ECONOMISTA

1​

Un poco antes de la hora de la comida, llegamos a casa de los padres de Claudia, salieron a recibirnos las dos peques y los hijos de Pablo y Marina. Pasamos al jardín y al fondo estaba sentada en una mesa Carlota, junto a mi suegro. Ya estaban todos.

Teníamos comida familiar y sinceramente aquella mañana de domingo no me apetecía nada. El viaje de vuelta había sido duro, demasiado quizás. Yo iba conduciendo y Claudia estaba a mi lado en el asiento del copiloto. En la parte de atrás, medio recostada, en vaqueros y con unas gafas de sol nos acompañaba Mariola, que apenas abrió la boca en todo el viaje.

Quizás la noche no había terminado como ella se esperaba, el ambiente en el coche era un poco tenso, y eso que mi mujer no sabía lo que había pasado entre su amiga y yo. La situación se nos fue de las manos y yo me enfadé con Mariola cuando me provocó por enésima vez al acostarnos en su cama. Escuchando los gemidos de Claudia estaba tan caliente, que cuando Mariola se abrió de piernas para masturbarse y me rozó con la rodilla no me lo pensé dos veces. Me puse sobre ella dispuesto a follármela, pero ella me lo impidió, burlándose de mí.

Eso fue el detonante para que saliera de la habitación, dejando a la amiga de mi mujer en braguitas, sola y excitada en su cama.

Sin embargo, ahora iba en el asiento de atrás y aquella mañana me gustó la actitud de Mariola, no tenía nada que ver con la noche anterior en la que estaba muy provocadora y llevando la iniciativa por completo. Era como que entendía su rol dentro del juego que teníamos Claudia y yo, y una vez que había cumplido su papel se quería mantener al margen. Me pareció bien que no siguiera tensando la cuerda cuando ya había pasado todo.

Cuando llegamos a su casa, bajamos del coche y nos dimos dos besos para despedirnos de ella.

―Lo he pasado genial, chicos, y a ti esta semana te llamo para jugar un partido ―le dijo a mi mujer.

A mediodía, estaba cansado, con ganas de irme a casa, los niños correteaban a nuestro alrededor y cuando nos sentamos en la mesa yo tenía la cabeza en otra parte. Todavía podía escuchar los gemidos de Claudia mientras un desconocido se la estuvo follando durante casi cuatro horas. Me fijé en ella, llevaba unas gafas de sol y tenía cara de agotada, era normal, pues apenas había dormido, pero lo disimulaba muy bien, hablando con su familia con toda la naturalidad del mundo. Cualquiera diría que la noche anterior se había acostado con un chico diez años más joven que ella y se había corrido por lo menos cinco veces.

Casi ni me había fijado en que Marina estaba a mi lado, con su hija pequeña sentada en las rodillas.

―Tienes mala cara, David…

―Sí, bueno, anoche estuvimos cenando en Madrid con una amiga de Claudia y luego salimos a tomar algo… se nos hizo un poco tarde.

―Por lo menos lo pasaríais bien.

―Sí, estuvo genial.

De repente, se hizo el silencio y se me quedaron todos mirando. Creo que me puse rojo como un tomate.

―Ehhh… sí, le decía a Marina que anoche estuvimos de fiesta en Madrid y se nos hizo un poco tarde, ¿verdad. Claudia?

―Sí, hoy nos vamos a ir pronto a casa, en cuanto comamos y tomemos el café nos retiramos, me esperan unas semanas muy duras de trabajo con esto de las elecciones, quién me manda meterme en estos líos, con lo bien que estaba en el instituto a punto de cogerme mis dos mesecitos de vacaciones ―dijo Claudia.

Cuando se levantó la hija de Marina me fijé que mi cuñada llevaba un look muy casual, con una mini falda vaquera, camisa blanca marcando sujetador negro por debajo y unas sandalias con un poco de cuña. Miré hacia abajo y apenas pude disimular al ver sus muslazos.

―Es una pena que os vayáis a ir tan pronto, había pensado que hoy me podías hacer alguna foto en el jardín, para el Instagram, hace tiempo que no subo una buena foto ―me dijo.

―Seguro que después de comer encontramos un ratillo, ya sabes cómo se alargan los cafés de “Los Álvarez”.

―Estupendo, este jardín tiene muchas posibilidades ―dijo Marina quitándose las gafas de sol para echarme una miradita extraña.

