ALMUTAMID

Fui al baño a darme una ducha rápida pues mi polla olía a la mezcla de su flujo y mi semen por el sexo de la noche anterior. Cuando me estaba secando caí en la cuenta de que la habitación estaba vacía. Me vestí y subí de nuevo a su dormitorio. Efectivamente su maleta no estaba, tan sólo un envoltorio de regalo sobre el escritorio con una nota que decía: “Para Luis”.

Abrí el paquete y me encontré una camiseta de la Juventus con mi nombre serigrafiado detrás “Luisinho” y el número 10. Pero debajo de la camiseta había una foto de nuestro verano anterior cuando habíamos estado en la playa con Víctor y Lourdes. Estábamos abrazados sonriendo en la escalera que bajaba a la cala, ella un escalón por debajo de mí con mi cabeza asomando por detrás. Le di la vuelta a la foto y había algo escrito:

“Luis, he sido contigo muy feliz pero mis objetivos me impiden seguir embarcada en el viaje que iniciamos el año pasado. Nos falta experiencia para dar un salto tan grande. Lo que hemos vivido juntos ha dejado una huella imborrable de alegrías y sinsabores. Si el destino quiere nos volveremos a encontrar, aunque quiero que sepas que siempre seré tuya.

Te quiero, Claudia.”

¿Qué era esto? ¿Un regalo y un adiós? No puede ser. Corrí a mi dormitorio a buscar mi teléfono móvil. La llamé pero no me cogía el teléfono. Apresuradamente salí de la residencia corriendo hacia la facultad. La opresión que sentía en el pecho me dificultaba respirar. No podía ser. Ella es la mujer de mi vida, lo sabe y no puede irse diciéndome además que yo soy el hombre de la suya.

No estaba en la secretaría. Subí al decanato. Tampoco estaba. Miré la hora. Mierda. Tenía cita temprano y eran cerca de las 12. Si me hubiera dado cuenta nada más levantarme de que se había ido de verdad me habría dado prisa. Saló corriendo cada vez más angustiado. No me cogía el teléfono ni contestaba mis mensajes suplicantes. Sabía que no íbamos a volver juntos, pero esta despedida era demasiado definitiva. Yo mismo había querido apartarla de mi vida pero una sola noche me había demostrado que no quería a nadie más que a Claudia. Marta había sido un capricho y con Alba me dejé llevar por nuestras afinidades. Pero sólo quería a Claudia.

¿Por qué estaba siendo tan cruel conmigo? Me daba una noche de amor y después se iba. Ódiame, pasa de mí, peor no me hagas esto. Cuando todavía siento su piel pegada a la mía. Corrí a la estación de ferrocarril. Ella siempre venía en tren. Con suerte aun no había salido. Llegué al vestíbulo de la estación. Un tren a su ciudad había salido a las 9:30 y otro salía en media hora. Uno demasiado pronto. Tenía que estar allí. Corrí al andén, a la cafetería, rodeé la estación. No estaba.

Lleno de ansiedad me senté en un bando en el andén frente al tren en el que había tenido la esperanza de que ella estuviera. Imposible. Con la cara entre las manos intenté ocultar mi angustia. Ya se había ido y ni siquiera me había despedido de ella para decirle que yo también la esperaría siempre.

Entonces escuché su voz:

-Luis, ¿qué haces aquí?

Levanté la cabeza y estaba allí de pie con el mismo vestidito del día anterior mirándome sorprendida. No respondí me levanté y la abracé sin poder reprimir el ponerme a llorar como un niño. La ansiedad vivida durante la mañana estaba aflorando en forma de lágrimas.

-No me hagas esto, por Dios- balbuceé- No te vayas así.

De primeras Claudia se quedó rígida pero al final se dejó llevar por la emoción y sus brazos me atraparon diciéndome con voz maternal:

-Precisamente para evitar esto…
-Sé que no te merezco pero no me puedes llevar al cielo para abandonarme después en el infierno…

Mezclando risa con llanto Claudia me contestó:

-No entiendo como puedes ser tan cursi en un momento así…
-Idiota, no sé decirlo de otra manera…
-¿No entiendes que es lo mejor?
-Irte así, ¿sin más? Adiós muy buenas te quiero mucho pero me largo. No moleste…

En ese momento dieron el último aviso de salida del tren. Claudia me besó y se fue ligera para no perderlo. Yo me quedé paralizado. Necesitaba más respuestas. En un impulso me subí al tren antes de que se cerrara la puerta. La busqué por el vagón y me senté a su lado:

-¿Qué haces aquí?- me dijo sorprendida.
-Me bajo en la siguiente parada…pero no podía despedirme así.

