QWERQ

Un par de hora antes…

Al montarnos en nuestro coche para salir a la playa, Don Fernando nos vio, atareados con las bolsas y la nevera y con el atuendo característico de la playa. Al montarnos en el coche, sin darnos cuenta de nada, salimos del parking con la mala fortuna que él nos siguió con su coche, dirección a la playa. Tanto mi madre como yo, ignorantes de todo eso, no nos dimos cuenta de nada hasta que mi madre observó una silueta conocida a unos cuentos metros de distancia. Él, sentado en una toalla, va sin camiseta, con una buena panza y la espalda llena de pelos, con sus pintas típicas de hombre mayor asqueroso. Sin que esté mirando hacia nosotros, sino hacia la playa, como si lo controlara todo.

Solo ella es la que se da cuenta de quien está ahí… «¿También aquí? Aquí no… aquí con mi hijo no…» dice para si misma. Mi madre temerosa porque no monte un numerito de los suyos, se pone algo nerviosa. Me mira y me ve tumbado, sin hacer nada, como adormecido. Ella se da cuenta de que el cerdo la mira, sonríe y le hace señas para ir al agua con la cabeza…

Ella sin saber qué hacer, ve como acto seguido Don Fernando se levanta y se mete poco a poco en el agua, sin volver a mirarla, sin volver a pedirle que le acompañe al agua, como dando por sentado que ella la va a acompañar.

—Mamá —digo tumbado.

—Di-dime hijo. —mi voz le ha sobresaltado.

—¿Me pasas la toalla esa? —digo yo con los ojos cerrados. —es para ponérmela en la cabeza a modo de almohada.

—Sí, toma. —Ella se da cuenta de que yo no me estoy enterando de nada. Pero también sabe que no estoy dormido.

Me la da y vuelve a mirar hacia su dirección, él ya está en el agua, cubriéndole por los muslos.

«No sé qué hacer… si voy me va a poner en evidencia seguro… buscará la forma… Pero si no voy… es capaz de venir aquí… delante de Juan… eso no puede pasar…» Piensa para si misma mientras me vuelve a mirar y vuelve a mirar hacia la playa.

«Igual sólo quiere decirme algo referente al domingo…»

—Gracias mamá… —digo yo acomodándome mejor sin tener ni idea que ella no me está prestando absolutamente nada de atención.

«¿Pero qué excusa me voy a inventar para dejar aquí a Juan? Si al menos se alejase más para que Juan no viera bien quién es desde aquí… Podría tomarme un baño… y aprovechar para acercarme a ver qué me dice del domingo… Y si vuelve con alguna de las suyas siempre podré salir del agua cuando yo quiera…»

«Pero míralo… allí está… de espaldas, como si yo no existiera…» dice al observarlo por le agua por la cintura sin girarse ni una vez hacia ella.

Ella visiblemente nerviosa, no para de cambiar la vista entre él y yo. Agradece que yo esté tumbado descansando.

«Pero me ha llamado… Después de tantos días sin ni siquiera saludarme… Se merece que no fuera… Parece que es solo cuando él quiere…»

«Debería hacer lo que hace él… Como si no existiera… Ni tan solo me ha insistido el muy cerdo… Pero el problema es si viene aquí y me dice algo del domingo… delante de Juan… Eso no puede suceder… Por mucho que le diga que está mi hijo, va a sospechar… Además tiene mi nota escrita…»

Ella se debate internamente sentada a mi lado… Hasta que se decide.

—Hijo… Voy a tomarme otro baño… Hace mucho calor… —me dice posando su mano en mi brazo de manera delicada.

—¿Otro mama? Acabas de comer, ten cuidado con la digestión. —digo medio incorporándome.

—Sí. El último. No te preocupes, iré despacio. —me contesta sin mirarme, mirando solo al horizonte.

—¿De normal no te bañas y hoy dos veces? —digo sin levantar la cabeza.

