ESRUZA

En ese extenso, muy

extenso campo agreste,

-ahora muy verde y tranquilo-,

camino todos los días.

Camino hasta el final del mismo,

y ahí, donde nadie me ve ni me escucha,

me siento en un pequeño promontorio y…

hablo contigo.

Te digo muchas cosas, esperando

que el viento, que acaricia

suavemente mi rostro,

te lleve mis palabras, mis

pensamientos, y los deposite

en tu mente, en tu corazón.

Lejos estás, pero en ese mi rincón,

estás conmigo, y puedo hablarte.

Te hablo en voz alta porque

nadie me escucha,

sólo tú estás conmigo.

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