ALMUTAMID

La aparente frialdad de Alba al referirme que me había visto despedirme de Claudia fue sólo un espejismo vista su actitud en los días siguientes. A finales de julio se celebran las fiestas patronales de nuestro barrio. Son muy antiguas y aparte de competiciones deportivas, actuaciones musicales y tómbolas, el centro de la celebración se sitúa en el río. En la orilla de nuestro barrio se levantan casetas de lona, más pequeñas y abiertas que las de la Feria, en las que hermandades, asociaciones de vecinos, clubes deportivos o partidos políticos ponen sus barras y cocinas para comer las tradicionales sardinas asadas frente a puestos de avellanas verdes. Todas las noches, pues el calor del día lo hace imposible, de los cinco días que dura la fiesta las calles más cercanas al río y sobre todo la que lleva su nombre, se inundan de gente deseosa de tomar cerveza fría, sardinas y buenas tapas.

Se convierte en un reclamo para la diversión. El viernes por la noche decidimos dar un paseo por la Velá los cuatro gatos que nos habíamos quedado en la ciudad, o mejor dicho tres, Viqui, Alba y yo. Las dos parejitas se habían ido de fin de semana y otros amigos míos se habían montado otros planes menos tradicionales. Pero Alba estaba como siempre. Mejor dicho era otra vez la de Semana Santa y Feria, más alegre, habladora, menos cortada y con ganas de divertirse. Mi recelo cuando me dijo que quedáramos se disipó en cuanto la recogí y estaba mucho menos cortante que el día que sus padres me llevaron en el coche.

Cuando sonreía es que estaba hasta más guapa, con el pelo recogido en una especie de moño desaliñado y con unos shorts anchos que hacían parecer sus piernas más largas aún sobre sus sandalias. El top de tirantas que contenía con dificultad sus enormes pechos también colaboraba en que Alba luciera espléndida. Viqui no le iba a la zaga con un vestido ajustado de minifalda con tirantas luciendo su moreno.

Empezamos viendo un rato aun de día las famosas cucañas en el río, en la que chavales competían por ser el primero en atrapar la bandera situada al final del mástil engrasado en una barcaza sobre el río. Los patinazos, caídas y chapuzones animaban a la concurrencia que bebía cerveza en las casetas próximas y aplaudía a los triunfadores. Mientras veíamos la competición Viqui me comentó lo siguiente:

-Deberías participar, Luis.
-La verdad es que el agua del río me da algo de asquito- respondí- pero si queréis que vuestro caballero vaya al torneo preparaos damas que allá voy…

Me levanté desabrochándome el pantalón como si fuese a quedarme en calzoncillos para participar en la cucaña pero Alba me agarró del brazo para que me detuviera riendo:

-Jajajaja, pero ¿dónde vas loco?
-Donde mis damas y mi honor me llaman…
-Jajajaja, mira que eres payaso. Que vas a dar el espectáculo…-añadió Viqui.
-No me provoquéis- respondí siguiendo la broma- que yo por la belleza de estas damas me juego la vida….

Los tres reímos mi ocurrencia mientras me volvía a abrochar el pantalón. Pero mientras Viqui reía a boca abierta Alba lo hacía de un modo más cortado, tapándose la boca y poniéndose colorada.

Tras ver la cucaña cambiamos de caseta y nos fuimos a cenar sardinas asadas con pimientos fritos y albures en adobo. Y la cerveza no dejaba de fluir por el calor agobiante de la canícula de nuestra ciudad. Tras la cena nos acercamos a una de las plazas a ver una de las actuaciones que había programadas por el distrito municipal. Era un grupo de sevillanas que hizo las delicias del público que de inmediato se lanzó a bailar sevillanas y rumbas al compás de los cantantes. Yo me turné para bailar con mis amigas. Mientras yo bailaba con Viqui una sevillana un chico le pidió bailar a Alba que aceptó reacia mientras la animábamos.

Era bastante patoso por no decir que no tenía ni idea de bailar. Cuando terminaron las cuatro sevillanas y mientras el grupo decía unas palabras al público el chaval se nos presentó. Se llamaba Mikel, era vasco y estaba solo en la ciudad. Tenía 24 años y había venido a hacer un curso con una empresa de energías renovables, y claro, no conocía a nadie. Cuando empezó la siguiente sevillana Viqui se ofreció a enseñarle a bailar mientras Alba bailaba más relajada conmigo. Nos reímos bastante en los cruces y en las caras que ponía el chaval perdiéndose, pero lo pasamos bien. Tanto que cuando acabó el concierto lo invitamos a unirse a nosotros.