—Hace mucho calor hoy… —dice mientras se levanta poco a poco. Dejándome con la palabra en la boca. Pero yo no le doy más importancia y me tumbo otra vez como si no pasara nada.

Ella se dirige con su caminar característico hacia el mar. Entrando poco a poco, cada vez acercándose más y más al viejo que sigue sin girarse. Ella pasa por su lado y se pone delante de él, cubriéndole por la parte de abajo del pecho. Con lo abultada que tiene a barriga, ella sabe que no se le ve desde la orilla.

—Hola Don Fernando, ¿me va a saludar hoy?

—¿Tantas ganas tienes de que te salude cariño? —dice con su peculiar sonrisa.

—Es un signo de buena educación.

Ambos son de las pocas personas que están en el agua..

—No sabía que estarías por esta playa —dice mintiendo.

—Con lo grande que es el mundo…

—Es verdad…

—Pero bueno no se preocupe, yo me tomo este baño y me voy.

—Si nos encontramos con lo grande que es el mundo, ¿estamos destinados cariño?

—No sé a qué te refieres, pero no. Para nada —contesta ella con los brazos cruzados, como si estuviera enfadada por algo. —Además, hoy he venido con mi hijo y no quiero estar mucho aquí con usted.

—Tu hijo es tan tonto que seguro que no piensa nada malo. —dice sonriendo con su peculiar sonrisa.

—No hable así de él. Si tarde se preocupará. —dice mirando levemente hacia donde están las toallas.

—Bueno, que se joda. ¿Es nuevo este bikini? —dice dando un paso hacia ella.

—Sí. —sin hacer caso al otro comentario referido hacia mi persona.

—¿Y no me lo enseñas? —dice alargando la mano y cogiéndole de la tuya para que deje de tener los brazos cruzados y así verla bien.

—La verdad Don Fernando… Después de lo de la semana pasada en el coche y no dirigirme más la palabra… ¿Siempre ha tratado así a las mujeres? —le contesta mientras se deja coger la mano, consiguiendo quitar sus brazos y así verla mejor.

—¿No te gusta como te trato?

—No. Me ignora cuando ya me ha usado para su provecho. Como si fuera un trapo. —Ella le habla y nota como su mirada va a su cuerpo, semidesnudo, solo tapado por ese bikini. Sabiendo que no le está haciendo prácticamente caso a lo que le está diciendo.

—Me encanta este bikini… te queda muy bien… —dice sin contestarle a lo que pregunta. —¿Te lo has comprado tú o tu maridito?

—Y yo son tan estúpida que me ofrezco a hacerle la comida el domingo. Soy una estúpida. Eso es lo que soy. —dice ella también contestándole a lo que le interesa. —Y no le llame maridito, ni tonto a mi hijo que no lo es.

Mientras le sigue hablando, él se toma la libertad de cogerla por la mano para que de media vuelta y poder verla bien.

—¿Pero qué hace?

—Quiero ver como te queda el bikini por detrás también. —y consigue que ella se voltee a su voluntad.

Hay personas bañándose alrededor de ellos.

—No es mi dueño para hacer lo que le dé la gana, ¿lo entiende? —está furiosa por como le ha tratado.

—¿Entonces por qué has venido cuando te lo he dicho?

—Por si se le ocurría decirme algo de la nota que le puse por debajo de la puerta. Pero ya veo que no, mejor. Olvídese de la nota y olvídese de lo del domingo.

—¿Entonces no quieres venir? Vaya, yo que también te iba a hacer la comida a ti…

—¿Cree que puede tratarme así y que luego no pase nada? —dice visiblemente enfadada.

—Dios… Como me encanta como te queda este bikini… —le dice el viejo poniendo las manos en su cintura, ignorando lo que le dice. —Respóndeme una cosa cariño, ¿alguna vez has hecho topless?

—¿¿Topless?? Pues no. —dice llevándose las manos al pecho, como queriéndolas proteger.

