MOISÉS ESTÉVEZ

Era de los pocos investigadores privados honrados que quedaban en la
ciudad. Esa noche se propuso vigilar los pasos de una esposa infiel a la que le
atraían los jovencitos. Su marido había contratado la semana antes sus
servicios y aunque los casos de infidelidades matrimoniales no le motivaban
demasiado, comer había que comer, y las facturas no se pagaban solas. Por
cierto, ese mes ya estaba la cuenta en números rojos.
Y es que el mercado detectivesco estaba en horas bajas, y no por falta
de corruptos, delincuentes, chorizos y energúmenos en general, sino por que la
clientela no era muy buena pagadora, tratando esta dura profesión de manera
poco respetuosa.
Se dio cuenta enseguida de que aquello sería fácil y rápido. Mary, la
esposa infiel salió de casa sobre las once de la noche y en la misma esquina
del edificio en el que vivía la infeliz pareja, le esperaba un individuo en el
interior de un Ford gris antracita.

  • Sospecho que mi mujer me engaña – me comentó el cornudo marido.
    Era una pena. Estaría seguro de ello, pero tal vez albergaría una mínima
    esperanza de que no fuera cierto – Ahí está el verdadero motivo por el que
    solicitan mis servicios en estos casos. Busca el marido fiel y enamorado que
    esas continuas salidas nocturnas de la mujer inquieta y apasionada se dirijan
    hacia donde ella en un principio dice: cariño, esta noche tengo guardia. Si, por
    supuesto, guardia, en la habitación 507 del Solita Soho Hotel… –
  • En ese preciso instante se esfumaron dichas esperanzas de un marido
    de los que ya quedaban pocos. Pero bueno, sino fuera así yo no haría caja, y
    estos pocos dólares le alegrarían el día a mi socia, Penny… –
  • Terminé de tomarme un café que me sirvió una agradable camarera
    con rasgos asiáticos en la cafetería que había enfrente del Solita. Estaba
    deseando llegar a mi apartamento para dormir un rato y justo al subirme en mi
    desvencijado Golf del año 79, recibí un mensaje de mi compañera – te esperan
    en el despacho, tenemos un nuevo caso… –

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