ALMUTAMID

Cuando llegamos a la plaza que hacía las veces de estación de autobuses aquello era un reguero de gente cargando mochilas y útiles de playa desde los autobuses a sus alojamientos. Entre tanta multitud no vimos a Marta, pero mientras sacábamos nuestras mochilas de la bodega del autobús la oímos llamarnos.

-Por fin, jajajaja. Ya estáis aquí.- su cara era toda alegría. En ese momento lamentaba estropear ese buen rollo con mi confesión.

Tras los besos y abrazos de rigor Marta nos presentó a su amiga Chari. Una chica más alta que ella pero también delgada, muy morena de pelo y de piel. En realidad las dos estaban negras de tomar el sol en contraste con la blancura casi enfermiza de Ángela y mi tono intermedio. Además ambas venían ya totalmente playeras con sus bikinis bajo vestidos de playa, el de Chari estampado con transparencias y el de Marta calado mostrando su bikini anudado al cuello por debajo.

-¿Habéis comido?- preguntó Marta.
-Sí, unos bocadillos antes de subir al autobús-respondí.
-Guay, pues vamos al hostal a dejar las cosas y de cabeza a la playa, jajajaja.

El hostal estaba a mitad de camino entre la parada del bus y la playa. Era pequeño y algo antiguo. Al subir a las habitaciones Marta explicó lo siguiente:

-Bueno, en principio yo voy a dormir con Chari y vosotros dos juntos.

Pero Ángela comentó:

-Si a Chari no le importa yo puedo dormir con ella y así dormís juntos.
-Por mí no hay problema.-dijo la amiga de Marta.
-Bueno, paso mi bolsa a esta habitación…venga cambiaros y nos vamos, jajaja.

Nos fuimos cada uno a nuestra habitación. Afortunadamente tenían baño propio y aunque los muebles eran antiguos estaba limpia. Marta colgó alguna prenda en el armario para que no se arrugara pero yo ni deshice la maleta. Saqué las chanclas, el bañador y una camiseta para cambiarme mientras Marta me contaba lo que habían hecho desde que habían llegado esa mañana. Dudé si cambiarme en el baño pero había confianza sobrada así que me desnudé para ponerme el bañador mientras Marta no me quitaba ojo.

-A lo mejor nos podríamos retrasar un poco- dijo bromenado.

Yo con el bañador ya puesto me senté en la cama junto a ella y empecé a hablar nervioso:

-Tengo que hablar contigo y no quiero retrasarlo más.
-Luis, que nos vamos a la playa.
-Prefiero que lo sepas desde el principio para no tener equívocos.
-Luis ya sé que has enrollado con Claudia.
-¿Y cómo lo sabes?
-Ángela es amiga de los dos…
-¿Y no estás enfadada ni decepcionada?
-Tú yo no tenemos nada. No hay de qué decepcionarme.

Si frialdad más que sorprenderme me cabreó.

-¿Y ya está? ¿Cómo que no teníamos nada?- respondí subiendo algo el tono- ¿Me he acostado durante un mes con una niña con la que no tenía nada?
-Ya te lo dije, Luis. Tú tendrías algo. Yo no. Sabía que esto iba a pasar y ya estaba preparada. Por eso no quise llamar de ninguna manera a lo nuestro.
-¿Y los sentimientos?
-Tú no entiendes más que de los tuyos. ¿Qué más te dan los míos?
-Eres injusta. Pensé que no había nada entre Claudia y yo, y que tú eres mi chica. Pero la casualidad me ha hecho cruzarme con ella y darme cuenta de que aun sentía algo por ella. Pero tranquila no vamos a estar juntos. No vuelve a la residencia.
-Me da igual ella. Tú creías estar conmigo y me estás dejando ¿no lo ves? Déjalo estar. Somos amigos. Nos hemos liado una temporada y ya está…no jodas el fin de semana.

En ese momento llamarón a la puerta y Marta se apresuró a abrir.

-Ya estamos…

Ella salió como si nada pero yo si estaba incómodo. Ya en la calle me rezagué un poco con Ángela.

-¿Por qué no me habías dicho que Marta sabía lo mío con Claudia?
-No sabía si te ibas a enfadar pero pensé que sería mejor que ella lo fuese digiriendo.
-Pues me suelta que le da igual. Que no teníamos nada…
-Luis, Luis. Se quiere convencer de eso. Es su defensa.
-Pero me hace sentir fatal…
-¿Y cómo crees que se siente ella? Está haciendo de tripas corazón. No la cagues…

Por fin tras travesar calles llenas de bares tranquilos a esa hora llegamos a la playa. Era inmensa llena de sombrillas. Chari, habitual de allí nos comentó:

-Ahí a la izquierda es la zona más familiar cerca de los apartamentos y tal. Pero si queréis vamos allí al fondo que es donde se pone la gente joven y no tenemos que aguantar niños llorando ni madres llamándolos.

Aceptamos la propuesta y avanzamos por el paseo marítimo. Yo observaba como efectivamente iba cambiando del típico amiente de familias en la playa a una zona donde la gente era más joven. Aquello era una pasarela de moda de chicas de bikinis minúsculos de braga de tanga morenas por el sol con el pelo recogido en moños sobre la cabeza, muchas en topless y chicos muchos de ellos musculados con bañadores ajustados para marcar paquete. La mayoría de los grupos no eran mixtos, después supe que era un destino habitual de despedidas de soltero. Era una fiesta de la juventud y de la carne donde regía el deleite mutuo de los cuerpos del otro sexo, que se lucía con descaro con un vestir y un comportarse seguramente muy distinto al que seguían en sus ciudades. De hecho, los recovecos de la playa tenían fama de picaderos de las terrazas y discotecas que poblaban el paseo marítimo.

Por fin las chicas se asentaron en un hueco en una zona algo más alejada con cierta distancia hacia otros grupos. Colocamos las toallas, significativamente Marta en el extremo contrario de la mía. Me senté para echarme crema y cuando miré a las chicas las tres estaban en topless.

-No me hagáis esto- me quejé- que no soy de piedra.
-No mires si no quieres…
-A mí me ha dicho Marta que contigo no hay problema- me explicó Chari mientras se repartía crema por unas tetas más grandes pero más caídas que las de mis amigas peor muy morenas- que eres de confianza. Si normalmente lo hacemos no nos vamos a cortar contigo.
-Y con el resto de la playa…
-Luis, mira a tu alrededor, jajaja- dijo Ángela.

