ALMUTAMID

Estaba extasiado y a la vez sorprendido. Ya no contaba con ella y sin embargo verla había despertado en mí sensaciones que ya no recordaba. Tras los saludos de rigor y las típicas preguntas formales la ayudé a subir el trolley a su habitación. Después bajamos rápidamente al comedor antes de que cerraran para que Claudia pudiera cenar algo. Mientras ella comía pudimos charlar ya más tranquilamente:

-¿Cuánto tiempo vienes?-fue mi primera pregunta.
-Me voy mañana por la tarde. Sólo he venido a echar unos papeles de convalidación, aunque tendré que volver en julio.
-¿Y eso?
-Luis, me traslado.

Me quedé cortado. ¿Cómo que se trasladaba? Debió notar mi desconcierto y siguió explicando:

-Por mi expediente, la misma institución que me dio la beca para ir a Italia me paga unos cursos específicos antes de terminar la carrera. Pero no se dan aquí, por lo que tendría que trasladar expediente a las ciudades donde se dan.
-¿Y cuáles son?
-Madrid, Barcelona y, bueno…-hizo una pausa breve buscando mis ojos como esperando alguna reacción y concluyó-…y tu ciudad.
-Eso estaría genial…-se me escapó sin pensar.
-¿Qué estaría genial?
-Poder verte en mi ciudad los fines de semana.
-¿Quieres verme?
-Ay Claudia, de verdad. Tengo tantas cosas que contarte.
-Si quieres mañana cuando termine de echar los papeles te busco, tomamos algo y hablamos.
-Me parece genial.-respondí.
-Vale, pues voy a darme una ducha y a dormir, que estoy cansada, y mañana nos vemos.

Me resultó raro despedirme de ella con dos besos. Su habitación era de las mejores de la residencia. Individual, con baño propio y algo más espaciosa. Yo me fui a mi dormitorio a intentar estudiar pero no conseguía concentrarme sabiendo que Claudia estaba una planta por encima de mí. Tenía tantas cosas que preguntarle y tantas cosas que decirle que no conseguía avanzar ni un folio en mi lectura.

En un arrebato me puse una camiseta y subí a su dormitorio. Llamé a la puerta y me contestó. “Soy Luis…” Entré y me la encontré saliendo del baño como siempre recordaba a mi diosa en mi mente: unas braguitas negras y una camiseta ajustada sin sujetador marcando sus pechitos, con el pelo mojado en la media melena que llevaba ahora.

-¿Qué te pasa, Luis?
-Necesitaba hablar contigo…
-Bueno ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?

Me quedé bloqueado. ¿Por dónde empiezo? Claudia esperaba mi reacción secándose el pelo con la toalla que llevaba en la mano cuando en un impulso me fui para ella y la besé. De primeras pareció sorprenderse pero no me rechazó y ante mi insistencia terminó abriendo la boca para ofrecerme su lengua jugosa que tantas veces había besado y que no podía olvidar. Tenía el corazón a mil y en mi mente bullían miles de recuerdos y sensaciones pasadas. Parecía como si ayer hubiésemos roto. Se me olvidaron las preguntas y hasta mis respuestas. Pero fue ella la que me devolvió a la realidad.

-¿Estás seguro?
-Segurísimo…sólo tú podrías impedírmelo.

Pero no lo hizo, pues cuando volví a buscar su boca recibió mis labios y mi lengua con gusto agarrándose a mi pecho para tirar de mi camiseta ocasión que aproveché para tomarla por la cintura.

Todo lo que había ido enterrando durante meses de golpe saltaba por los aires. Nunca había dejado de quererla. Y parecía que ella a mí tampoco.

-Había olvidado cuanto te echaba de menos, princesa…
-Yo nunca lo he olvidado…-respondió aferrándose a mi cuello.

Nuestras bocas se entrelazaron de nuevo dejándome además aspirar su olor mientras mis manos se perdían por debajo de la camiseta por su espalda disfrutando de la suavidad de su piel blanca. No tardé en sacarle la camiseta y poder ver aquellos pechos que me habían tenido loco el curso anterior hasta que los hice míos. Y ahí estaban de nuevo para mí. Mi mano acarició rápidamente uno de ellos mientras mis ojos se perdían en los suyos y una sonrisa de aprobación con el parpadeo de ojos me invitó a degustarlos.