—¿Nunca? —sonríe

—No. Y no será hoy el día que lo haga.

—Es verdad. Eres tan mojigata que es normal que no hayas hecho nunca.

—No soy mojigata Don Fernando. Además soy mayor ya para hacer esas cosas.

—Vamos cariño, nunca se es mayor para enseñar las tetas —dice de manera soez.

—Por feas que sean le pueden gustar a cualquiera.

—Pero qué dice Don Fernando. De ninguna manera. Además, no quiero que le dé un ictus a mi hijo.

—¿Un ictus por verte las tetas? ¿Qué es un maricón?

—No quiero que lo trate así.

—Vamos, entre tu y yo… ¿un poco maricón sí es, no?

—¡NO! —alza la voz.

—Igual ha salido al padre, ¿no crees?

—Su padre me ha dado un hijo. Pare ya Don Fernando. —dice furiosa.

—Vamos cariño —dice acercándose aún más, están a escasos centímetros el uno del otro. —quítate la parte de arriba…

—Cuando sepa tratar mejor a los míos me avisa. —aparta una mano del viejo de malas maneras cuando se acerca a ella.

—Vamos, quítatelo… no pasa nada… —Alejandra se gira alrededor a ver la gente que hay. —Aquí tu hijito no puede vernos…

—Pero hay otra gente… No… No es normal que me lo quite ahora… ¿no le parece?

—¿Qué hay de raro?

—A usted nada le parece raro.

—Solo un momento…

—Primero es un momento… y luego… un momento más… y luego… —Alejandra sigue con las manos en sus pechos. Nadie le ha visto los pechos a excepción de Iván.

—Vamos cariño, si no quisieras hacerlo no estarías aquí. —su barriga casi está en contacto con ella. —Solo un momento… sé que en el fondo sí quieres…

—El domingo… Si quiere…

Y aprovecha para hacer su gesto característico. Coge un mechón del pelo de mi madre y se lo pone detrás de la oreja.

—¿El domingo qué? —repite él.

—Iré a hacerle la comida.. como me dijo que fuera vestida… —dice ella bajando los ojos y la cabeza. Una vez más.

Él pone un par de dedos en su barbilla y le levanta la cabeza. —El domingo ya veremos lo que haremos. Ahora estamos aquí y ahora.

Él aprovecha el momento de debilidad de ella y baja su mano por su cuello hasta el tirante y lo baja del hombro.

—Pero la gente no se quita los sujetadores así…

—¿No? ¿y cómo se los quita?

—Y menos deja que le hagan lo que me está haciendo Don Fernando…

—¿Te imaginas que ahora sales del agua hacia la toalla sin la parte de arriba del bikini?¿qué pasaría? —le contesta el viejo imaginativo.

—Está mi hijo, ya se lo he dicho, ¿lo entiende o no?

—¿Cómo reaccionaria tu hijo si al irse a bañar su madre está en bikini y cuando sale está sonrojada y sin la parte de arriba? ¿Crees que se excitaría o sería un maricón y no lo haría?

—No… no puedo ni imaginarlo… se escandalizaría….

—¿No se excitaría?

—¡Y basta ya de llamarle así! Es mi hijo…

—Entiendo… —su otra mano va su clavícula con la intención de bajarle el otro tirante.

—Pero no me has contestado… ¿Se excitaría o no?

—Se asustaría… creo…

—¿no?

—Estaría demasiado asustado…

—Entonces le estás llamando maricón, ¿no?

—¡NO! —vuelve a casi gritar.

—Yo te he preguntado si se excitaría o si no lo haría como un maricón y tú me has respondido que no…

—Tímido, flojo, si usted quiere. Además, ¿si le gustasen los hombres qué?

—Si le gustasen los hombres lo convertiría en mi putita.

—Está usted loco.