La mayoría de las chicas en aquella zona lucían sus pechos al sol, muchas de ellas por la blancura en contraste con el resto del cuerpo seguramente por primera vez ese verano. Parecía una auténtica liberación del pecho femenino. Tenía que comportarme y no parecer un salido. Pero tener a Marta en tetas me ponía nervioso a pesar de no ser precisamente una novedad, y lo mismo me pasaba con Ángela. Lo que para algunos sería el paraíso a mí en los primeros instantes me supuso un infierno. Afortunadamente las gafas de sol y el agua fría del Atlántico ayudaron lo suyo, aunque intentar evitar que te hagan una ahogadilla sin rozar una teta es bastante complicado. Al final el contexto marca demasiado los actos.

Pero pese a la apariencia de normalidad se había abierto un abismo entre Marta y yo mostrado con nuestros silencios. Nada que ver con Ángela y Chari que charlaban y reían probablemente intentando mejorar un ambiente del que seguramente venían avisadas las dos.

A la hora de hacer planes Marta pareció salir de sus cavilaciones y yo me dejé llevar opinando. Por fin nos miramos al hablar. Había tregua, o paces. La conversación se había quedado a medias. No sabía si me mandaba a la mierda o quería volver al status anterior a mi beso en el tren. Yo lo tenía claro, la quería mucho. Pero ella tendría que decidir.

Tras la puesta de sol nos volvimos al hostal. Tocaba ducharse, arreglarse y comer algo. Como las chicas tardan tanto yo me duché el primero. Cuando Marta me vio salir en calzoncillos de la ducha pareció ablandarse:

-Luis, tienes que echarte una crema aftersun. Te has quemado un poco.
-Pues no he traído.
-Ven anda, que eres como un niño.

Empezó a darme crema en los hombros y la espalda. Era el momento de rematar la conversación inconclusa de la tarde.

-Marta, lo siento. Nunca he querido hacerte daño.
-Lo sé Luis. Eres un inconsciente pero no una mala persona. Date la vuelta anda.

Mientras me masajeaba el pecho con la crema me dijo:

-La culpa es mía. Yo sabía lo que iba a pasar y aun así accedí. Me duele, pero no puedo obligarte a quererme como yo pensaba que te quería yo a ti.
-Princesa…-le dije abrazándola.
-No, no. Paso de dramas Luis. Estamos de finde en la playa y toca divertirse-se revolvió soltándose de mí.- Ten, termina de echarte la crema en la barriga y en las piernas y no te vistas hasta que no esté absorbida.

Diciendo esto se metió en la ducha.

Me tuvieron de chico de los recados casi una hora llevando y trayendo cremas, maquillaje e incluso ropa. ¿Por qué tendrán la manía de prestarse la ropa? Y con la confianza del topless de la playa paseándose en bragas delante de mí como si nada, y Chari con un tanga de hilo que me dejó contadísimo. Eso sí, cuando por fin se terminaron de vestir y maquillar me quedé anonadado. Tres bellezones, dos morenas y una colorada por el sol vestiditas en plan playero de noche para romper acompañadas de un seguramente invisible Luis eclipsado por sus amigas.

Cada una en su estilo, Ángela con un top negro muy escotado de espalda anudado al cuello y a la espalda con unos shorts blancos, Chari con un vestido con pechera de punto anudada también al cuello y toda la espalda al aire con falda de vuelo adivinándose el tanga oscuro cuando la luz la iluminaba, y Marta con un top corto verde botella palabra de honor con forro para que no se marcaran sus pezones con minifalda y minifalda abierta blanca.

Primero nos fuimos a cenar a una pizzería. La charla con Marta había relajado nuestro mal ambiente. Lo que me sorprendió era al ritmo en que estábamos bebiendo. Después de cenar nos compramos un lote de alcohol y nos fuimos a la playa a hacer botellón. Estaba bastante llena seguramente por la misma gente que habíamos visto por la tarde sólo que vestidos de otra manera. Los modelos femeninos eran todos espectaculares asomando carne morena por todas partes y demostrando la guerra declarada al sujetador con espaldas desnudas sin marca de bikini y algún escote demasiado valiente por el que casi se escapaba alguna teta.

Se notaban los grupos que estaban de despedida de soltero por ser sólo de chicos o chicas y por la fiesta que se traían sólo bebiendo. Aunque las bandas cruzadas, camisetas iguales y alguna diadema con una polla también eran significativos. Los grupos de chicos nos miraban y alguno se acercó más de una vez a pedir hielo o fuego como escusa para hablar con las chicas. Al final ocurrió lo inevitable y me vi mezclado con un grupo de 4 tíos que venían de Madrid y que evidentemente tenían más interés en las niñas que en mí.

Acabé hablando especialmente de fútbol con uno de ellos muy atlético pero del Atleti, de mi altura pero regordete mientras miraba de reojo a Marta reírle las gracias al más llamativo de los cuatro. Un tío alto, bastante fuerte con una camisa hawaiana bastante desabotonada presumiendo de unos pectorales desarrollados. Vaya dos fines de semana de cachitas que llevaba. No sé que habían visto mis ex en mí, pues tanto Viqui como Marta tonteaban con tíos fuertes habiendo salido con este canijo. “Guapo y fibrosillo” me decía a mi mismo mientras discutía con el chaval regordete si nuestras Europa Leagues tenían más méritos que las suyas.

Afortunadamente Ángela y Chari, que pasaban más de aquellos tíos, metieron prisa para ir a bailar a una terraza discoteca allí mismo en la playa cuando nos terminamos el lote pese a la invitación a bebida de los madrileños. Marta no protestó pero se le notaba que se habría quedado más. Las chicas se pusieron a bailar en aquella pista repleta de chicas de faldas y shorts cortos, mucho vestido y top blancos y cuerpos morenos o enrojecidos del sol rodeadas de chicos, muchos de ellos ligones profesionales de playa, con camisas hawainas abiertas para lucir musculatura y tatuajes. Yo me senté en un taburete observando toda aquella fauna mientras me tomaba una copa mucho más cara que las del lote.

