ALMUTAMID

El lunes di mis clases ya con lo soltura que daba la confianza de haber pasado los primeros días. Empezaba a llamar a los alumnos por sus nombres aunque en mi clase de las mayores seguía habiendo una distancia importante con las chicas. Temía a una de ellas y me preocupaba la otra. Pero la preocupación era doble. No avanzaba en las prácticas que hacíamos ni tampoco mejoraba el trato con ella. Si en un futuro que tuviera que dedicar a la docencia, una de las salidas de mi carrera evidentemente tenía que mejorar mis dotes de comunicación y especialmente mi capacidad para comprobar la retroalimentación de mis enseñanzas.

Pero otra preocupación me vino después de comer cuando me retiré a mi dormitorio. De las conversaciones de la tarde anterior me habían quedado algunas dudas. La primera con Claudia que se había limitado a un seco “ya te aviso”. La segunda con Ángela que me había dicho que ya había hablado con Marta pero que yo fuera el que organizará porque era el único con ocupación”.

La tercera fue que empecé a plantearme no quedar con la chica de la app. Ni siquiera nos habíamos dado nuestro nombre y estaba quedando con una tía que no hacía más que lanzarme indirectas muy evidentes. La chica no me gustaba físicamente aunque sus mensajes directos habían generado en mí una curiosidad que empezaba a picarme en la entrepierna. De hecho tenía cierta excitación que no sabía exactamente a qué se debía. Por eso precisamente dudaba. No estaba en mi cabeza en el fondo tener sexo tan pronto a pesar de mi determinación de evitar las relaciones complicadas. Veía que con esta chica parecía demasiado fácil y eso era lo que en realidad me empujaba a quedar con ella pero a la vez me generaba temores. ¿Y si había sexo y no me gustaba? ¿Y si lo sexual derivaba en algo más? Imposible precisamente el objetivo era ese, sexo sin complicaciones, sin sentimientos. Follar por follar y tener la churra contenta y la cabeza vacía.

Dentro de mi indecisión llegó la hora de tener que salir. Por si acaso me duché y me puse ropa interior visible. Pero no me arreglé. No quería que pareciera una cita. Me puse unas bermudas y una camiseta como las que solía llevar de diario cualquier día de verano. Me fui en autobús y llegué al centro comercial unos pocos minutos tarde.

Llegué al punto donde habíamos quedado y no la vi. O se había cansado de esperar o me había dado plantón. Saqué el móvil para ver si me había dejado algún mensaje en la app pero mientras miraba el móvil escuche una voz femenina que me decía:

-Hey guapito de universidad ya creía que me dejabas plantada…

Levanté la cabeza y la reconocí de las fotos. Era más bajita de lo que me esperaba, algo que disimulada con unas plataformas de esparto. Efectivamente tenía la cara redondita con la barbilla asomando entre dos mofletes que había maquillado para intentar disimular esa redondez. No era fea pues sus ojos grandes compensaban en gran medida la redondez de su rostro pero no era de esas niñas que te quedas mirando por la calle. Efectivamente tenía muy poco pecho algo que también compensaba usando un top suelto con un gran volante en el escote que suplía dando volumen a lo que faltaba debajo de la tela. Del top se escapaban sus hombros delgados como sus brazos, sin embargo su cuerpo se transformaba de cintura para abajo. Sus caderas eran anchas, casi el doble de sus hombros formando un culo que apretaba en una minifalda bajo la que asomaban los dos muslos gruesos que había visto en su fotografía pero en unas piernas realmente cortas que hacían parecer rechoncho lo que en realidad era fuerte.

-Perdona, el autobús…
-Tranquilo, ya sé que los pijos no estáis acostumbrados a moveros en transporte público.
-Oye ¿no crees que estás prejuzgando?- protesté molesto.
-Jajajaja. Sólo te pico…bueno, ¿tomamos algo?

Nos sentamos en un bar en la terraza del centro comercial, pero hacía mucho calor y terminamos en el interior, en una mesa junto a la puerta de los baños. Ella no hacía más que observarme mientras me hablaba de su trabajo. Sus ojos vivos los realzaba con un ligero rabillo de maquillaje acompañado de picardía al hablar y una sonrisa casi permanente. Yo estaba bastante cortado. Realmente no sabía que hacía allí. Ni nos habíamos presentado.

-Aún no sé cómo te llamas…-le dije tras un largo monólogo de ella en que yo no sabía cómo participar.
-¿Es muy importante para ti saberlo?
-Bueno…no sé…-respondí más cortado aún con su respuesta.
-Con lo bueno que estás te esperaba más espabilado.

