MOISÉS ESTÉVEZ

Buenos días Armando. Como va eso –

  • Hola Mike. Va bien. Empezando la jornada como siempre, con ánimo y
    optimismo, esperando a que no venga nadie a joderte lo que puede ser un
    bonito día – Ironizó – ¿Lo de siempre? –
  • Si. Por favor –
    Huevos revueltos con patatas a la plancha y un supercafé bien cargado
    que le diera la chispa que le faltaba para arrancar la suya, su jornada. Una
    necesidad imperante de cafeína, como casisiempre.
  • Eso se soluciona rápido. Aquí tienes.
    Armando le sirvió un gran vaso de café de la melita que transportaba en
    su mano izquierda y que no tardaba en vaciar constantemente entre su
    clientela habitual y ávida de ese brebaje negro de aroma característico.
    Se tomó el primer vaso leyendo el periódico mientras esperaba el
    desayuno.
    Al mismo tiempo que comía y leía, pensaba que lo de tomarse el día
    libre iba a ser relativo. Se le ocurrió que se acercaría al despacho al terminar lo
    que armando le sirvió para indagar un poco en la desaparición de Alex.
    Consultaría la hemeroteca que ofrece ese inmenso portal al mundo llamado
    internet y haría también un par de llamadas, a ver que podía ir averiguando,
    antes de que el Sr. Smith le pasara su material sobre el caso.
  • Todo exquisito amigo mío, como siempre. Te dejo. Que tengas un buen
    día –
  • Igualmente Mike. Muchas gracias. No tardes en volver –
  • No podría – dijo sonriendo.
    Salió del local y volvió a coger el metro, esta vez para dirigirse a su lugar
    de trabajo, cuando no estaba pateando las calles, claro, que era la mayoría del
    tiempo que ocupaban sus investigaciones.
    Una vez sentado en su mesa abrió el Mac y empezó una búsqueda
    tranquila pero exhaustiva de noticias relacionadas con el caso del hijo de
    David.
    A la vez que navegaba por la red descolgó el teléfono para llamar a un
    viejo amigo que trabajaba en el FBI. Tras comentarle la historia que tenía entre
    manos le pidió por favor que se sumergiera en los archivos federales a ver si
    encontraba algún hilo del que tirar con respecto a la desaparición del chico
    acaecida hace unos dos años. El agente le comentó que estaba desbordado de
    trabajo y que le sería complicado, pero le prometió intentarlo cuando tuviese un
    momento libre.
  • Con una condición Mike. Que me invites a cenar. Tú, yo y un buen vino
    para recordar viejos tiempos –
  • Dalo por hecho amigo –
    Cuando se vino a dar cuenta había caído la noche. Después de varias
    horas consiguió recopilar bastante información y noticias que probablemente le
    ayudarían a su socia y a él a empezar el nuevo encargo con el pie derecho.
    Decidió marcharse a casa. Necesitaba descansar y había quedado
    temprano al día siguiente.
    Una vez en el apartamento, encendió la televisión, jugaban los Knicks.
    Descorchó una botella de vino californiano y abrió una lata de anchoas del
    cantábrico. Sentado en su viejo pero cómodo sofá donde acostumbraba a
    comer, estaba a punto de dar buena cuenta de la delicatessen importada de
    España cuando llamaron a la puerta…

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