ALMUTAMID

La habitación del hostal estaba tan recalentada que iba a costar trabajo dormir. Pero sin dilatarnos mucho fuimos pasando por el baño a orinar y asearnos. Como Marta no podía entrar a su habitación se desnudó para dormir de modo que tuve que “sufrir” dormir en calzoncillos con mis amigas en bragas una a cada lado. Debo admitir que ahí agradecí el trabajito de la extremeña para evitar tensiones.

Pero costaba dormir y al final acabamos los tres boca arriba en la cama charlando. La primera en hablar fue Ángela.

-En el fondo el fin de semana ha sido un desastre…
-No te quejes que tuviste lo tuyo- le dijo Marta.
-Bueno…por así llamarlo. La única que ha triunfado es Chari.-añadió Ángela.
-Ella siempre triunfa- admitió Marta- cuando voy con ella sé lo que hay.
-¿Y por qué la invitaste a venir con nosotros?- pregunté.
-Precisamente por eso. Iba a ser más fácil defenderme de ti y hacer cualquier locura con ella al lado.
-Loca está…-añadió Ángela- me puso como una moto y después na de ná. Vaya corte. Y mira que yo no soy de rollos, pero la veía tan interesada, tú sabes. Todo el día en la playita, las miraditas. Pero me quedé a dos velas y con el calentón. ¿No hará lo mismo con ese tío después de dejarte sin habitación?
-No creo…calla y escucha.-dijo Marta.

Hicimos el silencio en el que sólo se oían nuestras respiraciones y notamos que de la habitación de al lado venía un leve gemido masculino.

-Uno que al menos se va a ir contento.-susurré.
-Y ella ¿no?- me respondió Marta.
-No puedo evitar mi visión masculina.
-Bueno, tú también te has llevado lo tuyo.-me dijo.
-Eso..-corroboró Ángela.
-Me lo podía haber evitado.-respondí.
-Pues la niña era muy mona- comentó Ángela.
-Ya. Pero se le notaba que venía a darse un lote playero como algún rito de iniciación o algo así porque no era habilidosa.
-Jajajajaja- rieron las chicas.
-En serio.- me expliqué- me hacía daño.
-Pues como si yo te agarro que no he trincado una churra en mi vida- soltó Ángela.

Reímos los tres la ocurrencia.

-Bueno ¿y tú Marta?
-Puff, el chaval estaba muy bueno. Pero era bastante intensito. Quería echar un polvo a toda costa e insistía, insistía…
-Pero ¿no te lo pasaste bien ayer con él?- quise tirar del hilo.
-Un poco forzado todo. Me gustó el chaval pero tenía algo que al final me echó un poco para atrás.
-Pero te enrollaste ¿o no?- preguntó Ángela.
-Bueno, eso sí. Quería probar.
-Al final mucho músculo y ya está…-dije dejándolo caer.

Entonces Marta empezó a reírse ante nuestro asombro y con la mano pidió que esperáramos que se le pasara.

-¿De qué te ríes?- pregunté.
-Pues verás, jajajaja. Esto te va a causar gracia. Me he enrollado con dos tíos así cachitas. Y buah, brazacos, pechacos, las abdominales marcadas, pero cuando llegas ahí como que te desilusionas, porque se pierde entre tanto músculo, jajajaja…

Me quedé de piedra con el comentario, pero Marta no se quedó ahí y siguió:

-Al final la sorpresa es más agradable con uno delgadito como Luis, jajajajaja.
-Imagino, jajajaja- respondió Ángela.
-Bueno, Luis es que en eso no está mal.- siguió.
-No me puedo creer que le estés hablando a Ángela de mi polla.
-Hay confianza, jajajaja. Anda enséñasela, jajajajaja.
-Ah no, no. Esto yo ya lo soñé. Paso…
-Jajajajajaja- rio Ángela- pero ya se la he visto y no me dijo nada…
-Porque no estaba empalmado.-me defendí.
-O porque soy lesbiana, jajajaja.

Otra igual que Claudia queriéndole enseñar mi polla a otra tía. Mejor no le hablo de la de Dani o la de Marcos.

-Callad, callad…-dijo Marta.

De nuevo oímos el gemido del chico más alto y a un ritmo mayor. Hasta que de golpe soltó un gritito tan agudo que nos sorprendió a los tres que acabamos riéndonos.

-Mira que a gusto se ha quedado.-dije.
-Jajajajaja- rieron de nuevo.

Ya estaba clareando el día y no éramos capaces de dormir. Oímos la puerta de la habitación de Chari cerrarse. Seguramente se había ido el chico. Como teníamos que dejar el hostal antes de las 10. Decidimos aguantar sin dormir, recoger todo y ya dormiríamos por la tarde en nuestras respectivas casas. Como Ángela tenía un viaje más largo nosotros nos iríamos al mediodía en el autobús a mi ciudad.