Todo se movía a mucha velocidad, los niños no se paraban quietos, mis suegros y Pablo estaban de muy buen humor, hasta Carlota tenía una sonrisa de oreja a oreja, llevaba un vestido azul largo veraniego de tirantes, con el que lucía un escote tremendo. Sus tetas cada vez me parecían más grandes, tan blancas, tan llenas de venas. Eran hipnóticas para mí.

Como decía, todo se movía deprisa, los únicos que estábamos apagados éramos Claudia y yo. Aunque era lo más normal del mundo, después de la noche que habíamos pasado.

Terminamos de comer la típica paella de mi suegra Pilar, que por cierto estaba deliciosa y mientras preparaba el café, Marina y yo nos levantamos para ir al jardín a ver jugar a los niños.

―¿Te parece bien si ahora hacemos alguna foto? ―me preguntó.

―Me parece estupendo.

Estábamos en el lateral de la casa y fuimos andando hasta llegar a la parte de atrás, había unas plantas muy bonitas y aprovechamos un par de sillones de mimbre de jardín.

―Siéntate ahí, yo creo que puede quedar muy bien, a esta hora de la tarde la iluminación es muy buena.

Marina se sentó con las gafas de sol y cruzó las piernas. Me parecía a mí o se había desabrochado un botón de la camisa, pues ahora se le podía ver el sujetador y un poco de sus pechos, mostrando un escote muy sensual, pero recatado a la vez.

―¿Así estoy bien?

―Perfecta.

Yo me iba moviendo a su alrededor a la vez que iba tirando las fotos, Marina cambiaba la pose, descruzaba las piernas, se sentaba de manera distinta, incluso se quitó las gafas de sol mordiéndolas, así en plan interesante, y de repente miró directamente a la cámara del móvil, con la patilla de las gafas dentro de su boca, su gesto era serio y erótico, luego cerró los ojos poniendo su cara en dirección al sol y estiró un brazo a la vez que con el otro se agarraba el cuello de la camisa, como queriendo abrirla un poco más. Aquella serie de fotos me pusieron muy caliente.

En apenas cinco minutos le hice un buen reportaje. Al terminar nos sentamos juntos y empezamos a mirar mi móvil, intentando seleccionar las que habían quedado mejor. Como había muchas fotos aprovechables, pasé unas cuantas por varios filtros y se las mandé todas por correo.

―¡Han quedado genial, David! Vaya fotógrafo estás hecho… ahora que voy a empezar a salir en la tele nacional, estaría bien si un día quedamos y me haces un reportaje de fotos, llevaría varios vestuarios y me iría cambiando, ¿qué te parece la idea?

―Pues por mí, sin problema, el día que me digas quedamos…

―Jo, ¡qué guay! Vale, pues voy a preparar varios modelitos y en unas semanas te digo algo.

―Muy bien, anda vamos a volver con el resto, que ya estarán sirviendo el café…

―Sí, a ver si nos anuncian ya las novedades ―dijo Marina poniéndose de pie.

―¿Las novedades?

―Sí, parece ser que hay algún anuncio nuevo en la familia.

―Pues no tenía ni idea, soy el último en enterarme de todo.

―Luego te lo contará Claudia…

―Ya me estás dejando con la intriga, ¿de qué se trata?

―Carlota… ―dijo Marina levantando sus dos cejas.

―¿Carlota? ¿Qué pasa con Carlota?

―¿Tú qué crees?

―¿Embarazada no?, ¿no?… no me digas que…

―¡Sí!

―Jajaja, ¡qué bueno! Pues a ver si dice algo…

Me sorprendió la confidencia de Marina, pues no me imaginaba que Carlota se hubiera echado novio. Cuando nos sentamos a la mesa con “Los Álvarez” no salió el tema, ya lo habían comentado antes, mientras estábamos ausentes.

En cuanto nos montamos en el coche para volver a casa fue lo primero que me dijo Claudia.

―¿Sabes que mi hermana tiene pareja?

―¿Ah, sí?, no sabía nada… ¿y desde cuándo?

―Pues según me ha dicho, lleva dos meses saliendo con un chico, debe ser bastante más joven que ella, es un abogado que además trabaja para el grupo…

―¿Cuántos años tiene el chico?

―Pues debe tener 32.

―Es mucha diferencia, le lleva unos quince años a tu hermana… ¿y cuándo le va a presentar en sociedad?

―Pues no lo sé, de momento dice que se están conociendo y tal, pero la verdad es que la veo muy ilusionada, me alegro mucho por ella.

―Y yo, a ver si le cambia un poco el carácter, que menuda temporadita lleva…

Al llegar a casa acostamos a las niñas y Claudia se tumbó en la cama.