Iba a reconocer que era la primera vez que quedaba así con alguien otra vez pero me mataba que pensara que era un pardillo. Por eso salí del paso preguntándole:

-¿Entonces para qué querías quedar conmigo?
-Creo que está bastante claro.
-Y ahora que me has visto ¿sigues pensando igual?
-Ahora tengo más curiosidad…
-Pregunta- respondí haciéndome el interesante.
-Jajajaja. Eres un poco tontaina, pero bueno. Jajajaja. Yo estaba pensando en tus abdominales.
-¿Crees que son de pega?
-¿Puedo comprobarlo?- preguntó mordiéndose el labio.

Miré al bar y nadie parecía reparar en nosotros. Aún así le respondí:

-Cuando quieras.- pero armándome de valor apoyé mi mano en su muslo comprobando que estaba bastante duro.

La chica se sonrió y levantándose me dijo:

-Paga…que voy al baño.

Obedecí sin saber claramente que iba a pasar después. Regresé a la mesa donde estábamos y vi que asomaba la cabeza por la puerta del baño haciéndome con el dedo el gesto de que me acercara. La seguí.

-Ven. Entra.-me dijo cogiéndome de la mano.

El baño tenía un pasillito que daba a la puerta de caballeros a la izquierda y al de señoras al fondo. Me llevó hacia el de señoras y echó el pestillo.

-¿Comprobamos?- me dijo con la misma sonrisa de antes.

Era tan bajita que a pesar de sus plataformas me llegaba apenas a la altura de mi nariz. Por lo que al quedarnos allí de pie uno frente al otro sus ojos quedaban a la altura casi de mi boca. La verdad es que la situación me estaba dando bastante morbo recordándome cuando al enseñarle a Nieves mi pubis de vello recortado le enseñé la churra dentro de bañador y ella se había quedado mirando como si nada. Por eso sin más me levanté la camiseta dejando que mi barriga asomara. Evidentemente apreté para que se marcaran mis músculos. La chica se mordió de nuevo el labio y sin cortarse pasó su dedo por mi barriga comprobando la tabletita.

-¿Contenta?-pregunté.
-Ajá…
-¿Algo más quiere la señora?

Con su descaro habitual subió mi camiseta para ver mis pectorales y se mordió de nuevo el labio diciendo:

-Todo muy correcto…
-Yo debería comprobar algo también.
-Ah ¿sí? ¿Qué desea el caballero?

Sin hablar bajé mis dos manos a sus nalgas y las apreté pegando a la chica contra mi cuerpo. Me sorprendió la dureza de sus nalgas, como la de sus muslos. La chica estaba totalmente apretada en un cuerpo desigualmente constituido con un torso delgado y plano en contraposición a su culo y cachas. Debió notar mi sorpresa porque respondió:

-Ya veo que te agrada…
-Se me pasa alguna idea por la cabeza…
-A mí me falta algo más por saber.-dijo sorprendiéndome mientras su dedo apretaba mi abdomen como queriendo comprobar su resistencia.
-Tú dirás…
-¿Todo lo tienes igual de duro?
-Sólo tienes que comprobarlo…

La chica se mordió el labio y me sonrió justo antes de acercar su mano a mi paquete.

-Esto promete…-masculló sopesando el contenido de mi pantalón que empezaba a empujar la tela.
-Pues espera que se ponga dura del todo.- respondí crecido mientras me desabrochaba el pantalón para liberar a la bestia.

En cuanto mi calzoncillo quedó a la vista la chica introdujo su mano en él agarrando mi polla endurecida. Me dio un escalofrío al sentir su mano más fría sobre la piel caliente de mi nabo. Ella mientras bajó el elástico del calzoncillo para liberar mi trozo de carne sonriéndose al verlo.

-¿Por qué no me la comes un poquito?- me sorprendí a mí mismo diciéndole.

Ni a mis novias le había pedido yo una mamada de esa forma y ahora empujado por el morbo de la situación le estaba pidiendo que me la comiera a una prácticamente desconocida en el baño de un bar de un centro comercial. Pero más me sorprendió ver que la chica se inclinaba con intención de hacerlo.

Justo en ese momento llamaron a la puerta. Mi acompañante gritó:

-Ocupado.

Pero levantándose me miró con cara de circunstancias diciéndome:

-Vamos a tener que dejarlo para otro momento. Guárdate eso anda.

Con cara de tonto y más caliente que el palo de un churrero tuve que sujetar mi erección con el elástico del calzoncillo y abrocharme el pantalón encima con la molestia que me provocaba y más tener que ir andando así.

En la entrada del baño esperaba una señora que puso mala cara al vernos salir juntos.