Yo no sé si era ingeniero o comercial porque o no lo dijo o no me enteré, pero tenía un piquito de oro. Era un poco más alto que yo pero se le notaba un cuerpo fuerte de deportista najo las bermudas y la camisa hawaiana que llevaba. Parecía que en vez de venir al sur se había ido al trópico. Regresamos a la zona de las casetas pero sustituimos la cerveza por unos mojitos. Se le notaba que tenía labia hablando con las chicas y ganándose su sonrisa. Viqui le reía bastante las gracias mientras que Alba se mostraba más comedida e incluso cortada.

Ya era madrugada y en la Velá sólo quedaba gente joven y la música de las casetas había cambiado. Nosotros estábamos sentados junto al río y ya llevábamos un buen rato charlando y riendo con las mil anécdotas de Mikel que de vez en cuando preguntaba que a qué hora apagaban el horno lamentándose de la canícula. Era un tío divertido y lo estábamos pasando bien con él.

Ya tarde propusimos ir a bailar a una caseta al final de la calle donde solían poner música latina. Allí estuvimos bailando pero esta vez apenas hubo cambio de pareja, pues Alba bailó todo el tiempo conmigo y Viqui con Mikel. El baile no era su especialidad pero se apañana y los dos se reían. Alba y yo igualmente aunque a veces se me quedaba muy fija mirándome mientras bailábamos poniéndome nervioso. No voy a negar que me entraron ganas de besarla en más de una ocasión y que parecía que ella también me esperaba, pero yo me había autoimpuesto el control para no provocar más daños colaterales en mis amigas por arrastrarlas a una relación que yo ya sabía que les haría daño. De hecho, me repetí más de una vez a mí mismo: “Luis, déjalo estar…te gusta pero la harás daño y tienes a Claudia más cerca que nunca…”.

Hubo un hecho que me facilitó el contenerme después de llevar ya un rato con mi mano tocando la piel de la cintura de Alba pues el top se le subía al bailar dejando una estrecha franja de piel perlada de sudor a mi vista y a mi mano. La seriedad con la que llevaba un rato bailando se torno de golpe en una sonrisa pícara que me sorprendió. ¿Qué estaba pasando? De inmediato Alba me sacó de dudas diciéndome: “Mira allí”.

Me giré hacia el poyete sobre el río en la dirección que me indicaba mi amiga y vi a Mikel y Viqui besándose allí sentados. El vasco le había pasado el brazo por detrás de la espalda mientras ella apoyaba inocentemente su mano en el muslo fuerte del chaval. Estaba claro que se habían gustado y el alcohol junto con el ambiente de fiesta habían hecho lo demás.

-¿Qué hacemos?- pregunté.
-Déjalos y seguimos tú y yo bailando o lo que quieras.
-¿Otro mojito?
-Vale, jajaja.

Alba y yo nos fuimos a la barra a pedir dos mojitos dejando a los dos tórtolos comiéndose la boca. Pero cuando pensaba que Alba y yo nos iríamos a otro lado a sentarnos ella me tiró de la mano haciendo que nos sentáramos justo al lado de la parejita. Me sorprendió su gesto pero me dejé llevar. Ella se sentó junto a Viqui que ni se enteró de nuestra presencia mientras no dejaba de besar al chico y yo al otro lado. Las piernas cruzadas de Alba se apoyaban en la mía mientras bebía de la pajita del vaso lleno de hielo escarchado y me sonreía.

-No me dijiste ¿qué los dejáramos?- le pregunté al oído.
-Claro- sonrió- los dejamos a lo suyo pero no voy a abandonar a mi amiga.
-Claro. Bien pensado.- contesté.
-Ver a Viqui así ¿no te provoca celos después de haber sido novios y tal?
-Pues ya no. Hubo un tiempo que los tenía de forma incomprensible. Pero yo creo que era un mal sentido de la posesión, mal entendido. Pero ella es libre y yo también.
-Bueno, Luis. Tú no tanto.- me espetó a bocajarro.
-Sí soy libre, Alba. No estoy con nadie. Otro tema es que haya redescubierto que quiero estar con alguien aunque ese alguien no quiere estar conmigo.
-Eso lo puedo entender- me respondió- pero ¿por qué dices que no quiere estar contigo? Yo os vi besaros.
-Es muy complicado. Bueno, no. Claudia es muy complicada. Su familia no tiene mucho dinero y para ella los estudios son sagrados. Siempre ha interpretado nuestra relación como un obstáculo a su carrera.
-¿Eres una mala influencia en los estudios?
-Para nada. Me acomodé a su ritmo de estudio.
-¿Entonces?
-Le dieron una beca, se fue. Nos separamos. Yo la cagué y ahí empezaron nuestros líos.
-Entonces la culpa es tuya por engañarla.
-Lo sé. Pero ahora le he propuesto estar juntos y me da largas. Ella sabe que juntos no la voy a engañar.
-Pero te besó. ¿Qué largas son esas?- insistió Alba.
-No lo entiendes. Yo iba a rechazarla pero nada más verla se me vino todo encima. Al final volví a buscarla y sin más la besé.
-¿Y qué pasó?
-Terminamos haciéndolo…

Las mejillas de Alba subieron de color. No podía evitar que me hiciera gracia como se ruborizaba cuando aparecía el sexo en una conversación.

