ALMUTAMID

Llegué a casa un tanto desconcertado por la brusca despedida de “Espérame”. Cené algo y me acosté dándole vueltas a la cabeza de qué había hecho mal. No entendía. Parecía disfrutar con la caña que le daba y a la vez fui amable y cercano con ella. Si ella misma me lo había dicho. Además ella podía haber parado cuando quisiera. No lo entendía. Estaba claro que sólo le interesé para dos polvos y listo, pero su brusquedad al dejarme me había molestado.

Más aún cuando tumbado en la cama entré en la aplicación y quise enviarle una despedida amable. Me había bloqueado o eliminado de alguna forma. No le iba a dar más vueltas. Ya que estaba en la app eché un vistazo a mis contactos. La silueta misteriosa no estaba conectada pero “Gatita” sí. Fue ella la que debió verme conectado y me saludó:

-Buenas noches guapísmo.
-Buenas noches linda. ¿Qué tal?
-Tengo el suelo cambiado por culpa del turno de noche de la semana pasada. ¿Y tú qué tal?
-Pues buscando el sueño también.
-¿Estás en la camita?
-Claro.
-Siempre te encuentro igual, jajajaja.
-Eso quiere decir algo…-respondí con picardía.
-Sólo que hablamos de noche…
-¿Y tú dónde estás?
-En la cama también, jajajaja.
-A lo mejor me estás esperando.
-Huy con esta calor no sé yo…
-Mejor excusa para estar desnudos.-seguí picando.
-¿Y cómo sabes que estoy desnuda?
-¿Quién está provocando ahora a quién?
-Mejor decirte la verdad que engañarte…
-Es que soy fácilmente impresionable y debes estar espectacular.
-Gracias…pero dudo que tú estés vestidito precisamente.

Repetí el juego de nuestra primera conversación y me hice una foto de cintura para arriba tumbado en la cama enviándosela.

-Que guapo…pero no me sacas de dudas.
-¿Qué dudas?
-Si estás desnudito.
-¿Quieres verme la churra?- pregunté de forma directa.
-Jajajaja. No. Sólo saber si estás desnudo.

La conversación me estaba calentando. Algo se movía ya dentro de mi calzoncillo aunque no llegaba a empalmarme. Pero no era el cosquilleo habitual, pues se le sumaba cierta molestia provocada seguramente por los tirones y arañazos de la extremeña y el lote de follar que me acababa de dar. Aún así me quité el calzoncillo y me tapé churra y huevos con la mano para hacerme una foto en la que no se me viera nada pero se demostrara que estaba desnudo. Se la mandé a “Gatita” que me contestó casi de inmediato.

-Qué rico estás, ¿no? ¿Siempre duermes desnudito?
-Sólo cuando estoy acompañado.
-¿Y con quién estás ahora?
-Contigo…
-Jajajajaja. Me parto contigo.
-Ya ves, los dos desnudos y en la cama, juntos…
-Yo no estoy desnuda.

Y tal y como llegó su mensaje recibí una fotografía muy similar a la que me había enviado en nuestra primera conversación. Aparecía tumbada boca abajo mostrando desde su hombro parte de su melena rubia, su espalda y su culo con sus nalgas desnudas enmarcadas en el triángulo blanco de un tanga con las piernas levantadas. En su hombro, el contrario al que había visto en su otra foto había un tatuaje.

-Estás preciosa. No me había fijado que estabas tatuada.
-Tengo tres.
-¿Y qué son y donde los tienes?
-El del hombro es un sol. En el tobillo tengo unas runas vikingas y tengo una luna en el costado.
-¿Significan algo?
-No, jajaja. ¿Tú tienes alguno?
-No que va. Me asustan las agujas. ¿Me enseñas tus tatuajes?

Sin responder recibí una foto de su archivo en la que aparecía reflejada en un espejo con la espalda desnuda con el sol tatuado en la parte alta de su espalda ya en su hombro, evidentemente estaba a una altura suficiente para que se viera cuando vestía tirantes. Después me mandó los símbolos vikingos de su tobillo.

-Están bonitos. Quedan muy bien con tu piel blanca.
-Gracias.
-¿Y el otro?

Tardó en contestar y pensé que se habría dormido o estaba en otra cosa, pero me mandó otra foto. Estaba de lado en la cama con las piernas flexionadas mostrándome una media luna con una estrella en una punta sobre sus costillas y una mano justo encima.

-Es bonito también aunque esa mano queda rara.-comenté.
-No sabía como hacerme la foto y que no se viera.
-¿El tatuaje?
-Noooo, jajaja. La teta.
-Así se vería más bonito seguro…
-Jajajaja. ¿Quieres verme una teta?
-Mejor las dos…
-Pero ¡que caradura!
-Dura se me pone otra cosa…

Y no mentía pues mi polla pese al tute que llevaba estaba tiesa aunque no me tocaba pues me molestaba un poco.

-También tengo piercings- me escribió.
-Ahn ¿sí? ¿Y dónde?
-Oreja y pezón…
-Ya me lo has dicho. Me los tienes que enseñar…
-Jajajaja
-Bueno niño, a ver si duermo un poco…
-Venga descansa. Oye.
-Dime.
-¿Quieres que quedemos un día para conocernos?
-Lo vamos hablando ¿vale?
-Claro. Descansa reina.
-Y tú guapo.

La conversación había sido casi un calco de la primera pero parecía dispuesta a algo más. Bueno. Parecía que no tardaría demasiado en encontrar sustituta para “Espérame”. Con esa sensación y la molestia en la polla conseguí quedarme dormido. Por la mañana me desperté con cierto resquemor por la forma brusca en que “Espérame” me había despachado sin más. Yo consideraba que aunque nuestra relación fuese meramente para follar las buenas maneras no debían perderse, y su forma de desembarazarse de mí no me había parecido correcta.

Pero si lo que quería era follar, parecía que con “Gatita” tenía mis oportunidades, aunque la chica era más, por decirlo de alguna manera, juguetona que mi examante camarera. Aun así todavía no se habían borrado de mi cabeza los efectos del fin de semana en la playa y no me refiero a cierta molestia en la churra acentuada tras la tarde de sexo con la chica de la app, sino al análisis del comportamiento de Marta y las palabras que me había dicho.

