KERANOS

-Estás muy callada, ¿no?
-Bueno, he flipado un poco la verdad…
-¿Todo bien?
-Sí, sí. Sólo que no me esperaba que me salieran por ahí…
-Yo tampoco, la verdad…
-Qué vergüenza…
-Lo siento, no quería que te sintieras mal, no lo volveremos a hacer…
-No es eso… si me encantó. Fue muy emocionante el que te pudieran pillar, me dio mucho morbo, sólo que no sé, me ha dado corte toda esta situación. Además, era la primera vez que hacíamos algo así y eso vibraba muy fuerte, no estoy acostumbrada a eso. Pero no quiero que dejemos de hacer cosas así, ya sabes que me gustan mucho.
-Vale, me parece bien. Pero llevaremos cuidado.
-Oye… ¿A ti te gustaría probar eso?
-No sé, Elena. Nunca me había surgido algo así. No sé si una vez en el tema me echaría atrás o qué haría…
-Pero así de primeras, ¿te gustaría?
-Ya has visto mi respuesta cuando nos han preguntado.
-Javi, sé que has respondido eso por mí, me has visto incómoda y has respondido en base a eso.
-Llevas razón.
-¿Entonces?
-Ya sabes lo que opino respecto al sexo. Me ha causado curiosidad y creo que puede ser interesante.
-Ya… Javi, no quiero que dejes de hacer cosas que te puedan gustar por mí…
-Estamos en las mismas. Yo no quiero forzarte a hacer cosas que no te puedan gustar por mí.
-Bueno, déjame pensarlo, a ver si me animo.
-Elena, no hace falta que pienses nada. Si no quieres, no se hace y punto. No necesito hacer estas cosas para disfrutar. Estoy muy a gusto contigo.
-Ya… Yo también estoy muy a gusto contigo. Estoy encantada con todo lo que haces por mí y estoy descubriendo muchas cosas que antes ni me planteaba. Gracias.
-De nada, mi vida. No tienes que darlas.

Me miró sonriendo y girando la cabeza, como me encantaba que me hiciera eso, me daba ternura o me ponía a mil dependiendo de la situación.

Nos despedimos dándonos un beso, sin saber muy bien cuando nos veríamos de nuevo, aunque hablaríamos por teléfono.

El viernes vino a verme por la tarde, estando un buen rato juntos. Mi madre estaba encantada diciéndonos que qué buena pareja hacíamos, con Elena poniéndose colorada y yo chinchándola por eso. Cenó en mi casa y luego ya me vi bien para coger el coche y la llevé a su casa. Cuando llegamos nos despedimos con un beso y quedamos en que iría el día siguiente, pero me dijo que fuera sobre las 11 de la noche, que quería preparar una sorpresita. La vi muy entusiasmada, así que me pareció perfecto. Regresé a mi casa y me fui a dormir para estar bien para el día siguiente.

El sábado me desperté de muy buen humor. Ver a Elena tan animada la noche anterior y tan entusiasmada con su sorpresa para mí me tenían con muchas ganas. El día se pasó lento hasta que por fin llegó la noche y fui a casa de Elena. Me dijo que estaba sola en casa, así que llamé a la puerta.

Me abrió y me cogió de la mano para que entrara rápidamente. No me dio tiempo a verla, porque me empezó a comer la boca mientras cerró rápidamente la puerta de un portazo. Me arrastró a su habitación mientras me besaba la boca y se reía con un poco de nerviosismo. Mientras íbamos podía oír sonido de tacones. Cuando llegamos me empujó contra la cama, quedándome tumbado y entonces la pude ver. Estaba totalmente desnuda, con unas medias de encaje negro y unos tacones rojos de terciopelo y su coño totalmente depilado aún. Se puso con los brazos en jarra, sonriendo y girando la cabeza, estaba muy sexy, además se maquilló un poco, pintándose los labios del mismo color que los tacones. Me sorprendió que no se le corriera la pintura de los labios por nuestro morreo. Me mordí el labio cuando la vi.

-¿Qué tal estoy?
-Joder, Elena… Estás tremenda.

