ISA HDEZ

Romina miraba de reojo a Jorge. Sabía que él la observaba desde hacía tiempo y aunque ella disimulaba ante los demás, percibía la luz de sus ojos color miel que la encandilaba y la sonrojaba. Cada vez que lo veía sentía como un temblor en todo su cuerpo y, el corazón le reverberaba de emoción y le iluminaba la cara. Temía que se le notara y por ello lo esquivaba, su timidez era notoria, pero él lo hacía con más vehemencia. Una tarde al salir del instituto se adelantó y la esperó en la calle estrecha por donde Romina pasaba para ir a su casa y, bajo la luz pálida de la única farola que colgaba de las rejas de un ventanal sombrío, le interrumpió el paso y le declaró su amor. Romina no podía articular palabra, sus labios comenzaron a tiritar, y Jorge se los selló y la guareció entre sus fornidos brazos, la envolvió con el alma y, poco a poco cesó el temblor y, lo miró con sus luceros azul mar llenos de lágrimas que Jorge enjugó con sus besos. Aún no habían cumplido los diecisiete, pero ambos sabían que ese amor ahondado hacía años, había explotado y ya nada los podría detener. Eran conscientes de que sus familias, afines al régimen de la dictadura, pero de clase social desigual, no aceptarían esa relación, pero esperarían el tiempo que hiciera falta. Cuando llegaron a la facultad de derecho se besaban por las esquinas como si escondieran su amor, pero crecía cada día y se reforzaban más sus sentimientos. En la fiesta de fin de carrera, anunciaron su compromiso y al poco tiempo se casaron. Aún celebran su aniversario y, siguen en el mismo bufete de abogados, Romina en Civil y Jorge en Laboral.

Un comentario sobre “Amor infinito

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s