Marta se vistió y se fue a su dormitorio a recoger las cosas mientras que Ángela y yo hicimos lo propio. Tras recoger las toallas y bañadores tendidos en las sillas y el baño para que se secaran guardamos el resto de la ropa sin mucho cuidado pues iría directa a la lavadora al llegar a casa, sudada y llena de arena. Después entré a ducharme. La ducha del baño del hostal era de esas típicas hechas en el suelo sin plato de ducha con un sumidero y una mampara de cristal transparente para que no salpicara el agua fuera. Mientras me duchaba Ángela llamó a la puerta.

-¿Qué pasa?
-¡Luis tengo un retortijón terrible tengo que entrar¡
-Pero acabo de meterme en la ducha.
-No aguanto…entro.

Mi amiga se coló en el baño como una exhalación y se dirigió directamente al váter sentándose apresuradamente. Yo me pude de espaldas a ella terminando de enjabonarme con intención de enjuagarme rápidamente y coger la toalla.

No sé quien tenía más vergüenza en ese momento, si ella con los sonidos y olores de su apretón o yo con mi desnudez. Pero no nos atrevíamos a mirarnos cada uno con su “problema”. Al final, yo terminé de enjuagarme y con prisa sin secarme me anudé la toalla a la cintura mientras que Ángela me pedía intimidad para limpiarse.

Me fui al dormitorio pensando que iba a tardar en volver mi amiga y me desanudé la toalla para secarme. Pero cuando terminé de secarme el pelo me le encontré de frente pillándome totalmente desnudo.

-Perdón…-se disculpó.

Yo me anudé de nuevo la toalla tapándome las vergüenzas.

-No podía aguantar Luis, me cagaba encima.
-No pasa nada. Hay confianza.
-Me ducho yo ahora ¿vale?
-Sí, claro.

Se metió en el baño, momento que aproveché para vestirme. Si no hubiésemos tenido la conversación de la noche seguramente no me habría dado tanto palo. Salió envuelta en su toalla, cogió ropa y volvió a entrar en el baño de donde salió ya vestida. Por un momento habíamos tenido un ataque de pudor después de haber estado medio en pelotas todo el fin de semana. No tenía tanta confianza con ella como para ducharme delante pero tampoco éramos tan desconocidos como para que estuviéramos tan cortados.

Salimos del hostal y nos fuimos a desayunar muertos de sueño. Como Chari y Marta tenían apenas media hora de viaje a su ciudad dejaron sus bolsas en la consigna de la estación de autobuses para aprovechar el día de playa. Seguramente dormirían lo que no había descansado de noche, una hablando y la otra follando. Ángela y yo cogimos el autobús pasadas las 12. Yo podría haber apurado, pero ella tenía un viaje más largo. Nos despedimos de nuestras compañeras de fin de semana.

Quise hablar con Marta pero ella detuvo cualquier intento mía. Su última frase tras dejarme en el autobús fue:

-Luis, pasa un buen verano. Lo que tengamos que hablar ya será en septiembre. No le des demasiadas vueltas. Yo no lo voy a hacer.

El abrazo y dos besos me resultaron fríos. Pero es lo que había. Demasiado bien habíamos escapado a un fin de semana tan complicado por la actitud de los cuatro, aunque especialmente por Marta y por mí.

Ángela y yo nos quedamos dormidos en el autobús. Al llegar a mi ciudad la acompañé a la estación donde cogía el autobús a su pueblo. Tenía camino por delante y dormiríamos más. Los dos seguíamos bastante callados aunque el cansancio probablemente tenía que ver. Al dejarla en el autobús me dijo una frase que me dejó algo extrañado:

-Luis, según te voy conociendo te veo diferente.
-Peor seguro…
-No en todo. No me eches mucha cuenta. Que tengas buen verano. Dame un abrazo, anda.

Así nos despedimos dejándome cierto aire de misterio. Yo en cuanto llegué a casa me fui a dormir. Serían las 6 de la tarde cuando me acosté y no me desperté hasta las 8 de la mañana del lunes para dar mis clases.

El sueño no sólo reparó el cuerpo sino también me permitió analizar con perspectiva todo lo ocurrido en el fin de semana. Evidentemente mi reencuentro con Claudia había jodido a Marta, que probablemente pasado un tiempo habría estado dispuesta a consolidar nuestra relación. Al menos era lo que yo creía antes de aquel fin de semana, porque su actitud con el cachitas me demostraba que su discurso sobre sus relaciones no era del todo cierto. A mi me había conquistado sentándose sobre mí sin importarle que le sobara el culo. ¿Qué tenía yo de especial para que ella tuviera esa actitud tan abierta conmigo y no con otros?