Sorprendentemente se le iluminó la cara. La señora que estaba sentada frente a nosotros se sonreía admirando una bonita despedida de novios. Pero yo cogí de la mano a Claudia y me la llevé al descansillo junto a la puerta del vagón y ya con el traqueteo de la marcha saliendo de la estación le dije lo que necesitaba:

-Me he equivocado en muchas cosas en mi vida. Pero desde luego tú nunca has sido un error. Has sido lo mejor de mi vida. Yo te he fallado y he hecho imposible nuestra relación a distancia pero sé que te quiero como no quiero a nadie más.
-Pero yo eso lo sé, Luis…
-¿Y por qué me abandonas de esta manera?
-Porque tú lo has dicho. La relación a distancia es imposible. Pero si de verdad me quieres y yo te quiero tendremos un futuro.
-¿Y si conocemos a alguien de por medio?
-Entonces es que lo que tienes ahora es un capricho momentáneo, Luis…
-¿Y tú?
-Yo ya he decidido. Tengo tres opciones, futuro, tú, o futuro contigo. Mi presente es preparar mi futuro. Si me acomodo a ti no preparo ese futuro. Si el destino lo quiere mi futuro será contigo.
-¿Y mientras?

Claudia guardó silencio y volví a hablar:

-Yo acepto tus deseos pero espero que tú aceptes uno mío.

Claudia suspiró y respondió:

-Dime…
-Que no perdamos el contacto y si te vienes a estudiar a mi ciudad nos veamos…

Se quedó pensativa. Pero pensándoselo respondió con media sonrisa:

-Hecho…

Me lancé a por ella dándole un beso que ella aceptó de buen agrado fundiéndonos en un abrazo. En ese instante llegamos a la primera estación de la ruta y el tren se detuvo.

-Corre, bájate…-me dijo con la voz entrecortada de la emoción.

Le di otro beso, pero la bocina anunciaba la salida del tren. Bajé precipitadamente al andén diciéndole: “Te quiero…”. Mientras se cerraba la puerta pude leerle en los labios a través del cristal: “Y yo a ti, mucho…”

La angustia de unas horas antes se había transformado en una extraña mezcla de alegría y tristeza. Era evidente que entre Claudia y yo había algo más que un rollo de estudiantes pero era evidente que por muchas promesas que nos hiciéramos nuestro futuro era difícil. Pero lo intentaríamos.

El siguiente tren de vuelta no volvía hasta dos horas más tarde, por lo que me compré un bocadillo y me fui a buscar el autobús. No había desayunado y me moría de hambre. Ya era la 1 pasada. Me costó ponerme a estudiar pero aunque algunos no me creáis estar con Claudia era lo que me animaba a estudiar. Bueno, eso y que si me quedaba alguna pendiente perdía la opción de que me dieran el Erasmus. Total, cada vez me retenían menos cosas en la residencia.

La soledad de los últimos días y después del vuelco que había dado mi vida con el regreso de Claudia me dio para pensar. Evidentemente tenía que ser sincero con Marta. Sé que le iba a hacer daño pero tenía que decirle la verdad. Pero no podía ser ni mediante un mensaje ni por teléfono. Tendría que ir a verla. Si me mandaba a la mierda me merecía que me escupiera en la cara y al menos se quedara a gusto, pues yo era el que la había empujado a algo que temía para que en cuanto apareciera Claudia me diera cuenta de que en realidad no quería a Marta. Bueno, no es así. Sí la quería. Y mucho. Pero no me llenaba como Claudia. Teníamos pendiente un fin de semana juntos y ese sería nuestro momento de hablar cara a cara.

