ALMUTAMID

El sábado mi padre me dejó el coche y colaboré a subir bebida y comida para la barbacoa. Aunque era casi la misma gente del año anterior se notaba el paso de muchos de ellos a la universidad. Había caras nuevas pero la mayoría de la gente eran el grupo con el que yo salía en el último año. De hecho, el cumpleaños de Leyre se había convertido en la fiesta de inicio del verano.

Yo como amigo del novio de la niña de la casa colaboré en las labores de intendencia preparando las cubas con hielo para la cerveza, sangría y montando la barbacoa con su carbón para encenderla en breve y empezar a asar sardinas y churrascos.

Estaba tan atareado en el montaje de la fiesta que no me fui dando cuenta de quién llegaba hasta que vinieron expresamente a saludarme. Esas barbacoas son fiestas de la juventud donde cuerpos jóvenes se pasean en bañador mientras comen y beben. De hecho, cuando fui a las primeras estando aún en el instituto era la ocasión de ver a las amigas a las que echábamos el ojo durante el curso ligeras de ropa. Mi problema en aquella época es que yo era el canijo con gafas que no era capaz de mantener una conversación de más de tres frases seguidas donde generalmente la que preguntaba era la chica.

Ahora sin embargo, yo era una persona más segura que saludaba a todo el mundo y que incluso había tenido sus historias con tres de las chicas de aquella reunión de más de 40 personas. Y además aquel día yo iba muy liberado de todo pues no tenía intención de dejarme arrastrar ni por el bikini más espectacular que hubiera allí soltándome de esa necesidad de tontear con cualquier niña mona con la que estés hablando.

Aunque los propósitos a veces son difíciles de cumplir y me vi obligado a hacer un esfuerzo. La primera en saludarme fue Nieves. Llevaba un bikini palabra de honor sujetando sus pecho a modo de presión. Verla allí así vestida no pudo más que recordarme como habíamos empezado nuestro tonteo allí mismo y como yo había sucumbido fácilmente a sus requerimientos cada vez que quiso. Afortunadamente uno de los que me estaba ayudando a preparar la sangría era su novio Alberto facilitándome la tarea de pensar en otras cosas.

El chaval era muy agradable pero algo soso en estas cuestiones. Pero estaba siendo un buen pinché trayéndome los ingredientes del cóctel para que yo los mezclara. Me daba cuenta cada vez más que aquella pareja era un capricho de Nieves, pues aunque el tío era bastante agradable le faltaba ese punto de picardía que ella tanto valoraba. Estaba claro que mi exam ante estaba más enamorada de una idea que de una persona. O a lo mejor me equivocaba, pero no veía en ella la chispa que se ven en otras parejas.

Después fue Viqui la que vino a saludarme. Venía mojada de la piscina y me abrazó por la espalda mojándome mientras me decía:

-¡Déjate de tanto preparar y date un baño ya que estás sudando!
-Joder, estás helada…

Nos dimos dos besos. Y me di cuenta por enésima vez de la suerte que había tenido de que mi primera relación oficial hubiese sido una niña como ella. Que por cierto me sorprendía. Estaba claro que su últimas relaciones no habían ido demasiado bien pues después de mí había salido con un musculitos, había tenido algún rollete como el revolcón que se dio con Pablo en un bar, pero no se le conocía ninguna relación en todo ese tiempo.

La última en saludarme fue Alba. Se acercó mientras Viqui y yo hablábamos. El año pasado me había pasado casi inadvertida si no hubiese sido porque era amiga de Nieves y habíamos tenido aquel tonteo. Y ahora hasta me puse nervioso al verla. Estaba espectacular con un bikini de colores vivos que aprisionaba su delantera de Champions League, mientras tapaba la braguita del bikini con un pareo anudado a la cintura de forma que parecía aún más fina frente a la contundencia de sus caderas. Su saludo fue además tímido, como si hubiésemos empezado a conocernos a pesar de que yo ya había besado sus labios, amasado sus pecho y hasta profana do su entrepierna colando mi mano en ella.