Cuando atrapé su pezón duro con mis labios mi gemido sonó más fuerte que el suyo. Su mano acariciaba mi pelo revolviéndolo mientras mis gemidos de degustación se mezclaban con una risita suya de aceptación. Podría pasarme la vida perdido en sus tetitas pero algo dentro de mi calzoncillo reclamaba atención así que solté mis manjares y me quité la camiseta mientras Claudia me decía:

-Estás muy guapo.
-Tú estás espectacular.- respondí antes de buscar de nuevo su boca.

Ahora mi mano se deslizó por su vientre hasta llegar a sus bragas. Recorrí su monte de Venus sobre la fina tela de su braga ganándome unos gemidos de su boca dentro de la mía. Su mano a la vez recorría mi espalda mientras la otra parecía sujetar mi pecho. Colé la mano por el elástico tropezándome con la sorpresa de su vello púbico, corto pero recio. Gemí al encontrármelo y más cuando mi dedo se deslizó entre sus labios topándose con su humedad. Claudia se retorcía agarrándose a hora a mi cuello. Ella estaba lista y yo también.

Saqué mi mano de sus bragas y se las bajé con cierta prisa. Su triángulo de vello resaltaba sobre la blancura de su piel.

-No me he arreglado mucho, Luis. No contaba con esto…

No le contesté y tras sacar por sus pies la prenda interior besé su mata de vello haciendo que se estremeciera. Pero tiró de mi hombro para que me levantara siendo ella ahora la que se agachaba para deslizar mis calzonas y calzoncillos liberando mi erección, que rebotó hacia arriba al quedar suelta por los elásticos de ambas prendas. Claudia me sonrió diciendo:

-Veo que todo sigue en su sitio.

Pareció dudar si chupármela o no pero yo la levanté para irnos a la cama. No quería juegos, quería estar dentro de ella. Nos tumbamos uno al lado del otro y retomamos los besos de caricias, aunque ahora nuestras manos si pasaban más cerca de nuestros sexos mojando mis dedos en ella o agarrándome por mi mástil. También nuestras bocas se turnaron paseándose por el cuerpo del otro, apoderándome de sus pechos de nuevo para succionarlos haciendo que mi exnovia se estremeciera. Ella no se quedó corta y también quiso jugar con su lengua en mis pezones mientras me pajeaba suave.

Yo ya no aguantaba más y me monté sobre ella haciendo que abriera sus piernas para recibirme. Mi churra resbaló pegándose a su raja sin llegar a entrar uniendo nuestros pubis de vello recrecido el suyo y recortado el mío. Volvieron los besos con nuestros pechos pegados. Nuestras manos se encontraron buscando mi nabo para dirigirlo a su chocho. Ambos teníamos ya prisa. Con ella siempre era así. Además la notaba agitadísima con su disfragma muy alterado, de modo que cuando mi churra se abrió paso dentro de su vagina su respiración se entrecortó con resoplidos hasta que me introduje totalmente en ella.

-Uff, uff, uff….Luis…mi vida…

Me quedé quieto sintiendo como su chocho aprisionaba mi polla y entonces me di cuenta de que una lágrima me resbalaba por la mejilla. Me abracé fuerte a Claudia que empezaba a dominar su respiración. Era verdad. Estaba ocurriendo. Sin palabras. Sin explicaciones. Mi chica, por la que tanto había suspirado y a la que yo había apartado estaba conmigo y estábamos haciendo el amor. Lo demás ya no importaba.

Sólo quería sentir y así empecé a bombear suavemente para que nuestros cuerpos se rozaran y darle placer a Claudia, que empezó a jadear al ritmo de mis penetraciones agarrándose fuerte a mi espalda. Casi me hacía daño clavándome sus dedos afortunadamente con unas cortas pues tenía la mala costumbre de comérselas cuando estaba nerviosa. Yo bombeaba y mi chica gemía como una gata en celo con gruñiditos agudos. Estaba muy excitada para el poco tiempo que llevábamos follando. Parecía que llevara mucho tiempo sin hacerlo o que el reencuentro la llevaba a un nivel superior de sensaciones. Pero daba la sensación de que se iba a correr en breve y eso en realidad me envalentonaba. Quería sentir su placer.