El aburrimiento de aquel martes con la ciudad vacía me dio tiempo a hablar con Ángela, a la que noté más normal que en nuestro viaje de regreso. Le conté con pelos y señales mi conversación de la última noche en la playa con Marta, y aunque no profundizó en los detalles me dijo claramente que no tuviera demasiado en cuenta esas palabras pues Marta evidentemente estaba decepcionada. Todo enamorado cree que si no el amado no está con él es porque no tiene corazón y no es capaz de estar con nadie.

-¿Y entonces por qué se enrolló con esos tíos? No te equivoques Ángela- le contesté- Marta nunca ha estado enamorada de mí. Fui su capricho, un juguete que se le estropeó por culpa de María, y esta segunda vez ni siquiera lo ha intentado. He sido su divertimento para entre medias pegarse un lote con quien le apetecía.
-Estás muy negativo. ¿Se lo vas a decir en septiembre?
-¿Merece la pena? No hay necesidad de crear mal rollo y a mí no me arregla nada. Sólo si ella insiste en asignarse una superioridad moral sobre mí se lo soltaré.

Sé que algunos me criticaréis por lo que voy a decir. Pero con el corazón puesto en una lejana reconciliación con Claudia y la churra contenta con las chicas de la app me daba cuenta que no sacaba nada buscando una explicación a lo sucedido con Marta, que en realidad lo había provocado yo mismo con aquel beso tras la mamada de Dani. Mi corazón funcionaba, mi churra me demostraba estar en plena forma y sin darle vueltas a lo de Marta mi cabeza funcionaría mejor seguro.

Pero la ciudad estaba vacía. Casi todos mis amigos estaban fuera. Sólo Viqui estaba pero no pegaba que saliéramos los dos solos aunque al final terminé avisándola por si quería tomar una cerveza una noche. La rutina me mataba entre mis clases, los ratos de descanso y salir a correr por la noche. Al final el aburrimiento hizo que yo directamente le propusiera quedar el jueves por la noche de aquella semana.

¿Quién me iba a decir que me iba a dar corte estar a solas con Viqui? Pero la verdad es que tras haber sido novios y habiendo salido mucho últimamente juntos, nunca lo habíamos hecho solos. Ella sin embargo mantenía su naturalidad recobrada conmigo de los últimos meses. Así conseguí relajarme y pudimos pasar una agradable velada de charla y cerveceo en una terraza.

Hablamos de todo y evidentemente hubo confidencias y peguntas incómodas. De todo lo hablado los más destacados fueron estos momentos. El primero cuando le pregunté cómo había quedado la cosa con Mikel.

-Luis- me contestó- la he cagado bien.
-¿Y eso? ¿Qué ha pasado? ¿Qué hiciste que te arrepientas?
-No. No es nada de eso- negaba con la cabeza.- He cometido el error gordísimo de enamorarme.
-Pero eso no es malo…
-Luis. ¡Vive a casi 1000km!
-Parece que te ha dado fuerte…¿Y lo habéis hablado?
-Sí. Él está bastante pillado también. Tanto que me da miedo.
-¿Por qué?
-Va a pedir traslado aquí.
-¿Cómo?
-Sí. Va a pedir a su empresa que lo trasladen a la oficina de aquí.
-Eso es bueno ¿no?
-Le he dicho que es muy precipitado, pero dice que no va a esperar. Que nada lo retiene en su tierra y que aquí se lo ha pasado muy bien, la ciudad le parece preciosa y yo, bueno…pues que quiere verme mucho más…
-A saber qué le harías al chaval en esa habitación de hotel…
-Jajajaja, no seas guarro- rio abiertamente- que no hicimos nada raro. No todos son como tú Luisito.
-¿Y cómo soy yo?
-Muy persuasivo e imaginativo.
-Gracias. Pero lo dices como si alguna vez te hubiera obligado a algo…-dije aparentando molestia.
-No. Nunca. Contigo siempre me sentí muy bien, bueno. Menos el día del susto.
-Huy, verdad. Ahí sí que me vine arriba…
-Jajajaja. Lo pasé mal ese día pero fíjate Luis, no tengo un mal recuerdo. Los dos juntos en urgencias y después en la farmacia. ¿Te acuerda la bronca que nos echó la farmacéutica?
-Como olvidarla…
-Pero volviendo a Mikel. Me da miedo que haga ese esfuerzo por mí y yo no estar a su altura. Tiene 25 años y trabaja, yo acabo de cumplir 20 y sólo llevo un año de carrera. No sé como puede funcionar.
-¿Tú quieres que venga?
-La verdad es que en parte sí y en parte no.
-Aparte tus miedos, ¿quieres estar con él?
-Creo que sí…y no vivas como yo, separado de ti cuando estaba contigo y separado de Claudia cuando estaba con ella.

Ese momento dio paso a la segunda conversación interesante de la noche. Nombrar a Claudia sirvió a Viqui para sacar el tema de Alba.

-¿Claudia es el motivo de haber frenado lo tuyo con Alba?
-Bueno, frenado no. Nunca empezamos en realidad.
-Ella no cuenta lo mismo.

Me quedé cortado en silencio. ¿Qué contaría Alba? Viqui notó mi zozobra y se explicó.

-Bueno. Alba me ha contado que os enrollasteis en Feria, pero que tú dejaste claro que no podías empezar una relación porque tenías temas que resolver.
-Sí. Es verdad. No la busqué, en serio…
-Tranquilo, ella confiese que te buscó. Que no pudo evitarlo. Pero estos días os he visto muy bien, por eso te preguntaba.
-¿No te ha contado que no he resuelto mis temas pendientes?
-Claudia, ¿verdad?

Asentí y Viqui continuó:

-Sé que te vio con ella en la estación. Me ha dicho que es muy guapa y que hacéis buena pareja. Pero lo que no sabes tú es que lo dijo con los ojos llorosos.
-¿Por qué me cuentas esto?
-Luis, yo no conozco a esa Claudia, pero conozco a Alba y te conozco a ti. Y os he visto juntos muy felices. Entiendo lo que puedas sentir por esa Claudia, seguramente algo parecido a lo que yo siento ahora por Mikel…
-No me compares una relación como la mía de meses, separaciones y muchas vivencias durante casi dos años a un rollo de fin de semana.
-Joder Luis ¡cómo te pones!. Sólo te digo que esa chica está lejos y que lleváis mucho separados. Nada más. Y por cierto para decirme que ya pensabas en ella estando conmigo podías haber sido menos brusco…

Me quedé helado tras mi pifia. Hasta se me secó la boca de golpe. Di un sorbo a la cerveza y me disculpé:

-Perdona no quería decir nada de eso. Es que siento que estoy muy unido a Claudia aunque las cosas no nos vayan bien. Alba me gusta mucho, de verdad, pero ahora estoy enamorado de otra persona y no sería justo con ella.
-Perdóname tú también por insistente. Es curioso lo reservado que eres para algunas cosas.
-Y oye, que mientras estuve contigo no pasó nada con Claudia. Tu y yo acabamos en Feria y ella y yo empezamos en junio.
-Tranquilo, Luis. No tienes que darme explicaciones.