Tuve que apartar esos pensamientos de mi cabeza porque evidentemente su cuerpo me atraía, su forma de ser era adorable y congeniamos mucho, pero mi objetivo estaba marcado. El camino para llegar a Claudia no podía ser el que había llevado hasta ahora. Tenía que ser fuerte y contener mis límites. No líos y menos con amigas. Y sobre todo no dejarme arrastrar por esos pensamientos. Alba no se merecía un elemento como yo. En el fondo, con mi currículum, éramos tan opuestos como Alberto y Nieves. Ese iba a ser mi argumento para no caer en los mismos errores que en feria pese a la fascinación que me produjo verla.

La charla con amigos y estar pendiente de la barbacoa me ayudó bastante a no volver a caer en los mismos pensamientos. Incluso apenas hablé con las chicas en toda la tarde. Pero como había ocurrido el año anterior algunos nos quedábamos a dormir para seguir la fiesta durante la noche. A partir de las 9 empezaron a desfilar los que se iban despidiéndose especialmente de la anfitriona y Pablo. Para cuando empecé a preparar de nuevo el carbón para la cena ya sólo quedábamos los de siempre: Leyre y Pablo, Nieves y Alberto, Viqui, Alba y yo. Y aunque Viqui no era de las íntimas, Alba le pidió a la dueña de la casa que la invitará a dormir. Eso me hizo un gran favor pues en el momento en que las parejitas se fuesen a dormir para mí iba a ser más cómodo quedarme con las dos amigas que sólo con Alba.

Y de hecho algo así ocurrió. Mientras el carbón formaba las brasas dejé que se airear a para que perdiera fuerza la llama y que los choricillos y chistorras no se turrara cuando empezarán a soltar la grasa. Cogí una cerveza y me senté en un columpio de esos de sillón que tenían los padres de Leyre en el porche delantero. Al minuto llegaron Alba y Viqui que se sentaron cada una a mi lado. Por la estrechez del columpio sus piernas se pegaron a las mías.

Nos pusimos a comentar como había ido el día con algún chascarrillo y cotilleo de los que ya se habían ido. Se estaba a gusto allí viendo como se ponía el sol entre los árboles de las casas colindantes y empezaba a bajar el sofocante calor que sólo se podía combatir con baños en la piscina, bebida fría y la escasa ropa que llevábamos. Entonces Alba dijo:

-Siempre nos toca quedarnos de sujetavelas de estas dos…
-Bueno, yo menos, jajajaja- dijo Viqui.- Yo me temía que me hubierais invitado para tapar algo.
-¿Tapar qué?- preguntó Alba.
-No sé…jajajaja, no se me ocurre nada entre tú y este muchachito.
-No, no…-respondió Alba colorada—sólo somos amigos.

Me extrañó que Alba no le hubiera contado a Viqui nuestra conversación de una semana antes pero respeté su discreción y no tercié. Viqui se quedó cortada y se disculpó:

-Perdonadme, pensaba que había algo entre vosotros y que queríais disimular o algo.
-No- hablé al fin-Alba y yo no….bueno, que no….
-A ver, que no me déis explicaciones. Yo que me habré montado una película.- respondió cortada.
-Bueno-dije yo-cuando éstos se retiren a sus cositas tendré quien me haga compañía.
-Jajajaja, bueno- respondió Viqui- pero hoy duermes solo…que yo me voy con Alba.
-¿No me dejáis dormir con vosotras?
-Mira que listo, jajajaja.
-Bueno -añadió Alba- lo dejamos dormir en la misma habitación pero solito, jajajaja.
-No me queréis nada…
-Más de lo que te mereces…-respondió mi ex novia besándose la mejilla.
-Me voy a daros de comer anda, que si no…

Me levanté dejándolas sentadas charlando. Cuando empecé a sacar las primeras tandas de chorizos junto con mi pinché Alberto fui a buscarlas de nuevo. Estaban hablando bajito. Seguramente Alba le estaba contando nuestra conversación. Para no parecer indiscreto las llamé desde la distancia y me dijeron que ya venían. A pesar de todo lo cómodo y bebido al mediodía los 7 cenamos bastante y bebimos más cerveza pues la sangría se había acabado a media tarde.

Sentados alrededor de la mesa que estaba junto a la barbacoa Pablo nos sirvió unas copas mientras charlábamos. Entre cena y sobremesa debían ser más de las 12. Entonces Pablo tuvo una de sus típicas salidas. Se fue hacia donde estaban los interruptores de las luces de la piscina y el porche trasero donde estábamos y las apagó.