-Entonces no te ha rechazado.
-Ahí está el lío- expliqué- se acostó conmigo y después dio todo por roto. Y ayer me dio largas pero me besó al despedirse. Así es imposible aclararse.
-¿Y la quieres mucho?
-No lo sé, la verdad. Creo que sí, que siento algo muy fuerte por ella, pero a la vez tengo la sensación de que me autoengaño y de que otras chicas me gustan…
-¿Otras?- preguntó alarmada.
-Alguna otra- respondí dando a entender que no eran tantas.

Justo en ese momento la parejita se levantó. Viqui sonriente nos dijo:

-Bueno vamos que casi no llegamos…

Alba y yo nos miramos sin entender lo que pasaba, pero Mikel se despidió de nosotros con agradecimientos por la velada, dos besos a Alba y un apretón de manos a mí que casi me desarma la mía. Después se despidió aparte de Viqui con unas palabras y un pico.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Alba en cuanto se fue el vasco.
-Me quería llevar a su hotel y he puesto la excusa de que ya nos teníamos que ir porque cogíamos un autobús.
-¿Qué autobús? Si somos del barrio…

Viqui me miró con suficiencia mientras yo captaba la excusa. El alcohol hacía mella.

-¿Mal entonces?- preguntó Alba.
-No. Muy bien. Pero demasiadas prisas. He quedado mañana con él aquí. Ahn, y vosotros también…-dijo Viqui con picardía tirando de nosotros para irnos a casa.

De camino a casa Viqui nos contó que Mikel era un chico muy divertido y guapo. Pero que también muy directo así que había decidido ponerlo a prueba un día más y no quería ir sola. Y había contado con nosotros para eso. Alba se ofreció encantada y yo no puse reparos, así que al día siguiente volveríamos a la Velá.

Al llegar a casa me tiré en la cama y me puse a mirar mensajes en el móvil. Cerrada fecha para el finde siguiente a la playa con Ángela y Marta. Mejor disfrutar de este fin de semana porque el siguiente podía ser duro cuando hablara con mi ex. Tenía también mensajes de Víctor queriendo saber de mí y de Pablo queriendo saber si le había metido cuello a Alba. Les fui respondiendo a todos mientras me venía el sueño.

También tenía avisos de la app de citas. Miré por curiosidad. Eran varias chicas que le habían dado “Me gusta” a mis fotos. Curioseé por ver como eran. La verdad es que sólo me gustó una y eso que no se le veía la cara. Pero su foto era muy sugerente, sentada en el borde de una piscina de espaldas en una puesta de sol a contraluz con un bikini de braga brasileña. Cortésmente le di a “Me gusta” también en su foto. Su Nick no decía mucho pues se había puesto “Azalea” pero su ubicación la situaba a menos de 5 km de mí. Le dejé un comentario a su foto: “No siempre lo humano mejora lo natural, pero en tu foto es el complemento perfecto a la belleza del atardecer”.

Cuando ya cerraba la aplicación vi que “Espérame” estaba conectada. Eran las 5 de la mañana. Me extrañó y le escribí:

-Buenas noches, o casi buenos días. ¿Qué hace una camarera responsable despierta a estas horas?

Me respondió casi al instante:

-Ver si me encuentro a un universitario guapo por aquí.
-Pues a ver si tienes suerte.
-Jajajaja. Que tonto. Creo que estoy hablando con uno.
-Gracias por lo de guapo pero no creo que sea de los mejores.
-De lo que yo he probado, sí.
-¿Qué haces tan tarde por aquí?
-No tenía sueño y he entrado a ver que había. ¿Y tú que tal?
-Muy bien. He estado en la Velá con dos amigas y acabo de llegar.
-Qué peligro tienes.
-Que va, jajajaja. Son amigas. Además una se ha enrollado con un tío que hemos conocido.
-¿Y la otra te ha desaprovechado?
-Ella no es de rollos. Y yo no puedo darle lo que ella espera.
-Míralo. Sabía que tenías conciencia. Hijo no te falta un perejil. Guapo, listo y con principios. Con tanto bruto me alegro de haberte conocido.
-Gracias, pero no soy tan bueno como te crees.
-En la cama sí. Me corrí contigo como hacía mucho que no lo conseguía.