En aquellos días también recibí dos llamadas haciendo planes para el verano. De una parte, mi madre ya se había encargado de buscarme clientes entre los alumnos de mi propio instituto colgando carteles anunciando mis clases particulares de verano. Y ya tenía varios interesados. En mi madre desde luego no había ningún interés económico. Era su forma de asegurarse que me retenía todo el verano en casa. Y yo no tenía más planes pues las dos escapadas del verano anterior habían sido con Claudia, Víctor y Lourdes a la playa primero y a la sierra después.

La otra llamada fue de Pablo. El verano se calentaba ya en cuanto a salidas y barbacoas y contaba conmigo. Quería saber cuando llegaba. Además me dio a entender que alguien me esperaba con ganas. Supuse que sería Alba. También tendría que ser sincero con ella. No se merecía estar pendiente de mí cuando tras forzarla seguramente a una situación que ella no buscaba de ese modo me había vuelto a liar con mis dos exnovias. Tenía que saber que tipo de tío era yo. Mejor un daño ahora que no tras una relación que en ese momento no me interesaba.

Así regresé a casa. La última noche no pasará desde luego a un lugar destacado de mi memoria pues saló con dos compañeros del equipo que se habían examinado ese mismo día en la facultad. Tras varias rondas de cervezas y tapas acabamos en un pub medio vacío ante la ausencia ya de estudiantes donde mis compañeros de empeñaron en probar fortuna metiéndole cuello a tres chicas. Resultaron ser tres cajeras de un supermercado que habían salido a celebrar que a una de ellas la habían hecho fija.

Pese a lo pasados que andábamos ya de cervezas y copas de algún modo acabaron mis dos compañeros comiéndose la boca con una cajera cada uno mientras yo daba conversación a la otra que me miraba con cara de decir: “¿Es que tú no me vas a meter mano, maricón?”. Y no es que la chiquilla no fuese mona. ¡8 años, pelo recogido en un moñito desordenado, no muy maquillada y un vestidito de esos que tienen un cordón en el escote y que te invitan a soltarlo para ver que guarda dentro calzada en unas plataformas de lona. Pero yo no estaba para eso. ¿Qué ganaba yo dándome un revolcón con una chiquilla que no me interesaba y no iba a volver a ver? Demasiado cerca todavía el recuerdo de Claudia.

La cuestión es que mi actitud planteó un conflicto, pues cuando uno de mis compañeros planteó terminar la fiesta en su piso, pensando más en la cama que en la bebida seguramente, yo comenté que me retiraba. Ellos me presionaron para entretener a la amiga al menos mientras que las chicas cuchicheaban entre ellas. Al final tercié para que todos quedaran contentos. La residencia cerraba en poco tiempo así que me propuse para acompañar a la chica a su casa y que los otros cuatro se fueran a seguir la fiesta. Pareció complacerles la idea y me despedí de ellos hasta septiembre.

Me fui con la chica andando hacia su casa, bastante cerca de donde estábamos. Durante el camio tuvimos la siguiente conversación:

-¿Tienes novia?- me preguntó.

Me quedé callado pensando mientras andábamos.

-No tienes que darme explicaciones.-insisitió.
-No. Perdona. Es que es algo muy extraño. El lunes me despedí de mi exnovia y aun lo estoy asimilando.
-¿Habéis roto hace mucho?
-Pufff, es difícil de contar. Digamos que nos queremos pero vivimos separados. Pero por algunos errores míos tenemos la relación en stand-by.
-Errores ya me imagino…
-Sí…
-Pues hoy has estado muy comedido. No te habré gustado.
-No, no. Eres una niña preciosa. En cualquier otro momento te habría dado la tuyo…
-Jajajaja, hala. Que directo.
-Perdona. No sé ni lo que digo.
-Pensé que había triunfado hablando con el más guapo de los tres.
-Perdón otra vez. No quería dejarte mal…
-No, perdona tú por ser tan descarada. Estas dos locas que me enredan siempre.
-No, no. Suelo ser más divertido. De verdad. Pero me has pillado en mal momento.

Así llegamos al portal de su casa.

-Gracias por acompañarme.
-Es lo mínimo.-respondí.
-¿Sabes una cosa? Me he llevado el premio de la noche.
-¿Y eso?
-El más guapo y el más caballero…-contestó dándome un beso en la mejilla.
-Gracias. Siento…bueno. ¿Te dejo con ganas de algo?
-Me gustas más ahora que cuando te vi en el bar. Me dejas con ganas de todo.