La desenvoltura conmigo entonces y con aquel chico delante de mis narices me demostraba que Marta no era tan casta como pretendía aparentar. Ni lo necesitaba, pero estaba claro que había utilizado esa castidad aparentemente por respeto a mí pues no le gustaba nadie más. Creería que me hacía sentirme más valorado por ella y capaz de reservarse para mí cuando es una niña tan bonita que no le van a faltar nunca pretendientes.

La forma como la vi comportarse meneándole la polla al madrileño con tanta naturalidad me dejaba claro que era algo que ella había hecho anteriormente. De hecho, sospechaba que mientras no habíamos estado juntos en nuestra “no relación” seguramente había tenido más de un revolcón así. Y no la juzgo por follarse a quien quisiera, pues era libre de hacerlo, pero nadie puede acusarme de nada por sentirme chantajeado falsamente por ella en cuanto al tema sexual.

De esas sensaciones se descolgaron en mi mente dos ideas. La primera que en el fondo había sobrevalorado la forma de ser de Marta concediéndole una transparencia y sinceridad que no se merecía. Y la segunda que tenía vía libre para hacer lo que me diera la gana pues no tenía ninguna relación ni real ni moral con nadie que me impidiera quedar con quien me placiera para echar un polvo.

Así pasé aquella mañana, en que mis alumnos me notaron algo despistado, de plantearme no quedar con “Espérame” a ir totalmente decidido a pasar un buen rato de sexo. Tras comer fui capaz de dormir algo de siesta en mi dormitorio y hasta de responder varios mensajes y echar un vistazo en la app de citas. Hablé con Víctor contándole el fin de semana aunque sin todos los detalles. Sospechaba que todo lo que le contaba llegaba a Claudia a través de Lourdes, por lo que empecé a dejar de contar mis secretos a mi ennoviado amigo.

Hablé con Claudia, que esperaba en su ciudad la confirmación de su destino el siguiente curso. A ella sí le conté la ruptura definitiva con Marta certificada en que ella se había enrollado con un tío aquel mismo fin de semana. Pero no aparentó mostrar ningún interés en esa información y pasó directamente a preguntarme por el resto del verano.

-¿Por qué no nos vamos unos días con Víctor y Lourdes como el verano pasado a principios de septiembre?- le pregunté.
-Hasta no saber donde voy no puedo organizarme nada.
-Pero ¿te gustaría?
-Tengo buenos recuerdos con ellos. Estaría bien.
-¿Con ellos sólo?
-No vayas por ahí que te conozco, Luis.
-No voy por ninguna parte. Es una pregunta sin intenciones.
-Evidentemente contigo también. Pero iríamos de forma muy diferente.
-Claro. Como amigos. Lo entiendo.
-Pensándolo bien. No sería buena idea.
-¿Temes que ocurra como cuando volviste a la residencia?

Tardaba en responder y al final con una excusa de tareas que hacer se despidió dejándome con la duda. Desde que habíamos cortado en Navidad todo era así con ella. Empezaba casi a desear que de verdad me cerrara todas las puertas. Y desde luego la conversación con Marta el fin de semana me pesaba: Marta era incapaz de verme enamorado de nadie. Puede interpretarse como un pataleo: si no soy yo es porque no es de nadie. Pero a pesar de todo era una realidad. ¿Yo estaba enamorado de Claudia o de una idea de ella misma? Demasiado profundo para no tener respuesta. Recuperaba mi lema: lo que tenga que ser será, pero mientras vive tu vida…

En la app me encontré que “Espérame” estaba desconectada aunque la iba a ver en un par de horas. Vi a “Gatita” conectada pero me dio reparo empezar una conversación que acabaría siendo picante cuando iba a ver a la otra chica más tarde. A lo que no pude contenerme de intentarlo fue a la silueta misteriosa. Estaba conectada y la saludé:

-Buenas tardes.

Me sorprendió respondiéndome:

-Buenas tardes. ¿Qué tal tu fin de semana?
-Cansado, he estado de marcha en la playa.
-Que envidia. Yo este año no tengo vacaciones.
-¿Y eso?- pregunté.
-Problemas con los estudios.
-Toca estudiar, entonces. Pero saldrás al menos.
-Poco. No soy de salir mucho de marcha. Por aquí por el barrio con amigos y poco más.

