VÍCTOR HERRERO

Enero de 2022. Miro el listado de propósitos que no voy a cumplir.En primer lugar, no matar a mis semejantes, en segundo ser más considerado y un sinfín de bla, bla, bla… Cojo el mechero para quemar mis ocurrencias. Ser un sociópata tiene estas cosas. Uno no debe ser demasiado exigente consigo mismo. Aunque a veces dude. En ocasiones creo que puedo controlar mis impulsos. Ser un ciudadano normal y no solo parecerlo. Laura dice que puede cambiarme. Quizá sea ese el motivo. Aunque la gente como yo no cambia, eso lo sabe todo el mundo. Es verdad que las últimas semanas me siento distinto. Dicen que el amor puede con todo, que a uno le hace reflexionar y le cambia su escala de valores. Quienes piensan así jamás han tenido un cadáver tendido a sus pies, ni han disfrutado trinchándolo como un pavo de Navidad. Seguro que no conocen cómo es la melodía del crujir de huesos de alguien que está a punto de morir. Ellos no pueden comprenderlo y yo no podré cumplir con ese listado absurdo. Laura está a punto de llegar. Quiere que vayamos con sus amigos. Mejor me preparo. Voy a coger el cuchillo, por si acaso. Le seguiré la corriente una vez más, solo por esta tarde…

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