—Me pondría mucho que le enseñaras a chupar mi polla como hiciste el otro día en el parking del supermercado…

–¡BASTA! No me atormente más…¿no tiene suficiente conmigo? También quiere a mi amiga, a mi hijo… ¡BASTA! —finalmente gritando.

—¿Solamente quieres que te tenga a ti? —dice sonriendo y manteniéndose calmado.

—Solo hace esto para humillarme, ¿verdad?

—Creo que estás tardando demasiado en salir del agua… ¿tu hijito te empezará a echar de menos?

—¡Déjelo a él en paz!

—Enseguida te empezará a buscar… Y no te verá por ningún lado ¿Quieres que te vea aquí junto conmigo?

—Me voy Don Fernando. El domingo se hace usted la comida.

—¿Estás segura de que te quieres ir?

—¡SI! —eleva la voz mi madre. Pero no se mueve.

—Está bien, vete, vuelve con tu hijo.

—Adiós Don Fernando, que tenga un buen día. —y sin mirarle pasa por su lado mientras continúa. —estaba dispuesta a ir el domingo a su casa… a hacerle la comida… pero lo ha hecha todo a perder.

Ella poco a poco sale del agua dejando por primera vez plantado a ese viejo que la observa de espaldas saliendo del agua. Poco a poco llega hasta la toalla donde yo aun sigo tumbado ajeno a todo ello.

—Hijo, venga levántate que nos vamos. —dice mientras se coge una toalla y se empieza a secar las gotas impregnadas por todo el cuerpo.

—¿Eh? ¿qué pasa mamá? ¿qué te pasa? —digo mientras me incorporo levemente y la veo secándose con cara de pocos amigos.

—Nada hijo, ya se ha hecho tarde y no me apetece estar más en la playa.

—Pe… Pero mamá… ¿qué te ha pasado? ¿te ha pasado algo en el agua? —digo mirando hacia el agua a ver si diviso a alguien conocido pero no encuentro a nadie.

—No hijo, no. No ha pasado nada. —dice escueta, visiblemente malhumorada.

—Pero…

—Pero, pero, ¡qué! Vámonos te digo. —dice de manera fehaciente.

Yo a ese tono me incorporo y empiezo a recoger las cosas. —está bien… —solo me atrevo a decir mientras miro alrededor para saber qué diablos ha ocurrido. Pero no consigo visualizar a nadie. Ella sin mirarme recoge todas las cosas, se vuelve a poner el vestido veraniego y salimos de la playa.

La noto rara, enfadada, pero también diría que algo sonrojada, algo ha pasado…

«Que se busque otra, estoy harta» piensa ella con rabia mientras terminamos la larga fila de madera hasta casi llegar a los coches. Empieza a caminar en sentido contrario de donde hemos aparcado

—¿Mamá?

—Dime.

—El coche está para el otro lado. —le digo al ver que vamos en el sentido contrario.

—Vaya… —dice ella desorientada por culpa de sus pensamientos. —ya no me acordaba.

La miro, como intentando saber qué le pasa, pero sin decirle nada más.

—Venga, vámonos.

Y salimos de esa playa. El día había empezado perfecto, pero por algo ajeno aún a mi conocimiento lo había perturbado de tal manera que tuvimos que abortar nuestra tranquila estancia allí.

Un comentario sobre “El advenimiento (30)

  1. Morboso aunque en mi humilde opinion, el encuentro es demasiado circunstancial sin antecedentes, fue a esa playa y el sabia que iba…etc..y bajas el ritmo de la sumision, en el agua y ante sus dudas deberia haberle arrancado la parte de arriba del bikini…cogerle las manos por detras y mostrarla….con los pezones erectos de excitacion….ponerse el detras para que el hijo no los viera subir el bikini hasta meterlo dentro de su coño y jugar con el arriba y abajo…irse y dejarla ahi sjn la parte de arriba excitada con el coño y el culo abiertos
    Sigue me encanta

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