Intenté saber de que parte de la ciudad era pero prefirió mantener su misterio así que al menos quise saber para qué se había creado un perfil en la app y su respuesta me generó mayor curiosidad aun:

-Soy muy tímida. Me sirve para hablar con gente con la que seguramente en persona no me atrevería.
-Pero ¿eres tú la de la foto?
-Sí.
-¿Y por qué no pones foto de cara?
-Vergüenza, inseguridad…
-¿Y hablas con mucha gente?
-No.
-¿Y por qué conmigo sí?
-Me das confianza.
-No me conoces. Pero tu cara transmite buenos sentimientos.
-Te recuerdo que esto es una app de citas, jajaja.-escribí casi arrepintiéndome al instante.
-Pero sólo estamos hablando. Yo no he dicho nada de quedar contigo ni tú tampoco.
-Al menos me gustaría saber cómo eres.
-Eso es difícil. No puedo enseñar mi cara por aquí.
-Te imagino muy guapa.
-Con misterio seguro que te atraigo más pero tampoco busco atraer.
-Al menos querrás seguir hablando conmigo…
-No me conecto mucho.
-Cuando lo hagas.
-Háblame si me ves por aquí…

Nos despedimos pues a mí empezaba a faltarme tiempo para llegar a mi cita con “Espérame”. Me duché, me recorté el vello púbico y me vestí cómodo para llega a la cita. Hacía bastante calor y sudé bastante esperando el autobús. Llegué casi 10 minutos tarde pero la chica me esperaba allí vestida de forma similar a la última vez, vestido con volante con mucho vuelo para disimular su poco pecho y falda corta semiajustada a su culazo con plataformas.

Me recibió con una sonrisa mientras yo desde la distancia pedía perdón con las manos.

-Que mal llevas lo del autobús, estudiante…
-Perdona, pero es que no lo controlo muy bien.

Nos dimos dos besos y tras las preguntas de cortesía le pregunté si quería tomar algo.

-Ya nos conocemos. Pero se me ocurre una idea.- respondió.
-Dime…
-Podemos comprar algo y tomárnoslo con menos ropa.
-Me parece genial.
-Me he adelantado y he reservado una habitación en el hostal.
-Me sigue pareciendo más genial.
-Si quieres vamos ya para a allá.

Al atravesar el centro comercial vi una farmacia y le pedí que me esperara que tenía que comprar algo.

-Traigo condones, no es necesario.-me dijo.

Pero yo le respondí que no podía encargarse ella de todo. Entré a la farmacia y cogí una caja de condones, pero al lado en el estante había geles lubricantes y compré uno. Tardé apenas un minuto y salí al pasillo donde me esperaba. Después entramos al supermercado y compramos una botella de cava fría y una bolsa de hielo. Nos fuimos ligeros al hostal para que no se calentase el vino ni se derritiese el hielo demasiado. Al tener la reserva hecha sólo tuvimos que enseñar nuestros DNIs y pagar a medias. La habitación era un poco más cara y me extrañó pero no pregunté.

Al subir entendí el motivo. La habitación era más amplia que la de nuestra quedada anterior. Tenía una cama más grande pero la sorpresa estaba en el baño donde había además de ducha, wáter y lavabo una bañera de hidromasaje redonda. Agradecí el detalle a “Espérame” comiéndole la boca y sobándole el culo.

-¿Sabías que había esto aquí?
-Ya te dije que no es la primera vez que vengo a este hostal.
-¿Y qué perversión me vas a hacer?
-Eso lo descubrirás después…jajaja.

Puse el tapón al lavabo y lo llené con un poco de agua mientras “Espérame” abría todos los grifos de la bañera para llenarla rápidamente. Después eché el hielo y metí la botella que aun estaba fresca. A falta de copas cogí los vasos para enjuagarse los dientes y los llevé a la mesilla junto a la cama.

-Voy a abrir el cava y brindamos…-le dije.
-¿Por qué no te quitas la ropa antes?

Obedeciéndola me saqué los náuticos de los pies, el polo por la cabeza y las bermudas quedándome con los bóxers azules que llevaba. Se mordió los labios de forma lasciva antes de decirme:

-Oyeeee, vienes morenito de la playa…
-Pero es culo sigo teniéndolo blanco…
-Jajajaja…

Espérame se sacó el vestido por la cabeza quedándose con un tanga rojo de encaje y una tira similar a la que llevaba la otra vez en el pecho pero ahora con el mismo encaje del vestido. Por fi pude ver al menos el contorno de sus pezones. Le hice el gesto de que se diera la vuelta y pude ver como el hilo del tanga se perdía entre sus nalgas. Me sorprendí sobándome la polla por encima del calzoncillo, gesto que agradó a la chica por la mueca de aceptación que hizo.

Abrí la botella de cava y llené los vasos brindando con el típico “Por nosotros”. La bañera se había llenado y “Espérame” cerró los grifos agachándose dándome una visión de su mejor perspectiva.

-¿Nos metemos?

Sin contestar me quité el calzoncillo mientras la chica me observaba sin rubor de ningún tipo mi polla colgona y me metí en la bañera sentándome mientras que ella se quitaba el tanga enseñándome su chocho pelón. De inmediato vino a sentarse a mi lado.