-El de tíos estaba ocupado. Mi novio no aguantaba y ha entrado conmigo.- justificó la chica tirando de mi mano.

Cuando ya salimos del bar nos dio la risa. Pero yo seguía caliente y empalmado y se lo dije:

-Esto no baja. A ver qué hacemos…
-Vámonos a follar a un sitio tranquilo.-me dijo con naturalidad.
-En mi casa no podemos y no he traído coche.-me excusé.
-En la mía tampoco. Vámonos a un hostal.
-¿No saldrá muy caro?
-Pagamos a medias, universitario.

Salimos del centro comercial pero no teníamos ni idea de donde encontrar un hostal. Hicimos una búsqueda rápida con el móvil. Había cerca uno que alquilaba habitaciones por horas. Sin pensárnoslo nos fuimos hacia allá. Por el camino empecé a tener dudas de donde me estaba metiendo y planteé algún problema que no indicara que me estaba echando atrás:

-Acabo de caer en la cuenta de que no tengo condones.
-Jajajaja. No te preocupes, yo traigo.-respondió la chica.
-¿Estabas segura de que íbamos a acabar follando?
-No. Pero hay que ir preparada.
-Entonces ¿para que habíamos quedado hoy?- pregunté dudando.
-Para conocernos y si surgía, pues follar. Y ha surgido.
-¿Te gusto?
-Estás muy bueno. Eres limpio y agradable. Y ahora habrá que ver que tal follas.

Sus respuestas me dejaban helado siempre. Nunca había hablado así con una chica. Naturalizaba una situación que para mí hasta entonces casi había sido tabú. Aunque su actitud en cierto sentido me recordaba a Silvia, esta chica parecía más selectiva. Con Silvia nunca me habría ido a un hostal.

El hostal estaba en una avenida muy transitada de tráfico. Parecía aparentemente un lugar de descanso para camioneros aunque la pareja que pedía habitación delante de nosotros era bastante sospechosa. De hecho mi acompañante certificó mi sospecha comentándome al oído: “Esa es puta”.

-¿Cómo lo sabes?
-Fíjate que ella está cerrando precio con el recepcionista. Tiene un acuerdo para traerse los clientes.
-Vaya…-dije sorprendido por un ambiente del que era totalmente ajeno.

Nos dieron una habitación en la primera planta con cama de matrimonio y baño. Todo un lujo para dos horas de sexo que nos salió por 10€ a cada uno. Yo había hecho el gesto caballeroso de pagar la habitación pero ella me lo impidió y cuando ya subíamos en el ascensor con la llave en la mano me dijo: “Tú me vas a follar a mí y yo a ti. Pagamos cada uno lo nuestro.”

La habitación estaba limpia y las sábanas lo parecían también. Aun entraba la luz del día `por una ventana que daba a la avenida. Se podía oír el tráfico y el zumbido de un aire acondicionado algo antiguo. “Esperándote” entró al baño. Yo me desnudé quedándome en calzoncillos y me tumbé en la cama. Los tres minutos que estuve allí tumbado solo me hicieron reflexionar sobre lo que iba a hacer. Iba a ver a Claudia en pocos días y estaba en un hostal con una desconocida para follar. Pero ya no había marcha atrás. La chica salió del baño y me vio tumbado. De nuevo repitió el gesto de morderse los labios.

-Me voy a poner las botas contigo.-dijo observándome.
-¿Por qué no volvemos al punto donde lo dejamos?
-Eres de los que se mueren por una buena mamada.- respondió pero debió notar cierta zozobra en mi cara que continuó- Tranquilo rey, no desprecio comerme una buena polla y la tuya me gusta.
-¿Por qué no te desnudas y te vienes a la cama?

La chica se quitó el top. Debajo llevaba un sujetador que en realidad era una banda elástica sobre sus minúsculos pechos. En ella se marcaban los pezones pero nada más. Estaba tan plana como yo. Pero lo que más me sorprendió es que al quitarse las plataformas y la falda no llevaba bragas. De hecho se la quito de lado a mí comprobando la dificultad para salvar su culo y muslos. Cuando se la quitó la falda no pude reprimir comentar:

-Qué fresquita venías…
-Jajajaja. No seas malpensado. Me las quité en el servicio del bar antes de que tú entraras.
-¿Y has venido todo este tiempo sin bragas?
-¿Crees que eres el único que estaba caliente?

