de nuestros primeros polvos se giró hacia mí quitándose la camiseta que llevaba mostrándome sus hermosos pechitos cónicos tan blancos como siempre con sus pezones perfectamente redondos apuntando hacia mí. Sin dejar de mirarme aunque algo seria se quitó las bragas negras sorprendiéndome con su chochito con una mata de pelo negro que lo cubría. Nunca había visto a Claudia así. Yo respondí quitándome el calzoncillo dejando que mi polla dura quedara también ante sus ojos.

Claudia regresó a la cama y nos quedamos tumbados frente a frente mirándonos a los ojos.

-Siempre te sales con la tuya…
-Sabes que quiero algo más que esto.

No hubo más diálogo porque nuestras lenguas se volvieron a encontrar mientras nuestras manos acariciaban al otro cuerpo recíprocamente. Su blancura contrastaba con el ligero moreno que ya había ganado aquel verano. Pero su ansia fue mayor que la mía empujándome para que quedara boca arroba y lanzándose a besar mi cuello, hombro, pecho y abdomen. Sin haberme rozado la polla yo gemía al contacto de sus labios en mi piel especialmente cuando besó mi cuello, pezones y ombligo. Cuando decidió besar el tronco de mi churra me estremecí como pocas veces y cuando besó mi glande la sentí palpitar. Pero no estaba pensando en mí en ese momento y en un movimiento rápido agarré a Claudia para que se colocara a mi altura y poder besarla de nuevo. Ahora su piel sería mía.

Mordí los lóbulos de sus orejas, besé su cuello y su hombro y como no podía ser de otra forma me entretuve un buen rato en sus pechos, que siempre adoré, endureciendo sus pezones con el tacto de mis labios y mi lengua mientras mi exchica se retorcía de placer agarrándome la cabeza para que nunca me fuera de allí y en todo caso cuando lo hice fue para volver a sus labios. Eso me permitió acomodarme entre sus piernas pegando nuestros sexos. Sin palabras yo separé mi pubis del suyo y ella dirigió mi polla a su coño. La penetración fue rápida, directa e intensa. Pero una vez ensartados sólo nuestras bocas y nuestras manos se movían. Sus pezones se clavaban en mi pecho quemándome mientras mi cadera apretaba la suya hundiendo mi carne en la suya. Claudia levantó las piernas sin soltar mi boca ni mi cabeza con sus manos y yo empecé a taladrar su sexo con movimientos torpes hasta que pode apoyar mis rodillas para controlar la penetración.

La Claudia de siempre salió al fin pidiéndome que la follara, que le hiciera sentirme y yo correspondí besando su cuello mientras la penetraba con fuerza. Le clavaba la polla como si fuera el último polvo de la vida, como si se acabara el mundo. Y las consecuencias fueron evidentes. En apenas 10 minutos desde que empezáramos a besarnos sentí que me iba a correr, pero no podía parar. En el último instante me salí de Claudia levantando mi cuerpo lo justo para que mi semen se derramara en su barriga entre palpitaciones de mi nabo y gemidos lastimeros. Claudia no llegó a verlo, pues sus ojos se cerraron en su típica contracción de su rostro abriendo la boca como si le faltara el aire y empezó a temblar perdiendo la fuerza en sus piernas que resbalaron por mis muslos hasta quedar abiertas a ambos lados de mi cuerpo.

Su orgasmo había llegado una décima de segundo después del mío. Me dejé caer a su lado besándole la cara mientras seguía con sus gestos extraños en la cara, pero tan conocidos por mí. Ella seguía ausente concentrada en su placer tan envidiablemente prolongado. Mientras mi exnovia volvía en sí empecé a quedarme adormilado a su lado. No sé cuanto tiempo estuve dormido. Aun así sentí que se movía. Abrí los ojos para ver su espalda y su culo salir del dormitorio seguramente para limpiarse en el baño. Volví a cerrar los ojos. El sueño se apoderaba de mí. La sentí volver y sentí sus labios besarme la frente, pero no se acostó.