-¿No te quitas el sujetador? Vas a mojarlo.
-No importa…

Brindamos de nuevo y dejamos los vasos en el filo del jacuzzy. Ella pulsó el botón para que empezará el agua a borbotear y me preguntó:

-¿Qué te apetece ahora?
-Que me la comas un ratito no estaría nada mal…

Me senté en el borde de la bañera con las piernas abiertas ofreciéndole mi churra morcillona a “Espérame”. Ella gateó hacia mi posición y se colocó de rodillas sentada sobre sus pies apoyando sus manos en mis rodillas. Después con una mano recogió mi nabo aún colgón y lo acercó a su boca metiéndoselo directamente. El calor, que no la humedad, de su boca hicieron que se endureciera rápidamente llenándola de modo que ya no podía mover su lengua.

Levantó la cara con un hilillo de babas y me sonrió diciendo:

-Me encanta sentir como crece en la boca.
-Tú sí que sabes ponérsela dura a un tío…

Se sonrió de nuevo para a continuación empezar a mamar con ganas mientras sujetaba mis pelotas. Demasiado fuerte arrancaba. Al recodar la torpeza de la chica de la playa me sentí culpable por un momento pero la forma como mi compañera de juegos succionaba mi polla me devolvió a la realidad del momento. De hecho, tomé su cabeza haciendo que detuviera el sube y baja para que tragara cuanto podía y se quedara un instante así presionando mi glande contra su garganta. Mientras sentía mi polla perdida en su aparato digestivo se me ocurrió dar un sorbo a mi vaso de cava.

A “Espérame” se la saltaron las lágrimas y la solté preguntándole:

-¿Siempre eres tan sumisas?

Mientras me pajeaba me contestó:

-Me gusta tener contento al macho que me follo.
-¿Y soportarías cualquier cosa?
-Ni violencia ni vejaciones…
-El otro día te pegué en el culo.
-Eso forma parte del juego. Si me pegas en la cara te arranco la polla…-respondió metiéndosela de nuevo en la boca sin dejar de mirarme.

Bebí vino de nuevo mientras mi amante no dejaba de mamar con fuerza repitiendo la operación de clavarle la polla hasta la campanilla. Esta vez tosió al soltarla. Se limpió la boca con la mano y sin decir nada volvió a metérsela hasta el fondo. Cuando la soltó para recuperar aliento, sin dejar de pajearme me dijo:

-Me encanta tu polla…me has puesto tan burra que tengo ganas de leche ya.
-Pero si ni te he tocado…
-Vas a tener mucho tiempo pero quiero rematar bien esta mamada ¿no me la vas a dar?- preguntó haciendo una mueca de lástima con su cara redondita.- ¿dónde quieres correrte? Hoy te dejo donde quieras…
-En las tetas…dije con seguridad.

Se le cambió la cara y secamente respondió:

-Ahí no. Ya te lo dije.
-Entonces no es donde yo quiera. Elige tú.

Me puse de pie desafiante pajeándome con su cara muy cerca.

-El estudiante pijo tiene los huevos más gordos de lo que parecía.- dijo.
-No me faltan huevos, me faltaba confianza.

Poniéndose de rodillas con la espalda derecha me agarró la mano para que dejara de meneármela sustituyendo la mía por la suya. Se metió mi glande en la boca succionando con fuerza haciendo que se dispararan mis sensaciones mientras que con su mano me pajeaba fuerte haciendo que mis pelotas se mecieran en el aire. Notó el efecto que provocaba acercando mi orgasmo y separando sus labios un momento me dijo:

-Avísame.

Repitió la operación de succionar mi glande mientras su mano mojada subía y bajaba por el tronco de mi nabo. Fueron 2 o 3 minutos los que tardó en provocar que mi diafragma subiera y bajara, los dedos de mis pies empezaran a contraerse y mi respiración se agitara con agudo: “Ya viene…”. “Espérame” soltó de golpe mi polla y en un movimiento rápido se bajó la gruesa tira de encaje que llevaba por sujetador mostrándome un pecho liso como el de un niño del que sobresalían sus aureolas como minúsculas tetitas rematadas en un pezón puntiagudo. Parecía como si su pecho se hubiese detenido en el inicio de su pubertad no desarrollándose.

Yo sustituí su mano por la mía para rematar la faena de modo que la visión de su extraño torso tuvo como efecto que empezara a soltar chorros espesos de semen sobre su pecho, su cuello y alguno en su barbilla entre gemidos lastimosos. Cuando dejé de correrme la chica aprovechando la posición volvió a meterse mi churra amoratada en la boca succionando de nuevo prolongando las sensaciones del orgasmo por mi polla y mi perineo hasta que le rogué que parara. Con mirada desafiante me preguntó:

-¿Contento?
-Mucho…

Hizo el gesto de volver a colocarse la banda pero me arrodillé raudo deteniéndola.

-Espérate, estás llena de corrida. Deja que te limpie.

La chica se sorprendió cuando mojando mi mano en el agua de la bañera empecé retirando un churretón de su barbilla para seguir por su cuello. Pensé que al llegar a sus minúsculos pechos me detendría pero me encontré con una mirada de ternura que observaba mi gesto de limpiar los restos de mi placer sobre su cuerpo.