La chica se volvió hacia mí y pude comprobar como su chocho rasurado se perdía como un minúsculo triángulo entre la inmensidad de sus muslos. No se veía su raja por ninguna parte y sus labios se adivinaban sólo. Se acercó a la cama y me ofreció su boca. La recibí entrechocando nuestras lenguas mientras su mano se paseaba por mi pecho y vientre y la mía comprobaba la dureza asombrosa de su culo. Quedé tan sorprendido que exclamé:

-Vaya culazo que tienes…

No respondió pero su mano ya se internaba en mi calzoncillo encontrándose de nuevo con mi nabo tieso. Se puso de rodillas para quitarme los bóxers. Pude comprobar como sus pezones se marcaban como punzones en su extraño sujetador. Cuando me desnudó del todo hice el además de quitarle esa prenda pero me detuvo secamente:

-No, esto no…

Evidentemente estaba acomplejada por sus diminutos pechos y no le gustaba mostrarlos. No insistí entre otros motivos porque ella se había acomodado entre mis piernas y me estaba lamiendo el pecho. Su lengua era algo dura y ligeramente puntiaguda provocándome un extraño efecto al lamer mis pezones. Pero no se entretuvo mucho y ahora besaba mi abdomen:

-Qué bueno estás jodido…-mascullaba entre lametones y besos.
-Cómeme la polla que ya no puedo más…

La chica obedeció dándome un lametazo que me electrizó. Después bajando con su mano todo mi prepucio dejó mi glande totalmente expuesto y estirado y con su lengüencita puntiaguda empezó a jugar con mi frenillo obteniendo mis primeros gemidos de aprobación mientras yo me incorporaba sobre mis codos para no perder detalle. Estuvo uso instantes con ese jueguecito en una postura aparentemente incómoda apoyada sobre sus codos mientras sujetaba mi polla con ambas manos y levantaba la cabeza. Pero ello me permitía una visión de la forma de su culo en pompa.

-Con esa postura estás para que te la claven bien desde atrás…-dije.
-Todo a su tiempo que ahora estoy con lo que estoy, que buena polla tienes cabrón…-respondió justo antes de meterse mi glande en la boca apretándolo con sus labios.

Tenía la boca tan pequeñita que mi polla parecía mayor de lo que era entre sus labios. No tragaba profundo, pero lo suplía con la presión de sus labios y sobre todo por el juego de su lengua rozando mi frenillo y mi glande.

-Uffff. Me gusta- dije reconociendo su trabajo a la vez que empujé con suavidad su cabeza para que tragara un poco más.

No abusé demasiado y cuando media polla se perdía dentro de su boca la solté, pero fue ella la que siguió demostrándome que le gustaba mamar. De hecho empezó un movimiento rápido con la cabeza tragando y soltando mi churra rozando toda su lengua que me hizo estremecer de placer mientras no dejaba de sobarme las abdominales.

-Joder….que buena eres…-respondí resoplando.

Entonces se detuvo chupando mi glande y recogiendo con la lengua las primeras gotas de mi líquido preseminal para terminar con mi polla apoyada en su sonrisa.

-¿Te gusta?- me preguntó.
-Me encanta…
-Pues a ver que sabes hacer tú que quiero que me dures más.

Fue a levantarse pero le dije que no cambiara de postura.

-¿Dónde tienes los condones?
-En mi bolso…ahí en la mesilla.
-No te muevas.

“Espérame” obedeció quedándose apoyada en sus brazos observando como me ponía el condón. Rodeé la cama y por fin vi su culazo abierto por la postura en que estaba. Entre sus muslos abiertos se veía su raja que con descaro acaricié consiguiendo que se estremeciera.

-Estás empapada…-dije sorprendido.
-Ya te dije que me gusta comerme una buena polla…
-A ver si te gustan igualmente que te de unos cuantos pollazos…
-Compruébalo…

Sin pensármelo dirigí mi misil entre las nalgas inmensas de “Espérame” hasta colarlo en su raja. Entró con facilidad. Pero la postura era incómoda. Al ser tan bajita y de piernas cortas no me podía poner bien de rodillas detrás de ella. Así que la atraje al borde de la cama y repetí la operación de penetrarla pero esta vez poniéndome yo de pie en el suelo.

Ahora sí pude clavarle mi churra entera viendo como se perdía tragada por su coño entre aquellas masas de carne dura que componían su culo. La chica gimió levantando la cabeza mientras yo acomodaba su coño a mi polla moviéndome despacio. No fue difícil por lo mojada que estaba y por la holgura de aquel chocho que parecía más ancho que su boca.

La chica resoplaba al moverme. Parecían algo exagerados sus gestos pero quizá formaba parte de su manera de indicarme que le gustaba. La agarré por las caderas y empecé a bombear despacio pero rítmicamente intentando que sintiera todo lo largo de mi nabo rozarse. Ella gemía mucho y movía la cabeza estirando el cuello.