Pese al cansancio me sobresalté. ¿Ya se iba? Pero al abrir los ojos pude ver su silueta iluminada por la lámpara de la mesilla. Estaba apoyada en mi escritorio observando las fotos del corcho como había hecho Alba unos días antes. Pero Claudia estaba desnuda con sus largas piernas blancas, su culo enmarcado en sus caderas, su cintura estrecha y su espalda delgada rematada en la media melena que llevaba. Sentí a la vez orgullo y tristeza. Me levanté con sigilo y me acerqué hasta ella abrazándola por detrás. Se estremeció.

-Tengo la sensación de que hay dos Luises distintos. Ese niño delgado e inseguro de las fotos y otro Luis que ha surgido después de dos años en la residencia.-me dijo apoyando su cabeza en la mía.
-Yo seré el Luis que tú quieras.
-No. Tú serás el Luis que tú decidas ser. Hasta que tú no lo tengas claro los demás no podemos hacer nada.
-¿Me esperarás?
-No lo sé.

Me quedé en silencio con mi cuerpo pegado a su espalda abrazándola por su cintura mientras ella parecía seguir observando mis fotos en el corcho. Su culo pegado en mi polla la despertó de nuevo obligándome a acomodarla entre sus nalgas hacia arriba. Claudia habló entonces diciendo:

-En algo no has cambiado.-rio con una mezcla de humor y amargura- Me acuerdo todavía de cuando te utilicé para estudiar anatomía y te sigues empalmando con la misma facilidad…

-¿Te molesta?-pregunté con cautela.
-Nunca me molestó eso de ti. Me encantaba verte nervioso cortado porque me diera cuenta de tu bulto evidente. Y yo haciéndote sufrir, jajaja. Si hubiese podido entonces te habría arrancado el calzoncillo. Pero entonces yo me controlaba.
-Y ahora no…
-Eres una droga, por eso te evito. Sé que contigo caería una y otra vez. ¿Para qué? ¿Para hacernos daño otra vez? ¿Perjudicarnos? Cuanta más distancia pongamos entre nosotros será mejor…
-Pero en realidad te has acercado a mí…
-No, Luis. Te lo he dicho esta tarde y no me has creído. No he venido a tu ciudad por ti, lo he hecho como siempre por el dinero. Si tuviera más me habría ido lo más lejos posible de ti. Te añoraría mucho pero podría estar centrada en mis estudios. Ahora tengo que evitarte.
-¿Cómo puedes decir eso mientras te abrazo?
-Precisamente por eso…

De nuevo se hizo un silencio incómodo entre los dos sin que ninguno hiciera por separar su cuerpo del otro. De hecho yo me apreté con más fuerza a su cuerpo como si quisiera evitar que se me escapara. Entonces Claudia me dijo con vos triste:

-Luis entra en mí…
-¿Quieres hacerlo ahora?
-Por favor, quiero sentirte.

Separé mi cadera para que mi polla se escurriera entre sus nalgas mientras ella abría ligeramente sus piernas. Sentí su mano dirigir mi polla a su raja mientras me decía:

-Despacio por favor.

Efectivamente Claudia no estaba del todo lubricada y tuve que hacer el gesto de rozar mi glande varias veces contra el interior de su vagina sin llegar a profundizar mientras se iba abriendo y humedeciendo. Para ello la agarré por las caderas hasta que conseguir completar la penetración haciendo que ambos casi al unísono vaciáramos nuestros pulmones de forma sonora. Mi exnovia cerró las piernas apoderándose de mi falo y me dijo:

-Déjame que te sienta.

No sabía qué hacer. No pegaba un polvo fuerte dándole caña por detrás como a ella normalmente le gustaba. Así que la abracé de nuevo como antes pero esta vez no se pegaban nuestras pieles sino que mi carne se hundía en su carne uniéndonos totalmente. La oí y también la sentí suspirar notando como su tórax se deshinchaba. Noté de golpe de nuevo la presión en el estómago y falta de aire. Era de nuevo la ansiedad que se apoderaba de mí. ¿Qué nos pasaba?

Quería acariciarla, apretarla, especialmente sus pechos pero no me atrevía. Mis brazos la envolvían pero sin llegar a tocarla las palmas de mis manos. La sentí temblar. No era un orgasmo. ¿Qué la pasaba?

-Claudia ¿estás bien?- dije en su oído pero no me contestó.

