MUSA

BEA

Abril de 2019

El retorno de la fiesta en la casa de Nuria fue, por decirlo de alguna manera, incómodo. Pedro estaba furioso, golpeaba el volante en cada luz roja, puteaba en cada cruce con otro coche y hacía maniobras exageradas frente a cada irregularidad del camino.

  • Si sigues manejando así, vamos a terminar matándonos.
  • A la que voy a terminar matando es a tí, si sigues humillándome de esta manera.
  • ¿Y ahora que te dice tu mente enferma? ¿Que se supone que te hice?
  • Me has dejado en ridículo frente a todos. Has permitido que José me tome el pelo. Ese viaje va a ser el fin de nuestra pareja. 
  • Es solo un viaje de trabajo, no muy diferente a los que hacían tú y tus amigos cuando todavía parecían personas decentes. ¿O será precisamente por eso que te preocupa?

Pedro se mordía los labios para no estallar.

  • No me tomes por estúpido, ¿O crees que se me escapa como te vistes de puta los jueves?¿Ese es el día que te lo tiras?
  • Me asombras…ahora de pronto… hasta te das cuenta de cómo me visto cada día…que bien…has descubierto que existo. Pues sí, tienes razón, ese es el día en que cerramos la oficina y nos montamos una orgía entre todos. Eso si, nos drogamos con pegamento industrial que es más barato, la coca es para pijas como tú y tus amigos.
  • Tu sigue cachondeándome, pero no me extrañaría, allí pasan cosas raras. Lo que le ha pasado con Antonio y esa puta no es normal.

A pesar de la evidente ruptura de mi matrimonio y los nuevos celos enfermizos de mi esposo, no se me escapó la extraña situación generada entre Antonio y Daisy.

Por lo visto el golfo la conocía de alguna de sus correrías y la quiso extorsionar de alguna manera ayudado por sus dos amigos. Además de que la tía estaba muy buena, la idea de humillar a David los ponía demasiado.

Egoístas como siempre, les importaba tres mierdas el daño que nos podría ocasionar en lo laboral, su encono por lo que creían era una burla de su antiguo sumiso, los superaba. 

Cuando observé a la parejita marchar por separado, uno después del otro hacia el fondo de la casa, mientras Pedro y Nacho entretenían a David, creí que se habían salido con la suya, pero cuando me percaté de  que Nuria salió corriendo tras ellos, pensé que no todo estaba perdido. 

Lo que siguió, todavía no lo entiendo.

Quince minutos después de la marcha de Nuria, para mi tranquilidad, vi retornar a Daisy tranquila y sonriente como si no hubiera roto un plato en su vida, segundos más tarde apareció Nuria con el rostro demudado y acercándose a mi marido le susurró algo al oído, que provocó que Pedro quedase con la boca abierta.

Luego todo fue confuso, sin que los demás integrantes de la reunión se enteraran, mi esposo marchó hacia donde estaba Antonio y lo encontró tirado en el piso del cobertizo hecho papilla y completamente aterrorizado.

Por más que sus amigos quisieron sacarle lo que había pasado allí, se negó terminantemente a hablar. Y eso a Pedro lo tenía mosqueado. 

Cuando le pregunté a mi esposo como había empezado todo, solo me contó que cuando vieron entrar a Daisy, Antonio les comentó .

  • Hoy tenemos diversión, cúbranme que a esa puta la conozco.

ANTONIO

Viernes 22 de Setiembre de 2017

Como todos los Viernes, Antonio despertó cachondo, con una erección descomunal que amenazaba perforar las sábanas de su lecho. Evitando tocarse se metió en la ducha y recién después de largos minutos bajo el agua tibia, logró vaciar su vejiga y doblegar a su polla

A los incitantes aires primaverales que inundaban la ciudad, se le agregaba la expectativa de la noche semanal en que permitían el ingresos de solos y solas al distinguido club de intercambio del que era habitué.