Pese a la sorpresa de su respuesta me rehice contestando:

-Me cierran la residencia y duermo en la calle…otra vez, quizá.
-Si viviera sola te ofrecía cama, pero…
-Gracias. Ha sido un placer…

La chica me besó de nuevo en la mejilla y cuando ya me iba me dijo desde el portal:

-Cuida a esa chica. Si es como tú valéis mucho.
-Gracias…

Me fui bastante rápido. De hecho me encontré la puerta cerrada pero como quedábamos muy pocos alumnos en la residencia y yo era veterano el guardia amablemente me dejó entrar. Me duché pensando en lo que acababa de ocurrir y me acosté.

A la mañana siguiente recogí mis cosas y me fui a la estación cargado con dos maletas y la mochila con el ordenador y los apuntes. Los viajes cuando vas solo se convierten en momentos de reflexión y pude pensar en todo lo ocurrido una vez más pero empecé a cambiar el prisma con el que miraba mi situación.

Evidentemente no iba a sacrificar mi juventud en esperar a Claudia. Ella tampoco debería hacerlo aunque diera la impresión de que se guardaba para mí. En apenas tres días desde su marcha había tenido una oportunidad de sexo con una chica sin compromiso. No era algo habitual. Tampoco yo sabía buscarlo. Sabía por qué la había rechazado. Pero también era consciente de que eso era algo que con el tiempo se iría disipando.

No podía seguir con Marta. Sería engañarla. No podía plantearme nada con Alba, también sería engañarla. Pero, nadie me impedía tener sexo sin compromiso. Sin implicaciones. Conocer a alguien y dejar claro que no quieres otra cosa. No sé si sería algo que me gustara. Pero ¿por qué no intentarlo? Si no me gustaba con no repetir tenía bastante. Y si me gustaba me evitaría muchos quebraderos de cabeza. Yo nunca había ligado en los bares. Las chicas de anoche no las había conocido yo precisamente. Bueno, ya vería a ver que pasaba. Pero estaba claro que le gustaba a las chicas.

Con esa idea llegué a mi ciudad. Mis amigos me recibieron a lo grande. Partidito de fútbol sala y cervecita. Me estrené mi camiseta de la Juventus explicando quien era Luisinho enseñándoles fotos del boletín de la facultad donde aparecía el equipo. Me sentí muy bien al llegar. Después de todo lo pasado mi casa y mis amigos eran un oasis, un refugio. Empezaba a ver el verano con optimismo. Incluso me daba más miedo volver a la residencia. Y eso que aun tenía que enfrentarme a Alba.

Y eso sí que no sabía como hacerlo. Porque hacerle daño me iba a doler mucho. Y además podría implicar que no le apeteciera ir donde yo fuera. Con lo que me apartaría a mí del grupo o a ella. Puf, no. Problemas no. Ahora que empezaba a ver cierta calma.

Pese a todo tuve que armarme de valor, pues el viernes había quedado todo el grupo y estaría ella. Así que preferí coger el toro por los cuernos. Cuando me preguntó si ya estaba en la ciudad respondí que sí y cuando me dijo que entonces nos veríamos con el resto del grupo le propuse tomar café antes. Aceptó sin pensárselo. Ojalá que no se estuviera haciendo demasiadas ilusiones.

Alba parecía feliz de verme aunque como es tan discreta se limitó a darme los dos besos de rigor y a decirme que me veía muy guapo. Pero la que realmente estaba guapa era ella con unos shorts anchos y una camiseta con escote en v que no llegaba a pegarse a su barriguita porque sus tetas se lo impedían dejando que la tela flotara sobre el short. Estaba más morena y, además con el pelo recogido en una cola su cara quedaba totalmente despejada.

Tras los saludos amables y ponernos al día de lo poco que no nos habíamos contado por mensaje cuando hablábamos llegó mi turno de sincerarme.

-Bueno…-dije tragando saliva- aunque te iba a ver esta noche quería hablar antes contigo.

Alba abrió sus ojos oscuros observándome con interés, lo que me puso más nervioso.