Ángela de vez en cuando venía a buscarme para tirar de mí pero yo estaba reacio a bailar con ellas entre tanta gente guapa. Entonces vi que el cachas de Madrid regresaba y se paraba con Marta. El tío iba a por ella, pero conociéndola supuse que lo rechazaría. Pero por algún motivo me incomodaba. Ángela y Chari vinieron a tomarse algo conmigo pues estaban sudando con el baile mientras Marta seguía dándole cháchara al guapito. Hablando con las chicas me olvidé por un momento de ella.

Pero de golpe veo que Chari le da un pico a Ángela. Mi amiga se quedó cortada pero de inmediato sonrió y se lo devolvió. Bueno alguien triunfaba. Pero también me abandonaba un momento pues tras mirarse las dos con complicidad me dijo:

-Luis, Chari y yo nos vamos a dar un paseo por la playa. Te dejo aquí con Marta…no tardamos.
-Pásatelo bien…-le dije guiñándole un ojo ganándome una sonrisa franca que iluminó su cara sudorosa.

Me pedí otra copa pero al volver no veía a Marta. Se habría ido con el madrileño o quizá estaba en el baño. Pero pasó más de media hora en la que empecé a sentirme mal. No era mi fin de semana, estaba claro. Me merecía el castigo. Pero no me encajaba la actitud de Marta, muy distinta a la que tenía en la ciudad donde estudiábamos.

Las chicas regresaron de su paseo con miradas de complicidad. O se habían enrollado o habían hablado. Lo tenían fácil. Iban a dormir juntas.

-¿Y Marta?- me preguntó Chari.
-Ni idea. La he perdido de vista.-respondí.- Me estoy meando, si queréis voy al baño y a la vuelta me asomo por si la veo.
-Vale, porque estamos algo cansadas…-respondió Chari dando a entender que se querían ir al hostal y no dejarme solo.

Fui al baño pero había cola. Teniendo una playa enorme no sería fácil mear. Salí de los límites del chiringuito discoteca y me adentré en el arenal a oscuras a esa hora. No era el único que vaciaba su vejiga allí pues a cierta distancia se observaban otros tíos meando y algún grupo de chicas. Meé largo observando la luna en cuarto creciente y qué distinto habíamos planteado Marta y yo aquel fin de semana cuando nos despedimos un mes antes y como estaba siendo. Todo porque Claudia se había cruzado de nuevo en mi vida.

De regreso por la arena iluminado solo por la luna el corazón me dio un pálpito. Me pareció reconocer una figura en la oscuridad. Pero estaba lejos. No podía estar seguro. Y con esa luz. Llevado por la curiosidad en vez de regresar en línea recta hacia la discoteca me desvía haciendo una curva para ver mejor aquella figura. No era tanto la figura, que apenas se veía como la forma de una minifalda blanca.

El paseo marítimo ganaba altura hacia ese lado de la playa de modo que había que descender por unas escaleras de madera a la playa formando un balcón arriba que cubría el desnivel. Desde el paso no se veía lo que había debajo, pero desde la playa sí, pues es donde estaban las duchas y los servicios, ahora cerrados.

Para que nadie pensara que era un mirón me fui hacia una de las escaleras. La luz del paseo me impedía ver con nitidez, pero cuando ya me pude acercar lo suficiente a la escalera como a 10 metros de la figura que había llamado mi atención las luces de arriba no alcanzaban a iluminarme ni a cegarme. Esperé que la vista se me acomodara a la oscuridad y el corazón me dio un pálpito: era ella. La minifalda blanca era la suya. Me quedé parado en silencio tan nervioso y con el pulso tan acelerado que podía oír los latidos de mi corazón.

La escena me superaba. El chaval estaba apoyado en el muro con las bermudas caídas en sus tobillos. Marta estaba apoyada en su muslo y su costado con la minifalda en su sitio pero el top bajado a la cintura mientras el chaval le sobaba las tetas y ella a él la polla. Me quería morir. No eran celos. Era otra cosa. ¿Realmente Marta estaba despechada por mí y quería darme una lección? ¿O quizá es que se comportaba de forma diferente durante el curso y en verano? ¿Realmente solo había estado conmigo en año y medio y de golpe se enrollada con el primer guaperas que se le cruzaba? No eran celos. Eran dudas. Era indignación.

Mientras yo seguía paralizado escuchaba las eses de los susurros del chico y ella parecía reír lo que le decía que yo no alcanzaba a entender. Quise salir huyendo de allí pero no quería dar explicaciones a las chicas. Paralizado me escondí detrás de una escalera. Lo primero que se me ocurrió fue mandarle un mensaje a Ángela.

“Hay cola para mear, me voy a la playa. No he visto a Marta. Llamadla vosotras.”

Al momento sonó el teléfono de Marta. Se agachó a cogerlo de su bolsito.

-Sí. No.-oí que decía- Estoy en la playa. Sí, jiji.

Ella hablaba apoyada de espaldas en él mientras las manos del tío no abandonaban sus tetitas que tantas veces habían sido mías pero también paseaban por sus muslos amenazando colarse dentro de su falda.

-Tía- siguió diciendo Marta- Iros con Luis al hostal, yo voy directamente. No tengo llave, no. La tienes Luis. Bueno tendré que llamar. Ya os cuento…sí, sí. Adiós…

Colgó el teléfono y retomó la postura inicial sin olvidarse del nabo del madrileño. De nuevo susurraban y no podía entenderlos. Ahora se besaban. Yo no necesitaba más. No entendía lo que pasaba pero ya era suficiente lo que había visto y oído. Si era su forma de demostrarme que estaba dolida conmigo no encajaba con sus palabras y su comportamiento anterior.

Sigilosamente subí las escaleras. Arriba recibí un mensaje de Ángela:

“Nos vamos al hostal. ´Marta va para allá directamente. No la esperes.”

