MOISÉS ESTÉVEZ

El Sr. Smith entró en el ascensor haciendo un ademán con la mano a
modo de despedida y con una tímida sonrisa en los labios. posiblemente dicha
sonrisa, lejos de tener un fondo de bienestar, albergaba un halo de esperanza.

  • Está bien Penny, me da en la nariz que este caso no va a ser nada fácil
    y que requerirá más atención y más recursos que cualquier otro ¿Te parece si
    nos tomamos el resto del día libre? Yo por lo menos necesito descansar, de lo
    contrario no tendré la mente al cien por cien para empezar mañana con esta
    historia –
  • No lo veo mal. Aprovecharé la tarde para cerrar un par de asuntos
    personales que tengo pendientes desde hace tiempo antes de meternos de
    lleno con la investigación –
  • Estupendo. Pues no se hable más. Te veo mañana entonces –
    Mike cambió de opinión con respecto a su aseo personal y en vez de
    hacerlo en el despacho, lo haría en casa tranquilamente, aunque eso sí, sin
    demorarlo más, porque a la vez que retrasaba la ducha, aumentaban sus
    olores corporales.
    Salió del baño, y medio mojado aún, se dirigió a su reducido vestidor.
    Bien afeitado, embadurnado en bodymilk y con un agradable aroma a Egoist
    Platinum, uno de los pocos lujos que sus esmirriados ingresos como
    investigador privado se permitía.
    Encendió un cigarrillo mientras cogía la ropa: jeans azules con rotos a la
    altura de las rodillas, camiseta y perfecto negro, zapatillas casual color mostaza
    y su gorra de los Yankees.
    Terminó de vestirse a la vez que le daba la última calada al Marlboro y
    se cepilló los dientes como marcan los cánones odontológicos antes de
    dirigirse de nuevo a su estómago – Amiguito, nos vamos a deleitar con un gran
    desayuno –
    Utilizó el metro para ir a la 34th, donde su amigo Armando, mejicano de
    nacimiento pero nacionalizado estadounidense desde hacía más de veinte
    años, regentaba un restaurante en el que Mike se sentía como en casa, no solo
    por la comida, que era exquisita, sino también por el trato que recibía, familiar y
    cálido, en un ambiente tranquilo y acogedor.
  • Buenos días Armando. Cómo va eso… –
    g-sayah

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