Se acercó lentamente a mí, moviendo sus caderas muy sensualmente, pudiéndose oír el sonido de sus tacones, me cogió de las manos para que me levantara y una vez lo hice, pasó sus manos a su espalda y mientras ponía cara de niña buena, me dijo susurrando:

-Esta noche soy tu putita, haz conmigo lo que quieras…

Le acaricié la cara, metiéndole el pulgar en la boca, ella empezó a chuparlo sensualmente. Con la otra mano le agarré el culo, amasándolo, empujándola hacia a mí.

-¿Vas a hacer todo lo que te diga?
-Sí, amo.

Me excité mucho al ver como me contestó, como iba, ver que había puesto varias velas por toda la habitación, haciéndolo todo muy sensual.

Le empujé contra la pared, dando un respingo al notar el frío contacto de su cuerpo contra ella y le levanté las manos, agarrándola con unas de las mías contra la pared. Se le endurecieron los pezones y se le aceleró un poco la respiración. Empecé a dibujar el contorno de sus facciones de la cara con el dedo, pasándolo por sus cejas, su nariz y sus labios, después pasé a su barbilla y bajé por el cuello hasta sus pechos, rodeando todo el contorno. A ella se le ponía la piel de gallina por el ligero contacto. Empecé a jugar con sus pezones mientras le besaba el cuello, ella daba respingos mientras gemía suavemente. Después bajé por sus costillas, ombligo y caderas. A medida que me acercaba a su coño, aumentaba su respiración. Pasé el dedo por su suave pubis acercándome a su raja, pero pasé de largo hacia sus muslos, con ella soltando un suspiro, empecé a acariciárselos y entonces retiré un poco mi cara para mirarle a los ojos. Tenía unos ojos de niña buena esperando que le diera lo que quería. Entonces miró hacia su escritorio, había unas cuerdas negras y una mordaza. Le devolví la mirada, sonriendo con malicia. Ella dibujó una pequeña sonrisa en su boca mientras bajaba la mirada.

Cogí una de las cuerdas y le até las manos, pasando el resto de la cuerda por la barra de donde colgaban las cortinas para mantenerla quieta y empecé a besarla en los labios, bajando por su cuello hasta sus tetas, jugando con sus pezones y dándole algún chuletón y mordisco. Ella gemía tímidamente cuando jugaba con sus pezones. Después fui bajando por su vientre y caderas, dando mordiscos conforme bajaba. Llegué a su pubis y empecé a darle besitos, notando lo suave que estaba con mis labios. Hice amago de lamerle la raja, pero me fui a sus muslos, de nuevo ella suspiró. Miré hacia arriba para verle la cara, se estaba mordiendo el labio, entonces seguí besándole los muslos que llevaba cubiertos por las medias negras. Me puse de pie y le di la vuelta, le retiré el pelo hacia un lado para besarle el cuello mientras le cogía las tetas con mis manos y después le acariciaba el vientre con ellas. Notaba como su respiración iba a más y como se le ponía la piel de gallina al tocarle rozándola por momentos. Fui bajando, dándole besos por su espalda y caderas hasta llegar a su culo, que también besé y mordisqueé. Tuve una tentación muy grande de abrirle los cachetes para comerle el culo, pero recordé que en nuestra primera vez que tuvimos sexo me dijo que no, que le daba miedo y no lo hice. Me puse de nuevo de pie y le di un fuerte azote, ella reaccionó con un gritito de sorpresa.

Descolgué la cuerda de la barra y la cogí en brazos, ella pasó sus manos todavía atadas por mí cuello, la miré a los ojos, pudiendo ver que estaba un poco sonrojada. Me senté en la cama con ella encima mía y le empecé a besar suavemente. Después de unos segundos quité sus brazos de mi cuello y la puse boca abajo, con su abdomen sobre mis piernas, quedándose con el culo en pompa, el cual empecé a acariciar, para después darle fuertes azotes, mientras ella soltaba grititos.

