ALBERTO MORENO

¡Apeate!, le gritó el camionero.

Serian las cuatro de la mañana. Todavía la luna irradiaba luz.

Olga pudo vislumbrar un entorno casi deshabitada,  la línea de la carretera lo partia en dos.

¡Aquí, en medio de la nada!, inquirió ella.

¡Si, voy a girar en esa rotonda . abandono  la carretera general, aquí alguien te recogerá y continuas el camino, a la capital , faltan cuarenta kilómetros, en la ciudad podras  mas fácilmente emprender una nueva vida!.

El camión se habia detenido en el  arcen.

Olga cogio el petate de sus cosas que llevaba en el regazo y sin decir nada, se apeó.

En pocos segundos, el camión  desapareció.

Estaba sola, en la oscuridad de la madruga, en un lugar desconocido, inhóspito.

Estaba en otro país, España, no discurrió en pensar que hablaba el idioma, luego descubrió la ventaja.

El viaje habia durado doce horas, el trallazo de su destino, todavía no lo digeria.

En la etapa de su vida que parecía estar concluyendo,en la esplanada que servia a los camioneros de  aparcamiento  al sur de Paris, Olga “hacia la calle”, llevaba tres años ejerciendo de puta callejera.

Alli, abordaba a los camioneros y en las cabinas hacia el amor.  Despues de tres o cuatro servicios, regresaba a la miserable habitación que compartia con una compañera.

Aquella tarde, el hombre, cuando terminaron de arrebujarse en la cabina , le informo que saldría hacia España y le invito al viaje.

¡Recoge tu ropa, yo te espero, no tardes!, ¡podriamos vivir juntos!.

 Con una inconsciencia supina, fue a su habitación, recogio cuatro prendas, su maquillaje y dejo una nota para su compañera.

Cenaron por el camino, en el restaurante de otro aparcamiento.

¿Cómo te llamas?, ¡Olga!, contesto, mientras comia.

¿De donde eres?, volvió el hombre a inquirir.

¡Del Caribe, de Saona, es una isla pequeña!.

¿Y como llegaste a Paris?.

¡Es una larga historia, un verano apareció un turista francés, yo tenia veinte años, vivía con mi famiia en un ranchito, trabajaba en el hotelito que habia en la isla, limpiaba las habitaciones y en la cocina fregaba las ollas.

Pierre me propuso irme con el a Francia, era un hombre de mediana edad, luego resulto que me doblaba la edad.

Hable con mis padres, no se opusieron.

Mi madre me propuso que le pidiera al menos quinientos dólares.

El dia de la marcha Pierre, saco el dinero de su billetero y se lo entrego a mi padre. Compro un celular que le dio a mi madre.

¡ Para que hable con Olga!,  explico el manejo.

Nunca habia visto un avión, estaba sobrecogida, asustada, cuando el aparato despego sentí un nudo en el estomago. Apenas hablamos en el vuelo.

Paris me aturdió, me cogi de la mano de Pierre como una niña.

Follabamos todos los días, comíamos la mayoría de las veces en restaurantes, vivíamos en su apartamento.

Cuando terminó sus vacaciones, el se marchaba a su oficina y yo me quedaba sola, me atrevia hasta la esquina de la calle. Compraba las cosas que me dejaba anotadas en francés en un papel, la tendera lo leia y me entregaba las bolsas, le pagaba con un billete que me dejaba Pierre.

Tambien  me compro un celular para llamar a mis padres.

Seis meses después, se habia cansado de mi. Me propuso trabajar,

 A través de anuncios, me llevo un dia a casa de una familia , el respondia de mi le dijo al matrimonio, también negocio las condiciones.

Me quede contratada como interna, limpieza, cuidado de los niños, ochocientos francos y dia libre los domingos.

No volvi a ver a Pierre. Tuve que aprender algo de francés a trompicones  para salir del paso.

La historia de su vida transcurría, mientras el camionero escuchaba y conducía en la oscuridad.

A mis padres no les dije nada.