-Bueno…-repetí nervioso- después de lo que pasó entre tú y yo en feria…yo, pues no. Uff, no sé como decírtelo.
-Tranquilo, Luis. Aquello pasó pero quedamos en que ya hablaríamos. Tranquilo, en serio. Dime…
-Vale. Pues que quiero pedirte perdón.
-¿A mí?- preguntó sorprendida- ¿por qué?
-Porque te arrastré a algo que quizá no querías.
-A ver, Luis. Creo que sé lo que me quieres decir. Pero si yo no hubiera querido no habría pasado nada. Es verdad que quizá llegué demasiado lejos para lo que ha pasado con otros chicos. Pero no me arrepiento. Lo hice porque me apetecía. Ma das seguridad aunque eres a veces un poquito impetuoso, jiji…

Su risita nerviosa me relajó. Aunque creía que no estaba sabiendo llevar la conversación a donde debía. Tenía que ir al grano.

-Pues Alba…yo te dije que no me comprometía por mi situación personal y tal, ¿verdad?

La chica asintió con la cabeza intentando disimular una muesca de preocupación.

-Estos meses han sido bastante movidos personalmente para mí. Estoy viviendo una montaña rusa de sentimientos, puertas cerradas que se abren y ventanas que se cierran.
-Como se nota que eres de letras, jajajaja.-comentó nerviosa.
-Déjame que me explique, mujer.
-Vale, vale.
-Pues, yo tengo mucha relación con una exnovia con la que terminé. Bueno, mejor dicho, ella me dejó por un bulo. El tema es que lo nuestro era una cuestión no resuelta que se había visto interrumpida porque yo había empezado otra relación…
-Luis, no tienes que darme explicaciones…
-Yo me veo obligado. Te valoro mucho.

Alba se puso colorada aunque no fui capaz de descubrir el motivo.

…bueno, pues. Estarás pensando que soy un ogro o algo parecido, pero. Durante esa relación te conocí a ti y a Nieves y ya sabes que pasó con Nieves.
-Sí…
-Por ese motivo corté con aquella chica que estaba becada en Italia. Y después de todo ese lío te conocí a ti y pasó lo que pasó entre nosotros aunque quise evitarlo.
-En serio Luis. No me tienes que dar explicaciones. Si no ves clara una relación conmigo sólo tienes que decírmelo.
-Es que el problema no eres tú. Soy yo.
-He intentado retomar mi relación con la primera chica pero no ha funcionado bien entre otros motivos porque no se fía de mí y hace bien. Y hace bien, porque la semana pasada me reencontré con la segunda chica que ya ha vuelto de Italia y me di cuenta de que sigo colgado por ella. Esa es la explicación que te debo. Me gustas mucho y sobre todo te valoro mucho y no te mereces a un tío como yo que viene y que va, que no se decide y que encima te admite que está enamorado de otra niña.

Ahora fue Alba la que tragó saliva y poniéndose seria me dijo:

-Luis, Nieves me había advertido y tú me lo habías reconocido. Todos esos líos tuyos de antes no me importaban. Pero evidentemente lo que me acabas de decir es duro para mí.
-Lo siento mucho.
-No es culpa tuya. En realidad es culpa mía por ilusionarme.
-¿Tú pensabas que a mi vuelta íbamos a…?
-No, no. No confiaba en eso aunque me habría gustado. Pero no me esperaba esta respuesta tuya. Me habría gustado más algo así como ya no me gustas, o una del tipo no quiero amarrarme. Pero esta me ha dejado descolocada totalmente y sin poder reprocharte nada.
-¿Me perdonas?
-No tengo nada que perdonar.
-Pero, ¿vamos a seguir siendo amigos?
-Haremos como si no hubiera pasado nada en Feria. No…-me interrumpió antes de que yo hablara- déjame terminar. No es la primera vez que me pasa. Podré sobrevivir. Afortunadamente ni siquiera hemos tenido una relación.
-Me siento muy mal por ti.
-No pasa nada. En serio. Lo que tenemos que hacer es pasárnoslo bien este verano y punto. ¿Qué te parece?
-Que eres increíble…
-Para, que no soy de piedra, jajajaja- rio aparentando entereza.