Seguimos hablando de cosas más triviales y el buen rollo volvió a la conversación. Me daba cuenta de que había quedado mal con ella dándole tanta importancia a Claudia incluso estando con ella, pero Viqui había archivado en su cabeza nuestra relación como un momento bonito de descubrimiento y aprendizaje ya pasado. En el fondo, yo había empezado a valorarla más después como amiga que mientras estuvimos saliendo, en que mi obsesión por acostarme con ella nublaba todas sus virtudes personales.

El problema es que también se fue ese fin de semana quedándome totalmente solo sin tener a nadie con quien tomar una mísera cerveza. El viernes mi madre me convenció para salir a cenar con ellos pero al volver me tiré en la cama sin saber qué hacer. Mis amigos estarían todos a esa hora de marcha. No era el momento de ponerme a mandar mensajes. Pensando en que iba a estar así todo el fin de semana y gran parte de la siguiente semana me metí en la app de contactos para ver si me salía algún plan. Ni siquiera pensaba en follar, sólo en quedar con alguien y tomar algo, romper la rutina.

Empecé a mirar perfiles de chicas. Había de todo. Entonces vi que un contacto mío estaba en la app, era la chica de la silueta misteriosa. La saludé.

-¿No sales?- me preguntó.
-Mis amigos están todos fuera. Te invito a una cerveza.
-Es tarde.
-No son ni la 1…

Con ese inicio de conversación nos pasamos un buen rato charlando. Yo intentaba lanzar la caña pero ella siempre se zafaba. Al final terminamos hablando de libros, películas, viajes…hasta que ella me avisó que se iba a dormir. Fue una conversación agradable. Pero no había forma de saber nada sobre ella más allá de su misteriosa fotografía.

Al irse me di cuenta de que dos chicas habían dado a “me gusta” en mi perfil. Miré que tal eran. Una no me gustó nada pero la otra era una niña que no me pegaba con las demás con las que había hablado hasta entonces. Delgadita, morena, muy pijita vistiendo, con las típicas fotos de viajes en Londres y París, o en bikini en la playa. Le hablé y me contestó al instante.

Era una chica de Madrid que estaba de visita a la familia totalmente aburrida y se había creado un perfil para buscar a alguien con quien salir en mi ciudad. Estudiaba filología en la Complutense. Tras presentarnos y charlar un poco sobre nuestras carreras y gustos le expliqué que ese fin de semana estaba disponible pues todos mis amigos estaban fuera. Incluso le ofrecí quedar en ese momento ya para tomar algo, pero eran las 3 de la mañana. Le pregunté qué planes tenía para el finde y me dijo que salvo una cena familiar el domingo nada. Evidentemente me ofrecí a enseñarle la ciudad pero no concretamos.

Nos despedimos con la promesa de hablarnos al día siguiente para concretar el sitio y la hora de quedar pues no se alojaba muy cerca de mi casa. Si salía el plan al menos estaría entretenido el fin de semana.

Por la mañana dudaba de que la conversación hubiese sido real. Probablemente las fotos del perfil no fuesen reales o de serlo no estuviera dispuesta a quedar con un desconocido para salir por la ciudad. Por tanto me preparé para un día de completa aburrimiento que comencé quedándome en la cama tirado sin hacer nada bastante tiempo. Pero fue mi madre la que me sacó del aburrimiento mandándome al supermercado a por un par de cosillas que faltaban.

Después de comer volví a meterme en mi cuarto y al revisar el móvil me encontré un mensaje de la chica. Me preguntaba si seguía libre para dar un paseo. Contesté e iniciamos una conversación pues estaba conectada. Al final, como hacía calor, quedamos en el centro a las 7 de la tarde para dar un paseo, cenar y si surgía pues tomar una copa. ¿Sería una broma de alguien? No tenía nada que perder.

Me duché y a la hora de vestirme dudé si ponerme camisa con pantalón largo o polo y bermudas. Hacía bastante calor y pensé que tampoco era una cita así que opté por la segunda opción. Esta vez sí cogí un par de condones en la cartera pues nunca se sabía. Aunque no era el plan que yo llevaba ni aparentemente el de la chica. Su Nick era “Almudena”, cosa que me hizo gracia pues éramos dos “Almus” aunque supuse que no sería su verdadero nombre.

Cogí un autobús para hacer un camino que normalmente hacía andando pero quería evitar llegar demasiado sudado. Habíamos quedado en una plaza muy céntrica en una boca de metro. Llegué con adelanto y en vez de esperarla a la salida del suburbano me senté en un poyete frente al lugar de la cita. Pensaba que si un bromista era el causante de aquel encuentro no se mofaría de mí viéndome esperar como un pasmarote.

Pero para mi sorpresa, un par de minutos más tarde de la hora señalada vi aparecer a una chica muy parecida a la de la foto que buscaba a alguien. Me levanté de mi asiento improvisado y me dirigí hacia la boca de metro. Cuando la chica miraba hacia donde yo estaba levanté la mano para que me viera y sonriendo se acercó a mí. Pude observarla bien mientras llegábamos a la misma altura.

Era una chica menudita, muy del estilo de Marta. Bajita y delgada con el pelo negro liso. Tenía una sonrisa bonita y amplia enmarcada en una cara pequeñita con una nariz fina y dos ojos grandes y vivos. La chica venía vestida con un vestido cortito y ligero abotonado por delante desde un escote discreto en triángulo hasta la falda dejando suelto los dos últimos botones, que se ajustaba a un busto mediano y una cinturita bastante fina abriéndose en una falda con vuelo.

¿Almutamid?- me preguntó.
-Sí, y tú debes ser Almudena.
-Encantada, chico- respondió dándome dos besos obligándome a bajar un poco la cabeza por su pequeña estatura y el hecho de venir con zapatillas- pero ¿ese es tu nombre de verdad?
-No, jeje. Me llamo Luis.-respondí observando que venía ligeramente maquillada con las mejillas marcadas y un toque de brillo en los labios.
-Vaya, al final sólo yo soy Almu, jajaja- rio confirmándome su nombre.