Busqué su mejilla para besarla y la sentí húmeda.

-¿Estás llorando princesa? ¿Qué te pasa?
-¿No te das cuenta de que es la última vez que te voy a sentir?
-No digas eso…

Su sollozo ya era llanto. Era una situación totalmente extraña. Mi chica se despedía de mí llorando con mi polla dentro de su coño. No tenía nada que ver con las despedidas del cine o las novelas. Podía ser un flash que había pasado por su mente en ese momento y quise saberlo. Me salí de ella separando mi cuerpo del suyo mientras temblaba. La giré y le besé la cara mientras su llanto continuaba. Tiré de ella para tumbarnos en la cama a ver si se relajaba y conseguí que se echara sobre mi pecho hundiendo su cara en mi cuello.

-Estoy aquí contigo y vamos a poder vernos más que el año pasado…por Dios, no me llores princesa.
-Luis…se acabó, es la última vez.
-Pero si tú me has buscado- me defendí.
-Por eso, es que no lo entiendes. Cada vez que estoy contigo después es peor. Tengo que dejar de verte.
-No lo hagas.
-No me queda otra opción…

La apreté fuerte contra mi pecho sintiendo su llanto. No me creía sus palabras. Pero nos quedamos en silencio abrazados desnudos en mi cama. ¿La primera vez que había hecho el amor con una chica allí iba a ser el fin definitivo de mi relación con Claudia? La vida no podía ser tan cruel conmigo aunque a veces me lo mereciera.

Definitivamente el sueño me venció cuando ya clareaba el día. A las 9 sonó mi despertador. Había dormido apenas dos horas y tenía una extraña resaca. Claudia no estaba. Ya se habría ido a echar sus papeles. Me levanté a mear y me di cuenta que la churra me olía bastante fuerte a coño. Me duché para no dar el cante delante de mis alumnos y despejarme. Me preparé algo de desayunar y regresé al dormitorio a vestirme antes de que llegaran los que tenían clase a las 10. Al fijarme en el escritorio de la mesa vi un folio escrito. Me acerqué a ver que era. Claudia me había dejado una nota:

“Mi muy amado Luis,

Quedamos en vernos después de tus clases pero he pensado que mejor me voy directamente a mi ciudad. Sé que no entiendes mi decisión pero espero que la respetes. No quiero que me llames, ni que me mandes mensajes. Cada vez que estoy contigo después me cuesta mucho recuperarme. Y cada vez que te veo caigo en tus brazos. La única solución para nosotros, para dejar de hacernos daño es alejarnos el uno del otro.

Cuando tú estés en las ciudad yo no lo estaré. Te pido que no me sigas. Quien sabe qué deparará el futuro. Pero el presente será cada uno por su camino. Te voy a echar de menos como decía Kiko Veneno lo mismo que antes te echaba de más. Pero el tiempo lo cura y lo corrige todo. Yo entiendo de eso y creo que tú en parte también aunque no lo admites.

Te deseo lo mejor. Vales mucho y cuando te centres todo ese potencial que tienes saldrá adelante. Cuídate mucho.

Te querré siempre,

Claudia”

Por un momento me quedé sin capacidad de reacción. Pero tras mirar la hora al fin tomé conciencia de lo que pasaba. La llamé por teléfono y tenía su móvil apagado. Tenía que pensar rápido. Le mandé mensaje a mis alumnos de que pasaba la clase al día siguiente por motivos personales. Me vestí y salí corriendo hacia la estación de autobuses. Salían dos autobuses esa mañana, uno a las 11 y otro a la 1. Claudia no se fue en ninguno de los dos. Sabría que iría a buscarla y se había ido en tren.

La angustia que aprisionaba mi pecho haciendo que hasta me doliera respirar se liberó en cuanto entré por la puerta de mi casa al mediodía. El llanto se apoderó de mí. No sé cuanto tiempo estuve tirado en la cama donde había yacido con ella por última vez. No comí y además se me hizo de noche sin contestar los mensajes y llamadas de mis amigos pues aquella tarde teníamos partido.

El saber que ella ni siquiera volvería a la residencia profundizaba mi dolor. ¿De verdad se iba a acabar así?

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