No dejaba de sorprenderme la naturalidad de esta chica hablando de estos temas.

-Pues si un día te apetece repetir…-le dejé caer.
-No te digo que no me vendría bien ahora un buen polvo pero te lo ibas a tener que currar tú que yo estoy reventada del trabajo.
-Me pillas un poco apartado pero como se duerme después de follar…
-¿Cómo te viene este lunes?
-Me toca acompañar a mi padre a cargar unos muebles nuevos para la terraza. Pero otro día.
-Vamos hablando.
-Además- le dije con la seguridad que me daba hablar con “Espérame”- tenemos algo pendiente.
-Ahn ¿sí?
-No te escapas sin que pruebe ese culito tuyo…
-¿Culito? Jajajaja. Gradúate la vista. Te veo muy seguro Almutamid.
-No es seguridad. Es convicción. Y creo que tú también quieres.
-Jajajaja. No te convenzas tanto. Anda descansa que es muy tarde…
-Me falta un ratito, por tu culpa me voy a tener que hacer una paja…-le solté.
-Será por culpa de la de la Velá porque yo no he hecho nada, jajajaja.-me respondió.
-Será que estoy pensando en un culo…
-Jajajaja. Anda duerme o menéatela, pero ya hablamos, jajajaja. Besos.
-Un beso, anda.

Dejé el móvil y aunque tuve la tentación de hacerme la paja al final preferí echarme a dormir. Por la mañana me desperté tarde y con algo de resaca. Tenía respuesta a varios mensajes y me había escrito Marta. Había reservado dos habitaciones en un hostal del pueblo con más marcha de la costa de Cádiz pues se venía una amiga suya con nosotros. Le respondí y estuvimos un rato charlando de como organizarnos. De nuevo hablábamos como dos amigos. Ella solía pero ahora yo también para no dar malos entendidos. Al mediodía me tomé una cerveza con dos amigos y por la tarde siestón de escándalo. Ejercicios en casa y ducha para salir. Íbamos a ver la cucaña otra vez, esta vez con Mikel.

El chaval nos contó que por el norte las cucañas son palos verticales pues allí no se hacen en el río. Al principio lo noté más cortado que la noche anterior pero según fuimos bebiendo cerveza y charlando se fue soltando. Al pasear para llegar a las casetas para comer algo Alba y yo comprobamos que Viqui y Mikel iban cogidos de la mano. Aquella noche la actuación en la plaza era de un humorista y los 4 reímos viendo la actuación.

Era el último día de la fiesta y a las 12 se lanzaron los fuegos artificiales desde la orilla contraria iluminando el puente que todo el mundo conoce por el nombre del barrio. La parejita los vio abrazados mientras que Alba y yo los vimos juntos hombro con hombro. Los fuegos artificiales siempre me han dado nostalgia y en ese momento la sentí y no sabía por qué pero miré a Alba y ella me sonrió también con los ojos brillantes de cierta emoción. Cuando miramos a Viqui y Mikel se estaban comiendo la boca. Quizá quisieran irse solos, pero cuando terminaron los fuegos y buscamos un lugar para tomar unas copas Viqui nos soltó lo siguiente:

-Ya tenemos planes para mañana.
-¿Tenemos?- pregunté.
-Sí. Mikel nos ha invitado a echar el día en la piscina de su hotel. Nos va a sacar las invitaciones en recepción.
-Qué bien…-respondió Alba sin mucho entusiasmo.

Cuando un instante más tarde ya con las copas Mikel se fue a mear le dije a Viqui:

-Llevas dos días haciendo planes por nosotros.
-Lo sé. Pero es que …dime que esto es una locura pero me gusta ese chico, pero a la vez no quiero correr demasiado y arrepentirme después. Y bueno, sois mis amigos ¿no?
-Claro que sí- respondió Alba- Para eso estamos. ¿Verdad Luis?
-Bueno- dije mirando a Alba- nos toca ir de sujetavelas…
-Ains, os quiero, jajajaja- respondió Viqui levantándose para darnos un abrazo.

El resto de la noche seguimos con las copas y algún baile mientras la pareja se besaba de vez en cuando y se cogían por la cintura. Mientras Mikel pedía una ronda en la barra Viqui nos dijo:

-No es por meterme donde no debo pero deberíais aprovechar vuestra química…

Yo me que cortado pero Alba respondió secamente:

-Viqui, Luis ha vuelto con su ex…

Mi exnovia se quedó desconcertada.

-¿La de la universidad?
-Sí…-respondió Alba.
-No he vuelto- contesté.
-Se han acostado y están hablándolo.-respondió otra vez.

Joder Alba estaba con las uñas afiladas. No me lo esperaba. No le pegaba. Pero Mikl venía y Viqui dijo:

-Esto lo hablamos cuando estemos solos los tres ¿vale?