Obedecí andando por las calles llenas de gente aun de marcha. No. Demasiado natural. No parecía una actitud impulsiva. Simplemente le daba igual me presencia y quería divertirse. Era libre. Y más después de mi comportamiento. Pero ¿era la primera vez? ¿Realmente no había estado con nadie todo el tiempo que decía haber estado colada por mí? Eso sí me mortificaba. Recordé entonces como habíamos empezado. Había sido ella. Me había buscado, se había dejado sobar por mí. Vale, ella no había buscado al tío ese pero desde luego se la veía muy a gusto meneándole la polla y dejándose sobar las tetas. Y yo agobiado. Me repetía una y otra vez: “Imbécil…”

En una calle cerca ya del hostal me crucé con una despedida de soltera. Entre guasa y risas me rodearon y una de ellas me dijo:

-¡Guapo! ¿Dónde vas tan solo? Nos hemos quedado sin boy, ¿por qué no nos haces tú el streaptease?

Ni contesté. Seguí mi camino. Para tonterías estaba yo. Por fin llegué al hostal. Fui a avisar a las chicas pero caí en la cuenta que se estarían dando el lote. Para eso tenían prisa. Entré en la habitación. Me desnudé quedándome en calzoncillos, meé y me fui a la cama, pero evidentemente no podía dormir. La indignación me podía. Y juro que no eran celos. Menuda me lía si lo hago yo delante de sus narices. Joder. ¿Y por qué no lo haces? Luis- me decía a mí mismo- no sabes ligar como ese tío. Lo tuyo es de otra forma. Y últimamente lo has hecho fácil.

Cogí el móvil. Miré la app. Efectivamente tenía conversación abierta con tres chicas: “Espérame”, “Gatita” y la de la silueta bonita. Les escribí a las tres.

A “Espérame” le planteé quedar directamente el lunes.

A “Gatita” le pedí que me avisara cuando estaba libre para tener otra charla tan agradable.

A la silueta misteriosa directamente le dije que me provocaba una enorme curiosidad y quería saber más de ella.

Apenas media hora después de acostarme y cuando ya había terminado de mandar los mensajes en la app llegó Marta. Entró en la habitación de forma sigilosa y se metió en el baño encendiendo la luz. Ni se fijó si yo dormía o no. Al poco y tras sonar la cisterna salió. Se había quitado la falda y la tiró sobre su maleta. Después se quitó el top palabra de honor quedándose sólo con las braguitas. Se fue de nuevo al baño a lavarse los dientes. Regresó apagando la luz del baño y se metió en la cama a mi lado.

-¿Piensas dormir así?- le dije.
-¿Estabas despierto?
-Ya ves. Teniendo en cuenta que ya no somos nada no pega que duermas en tetas.
-¿Pero a ti qué te pasa?- preguntó cabreada.
-Sólo te estoy diciendo eso, que me incomoda que duermas así.
-Que te incomoda a ti. ¿Qué pasa? ¿Qué quieres un polvo o qué?
-Yo no he sido borde, aparte creo que ya vienes servida ¿no? No creo que te hayas ido con el tío ese a leer un comic…

Marta se levantó de la cama muy enfadada y dijo:

-Luis paso de ti, vete a la mierda. Es que no voy a dormir contigo.

Se puso una camiseta con brusquedad y salió de la habitación. Oí como llamaba a la habitación de las chicas y que entraba sin esperar respuesta. No oí que hablaron dentro pero a los pocos minutos apareció Ángela en mi habitación.

-Habéis discutido.-me dijo conciliadora.
-Le he dicho que me incomodaba que durmiera en tetas y se ha puesto hecha una fiera.
-Compréndela- respondió- está dolida contigo.
-Lo dudo. Cuando fui a mear la pillé liándose con el tío cachas ese.
-Joder. Eso no me lo esperaba. ¿La estabas espiando?
-Nooooo. Al volver de mear los vi por casualidad. Reconocí su falda.
-A lo mejor no era ella. Al pasar por el lado oí su voz.
-Vale…puede ser. Ha estado mucho tiempo con ese tío. ¿Te sientes mal por eso?
-Me siento mal por muchas cosas.

-Angela se echó en mi hombro y me dijo:

-¿Quieres contármelo?
-Alguna te afecta.
-Con más razón.
-Bueno, voy por partes. Me siento mal por como me he portado…
-Eso te honra…
-Me siento mal porque le contaras lo mío con Claudia.
-Te lo ha dicho…
-Sí…
-Perdóname Luis. No quería hablar de ti a tus espaldas, pero me pareció que Marta debía saberlo para ni vivir de ilusiones.
-Ya da igual pues está claro que yo no era tanto para ella. Sólo el tío que se tiraba en la universidad. Fácil de sustituir…
-No seas injusto- se quejó Ángela.
-La he pillado con ese tío.
-Estarían hablando en un sitio retirado.
-Una charla muy divertida, con las tetas al aire y sobándole la polla.

Ángela se quedó en silencio cortada. No se esperaba de Marta lo que yo le describía. Por fin habló corroborando mi sospecha.

-No me pega de ella. Así de pronto. ¿Despecho?
-Lo dudo. Lo ha ocultado. Simplemente le ha dado igual. Me da por historia pasada y ha ido a lo suyo.
-Bueno, tiene su derecho.
-Es verdad. Pero ¿tan pronto? ¿tan fácil?
-Ya…y contigo aquí. Pobre Luis. Y yo egoístamente a lo mío…
-No tengo nada que reprocharte. Tienes derecho a divertirte. Para eso hemos venido. Has mojado, mira que suerte.
-Bueno…
-¿Y eso?- pregunté sorprendido por su comentario.
-Chari no es lesbiana. Quería probar con una tía y Marta le dijo que yo lo era. La chavala muy ansiosa pero a la hora de la verdad se ha echado atrás dejándome con un calentón que no veas. Un corte después las dos calladas en la cama sin saber qué decir. Marta en el fondo me ha hecho un favor.
-Qué desastre de fin de semana. Menos mal que nos tenemos.- le dije apretándola contra mi pecho.- Oye…
-¿Qué?
-Yo te bajo el calentón rápido…
-Jajajaja. Ains, Luis…anda vamos a dormir que ya amanece.

El desayuno no fue precisamente agradable. Entre las resacas y los silencios cruzados no parecíamos desde luego el grupo más divertido. De hecho insinué que haría la maleta y me volvería a casa pero Marta se disculpó con Ángela y conmigo por sus malos modos de la noche. Casi nos suplicó que nos quedáramos sobre todo cuando Ángela dijo que me acompañaba de vuelta pues se sentía mal por haberme dejado tirado la noche anterior. Buena indirecta de mi amiga.