Le propuse dar una vuelta por el centro mientras me explicaba efectivamente que un tío suyo estaba enfermo y había venido toda la familia a visitarlo, pero que estaban todo el día metidos en la casa y apenas salía. No tenía primos y era la primera vez que venía a la ciudad en mucho tiempo y ya ni se acordaba.

Le propuse pasear por las zonas más emblemáticas del centro y después en vez de sentarnos a cenar en algún restaurante tapear en barra en algunos de los locales más emblemáticos de la ciudad. Aceptó encantada. Saqué toda mi galantería para explicar los lugares por donde pasábamos y responder sus preguntas. Le enseñé la catedral, el palacio real, la antigua lonja de mercaderes, el barrio judío y algunas callecitas comerciales cubiertas por toldos para evitar el sol hasta llegar a una famosa plaza presidida por una enorme iglesia. Almudena ponía mucho interés en mi perorata y agradecía el guía turístico gratuito.

Allí en la plaza le propuse aplacar la sed con una cerveza muy fría sentados en unos taburetes en la calle pues las tabernas de allí son tan pequeñas que no se puede consumir dentro. Allí sentados le hablé de lo relevante en la Semana Santa que era aquel lugar. Era muy fácil hablar con ella y aparentaba gran interés en todo lo que yo le contaba.

Tras calmar la sed le propuse iniciar la ruta por las tapas. La llevé a las calles que hay por detrás de la plaza del ayuntamiento, menos bulliciosas en verano que el resto del año y le propuse tomar una bebida y una tapa en distintos bares y restaurantes. Empezamos con dos catavinos de manzanilla fría con tortillitas de camarones en un local marinero, para seguir nuestra ruta de la tapa por las espinacas con garbanzos, el solomillo al güisqui, algún montadito especial y unas albóndigas de choco, todas ellas regadas con su vino correspondiente entre tintos y blancos frescos. Su sonrisa se fue transformando en una risa franca a cada tontería que salía de mi boca. Ni yo me creía lo bien que me lo estaba pasando.

Le propuse tomar un helado pero me dijo que no le cabía más comida por lo que nos dirigimos hacia la zona del río. Las terrazas de más moda estaban repletas ya de gente en esa costumbre tan de la ciudad de ir a ver a la vez que uno se deja ver. Tuvimos suerte y conseguimos sentarnos en una mesa en uno de los quioscos-terraza que hay en el paseo junto al río con unas espléndidas vistas de mi barrio y el puente que lleva su nombre. Almudena estaba encantada con el paseo y me lo hizo saber, aunque sospecho que el vino que llevábamos en el cuerpo también colaboraba con su estado de euforia.

Yo también estaba totalmente sorprendido por mi suerte. El fin de semana de soledad y aburrimiento se había transformado en un sábado divertido y muy entretenido gracias a una niña tan agradable y guapa como Almudena.

No sé si ganada la confianza o fruto del alcohol pero mientras tomábamos una copa aprovechando la ligera brisa que empezaba a placar el calor empezó a hacerme preguntas sobre mi vida íntima. Evidentemente quedó claro que ninguno teníamos pareja o si no quedó claro eso creímos ambos. Pero ninguno mostró aparentemente un cambio de actitud de la cortesía que habíamos tenido hasta entonces hacia el tonteo descarado de modo que ambos seguíamos cómodos pese al tema por el que nos habíamos deslizado en la conversación.

Se hacía tarde pues ni habíamos mirado la hora y cuando nos dimos cuenta se había pasado el horario de cierre del metro. Con caballerosidad me ofrecí a acompañarla a casa de sus parientes pues los autobuses nocturnos pasaban cada hora y además en ocasiones con pasajeros poco recomendables. Aceptó agradecida y empezamos al paseo. Andando noté que la chica se cogía de mi brazo y yo se lo concedí gustoso. Pero al pasar cerca del parque más famoso de la ciudad le pregunté si la esperaban a alguna hora en concreto pero me respondió que no. La cogí de la mano y tiré de ella hasta el parque pero ya estaba cerrado. Sin embargo, bajando por una calle lateral la valla era más baja.

-Te voy a enseñar un sitio muy especial- le dije invitándola a saltar la valla.

Con una risita tonta de niña traviesa saltamos la berja ayudándola a subir dándome una perspectiva muy sugerente de sus piernas creyendo intuir que llevaba un tanga. Una vez dentro aprovechamos la tenue luz de las farolas para atravesar entre árboles hasta el rincón que quería enseñarle. La llevaba de la mano. Pese a la semioscuridad fui capaz de orientarme.

La llevé a una famosa glorieta dedicada a un poeta romántico. Está encajada entre árboles que de día la hacen sombría y de noche oscura. Un enorme árbol central está rodeado por un zócalo de mármol que lo envuelve. Sobre el zócalo un pilar con el busto del poeta nacido en la ciudad, y a sus pies en bronce Cupido aparece moribundo por una de sus propias flechas. Al otro lado tres mujeres vestidas a la manera del siglo XIX representan las tres fases del amor: el enamoramiento, la pasión y el desamor.

Almudena se quedó anonadada con el lugar y la atmósfera de penumbra entre la luz de la luna que se colaba entre los frondosos árboles y las farolas lejanas. Aprovechando uno de los bancos que rodean el monumento me senté y ella a mi lado.

-Pensé que te habría gustado conocer este sitio.- le dije.
-Es precioso…gracias Luis, está siendo un día inolvidable.

Por un momento nos quedamos en silencio sentados en el banco observando el monumento hasta que empecé a explicarle el significado de las estatuas. No terminé. Antes de hacerlo Almudena se había girado y me estaba besando. Yo apoyé mi mano en su espalda y ella la suya en mi pecho y estuvimos así comiéndonos la boca un buen rato. Yo no me atrevía a tocarla y ella a mí tampoco. De hecho, dejamos de besarnos un par de veces sonriéndonos para volver a comernos la boca con más lengua.

Entonces sentí su mano bajar por mi barriga y comprobar mi bulto. No me lo esperaba y me sonreí cortando el beso para inmediatamente volver a por sus labios. Yo me limité a apoyar mi otra mano en su rodilla. Dejé que ella tomara la iniciativa. Y no se cortó pues con las dos manos buscó el botón de mi pantalón para desabrocharlo. Sin miramientos me sacó la polla del calzoncillo y empezó a meneármela con suavidad. Yo subí la mano por su muslo comprobando que efectivamente llevaba tanga.