Al final cambiamos de tema hablando de planes en verano y contándome donde tienen sus padres una casa en la playa. Nos despedimos para arreglarnos en casa antes de salir esa noche todo el grupo juntos. Pero cuando la dejé en el portal de su casa que nos pillaba de camino me dijo:

-Esa niña tiene que valer mucho.
-Mucho, Alba. Es una luchadora que con becas se está sacando medicina en las mejores facultades. Lo que no sé es que ha visto en mí.
-Creo que lo sé. Pero ¿puedo preguntarte algo?
-Claro…
-¿Estáis juntos?
-No. Hemos estado un día la semana pasada pero ella no quiere ningún compromiso después de como me comporté cuando se fue y de la importancia que le da a sus estudios.
-Entonces ella también te quiere…
-Eso dice…pero…la distancia es la muerte de las relaciones.
-Y más contigo…jajajaja. Venga anda, nos vemos luego.- dijo dándome dos besos antes de entrar en su portal.

Mientras me duchaba y cenaba algo pensé relajado que no había ido tan mal con Alba. De todos modos no me fiaba de la reacción de Viqui o Nieves cuando supieran lo que había pasado entre nosotros. Pero con lo discreta que es Alba seguramente no les contaría nada. Y yo menos.

El reencuentro con el grupo fue bastante especial. Alberto me saludó muy afectuoso mientras que Leyre me recibió con cierto desdén y Nieves digamos que cumplió con un saludo formal y las preguntas típicas de cortesía de fin de curso. Nos juntamos más de 20 pero Alba no llegaba. Me preocupaba. A ver si iba a tener algo que ver con nuestra conversación, pero al final llegó tarde con Viqui que me recibió con un abrazo. Ella había sido la causante del retraso. Venían la dos muy guapas, pero especialmente Alba con un vestido de los que se ajustan a la cintura remarcando la forma de sus caderas y sus pechos.

Nos fuimos a hacer botellón a una zona de moda y aprovechamos para conversar unos con otros poniéndonos al día de nuestras cosas. Me dio por pensar la de líos que habíamos tenido y que no aparentábamos vistos desde fuera. Sólo fijándonos en el grupito que habíamos salido en Semana Santa juntos salían unos cuantos: Yo había salido con Viqui, me había follado a Nieves, Leyre me la había comido y había tenido mis escarceos con Alba. Pablo salía con Viqui pero se había enrollado con Viqui…Pensando en aquello me di cuenta de que yo no era muy distinto de ellos y sin embargo, yo me veía como una mala persona y ellos aparentaban felicidad. Había llegado el momento de quitarme mis propios prejuicios.

Tras el botellón fuimos a la misma discoteca donde casi un año antes me había follado a Nieves por primera vez. Supongo que envalentonado por el alcohol le dije:

-Deberías follarte a Alberto en el seto de detrás de los baños para tener ese recuerdo con él…
-Qué tonto eres Luis, jajajaja. Lo hecho, hecho está y no se puede cambiar. Otra cosa es que nadie tenga que saberlo…
-Pues aquí hay dos que lo saben…-le respondí mirando a Leyre y Pablo.
-Pero Alberto nunca lo sabrá…además él no es de echar polvos rápidos detrás de unos contenedores.
-Pero tú sí…quien sabe a lo mejor le gusta…
-Vete un rato por ahí, anda. Y no me calientes la cabeza…
-Mientras no se te caliente otra cosa. Que tú eres muy de eso…
-Vale, Luis. Déjalo ya.
-Lo dejo, lo dejo…-dije retirándome para hablar con Pablo.

Desde luego un día en la ciudad y era como cambiar de vida. Otros amigos, otros problemas, otros objetivos…Y yo en ese momento liberado de todos y sin miedo a nada. Mi único límite iba a ser no comprometerme con nadie. Nada de líos con amigas ni exnovias. Diversión sin complicaciones.

Además Alba se comportó con tanta naturalidad que me relajó más aun. Así que cuando Leyre anunció barbacoa para el siguiente fin de semana en su chalé fui el primero en ofrecerme a cargar bebidas, comida o lo que hiciera falta.