Pese a mis lamentos al mediodía estaba de nuevo en la playa con las tres chicas en topless en una playa mucho más abarrotada que la tarde anterior por la llegada de muchos domingueros, grupos de jóvenes como nosotros que venían a pasar el día. Las miradas descaradas a las tetas de las chicas que las lucían en la playa eran constantes pero yo ya empezaba a acostumbrarme e incluso ayudado por mis gafas de sol tampoco me cortaba al observar a chicas de otros grupos.

Pero llegó la molestia. Con lo grande que era la playa justo tenían que pasar por allí el grupo de los cuatro madrileños. El cachas saludó afectuosamente a Marta quizá sorprendido de que todo el mundo pudiera ver los pechitos que la noche anterior el había disfrutado en exclusiva. Se quedó un rato charlando con ella que se comportada cortada delante de él mientras sus amigos montaban sombrillas toallas y neveras unos metros por detrás nuestra tras habernos saludado. Viendo que Marta no estaba tan suelta como la noche anterior el tío se despidió con dos besos con la intención de verse más tarde.

Quise pincharla pero tras la charla del desayuno no lo vi oportuno. Incluso durante un baño Marta se mostró juguetona conmigo intentando darme alguna ahogadilla mientras yo resistía rígido con su peso en mi espalda. Tuvo que venir Ángela en su auxilio para intentar poner orden mientras Chari, más relajada ya con mi amiga, se reía. Parecía que los malos rollos de la noche anterior se disipaban. También colaboró que yo me dejara enterrar salvo la cabeza bajo la sombrilla. Las apariencias engañan. Y quien parecía el rey de aquella playa jugando con tres niñas guapas en realidad disimulaba el escozor que llevaba dentro por la extraña actitud de Marta aquel fin de semana, tan ajena a lo que me habría esperado. Pero, total, mejor así que con dramas. Ni siquiera iba a rematar la conversación pendiente. Llevarnos bien sin más y dar por rota nuestra relación, que al parecer sólo existió en mi cabeza.

Ya por la tarde el cachas volvió a la carga. Se ve que el revolcón de la noche anterior le había sabido a poco y quería insistir con Marta. Dándomelas de generoso le dije que no se cortara por mí. Pero me dijo que yo no tenía nada que ver dejándome cortado. Seguramente mentía pero quedaba bien delante de mí. Aunque ella no sabía que yo la había visto.

Cuando se fue el sol repetimos la operación de la noche anterior. Regreso al hostal y ducha. Pero ya estábamos cambiados de habitación. Yo me duché primero y mientras las chicas se arreglaban me fui a comprar unas pizzas y bebida. Cuando llegué media hora más tarde aun seguían sin vestirse. Sólo Ángela estaba ya arreglada. Decidimos llevar la comida a la habitación de las chicas e ir comiendo y bebiendo mientras se terminaban de vestir.

Ver a Marta pasearse en bragas era algo a lo que estaba acostumbrado, pero que Chari lo hiciera delante de un tío que acababa de conocer y de la tía con la que se había querido enrollar la noche anterior me desconcertaba. Y más con el tanga que llevaba puesto. Ángela y yo nos mirábamos mientras comiendo mientras se alisaban el pelo o se maquillaban entre mordiscos a la pizza.

Por fin salimos con las chicas de nuevo bastante rompedoras. Ángela con camiseta de tirantas y short, casi como el día anterior, no rompía su estilo. Marta con un vestidito ajustado de pecho con dos tirantitas finas y falda de vuelo. Y Chari con una minifalda minúscula ajustada (no podría sentarse en toda la noche) y un top anudado al cuello y la espalda. Los sujetadores debían haberse quedado en sus respectivas ciudades porque ninguna lo llevaba. Yo no quise desmerecer y me puse unos chinos azul marino con una camisa blanca por fuera. Marta además me desabrochó un botón de la camisa para que asomara parte de mi pecho. También se había preocupado en colocarme el pelo sobre la frente tras aplicarme espuma. Estaba desde luego más normal y relajada.

De nuevo compramos un lote y nos fuimos a una playa también más llena que la noche anterior. Y por supuesto al rato apareció el cachitas por allí. Ya empezaba a resultarme pesado. Y más porque esta vez se apartó para hablar con Marta que debió decirle algo de mí pues el tío me miró por un momento. La novedad esta vez es que intercambiando refresco con dos chicas que estaban al lado nuestra empezamos una conversación con ellas y acabamos todo el botellón de charla, al menos nosotros tres, pues Marta seguía hablando con el madrileño que estaría intentando llevársela al huerto.

Las chicas eran extremeñas. Iban a venir tres pero una había suspendido y se había quedado estudiando pero ellas no habían renunciado a escaparse. Tenían 18 y 19 años, acababan de llegar esa mañana y no conocían a nadie. Por supuesto las invitamos a venir con nosotros. No eran especialmente guapas, una era bajita y gordita, pero la otra tenía una cara agradable aunque con los ojos demasiado grandes para una carita pequeña y aniñada, pero lo compensaba con un modelo que seguramente se había comprado para la playa, un mono corto con toda la espalda al aire que daba libertad a dos tetas de buen tamaño que pude ver de reojo al agacharse a coger hielo.

Debimos darles bastante confianza pues se quedaron con nosotros hablando de la universidad. Me recordó al fin de semana en que conocí a Viqui la primera vez que regresaba a mi ciudad desde la residencia y acabé enrolándome con ella.

Como la noche anterior nos fuimos después a una terraza discoteca, pero una diferente. Nos fuimos los cuatro con las dos chicas extremeñas. Allí de inmediato las chicas se pusieron a bailar salvo la extremeña gordita, Ángela y yo. La chica no me quitaba ojo, tanto que Ángela me dijo:

-La tienes en el bote…
-No sé- respondí modesto- de todos modos, no es mi tipo.

Para dárselo a entender sin ser grosero me fui con su amiga a hacer el chorra bailando antes de preguntar quien quería una copa. Lo sorprendente es que la otra chica también me reía las gracias. Les había caído en gracia. O simplemente habían visto en mí la víctima propicia para apuntarse un rollo de verano.