La postura con nuestros cuerpos totalmente pegados por su abrazo sólo me permitía penetrarla con el empuje de mis piernas siendo escaso el roce de mi polla en su interior pero ella se comportaba como si estuviera dándole bastante caña. Además su excitación me estaba haciendo subir a mí de nivel también. La emoción de un momento antes se estaba transformando en excitación en mí también haciendo que mis golpes de caderas cortos pero profundos se vieran acompañados de roces de placer en mi glande. Cada vez estaba más convencido de que follamos más con el cerebro que con la polla.

A Claudia parecía faltarle el aire con mis constantes sacudidas y boqueaba silenciando sus gemidos uno de sus brazos soltó mi espalda para llegar hasta mis nalgas. Parecía empujarla para que entrase más adentro aún. Ello me permitió más libertad de movimiento para poder conseguir mayor recorrido de mi polla dentro de su coño. El resultado fue el regreso de sus gemidos ahora más graves que me estaban poniendo a mil.

Levanté la cabeza de su cuello para intentar mirarla pero tenía los ojos cerrados como si quisiera eliminar el sentido de la vista para concentrarse en los otros cuatro. La besé pero fue breve porque empezó a boquear de nuevo al ritmo en que mis caderas golpeaban las suyas. Y por fin estalló en uno de esos orgasmos suyos que empezaban en un grito silencioso y ahogado una mueca como si intentara encoger su rostro y el estremecimiento de su cuerpo que hacía que su útero se contrajera y sus piernas intentaran cerrarse apretándose contra las mías. Ya no hablaba, casi ni respiraba sólo sentía. Ello hizo que sus brazos perdieran fuerza estirando yo los míos para follarla con mayor intensidad. Su barriga subía y bajaba al ritmo de las contracciones de su diafragma y sus tetas se agitaban al ritmo de mis pollazos. Claudia ya estaba ausente perdida en su orgasmo y yo sentía el mío cerca. Pero no podía correrme dentro de ella como con Marta así que rápidamente me salí de ella poniéndome de rodillas pajeandome fuerte viendo como su cuerpo no terminaba de relajarse hasta que llené su barriga con mi semen caliente.

Me tumbé a su lado abrazándola y besándole la mejilla. No me creía lo que acababa de pasar.

No podía creer el vuelco que había dado mi vida en pocas horas. Claudia había vuelto y no me rechazaba. Sé que quedaban muchas cosas por hablar pero nuestro primer impulso había sido hacer el amor. Y ahora yo estaba abrazado a ella en su cama. Pero como dice el refrán qué poco dura la alegría en la casa del pobre. En cuanto Claudia se serenó tras su intenso orgasmo y abrazada a mí me dijo:

-Luis, esto no está bien…
-¿Por qué?- pregunté extrañado.
-Porque tú tienes novia…
-Yo no tengo novia.
-Pero si habías vuelto con Marta…
-¿Y tú cómo sabes eso?

Se hizo un silencio incómodo aunque yo sabía la respuesta: Lourdes la había tenido al tanto de todos mis movimientos. Evidentemente no quería delatar su fuente y que yo me enfadara con su amiga y de paso con Víctor, así que continué diciendo:

-Es verdad que Marta y yo hemos estado juntos pero ella no quiere comprometerse conmigo. Y ahora me alegro de que haya sido así. Te daba totalmente por perdida y, mira lo que ha pasado…-dije besándole la frente.
-Saber que puedes irte a mi ciudad y poder estar juntos otra vez, Claudia. Es increíble.
-Luis, para el freno.-respondió tajantemente levantándose de la cama para ir al baño a limpiarse mi corrida.

