ALMUTAMID

Lo más tedioso de la soledad desde luego no era cocinar para mí sólo sino limpiar. Mi madre me había dejado claro que venían mis alumnos a mis clases y la casa tenía que estar recogida. Utilicé la vieja táctica de ensuciar lo menos posible utilizando sólo la cocina, un baño y mi dormitorio cuando estaba solo y el salón para las clases.

El martes tras mi regreso quedé con Alba para tomar algo y contarnos nuestras vacaciones. Como podréis imaginaron eludí contar lo de Almudena. Sabiendo que yo le gustaba ya tenía bastante con que supiera que yo seguía enamorado de Claudia. Y eso tampoco se lo recordé. Cuando supo que estaba solo en mi casa se ofreció a ayudarme con el mantenimiento pero decliné tajantemente su ayuda explicando que las lavadoras no tenían secreto para mí, a pesar de que confiaba que me aguantar ropa limpia suficiente hasta que regresaran mis padres. En el fonde temía más a la plancha que a la lavadora.

El estar sólo en casa me permitió también entrenar en mi dormitorio sin molestar a nadie poniéndome música. Quería volver a la residencia en plena forma y por eso salía a correr todas las tardes y entrenaba al menos una hora al día. Además pude volver a jugar aquellas tarde-noches eludiendo las horas de más calor recuperando el contacto con amigos y con el balón.

El jueves por la noche un amigo había conseguido un partido en una zona alejada de nuestro barrio contra unos conocidos suyos. Habían reservado la pista en una instalación municipal y la idea era echar el partido, ducharnos y tomar algo por allí con el otro equipo. Los tíos jugaban bien y nos dieron una buena tunda. Fue tan rotunda que no dio ni para generar rivalidad, así que tras ducharnos nos fuimos a un bar muy animado que había frente a las instalaciones municipales. Hacía calor a pesar de ser ya las 11 de la noche pasadas y la cerveza empezó a correr rápidamente entre comentarios de jugadas. La brecha social era importante, pues si la mayoría de mis amigos estudiaban en la universidad, aquellos chavales o trabajaban o estaban estudiando en la formación profesional. Sólo el organizador de partido, era compañero de clase de un miembro de mi equipo.

Tras un rato bebiendo de pie las mesas empezaron a despejarse y nos fuimos sentando en las que quedaban libres formando un corro. Las mesas eran atendidas por camareras. Entonces me fijé bien en la que venía hacia nosotros. No había duda, era “Espérame”. Entonces uno de los tíos del otro equipo la llamó:

-Ainhoa, ponnos una rondita con 10 jarritas de cerveza y diez serranitos…

Acababa de descubrir uno de los misterios de aquel verano. El nombre de la chica con la que había quedado dos veces para follar. Cuando regresó con la bandeja llena de cervezas fue cuando me descubrió. Se quedó muy cortada mientras ponía las jarras en las mesas sin atreverse a mirarme. Era ella sin duda, a pesar de ir vestida con un pantalón negro de trabajo y un polo verde con el que no podía ocultar la pequeñez de sus pechos.

Me levanté para ir al servicio y al salir me la encontré de frente.

-Hola. ¿No saludas a los amigos?-le pregunté.
-No esperaba verte. Pero tú y yo no somos amigos.
-Creo que no me comporté tan mal…
-Mira, Luis. Ahora no puedo. Estoy trabajando.- dijo retirándose con prisa.

Se acordaba de mi nombre. Y yo ahora sabía el suyo.

Los que trabajaban al día siguiente se fueron retirando y al final nos quedamos unos cuantos apurando hasta que nos avisaron que ya se cerraba el bar. Pagamos pero con la excusa de coger un autobús diferente me separé de mis amigos. En realidad me quedé esperando a Ainhoa. Quería saber por qué había pasado de mí tan bruscamente y disculparme con ella si había hecho algo inapropiado.

Me esperé a que los camareros se despidieran y vi que la chica salía andando hacia la derecha del local. Me acerqué pero para no asustarla la llamé por su nombre a cierta distancia. Se volvió pero cuando vio que era yo torció el gesto.