No estaba en mi mente darme un revolcón con ninguna después de lo pasado la noche anterior. Además había quedado con “Espérame”. Caí entonces en la cuenta de que no había mirado si me había respondido en todo el día. Con la excusa de ir a mear aproveché para abrir la app en el móvil y comprobar las respuestas. Efectivamente me había respondido. Me preguntaba si me venía bien el lunes por la tarde y respondí afirmativamente emplazándola en el mismo centro comercial donde habíamos quedado la primera vez. Para no parecer brusco le conté que estaba de finde en la playa.

“Gatita” también me había escrito. Tenía turno de noche ese fin de semana pero descansaba el lunes y el martes. Podíamos charlar esas noches. Le dije que me lo había pasado muy bien charlando con ella y que me gustaría repetir así que la buscaría tardecito como la otra vez.

La silueta misteriosa no me había contestado, por lo que supuse que pasaba de mí aunque la primera vez también tardó en responder.

Cuando volví con el grupo empezó a torcérseme la noche. Los madrileños estaban en la discoteca. El gordito hablaba con la extremeña gordita, el cachas con Marta, otro con Chari y el cuarto escoltaba a Ángela y la extremeña alta que no le echaban mucha cuenta. Cuando me vieron aparecer tiraron de mí. Se ve que el chaval había tonteado con ellas y buscaban mi protección. De hecho me extrañó que la chica me agarrara para bailar tomándose una confianza que no tenía antes. Miré de reojo a Marta. Mantenía la misma actitud de la noche anterior charlando amistosamente y riendo con el tío. Parecía haber perdido los remilgos de la tarde y el botellón.

En un impulso seguí la corriente a la chica extremeña dando vueltas como si bailáramos algún ritmo latino obteniendo sus risas y sobándole bien la espalda a la altura de la cintura. Ángela me miraba como preguntándome si sabía lo que hacía. Pero cuando me tomé un descanso para sentarme en el taburete aprovechando que las dos chavalas se iban a mear le dije que no tenía intención de hacer nada, pero que me lo estaba pasando bien. Su respuesta me dejó sorprendido:

-Luis, haz lo que quieras porque aquellas dos lo van a hacer…

Miré hacia el resto del grupo y me quedé muy cortado viendo a Chari besándose con el chaval mientras que Marta se iba de la mano del chico, de nuevo sin decir nada.

-¿Y tú?- pregunté.
-Ayer te dejé tirado. Mira, si quieres llevártela al hostal sólo tienes que avisarme.
-Estás locas. No estoy en eso…
-Yo no te voy a poner pegas.
-¿Y tú qué vas a hacer?
-Estoy bien aquí, tengo ganas de bailar y esta niña- refiriéndose a la gordita- es muy apañada. Ella esperará a su amiga como yo al mío.

Le sonreí pero le quité importancia. Sin embargo, pasando el tiempo empecé a imaginarme a Marta con ese tío como la noche anterior y mi cabreó empezó a crecer. Lo disimulé bailando pegado con la chica, que no se molestaba con mis roces y sobadas de su espalda y cadera así que impulsivamente le pregunté si me acompañaba a dar un paseo. La chica asintió pero antes se fue a consultar con su amiga que aparentemente le dio permiso.

Cuando volvió a mi lado con su bolsito colgado le tendí la mano para salir de la terraza-discoteca y me la tomó. Salimos a la arena. Me quité los zapatos y me remangué los pantalones. Ella se quitó las sandalias y atravesamos el arenal hasta la arena húmeda. En realidad no sabía que hablar con ella ni como atacarla dada mi escasa experiencia en estos rollos de playa así que se me ocurrió hablar de los estudios, de lo que iba a hacer el siguiente curso y tal.

Un rato antes apenas había reparado en ella ahora tenía ganas de besarla, pero no sabía como hacerlo. Lo primero que se me ocurrió fue cogerla por la cintura mientras hablábamos y no me detuvo. Así caminamos un poco mas alejándonos de la discoteca por la playa. No sé si la chica se impacientaba o era tan novata como yo, pero me paré y girándome hacia ella le dije:

-Tengo ganas de besarte.

No respondió pero se quedó mirándome como invitándome a hacerlo. Posé mis labios en los suyos que resultaron suaves y mullidos al contacto de los míos. La chica dejó caer sus brazos como si se quedara floja. Separé la cara y le sonreí. Tenía los ojos cerrados pero los abrió y me devolvió la sonrisa. La besé de nuevo ahora ya ofreciéndole mi lengua. La recibió gustosa con unos gemiditos muy suaves. Pasé mi mano por su espalda para pegar mi cuerpo al suyo al besarla. Estuvimos un rato comiéndonos la boca e intercambiando nuestras lenguas hasta que le dije:

-¿Quieres que vayamos a un sitio más tranquilo?

La chica asintió sin contestar. La tomé por la cintura de nuevo esta vez colando mi mano dentro de su mono escotado para tocar su piel. Se estremeció un poco pero se la veía decidida a enrollarse conmigo pues ella me cogió también de la misma forma colando su mano bajo mi camisa. Nos dirigimos hacia el paseo marítimo. De golpe me dio un pálpito. Había ido a parar al mismo sitio donde había pillado a Marta la noche anterior. Sin embargo al llegar al muro oculto bajo la pasarela de madera no había nadie allí.

Nos escondimos de la luz y apoyé mi espalda en el muro. Ella se puso frente a mí besándome de nuevo. Era casi de mi altura. Yo la besaba y acariciaba su espalda mientras ella se pegaba a mí. Pude sentir sus tetas bajo la tela de nuestras ropas sin sujetador que las atrapara y quise tocarlas pero no sabía cómo. La di la vuelta pegando su culo a mi erección y empecé a besarle el cuello repitiendo los gemiditos de cuando la besé por primera vez. Tras eso colé mi mano en su mono acariciando su barriguita que subió y bajó acompañando con una risa nerviosa.

Tras morder suavemente los lóbulos de sus orejas y notando que no expulsaba mis manos del interior de su vestido me atreví a subir a sus pechos. Lo hice de forma un poco brusca y la chica se revolvió. Las aparté rápidamente y me disculpé.