Noche propicia para la caza, materia en la que él era un perro viejo, siempre cobraba alguna presa. Mujeres casadas o separadas, asqueadas de la rutina y la monotonía, que salían de ronda con sus amigas buscando emociones. Parejas con ansias de probar algo distinto o jóvenes solteras en busca de aventura, todo le iba bien, siempre que las mujeres se ajustaran a sus parámetros… estar muy buenas, tener cara de zorras y estar dispuestas a todo. 

También abundaban las profesionales, no se le escapaba que en el sector VIP funcionaba un exclusivo puticlub regenteado por el inmenso y peligroso ucraniano Boiko, un gitano al que mejor tenerlo lejos si se pretendía conservar la salud.

Al contrario de sus dos colegas, Antonio pasaba de novias, amantes o ligues eventuales ligados a su trabajo. Más aún de las festicholas que se gastaban, donde abundaba la merca y el descontrol. 

A pesar de las apariencias, desde que dejaron la facultad, fuera de lo estrictamente profesional, él llevaba una vida privada meticulosa y ordenada. Hasta mantenía oculto gran parte de su dinero en previsión de posibles malos tiempos.

Amante del ejercicio y la comida sana, mantenía un porte erguido, que aunado a su pelo rubio y buena presencia era un imán para las mujeres. Virtudes que le ayudaban mucho en la captación de clientas adineradas, aunque después le costara despegarse de ellas.

Su único vicio eran los días de caza mayor. 

Como todos los Viernes dejó de trabajar al mediodía, comió liviano y se fué al club a nadar un rato, luego pasó al sauna para relajarse y terminó la tarde con una sesión de rayos U.V.,  esa apariencia de piel tostada resaltaba el rubio de sus cabellos, agregándole atracción a su trabajada presencia física.

Como si fuera un ritual, durmió una buena siesta, a las diez de la noche se dió otra ducha y una hora más tarde ingresaba al club vestido de punta en blanco mostrando su credencial exclusiva.

La noche pintaba bien, la primavera había arrancado calurosa y la concurrencia femenina se veía alborotada y más destapada que de costumbre. Al llegar la medianoche, ya había marcado a un par de voluptuosas damas de un grupo de amigas que observaban todo divertidas y excitadas y también a un par de mujeres que estaban en pareja y le habían devuelto con una sonrisa sus sugerentes miradas.

Estaba por lanzarse, cuando observó la entrada de una pareja que le cambió los planes. Avanzando por el salón, un gigante rubio sacado de un catálogo de modelos y vestido enteramente de blanco, llevaba del brazo a una rubia platinada con físico de escándalo, escasamente cubierta con un escueto vestido plateado que no dejaba nada a la imaginación. 

Su cabellera platinada, peinada en una larga trenza, remataba un rostro enmascarado dejando al descubierto el par de ojos color cielo más hermosos que vió en su vida, brotando de sus monumentales tetas una insolente rosa roja lo miraba con curiosidad.

Impresionado por la aparición de esa diosa, dejó su bebida sin terminar y se encaminó tras ellos cuando ingresaron al sector VIP. El solo pensar en ver follar a esa hembra le ponía los pelos de punta, ni que hablar de la posibilidad remota de acceder a ella. Para su desasosiego, fué detenido en la puerta por los seguratas, que se mantuvieron incólumes ante sus ruegos e intentos de soborno.

Desde ese día no pudo sacársela de la cabeza y a pesar de ir Viernes tras Viernes al mismo local, nunca la volvió a ver… 

Hasta el día de la reunión.

EL TERROR DE BOIKO

Viernes 22 de Setiembre de 2017

El inmenso gigante estaba molesto, desde que recibió el último cargamento de mujeres no dormía bien. Un temor irracional se había apoderado de sus entrañas y no entendía el por qué.

Esa noche en particular sus sentidos estaban alerta y su instinto gitano le gritaba al oído que algo iba a pasar. Cuando por los monitores vió entrar a la pareja, supo que sus peores pesadillas estaban por convertirse en realidad.

