KERANOS

E: Que bien os lo pasabais anoche, ¿no?
N: …
E: Espero que usarais protección…
N: ¿A ti que más te da?
E: ¿Cómo que qué más me da? Soy tu hermana y me preocupo por ti.
N: No soy yo la que tuvo un susto y la que sale de la habitación con la corrida del otro bajándole por el muslo… (dijo mientras se levantaba para dejar un plato y un vaso en el fregadero).
E: ¿Cómo? (dijo con cara de sorpresa por como le había respondido para después soltarle un guantazo).
N: ¿Qué haces? (dijo empujándola fuertemente).
J: ¡Eh! Ya está (dije poniéndome entre las dos para separarlas).
N: Quita, gilipollas (dijo empujándome contra Elena para después irse a su habitación).
E: ¿Pero qué coño te pasa? (dijo mientras salía detrás suya).
N: ¡Déjame en paz! (dijo mientras cerraba dando un portazo su habitación).

Elena volvió muy enfadada, sentándose en una silla y cruzándose de brazos. Yo la miraba sin saber qué decir.

-¿Ves? Al final le he dado un guantazo.
-Normal, no sé a qué ha venido eso…
-Estoy muy cansada de que me falte al respeto de esas maneras…
-Bueno, tranquilízate, ya se le pasará.
-Más le vale…

Me levanté, cogiéndola de la mano para salir de su casa.

-¿A dónde vamos?
-Hoy vamos a pasar el día fuera. Vamos a ir a desayunar a alguna cafetería.

Nos fuimos a una cafetería que había cerca, sentándonos en la terraza para desayunar mientras nos daba el sol. Eso la animó después del numerito de Noelia. Después de desayunar, nos montamos en el coche e hicimos un viaje a un pueblo de otra provincia para visitarlo juntos y pasar el día paseando por ahí. La llevé a comer a un asador, para luego seguir paseando por las calles tan bonitas, especialmente por la noche, cuando las luces de las farolas hacían un ambiente bastante romántico. Después de cenar, volvimos a su pueblo, ella sonreía durante todo el viaje de vuelta. Cuando llegamos a su casa, aparqué cerca.

-Javi, ha sido genial. Me ha encantado el día que hemos pasado.
-Bueno, después de lo que ha pasado, creía que nos vendría bien salir a distraernos y así pasábamos el día juntos, que, con esto de vivir en sitios diferentes, no nos vemos mucho…
-La verdad es que sí, muchas veces me sabe a poco cuando te vas por la mañana después de pasar la noche juntos.
-Por cierto… Creo que es mejor que deje de venir a tu casa. Creo que tu hermana no está cómoda cuando estoy yo.
-Me da igual, eres mi pareja, si le gusta bien, y si no, también. No vamos a dejar de venir aquí porque a ella le joda verme con pareja…
-Bueno, llevas razón, pero prefiero no venir y que no os peleéis a venir y que estéis así.
-Ya, pues a partir de ahora le hablaré lo justo y ya está, no caeré en sus tonterías para pelearme.
-Esa es la cosa Elena, que sois hermanas, os tenéis que apoyar, no tenéis que estar así. Además, han pasado cosas raras siempre que me he quedado.
-Pero entonces, ¿qué hacemos?
-Bueno, podemos ir a mi casa, sólo que no podremos estar todo lo a gusto que estamos cuando estamos solos, ya sabes. También tenemos el coche.
-Ya, pero es que parece que tenemos 17 años para estar en el coche y tal…
-Ya…
-Bueno, hablaré con ella tranquilamente para hacerle entender que somos pareja y que necesitamos intimidad, que nos respete.
-Vale, pero no la provoques y no caigas en sus tonterías.
-Sí, creo que ya sé como hacerlo.
-Oye, ¿qué es eso que dijo tu hermana que no era ella la que había tenido un susto?
-Emmm… Bueno…
-Si no quieres contármelo, no lo hagas. No me importa.
-Es que estando con Alejandro, lo hacíamos a veces sin condón y una vez acabó un poco dentro y tuve un retraso…
-Ah… no sabía…
-Nada. Fue sólo un susto. Pero me lo ha echado varias veces en cara y sabe que me molesta.
-¿Por qué te lo echa en cara?
-No lo sé… Se cree que ella sabe mucho. Y yo no quiero que pase por eso, pero a veces se pasa de lista.
-La edad, Elena. Tiene mucho pavo, dale un par de años para que espabile. Ya verás como si le pasa algo va corriendo a ti para que le ayudes.
-Bueno, eso de un par de años… Este año empezará la universidad y esa época es de muy descontrol.
-Eso es verdad.
-Javi, me lo he pasado muy bien hoy, de verdad. Me sabe un poco mal porque yo no te he preparado nada aún…
-¿Eres boba? Pero si siempre estamos en tu casa y ayer me preparaste una cena que no veas. Además, esto no es una competición ni nada, he hecho esto porque me ha salido sólo, no lo tenía planeado. A mí me sobra todo lo demás estando contigo.