-Es que no me lo esperaba…-se justificó.
-He sido brusco, lo siento. Es que no acabo de creer la suerte que he tenido esta noche contigo, que me lleve a la playa una chica tan guapa como tú…-le susurré al oído.

Noté que se relajaba y volví a subir mis manos hasta rozar la base de sus tetas. Esta vez al sentir mis dedos en la piel de sus senos no me detuvo y volví a besar su cuello. Cuando las palamas de mis manos envolvieron dos buenos pechos comprobando como su pezón se endurecía la chica gimió y empezó a mover las caderas frotando su culo contra mi paquete.

-Madre mía…-suspiré mientras comprobaba que mi pareja de esa noche tenía ganas de marcha.

No me lo pensé y solté una teta para bajar esa mano por su barriga. El elástico que ajustaba el mono a su cintura y el de las bragas no fueron obstáculo para colarme en su prenda interior y tras acariciar un pubis recubierto con una ligera capa de vello muy suave descubrir unos labios que se abrían por la presión de mi dedo que se humedeció de inmediato con el flujo que manaba de un chochito caliente. Sus gemidos y suspiros aumentaron mientras mi dedo se paseaba por su raja y apretaba más su culo contra mi paquete incómodo ya en la cárcel de mi ropa.

La chiquilla esta desatada pasando sus brazos por mi cuello mientras ella ahora mordía mi oreja dejando caer su cabeza en mi hombro. Mi dedo ya no acariciaba perdiéndose en su coño mojado. El resultado fue bastante rápido con unos gemidos y grititos ahogados en mi oreja mientras temblaba empapándome la mano.

Saqué mi dedo de su chocho sin dejar de acariciar su pubis y su teta dejando que se recuperara con su risilla nerviosa. Se había derretido en mis manos en apenas 5 minutos. Pero mientras esperaba qué hacía me di cuenta que mi vista se había acomodado a la oscuridad y veía perfectamente la playa.

A mi derecha vi un bulto en la arena como a 50 metros. No podía ver quien era pero sí que se percibía a una chica sentada sobre un chico tumbado aparentemente cabalgándolo. El corazón se me aceleró pensando que era Marta pero de inmediato vi a una pareja que venía andando por la playa como yo mismo un instante antes. Me fijé bien, un tío bastante grandote con una niña paqueñita caminando abrazada a su pecho. Esperé que avanzaran un poco. Ahora ya no había duda, eran Marta y el madrileño los que caminaban. Y venían hacia donde yo estaba. ¿Qué pasaría si me reconocía?

En ese momento dudé si irme dejando satisfecha a la extremeña o provocar el encuentro incómodo. El azar decidió por mí. O mejor dicho, mi pareja, pues girándose se lanzó de nuevo a por mi boca sorprendiéndome de golpe agarrándome el paquete con algo de fuerza.

-Cuidado…que me gases daño…-me quejé.
-Perdón. Sólo quería acariciarte como tú a mí.

La decisión sobre qué hacer ya estaba echada. Me desabroché el cinturón y el pantalón y le dije a la chica:

-Así será más fácil…

Ella metió la mano en el calzoncillo acariciando mi polla dentro con más cuidado para proceder después a sacarla y empezar a pajearme con cierta torpeza.

Si me pillaba iba a ser como yo a ella la noche anterior…

Realmente la chica pe estaba pajeando fatal. Más que placer me estaba haciendo daño y se lo hice saber:

-Despacio que me haces daño…
-Perdona…

Tomé su mano para que agarrara con delicadeza mi nabo y le marqué como hacerlo mientras con la otra mano metida dentro de su vestido yo le sobaba una teta. Aún así podíamos estar una vida entera allí y no me iba a correr. Pero no quería que la chavala se sintiera mal. Pero además la pareja que yo creía que eran Marta y el madrileño se habían tumbado en la arena y no veía lo que hacían. ¿Qué estaba yo haciendo allí? Ni siquiera me lo estaba pasando bien.

Ahora no sabía como salir de allí sin ofender a la chiquilla. No la iba a volver a ver pero tampoco quería hacer que se sintiera mal por mí. No necesitaba correrme, si había quedado dos días después con “Espérame” podía llegar bien caliente. Se me ocurrió pedirle algo que se negara y así no se sentiría culpable.

-Así vamos a tardar mucho- le dije susurrándole al oído- pero si me la chupas…

La chica se detuvo un momento dejando de mortificarme la churra con su torpeza pero sin soltarla. Estaba esperando que me dijera que no para disculparme e irnos. Seguramente en su mente pasaba meterse mano con un chaval en su escapada playera pero nada más. Parecía dudar como decirme que no mirando hacia abajo.

-Perdona-me disculpé pensando en vestirme ya- no quería incomodarte.

Pero sin decir nada la chica se agachó delante de mí y poniendo cara de cierto asco pasó su lengua por mi glande. ¿Era su primera mamada? Pareció no desagradarle del todo y repitió el lengüetazo. Hacía un extraño gesto con la cara que yo no llegaba a ver ni descifrar. Por fin rodeó mi glande con sus labios saboreándolo. Pese a mi higiene habitual debía de haber algo de orín, pero la chica cerrando los ojos cerró sus labios apoderándose de mi glande y pasándome la lengua por él. Eso me gustaba más y lo reconocí con un gemido ronco.

-Un poquito más- le pedí.

La chica hizo el esfuerzo de intentar mamar pero me rozaba con los dientes.

-Cuidado con los dientes…por favor.

Su torpeza con la mano se asemejaba a su falta de experiencia mamando. Le indiqué que me chupara el glande mientras con la mano me pajeaba el tronco. La situación era un poco surrealista porque no sé si la chica estaba disfrutando con lo que hacía pero yo desde luego no mucho. Quería correrme y acabar con aquello. Pero era difícil, así que cerré los ojos e intenté pensar en algo que me excitara mucho. Curiosamente lo primero que se me vino fue la visión del culo de “Espérame” en pompa, supongo que por cercanía en el tiempo. Después recordé momentos de los polvos con Marta y hasta el momento en que descubrí las tetas de Alba en el callejón en Feria. Esas visiones me fueron relajando y entre la lengua de la chica y el meneo que me estaba dando a la polla sentí que me venía el orgasmo. La avisé y la niña se levantó presurosa temerosa de mi churretazo mientras yo me pajeaba y ella me acariciaba el muslo y el culo. No fue una corrida intensa ni mucho menos, incluso peor que con algunas pajas que me había hecho yo en mi época de pajillero por necesidad.