-El final está siendo una velada redonda…-susurré a su oido.

Almudena respondió con la misma risita traviesa y me susurró al oido:

-Y se puede mejorar…

Almudena se separó de mi cara, me sonrió de nuevo y bajó la cabeza hasta toparse con mi polla que lamió provocándome un escalofrío. Giró la cara para mirarme juguetona y volvió a lamer mi glande. Mi polla debía estar sudada por el paseo que nos habíamos dado y por el calor pero no pareció hacerle ascos cuando sus labios la rodearon para introducirla en su boca.

-Ahora ya inmejorable…-dije apartando su pelo para ver como mamaba.

A Almudena le dio risa pero no soltó mi nabo. De hecho intensifico el ritmo de la chupada aunque sin profundizar. Con ella no fui capaz de empujarle la cabeza como a “Espérame” para que se la tragara hasta la campanilla y dejé que la chica mandara en lo que hacía. Incluso pensé en tirar de su vestido para acariciarle el culo pero me limité a acariciar su espalda.

-Has sido toda una sorpresa para mí…-le comenté- está siendo un día inolvidable.

La chica dejó su trabajo oral para besarme. Entonces le dije:

-¿Te gustaría hacerlo en un lugar tan romántico?
-¿Y con un chico romántico? Sería precioso, pero es una locura, jajaja…
-Tengo condones…
-Huy que peligroso eres. Ya venías preparado.
-No quedé contigo pensando en eso, pero mira como estamos…-le indiqué observando como seguía acariciándome la polla.

Almudena se puso de pie delante de mí. Yo subí las manos por sus muslos hasta sus nalgas mientras ella ponía cara de escándalo sin poder aguantar su risa. Entonces la cogí de la mano y tiré de ella para que se sentara sobre mí. Pasó luna pierna por el hueco entre el asiento y el respaldo del banco y después la otra para sentarse en mis piernas tapando mi polla con la falda de su vestido. Y sin perder la sonrisa me besó de nuevo…

Así sentada volvimos a los besos ahora sí pudiendo con mis manos recorrer sus muslos y su culo jugando con su tanga de encaje. Incluso subí mi mano para agarrar uno de sus pecho apretado por el vestido y un sujetador seguramente a juego con el tanga, pero cuando fui a desabrochar el botón del vestido Almudena me detuvo. Eso me cortó un poco. Evidentemente no quería que la desnudara en aquel lugar aunque estuviésemos solos y a oscuras.

Notó que me había quedado cortado y coló su mano bajo la falda de su vestido acariciando de nuevo mi polla comprobando que seguía igual de dura que cuando me la estuvo chupando. Fue en ese momento cuando me susurró al oído que le diera un condón. Con presteza saqué la cartera del bolsillo trasero de mi Bermuda y la abrí dándole uno de los condones que llevaba. Mientras yo guardaba de nuevo la cartera Almudena rasgó el envoltorio y sacó el preservativo. Levantó su falda dejando a la vista mi polla y también totalmente sus muslos y su tanga blanco de encaje. Por la oscuridad no pude comprobar si estaba rasurada o no.

Desenrolló el profiláctico a lo largo de mi nabo tieso y bien lubricados por su saliva y levantó su culo dejando que la falda cayera de nuevo impidiéndome ver como con su mano apartaba a un lado su prenda interior y dirigirá mi churra a su raja. Sentí primero su mano y después el calor que desprendía su coño, justo antes de que se fuera sentando poco a poco tragándose mi polla. Según entraba sus pulmones se iban vaciando hasta que se sentó del todo notando como sus nalgas se apretaban a mis muslos en un ronco gemido. Una vez ensartada empezamos a besarnos de nuevo.

No sabía que decir sorprendido de cómo estaba terminando la velada. Almudena se aproximaba mucho al tipo de chica que realmente me gusta. Educada, con estudios, abierta y, encima, guapa. Me daba cuenta que había sido un error haber quedado con “Espérame” y mi tonteo infructuoso más allá que un par de calentones con fotos sugerentes con “Gatita”. Con Almudena estaba follando en un sitio increíble e inolvidable y encima la velada había sido encantadora. Y sin buscarlo, simplemente había surgido. Nos había apetecido. Sin complicaciones.

Y no sólo eso, era ella básicamente la que se había lanzado a besarme y a comerme la polla. Y no sólo eso, sino que ahora sentada sobre mí era ella la que movía sus caderas sin dejar de besarme proporcionándole placer. Me gustaba además su actitud, no buscaba un polvo rápido. Estaba disfrutando del sitio y de mí tanto como yo de ella. Tan fue así que pudimos estar perfectamente más de media hora en la misma postura con el suave movimiento de sus caderas contrayendo sus músculos para rozar la paredes de su vagina con mi polla mientras no dejábamos de besarnos. Sólo se detuvo un par de instantes para abrazarse a mí más fuerte y buscar aire en sus pulmones mientras yo aprovechaba para besar su cuello.

Podríamos haber estado toda la noche allí unidos por nuestros sexos pero en algún momento teníamos que terminar. Y fue d e nuevo ella quién tomó la iniciativa. Sacó una pierna del hueco donde la tenía entre el respaldo y el asiento del banco y se levantó dejando que mi polla se saliera de ella. Me besó ya de pie agachándose y se dio la vuelta poniéndose de espaldas a mí. Se levantó la falda dejándome ver el inicio de sus nalgas pero empezó a descender de nuevo buscando sentarse en mí. La agarré por sus caderas ayudándola y cuando estaba casi sentada buscó mi polla con su mano entre sus piernas dirigiéndola de nuevo a su raja. Una vez penetrada se dejó caer vaciando el aire de sus pulmones con un nuevo gemido ronco. Y empezó a cabalgar sobre mí dando culadas en mi regazo. El cambio de ritmo hizo que su respiración se volviera más ruidosa aunque se notaba que reprimía sus gemido pero no podía evitar que sonaran las pieles al chocar.

