ESRUZA

LA MENTE Y EL CORAZÓN

Nos perdimos en un mar

de confusiones y malos

entendidos, y… te fuiste,

Te fuiste para aliviar tu

propia incertidumbre.

Te fuiste un día,

como las olas cuando llega la marea,

como un suspiro que se va y no vuelve,

como la noche cuando llega el día y…

mi cielo se tornó gris.

Y yo quería decirte: Quédate,

no te vayas, repitamos la historia,

pero renovada, intensa;

y cambiarás mi cielo gris por uno luminoso,

como hiciste que fuera entonces.

Si te vas, seguiré regando las rosas rojas,

no las dejaré morir, no morirán;

te esperarán hasta que vuelvas, y te

ofreceré una cada mañana de tu vida,

y tendrás paz, amor, pasión y ternura.

Han quedado huellas que no se han de borrar,

porque, estas no están en la arena,

están cinceladas en mi piel, en mi corazón,

indelebles y, a mi lado habrá siempre

un lugar que espera por ti.

Es difícil decirlo, pero lo digo:

¡Quédate amor, no te vayas de mí,

hay tan poco tiempo!

La mente razona, el corazón no.

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