-Shhh…

Seguía con los azotes, pero en vez de soltar grititos, soltaba pequeños gemidos que intentaba ahogar. Estuve así unos minutos, poniéndole el culo rojo. Después la tumbé boca arriba en la cama y até la cuerda que ataba sus manos al cabecero. Le quité los tacones y empecé a besarle los pies, subiendo por sus piernas hasta llegar a su coño. De nuevo le di besos en el pubis, notando como subía y bajaba su vientre por su respiración. Por fin empecé a lamerle la raja mientras la miraba a la cara. Ella me miraba con ojillos mientras se mordía el labio. Empecé a lamerle suavemente mientras ella empezaba a suspirar, a los pocos segundos empecé a lamerle más fuerte, pasando la lengua por todo su coño, ella cerraba los ojos. Notaba como se calentaba su coño, entonces le clavé la lengua dentro mientras le acariciaba suavemente el clítoris con los dedos. Notaba como se estremecía y aceleraba cada vez más su respiración, empezando a gemir. Pasé a chupar y succionar su clítoris sin meterle los dedos aún, sus gemidos iban a más y empezaba a mover las piernas, apretando mi cabeza de vez en cuando. Entonces paré y me incorporé, ella abrió los ojos, mirándome con unos ojos de lástima, como rogándome que no parara. Me levanté y cogí la otra cuerda, atándole los pies a las patas de la cama y también cogí la mordaza para ponérsela. Cambié la manera de atarle las manos, poniendo una a cada lado, de la misma manera que até sus pies. Mientras hacía todo eso, cerraba sus ojos y suspiraba. Yo me quité la ropa, quedándome en boxers.

Me puse de nuevo sobre ella para comerle el coño, empezando desde cero otra vez, con las mismas sensaciones por su parte, llegando al punto donde lo dejamos. Cada vez se estremecía más y aceleré el ritmo con el que metía los dedos hasta que empezó a temblar mientras apretaba fuertemente los ojos. Seguí durante unos segundos, moviendo los dedos más fuertemente, hasta que empezó a arquear la espalda y a gemir muy fuerte a través de la mordaza. Empezó a chorrear, saqué los dedos y le empecé a comer todo el coño con la boca, entrándome sus flujos en la boca, mientras a ella le daban espasmos e intentaba forzar el movimiento de sus piernas y sus brazos. Cuando paró de chorrear, le quité la mordaza para besarle con sus flujos en mi boca mientras le seguía tocando el coño con mis dedos suavemente.

Le desaté todo rápidamente para darle la vuelta y atarle las manos a la espalda. La cogí y la puse de rodillas mientras ella seguía con los ojos cerrados. Le apreté la cara para que reaccionara, abriendo los ojos. Me baje los boxers y la cogí del pelo para meterle la polla en la boca, moviendo su cabeza para que se la tragara rápidamente. Cada vez se la clavaba más en la garganta, hasta que se la metí entera y le apreté para que aguantara con toda la polla dentro. A los pocos segundos se la sacaba para que cogiera aire, repitiendo el proceso varias veces, provocando que le cayeran lágrimas negras por el maquillaje que se había puesto. Después se la saqué para coger mi polla con la mano y acercarme los huevos para que también me los comiera. Al rato de que me los comiera, le metí la polla de nuevo en la boca para que me la chupara un poco más.

La levanté, poniéndola de pie, le limpié las lágrimas. Ella me miraba con ojos de ser mi niña buena. La acerqué a mí, amasándole el culo y haciendo que mi polla entrara en contacto con su coño, haciendo que soltara un gemidito.

-¿Dónde están los condones?

Elena negó con la cabeza.

-¿No hay?

Asintió.

-¿Entonces?
-Confía en mí, amo (dijo mirando a una estantería).

Me acerqué a ver que era. Se trataba de una caja con píldoras anticonceptivas. Me acerqué a ella con cara de sorpresa y le sonreí.

-¿Quieres mi leche dentro de ti?
-Sí, amo.

Entonces le cogí del culo de nuevo, acercándola a mí y le cerré las piernas, metí mi polla entre su coño y sus muslos para rozarnos y empecé a moverla hacia delante y atrás, empujando de su culo. Ella apoyó su cara en mi pecho mientras soltaba ligeros gemidos.