Yo me levanté para seguirla y no cortar la conversación. Mientras Claudia se quitaba con agua y jabón los restos pegajosos de nuestro amor me decía:

-Luis, no sé donde voy a estar el año que viene. Yo voy a solicitar tu ciudad pero depende de las plazas que haya, pues allí el curso que voy a hacer tiene muy pocas disponibles. Y en cuanto a lo de estar juntos no termino de verlo. Me ha dado mucha alegría verte tan guapo y me he dejado llevar por la emoción y tú ímpetu pero lo de estar juntos es mucho correr.
-Claudia no te entiendo. ¿Estás con Gianni y por eso ya no quieres volver conmigo?
-¿Gianni? ¿Pero cómo te pudiste tragar esa patraña? Estabas tan obcecado que tuve que ponerte un freno. ¿De verdad te crees que voy a liarme con un tío que me acosó? Tú flipas, Luis…anda sal del baño que voy a mear.

Acaba de quedar como un imbécil. Tenía razón. Era imposible que mi Claudia hubiese acabado con un tío así. Pero me quedé de pie sin saber qué decir.

-¿Sales?- me insistió.
-Claudia, acabamos de follar y te he visto mear muchas veces. Creo que me interesa más la conversación.

Se sentó en la taza y oí como salía su chorro mientras yo le decía:

-Vale, nos ha estado con el spagetti, pero ¿y el tío al que se la comiste antes de navidad?

Claudia me miró con cara de suficiencia mientras se limpiaba con papel higiénico los restos de orina en su chocho.

-¿También mentira??? Pero ¿por qué?
-Luis no tenía sentido lo nuestro como lo estabas planteando. Apenas dos semanas después de venir a verme te estabas enrollando con una chavala.
-Pero tú…
-Sí yo te dije, pero no para que te lo tomaras tan al pie de la letra. Y sobre todo para que lo pasearas por ahí.
-Pero ¿de qué me estás hablando?
-Vanessa te vio pasándotelo muy bien con una amiguita en el parque de ahí detrás…

Mierda. El día que Blanca me la comió en el parque. Me había reconocido y había tardado menos de un segundo en cantárselo a Claudia. Además mi silencio me delataba. Claudia había vuelto al dormitorio y yo como un autómata la seguí sin saber como justificarme. Ella se sentó en la cama y fue la que añadió:

-Te recuerdo que no te dejé yo, Luis. Me dejaste tú y fue por remordimientos. Evidentemente algo llevabas dentro que cuando supiste mi infidelidad te hizo reaccionar así. Pero yo no te iba a dejar. Fuiste tú…

La cabeza me daba vueltas. Veía pasar por mi mente a Blanca, Nieves, Claudia llorando en nuestra despedida. Estaba empezando a agobiarme. De nuevo la montaña rusa. Subidón y caída. Todo lo que tenía pensado antes de verla se desmoronaba. Claudia me había abierto los ojos una vez más. No estaba enamorado de Marta pero sí estaba enamorado de ella. Pero mi mala cabeza, mis acciones, lo habían echado todo a perder. Y ahora ¿sería capaz de reconstruirlo?

-Vale. Ya está bien de echarnos cosas a la cara. Evidentemente entre tú y yo hay algo- dije- lo que acaba de pasar lo deja muy claro. En qué termine ya es diferente. Pero te lo voy a contar todo. Absolutamente todo, para que veas lo que te he querido y como la he cagado.

Me tumbé en la cama como si estuviera en un diván de un psicólogo y Claudia se acomodó a mi lado. Le ofrecí mi hombro y lo aceptó. Parecía enfadada y a la vez necesitar mi confesión. Pero no rehuía el contacto físico. Con ella abrazada a mí me sería mucho más fácil contra la verdad.

-Bueno….allá voy- dije antes de lanzar un suspiro.-Los días que pasé contigo el año pasado en fin de curso y en la playa han sido los mejores de mi vida. Estaba viviendo un sueño y no lo jodió tu viaje a Italia. Lo jodí yo…

Claudia se puso de lado apoyando el codo en la almohada para poder mirarme mientras que yo hablaba tumbado boca arriba.