Cuando terminé me salí del agua sin cuidado de mojar todo. Rellené los dos vasos con cava frío y me volví a sentar dentro de la bañera ofreciéndole su vaso. Ella se había quedado pensativa de rodillas sin moverse. Al verme sentado con los dos vasos en la mano se acercó a mí pero en vez de ponerse a mi lado se sentó sobre mis piernas con sus grandes muslos abiertos de modo que mi churra quedara apretada contra su coño. Sin esperármelo me besó para después brindar conmigo y beber.

-¿Siempre eres tan dulce?- me preguntó.
-El sexo no consiste sólo en dar caña.
-Eres muy distinto a todos los tíos que conozco, “Almutamid”. Nadie veía mi pecho desde hace mucho tiempo.
-Es parte de tu cuerpo. Si gustas, tu pecho gusta. ¿Me taparías estas orejas feas que tengo para follar porque no te gustan?
-No sabes cuanta gente cruel hay…
-Elige a los que no lo son. Eres muy guapa – exageré- y tu cuerpo es una invitación al pecado.
-Jajajaja. Eso lo dices porque nos hemos venido aquí a follar.
-Precisamente por eso…

La chica pareció emocionarse por mis palabras. Dio un largo sorbo a su vaso y tomándome una mano la acercó a sus pechitos pasando mis dedos por ellos. Tras ver el recorrido que hacía con mi mano levanté la mirada buscando sus ojos pero los tenía cerrados. Con mi otra mano acaricié con la yema de los dedos su otro pechito. Estaba como en trance. No sabía que decir n que hacer por lo que continué mi caricia mientras ella soltaba mi mano para que libremente se paseara por su piel. Fueron breves minutos hasta que sonriéndose abrió los ojos y me miró. Buscó mi boca y la encontró. Estuvimos un rato besándonos. Suficiente para que mi polla recuperara su fuerza. Cuando la sintió me dijo que iba a buscar un condón pero me anticipé sacando la caja que acababa de comprar.

Me senté en el filo de la bañera y lo abrí dándoselo para que me lo pusiera. Después recuperamos la posición inicial y la chica se sentó sobre mí dejando esta vez que mi misil se colara dentro de su coño. Me recibió con facilidad. Estaba bastante lubricada supuse que por la mamada y el agua. Me acomodé resbalándome en la bañera con los brazos por fuera para sostenerme y dejé que ella marcar el ritmo de la follada. Me sorprendió con un ritmo suave intentando sentir todo lo largo de mi nabo con movimientos lentos de su cadera apoyándose en mi abdomen.

Estuvo así un buen rato hasta que decidió aumentar el ritmo cabalgándome. Echó la cabeza hacia atrás y las piernas hacia adelante permitiéndole clavarse mi nabo con más velocidad. Yo sobaba si culo aunque no podía golpearlo por el agua de la bañera. Mi polla sorprendentemente seguía sensible desde mi último orgasmo y tuve que hacer esfuerzos para no correrme de nuevo. Pero fue ella la que se puso tensa primero arqueando la espalda y después dejándose caer sobre mí con la respiración agitada pero aguantándola en un extraño gesto de falta de aire y ahogo simultáneo que terminó en un largo suspiro y varias bocanadas confirmándome su orgasmo.

Cuando se recuperó se echó hacia adelante sobre mí besándome de nuevo. Hoy estaba más besucona que el primer día. Con su peso sobre mi pecho empecé a escurrirme hasta hundir mi cabeza en el agua de la bañera por lo que tuvo que desmontarse de mí liberando mi polla de su chocho y ayudarme a salir entre risas.

Nos sentamos en la bañera y bebimos cava de nuevo. Pero le propuse irnos a la cama y aceptó. Salimos del agua y nos secamos con las toallas. Seguía con la banda del pecho en la cintura. La ayudé a quitársela. Yo me quité el condón. Cogí el paquete de la farmacia y me lo llevé al dormitorio junto con los vasos tras llenarlos. La chica me esperaba tumbada de lado en la cama pensativa.

-¿Estás bien?- le pregunté.
Asintió.
-Estás hoy un poco ausente.
-No que va. Pensando en mis cosas.
-¿Todo bien?
-Sí, sí, de verdad.
-Por cierto, me llamo Luis.
-No deberías haberme dicho tu nombre…

Me quedé cortado pero aun así me justifiqué:

-Bueno…hemos quedado dos veces y creo que lo pasamos bien juntos…
-Pero somos lo que somos Almutamid, o Luis o como te llames. Hemos quedado para follar y eso estamos haciendo. Además- dijo acariciándome la polla embutida en el condón- sigues empalmadísimo y esto hay que aprovecharlo.