Sonrió y me acarició la cara para después besarme.

-Qué suerte tengo.
-Yo sí que tengo suerte.

Nos despedimos con un intenso beso. Después me fui a mi casa y me tumbé en la cama. Pensé en todo el numerito de Noelia, lo vi como algo bastante lamentable, era evidente que lo hizo adrede, porque supuestamente le dijo a Elena que no iría esa noche y apareció con María y otro chico. Además, sabiendo que estábamos ahí se pusieron a follar, con gritos bastante altos. ¿Qué pretendía? ¿Qué viera lo que me había perdido cuando me fui de casa de María cuando empezaron a acercarse a mí? Seguía sin entrarme en la cabeza esa actitud, no entendía como podía ir detrás de la pareja de su hermana. Yo no pensaba en hacerle eso ni a un amigo, no me imagino a un familiar…

Tenía una tentación muy grande de escribirle para preguntarle qué coño le pasaba o pasarme al día siguiente para hablar con ella en persona, pero pasaba de verle la cara después de todo lo que pasó ese día y estaba seguro que, si lo hacía, la cosa iría a peor. Confié en que Elena hablara con ella para bajarle los humos y de paso que nos dejara intimidad para poder estar solos en su casa cuando quisiéramos.

El lunes y el martes transcurrieron normal, con la rutina de trabajo y mensajes con Elena para contarnos nuestro día, quedamos el miércoles para tomar algo con los amigos. Parecía que habíamos establecido una firme rutina de estar siempre en contacto por teléfono, vernos entre semana para estar también con los amigos y luego el fin de semana a solas para pasar también la noche juntos, aunque con algún que otro inconveniente, que era algo que también parecía formar parte de aquella rutina.

El miércoles fui a por ella para luego ir con nuestros amigos a un bar. Tuve la tentación de llevarme el vibrador para repetir la experiencia tan excitante que tuvimos, pero Mario e Irene iban a ir también y no quería que se dieran cuenta de nuevo, ya que Elena se puso bastante incómoda en nuestra quedada con ellos a solas. Tampoco pensé en ir al baño con ella como la otra vez, porque éstos ya nos tenían calados y a la mínima cosa extraña que vieran, sabrían que algo habría pasado, así que habría que conformarse con hacer algo en el coche al regresar a su pueblo.

Una vez con nuestros amigos, nos sentamos juntos, uno al lado del otro. Mario e Irene se sentaron enfrente nuestra. La noche empezó bien, con varias risas y anécdotas entre todo el grupo, hasta que después de unas cervezas, empecé a notar pataditas por debajo de la mesa. Irene estaba intentando llamar mi atención, cuando la miré, también vi que Mario me miraba y entre los dos hacían gestos de complicidad. No le eché mucha cuenta, hasta que Elena fue al baño e Irene dijo que la esperara, que iba con ella. Entonces Mario se sentó a mi lado.