Cuando terminé me recompuse agradeciéndole su “esfuerzo” mintiendo sobre lo bien que había estado por halagar a la chica y le propuse volver por la playa como habíamos venido. Al pasar por entre las dos parejas tiradas en la arena pude ver que Marta no era ninguna de las chicas pues a pesar de la oscuridad la ropa que se veía no se correspondía ni con la suya ni con la del cachas. Volvimos por la playa con la chica abrazada a mi cintura mientras charlábamos.

Antes de llegar a la discoteca me detuve y le pregunté:

-Sé sincera, ¿te lo has pasado bien?
-Claro- respondió con una sonrisa.
-Pensaba que te había forzado a algo que no querías.
-No era así, Luis.-me respondió cortada- es que era mi primera vez.
-¿Con un chico??
-Noooo, jajaja.
-La primera vez que chupo…
-¿Y qué te ha parecido?
-Pensaba que me daría asco, pero no ha sido así.
-¿Te ha gustado?
-No lo sé todavía jajaja. Ha sido todo muy raro…
-Bueno, entonces soy doblemente afortunado porque te viniste conmigo y porque te apeteció hacerlo…

Le di un pico y entramos a la discoteca. Me sorprendió encontrarme sólo a las chicas. La extremeña se fue corriendo a hablar con su amiga seguramente para contarse su “aventura” mientras que yo pregunté extrañado a Ángela qué había pasado con los madrileños:

-A los 5 minutos de irte vino Marta sola y Chari está con el chaval que se ha quedado con ella aquí, mira.

Efectivamente Marta y Chari bailaban con un tío que reconocí como el amigo del cachas con el que se había ido antes.

-Entonces, Marta ¿no?

Ángela se encogió de hombros negando con la cabeza. Empecé a sentirme mal. Me había enrollado con esa chicas queriendo demostrar realmente no sabía qué pensando que Marta se estaba follando al cachitas y ahora el que estaba quedando claramente mal era yo. Para disimular me fui a bailar donde ellas haciendo el tonto mientras las dos extremeñas no dejaban de cuchichear mirándome.

-¿Oreja y rabo?- me preguntó Marta con símil taurino.
-Vuelta al ruedo…y poco más.
-No tienes arreglo.
-¿Y a ti qué te ha pasado? ¿No te gustaba ese tío?
-Sólo era un rollo de playa, y me estaba presionando demasiado.
-Sé que no tengo derecho a decirte esto- me sinceré- pero estaba celoso.
-No tienes arreglo de verdad, Luis. Hasta que no pongas orden en tu cabeza y en tu corazón no vas a ser feliz y vas a dejar mucha infelicidad.
-Lo siento.
-No te preocupes cuando volví contigo ya no te quería igual. Ha sido un empeño inútil porque sabía que no funcionaría ni por ti ni por mí. ¿Tienes celos Luis?
-Ya no.
-Pues haces bien. Porque este chaval no ha sido el primero del verano. Me estoy desintoxicando de ti y este fin de semana ha sido una buena terapia para ver todos tus defectos.
-Gracias…
-Tienes tus virtudes, pero son tus defectos los que me curan. Eres una droga pero me he desenganchado.
-¿Tocar otra churra te desengancha?

Me miró extrañada por lo explícito de mi pregunta y negando con media sonrisa me respondió:

-Luis, me desengancha no pensar en ti al hacerlo. Ser libre de la carga que me suponía vivir colgada por ti mientras tú vas dando bandazos de una chica a otra creyendo que estás enamorado de todas cuando en realidad no lo estás más que de tu ego. Ni siquiera estás enamorado de Claudia. Ella sólo representa un recuerdo bonito para ti, pero no compartís los objetivos ni los deseos. Lo vuestro es atracción física nada más, pero eso se apaga rápido. A mí me ha costado más de un año desengañarme del todo. Pero ahora ya soy libre. Me da igual que te hayas ido con esa niña, yo no fui con el madrileño por pesado pero estaba muy bueno. No me apeteció como me podía haber apetecido. Y no, no tengo remordimientos por ti. Por eso sé que estoy curada…
-¿Y entonces qué somos tú yo ahora?
-Lo que no hemos sido nunca, amigos…

Sus palabras me entristecieron pero yo debía mantener la compostura. Entonces Chari nos interrumpió. Le preguntó algo a Marta en privado. Cuando terminaron de hablar ésta se despidió contenta y se fue con el chaval de la mano.

-Mira Luis voy a abusar de nuestra amistad e las primeras de cambio.

La miré extrañado y continuó:

-Chari me ha pedido la llave para irse con el chaval a la habitación del hostal y eso significa que me tenéis que hacer un hueco en la cama.
-No hay problema. Pero como amigos…
-Pero que tonto eres Dios mío. Acabo de rechazar a un tiarrón buenísimo, oye y bien armado- me dijo para picarme- y no voy a acabar con el canijo del que me estoy olvidando.

Le di un abrazo de reconciliación y Ángela que nos observaba bajó donde estábamos y sonriendo nos abrazó también diciéndonos:

-Cuánto me alegra veros así…

Decidimos que ya era hora de irnos a dormir. Nos despedimos de las dos extremeñas que decidieron también irse. Coincidimos parte del camino y al llegar al punto de separación nos dimos un muerdo de despedida. Cuando ya nos quedamos solos Marta comentó:

-No habrás roto otro corazón.
-Lo dudo. Ni me ha pedido el teléfono. Sólo he sido una raya en la culata de su pistola. El tío con el que me enrollé en la playa.- respondí.
-Bueno- añadió Ángela- los tres hemos tenido nuestras historias, nuestros líos y hasta alguna aventura pero aquí estamos los tres. Y ayer por la mañana me temí lo peor.
-Si superamos los problemas es que aquí hay algo más que conveniencia.
-Si soy sincero- dije intentando ponerme serio- yo he metido la pata, pero vosotras también.

Las chicas se miraron y riendo dijeron a coro:

-Pero tú más…jajajajaja.

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