-…cuando me contaste lo de la beca me sentí como si me traicionaras. Sé que no tienes las culpa, pero yo me sentí así. Recuerdas que tuvimos una pelea…

Claudia asintió.

-…nunca había sentido por nadie lo que sentía por ti y si se acababa me quería morir. Me negaba a asumir que te fueses cuando todo era perfecto entre nosotros. En ese momento te quería más que a nada y te odiaba. Me sentía utilizado, maltratado…
-Pero Luis…
-Déjame seguir. No hablo de realidades. Hablo de sentimientos.

Claudia apoyó su mano en mi pecho acariciándome dándome a entender que me animaba para que siguiera.

-Unos días antes había conocido a una chica con mis amigos. La niña me tonteó y le seguí el rollo. Yo no tenía intenciones, pero tras la pelea entre tú y yo volvimos a coincidir y vino a saco por mí…
-Y caíste…-dijo parando la mano en mi pecho.
-Sí…me la follé en una discoteca. Para mí no significó nada y además se lo dejé claro. Tenía novia y pese a una crisis la quería. Pero la chavala no se dio por vencida y antes de volver a la residencia con una patraña sobre la universidad y tal vino otra vez a por mí y terminamos follando otra vez.
-Esa parte no la sabía Luis. Sabía que tenías algo, pero no que hubiese sido tan pronto.
-¿Entiendes mi remordimiento?
-Siempre supe que estando separados me engañarías, pero nunca imaginé que tan pronto…
-Pues cada vez que volvía a mi ciudad nos terminábamos enrollando, especialmente a la vuelta de mi viaje para verte. Nunca entendí que no nos quedáramos solos…

Su mano ahora jugaba con los cuatro pelos que me salen en el pecho con su mirada perdida en sus dedos. Pero ahora le tacaba hablar a ella. Y esperé. Por fin dijo:

-Yo tampoco, Luis. Me tendría que haber quedado contigo en Bolonia, pero yo estaba realmente mal en el piso con los compañeros y ese viaje era mi oportunidad para darles a entender que yo no era mala persona. De golpe apareciste tú y me descolocaste. No podía estropear mi convivencia y a la vez quería estar contigo. Muy mal ¿verdad?
-La verdad es que enfriaste bastante mis expectativas. Pensé que lo nuestro se había acabado. Yo te engañaba, tú pasabas de mí…
-No, Luis. No pasaba. Ni pasé después de cortar ni he pasado nunca.
-Desde luego aquel viaje a Italia fue un desastre y el preámbulo de nuestra ruptura. Pensar que tú me engañabas me hizo darme cuenta de que no tenía sentido nuestra relación. Y me duele haberlo pensado ahora que te tengo aquí a mi lado. Te lloré, mucho. Y después me vine arriba y me mandaste finamente a la mierda metiéndome a Gianni por medio. Estaba claro que me estabas apartando. Pero yo también lo he hecho. Llevo meses intentando olvidarte, rehacer mi vida de otra manera pero a la vez temiendo verte. Y ya ves lo que ha pasado…
-Perdóname por engañarte. Pero yo sí que te he llorado. Y saber que me esperabas me hacía más daño. Para mí colarte la historia de Gianni era una mentirijilla piadosa que nos sirviera como barrera para dejar de hacernos daño.
-Ahora todo me da igual, si te tengo aquí conmigo.-dijo girándome para quedar cara a cara con nuestros cuerpos enfrentados.
-¿Y Marta?
-Ella tampoco se fía de mí…me quiere pero me teme. Bueno, en realidad se teme a ella misma.
-Hacéis buena pareja…

Reí con melancolía.

-Princesa. Estamos desnudos en una cama. Acabamos de hacer el amor y estamos declarándonos. Está claro que no la quiero como a ti.
-Lo siento por ella, pero Luis. Yo no…

Temí tanto lo que iba a decir que para que no terminara la frase la besé. Respondió a mi beso pero quiso seguir hablando:

-Luis…yo…
-Déjame quererte un poquito más. Las malas noticias las dejamos mejor para mañana…

Y retomé en beso pasando mi brazo por su espalda para pegar nuestros cuerpos.