Cuando llevábamos unos minutos follando de esa manera le susurré que así duraría poco y en vez de frenar el ritmo lo intensificó. En apenas 5 minutos la avisé que me iba a correr aunque ella debía estar notándolo por la agitación de mi respiración y las palpitaciones de mi polla. Justo en el instante en que sentí el cosquilleo previo en mis pelotas Almudena se dejó caer sobre mí agarrándose en mis rodillas para no resbalar con la respiración entrecortada ahogando un gemido y pareciendo que le faltara aire en los pulmones. No pude aguantar más y me vacié en el condón abrazándola por detrás en silencio vaciando mis pulmones a cada chorro que atravesaba mi polla dejándome latigazos de placer.

Nos quedamos en silencio abrazados un instante mientras nuestros cuerpos se recuperaban.

-Ufff, Almudena, ha sido inolvidable…-le dije recuperando el resuello y besando su cuello por detrás.

La chica se levantó dejando que mi churra se escurriera de su interior y se acomodó el tanga dejando que su falda cayera mostrando de nuevo más pudor por su desnudez que por sus actos. Se dio la vuelta recuperando su sonrisa y me besó diciéndome:

-Vamos Luis que se e hace tarde.

Me levanté subiéndome los pantalones pero me giré algo cortado tras ese bajoncillo que da después del sexo. Almudena se dio la vuelta para darme intimidad para quitarme el condón, anudarlo, abrochar me los pantalones y soltar el preservativo en una papelera. Cuando terminé la cogí por la cintura y le di un beso.

Así salimos del parque saltando la valla, esta vez salté yo primero y la ayudé a ella des fuera cogiéndola de la cintura para facilitarle el bajar. Quiso coger un taxi pero yo me ofrecí a acompañarla. Anduvimos unos 20 minutos hasta la casa donde se quedaba con ella cogida a mi cintura y yo a su hombro charlando de nuevo como antes de habernos enrollado. Nos despedimos con un largo beso en los labios y nos intercambiamos los teléfonos.

Almudena estaría unos días más en la ciudad y quedamos en intentar vernos antes de que se fuera. Me quedaba una caminata de casi una hora que hice feliz y contento y me permitió reflexionar. Había conocido a una niña maravillosa y habíamos terminado gustándonos. Teníamos muchas afinidades. Evidentemente no íbamos a empezar una relación pero Almudena me abría la puerta a plantearme otras situaciones. Yo no pegaba con niñas como “Espérame” o “Gatita”. Y no me malinterpretéis, no es algo clasista. Es un problema de intereses comunes. A la chica que me había follado dos veces en el hostal y a mí solo nos unían las ganas de sexo. Nada más. Ni gustos, no estética, ni objetivos en la vida. Estábamos bien para un rato pero nada más.

Sin embargo, con otras personas era diferente. Había mayor comunión. Por eso habíamos congeniado Almudena y yo. Y Alba. Aunque sentí un escalofrío al plantearme que nos unía a Claudia y a mí. Tuve algunos pensamientos sombríos y preferí no darle más vueltas.

El domingo mis padres se empeñaron en que me fuera con ellos a pasar el día en casa de unos amigos. La sorpresa fue que el chalé era de las padres de Pau. Me alegré mucho de verla y nos pasamos todo el día juntos en la piscina y en la comida charlando. Estaba muy guapa. Ya no tenía media cabeza rapada y estaba algo más delgada. Me contó que estaba haciendo un ciclo de FP de trabajo social y que le gustaba tanto que no sabía si hacer un ciclo superior o ir a la universidad a estudiar el grado de Trabajo Social. Me alegré muchísimo por ella.

También me contó que había cambiado de amistades y lejos de oído de sus padres me confesó que tenía novio, un compañero del ciclo. Por algún motivo, aunque sabía que ella con su esfuerzo era la que había conseguido aquel cambio, me sentí orgulloso del grano de arena que había aportado.

El fin de semana de mi soledad se había convertido al final en un buen fin de semana. Y cuando el lunes di mis clases aguantando las impertinencias de Andrea y la timidez de Mónica lo hice con un talante mucho más animado. Especialmente cuando Almudena me citó el martes por la tarde para tomar un café pues esa misma noche se iba de la ciudad.

La sorpresa estuvo en que su padre había reservado un apartamento lo que quedaba esa semana hasta el puente de agosto en la ciudad de Marta y que me invitaba a ir el fin de semana. Se lo agradecí pero me cortaba estar allí con sus padres.

-Luis, no t e puedes negar-me dijo- les he hablado de ti, de lo amable que fuiste conmigo, de lo educado y los rincones tan bonitos que me habías enseñado y…
-Pero, ¿no les habrás contado….?
-Nooooo, jajajaja. Vas a dormir en el dormitorio de mi hermano. ¿Cómo voy a decirles he conocido a un chico amabilísimo y me lo he tirado en un parque?
-Vale….jeje. Pero, no sé me da corte…
-Mira, vas a ser mi excusa para no tener que estar con ellos todo el tiempo y para poder salir de noche. Así que ya está todo dicho. Te vienes el viernes cuando termines tus clases y te vuelves el domingo.

No fui capaz de poner objeciones a algo tan repentino. Aunque tenía que inventarme una excusa para no dar explicaciones en casa. Pero la excusa me vino servida. Mis padres se iban la segunda quincena de agosto a una localidad costera muy cercana a esa ciudad y me iría con ellos el viernes después de comer y ya me acercaba yo en autobús a la ciudad. Aunque no les dije que iría con Almudena sino con mi “amiga” Marta. El único momento comprometido fue cuando mi madre quiso invitarla y yo le dije que ya le consultaría. Ya me inventaría esa otra excusa.

Yo por mi parte no le había contado lo de Almudena a nadie, ni siquiera a Ángela o Pablo así que oficialmente yo estaba con mis padres de puente hasta el martes pues el lunes era fiesta. Realmente yo iba a la aventura, pues apenas conocía a la chica de Madrid y en apenas tres días me iba a meter en su casa pero lo nuestro conociéndonos en una app de citas para salir a dar una vuelta, pasarlo tan bien y acabar follando en la glorieta del parque ya era rápido de por sí.

El miércoles le conté mi plan y el viernes después de comer ya estaba metido en un atasco de tres horas camino de la costa con doble macuto, uno para estar en casa de mis padres y otro para salir con Almudena. Me costó trabajo convencer a mi madre de que no me acercara a la ciudad porque ellos iban a perder mucho tiempo, pero tuvo que ser mi padre el que saliera en mi rescate diciéndole a mi madre que yo ya era mayorcito y que me dejara solo.