―P

ufffff

, estoy cansadísima, no voy ni a cenar, me voy a pegar una ducha y a la cama.

Yo me tumbé a su lado.

―¿Estás bien?

―Sí, ¿y tú?

―Creo que sí, no sé… estoy un poco raro…

―¿Raro? ¿Y eso?

―No sé, es por lo de ayer, por muchas cosas… por todo en general…

―¿Por lo de ayer? ¿Estás enfadado o algo te ha sentado mal?

―No, enfadado no, estoy raro, no lo hemos hablado todavía…

―Hoy no, David, no me apetece…

―No, no es eso, no quiero que me cuentes nada, es solo hablar un poco de esto… ya sabes, de lo que estamos haciendo, de lo que está pasando…

―No te entiendo, David.

―Es que no sé, te veo ahí tan tranquila.

―¿Y cómo quieres que esté?

―Le estoy dando muchas vueltas a la cabeza, es que llevamos una temporada que… en Navidad pasó lo de tu alumno, ahora te estás enrollando con tu mejor amiga, te has acostado con el jefe y anoche lo de este chico que no conocíamos de nada, tú no eres así…

Claudia se levantó y se quedó recostada, apoyando la espalda en el cabecero de la cama. Su cara era seria, como de no entender nada.

―¿Y ahora a qué viene esto? ¿Es lo que querías, no? No entiendo cual es el problema.

―Sí, es lo que quería, pero es que parece que todo va muy rápido, y anoche, aunque lo disfruté, no me gustó la sensación que tuve en algunos momentos, me sentí… ehhhh, no sé qué palabra utilizar, me sentí desplazado, sí, eso es, me sentí como desplazado, no porque no me dijeras que te ibas al hotel a follar con ese tío, era como si esto no fuera un juego entre tú y yo, me sentí fuera de lugar, al margen, porque no habías contado conmigo.

―Pues no me gusta que te sintieras así, pero todo pasó demasiado deprisa, y sí, puede que tengas razón, quizás no manejamos los tiempos nosotros y dejamos a Mariola que lo hiciera… habrá que ir ajustando esos pequeños detalles, anda ven aquí ―dijo dando una palmada con la mano en la cama―. ¿Pero estás bien, no? ¿Quieres seguir con esto?

―Sí, claro, hay que cambiar algunas cosas, sabes que me excita la humillación en cierto sentido, pero no me gusta sentirme como un pelele en vuestras manos y anoche me sentí así en muchos momentos…

―Lo siento, David, pensé que te iba a gustar.

―Pues claro que lo pasé bien, solo que yo también quiero participar, y por participar no me refiero a estar delante, pero no quiero que me dejéis al margen… como ayer.

―Vale… ¿pero te gustó?

―Sí, Claudia, fue, 

ufffff

… escucharte follar con ese tío, joder, estuviste casi cuatro horas… ¿disfrutaste mucho?

―¿Tú qué crees, cornudito? ―dijo sobándome la polla por encima del pantalón―. ¿Y tú?

―Yo también, por cierto, tengo que contarte algo, no sé si te va a gustar, pero tengo que hacerlo.

―Dime.

―Anoche mientras estabas con el chico ese, bueno… ya sabes que terminé en la habitación de Mariola, te estábamos escuchando gemir, nos pusimos calientes, yo todavía no me había corrido y una cosa llevó a la otra.

―¡¡¿Te acostaste con Mariola?!! ―preguntó Claudia en un tono que no supe interpretar si era de enfado o de sorpresa.

―¡No, no!, no nos acostamos, solo que bueno… ella me dijo que si estaba excitado y yo le dije que sí, y al final me pidió que me masturbara delante de ella…

―¿Y lo hiciste?

―Imagina la situación, la tensión que llevaba acumulada de toda la noche, tú estabas en la habitación de al lado follando como una loca, se escuchaba todo y Mariola no hacía más que provocarme… al final no pude resistirme más, me senté en su cama y me la saqué, solo quería hacerme una paja mientras te escuchaba follar, me daba igual que ella estuviera delante, casi hasta me daba un poco de morbo…

―¿Y qué pasó?

―Ella no dejaba de provocarme y decía cosas, me llamó cornudo, y cuando me estaba masturbando se puso detrás de mí, me rodeó con las piernas y… bueno, me terminó agarrando la polla…

―¿Mariola te agarró la polla? ¡¡Será zorra!! Habíamos quedado que ella y tú no ibais a hacer nada…

―¿Lo habías hablado con ella?