-¿Quieres callarme la boca con sexo?-me soltó en cuanto separó sus labios de los míos.
-No es mala idea…se me ocurre con qué tapártela…
-Jajajaja-rio empujándome ligeramente con la mano en mi vientre.-Luis esto es serio y necesito hablarlo contigo.
-Y yo me temo lo que me vas a decir y no quiero escucharlo…
-Pero Luis, tienes que enfrentarte a la realidad.
-Es que llevo negándola meses y ahora te tengo aquí conmigo…no me estropees el momento, por favor.-supliqué abrazándola.
-Ains, yo me temía esto…
-Pero hace un momento nos ha podido controlarte ¿por qué lo haces ahora?
-Porque mi cuerpo dice una cosa y mi cabeza otra.
-¿Y tú corazón?- le dije cogiéndole la mano para ponérmela en el lado izquierdo de mi pecho y pudiera sentir los latidos de mi corazón.
-A mi corazón llevo controlándolo mucho tiempo, Luis. Fui capaz de convivir con el chico que me gustaba lanzándome indirectas durante casi todo un curso.
-Vale. Pero sucumbiste. Y después de todo lo vivido ¿sigues con la idea de que se acabó?
-Luis, tú eres impulsivo. Sólo reflexionas después de cometido el error. Eres impetuoso y tienes la suerte de que terminas arrastrando a los demás. Pero yo no soy así. Y te juro que le he dado muchas vueltas a lo nuestro. Pero el día que acepté mentirte para alejarte ya había tomado una decisión.
-Pero yo te quiero…
-No me lo hagas más difícil. Esto no tenía que haber pasado. Ha sido una casualidad que coincidiéramos. Y a lo mejor nos vamos a hacer más daño.
-Mira- respondí tragando saliva- Nos hemos dicho que nos hemos engañado y sin embargo mira dónde estamos. Claudia y Luis sin nada que estorbe, desnudos y a corazón abierto frente a frente.
-Eres un hijo de puta…Eres odioso y a la vez adorable. Me retuerces como un remolino haciéndome feliz para 5 minutos dejarme deshecha. Mi vida lleva una dirección muy clara y no puedo permitirme vivir estas emociones constantes. Te quiero, Luis. Mucho. Pero a mi me falta capacidad para llevar tu ritmo de vida y a ti madurez para entenderme.

Me giré bocarriba pasándome el brazo por debajo de la cabeza intentando asumir lo que mi diosa me explicaba mientras ella me observaba. No sé que cara debí poner para que Claudia sintiera lástima de mí pues me dijo:

-Luis, no es un adiós. Simplemente es ahora no podemos. El tiempo dirá. Yo te quiero y tú e quieres. Si el destino quiere unirnos el día de mañana…pero ahora no podemos. Tú mismo lo has dicho hace un momento. Dabas nuestra relación por muerta…
-¿Y qué somos?
-Dos amigos que se quieren…

Volví a quedarme pensativo y Claudia empezó a acariciarme el pecho.

-Sabes que es lo que más me gusta…-le dije.
-Lo sé. A mí también me gusta acariciarte.
-Y entonces…en todo este tiempo, ¿no has tenido nada?
-No, Luis. Se puede vivir sin eso.
-A mí me cuesta trabajo…
-Jajajaja. Lo sé…
-Me gusta tu chochito velludo..
-Qué tonto eres…jajajaja
-Lo digo en serio. Es muy sexi. Nunca he sido fetichista de esas cosas ya lo sabes. Lo de afeitártelo era cosa tuya, acuérdate que también me rasuraste a mí.
-Sí, es verdad, Jajajaja. No sé por qué me dio por ahí. Pero me lo tengo que arreglar si voy a la playa.
-¿Nos veremos este verano?
-No lo sé. Voy a estar liada con el traslado. Y buscando alojamiento donde consiga la plaza.
-Eres increíble. Vas a llegar muy lejos. Estaré muy orgulloso de poder decir: esa eminencia fue mi chica…
-Jajajaja. Tonto…
-Bésame…

Claudia no dudó y varios besos sonoros resonaron en la habitación encendiendo nuestros cuerpos que volvieron a pegarse. Nuestras manos volvían a pasearse por nuestras espaldas y nuestros culos mientras nuestros sexos se acercaban chocando mi nueva dureza contra su vello púbico. Claudia empezó a reír.