-Pero ¿qué haces pirado?- le regañó su novia.
-Toca baño en pelotas….

Lo vimos cruzar corriendo hacia la piscina comprobando pese a la oscuridad que efectivamente iba en pelotas. Se lanzó al agua y empezó a llamarnos, pero nadie se movía. Entonces cambió de táctica:

-¡Luis! ¡Alberto! No seáis maricones y veniros a ver si esas pavisosas se pican…

Yo no me moví pero Alberto pareciendo demostrable algo a su novia se levantó y se separó de nosotros justo antes de quitarse el bañador mientras Pablo lo animaba y Nieves le decía:

-Pero Albertito no te piques con ese…
-Luis ya solo faltas tú…vamos…
-¿No te estarás cortando por alguien?- me soltó Viqui.
-Yo no me corto reina es respeto a las damas-dije levantándome para sin prisa irme al filo de la piscina, quitarme el bañador y lanzarme a la piscina entre la coña de las chicas.

Viendo es escaso éxito de Pablo nos pusimos a pergeñar un plan. Cada uno iría a por su novia para tirarla a la piscina.

-¿Y yo qué?- pregunté.
-La que más te guste…jajajaja.

Salieron los dos, y se fueron a por la chicas que empezaron a gritar y reír sorprendidas. Pablo levantó a Leyre con facilidad por su fuerza y la poca oposición de ella. Alberto tuvo más problemas para arrastrar a Nieves. Pero yo me quedé en la piscina esperando sin saber qué hacer. Tras caer a la piscina las dos parejas Pablo las invitó a quitarse los bikinis, pero lo más que consiguió es que su novia se quedara en topless mientras Nieves no aceptó los intentos de Alberto. Pablo me empujaba a buscar a las otras dos pero yo seguía cortado. Entonces pensé: “De perdidos al río…”

Salí de la piscina y me fui andando tapándome la polla con la mano hasta las dos. Viqui estaba con cara de coña pero Alba estaba con cara de cierto espanto.

-¿Y ahora qué?- me desafió mi exnovia.
-No seáis aguafiestas…-dije casi con disculpa.
-¿Qué hacemos Alba con estos niños?

No respondía. Pero entonces sin esperarme lo se levantaron las dos y agarrandome cada una de un brazo tiraron de mi hacia la piscina tirándome antes la guasa general. Viqui se quitó la parte de arriba del bikini lanzándose al agua mientras Alba se lanzó sin quitarse nada mientras casi a coro le protestaban:

-Eso es trampa…que se lo quite, que se lo quite…

Mientras discutían si todo el mundo a enseñar o no de golpe se encendieron las luces. Pablo se había salido y encendido las luces mientras se descojonaba de risa con su bañador puesto. La primera en quejarse fue su novia:

-Hijo…que obsesión por qué me vea todo el mundo las tetas…
-Tú estás tonto…-protestaba Nieves asomando sólo la cabeza dentro del agua.

La discusión era bastante absurda pues un año antes habíamos estado los 4 en pelota en aquella misma piscina, pero las circunstancias habían cambiado y había más gente. De hecho, Alberto miraba con cara de lelo sin entender del todo la broma de Pablo y Viqui, con su determinación se salió por la escalera contraria de espaldas a todos y una vez fuera se tapó los pecho con la mano hasta alcanzar su bikini y ponérselo. Alba salió tras ella sin reparo pues tenía su bikini completo. Yo las seguí tapándome la churra con la mano al salir. Fue Viqui la que me acercó mi bañador para ponérmelo, de espaldas a los demás mientras seguían quejándose las dos amigas en la piscina de la bromista de Pablo.

Viendo el cariz que tomaban las cosas nos retiramos los tres al columpio del porche delantero dejando que se entendieran las dos parejas. Fue una charla entre amigos más basada en la crítica a la ocurrencia de Pablo y la extraña reacción de Leyre y Nieves. Pero no podía evitar ponerme nervioso cuando Alba clavaba sus ojos brillantes en mí cuando yo hablaba. De hecho su muslo pegado a mi pierna. Su presencia tan cercana me recordaba otras circunstancias. De no haber estado Viqui allí temía haber cometido un error. Aunque tras mi confesión seguramente Alba me habría rechazado, porque esa era una de sus grandezas que me generaban admiración. Era una chica con principios. Por eso la respetaba tanto.