Aprovechando un baile le dije a Alba:

-No me esperaba tu respuesta.
-No iba contra ti, Luis. Tú y yo lo hemos hablado, pero me ha molestado Viqui. Como ella tiene rollo quiere liarnos.
-No creo que haya sido esa su intención.
-No te preocupes no estoy enfadada contigo, son otras cosas. Venga anda vamos a bailar…-me dijo tirando de mi mano y poniéndola en su cintura que hoy si iba desnuda pues su top era cortito sobre un pantalón ancho sin llegar a mostrar su ombligo, pero sus pechos hacían que la tela se separar de su barriguita dejándola al acecho de mi mano en cada giro del baile.

Me dejó un poco cortado la situación y más pensando en lo del día siguiente. Pero afortunadamente con la excusa de los planes del domingo nos retiramos algo más temprano a casa y no volvió a salir el tema.

Las palabras secas de Alba me dolieron aunque dijera que no estaba enfadada conmigo. Que Viqui insinuara que entre nosotros debería haber algo pareció molestarle y más mientras ella estaba enrollándose con el vasco. Yo era consciente que si no le cuento lo de Claudia, y además nos ve, probablemente ahora fuésemos pareja. Evidentemente no me disgustaba pero mi situación de incertidumbre me lo impedía. Y desde luego no iba a ser en ella en quien liberara mis tensiones sexuales. Ella se merecía algo más, algo mejor y sobre todo alguien mejor que yo, un indeciso patológico que andaba dando bandazos de flor en flor en el último año.

Pero su amistad era un premio que no quería perder por nada del mundo. Veríamos como se daba el día de carabina de Viqui. A media mañana ya estaba listo con el bañador puesto y una camiseta, las chanclas y una mochila con una toalla y unos calzoncillos y bermudas para la vuelta. Esta vez las chicas me recogieron a mí para coger el autobús hasta el hotel. Las dos llevaban ya sus bikinis puestos, ambas con camisetas anchas que dejaban ver la prenda de baño por debajo y shorts vaqueros. Se notaba que íbamos de piscina.

El hotel estaba en una zona residencial de chalés y bloques bajos de clase media-alta cerca del estadio del otro equipo de la ciudad. Era un hotel grande de cuatro estrellas y diseño moderno con un amplísimo vestíbulo que hacía las veces de patio interior cerrado con una cristalera que daba directamente al jardín con una gran piscina y las clásicas hamacas.

Mikel nos esperaba en recepción y tras saludarnos, a mí con un apretón de manos que casi me la vuelve a desarmar, nos condujo a la piscina. Como ya veníamos preparados sólo tuvimos que quitarnos las camisetas y los shorts las chicas antes de sentarnos en las hamacas. Mikel hizo lo propio creo que dejando deslumbradas a las chicas. Era imposible que se marcaran más músculos en un cuerpo. Con él al lado volví a sentirme el canijo invisible para las chicas que era en el instituto.

Apenas había gente en la piscina, pues el verano es temporada baja de turismo en la ciudad debido a sus altas temperaturas disfrutando por el contrario de una larga temporada alta que iba de otoño a primavera precisamente por la suavidad del clima, siendo el momento culminante para los hoteleros las fiestas de primavera, en las que el 100% de reservas era habitual.

El calor empezaba a ser agobiante y nos fuimos dando chapuzones para volver a la hamaca, la mía a la sombra, y la de las chicas y Mikel al sol. El vasco, ejerciendo de anfitrión y muy interesado en agasajarnos fue a pedir unas cervezas. En ese momento oí a las chicas hablar entre ellas.

-Tía- decía Viqui- está buenísimo.
-De verdad que sí…pues si te gusta hija ya sabes…
-¿Podéis cortaros?- dije incómodo.

Las dos se giraron hacia mí y Alba cogiéndome la cara con una mano como a un niño pequeño me dijo riendo:

-¿Estás celosillo? Jajajaja.
-No son celos. Si se lo quiere follar que se lo folle, pero no me contéis los detalles…

En ese momento llegaba Mikel con las cervezas y preguntó:

-¿Qué detalles?
-Nada, jajaja. Cosas de este Luis…-respondió Viqui.

Nos tomamos la cerveza mientras Mikel nos contaba anécdotas de las competiciones deportivas en las que había participado. Hacía deportes extremos, mountain bike, triathlon, ironman…así se comprendía su desarrollo muscular. Viqui lo observaba extasiada. Cuando se terminó su cerveza le dijo al vasco que necesitaba ir al baño.

-Podrías ir a los baños de aquí abajo…
-Me gustaría uno algo más íntimo.
-Ahn, pues podríamos subir a la habitación.