―Era una posibilidad que se podía dar y yo no quería que pasara nada entre vosotros, se lo había advertido, me supongo que en un futuro nos querrás ver juntas y si estamos muy excitados los tres podríais querer hacer cosas entre vosotros también, de momento no quiero que Mariola y tú tengáis relaciones… aunque, por lo que se ve, parece que ya es tarde para decirte esto, ¿entonces, qué pasó?

―Pues eso, que me agarró la polla y me masturbó… hasta que me corrí… no duré mucho ―dije bajando la cabeza avergonzado.

―¡Qué cabrona! Ya hablaré con ella, ¿te gustó la paja que te hizo?

―No te enfades…

―Te he preguntado que si te gustó…

―Sí, bueno, estuvo bien, pero no te enfades, por favor…

―No me enfado, tranquilo, ¿y pasó algo más entre vosotros?

―No, no, solo eso, de verdad, luego se metió en la ducha ella sola…

―Está bien… hablando de ducha, creo que me voy a pegar una y me acuesto ya…

―¿Puedo entrar contigo?

―Mejor que no, te veo muy empalmado y si te metes en la ducha te vas a querer correr, me gusta tenerte así…

―¡¡Me encantaría verte follar con Mariola!! ―le solté a mi mujer de repente.

―¿Ah sí?

―Sí, quiero estar delante la próxima vez que os acostéis juntas…

―Es un poco pronto todavía, pero si es lo que quieres, hablaré con ella, no creo que ponga ningún problema… ¿te gusta Mariola?

―¿Físicamente?, ¿o en qué sentido lo preguntas?

―Físicamente ya sé que es muy atractiva, es muy guapa y tiene un cuerpazo, me refería más a si te gusta como es ella, su carácter…

―Tampoco la conozco mucho, tiene mucho carácter y parece que es muy morbosa, sexualmente hablando… no sé, creo que hemos encontrado una buena sustituta para Víctor.

―Puede ser.

―Ayer en el bar, antes de que os fuerais al hotel con los chicos, se acercó a mí y me dijo unas cosas que… 

ufffff

, me dejó temblando…

―¿Te excitó?

―Mucho, por un lado, me gustó, aunque como te he dicho antes, tuvo demasiado protagonismo, quizás demasiado, nosotros apenas decidimos nada, me hubiera gustado que hubieras venido tú a hablar conmigo, ver cómo estabas de caliente, eso me hubiera vuelto loco.

―Lo tendré en cuenta para otra vez… si vuelve a pasar…

―Claro que va a pasar, ¿y a ti te gusta Mariola?, ¿te da morbo? ―le pregunté a Claudia.

―Sí, es muy directa cuando habla… además, tiene muuuucha imaginación, es muy fantasiosa, creo que no nos vamos a aburrir con ella.

―Mmmmmm, no me digas eso, solo de pensarlo estoy ya…

Claudia me agarró la polla por encima del pantalón y le pegó un par de sacudidas.

―Nos va a llevar al límite… ¿lo sabes, verdad?

―Joder, Claudia… no me digas eso, me volvería loco verte con ella, tiene un físico espectacular… en el hotel pude verla medio desnuda, 

ufffff

―Te gusta, ¿eh?

―Mucho, os imagino juntas, desnudas, quiero veros hacer de todo, ¿está buena?, tú que la has visto desnuda…

―Sí, está muy buena…

―¿Qué es lo que más te gusta de su cuerpo?

―Su culo, me encanta su culo… ―dijo Claudia inmediatamente.

―Lo has dicho sin dudar… tiene un culazo imponente, seguro que se lo has acariciado muchas veces, quiero ver cómo se lo besas, cómo pasas tu lengua por sus glúteos, ¿puedo preguntarte si se lo has comido alguna vez?

―¿Eso te pone?

―Estoy cachondo solo de pensarlo…

―Ella sabe que su culo es mi debilidad, ayer en el hotel, mientras nos vestíamos se puso a cuatro patas y me lo ofreció para que lo lamiera.

―¿Y lo hiciste?, joder, ¡yo estaba en la habitación de al lado!

―Te voy a dejar con la duda, jajaja, creo que será mejor que me duche ―dijo levantándose de la cama―. Te estás poniendo demasiado cachondo.

Poco a poco fue desnudándose delante de mí, se quitó la ropa y la dejó tirada en el suelo. Pude ver su pequeño cuerpo y ella me echó una ojeada antes de cerrar la puerta del baño. En cuanto escuché el agua de la ducha correr me saqué la polla y me pegué un par de sacudidas. La conversación con Claudia me había dejado al límite.

