SONIA MONROE

Me apetece tenerte delante. Respirarte. Sentir las ganas que se generan cuando te tengo a unos metros de mí, sin poder tocarte. Notar el cosquilleo en mis labios, una palpitación en mi vagina, una humedad que se abre paso. Mirarte de soslayo, con intención lujuriosa. Guiñarte un ojo, insinuarme, a pesar de la incapacidad de llevar a cabo mis intenciones. Simplemente pensarte.

Me apetece encontrarte de casualidad y tener un calentón espontáneo. Cogerte de la mano, rápido, llevarte hasta un rincón escondido y besarte como si no hubiera un mañana. Meterte mano, colocar mis dedos rodeando tu entrepierna y acariciarte. Notar cómo creces, tu respiración acelerada, unos ojos ávidos de lujuria. No frenar en mis caricias y deslizarme por dentro de tus pantalones de chándal. Acariciar la longitud de tu polla por debajo de la ropa sin retirar mi boca de la tuya. Recorrer tu cuerpo mientras me separo de tus labios sin perderte de vista. Tirar del pantalón y dejarte al descubierto, tan duro, tan mojado. Lamer tímidamente la punta, dar golpecitos con la lengua, acariciarte con mis labios. Presionar el glande despacio, soltar, lamer. Dejar que entres, succionar, saborearte a fondo. Agarrarte del culo para indicarte que folles mi boca, sujetarte con mis garras, conseguir que te pierdas. Tragar toda tu leche, dejando que se escape un poco. Enseñártela y relamerme luego.

Me apetece cabalgarte sin pausa en el asiento trasero del coche, totalmente desnudos, aparcados en un sitio público. No frenar mis ansias a pesar de que escuchemos ruidos. Dejar que miren cómo nos lo montamos, follando como salvajes, aunque se pajeen con nuestros actos.  Humedecerme, sudar. Mover mi culo arriba y abajo, sentirte, correrme contigo. Verte la cara mientras me invade tu leche. Y no separarme en un buen rato, me encantan estos momentos. Levantarme y notar cómo tu semen se resbala de mi coño y aterriza en ti. Pasar la mano y saborearlo. Lanzar un beso a nuestro espectador y descansar un rato a tu lado.

Me apetece follar lento. Jugar contigo. Recostarte en una cama y untarte de aceite para que mis manos resbalen. Notar la suavidad de tu piel, recorrer cada centímetro con mis dedos. No pienso tocarte dónde estás deseando, quiero encender tus ganas. Me subo encima de ti y restriego mis tetas desde abajo. Dejo que lamas mi pezón, abras mucho la boca, mames de mis pechos. Resbala tanto que casi noto cómo quieres entrar en mi coñito. Me muevo un poco, froto mis labios contra tu polla dura, te doy un masaje con ellos. Me levanto, meto la punta, la saco. Vuelvo a masajear, vuelvo a meter, entra de repente, muevo mi cadera y vuelve a salir. Nos deslizamos, resbala mucho, se siente a gusto.

«¿Me tienes ganas ahora?»

Te follo lento, muevo mi culo para entrar mejor, te noto dentro…

Me apetece sentir tus embestidas en cualquier lugar. Sea donde sea y como sea, mientras seas tú. Dámelo todo. Sin tregua.

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