-Dan ganas de darte caña…qué culazo tienes…-le dije.

Y volviendo la cabeza con la mirada desencajada me contestó:

-¿Y a qué esperas?

La agarré por las caderas y empecé a bombear con fuerza haciendo que resonaran sus nalgas con el choque de mis caderas. La chica gemía al ritmo de mis pollazos. Tenía la cabeza bajada y a cada golpe mío repetía un rítmico: “Sí, sí…sí, sí…”

-Te gustan que te den pollazos, ¿verdad?
-Mmmmm, síiii…
-Quieres que te taladre…
-Dame caña. Sí, sí…-decía con voz temblorosa.

Yo empecé a concentrarme para aguantar el máximo posible sin bajar el ritmo. De hecho para penetrarla más profundo puse una mano en su hombro. Quería durar mucho y que la chica se corriera. Lo primero que se me ocurrió fue bajar un poco el ritmo pero darle un cachetazo en la nalga que retumbó en la habitación. En vez de mandarme a la mierda ronroneó como una gata. Repetí y gimió. Estaba claro que le iba la caña.

Y es que ese culo invitaba a golpearlo a pollazos y a cachetazos. “Espérame” seguramente conocedora de lo que su culo inspiraba en los tíos o se había acomodado a ello o realmente disfrutaba de la reacción que provocaba, pero yo ni me planteaba cambiar de postura ni ella me lo demandaba pues seguía con su rítmico jadeo de síes y sigue…

Seguro de tardar en correrme de nuevo recuperé un ritmo más vivo agarrado a sus caderas haciendo que resonaran con mas fuerza los choques de nuestras pieles. Al golpe se sumaba el sonido de mi polla empapada en su lubricación. Jamás había provocado ese ruido follando con nadie y me encendía más a pesar de tener la churra casi insensible de dura que la tenía. Me excitaban más los sonidos y mi visión de como mi nabo era engullido entre aquellas nalgas inmensas que la propia sensibilidad que me transmitían las terminaciones nerviosas de mi glande. Y especialmente su voz…

-Cómo follas, cabrón…eres una maquina…dame, dame…mmmmm, que polla tienes…dame más, uff, uff, sií…sí…sí…

Sus palabras me encendían. Me sentía un macho potente que le daba caña a las nenas matándolas de gusto. Aquella chica no me gustaba pero el polvo me estaba encantando. Me gustaba sentirme deseado y que las chicas me valoraran en la cama. Y o “Espérame” hacía un teatro excelente o la estaba matando de gusto dándole pollazos a cuatro patas en la cama de aquel hostal.

Sus “síes” empezaron a subir de tono. De vez en cuando su boca escupía una nueva alabanza a mi polla entre apelativos cariñosos de “cabrón”. Pero de golpe lanzó un sí prolongado y un ahogado “hijoputaaaaaaaa….” ronco. Parecía que le había llegado el orgasmo. Yo no paraba de darle caña pero fue ella la que apretó las nalgas y se echó hacia atrás. Yo me apreté a ella para meterle hasta los huevos. Sentía sus contracciones. Se estaba corriendo. Con la postura de ella pegada a mí la cogí de los hombros para hundirle lo máximo posible mi nabo en ese chocho empapado que ya mojaba mis pelotas. Sentía sus contracciones y sus piernas empezaron a temblar.

Cuando empezó a relajarse fui a salirme de ella pero su voz sonó ronca pidiéndome que no me saliera y de golpe de nuevo su contrajeron sus glúteos y empezó a temblar. No veía su cara pues la tenía hundida entre sus brazos. Hasta tres veces más volvió a sentir las mismas contracciones. En alguna ocasión Claudia había tenido un orgasmo así conmigo pero nunca hasta cinco veces seguidas. Me sentía el mejor amante del mundo en ese momento.

Por fin me salí de “Espérame” que seguía en la misma postura y me tendí en la cama a su lado. Me miró con una sonrisa forzada entre algunas contracciones de su rostro.

-Ufff, Almutamid…estás bueno, pero no me esperaba que follaras así…
-¿Satisfecha?
-Ajammm- asintió tumbándose bocabajo. -todavía me tiemblan las piernas.

Desde donde yo estaba con la chica tendida a mi lado sobresalía su culo al final de su espalda. Crecido por como había ido todo le dije:

-Tienes un culo espectacular, dan ganas de rompértelo…
-Jajajaja. ¿Me acabas de conocer y ya me quieres romper el culo?
-Sólo ha sido un comentario…

Se giró hacia mí y acariciándome el pecho respondió:

-Hoy has estado muy bien, te mereces algún premio. Pero ¿si ni siquiera te has corrido?
-Estaba concentrado en ti.
-Pues tendré que concentrarme yo también en ti para no quedar mal. ¿Qué te apetece hacer para correrte?
-¿Me la comes un poco?