En realidad mi primer día de descanso fue el domingo, que me quedé en casa toda la tarde con mis padres. En medio del aburrimiento y sin contar con que sirviera para algo me creé un perfil en una app de contactos. No me fue fácil porque si alguien me reconocía iba a pasar vergüenza. Pero si no ofrecía mis “encantos” tampoco tendría ningún éxito, por lo que me la jugué utilizando un nick en lugar de mi nombre pero sí poniendo fotos en las que se me veía bien. Opté por una foto de mi cara sonriendo, otra que me había hecho Viqui el domingo de Ramos con mi traje azul entalladito y para terminar, no sabía si poner una foto de playa del año anterior o una más reciente con las musculatura más desarrollada tras mi lesión del invierno. Pero no tenía ninguna en bañador por lo que al final me hice una en el espejo de mi dormitorio quitándome la camiseta que llevaba esperando que mis abdominales y mis pectorales atrajeran a alguna chica. Por supuesto el Nick que utilicé fue Almutamid.

Al rato de crearme el perfil ya me estaba arrepintiendo pero justo cuando iba a borrarlo me llamaron mis amigos para tomar una cerveza y preferí vestirme y bajar un rato con ellos.

El lunes empezaba mis clases. La verdad es que tenían bastante éxito pues me salieron dos grupos como el año anterior aunque ningún alumno a atender en casa como había ocurrido con Pau. Por cierto ¿qué sería de ella? Esa tarde le escribiría.

Para poder tener días libres me organicé los dos grupos lunes, miércoles y viernes dejándome martes y jueves de descanso y con la libertad de poder pasar alguna clase a esos días si me hacía falta. Como mis clases eran de inglés, francés, latín y lengua, la mayoría de mis alumnos eran del bachillerato de humanidades y por tanto, eran niñas. De hecho los carteles de mi madre y el boca a oído de mis éxitos del curso anterior me permitieron atraer a 8 alumnos de 1º de bachillerato, 6 chicas y dos chicos, que tuve que repartir en dos horarios diferentes, de 10 a 11 un grupo y la hora siguiente el otro, dejando a partir de las 12 al grupo de 2 chicas de 2º de bachillerato.

Con los más pequeños me resultaba fácil presentarme y explicarles como íbamos a trabajar tras enseñarme sus informes de las asignaturas suspensas. Más trabajo me costó con las dos chicas mayores, pues ambas eran ya mayores de edad y una de ellas tenía mi misma edad pues se había reenganchado tarde al bachillerato. Ahí lo pasé peor aparentando ser buen profesor, pues la de 18, que se llamaba Andrea, era de estas niñas que visten enseñando carne con shorts minúsculos de los que se escapaban sus nalgas al sentarse o al agacharse y escotes amplios por los que no era difícil ver su sujetador. No os podéis imaginar el esfuerzo que tenía que hacer para controlar hacia donde miraban mis ojos, pues la chica además, era del tipo que podemos considerar maciza, ni delgada ni gorda.

La de mi edad, Mónica, era más discreta vistiendo, con faldas y shorts cortitos, pero no tanto y con camisetas más sueltas y menos escotadas o algún top. Además era más delgada que Andrea. Aparentemente tímida le costaba expresar sus dudas. Esa timidez además tenía en parte que ver con su peinado pues solía usar su pelo para taparse la cara a pesar de ser una niña bastante mona, con unos ojos grandes y observadores y una boquita pequeña.

La verdad es que el primero que se cortaba teniendo a una alumna de mi misma edad era yo mismo. Me sentía como el empollón sabelotodo delante de aquella chica que no sabía si estaba más incómoda por verse a mi misma edad presentándose a los exámenes de septiembre de bachillerato, o todo lo contrario, realmente obnubilada por mi capacidad, no obstante, modificada por cierto tartamudeo al explicar algunas cuestiones cuando notaba la mirada de la chica clavada en mí tras su flequillo.

Una tarde, de casualidad se me ocurrió mirar mi perfil en la app de contactos. Lo había creado pero no le había prestado demasiada atención. Ni siquiera se me había ocurrido comprobar como funciona da y de qué manera se contactaba unas personas a otras. Resultó que la forma habitual era dar me gusta a una fotografía de una persona. Si ambas se gustaban mutuamente podían iniciar una conversación. Yo comprobé que tenía varios “me gusta” en mis fotos. Tanto en la de cara como en la que presumía de músculos marcados.