-¿Por qué no me dejas tranquila? ¿No te lo dejé claro?- me dijo molesta.
-Si tuviese claro por qué no quisiste volver a saber de mí no estaría aquí esperándote a la 1 de la mañana.
-De verdad, Luis. Eres un encanto, no hiciste nada malo. Pero decidí que no era buena idea volverte a ver.
-Te hice daño ¿verdad? Lo siento, en serio. Yo pensaba que te gustaba. Yo no soy así, no me gusta pegar ni nada de eso…
-Jajajaja. Pero que inocente eres en el fondo. Eres el tío más delicado que ha entrado por ahí. De verdad que no es eso.

Íbamos andando mientras hablábamos y me ofrecí a acompañarla a casa.

-Voy sola todos los días. No te preocupes.
-No quiero molestarte.
-Ya estás aquí. Ya da igual. Total, ya sabes donde trabajo, vas a ver donde vivo. Pero no entiendo qué espera un niño guapo de barrio bien de mí. ¿Una relación? ¿Amistad? ¿Un polvo? Mira eso me vendría hasta bien después de 8 horas de pie yendo y viniendo con una bandeja…
-Perdona. Soy muy desconsiderado. Pero me dejaste muy pensativo por tu forma de despedirme de ti y al verte no he podido evitar preguntarte.
-Fíjate, jajaja. Pues de todas las cosas que pensaba que podrías querer es la última que se me ha pasado por la cabeza- me dijo con una sonrisa al fin- de hecho, hasta se me iba apeteciendo el polvo. Pero Luis, piensa un poco. ¿Dónde va una camarera de barrio con un estudiante pijo como tú?
-No soy tan pijo. Y también trabajo en verano.
-Claro. Sentadito fresquito en una mesa ¿no?

Su respuesta me dejó cortado y ella continuó:

-Somos de dos mundos opuestos. Entre tú y yo no puede haber más que lo que hubo, un par de buenos polvos. ¿Te pica la churra? ¿Tienes ganas? Venga vamos- dijo agarrándome el paquete- dame caña y te vas contento.

Me quedé muy cortado. Pero ella siguió abriéndome la bragueta hasta sacar mi churra morcillona fuera del calzoncillo empezando a pajearme.

-Yo…yo…no soy así- respondí apartando su mano para guardarme la polla.- Aquí nos puede ver cualquiera…
-Pues eso es lo único que hay. Por eso me despedí así de ti. Sigue tu camino y olvídate de mí. Porque de mí no vas a encontrar otra cosa.
-Sé que no eres así y que pones una barrera. Pero yo es que no puedo follar sin más. Necesito hablar, conocer…
-Luis, vete, por favor. No aspiro a algo tan bueno como tú.

Me besó en la mejilla y se fue ligera. No quise acosarla siguiéndola y me retiré. Consulté la salida de autobuses y ya no había más. Andando iba a tardar una eternidad y pasaba de gastarme el dinero en un taxi. Me escondí detrás de un seto y me puse la ropa sudada del partido salvo los calzoncillos pues me dio asco ponerme los sobados y además no era plan de ponerme totalmente en pelotas detrás de un seto en medio de la calle. Guardé la ropa limpia en la mochila y me la colgué en la espalda. Regresé corriendo sin dejar de darle vueltas a lo que acababa de pasar. Pero tampoco me interesaba esa chica como para indagar más.

Al llegar a casa me volví a duchar. Me acosté pensando en que iba a dormir poco y llevaba mucha cerveza encima a pesar de haber sudado gran parte en la carrera de casi 45 minutos hasta mi casa después del partido. De hecho, estaba tan agotado que caí rendido.

Por la mañana di mis clases arrastrando parte del cansancio pero lo compensé con una buena siesta. Agosto quería despedirse con una ola de calor y la temperatura era insoportable. No salí a correr ese viernes y cuando quedamos los pocos que estábamos en la ciudad para salir el sofoco era tan grande que aprovechando que estaba solo ofrecí mi casa para tomar algo allí. Compramos un lote y nos metimos en mi casa con el aire acondicionada tres amigos con los que había jugado el día anterior y Alba.