Se pusieron las camisetas y cogieron la tarjeta de la habitación dejándonos a Alba y a mí en la piscina.

-¿Quieres otra cerveza? Éstos van a tardar…-le dije.
-Sólo van al baño, vamos a esperarlos.
-Se lo va a follar, tardarán lo suyo. Espero que el chaval haya sido previsor y tenga condones.

Alba se puso colorada de golpe y me preguntó incrédula:

-¿Tú crees?
-El baño era la excusa para llevárselo a la habitación…
-Vaya…

Efectivamente media hora después no habían aparecido. Ya empezaba a haber hambre y no habíamos planteado como íbamos a comer. Alba me dijo:

-Se hace tarde, deberíamos avisarlos.
-No es plan de cortarles el punto. Imagínate a Mikel dándole caña a Viqui y tú preguntando por la comida, jajaja.
-Hijo, jajaja. No seas bruto, no lo cuentes así.
-Pero si es la verdad. Estará ahí dándole fino.
-Calla, calla, anda, jajajaja.

Media hora más tarde cerca de las 4 ya los vimos aparecer viniendo de la mano. Viqui venía con una sonrisa tonta dibujada en la cara y el pelo mojado mientras que su amante se comportaba con cierta normalidad.

-Chicos perdonad, nos hemos entretenido enseñándole unas cosas a Viqui de mi trabajo y tal, ¿pedimos unas pizzas para comer?
-Le ha enseñado to el nabo…-le dije entredientes a Alba que me dio un codazo.
-Sí, sí…me parece perfecto.- respondió Alba nerviosa.

Mikel cogió el teléfono mientras las chicas cuchicheaban entre risitas. Yo aproveché para darme otro baño. Al dejar el vasco la llamada las chicas le prestaron atención mientras yo me secaba al sol. Entonces las chicas se fueron a la piscina. Seguían cuchicheando sin que las oyéramos. Al quedarme sólo con el chaval y a pesar de ser mayor que yo intenté entresacarle algo:

-¿Qué tal?
-Bien, ¿por?
-Digo en la habitación.

Mikel me miró extrañado y continué:

-No me chupo el dedo. Una hora los dos solos arriba. Habrá habido tema.
-No tengo porque explicarte nada ¿no?
-No, no. Para nada. Era un comentario entre amigos. No quería molestarte.
-Perdona no quería ser borde, pero no sabía cuáles era tus intenciones.-se disculpó.-Viqui es una chica increíble.
-Lo sé. Pero también muy sensible.
-Entiendo que como amigo la querrías proteger pues.
-Amigo y exnovio.

Mikel se puso blanco y por un momento su locuacidad se detuvo hasta que al fin dijo:

-Yo, yo no sabía, pero…
-Jajajajaja. Tranquilo si hace ya más de un año. Yo he tenido mis cosas después y ella las suyas, pero como puedes ver somos muy- dije remarcando- buenos amigos. No me gustaría que lo pasara mal.
-No, no…claro. Las pizzas estarán a punto de llegar.-dijo algo nervioso. Voy a buscarlas.
-Te acompaño…

Efectivamente en pocos minutos apareció la moto con el encargo que recogimos en la puerta del hotel con un calor abrasador. Avísamos a las chicas y subimos a la habitación. Era bastante amplia, cama de matrimonio, escritorio silla y una butaca con baño completo de bañera y ducha. Como sospechaba la cama estada deshecha y cuando entré a mear vi que la ducha estaba mojada. Se lo habían pasado bien.

Las chicas subieron y nos pusimos a comer. Alba en la silla, yo en la butaca y la parejita en la cama donde habían estado retozando un rato antes. Las miradas felices de Viqui contrastaban con cierta frialdad en vasco. Quizá mi discurso lo había cortado. Qué manera de comer. Yo me creía una lima sorda hasta que vi a ese hombre devorar de esa manera las porcieones de pizza. Perdí la cuenta de las que se había comido.

Después de comer volvimos a la piscina. En un descuido hablé con Viqui:

-¿Hasta cuándo se queda aquí?
-Hasta el viernes.
-Aprovecha bien el día…-le guiñé el ojo.

No duraron mucho en la piscina. Al poco se subieron de nuevo a la habitación. Aproveché para preguntarle a Alba:

-Si conocieras a un chico así de golpe que te gustara ¿harías como Viqui sabiendo que se va?
-No lo sé…
-Es un amor de verano. Nunca se sabe que pasará después.
-Eso es verdad, Luis. Cuando te enamoras nunca sabes qué pasará después…

Al final hicimos lo lógico. Dejamos a la pareja en el hotel y Alba y yo nos volvimos en autobús después de despedirnos y agradecer la invitación a Mikel. Alba iba con el bikini mojando la camiseta en el autobús, pero Viqui no consiguió convencerla de que se lo quitara y volviera sin sujetador. Yo por mi parte me cambié en el dormitorio con la muda seca que traía en la mochila. Pude comprobar la actividad sexual que había habido allí al ver dos condones en la papelera del baño.