Cuando volvimos al porche trasero ya las parejas se habían retirado. Estarían a lo suyo. Así que nos fuimos a dormir. Había que organizarse. Había un dormitorio y el salón. Pensé que me tocaría dormir solo en el sofá, pero al final cogimos los colchones del dormitorio y los echamos al suelo en el salón durmiendo los tres allí. En realidad nos tumbamos y seguimos charlando un rato más, pero al colocarnos Alba insistió mucho en que fuese Viqui la que se pusiera en medio. Evidentemente no quería dormir pegada a mí.

Escuchamos algún trajinar de dentro de la casa reconociendo la voz de Pablo y nos dio la risa floja. Pero al final al poco nos fuimos quedando en silencio hasta que sentí el respirar profundo de las chicas. Yo mientras no pude evitar pensar en mi vida. Tenía que cuidar a Claudia. Ese era mi pensamiento. No podía perder a una persona tan espectacular y admirable y lo más importante me quería. Pero Alba era una chica maravillosa. En este caso era ella la que se tenía que cuidar de mí. Porque al igual que me había pasado con Marta, podía estar muy a gusto con ella pero sospechaba que en cuanto Claudia se volviera a cruzar por delante de mí me iba a ir detrás de su estela sin pensármelo. Y nadie se merecía que la dejaran de esa forma.

Aún así no podía dejar de congratularme por su amistad. A eso no renunciaba. Esperaba que nos siguiéramos viendo con normalidad como dos amigos que se atrajeron pero que no fueron a más.

El otro problema era Marta. Tenía que contarle lo que había pasado con Claudia. Eso sería más doloroso. Pero yo tenía que asumirlo y apechugar con su reacción. No me quedaba otra. Me sentía culpable por el beso que despertó en ella su confianza en tener algo conmigo pero también me sentía con la tranquilidad de haber sido transparente con ella. Buscaría un fin de semana para tener nuestra escapada juntos y ahí me sinceraría.

Por la mañana todo parecía normal. No había mosqueo entre las parejitas y pudimos disfrutar de una mañana de piscina relajada. De hecho yo me pasé casi todo el tiempo con Alberto y Pablo mientras la chicas tomaban el sol y charlaban de sus cosas. Mi amigo casi mete la pata insinuando que un año antes me estaba follando a Nieves allí mismo, pero fue capaz de dar a entender que era otra chica. El pobre Alberto, por como hablaba tenía una imagen bastante inocente de la actitud sexual de su novia. Pues la veía como una persona de pareja estable y marcando los tiempo. Mientras yo pensaba con ironía: los tiempo claro, ahora te follo en una discoteca, ahora te la como en mi cocina o en el trastero y ahora me enculas en mi sofá…

Pablo, sin embargo, presumía de lo contrario, de lo zorrona que era su novia aunque últimamente la notaba más retraída. Ellas reían de fondo de vez en cuando, seguro que también hablaban de nosotros. Aprovechando que Alberto se fue a mear Pablo me dijo:

-Con lo canijazo que eres y más parado que una farola me estoy dando cuenta que te has beneficiado aquí a todas menos a mi novia.
-A Alba no…
-Pero algo has tenido. La niña se pone colorada cada vez que se te nombra.
-Que te lo cuente ella.
-Mi amigo eres tú, pero tu respuesta ya lo dice todo…
-Calla que viene Alberto.

Sin más sobresaltos después de comer recogimos la casa y fuimos desfilando. Yo llevé a las chicas a su casa y me fui a la mía. Nada más llegar y tras saludar a mis padres me fui a duchar y como aún faltaba para le cena me tiré en la cama para mirar el móvil al que prácticamente no le había echado cuenta en todo el fin de semana.

Tenía varios mensajes por mirar. Por orden de interés empecé a leerlos y contestarlos. El primero era de Claudia. El jueves pasaría por la ciudad a traer unos papeles. Eso significaba que iba a intentar trasladarse a mi ciudad. Me ofrecí a acompañarla sin preguntar demasiado. Ya me contaría. No estaba conectada y no me respondió.

El siguiente en interés era de Ángela. Había hablado con Marta y estaban organizando una escapada a la playa. Esa era mi oportunidad. Ángela me ayudaría. Pero antes tenía que contarle lo sucedido con Claudia. Le respondí que me apuntaba pero que antes tenía que hablar con ella.