Pusimos música suave para no molestar a los vecinos y nos quedamos charlando y bebiendo fresquitos. Yo, de hecho, nada más llegar a casa me cambié de ropa poniéndome una camiseta con unas calzonas y Alba, que llevaba un vestido de tirantas bastante fresquito se descalzó. Estuvimos hasta bastante tarde bebiendo y charlando como habríamos hecho en un bar. Cuando se retiraron Alba se ofreció a ayudarme a limpiar pero me negué encomendándoles sólo que tiraran las botellas y bolsas en el contenedor. Los chicos se ofrecieron a acompañar a Alba a su casa y yo me acosté sin recoger.

La mañana del sábado me levanté tarde y con algo de resaca. Tenía aun los vasos y platos en el salón y tocaba limpieza. Desayuné y me puse a limpiar. Hacía un calor de mil demonios y encendí de nuevo el aire acondicionado para no desfallecer. Mientras barría el salón llamaron al porterillo. Era Alba, venía a ayudarme. Me puse unas calzonas para no recibirla en calzoncillos y una camiseta. Le abrí la puerta. Venía con un top suelto ligerito, tanto que sus pechos impedían que la tella llegara a su barriga, y unos shorts vaqueros.

-No hacía falta, niña…-le dije al hacerla pasar.
-Está muy feo, ensuciar la casa y después dejártela así.
-Pero si apenas ensuciamos…

Insistió dando que la dejé llenando el lavavajillas con los vasos y platos usados mientras yo recogía mi cuarto. Después entre los dos recolocamos el salón. Cuando terminamos ya eran pasadas las dos de la tarde.

-Déjame que te invite a comer al menos.-le dije.
-Me esperan en casa.
-¿Tienes algo que hacer allí?
-Pues no, jajaja.
-Quédate y vemos una peli o algo.
-Vale…

Alba cogió su móvil y llamó a su madre.

-Mamá…sí. Mira que me invitan a comer a casa de Luis. Sí, que como hace mucha calor que mejor que me quede aquí con ellos. Sí, de tu parte, Chao…
-¿Con ellos?- preguntñe cuando colgó.
-No les voy a decir que me quedo sola contigo en la casa toda la tarde, jajajaja…

La compañía de Alba siempre era un placer. Nos preparamos una ensalada y una pizza y para celebrarlo abrí una botella de vino de mi padre. Para no desarmar el salón recién recogido comimos en la mesita de la cocina. Reímos mucho, especialmente ella cada vez que yo hacía el tonto.

Después de recoger la comida decidimos ver una película. Pero yo me había llevado el televisor a mi dormitorio para no estar entrando y saliendo del salón así que le dije que lo montaba en el salón y nos sentábamos en el sofá.

-Déjalo Luis, si lo tenías en tu dormitorio para estar más cómodo no te compliques con eso ahora.
-Podemos ver la peli en mi cama. Las sábanas están limpias.
-A ver como explico que me he metido contigo en la cama, jajajaja- rio chisposa por el vino del almuerzo.
-Yo es que no sabía como engañarte para llevarte a la cama…
-Jajajaja…

Nos trajimos cojines de la sala de estar y nos acomodamos medio recostados en mi cama. Buscamos que ver en los distintos canales hasta que nos paramos en una comedia romántica. Empezamos a verla en silencio. De vez en cuando mi mirada se paseaba por las piernas de Alba estiradas junto a las mías en la cama.

Mi amiga empezó a bostezar y le pregunté se quería acomodarse mejor.

-Como me quede dormida me muero de la vergüenza…
-Anda ya niña, si tenemos confianza. ¿Te quieres echar en mi hombro?
-No, de verdad, que vemos la película…

Pero al poco noté como se recostaba en mi hombro. Cuando me giré para verla noté su respiración fuerte. Se había quedado frita. Acomodé mi brazo por detrás de su cabeza y la apoyé entre mi hombro y mi pecho para que estuviera más cómoda. No pude evitar observarla. Qué niña más bonita. Su cuerpo con caderas poderosas, su cinturita cuya piel morena del verano asomaba bajo el top y sus tetas contundentes de mujerona contrastaban con un rostro aniñado que en ese momento me pareció angelical.