Algo cohibido por el corte que me había dado me hice hueco entre sus piernas para volver a penetrarla en la postura del misionero. Ella misma me ayudó a colocar mi churra en su raja para que entrara con facilidad en su chocho empapado. Cuando me clavé en ella dudé si besarla optando por comerle el cuello mientras ella me sobaba la espalda bajando hasta mis nalgas que apretó lascivamente.

-Qué culito tienes…-me susurró al oído mientras yo hundía mi cara.

Sus manos apretaban mi culo como si quisiera que mi polla entrara lo máximo posible. Le pregunté al oído:

-¿Quieres caña?

“Espérame” asintió.

-¿Quieres que te folle duro?- insistí.
-Como tú sabes…
-¿Quieres que te reviente a pollazos?
-¿A qué estás esperando?

Arqueé mi espalda cuanto pude para descender con mi cabeza por su cuerpo hasta sus tetitas. Atrapé una con mi boca. Cabía entera. Podía succionarla y darle pequeños mordisquitos en la base mientras pasaba mi lengua por su pezoncito puntiagudo. A la vez golpeaba con mi cadera contra su culo clavándole la polla con fuerza. Ella levantó sus piernas sosteniéndolas en alto para que mi penetración fuera más profunda. Cuando cambié de tetita repitiendo la operación sentí que se estremecía y decía:

-Hijo de puta me vas a matar…

Yo mordí su pecho provocando que lanzara un gritito y golpeara con fuerza mi nalga en un cate que resonó en la habitación. Pero no me detuvo, sino que a cada mordisco mía me llevaba una nueva nalgada. Me iba a dejar el culo dolorido pero a “Espérame” le iba esa marcha. Estaba muy encendida. Parecía que se le había pasado el cierto enfado que mostró cuando le dije mi nombre.

Pensé que estaba en ese momento en el que podía hacer lo que había planeado cuando entré en la farmacia. Me salí de ella para su asombro. Pero rápidamente me levanté de la cama y sin decirle nada la puse a cuatro patas para follármela por detrás pero esta vez no lo hice a los pies de la cama como en nuestra anterior quedada, sino que la puse de lado para asi poder tener yo acceso a la mesilla de noche.

Casi me ordenó que se la metiera de nuevo ofreciéndome su culazo, y yo obedecí sin dilación. De inmediato la cogí del hombro para penetrarla profundo y fuerte a buen ritmo liberando mi otra mano para pellizcar uno de sus pechitos que ya había comprobado que eran tan sensibles. El resultado es que en medio minuto la tenía rebufando a cada pollazo y marcando ella misma el ritmo echándose adelante y atrás mientras me insultaba periódicamente:

-Cabrón…me vas a matar…mmmmmmm, hijo de puta síiii reviéntame…

Y bien que lo iba a hacer…pues aceleré lo suficiente para conseguir que se corriera por segunda vez de manera bastante más evidente con contracción de glúteos y su barriga subiendo y bajando ante el descontrol de su diafragma. Además dejó de insultarme pues un grito ahogado seguido de varias bocanadas levantando la cabeza para después dejarla caer entre sus brazos mientras yo dejaba de bombear pero le clavaba una estocada hasta la bola, mejor dicho en este caso las bolas.

Estaba lista. Caliente y recién corrida. Sin sacar la polla de su coño alargué el brazo a la mesilla y saqué de la bolsa de la farmacia el lubricante que había comprado. Me eché un buen chorreó en los dedos y mientras ella se recuperaba poco a poco acompasando su respiración empecé a jugar con su ojete. De primeras no sintió más que mi dedo paseándose y quizá la humedad del gel, pero cuando hice presión con mi dedo levantó la cabeza para mirarme. Con una voz casi de ultratumba consecuencia del reciente orgasmo me dijo:

-¿Crees que vas a abrirme el culo?
-No.- contesté seguro- Te lo voy a abrir.
-¿Y porqué estás tan seguro?
-Porque estás caliente como una perra…

Ronroneó como una gata en celo en ese instante coincidiendo con que mi dedo se abría paso por su esfínter y probablemente empezó a sentir el calor del gel lubricante dentro de su ano.

-…y estás deseando sentir mi polla ahí.-rematé la frase.

Mi dedo se movía con facilidad ya en su ano mientras notaba como mis huevos se empapaban de nuevo pegados a su chocho. No sabía si era causado por su reciente orgasmo o por el lubricante en su culo, pero animado probé con el segundo dedo que entró fácilmente al estar embadurnado también en el gel.

-Este culito es tragón- dije acariciando mi polla con los dos dedos a través de la fina piel de su ano y su vagina- Me da que ya se ha tragado antes una polla.
-Pero no tan grande como la tuya…

“Me encanta que me suba el ánimo así” pensé teniendo en cuenta que nunca me vi precisamente pollón.

-Vas a metértela tú…-le dije.