Dió la orden de no dejar pasar a nadie más después de ellos y salió a su encuentro. No se molestó en avisar a su personal de seguridad, sabía que era inutil.

Haciendo gala de un coraje que no tenía, encaró a la impresionante mujer, que desde detrás de la máscara lo miraba con curiosidad. Boiko no se confió, esos ojos color cielo anunciaban tormenta.

  • ¿Qué buscas? Este no es un lugar para alguien como tú.
  • Sin embargo yo creo que sí, mi colega Gabriel me ha revelado que tienes a las niñas aquí, vengo a llevármelas.

Boiko miró espantado al gigante rubio que lo observaba con una sonrisa sobradora…En una ráfaga, todas las historias que contaban sus ancestros al amparo de los fuegos de los campamentos, pasaron por su cabeza. 

Tragando saliva hizo un último intento de regateo. Su sangre gitana se lo exigía.

  • He pagado mucho por ellas. ¿Por qué las quieres?
  • Porque se han equivocado otra vez, no deberían estar aquí, no es su destino, debo llevármelas.
  • ¿Y si me niego?
  • No creo que seas tan estúpido.
  • ¿Qué me darás a cambio?
  • Solo esto…

Refrendando sus palabras, la voluptuosa rubia llevó la mano a su escote, extrajo de él un trozo de cordel trenzado en lana negra y lo depositó en su mano.

No hubo más palabras, presa del terror más absoluto, Boiko comprendió que debía obedecer

CUANDO LOS SUEÑOS SE TORNAN PESADILLA

Abril 2019

Cuando vió entrar a su viejo y patético protegido, pavoneándose del brazo de la mujer de sus sueños, debió pellizcarse un brazo para averiguar si era realidad. Cuando la diosa se sacó la campera y la atrevida rosa roja asomó burlona, no tuvo duda de lo que tenía que hacer.

En cuanto sus amigos distrajeron a David se acercó a la hembra y le susurró al oído

  • ¿Sabe tu noviecito que frecuentas clubes de intercambio?

Disfrutó al verla conmovida y supo que no se había equivocado. Decidió jugarse el todo por el todo, la posibilidad de que la rubia entrara en su juego valía la pena el riesgo.

  • Si sabes lo que te conviene, ven al cobertizo del fondo, te espero en diez minutos.

Y se marchó con poca esperanza de que su amenaza surtiera efecto. No sabía qué tipo de relación tenía la rubia con David, quizás solo fuera una escort haciendo su trabajo. Cuando la puerta del cuartucho se abrió y vio aparecer a la diosa con una cara de zorra que tiraba para atrás, supo que sus sueños estaban por hacerse realidad.

La vió acercarse sinuosa, pasándose la lengua por los labios y creyó no poder aguantar la calentura por la ansiedad, cuando la tuvo cerca y empezó a acercar su cara para besarla, todo cambió. 

La mano de la hembra salió disparada en dirección a su cuello, para terminar atenazándolo, mientras las largas uñas se clavaban en su piel. Sus ojos color cielo empezaron a cambiar y como quien vé impotente acercarse la tempestad, notó como se fueron nublando para terminar en el negro mas absoluto.

A punto de desfallecer por la falta de aire, sumergido en el terror más absoluto y cuando empezaba a aceptar cuanto se había equivocado, recibió un tremendo rodillazo en los testículos que lo dobló al medio, provocando que sus piernas cedieran cuando la rubia aflojó la tenaza.

Lo que siguió no lo recuerda bien, pero la lluvia de patadas sobre su cuerpo solo cesó, cuando la puerta se volvió a abrir deteniendo el calvario. Había jugado con fuego y se había quemado, en lo más profundo de sus entrañas sintió que debía olvidarse de esa mujer. Le iba la vida en ello. En su cabeza resonaba la advertencia de la rubia mientras lo pateaba.