Verla dormir daba serenidad. La verdad es que sentí un inmenso placer sosteniéndola en mi costado mientras su cuerpo relajado descansaba y su rostro plácido se entregaba a los brazos de Morfeo y a los míos. Yo tenía sueño también pero no quise cambiar de postura por no molestarla y que se despertase. Más de una hora duró su descanso. Cuando se despertó fue muy gracioso. Parecía no recordar donde estaba al abrir los ojos y tragar saliva. Pareció empezar a tomar conciencia al darse cuenta de que estaba echada sobre mí. Se levantó sobresaltada.

-Tranquila, le dije…que no molestabas.
-Perdona Luis…que me he quedado dormida un momento.
-Jajajaja, más de una hora. Estabas en la gloria. Daba gusto verte dormir.
-Que vergüenza, Luis.
-A ver, estabas en una cama. ¿Qué ibas a hacer? Pues dormir…-dije mientras las mejillas de Alba se encendían de rubor.
-¿Dónde está el baño Luis?
-Saliendo al pasillo a la izquierda…
-Gracias…

Se fue ligera mientras yo me levanté y me fui a la cocina a preparar un café. Salió del baño y vino a la cocina al olor de la bebida caliente.

-¿Sólo o con leche?- le pregunté.
-Con leche, gracias.-me respondió con una sonrisa más relajada.

Durante el café hablamos de Viqui. Había tenido la misma conversación que conmigo pero por teléfono. Alba opinaba como yo que el traslado de Mikel era un poco precipitado teniendo en cuenta el poco tiempo que habían estado juntos. Sin embargo, ella era más optimista que yo pues dijo:

-Yo creo que cuando alguien te gusta y tu sabes que le gustas tienes que ir de frente. Y ellos son valientes. ¿Qué pueden perder? ¿Que él se vuelva a su tierra? ¿Y si sale bien? La gente que pone tantas trabas a su propio amor es porque realmente no está enamorado.
-Entonces tú apoyas a Mikel.
-Bueno, yo quiero que mi amiga sea feliz. Y si él lo consigue deberían intentarlo.
-¿Se puede brindar con café?
-No sé, jajaja. ¿Por qué quieres brindar?- me preguntó risueña.
-Por Viqui y por Mikel.

Chocamos las tazas y seguimos charlando de otros temas hasta que le dije:

-¿Y ahora qué hacemos? Sigue haciendo mucho calor. ¿Nos vamos otra vez a la cama?

Alba se quedó cortada poniéndose de nuevo colorada. Qué facilidad tenía para que se le subiera el color. Como no respondía seguí pinchándola:

-Como te quedaste dormida no hemos podido hacer nada…

La chica no sabía donde meterse y balbuceba:

-Pero, pero…
-Jajajaja. Me parto contigo. ¿Crees que estaba pensando que tú y yo…?
-Oye, ¡que tan fea no soy!
-Jajajajaja. Todo lo contrario. Eres un ángel. Pero no tenemos una relación y yo no forzaría esas cosas con una amiga.
-Eres idiota, jajajajaja. Mejor hacemos una cosa. Me voy a casa a ducharme y eso y ya salimos esta noche.
-Pero va a hacer mucho calor. ¿Quieres que organicemos una cena en casa?
-¿Tú y yo solos?
-O avisamos a alguien.
-¿Para salir después?
-Dependiendo del calor que haga.
-Vale. Si quieres avisa a esta gente y me dices a que hora vengo.

La acompañé a mi dormitorio a por sus zapatos. Al sentarse en la cama para abrochárselos se echó hacia adelante. Por su escote se veía como su sujetador a duras penas era capaz de sostener semejante tetamen. Cuando se levantó tuve que disimular y se me ocurrió decirle:

-¿Sabes una cosa? Eres la primera chica que se mete en esa cama conmigo…

De nuevo su rubor la delató. Nos despedimos en la puerta con dos besos.