Tras comprobar de quién eran los “me gusta” vi que eran de chicas cuyas fotos realmente no me gustaban a mí. Sin embargo me decidí a devolver el halago a una de las chicas, la que me pareció menos diferente a mis gustos. En la foto en que la repliqué la chiquilla, de 19 años, aparecía con un bikini de braga brasileña recostada boca a bajo en una toalla en el césped. Tenía la cara redondita con ojos pequeños y labios carnosos envueltos en unos mofletes que daban precisamente esa forma redondeada a su rostro. Tenía el pelo rizado pelirrojo seguramente teñido. Se veía que tenía muy poco pecho pues por la postura apenas colgaban pero su fuerte era el culo del que presumía n la foto. Un culo bastante grande aunque aparentemente duro. Nada v¡que ver que los culilos respingones de Claudia o sobre todo Marta. Su nick era un sugerente: “Esperándote”.

Mientras curioseaba otras fotos y perfiles me sorprendió un mensaje de ella:

-Hola guapo.
-¿Qué tal?- respondí.
-No me esperaba un “me gusta” de un bombón como tú.

La niña era directa.

-Gracias. Es que estás muy bien.-mentí.
-Bueno, cuéntame ¿a qué te dedicas?

Le expliqué mis estudios aclarándole cuál era su fin e incluso algunas asignaturas. La chica me seguía la corriente preguntándome viéndome obligado a mostrar interés en saber de ella por cortesía. Nobleza obliga.

A lo tonto llevábamos más de media hora hablando pues ella me explicó que no tenía estudios y que trabajaba en la hostelería en contratos temporales que le iban saliendo. De hecho, el fin de semana le tocaba ir a una pizzería. Lo llamativo de la niña era que cada pocas frases soltaba un pildorazo del tipo: “pero el lunes estoy libre para ti” o “esta noche presumo en el curro de hablar contigo…”. Era directa y lanzada. Algo que generalmente me incomodaba pero que en este caso al estar ocurriendo a través de una app lo que me generaba era sobre todo curiosidad. Por eso le seguí la corriente. En un momento dado me preguntó:

-¿Qué estás haciendo ahora?
-Nada. Tirado en la cama hablando contigo.
-Que mono. ¿Desnudito?
-No, no, jajaja. En calzoncillos.

No sé por qué le dije eso pues sonaba totalmente a provocación. Y ella así lo interpretó soltándome:

-Seguro que estás riquísimo. ¿Ese cuerpo de la foto es tuyo de verdad?
-Pues claro ¿de quién va a ser?
-Es que tienes unas abdominales que derriten.
-Jajajaja. Qué exagerada…
-Seguro que quedas con muchas chicas de aquí.
-No he quedado con ninguna.
-¿Tan exigente eres?
-No, jajaja. Llevo pocos días. Ni siquiera sé cómo funciona esto.
-Pues después de nuestra charla te lo puedo explicar en persona menuda directa. Quería quedar para conocerme.

Realmente la chica no me gustaba, pero podía ser una oportunidad para saber si tras esos perfiles había gente real. ¿Por qué no? No tenía nada que perder. La chica era de un barrio apartado del mío, ambientes totalmente diferentes y yo me había propuesto probar como funcionaba aquella app. No tenía que hacer nada. Sólo comprobar que tipo de gente había en aquella aplicación de citas.

-¿Tú tienes experiencia?
-Sí.
-¿Buena o mala?
-De todo, pero seguro que tú la mejoras.-y otra.
-¿Y qué te apetecería hacer?
-Jajajaja. Eso mejor te lo cuento al oído.- la niña tenía tablas.

Por seguirle la corriente imité su comentario:

-¿Y ese culo es tuyo?
-Puedes venir a comprobarlo.- Joder. Como lanzaba la caña.
-Estos días estoy liado pero más adelante, quizá.-intenté salirme educadamente de sus proposición.
-Yo te hago un hueco cuando quieras.

Me despedí con excusas pero no pude evitar darme cuenta de la tentación que suponía aquella conversación. ¿Realmente aquella chica me estaba tirando los trastos tan descaradamente? ¿Y si quería sexo? No me gustaba pero había algo en ella que me desafiaba. Descarté finalmente darle importancia a aquella charla pensando sobre todo en la barbacoa del sábado que podría prolongarse hasta el domingo. Estaría con mis amigos y sería una oportunidad para comprobar si podría reprimirme con Alba después de ver lo bien que había encajado la larga cambiada que le había dado a puerta gayola el primer día que nos habíamos visto.

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