-Tío, ¿hoy no jugáis?
-Que va, Elena salió bastante cortada cuando nos fuimos de tu casa. Aunque tenía la tentación de traerme otra vez el vibrador hoy…
-Joder, hubiera estado bien…
-¿A qué venían las pataditas y las miraditas antes…?
-Pues que todavía sigue lo que os propusimos en pie y tenemos bastantes ganas, sabemos que a ti sí que te va eso, si no, ¿a cuento de qué lo del vibrador aquí en público?
-Ya… Pero a Elena no le van esas cosas, así que paso de que se sienta mal por un capricho.
-Bueno, ya habíamos pensado en eso.
-¿A qué te refieres?
-Pues que Irene la va a intentar convencer.
-¿Cuándo?
-Pues ahora mismo lo está haciendo.
-¿Qué dices?
-Qué te cuente luego Elena, jajaja.
-Buah, ya me la estáis liando.
-Por ahí van los tiros… Jajaja.
-La madre que os parió. Ahora me como yo el marrón como no le haga gracia la broma.
-Venga coño, que no es para tanto… Jajaja.
-Ya verás tú…
-Bueno, ¿y si cuela? No me digas que Irene no tiene un polvazo…
-No te digo que no, pero dudo mucho que Elena me quera ver con otra. Y yo tampoco estoy seguro de que quiera verla con otro…
-Venga coño, si hay confianza, nos conocemos desde hace años…
-Ya, pero ella se implica demasiado para verlo como lo vemos nosotros.
-Yo confío en Irene, ya verás como la convence (dijo yéndose a donde estaba sentado antes).

A los pocos minutos, Elena salió del baño. Estaba roja como un tomate, vino hacia la mesa sin mirar a nadie a la cara y se sentó a mi lado. La noté extraña y fui a cogerle su mano, que tenía sobre las rodillas, cuando lo hice la noté muy rígida. Le apreté un poco la mano, pero no reaccionaba, así que pensé en dejarla que se relajara, mientras miraba a Mario y negaba con la cabeza con una ligera sonrisa, él se hacia el loco, aguantando un poco la risa. Casi enseguida vino Irene, con una sonrisa en la boca y se sentó como si nada.

Estuvimos un rato más allí, todos normales, menos Elena, que estaba callada todo el tiempo. Dijimos de irnos, levantándonos todos y poniéndonos los abrigos, antes de salir, le eché el brazo a Elena por encima de los hombros, aún sentía lo rígida que estaba. Nos despedimos y nos fuimos hacia el coche, ella estaba callada, hasta cuando entramos en el coche, donde ya le pregunté.

-Elena, ¿qué te pasa?
-Nada…
-¿Qué pasa? (dije cogiéndola de la barbilla para que me mirara a los ojos).
-Javi… Irene…
-Irene… ¿qué?
-Pues que ha entrado conmigo y me ha dicho que soy una chica muy mona y ha cogido y me ha dado un beso.
-¿En serio?
-Pero un beso, beso. Que quería meterme la lengua. Y luego me ha agarrado el culo.
-Vaya…
-En cuanto he notado que quería meterme la lengua, la he apartado de mí. Estaba en shock.
-¿Pero a cuento de qué?
-Cuando me he apartado ha mencionado lo que nos dijeron en casa de Mario. Me ha dicho que al ver como estaba de cortada, que me vieron más mona aún y que quieren que nos lo pensemos, que nos ven la pareja perfecta para hacer algo así…
-Joder, no veas…
-Javi… ¿Tú quieres…?
-Ya hemos hablado esto, Elena.
-Ya…
-¿Por qué me lo preguntas otra vez?
-No sé…
-¿Te ha gustado lo que ha hecho?
-A mí no me gustan las chicas, Javi.
-¿Entonces?
-No sé, ha sido extraño, estoy confusa.
-Mmm… No te entiendo, dices que no te gustan las chicas, pero que estás confusa…
-Supongo que ha sido por la situación, no lo sé…
-Elena, no pasa nada si te ha gustado.
-No sé, Javi…
-Bueno, no sé qué decirte la verdad.
-¿Estás enfadado?
-No, ¿por qué iba a estarlo?
-Por el beso y tal…
-No, no me importa. Un beso no es nada, yo sé lo que sientes por mí y eso es lo que me importa.
-Es que no sé, estoy descubriendo cosas contigo y eso me anima a hacer más cosas, pero esto creo que es demasiado para mí…
-Elena, yo no quiero forzarte a nada, ni quiero que te veas condicionada por lo que yo pienso del tema. Eso es algo que tiene que salir de ti, si te apetece, estupendo, si no te apetece, también. Lo importante es que ambos estemos de acuerdo.
-Vale. Lo pensaré.
-Elena, de verdad, no lo hagas por contentarme, si quieres hacerlo, que sea porque salga de ti.
-Vale, vale.