Por la noche nos juntamos los mismos del día anterior. Hice pasta para cenar y los chicos habían traído vino. La cena se prolongó bastante. Al final decidimos salir a la zona del río. Me vestí rápidamente y nos fuimos andando hacia la zona de terrazas. Al final lo pasamos bien tomando copas y hasta hice un poco el tonto bailando con Alba. De regreso dejamos a Alba en su casa y después nos separamos los demás. Cuando me metí en la cama todavía olía un poco al perfume de Alba.

Al mediodía me sentí solo haciéndome de comer. Echaba de menos la compañía de Alba. De hecho la invité a tomar café y aceptó a pesar del calor. Pero hasta las 6 no vendría. Me tiré en la cama con la tele puesta y me puse a mirar el móvil. No sé por qué escribí a Claudia. Y me contestó al instante.

-Hola
-Hola Luis
-¿Qué tal?
-Bien. ¿Y tú?
-Muy bien. Solito en casa estas dos semanas porque mis padres están en la playa.
-Tengo noticias.
-Estoy deseando que me las cuentes- escribí ansioso.
-Me voy a tu ciudad. Iba a escribirte mañana. Tengo que ir a llevar la documentación de la residencia el miércoles muy temprano y a primero de septiembre hacer el traslado de expediente a la facultad de medicina de allí. Iba a pedirte un favor.
-Dime. Pero sea lo que sea lo hago. Estoy muy contento de que te vengas.
-¿Podrías buscarme un hostal barato para pasar una noche?
-¿Estás tonta? Estoy solo en casa. Te quedas conmigo.

Claudia tardó en responder y al fin escribió:

-No se si es buena idea.
-Sólo es dormir. No te voy a violar.
-imbécil, eso ya lo sé. Pero no sé si está bien que me meta en tu casa.
-Mira. Te vienes por la tarde. Damos un paseo si quieres, cenamos en casa y te acuestas temprano. Tengo una cama en el estudio de mis padres. No tienes que dormir conmigo si no quieres. Por la mañana te vas a lo tuyo, yo doy mis clases y si quieres comemos juntos.

De nuevo Claudia parecía dudar por lo que tardaba en responder hasta que al fin respondió:

-Vale. Gracias Luis. Eres un amigo.

No os podéis imaginar cómo me dolió esa respuesta.

El café con Alba dulcificó el mal sabor de boca del comentario de Claudia. Estaba feliz por volver a estar más cerca el uno del otro y poder vernos periódicamente, pero a la vez su frialdad me helaba la sangre. Mi amiga, ajena a mis sentimientos por mi exnovia, llegó a casa con jovialidad. Comentaba que era la primera vez que salía ella sola con tres chicos, como había ocurrido la noche anterior, y sin embargo, se lo había pasado muy bien.

Tras el café, que tomamos sentados en la cocina, no sabía que proponerle, pues hacía bastante calor. Además se había venido vestida con un vestido muy ligerito, casi playero, como si viniera a estar cómoda en un lugar privado, casa o chalé. Y efectivamente fue ella la que me propuso jugar a las cartas o ver una película. La notaba mucho más suelta que el día anterior, incluso manejándose con libertad por la casa, eso sí, respetando las habitaciones cerradas.

En mi dormitorio se entretuvo a ver un corcho que tenía sobre el escritorio con algunas fotos de la adolescencia que no me había preocupado en cambiar en los últimos tres años. Le hizo gracia mi pinta tan delgado y con las gafas de miope que gastaba. También aparecían otros amigos en las fotos, pero ella creía que el más cambiado era yo.

-Me alegro de haberte conocido ahora- dijo risueña- porque el tiempo te ha sentado bien. Estás más guapo y con más cuerpo.
-Gracias. Seguro que tú eras una niña monísima.
-Jajajaja. Que va. El patito feo. Con el uniforme del colegio acomplejada todo el día…
-Colegiala sexi…
-Jajajajajajajajaja. Mejor que no me vieras. Con la falda larguísima, que parecía una monja y los brazos cruzados toso el día avergonzada de esto.-dijo señalándose las tetas con los pulgares.
-Pues una lástima- dije con una sonrisa- porque tanto tus piernas como tus…-dirigí mi mirada a sus pechos- son para lucirlos.
-Jajajaja, anda, anda…-rio agarrándose a mi brazo apretándome sus tetas en un gesto de complicidad que me sorprendió.