La puse a cuatro sobre la cama, pero cogiéndole de las manos que tenía atadas a la espalda y se la empecé a meter, follándole el coño duro, haciendo que sonara al chocar mis caderas con su culo. Ella ahogaba sus gemidos contra la almohada. A los pocos minutos le di la vuelta, desatándole las manos, poniéndola boca arriba. Le cogí las piernas y las pasé por mis brazos, inclinándome hacia delante, cogiendo sus manos con las mías, entrelazando nuestros dedos. Me moví para meterle la polla, entrando muy fácil por lo mojada que estaba, mientras nos mirábamos y ponía cara de placer a medida que la metía más profundo. Por la postura en la que estábamos, la penetración era más profunda, por lo que sus gemidos no tardaron en aumentar en volumen. Se la metía a un buen ritmo, estando así durante unos minutos, hasta que empecé a bombear más fuertemente y a los pocos segundos Elena empezó a temblar mientras gritaba variando entre mi nombre y «ay». Al notar como temblaba apreté un poco más, hasta que empezó a mojarse bastante, contrayendo su coño, lo que provocó que me empezara a correr dentro de ella entre altos gemidos.

Me quedé dentro de ella mientras nos mirábamos con la respiración muy acelerada. Era la primera vez que me corría dentro de ella sin condón. Acerqué mi cara a la suya para besarle en los labios, era un momento muy especial. Entonces sonaron unos golpecitos en la puerta. Yo aparté mi cara de la suya para mirarnos con cara de miedo.

Por fin habló alguien.

-Elena, soy Noelia.

Me aparté de Elena, tumbándome a su lado mientras pensaba que no me podía creer que otra vez estuviera haciendo algo así y ella se levantó, poniéndose mi sudadera, que le quedaba a medio muslo por nuestra diferencia de estatura, yo mientras me tapé y abrió la puerta para salir sin que dejara ver nada de dentro. Empezaron a hablar, pudiendo oír lo que decían.

-¿Qué coño haces aquí?
-He venido a por el cargador, para que no me pase como la otra vez.
-Joder, Noelia…
-He venido a avisar que era yo por si habíais oído algo cuando he cerrado la puerta.
-No, no hemos oído nada.
-Vale, me voy ya.

Elena volvió a entrar a su habitación, cerrando la puerta.

-Joder, que vergüenza, seguro que nos ha oído…
-No pasa nada, si seguro que ya nos ha oído antes…
-Ya, pero joder, es que siempre pasa algo.
-Elena…
-¿Qué pasa?

Le miré su muslo, viendo como mi corrida se deslizaba por él y sus medias.

-Joder… Se me había olvidado con el susto… ¿Lo habrá visto?
-No creo…
-Madre mía…
-Anda, no le des vueltas y vamos a ducharnos.

Fuimos a ducharnos, ella aprovechó para quitarse el maquillaje y fuimos a la cama, nos tumbamos, quedándome yo en boxers y ella se puso unas braguitas negras.