Durante el trayecto Alba venía especialmente callada, meditabunda. No quise incomodarla. Nos despedimos cerca de mi casa. Alba decía haberlo pasado bien pese a sentirse un poco incómodo por que Viqui nos hubiera utilizado de tapadera para liarse con Mikel.

-Si no hacemos estas cosas con 20 años cuando las vamos a hacer.-dije yo para justificarla.
-Verdad…cuando lo vamos a hacer…, venga Luis, lo he pasado muy viene estos días contigo. Me voy unos días con mis padres. Nos vemos ya en agosto.

Nos dimos un fuerte abrazo y dos besos. Cada día que pasaba estaba más convencido de que si Claudia y yo no nos hubiésemos cruzado en la residencia aquel día Alba y yo habríamos acabado juntos aquel verano.

La semana me devolvió la rutina y cierto aburrimiento, pues la mayoría del personal estaba fuera y Viqui con Mikel. Mis clases seguían con la misma rutina. Andrea lanzándome miraditas mientras se le escapaban las carnes por su minúscula ropa y Mónica con sus silencios que tan difícil hacían comprobar sus avances. Por la tarde larga siesta. Más tiempo tirado en la cama que realmente durmiendo y en esos ratos era cuando miraba los mensajes atrasados del día. Ya estaba todo organizado para el viernes. Ángela llegaba a la ciudad y juntos cogíamos el autobús hacia el pueblo costero. Por ello adelanté las clases del viernes al jueves.

En eso momentos de aburrimiento además de los mensajes con mis amigos de vez en cuando hacía una incursión en la app de citas. Comprobé que “Azalea” no había respondido mi halago pese a haberlo leído. Pasaría de mí. Pero tenía varios me gusta que fui comprobando. La verdad es que si todas esas chicas eran tan abiertas como “Espérame” podría tener bastante éxito. Lo malo es que la mayoría no me gustaban. Pero había dos que no estaban mal. Se las veía muy normales aunque vestían algo provocativas. Aunque también supuse que sería su reclamo en la app.

Más llevado de nuevo por la curiosidad que por la búsqueda real de sexo le hablé a las dos chicas: “Gatita” y “Melocotón en almíbar”. Me di cuenta de que durante la tarde nadie contestaba pero sin embargo por la noche se mantenían conversaciones fluidas. Así que ya el miércoles por la noche pude hablar con ambas. “Melocotón” resultó ser una chica muy barriobajera en sus expresiones y en sus costumbres y rápidamente perdió mi interés. Pero “Gatita” en su actitud empezó a recordarme a “Espérame” aunque físicamente eran muy distintas. Aparentaba en sus fotos ser más alta, delgada, con pocas caderas y piernas largas, poco pecho apretado en un sujetador de los que levantan para crear un falso canalillo. Tenía una melena rubia teñida y vestía con faldas cortas ajustadas y tops cortos también ajustados.

-Buenas noches- inicié conversación cuando la vi conectada.
-Hey ¿Qué tal guapo?
-Ahora mejor. ¿Puedes hablar?
-Un ratito que estoy cansadita de trabajar.
-¿En qué trabajas?
-Soy auxiliar en una residencia de ancianos.
-Pobres abuelos…-respondí.
-Oye¡¡¡
-No es por lo que piensas. Todo el día viéndote se pondrán nerviosísimos.
-Jajajaja, que va. Si son un encanto mis abuelitos.
-Tú que los cuidarás bien.
-Oye, ¿y tú que estudias?
-Traducción en interpretación.
-Suena difícil. ¿Hablas muchos idiomas?
-Se supone que debo dominar tres y conocer alguno más.
-¿Y cuáles son?
-Inglés, francés e italiano.
-Vaya, vaya. ¿Y qué te trae por aquí?
-Conocer a alguna niña guapa y creo que hoy he tenido suerte. ¿Y a ti?
-Pues algo parecido. Pero ¿buscas sexo, rollo, pareja?-me preguntó queriendo ahondar más en mis intenciones.
-Huyo de malas experiencias de pareja. Lo demás que sea lo que vaya surgiendo. ¿Y tú?
-Sé que aquí no voy a encontrar el amor de mi vida, pero tampoco busco un polvo a secas.
-En eso coincidimos- le dije buscando complicidad- no me sirve cualquiera.
-¿Ya me descartas?
-Todo lo contrario, he descartado a otras para hablar contigo.
-Jajajaja. Que peligro tienes. Oye, ¿por qué no me mandas un selfie?
-¿No te fías de mis fotos?-pregunté extrañado.
-Quiero comprobar que de verdad eres tan guapo.
-Te aviso que no soy fotogénico, esas fotos están elegidas de entre las que mejor me veo. Y te pongo una condición. Que tú me mandes otro.
-Vale, jajaja.