Pero no sólo eso, sino que después se descalzó y se tendió de lado en la cama de forma que el vestido se le subió tanto que casi se le veían las bragas. El ser humano masculino es incapaz de controlar la dirección de sus ojos en estas situaciones y evidentemente Alba me pilló dirigiendo mi mirada hacia sus piernas y el hueco que formaba la falda entre sus muslos que se colocó para que no pareciera abandono.

Le dejé el mando de la tele y me fui a la cocina con la excusa de preparar unas palomitas. ¿Qué estaba pasando? Tenía a una niña preciosa en mi cama aparentemente insinuándose dentro de su inocencia el mismo día que mi exnovia me volvía a dar un palo llamándome amigo, rebajándome a la categoría de alguien no especial. Y lo peor es que la chica que me esperaba en mi cama me gustaba. Me gustaba mucho. Si Claudia no estuviese metida en mi mente como estaba, clavada en lo más hondo de mi ser, la chica del dormitorio sería mía, y yo suyo, pero a tres días de verla ¿qué iba a hacer? ¿Complicarme más la vida? ¿Dar el paso con Alba para qué? ¿Para que Claudia cayera otra vez en mis brazos y retomáramos la relación? No, no y no. Pero ¿cómo no dañar los sentimientos de Alba? Si me gustaba la chica, y su compañía. ¿Un rollo? Alba no se merecía eso y yo tampoco me conformaba con algo así con ella. Había sido la compañera perfecta en Semana Sante, en Feria e incluso en verano. Siempre discreta, sin querer llamar la atención, pero tan graciosa, tan amable…tan guapa…!Luis, tienes a esa pedazo de hembra en tu cama y dudas! No dudo, pero no puedo…

El click del microondas me sacó de mi ensimismamiento. Volqué las palomitas en un bol y me dirigí a mi dormitorio. Mi amiga esperaba tal y como la había dejado. Puse el bol en medio y le pregunté:

-¿Traigo algo de beber?
-No hace falta. Anda, túmbate y vemos algo.

Me eché de lado como ella con el bol entre los dos. Había una película de intriga y nos quedamos viéndola en silencio comiendo las palomitas. Desde mi posición veía sus piernas y Alba un par de veces las acomodó rozando con las mías. Mis sospechas eran ciertas pero intenté no darme por aludido. En un intermedio Alba empezó a comentarme circunstancias de la película. Me estaba poniendo nervioso. Pero ahora no era ella, era yo el que empezaba a salivar con unas inmensas ganas de besarla. Me contuve asintiendo a sus comentarios sobre la torpeza de la protagonista ante hechos aparentemente evidentes. Aproveché que se habían acabado las palomitas.

-¿Quieres más palomitas? ¿Un refresco? ¿Cerveza? ¿Vino? ¿Salir a dar una vuelta?
-No te preocupes, Luis, ahora cuando termine la peli si quieres decidimos.

Alba retiro el bol que nos separaba. Al volver a la postura que tenía antes su pierna se apoyó en la mía. De reojo vi como miraba a la pantalla y de vez en cuando a su mano que jugaba con el dobladillo de la falda sobre su muslo. Me pareció ver que me miraba de soslayo. ¿Y si te besa? ¿Qué vas a hacer? Me estaba poniendo muy nervioso. ¿Cómo temer y desear lo mismo a la vez? Me levanté de un brinco.

-Me meo…-dije excusándome.

Me fui al baño y forcé el orinar. No quería ofenderla si daba el paso pero yo necesitaba ganar tiempo, aclarar mi situación con Claudia. Para no tardarme demasiado fui a la cocina a por algo de beber. Cuando regresé al dormitorio le ofrecí una lata de refresco mientras yo me abría otra. Me lo agradeció y la abrió sin cambiar de postura. Yo ahora me senté con la espalda en la cabecera de la cama. Ahora su cabeza quedaba a la altura de mi pecho y le impedía el gesto de girarse para acercar nuestras caras. Pero no todo mejoraba. Desde mi posición veía su melena castaña sobre mi almohada y su escote permitiéndome ver la redondez de sus pechos apretados en su sujetador.