Empecé a conducir camino a su casa, ella estaba callada, mirando por la ventana, apoyando la cara en su mano. Cuando llegamos ni se dio cuenta.

-Elena, ya hemos llegado.
-¿Eh? Ah, va.
-Venga, no te calientes mucho la cabeza, tómatelo con calma.
-Sí, sí.
-¿Has hablado con tu hermana?
-No, sigue igual. Estoy esperando a ver si se enfría un poco la cosa.
-¿Tu madre no ve nada raro?
-No, cuando estamos con ella, hacemos como que no pasa nada, hablamos lo justo.
-Bueno, no seas dura con ella, a ver si va a ir a peor…
-No te preocupes, tengo alguna idea de como hacerlo.
-Genial. Pues mañana hablamos.
-Vale.
-Anda, dame un beso.

Nos despedimos con un beso y bajó del coche para entrar a su casa. No la vi muy animada, más pensativa que otra cosa. Después fui a mi casa, en cuanto llegué me fui a la cama, pero tenía mensajes y les eché un ojo.

Era Mario, preguntándome como había ido la cosa.

-¿Cómo ha ido? Irene me ha dicho que le ha besado, metiéndole un poco mano, pero que se ha cortado bastante.
-Pues eso, se ha cortado bastante.
-Joder, creía que eso la podía animar…
-Bueno, pues se ha rayado bastante, pero me ha dicho que lo pensará.
-De puta madre entonces.
-A ver, le he dicho que tiene que salir de ella, que no lo haga por contentarme a mí. Además, ya te dije que yo tampoco estaba seguro de querer verla follando con otro tío…
-Venga ya Javi, si a ti te va la fiesta.
-Puede, pero hay límites.
-Bueno, a ver qué te dice… A las malas, si te parece mal, que folle con Irene, que eso me pone también, yo sólo miro mientras me pajeo.
-No le van las tías.
-Hasta que prueban con una que sabe, ya sabes como va esto…
-Ya veremos…
-Bueno, con lo que sea me dices.
-Ok.

No estaba seguro de si quería ver como Mario se follaba a Elena. Si no fuéramos paraje, sería el primero que querría hacer algo así, por el morbo y porque Irene estaba tremenda, pero al estar en pareja, no sabría como reaccionaría al verla con otro, no sabía que iba a sentir. No le di muchas más vueltas y me fui a dormir.

Al día siguiente me levanté, dándome una ducha y desayunando para ponerme a trabajar, por la tarde me llamó Elena.

-Javi, ¿nos podemos ver esta noche?
-Claro, voy a por ti. ¿A dónde quieres ir?
-No sé, es para hablar una cosa, si quieres damos un paseo por mi pueblo.
-Vale, me parece bien, ¿a qué hora me paso?
-¿Qué te parece sobre las 10?
-Genial. ¿Quieres que cenemos juntos?
-No, voy a cenar en casa de mi abuela, luego iré a mi casa, recógeme allí.
-Vale.