Saqué mis dedos de su culo y mi polla de su chocho y le pedí que me hiciera hueco para sentarme con la espalda poyada en el respaldo de la cama. Ella me observaba a cuatro patas. Cogí más lubricante y lo extendí por encima del condón que llevaba puesto. “Espérame” en este caso esperaba a mis órdenes con una sumisión similar a la mostrada durante la mamada. Cuando terminé de untarme bien el nabo le pedí que se pusiera de cuclillas sobre mí pero ella en vez de hacerlo de frente a mí, como en su día Dani colocó a Blanca para romperle el culo por primera vez, lo hizo dándome la espalda. Pude ver en primera fila como mi churra se perdía dentro de esa enorme masa de carne entrando despacio con respiraciones cortas y pequeños resoplidos.

Al ser ella la que controlaba la enculada ni siquiera pregunté si le dolía. Pero tardó un buen rato entre pequeñas subidas y bajadas en completar el proceso. Su culo no era tan apretado como los que había probado anteriormente pero la visión de sus nalgonas y sus muslos y más de la mitad de mi nabo dentro me dio un morbo terrible, por lo que le pedí que se sentara del todo.

Su respiración seguía agitada pero ralentizándose. Cuando se dejó caer ensartada con mi trozo de carne hundido en su recto apoyó su brazo en mi pecho y giró la cara para preguntarme:

-¿Contento hijo de puta?
-¿Viste como entraba? Pues ahora te toca disfrutar.

Me miró extrañada dando a entender que era algo que hacía para darme gusto y no por el suyo propio, pero cogiéndola de los brazos hice que apoyara su espalda en mi pecho de modo que su peso cayera sobre mi abdomen y no en mis caderas. Coloqué sus muslos abiertos y busqué su raja con mi mano acariciándola. La chica empezó a estremecerse y notaba como contraía sus esfínteres. Yo, además tenía cierta libertad para apretando mis muslos y glúteos bombear ligeramente su culo bien lubricado.

“Espérame” empezó a gemir. Estaba funcionando. Y su esfínter me estaba exprimiendo la polla. Sentía como me ordeñaba cada vez que yo la penetraba. Además lo hacía al ritmo que mi mano le marcaba en su coño.

-Si llego a saber que los estudiantes sois tan morbosos me hubiese tirado a uno antes…
-No te equivoques, esto es marca de la casa…

Entre la follada anterior y mi triple trabajo en su culo con la polla, y su coño y sus tetitas con mis manos la chica empezó a estremecerse entre temblores con un grito ahogado irguiendo la espalda. Pareció ahogarse un instante como si fuese incapaz de llenar sus pulmones hasta que se derrumbó de golpe. Sus piernas temblaban y se escapaban gemidos dulces tras cada exhalación de aire.

Cuando su tercer orgasmo se fue apagando con mis manos acariciando su vientre la chica se levantó dejando mi polla durísima y moradísima a la vista. Pareció sorprenderse al verla de lo que había entrado por su retaguardia pero me miró diciéndome otra vez que era un cabrón. Me quitó el condón con algún restillo de heces tirándolo al suelo y sin asco de ningún tipo se metió mi glande en la boca apretándome las pelotas. No hizo falta demasiado para llenarle la boza de semen entre gemidos roncos. Sin decir nada se quedó relamiéndose echada en mi muslo acariciando mi polla exhausta. Se había tragado mi corrida.

No dije nada y me quedé en la misma postura observándola. Parecía pensativa de nuevo. No me atreví a decir nada y nos quedamos así un buen rato. Ya había anochecido hacía tiempo. Llevábamos más de media hora así con los dos en silencio sin cambiar de postura hasta que le dije que tenía que irme.

Se levantó dándose una ducha rápida. La dejé sola en el baño para que tuviera intimidad. Yo me quedé también pensando en lo que habíamos hecho aquella tarde, su confianza para ofrecerme su pecho que tanto la acomplejaba, la enculada…había sido intenso.

Cuando salió también me di una ducha rápida. Fui a besarla antes de vestirme pero me hizo una cobra.

-¿Me he pasado hoy? – pregunté alarmado- Pensé que…
-No, no es eso. Vámonos.

Salimos del hostal y ya en la calle me dijo:

-Luis, o Almutamid mejor. Ha estado bien pero no vamos a volver a vernos.
-¿Te he hecho daño? Podías haberlo dio, yo no…
-No, no. Eres un cabronazo follando, y un caballero.
-Pero…
-Pero no me voy a enganchar de ti. Imposible. No podemos volver a vernos. No me hables en la app que no te voy a contestar.
-¿He hecho algo malo?- pregunté con sentimiento.
-No. No. Al revés. Adiós…me alegro de haberte conocido, pero adiós.

Sin más se dio media vuelta y me dejó en la puerta del hostal. No me atreví a insistir.

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