-Estoy conectada. Cuéntame.-respondió mi amiga.
-¿Cómo estás? ¿Cómo van esas vacaciones?
-Aburrida como una ostra…

Nos contamos las novedades sobre mis clases y alumnos y ella como en su pueblo no tenía demasiados amigos. Estaba deseando esa escapada con nosotros a la playa. Yo le dije que me apuntaba pero que antes tenía que explicarle algo que me había pasado. Le relaté lo sucedido con Claudia y como había decidido ser sincero con Marta. Me regañó por la poca claridad de mis sentimientos y por como había empujado a Marta. Lo admití todo y le expliqué mi intención de contárselo. Pero también le referí que en realidad Marta y yo apenas habíamos hablado desde que se fue a su casa. Parecía poner un velo y quizá no le dolería tanto mi ruptura.

-¿Qué ruptura Luis? Si para ella no habéis tenido nada más que varios polvos.
-Tú sabes perfectamente -le contesté—que eso no se lo cree ni ella. Es una protección que se ha puesto pero que la procesión va por dentro.
-Pues peor me lo pones Luis. Lo que no me apetece es pasarme ese fin de semana con las caras largas.
-Ya verás como no. Marta es una experta en ocultar sus sentimientos.
-No tanto…todos sabíamos que seguía colda por ti desde el principio.

Nos despedimos quedando en hablar para organizar el viajecito pero mi determinación seguía adelante. Aunque no teníamos oficialmente nada mi obligación moral era contárselo y si tenía que insultarme que lo hiciera, y por supuesto yo tragármelo.

El tercero era un aviso de la app de citas. Entré por curiosidad. Tenía mensajes de dos contactos. Uno de una chica extranjera que acababa de llegar a la ciudad para pasar unos días y buscaba gente local para salir. Era noruega y me había escrito por el nivel de inglés que yo había indicado en mi perfil. Observé sus fotos. Era una típica nórdica muy rubia con ojos grises aparentemente muy alta y con unas buenas brevas. Por curiosidad le respondía amablemente que estaría encantado de servirle de cicerone por la ciudad cualquier tarde. Su mensaje era de dos días antes así que supuse que ya habría encontrado a alguien y ni me respondería.

El otro mensaje era de la chica con la que había hablado la semana anterior. Me saludaba y me decía que le gustaría volver a hablar. Por educación también respondí.

-Perdona por no contestar pero he estado el fin de semana de barbacoa con amigos.

Al instante vi que escribía.

-Que bien vives. Yo trabajando todo el fin de semana. ¿Lo has pasado bien?
-Claro. Me hacía falta pasar unos días así después de los exámenes. ¿Hoy no trabajas?
-No. En verano descanso domingos y lunes.
-¿Y qué vas a hacer hoy?- pregunté curioso.
-Estoy muerta, porque he trabajo mediodia. Así que me tiro en la cama.
-Yo también estoy tirado en la cama.
-Qué sexy.
-Jajajaja. No es para tanto…

De golpe me llegó una foto de la chica. Se veían sus piernas con unos pantaloncitos cortos sobre su cama mostrando sus muslos especialmente desarrollados como su culo.

-Mira que cómoda…-respondí.
-¿Qué tal tú?
-Igual pero no puedo mostrarte mi foto, estoy en calzoncillos.
-Entonces debes, jajajaja.
-¿Qué me quieres ver el paquete?
-Así veo lo que hay…
-¿Siempre eres tan descarada?
-Con los que me gustan sí…

Dudé que hacer. Pero en ocasiones el orgullo te empuja a hacer cosas sin haberlas pensado. Me gustaba que me halagaran, ¿y a quién no? Tampoco estaba haciendo nada malo. Así que me sobé un poco la polla para ponerla morcillona y apreté la barriga para marcar las abdominales y me hice una foto en la que se me veía del pecho hacia abajo.

La respuesta de la chica fue inmediata.

-Guau…¿ planes mañana?

Me dejó descolocado.

-Por la mañana doy clases particulares.-me excusé.
-Perfecto. ¿Por qué no quedamos por la tarde para conocernos?

Intentaba buscar una excusa y no la encontré así que empujado por una enorme curiosidad le admití que nunca había quedado con nadie así.

-Siempre hay una primera vez…

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