No tardó mucho en salir mi mujer del baño, llevaba una toalla enrollada en el pelo y otra tapando su cuerpo. Apoyó un pie en la cama y comenzó a echarse crema hidratante por las piernas.

―Buffff, estoy muy cansada, me voy a echar a dormir ya ―dijo desenrollando la toalla que envolvía su cuerpo.

Siguió echándose la crema por los muslos, por el culo, por el estómago, por sus tetas.

―Hazte una paja si quieres mientras me miras, no me importa…

―Te ha dejado destrozada ese tío…

―¡Era una bestia físicamente, no se cansaba nunca!

―¿Cuántas veces te corriste?

―No lo sé, cinco, seis, siete… muchas… bueno anda, voy a vestirme, ¿te quieres correr o no?

―Me gustaría hacer algo contigo.

―Esta noche no, estoy muy cansada ―dijo poniéndose las braguitas y luego el pijama. Se secó el pelo con la toalla y se tumbó en la cama a mi lado―. Voy a leer un poquito antes de dormirme.

―Como quieras, yo todavía no me voy a acostar, es un poco pronto, voy a bajar un rato al salón.

No me hubiera importado hacerme una paja y correrme viendo el cuerpo de mi mujer, pero tenía otros planes para esa noche. Estaba deseando pasar las fotos de Marina al ordenador y echarle una ojeada, además quería conectarme y chatear un rato con Toni. Necesitaba desahogarme con él.

Apenas eran las nueve de la noche y estuve un rato pasando las fotos del reportaje que le había hecho a mi cuñada, casualmente me llegó un WhastApp de ella.

Marina 21:07

He subido unas fotos al Insta de las que me has hecho esta tarde, están genial. Tenemos pendiente lo del reportaje de fotos, eh…

Muchas gracias.

Con impaciencia abrí su Instagram y efectivamente había subido cuatro fotos, muy parecidas entre sí, de la sesión que le había hecho por la tarde. Me dio mucho morbo saber que era yo el fotógrafo de esas instantáneas.

David 21:08

Me alegro que te hayan gustado, aunque la modelo también hace mucho, jajajaja. Cuando quieras hacemos ese reportaje.

Marina 21:08

No tardando te diré algo, en serio. Buenas noches, David.
David 21:09

Perfecto. Buenas noches.

Me encantó ese intercambio de frases con mi cuñada, ya lo que me faltaba para terminar el día después de la conversación que acababa de tener con Claudia. Abrí el chat con mi cuenta privada y de momento no estaba conectado Toni, era un poco pronto. Estuve pasando las fotos de Marina al ordenador y las metí en la carpeta privada que tenia de mis cuñadas, fue una pena no haber podido hacer ninguna de Carlota, porque ese vestido veraniego le hacía unas tetazas de impresión.

Esperé lo suficiente para asegurarme que Claudia estaba dormida y luego me puse a analizar con detenimiento las fotos que había hecho por la tarde. Había una especialmente morbosa en la que Marina estaba mordiendo las patillas de sus gafas de sol y en la que sacaba ligeramente la lengua, además se había desabrochado un botón de la camisa y se le veía parte del sujetador. Amplié la foto fijándome en su cara, Marina miraba a lo lejos y me encantaba el detalle de la lengua.

Demasiadas emociones, el día habido sido muy largo y no habían pasado ni 24 horas todavía desde que Claudia había follado con un desconocido y su amiga Mariola me había meneado la polla hasta hacer que me corriera. Con los gemidos de mi mujer todavía retumbando en mi cabeza, fui poco a poco viendo en el ordenador fotos de mis dos cuñadas y no pude evitar sacarme la polla para meneármela un rato.

Luego pasé las fotos de la noche anterior cuando salimos de fiesta los tres, no había hecho muchas, pero tenía alguna de Mariola y de mi mujer abrazadas posando en actitud provocativa. También tenía una carpeta especial para ese tipo de fotos.

No tardó mucho en conectarse Toni, en cuanto vi la luz verde de su chat, supe que iba a correrme con él.

Hola, David, no te esperaba…

Buenas noches, Toni.

¿Qué tal anoche en Madrid con la amiguita de tu mujer?

Ni te imaginas, ¿tienes ganas de paja?, tengo muchas cositas hoy para ti…

Por supuesto… cuando quieras empezamos, cornudo.

Lo primero que hice fue enviarle una foto de la noche anterior de Claudia y Mariola. Estaban agarradas en una pose erótica y Mariola tenía bien sujeta a mi mujer por la cintura.

Mmmmm, empiezas fuerte… me voy a ir sacando la polla…

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