-¿Qué te pasa?- le pregunté.
-Eres increíble…hace un momento estábamos entrando en depresión y ahora estás listo para entrar en combate. Tu permanente montaña rusa.
-Niégame que no me tienes ganas…
-Jajajaja…creído…
-Niégamelo y me voy a dormir a mi habitación…

Claudia en un movimiento rápido pasó su pierna por encima de las mías encaramándose sobre mi sentándose sobre mi polla aplastándola. Se quedó mirándome con media sonrisa y se inclinó hacia adelante para besarme de nuevo. Después dijo:

-Hoy de aquí no te escapas.

Sin pensármelo bajé mi mano para poder dirigir mi polla a su coño colaborando ella separando su culo de mí. Estaba empapada y entró sin dificultad acomodándose sobre mi con sus piernas recogidas. Claudia vació el aire de sus pulmones echando su cabeza hacia atrás cuando se dejó caer perdiéndose mi churra dentro de ella. Pero Claudia no había cambiado y de inmediato apoyó sus manos en mi pecho y empezó a cabalgarme primero despacio controlando como mi nabo se clavaba y después ya dejándose caer. Era un espectáculo ver como su carita se contraía a cada clavada que ella controlaba. Esa era mi Claudia. ¿Tienes ganas de follarme? No Luis. Yo te voy a follar a ti, y te vas a enterar…parecía decirme con la cabalgada que me estaba haciendo resonando nuestras pieles cada vez que su culo caía sobre mis muslos.

Además ella no hablaba como Marta durante el juego sexual. Ella iba ala grano concentrándose en cada sensación que de inmediato se reflejaba en su cara o en los sonidos guturales que surgían de sus entrañas a través de su garganta. Además no podía evitar perderme en sus ojos que me miraban entre gestos de ahogo y placer sin dejar re rebotar sobre mis caderas mientras su chocho se tragaba mi pedazo de carne.

La conocía y sabía de su explosividad. Y ella la buscaba. Fueron minutos de gran intensidad hasta que arqueó la espalda entre gemidos agudos cerrando los ojos. Su orgasmo llegaba. Era inconfundible: la contracción de su cara, el grito sordo entrecortado, la presión de sus piernas y las contracciones de su chocho sumadas a como empapó mi pubis.

Pero yo quería más de modo que flexioné mis piernas para poder hacer fuerza y empezar yo a ser quien me moviera en ella y no ella en mí como hasta un instante antes. Ella cayó sobre mi y yo agarré sus nalgas. Mi bombeo fue rápido e insistente. Notaba como se ahogaba en mi cuello mientras sus pechos se clavaban en el mío. No sé si se estaba corriendo de nuevo o aún duraba su orgasmo. Me daba igual, la iba a matar de placer ya que no me dejaba matarla de amor.

Pero mi intensidad fue superior a la que mis huevos eran capaces de admitir con Claudia sobre mí, y el cosquilleo que anunciaba mi orgasmo ya recorría mi nabo desde las pelotas hasta el glande. Claudia seguía perdida en su placer por lo que no estaba para cambios de postura no nada de eso, así que cuando ya veía que iba a empezar a soltar chorros de un movimiento brusco que hizo rebotas a Claudia sobre mí hice que mi polla saltara fuera de su coño en el instante en que mi semen estaba a punto de brotar. No tuve que tocarme ni pude. En pocos segundo y entre pulsaciones empecé a correrme entre gemidos agudos abrazándome a Claudia llenándole el culo de semen.

No sé cuanto tiempo nos quedamos así abrazados recuperando el aliento y dejando que nuestros cuerpos se relajaran. Pero en algún momento nos quedamos dormidos. Por la noche varias veces me desperté sintiendo a Claudia dormida a mi lado. Estaba feliz a pesar de lo hablado. Sin embargo por la mañana me desperté solo en el dormitorio.

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