Me quedé un poco extrañado, no sabía de qué quería hablar. Imaginaba que era del tema de la otra pareja, pero no sabía muy bien qué iba a pasar.

Llegó la hora de nuestra quedada, así que fui su casa, esperando en el coche. La vi salir y salí del coche, me dio un beso y dijo de dar un paseo cogidos de la mano.

-¿Todo bien?
-Sí, claro.
-¿De qué querías hablar?
-Pues verás, he estado hablando con mi hermana.
-¿Y qué tal? (dije algo nervioso por si Noelia le hubiera podido contar algo).
-Pues bueno, seguía en su línea, pero poco a poco la he ablandado y hemos empezado a hablar.
-Vale, ¿de qué habéis hablado?
-Pues de lo que pasó el otro día. Le he estado intentando sacar por qué está así.
-¿Y bien?
-Pues me ha estado contando que va detrás de un chico, pero él no le hace caso.
-Vaya…
-Y bueno, por eso anda con ese humor…
-Ya veo.
-Me ha dicho que lleva varias semanas intentando algo con él, pero él pasa de ella, incluso le insinuó un trío con su amiga del otro día, pero tampoco.
-Bueno, si rechaza algo así, sus razones tendrá, ¿no?
-Sí, eso he pensado. Pero la he visto desanimada cuando me lo contaba, así que le he dicho que lo siga intentando si tanto quiere estar con él, pero que tampoco se obsesione y le agobie.
-Ajam…
-Y bueno, le he dicho que, si necesita algo de ayuda en el tema, que me dijera, que yo le ayudaría en lo que pudiera. Me ha dicho que vale, que me consultaría si lo necesitaba.
-Que bien…
-¿Sabes? Si ese chico no quiere estar con ella, que le den, él se lo pierde. Mi hermana es buena chica, a pesar de su carácter a veces…
-Ya…
-También hemos hablado del tema de la intimidad. Le he pedido por favor que nos dejara intimidad cuando se la pidiera, igual que yo se la daré cuando me la pida. Si quería hacer eso el otro día, solo me lo tenía que haber dicho, nos hubiéramos ido al coche o algo.
-¿Y qué ha dicho?
-Que vale, que lo hablaríamos para ponernos de acuerdo.
-Bien…
-¿Estás bien? Te noto un poco seco…
-¿Eh? Ah… Nada, es que mi jefe me está metiendo prisa con el trabajo últimamente y bueno… estoy un poco hasta los huevos….
-Bueno, no pasa nada, ya pasará.

Sí, del trabajo… Lo que estaba era hasta los cojones de Noelia, se le había metido entre ceja y ceja follar conmigo y hasta que no lo consiguiera, no iba a parar. Y ahora tenía hasta a mí propia chica en contra, con su ayuda para seducirme, obviamente sin ella saber que era yo. Como me mordí la lengua cuando dijo que le dieran a ese por no hacerle caso, que su hermana era buena chica. Estaba deseando decirle lo que realmente era, pero me contuve, porque sabía que no le sentaría bien y que mis formas no serían las mejores. Incluso puede que no me hubiera creído y encima sería yo el que pudiera haber salido escaldado de aquello.

Seguimos paseando y me llevó a un parque, a la zona más oscura y me paró para empezar a besarme. Estábamos solos y al darse cuenta de esto, empezó a meterme mano, tocándome el culo y sobándome el paquete.