  • ¡Cómo intenten lastimarlo, se van a arrepentir, les va la vida en ello!

EL PASADO VIOLENTO DE PEDRO

Abril de 2019

El impacto de encontrar a su amigo golpeado y aterrorizado, fue tan grande y los dejó tan impresionados, que el tema de los viajes no se volvió a tocar en la reunión. Aunque Pedro seguía muy mosqueado con el tema. 

Que Bea se fuera a la exposición con David, lo consideraba un golpe a su orgullo. Aunque de la boca para afuera se pavoneara diciendo que ese imbécil nunca podría tener una oportunidad con una hembra como ella, los celos lo carcomían.

No siempre fué así. Cuando Nacho se lo presentó a Bea, era un joven arrogante y atractivo, muy seguro de sí mismo. Alto, levemente musculado y de mirada pícara que se volvía torva si le invadían su territorio, era pura luz para las polillas que lo revoloteaban. 

Entre ellas Bea, que quedó embobada con él desde el primer día.

Ahora todo había cambiado, a los veintiséis años ella era una mujer de bandera. Alta, espigada, de senos abundantes y cintura estrecha, remataba su figura con un culito parado, fruto de largas horas de spinning, que era una gloria.

Y lo más importante, había recuperado su autoestima, se había demostrado a sí misma que podía valerse sola.

Pedro, en cambio, todavía no era capaz de asimilar su caída en desgracia. Resignado a pasar largas horas detrás del volante de un taxi, comiendo mal y recaudando en un mes lo que antes ganaba en unas horas, había echado panza, su carácter se había agriado y su otrora abundante cabello negro se había raleado.

Pero lo que más le amargaba la vida, era resignarse a vivir dependiendo de su esposa. Esa mosquita muerta que otrora besaba sus pies, se atrevía a desafiarlo refregándole por las narices su fracaso. Para colmo de males, lo sucedido en la puta fiesta era extraño de los cojones. Maldecía la hora en se le ocurrió ir.

Se había resignado a vivir en el pequeño departamento, herencia de la abuela de Bea y hasta había aceptado que esta fuera a trabajar a la fábrica del que consideraba un perdedor. Pero que ella se babeara hablando de David y que se atreviera a vestirse como puta, cada vez que tenían una reunión, le despertaba sus fantasmas más oscuros. 

Criado por el hermano de su padre, que había echado un grueso manto de olvido sobre su pasado, pocos conocían la historia de su vida y el origen de su violencia. Lo ocurrido en su casa no era bueno que se supiera. 

Con el correr de los años, Pedro había logrado hacer encajar las piezas perdidas de su memoria y creía haber superado el trauma, pero los acontecimientos recientes habían despertado a sus viejos fantasmas. 

Era pequeño cuando todo ocurrió, y pocos saben que lo vio todo.

Vivían en un pequeño pueblo, donde su padre Ricardo, un hombre de cincuenta años robusto y bonachón, adusto y de pocas palabras, era el comisario. Noelia su madre, en cambio, era una muchacha de treinta años típica de pueblo, maestra en la escuela primaria y con las carnes bien puestas donde debían estar. 

Alegre, cantarina y amante de la danza, no había fiesta familiar que terminara sin un gran baile de todos contra todos, con su padre mirándolo desde lejos con una sonrisa. Su gran cuerpo no era compatible con el ritmo de la música.

En la casa vecina vivía su tía paterna, una mujer amargada de cuarenta años, viuda joven que se había vuelto a casar con Javier, el profesor de educación física de la escuela local. 

Hombre de treinta y cinco años, de físico trabajado y buena presencia, tenía a la mujer ahogada en un océano de celos, sobre todo al verlo bailar con su cuñada en las fiestas familiares. Celos que provocaban las risotadas de su hermano por lo infundadas.

Todo ocurrió un domingo de verano, día en que su padre lo invitó a una excursión de pesca para festejar sus recientes diez años. Excursión que se suspendió por el aviso de mal tiempo mar adentro.

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