Así que tras llegar al apartamento ayudé a mis padres a subir sus maletas y bártulos para escaparme en cuanto los dejé colocados. Me fui en autobús hasta la ciudad en un trayecto de algo más de media hora en el que me dio tiempo a avisar a Almudena, que me explicó en que parada bajarme.

Cuando llegué estaba allí esperándome con un vestido playero cortito que dejaba sus piernas totalmente al descubierto y se transparentaba un bikini marrón o burdeos debajo. Estaba más morena que el martes cuando tomamos café. Me sorprendió lo rápido que había cogido color. Me dijo que venía directamente de la playa pero que fuéramos al apartamento de sus padres para ducharnos, cenar y salir los dos a dar una vuelta.

En apenas 5 minutos estábamos en un apartamento en primera línea de playa desde el que se veía perfectamente el océano y el atardecer. Subimos al bloque, bastante alto, aunque su apartamento estaba a media altura. Entramos y me recibieron sus padres, un señor alto, algo mayor pues era médico jubilado, y una señora más bajita, idéntica a Almudena, pero con los rasgos y anchuras propios de la edad. Me recibieron amablemente y tras presentarnos y contarles Almudena lo que yo estudiaba y explicarle mis clases particulares de verano me enseñaron el cuarto que iba a compartir con su hijo. El chaval, de 14 o 15 años me miró con cara de pocos amigos cuando me lo presentaron según salía de la ducha con un bañador seco. Me lanzó una mirada de poca importancia dando a entender que le jodía que le metieran en su cuarto a un desconocido en sus cortas vacaciones.

Me dejaron acomodarme y me ofrecieron el baño para la ducha. El apartamento era el típico de playa aunque algo más grande, con tres dormitorios pequeños, uno de matrimonio y dos con dos camas individuales metidas con calzador, salón pequeño con cocina americana pero un balcón enorme con mesa y sillas que hacía las veces de comedor con unas vistas excepcionales en ese momento ya a la puesta de sol.

Tras ducharme me vestí ya para cenar y salir aunque con Bermuda pues era verano, aunque como la familia de Almudena se veía tan pija me puse una camisa de manga larga remangada y zapatos de lona. El momento de la ducha de Almudena fue el más incómodo con el cuestionario que me hizo su padre sobre los estudios para llegar a la pregunta de cómo nos habíamos conocido, que parecía lo que más le interesaba. Sin embargo Almudena y yo habíamos pactado ya el martes una respuesta:

-Un amigo mío es compañero en Madrid de Almudena y él le dio mis señas para salir por mi ciudad…

La respuesta satisfizo al hombre que se relajó y ya durante la cena incluso hablamos de fútbol y viajes. Almudena se vistió después de cenar poniéndose un mono blanco veraniego como de encaje o hilo ceñidito con un cinturón con dos manguitos muy cortas y escote en pico como el vestido con el que la había conocido. Al haberse puesto morena se veía un gran contraste entre la tela blanca y su piel y el toque de maquillaje en las mejillas y sus labios brillantes la hacían aparecer preciosa. De espaldas además el pantalón cito del mono se ajustaba a su culo sin marca dando a entender que llevaba tanga. ¿Podría comprobarlo aquella noche?

Por el momento nos despedimos de sus padres y hermano y salimos rumbo al centro de la ciudad. Le propuse enseñarle el centro y terminar después en uno de los chiringuitos-discoteca que había en el pase marítimo al pie del apartamento.

El paseo fue como en mi ciudad. Pude mostrar toda mi cortesía enseñándole el centro de la ciudad más antigua de occidente, aunque cuando nos sentamos en un famoso local cubano a tomar unos mojitos me reconoció que ya había hecho el paseo con sus padres pero que le apetecía repetirlo conmigo. Como podéis imaginaros mi pregunta fue inmediata:

-Pero te llevas bien con ellos…¿entonces?

La respuesta fue bien sencilla. Sus padres estuvieron mucho tiempo intentando tener hijos y tras dos abortos al fin llegó ella. Siempre la han tenido entre algodones. Incluso cuando nació su hermano ella reconocía que era la niña mimada de la casa y que su hermano vivía un poco fastidiado con eso, aunque también se aprovechaba para ganar independencia. Aquel verano no había sido bueno y sus padres querían recompensárselo y por eso ella me había invitado.

-¿Y por qué yo que me acabas de conocer?
-No me puedo traer a nadie de Madrid y me lo pasé muy bien contigo ese día en tu ciudad.
-¿Sólo eso?
-Bueno, sabía que tú darías bien el pego de formal y responsable delante de mis padres.
-¿El pego?
-Después de lo del parque ya se que tienes tu punto malote…
-Ya, antes no…
-A ver Luis no te enfades. Cuando hablé contigo por la app me pareciste paradito para ser una app de citas. Por eso quedé contigo. Un niño mono, con estudios. Supuse que no serías el típico baboso de app de contactos que busca un polvo rápido.
-Para eso hay otro tipo de chicas…-dije-¿Pero qué te hizo cambiar de idea?
-Me lo estaba pasando muy bien contigo. Me reí mucho y me encantaron los sitios donde me llevaste, bueno y la euforia del vino, las copitas, las vistas…no sé…pasó. Bueno, y que me metiste en aquel lugar tan bonito en el parque. Supuse que lo hiciste queriendo para acabar como acabamos.

Seguíamos hablando mientras volvíamos al paseo marítimo para tomar una copa en un chiringuito, pero al llegar a la altura de la playa Almudena quiso que lo hiciéramos andando por la arena húmeda pues teníamos un trecho largo. Ya en la soledad de la playa insistí:

-¿Crees que te enseñé ese rincón del parque para liarme contigo?
-Tenía toda la pinta….
-Jajajaja, pues me salió de lujo, porque en realidad sólo quise enseñarte un rincón muy especial. Bueno, ahora más especial…-contesté abrazándola por el hombro.

Ella se agarró a mi cintura y me preguntó:

-¿En serio no buscabas eso?
-Me apetecía muchísimo, pero no quería estropear la noche contigo rechazándome.
-Pues yo me dejé llevar…
-Mucho, jajaja. Cuando empezaste a besarme estaba encantado pero después ya me vi en la gloria…
-Ya, jajajaja, la mamada…bueno, me dejé llevar…
-¿Llevas mucho sin estar con nadie? ¿Novio? ¿Rollo?
-¿Novio? Ja, con mi padre no se puede tener novio. Es superprotector.
-¿Y entonces como te ha dejado invitarme?
-Ers un amigo.
¿Y no sospecha nada?
-Estando en su casa no. Y es tan antiguo que por su cabeza no pasa que nadie pueda hacer cosas como las que tú y yo hicimos en un parque, y menos su hijita…
-O en una playa….-respondí deteniéndose para besarla.