-Javi… llevamos varios días sin…
-¿Qué quieres, hacerlo aquí?
-Bueno, no está mal. Mira, ven aquí (dijo tirándome de la mano para ir a una zona donde había plantas).
-¿Qué te parece aquí?
-No sé, Elena…
-No me digas que te da cosa… ¿O no te acuerdas de la vez que me tocaste en el parque de tu ciudad…? Jajaja, o de cuando hemos usado el vibrador con nuestros amigos delante…
-Sí, sí me acuerdo…
-¿Estás bien? Te noto raro, Javi. ¿Pasa algo?
-Sí, o sea, no. Es que estoy cansado y un poco mosqueado con lo del trabajo. No me apetece ahora mismo hacer nada. Prefiero seguir paseando contigo.
-Bueno, no pasa nada (dijo sonriendo y girando la cabeza).

Me acerqué cogiéndola de la cara para darle un beso. Ese gesto era mi punto débil. Pero estaba bastante cabreado con lo de Noelia y no tenía ganas de nada, así que nos fuimos siguiendo con el paseo. Seguimos hablando de algunas cosas, pero nada más del tema de Noelia, ni siquiera del tema de la otra pareja, no quería meterle presión ni estar todo el tiempo que estuviera con ella hablando de cosas que no nos podrían haber bien. Al cabo de un rato llegamos a su casa, nos despedimos, quedando para ir allí el sábado para estar por la tarde juntos y pasar la noche, dijo que avisaría a su hermana para que no pasara lo de la otra vez y poder hacer lo que queramos. Le di un beso y me monté en el coche para regresar a casa.

Cuando llegué a casa me acosté, mirando al techo sin poder dormir, dándole vueltas a lo que había hecho Noelia. Me sentía como en una olla a presión, a la que le faltaba poco para estallar. Pensé en hablarle para preguntarle qué estaba haciendo, pero lo descarté enseguida, seguro que la situación le daría más morbo, también descarte lo de hablar en persona, porque ya me esperaba cualquier cosa. Así que intenté seguir una nueva estrategia, evitarla a toda costa, y si no podía, evitar quedarme a solas con ella. Y actuar con normalidad, como si nada de esto estuviera pasando o hubiera pasado algo entre nosotros.

El viernes fue un día normal, me estaba intentado mentalizar de llevar esa estrategia a cabo, pero temía que pudiera venirme arriba si la veía para pedirle explicaciones. Me puse a trabajar para no estar pensando en eso todo el tiempo. Llegó la noche y me escribió Elena.

-Mi amor…
-¿Qué pasa mi vida?
-Quiero estar contigo…
-Yo también, tengo muchas ganas de que llegue mañana.
-¿Estarás muy ocupado mañana?
-No, lo he dejado todo preparado para estar libre todo el día.
-Genial, pues vente mañana sobre las cuatro, que mi madre va a andar por aquí por la mañana y luego nos vamos a casa de mi abuela a comer, pero yo me vengo cuando acabe y ella ya se queda allí.
-Vale, ¿estaremos solos?
-Sí, mi hermana me ha dicho que irán a casa de su amiga.
-Genial. Pues mañana a las cuatro me tienes allí.
-Qué ganas. Te voy a reventar mañana.


Elena respondió con un emoticono con cara de sorpresa.


-Jajajaja.

Me levantó el humor esa conversación y las ganas que tenía Elena, pero sabía de sobra que Noelia iba a aparecer, pero yo tenía un plan, ignorarla todo lo he pudiera y no caer en sus provocaciones. Me fui a dormir contento, con muchas ganas de estar con Elena.

Al día siguiente me levanté con mensajes de Mario.

-¿Te vienes a echarte una cerveza?
-¿A qué hora?
-Sobre las 2 o así.
-Vale, ¿quién más va?
-Nada, sólo Irene, tú y yo.
-Mario, no me jodas, ¿eh?
-Que no, coño. Que vamos a echar una cerveza en el bar y ya está.
-Vale, a las 2 voy para allá.

Llegué al bar sobre la hora, echándole la mano a Mario y dándole dos besos a Irene. Empezamos a hablar de varias cosas, hasta que, como esperaba, sacaron el tema.

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