ALMUDENA GRANDES

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Un comentario sobre “El lector de Julio Verne

  1. Es terrible saber que Almudena no nos escribirá nunca más.

    EL LECTOR DE JULIO VERNE, es otro episodio más de esa llamada Guerra Interminable de ALMUDENA GRANDES, Guerra Interminable que aún sigue, tal vez ya no con tiros de gracia o disparos por la espalda, porque las armas ahora son otras y ya no hace falta fusilar a miles de personas contra las tapias de un cementerio, pero sin lugar a dudas, ese odio que impregnó nuestra tierra de sangre y que llevaba el nombre de Fascismo, sigue aún muy vivo entre nosotros.

    Personajes y pequeños fragmentos de sus vidas tomadas prestadas de historias reales (aunque parezcan inverosímiles) de tantos héroes y heroínas anónimas, junto con algunos personajes fruto de la imaginación de una experta novelista, encontramos esta preciosa e imprescindible novela para intentar entender por el sufrimiento tan grande y el dolor que tuvieron que pasar miles de familias que se vieron envueltas en medio de una «guerra» que nunca pidieron, que algunos aprovecharon para hacer lo que siempre habían querido hacer, para asesinar, torturar, amenazar, para mirar por encima del hombro al otro, para dar miedo;
    una guerra en la que a muchos otros solo les quedó sobrevivir.
    Insisto, para «intentar» entender.

    Almudena nos cuenta cómo en un pueblo casi perdido, donde parece que no puede pasar nada importante, ocurre que un grupo de guerrilleros en el monte les recuerdan al resto del mundo que hay que seguir luchando hasta el final, que hay cosas que el fascismo no puede quitar, que el puño en alto no es sólo un gesto sino una forma de vivir.
    En un pueblo donde parece que no puede pasar nada importante, hubo cientos de mujeres solas que sacaron adelante a cientos de niños, a los que alimentaron, a los que vistieron, a los que educaron y a los que les dieron la oportunidad de un futuro.
    En un pueblo donde parece que no puede pasar nada importante, de la tierra rebosó sangre, las paredes gritaron llantos, las celdas fueron testigos de miles de torturas, y cada dos días se vio ropa negra colgada en los cordeles de las casas.
    En un pueblo donde parece que no puede pasar nada importante, el fascismo hizo muño daño y asesinó a muchas personas, de hambre, de palos, de enfermedades, de balas, rompió costillas, piernas, brazos, violó a mujeres que lo mantuvieron en silencio, quitó ojos, manipuló y censuró el saber, la educación… pero nunca pudo acabar con Cencerro, quién sigue vivo y lo seguirá hasta el fin de los tiempos.
    Con acierto o no, es curioso que para muchos líderes desde sus posiciones siempre es fácil decir que se cometen errores estratégicos, lo cierto es que así fueron las cosas en un pueblo de Jaén que, al igual que tantos otros anónimos, solo quedará en el recuerdo de algunos de sus habitantes.

    La historia de Nino es una novela llena de tristeza y a la vez de esperanza, porque nos recuerda por el horror que tuvieron que pasar tantas personas, pero también nos enseña que resistir siempre es una opción, y en nuestra mano está ser una clase de persona u otra, cometer injusticias, ignorarlas y fingir no verlas, o actuar contra ellas.

    Nino cogió claramente su camino: gracias a conocer a un solitario hombre que parece saberlo todo de todo el mundo, Nino -hijo de un Guardia Civil- empieza a descubrir un mundo nuevo, un mundo que siempre había estado ahí pero que nunca había sido capaz de percibir a pesar de sus 10 años, un mundo terrible, lleno de dolor, de rabia, pero también un mundo lleno de cosas mágicas, de risas, de libros, de maestras que enseñan sin pedir nada a cambio, de mujeres que tejen a escondidas y contra la ley, de otras que venden huevos en la clandestinidad, de nanas que se cantan para tapar la maldad humana, de mujeres que sacan coraje cuando ya todo el mundo cree que no tienen nada más, de sueños de niños de ser molineros solitarios en su futuro, de hombres rudos que le pintan las uñas de los pies deformes de color rojo a sus esposas, un mundo lleno de amor.
    Es inevitable pararte en medio de estos terribles párrafos y a la vez ver con la delicadeza y casi dulzura con que Almudena nos ha regalado este pedacito de historia, de memoria.

    Y como siempre, Almudena nos recuerda la importancia del papel femenino en la Historia, aunque a ellas no las mencionen los grandes libros que se dedican a recordar a grandes reyes y emperadores: todas esas mujeres que esperaron que sus maridos, novios, hijos y hermanos volvieran del frente, que luego esperaron que no fueran llamados a declarar, que luego esperaron que bajaran del monte o que mandaran una carta desde la ciudad a donde habían podido huir, que esperaron recoger un cadáver entre sus brazos para darle un último abrazo, que esperaron seguir teniendo cada día un trozo de pan para llevarle a la boca a sus hijos.
    Que esperaron, y mientras esperaron, escribieron la verdadera Historia que todavía los libros se niegan a contarnos.

    Una realidad para darle con ella en la cara a todo aquel ignorante que se atreve a seguir predicando que con Franco se vivían buenos tiempos y que es legítimo que el fascismo vuelva.

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