Estaba sola en Paris el cambio de barrio y la perdida de Pierre me acobardo, tarde varios meses en asumir la nueva situación. La familia era amable y apreciaba mi trabajo, mi experiencia como limpiadora en el hotelito de Saona fue de gran valor. En mi dia libre empecé a explorar el barrio, Aprendi a comprarme ropa interior, algún perfume y pronto comprobé, que le gustaba a los hombres.

Un dia, en un salón de belleza, me teñi el pelo de rubio, el espejo me devolvió una imagen extraña, pero me gusto.

Le mande fotos a mi mama. La pobre, primero debio asustarse, pero luego comenzó a enseñarla en el “colmado”, la tienda de los viveres, a las vecinas, no cogia de regocijo.

Tambien aprendi a mandarle dinero, para cobrarlo tenia que ir a la otra isla, donde estaba la capital. Aquello mejoro sus vidas.

Sanoa, apenas tendría doscientos habitantes, todos pescadores. Los turistas empezaron a venir cuando la isla instalo una pequeña central eléctrica. Algunos ranchitos la instalaron, mis padres, con el dinero que enviaba lo hicieron, compraron un televisor y el celular lo cargaban en casa. Antes, el colmado con un generador de gasolina recargaba los pocos  celulares de la gente.

¿Y que paso,con el trabajo, por que haces la calle?, el camionero  interrumpio el relato de su vida.

¡La familia se marcho de Paris y me despidió!.

No sabia que hacer, encontré una habitación, de nuevo cambie de barrio, la compañera de habitación me lo propuso.

¡No tienes que fregar!, te pagan por follar y algunos clientes te dan gusto,¡Yo vivo de eso!.

Asi comenzó todo!.

El camionero no dijo nada. El viaje continuo en la oscuridad de la noche. Semidormida, cruzaron la frontera.

Horas después, el viaje termino. El camionero habia cambiado de plan, la mulata le gustaba y habia pensado quedarse con ella un tiempo.

¡Esto me puede complicar las cosas, tengo que apearla!.

Cuando Olga quedo sola en el arcen, con su petate cogido con una mano, comenzó a sentir una desolación

y un nudo en el estomago que le impedia pensar. Miro en derredor, todavía no era de dia.

Un hombre caminaba por el arcen , se acercaba por momentos a Olga, parecía un campesino, con el escardillo al hombro.

¡A la paz de Dios, buenos días!, le dijo al llegar a su altura.

¡Buenos días señor!, contesto Olga.

¿Esta esperando a alguien?, inquirio el hombre.

Olga no supo que decir. El hombre entre amable y curioso volvió a la carga.

¡Si espera un autobús, hasta  las ocho no pasan, puede esperarlo en esa venta, la abren en media hora!.

¡Ahí puede desayunar la parada del autubus esta enfrente!.

El hombre continuo su camino.

Olga sintió un cierto alivio, se hablaba su idioma, recordó que llevaba quinientos euros de reserva, las dos cosas le infundieron algo de valor. ¡Veremos que pasa!, se dijo en su interior.

Al dirigirse a la venta, apenas cincuenta metros, reparo en una casuca semiderruida que le recordó su ranchito en Saona. Estaba junto a la venta, separada por un camino que partia de la carretera y se dirigía hacia el interior de los campos, leyó el cartel: “Carril de Estebana”, la venta mostraba en su fachada el mismo nombre.

La venta mostraba un aspecto decente, cuidado, un toldo cubria la pequeña terracita  delante de su fachada, albergaba varias mesitas. Se aproximó  y tomo asiento esperando que se abriera.

El dia habia empezado a despuntar, miro en derredor,

Campos, sembrados, casas diseminadas, la carretera que los atravesaba y ningún vestigio de población  importante, ni acaso de pueblo.

Junto a la venta, llamo su atención una casuca con rajas en sus muros, la ventana no tenia cristales y la fachada  profanada con unos grafitis que reproducían un paisaje marítimo, unas barcas mal dibujadas, unas olas descoloridas y algunos peces que parecían pajaros.

Estaba en el borde de la carretera, debio ser almacen de aperos. Su estado sórdido y lastimoso, sin embargo le gusto.

¡Es como el ranchito donde naci!

3 comentarios sobre “Olga la negra

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