La chica se sonrió y alargando su mano me sacó el condón acariciando mi polla tiesa con mano segura. Después se escurrió por la sábana para intentar colarse entre mis piernas como al principio. Yo las abrí para facilitarle la mamada.

-¿Dónde vas a querer correrte?- me preguntó.
-Donde tú me digas aunque me gusta en las tetas.
-No, ahí no ¿vale?.- contestó seria- Ni en el pelo. Donde quieras pero ahí no.
-Lo dejo a tu elección entonces.

“Espérame” empezó de nuevo sus lamidas a masajes linguales a mi frenillo para empezar a chupar como un chupachups apretando mi glande con sus labios haciendo que su sensibilidad creciera. Después continuó tragándose toda la punta en chupadas rápidas mientras me pajeaba con su mano muy pequeñita y algo regordeta. Tenía la mano tan pequeña que mi polla parecía mucho mayor. Para animarla yo le decía con suavidad:

-Así, así…un poco más, ufff. Que rico mamas…

Me estaba dejando arrastrar por su locuacidad al follar pero mis comentarios animaban a la chica a chupar con más ganas. Pero no fue una mamada rápida. La chica estuvo cerca de un cuarto de hora entre lamidas, mamadas, chupadas y pajeándome a medias hasta que noté que faltaba poco.

-Ufff, ya casi…no pares ahora…
-¿Dónde quieres echármelo?-preguntó pajeándome.
-Me da igual, donde tú quieras…-respondí excitado.

La chica envolvió mi glande con sus labios mientras me pasaba la lengua pajeándome a la vez.

-Uy, que bien…¿quieres mi leche?- pregunté.

No contestó y siguió con la misma operación. Su lengua ya debía sentir el sabor de mi precum y me pajeaba con tanta fuerza que mis pelotas botaban. La avisé con un “ya viene…” pero ella siguió hasta que salió el primer chorro entre contracciones de mi abdomen. Pero en vez de separar su cara cerró sus labios sin dejar de pajearme mientras yo me vaciaba entre estertores.

Cuando terminé de correrme “Espèrame” se levantó con una sonrisa forzada con la boca cerrada, me miró abriendo ligeramente la boca para enseñarme mi corrida como en los vídeos pornos y se fue corriendo al baño a escupirlo. Yo me quedé totalmente relajado en la cama. Cuando volvió se tumbó a mi lado sonriente.

-¿Bien?
-Me ha encantado la mamada…bueno y el regalito.
-Te lo habías ganado.
-Oye, ¿puedo preguntarte algo?
-Dime…
-¿Llevas mucho tiempo quedando así con tíos para follar?
-Una temporada.
-¿Y cómo te dio por esto? Perdona si soy demasiado curioso.
-Pues después de tener novios que solo me querían para ellos follar, porque desde luego que no pensaban en mí y un par de rollos igual me di cuenta que iba a hacer como ellos, pero sin atarme. ¿Y tú? Eres muy guapo. No te faltarán chicas.
-Pues algo parecido. Soy un fracaso en mis relaciones y me he decidido a evitarlas. Follar sin compromiso. ¿Cómo lo ves?
-Pues me he llevado el premio, jajaja. Cuando hablé contigo pensé que ni me contestarías. Que no llegaba a tu nivel. Pero eres buena gente y, nene, follas muy bien. Me has sorprendido.
-Gracias. Tú a mí también.
-Pues tenemos una hora todavía, ¿qué te apetece?
-¿Echamos otro polvo?

Con algo más de confianza ya “Espérame” decidió tomar la iniciativa sentándose a horcajadas sobre mis muslos de modo que en cuatro besos y caricias mi churra volvía a estar lista para la batalla. La chica se mojaba con facilidad pues en cuanto vio mi nabo listo me pidió que le diera un condón que ella misma me puso y en cuanto me tuvo encapuchado se sentó sobre mí haciendo que su chocho se tragara mi nabo. Me cabalgó durante más de media hora en diversas posiciones sin dejar de alabar mi polla aunque como más disfruté fue cuando lo hizo de espaldas a mí permitiéndome darle cachetes en las nalgas y a ella estrujar mis pelotas mientras botaba sobre mí.