Por no levantarme de la cama me hice una foto con flash de lado en la que se me veía de cintura para arriba sonriendo. En realidad me hice varias y le mandé en la que me vi mejor y se la envié.

-En persona gano.-puse tras mandarla.
-Muy guapo y sexy jajaja.-respondió.
-Bueno, a ver tú…

Pero “Gatita” tardaba. Pensé que iba a pasar de mí así que decidí intentar dormir, pero entonces sonó un mensaje. Era su selfie. Estaba en la cama tumbada con el pelo recogido a un lado de la cara y me sonreía. Llevaba una camiseta o pijama sin sujetador pues se marcaban sus pezones.

-Guau niña. ¿Me haces un hueco?- respondí a su foto.
-Jajajaja. ¿Ya?
-Eres guapísima. Pero no sé si meter a un desconocido desnudo en mi cama.
-No estoy desnudo, estoy en calzoncillos.
-Es lo mismo jajaja. Huy, tengo que hacerte esta pregunta. ¿Bóxers o slips?
-La pregunta ofende.- respondí.
-Jajajaja, pero responde.

En vez de eso me saqué una foto de la prenda, eso sí, después de haberme sobado un poco para que se viera llena, y se la mandé como respuesta.

-Oyeee, jajajaja. Te quedan bien. Menos mal, odio los slips.
-Ahora tengo que hacer yo la pregunta. ¿Braga o tanga?
-Jajaja. Depende del día.
-¿Y hoy?

“Gatita” tardaba en responder, así que pensé que había llegado demasiado lejos. Pero de nuevo sonó el aviso. Abrí con cierta prisa la app y me encontré con una foto suya. No se veía su cara pro se reconocía su melena rubia sobre el hombro y la misma camiseta de tirantas. Estaba boca abajo con los pies cruzados en alto y asomaba su culo bastante moreno con un triangulito verde que se perdí entre sus nalgas. Escribí varios emoticonos de lobos aullando mientras la chica me respondía con risas.

-Dime donde vives que salgo corriendo para allá…-le escribí mientras me seguía respondiendo con caritas de risas.
-Es muy tarde y mañana trabajo. Pero espero que sigamos hablando por aquí.- escribió.
-Vale niña. Me lo he pasado bien contigo. Descansa que será duro tu trabajo. Encantado de conocerte.
-Igualmente. Descansa. Hasta pronto.

No me creía lo que acababa de ocurrir. Y esta niña era más guapa que “Espérame”. Bueno, ya veríamos que pasaba, porque de por medio tenía un fin de semana seguramente intenso.

El jueves tras las clases reparé el equipaje para el fin de semana. Básicamente bañadores y camisetas y algo de ropa para salir de noche con ropa veraniega. ¿Por qué vestimos distinto cuando salimos en la playa a como lo hacemos en la ciudad? Nunca lo he entendido, pero por algún motivo lo hacemos. Por la noche salí a correr y esta vez si me tomé una cerveza con amigos, entre ellos Pablo que me animó a meterle cuello a todo lo que pudiera en la playa. Yo sabía que no iba a ser ese el plan. Y cuando le dije que iba con tres chicas, me dijo que me tenía que calzar a alguna. Lo dudaba mucho…

El viernes ya con la mochila lista me fui a la estación de autobuses a recoger a Ángela. Estaba guapísima sonriendo cuando me vio después de un mes de nuestra despedida, pero muy en su estilo, con un vestidito suelto negro y su blancura asomando por debajo.

-¿Te has peleado con el sol?- le pregunté antes de abrazarla.
-Jajajaja. No, pero esta semana hacemos las paces.

Tuvimos que coger un autobús urbano para cambiar de estación pues ella llegaba desde el este y los autobuses hacia el sur salían desde la estación más antigua. Nos fuimos poniendo al día contándonos nuestras cosas y por supuesto la avisé de que me podía cargar el fin de semana si Marta se tomaba mal mi sinceridad. Me animó a hacerlo.

Como faltaba una hora para la salida del autobús nos tomamos un bocadillo en la estación pues llegaríamos al pueblo costero donde íbamos pasadas las 4. Y con ilusión por el fin de semana pero a la vez un temor creciente en mi interior Ángela y yo nos subimos a aquel autobús atestado de jóvenes que buscaban un fin de semana de playa, fiesta, y quizá sexo.

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