Disimulé comentando lo que pasaba en la película. Alba tenía otro punto de vista. Preferimos esperar acontecimientos. Pero ahora era yo el que no me relajaba. El abandono de mi amiga sobre mi cama me ponía nervioso no sólo por sus consecuencias, sino también porque la visión de su cuerpo despertaba algo dentro de mis calzoncillos. No estaba empalmado pero tenía ese cosquilleo que amorcilla la polla y sensibiliza cada roce aunque fuera del propio calzoncillo.

Nos quedamos en silencio viendo el impactante final con persecución a la protagonista por el asesino hasta que el policía llega y la salva. Final previsible con muerte cruel del malo como mandan los cánones del cine norteamericano. Tal y como terminó la película me levanté de la cama. Ya había anochecido y le propuse salir a dar una vuelta y tomar una cerveza.

-Tendría que cambiarme de ropa, no vengo arreglada.- se excusó.
-Pero si va a ser por aquí por el barrio, así nos da el aire. Yo pienso ir en plan cómodo también.

Se quedó dudando. Parecía que quería que nos quedáramos en mi casa pero no quería decirlo para no parecer descarada. Entonces me dijo con una risita juguetona:

-¿Puedo elegir tu ropa?

Me chocó la propuesta pero acepté con un lacónico:

-Mmmmm, vale…
-¿Dónde tienes los polos?

Abrí el armario y le señalé la repisa donde estaban. Tras observar los que había limpios y doblados eligió uno blanco. Después me preguntó por las bermudas y le dije que en el segundo cajón, pero abrió el primero.

-Ese es el de los calzoncillos.
-Jajajaja. Nunca he hurgado en el cajón de la ropa interior de un chico. Déjame ver….

Sacó el cajón y observó con una mirada pícara. De golpe vio uno de los calzoncillos sueltos que mi madre me compraba antes de ir a la universidad. Eran de cuadros de colores, muy clásicos.

-Jajajaja. ¿Son tuyos o de tu abuelo?
-Me los compraba mi madre…
-Parecen antisexis pero seguro que te quedan bien…
-Prefiero los bóxers.
-Yo también, jajaja. Que se marca todo, jajajajaja….

Alba estaba desatada, no la conocía así. Entonces sacó unos bóxers negros y dijo:

-Éstos sí que te tienen que quedar bien.

Me estaba provocando y esta vez iba a contestar:

-Si quieres me los cambio para que veas como me quedan…

Alba se quedó cortada como sopesando que estaba yendo demasiado lejos. Y sonriendo guardó los calzoncillos y abrió el segundo cajón dándome unas bermudas azules.

-Ten, jajaja. Ponte esto.

Me quité la camiseta para ponerme el polo y saliendo del dormitorio me dijo:

-Te espero en el salón.

En menos de 5 minutos estábamos en la calle. Ya allí pareció volver a su comportamiento habitual. De hecho, incluso la noté algo cortada seguramente incómoda con su comportamiento anterior en mi casa tan alejado a como ella solía ser. Tanto que cuando salimos de la terraza donde estábamos ni siquiera quiso que la acompañara a su casa en la calle de detrás. ¿Qué habría pasado si le sigo el juego? ¿Habríamos terminado follando? ¿O sólo buscaba ver si yo reaccionaba?

Desde luego no lo iba a saber, pero en mi mente la faceta juguetona de Alba había ganado enteros. Confundido con Claudia, mientras me masturbaba aquella noche para relajarme en mi mente se entremezclo el recuerdo de la mamada de Almudena con la cara traviesa de Alba observando mi ropa interior. La imaginación me jugaba la mala pasada de ver a mi amiga tragándose mi polla con cara de traviesa en el dormitorio de mi amiga madrileña. Me corrí abundantemente pero después me di cuenta de que en mi fantasía no había aparecido Claudia.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s