De hecho se notaba que quería aprovechar el tiempo que nos quedaba pues se corrió primero sentada frente a mí con leves contracciones de su cara y presión de sus muslos, pero sin dejar que me saliera volvió a la carga, nunca mejor dicho. Se corrió por segunda vez de forma similar al primer polvo cuando estaba de espaldas a mí empapándome con un líquido viscoso las pelotas y los muslos. Las contracciones de su chocho fueron tan intensas que presionaban mi polla por lo que en unos pocos golpes de cadera bajo su peso me vacié dentro del condón. Nos quedamos unos instantes yo acariciando su espalda y ella mis pelotas hasta que mi polla empezó a menguar y tuvo que desmontarse de mí para no correr riesgos con el preservativo.

Nos dio tiempo a asearnos en el baño y a despedirnos fríamente con dos besos y un ya nos hablamos por la app. Su locuacidad anterior se había disipado tras los dos polvos en la despedida.

Llegué a casa relativamente satisfecho. Mi primera experiencia de sexo esporádico sin compromiso había sido todo un éxito y no encontraba daños colaterales. Sospechaba que me iba a servir de medicina para no tener la tentación de volver a meter la pata con Alba.

Por la noche entré en la app. “Espérame” no estaba conectada pero le dejé un mensaje:

“Lo he pasado muy bien contigo. No esperaba que fuese a ser así la tarde cuando quedamos, pero has superado todas las expectativas. Eres una persona muy divertida y lo he pasado muy bien en la cama contigo. Besos.”

El martes lo dediqué a organizar ese fin de semana con las chicas. Ello me permitió hablar con Marta y ponernos un poco al día. Evidentemente no le conté todo. Pero la noté muy natural y parecía estar pasando un buen verano. Ojalá yo no se lo estropeara. Al final quedamos en irnos a una playa de moda entre la gente joven cerca de su ciudad. Iríamos en autobús y nos encontraríamos todos allí. Ella se encargaba del alojamiento, por supuesto barato, pues el único que en ese momento manejaba algo de dinero era yo con mis clases particulares. Sería el último fin de semana de julio.

Todo cuadraba. El miércoles recibí mensaje de Claudia. El jueves llegaba a la ciudad, estaría de papeles pero tenía tiempo para tomarnos un café antes de volverse. Para mí era suficiente. Tras nuestro reencuentro en la residencia no quería forzar y ella videntemente demostraba que no quería evitarme pero tampoco darme demasiadas alas. Buscaba un encuentro breve pero encuentro al fin y al cabo, y lo había programado de modo que no hubiera la tentación de algo más. Muy apropiado para su frialdad, aunque yo era experto en desmotársela.

Yo pensaba que iba a la facultad de medicina pero me llamó a media mañana diciéndome que estaba en un centro de investigación en la zona de la Exposición Universal pero que cogía un autobús a la una de vuelta a su ciudad. Me planté allí en media hora. Cuando llegué ella ya me esperaba pues había terminado sus papeleos. Nos abrazamos con dos besos, no quería ganarme una cobra.

Decidimos tomar algo cerca de la estación de autobuses que está cruzando el río no muy lejos de allí por lo que decidimos ir andando entre las nuevas oficinas, escuelas de ingeniería, centros de investigación y organismos públicos que pueblan esa zona de la ciudad ocupando a veces los antiguos pabellones de la exposición. Teníamos media hora de caminata aproximadamente y aprovechamos para ponernos al día.

Yo dudaba en preguntarle el fin de sus gestiones en mi ciudad y ella tampoco me lo contaba. Al llegar a la estación nos metimos en un centro comercial que hay en frente. Ella se tomó un café y yo la acompañé con una cerveza pues había pasado calor durante el paseo. Pero yo ya ni aguantaba más y se lo tuve que preguntar:

-Bueno, ¿y qué papeles has echado hoy aquí?
-No te hagas ilusiones, Luis.- me dijo algo seca- Todavía no sé donde voy a estar el próximo curso. Tengo reserva de plaza en las facultades de las tres ciudades, ya me he ocupado de ello, pero le instituto que me beca como te dije tiene tres sedes en España y una está aquí.
-Y has venido a solicitar plaza aquí…
-No. Bueno, sí. He venido aquí porque es el que me pilla más cerca de mi casa pero todavía no me dicen si tengo plaza aquí. Todavía puede tocarme en Madrid o Barcelona.
-Ojalá te toque aquí…
-Pero si tú no vas a estar, tontaina, jajaja.
-Pero puedo venirme todos los fines de semana.
-Que es cuando yo me iría…
-Que difícil te gusta ponerlo todo- respondí molesto.
-Luis, yo siempre he sido la racional y tú el impulsivo. Yo la fría y tú el caliente…
-Bueno, a caliente tú también…
-No me refiero a eso, jajaja. Digo de mente. No te lo tomes como un obstáculo, simplemente plantéatelo como que porque yo me venga aquí no nos vamos a ver constantemente. Tú estudias allí y yo puede que aquí. Pero vamos a seguir separados.
-Verte más que el año pasado para mí ya es un premio.
-Como ex novio cursi no tienes precio, jajajaja.
-No te rías de mí. Puedo decírtelo así y de otras maneras pero en todas me rechazarías. Desde empezar por lo bonita que vienes con ese vestidito y el maquillaje que te has puesto hasta la alegría que me da verte tan pronto después de nuestra última despedida.
-Bueno, vengo algo arreglada porque tenía una entrevista esta mañana. Hay que dar buena imagen.
-La tuya es impecable…

