ARCADIO M

Pasó las manos por encima de la lumbre de la chimenea, en un intento inerte de asesinar el frío de la soledad que le acompañaba, un día más.

Ya había apagado el árbol y el Belén y llenado la bota de agua hirviendo para calentar la cama.

Esta noche, de postre había tomado polvorones y turrón, contra prescripción médica, pero era Navidad.

Secó aquella lágrima atrevida que le humedeció la mirada absorta en el fuego, mientras fundía en las llamas recuerdos de brindis y risas en familia.

Quizás el monstruo de la pandemia todavía era demasiado grande como para atreverse a salir ahí fuera.

El tiempo, la vida y el destino la habían traído hasta allí, aunque había ido dejando la vida en el camino.

Y afrontaba el 2022 como único personaje de aquella historia que había ido escribiendo todos estos años. No le quedaba nada para la trama final. Solo las 12 uvas y un brindis de año nuevo a la soledad, la protagonista de los, aún no sabía cuántos, capítulos finales.

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