Estuvimos un rato besándonos pero Almudena quería marcha y tiró de mi mano para que llegáramos a las discotecas. Estuvimos un rato tomando una copa y bailando pero subimos al poco al apartamento sin ni siquiera cogernos de la mano. Su padre estaba despierto así que me cambié en el dormitorio de su hermano y entré al baño despidiéndonos hasta el día siguiente.

A la mañana siguiente tuvimos que contarles a sus padres el paseo de la noche anterior mientras su hermano me seguía mirando con cara de pocos amigos. Tuvimos que bajar todos juntos a la playa cuando yo pensaba que nos escaquearíamos en cualquier momento. Pero salvo un baño con Almudena, unas palas con ella y otras con el hermano, no estuvimos solos en ningún momento tocándome tener que aguantar a su padre dándome un sermón moralista mientras me invitaba a una cerveza en el chiringuito que había en la zona de la playa donde estábamos. Empezaba a pensar que había sido un error aceptar la invitación pues todo era muy diferente a como lo había imaginado.

Al medio día subimos a comer al apartamento, apenas a 100m de la zona de la playa donde habíamos estado. Aquella familia funcionaba en torno al padre. El mandaba en la conversación y los demás asentían, salvo el hermano de Almudena que pasaba olímpicamente de todo. Después de comer los padres se fueron a dormir la siesta a su dormitorio tras haberme insistido, prácticamente impuesto que yo hiciera lo propio en el que tenía asignado. Como hacía calor y el apartamento no tenía aire acondicionado me quité la camiseta quedándome sólo con el bañador seco que me había puesto al volver de la playa. Almudena se retiró a su dormitorio y el hermano se quedó viendo la televisión.

A los pocos minutos se abrió la puerta del dormitorio. Pensé que sería el hermano, pero vino Almudena con su vestidito playero de andar por casa y un bikini seco debajo. Se sentó en mi cama para ver si dormía.

-¿Qué va a pensar tu padre si te ve aquí conmigo?-pregunté molesto.
-Está sobado, ya ronca y tiene para dos horas.
-¿Y tú hermano?
-Si no cierro la puerta no se va a chivar…
-Me había imaginado el fin de semana de otra manera.-me lamenté.
-Ya. Mi familia es muy particular, pero te entiendo. Aunque si te explico esto, ¿habrías venido?
-Creo que no…
-Anda hazme hueco que me acuesto contigo…
-Te va el riesgo…-respondí echándome a un lado.

Almudena se echó en mi hombro y empezó a acariciarme el pecho como tanto me gustaba. Era una muestra de cariño que no había tenido en todo el fin de semana.

-Eres lo mejor de este verano, Luis. Si no salgo contigo en tu ciudad y ahora aquí era para suicidarme.
-Me alegro de haberte sido útil.
-Útil no es la palabra…, no sé-me dijo apoyándose en su codo para mirarme de lado- has sido una sorpresa, un descubrimiento que me ha dado vidilla, emoción. Ni me creo que estés aquí ahora. Si le cuento a alguna amiga mía que estoy en la cama con un tío a 10 metros de mi padre ni se lo cree, jajajaja…
-Sólo estamos charlando. Tampoco veo la emoción.
-¿Quieres comprobar qué pasa si mi padre nos pilla así ahora mismo?
-Mejor que no…
-Pero es que me está dando hasta morbo….jajajaja-dijo poniendo cara de niña mala.
-A mí me está dando otra cosa…
-Jajajaja. ¿Te asusta mi padre?
-No es miedo, pero me da respeto…

Almudena bajó su mano por mi barriga y de improviso la coló por el elástico del bañador llegando hasta mi polla. Yo dí un respingo.

-Jajajajaja- rió entre susurros.
-¿Qué haces loca? ¿Quieres que nos descubran?

Pero mi churra desobedeciendo a mi mente se endurecía ante el calor de su mano acariciándola.

-Tan valiente en el parque y ahora tan paradito…
-La puerta está abierta, ¿y si viene tu hermano?
-Está viendo la tele…ni se entera de nada respondió bajándome el bañador para liberar mi erección.

Entonces gateó hasta mis piernas y se puso de rodillas entre ellas pasándose la lengua por los labios mirando mi polla durísima. La agarró pajeándola y me sonrió. Y de golpe, como había hecho una semana antes en el parque “se dejó llevar” bajando la cabeza para lamerme el glande tras descapullarme con sus manos mirándome a los ojos. Tras unos instantes de suaves lamidas con cara de gatita mimosa se metió toda la punta de mi nabo en la boca apretando con los labios. Tuve que ahogar un gemido casi más pendiente de la puerta que de las travesuras de mi amiga, que viendo el efecto de su juego empezó a mamar con intensidad sorbiendo con mucha fuerza como si mi polla fuese la pajita con la que se iba a beber mi néctar de amor.

No sé si sería el morbo de la situación, o que no me había pajeado desde el polvo en el parque. O quizá ambas cosas. Pero Almudena apenas estuvo 5 minutos mamando mi nabo con breves paradas tragándoselo casi entero y otras cogiendo aire pajeándome hasta que le avisé que aflojar a porque no iba a tardar. Hizo caso omiso de mi alarma pues sorbiendo mi glande con mucha fuerza me pajeó haciendo que mis bolas rebotaran sobre el elástico del bañador mientras yo susurraba agobiado:

-Me corro….me corro…

El primer chorro la pilló por sorpresa, pero a partir de ahí cerró los ojos y sus labios alrededor de mi polla recibiendo el contenido de mis pelota en la boca hasta que le pedí que parará porque tenía tal sensibilidad que su pajeó combinado con sus labios apretando la punta de mi nabo casi me hacían daño.

Entonces Almudena con cara de niña traviesa y una sonrisa con la boca cerrada se fue de la habitación al baño. Yo me recompuse el bañador sofocado por la mamada que acababa de recibir y sorprendido de la velocidad en que me había ordeñado hábilmente y con tanto morbo. Pero en vez de regresar al dormitorio la escuché hablar tranquilamente con el hermano como si no hubiera pasado nada. Se quedó un rato viendo la televisión con él. Yo no me atrevía a salir intentando interpretar lo que acababa de ocurrir.

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