Claudia sonrió con halago. Parecía ablandar se un poco.

-Claudia -continué- no te estoy diciendo que por tu estar aquí y yo verte los fines de semanas vayamos a ser pareja de nuevo. Sé que no lo quieres y no voy a insistir, pero me ¿negarás verte?

Mi exnovia miró hacia abajo sin contestar moviendo la cuchara dentro de su taza de café. Yo observaba su gesto mezcla de complacencia y de resistencia. Por fin habló.

-¿Por qué no esperas a que sepa dónde voy? Prefiero que no digamos nada que el tiempo y la circunstancias conviertan en nada. Luis, ten paciencia. Controla sus impulsos. Recuerda lo que hablamos.
-Y la voy a tener. Por ti toda espera merece la pena.

Claudia negó sonriendo.

-No tienes remedio, jajaja. Pero hay que quererte como eres.
-Entonces me quieres…
-Ains, que cansino eres. No voy a tener otra vez la conversación contigo.
-Vale, pero al menos me avisarás con lo que te den o al menos cuando sepas donde vayas.
-Claro. Serás el primero en saberlo…

Tras comentar algunos planes para el verano y pese a ofrecerle pasar unos días juntos Claudia me metió prisa por no perder el autobús. Me dijo que tendría seguramente que volver y ya me avisaría. Pero nadie puede dudar de la capacidad que tienen las mujeres para jugar con las emociones. Al despedirnos en el andén de la estación nos abrazamos con deseos de volver a vernos y me regaló un hermoso beso en los labios que me devolvió las esperanzas recobradas tras nuestro encuentro en la residencia. Claudia sabía darme una de cal y una de arena. Parecía haber decidido iniciar un juego en el que negaba recuperar nuestra relación mientras me daba muestras de que en realidad seguía teniendo unos fuertes sentimientos por mí. Un sí, pero no que me mantenía firme en el deseo de estar con ella, de no forzar, y de vivir mi vida evitando complicaciones como la de Marta o Alba. Estaba claro que había un “nosotros” todavía y que la llama seguía encendida a pesar de todos mis errores.

Subiendo del andén al vestíbulo de la estación por la escalera mecánica sentí que me llamaban. Miré hacia arriba y me encontré con Alba. ¿Nos habría visto despedirnos? ¿El beso en los labios? Iba con sus padres. Algo cortado la saludé.

-¿Qué tal Luis? ¿Qué haces aquí?
-He venido a acompañar a una amiga de mi residencia que ha venido a hacer unos papeles.
-Que casualidad. Nosotros hemos traído a mi hermano que se va de campamento. Papá, mamá ¿os acordáis de Luis?
-Claro que sí-respondió su padre alargándome la mano para estrechar la mía.

Di dos besos a su madre y tras la charla de rigor se empeñaron en acercarme con el coche al barrio. Por más excusas que puse no hubo forma de que me dejarán Irma andando con “la calor que hacía” como dijo su madre.

Fui bastante cortado respondiendo las preguntas que me iban haciendo sus padres sobre los estudios y como me planteaban las vacaciones. Estaban encantados con que diera clases particulares y me pusieron colorado delante de su hija diciéndole lo buen chaval y responsable que era.

Por fin llegamos al barrio. Sus padres nos dejaron salir en la puerta del garaje para que nos des pidiéramos en la calle mientras ellos aparcaban y subían por la escalera interior. Al quedarnos solos Alba me dijo:

-Es muy guapa esa chica.
-¿Nos viste en el andén?

Mi amiga asintió con la cabeza e inmediatamente me preguntó:

-¿Es tu exnovia?
-A ti no te voy a engañar. Sí…
-Hacéis una pareja bonita. Adiós, Luis. Llámame cuando te apetezca un café que la semana que viene me voy de viaje con mis padres…

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