-Elena, no sé si debería quedarme a dormir…
-¿Por qué no?
-Porque últimamente siempre pasa algo y se hace incómodo cuando nos despertamos.
-Esta vez no va a pasar nada, se ha llevado el cargador para no quedarse sin batería.
-Honestamente, no me fio, Elena… Parece que estamos gafados con esto… (en realidad lo decía por Noelia, estaba seguro de que la mañana siguiente nos la liaría otra vez).
-Va, Javi, quédate… Que llevo días deseando dormir contigo abrazadita…
-Ay… ¿Cómo te voy a decir que no poniéndome esa carita y esa voz…?
-Que bien, creía que me quedaba sin mi Javi para dormir…
-Oye, me ha encantado todo lo que has hecho hoy…
-¿Sí? (dijo con entusiasmo).
-Sí. Me has abierto la puerta desnuda, con esas medias y esos tacones que uff… Luego me traes y me dices que eres mi putita, con todo lleno de velas, luego la sorpresa de las cuerdas y la mordaza, muy excitante. Y la guinda, lo de las pastillas… ¿Cuándo has empezado a tomarlas?
-Hace unos días, el día siguiente de cuando lo del vibrador. Me gustó tanto sentirte sin condón que quería que siempre fuera así.
-Es la primera vez que me corro dentro de una chica sin condón.
-Me ha encantado sentirlo, como te has puesto cuando te corrías… (dijo abrazándome).
-Ha sido muy intenso, sentía unos escalofríos por la espalda increíbles…
-Oye…
-Dime.
-¿Te gustaría que lo intentáramos por detrás?
-Sólo si a ti te apetece.
-Es que me acuerdo que una vez mientras me lo comías, me metiste un dedo ahí y me gustó la sensación. Como que lo hacía más intenso.
-Pues cuando quieras probamos.
-Es que me da miedo…
-Bueno, despacio. Ya lo he hecho antes y sé como hay que hacerlo para que no te duela.
-Mmm… Vale.
-A ver, si no lo has hecho nunca puede que te duela un poco, pero seguro que te acostumbras rápido y puedes disfrutarlo.
-También me da un poco de asquete, ya sabes…
-Hay formas para limpiarlo sin que salga nada.
-Vale, pues lo hablaremos para prepararlo. Pero me gustaría que fuera algo especial, parecido a lo de hoy, pero con más cariño, más romántico.
-Claro mi vida. Como tú quieras.

Nos quedamos abrazados hasta que se durmió, apoyando su cara en mi pecho, rodeándome con su brazo y pasando una pierna por encima de las mías. Yo tardé un poco más en dormirme, pensando en lo que había hecho Noelia. A saber cuánto tiempo nos estuvo escuchando… Estaba cansado de que cada dos por tres estuviera buscándome para algo más, por lo que decidí hablar con ella, aunque me costó un poco porque pensaba que a lo mejor la envalentonaba más, pero estaba en una situación de desesperación para que me dejara en paz de una vez. Me relajé para dormirme, esperando no encontrarme una sorpresa por parte de Noelia cuando despertara.

A la mañana siguiente me desperté algo raro, hasta que me di cuenta de que Elena me la estaba chupando. Lo hacía muy sensualmente, despacio, mientras me acariciaba los huevos.

-Cariño… ¿Qué haces?
-Me he despertado y te he visto así de duro y no he podido aguantarme, lo siento (dijo mientras me pajeaba suavemente).
-No pasa nada, mi vida. Ojalá despertarme siempre así… jajaja.
-Mmm…

Después de chupármela durante unos minutos, se subió encima de mí para meterse la polla y empezar un suave movimiento hacia delate y atrás, apoyando sus manos en mi pecho. Yo le cogí del culo para amasárselo y dirigir la penetración para que fuera un poco más rápida, haciendo que ella empezara a gemir más alto, estando así durante unos minutos, hasta que me empecé a retorcer porque notaba que no iba a durar mucho más, ya que el contacto directo sin condón era muy diferente, haciéndome sentir más. Ella notó como estaba y aceleró el ritmo mientras me decía:

-Así, mi amor. Dame tu leche. La quiero dentro de mí.

Me empecé a correr entre fuertes gemidos, echando la cabeza hacia atrás y ella se unió a mí a los pocos segundos empezando a temblar mientras gemía dando grititos y se encogía. Se echó sobre mí, aún con mi polla en su interior.

-Qué buen despertar (dije mientras la abrazaba).
-Sí… (dijo susurrando entrecortadamente mientras seguía temblando).

Cuando se recuperó un poco de los temblores, bajó su mano hasta su coño, tapándolo con su mano mientras sacaba mi polla. Se bajó de la cama, poniéndose de pie, tapando su coño con la mano para que no se saliera nada y se fue al baño con las piernas juntas dando pequeños pasos, yo la miraba sonriendo. Al poco volvió, yo la esperaba con los brazos abiertos cuando vino y ella vino corriendo y se tiró encima mía para abrazarnos.

Estuvimos un rato en la cama con besos y caricias, hasta que dijimos de levantarnos para desayunar. Estaba sorprendido por no ver a Noelia por ahí haciendo alguna de las suyas. Me relajé y disfruté del desayuno en pareja mientras comentábamos algo de la noche anterior. Elena estaba muy contenta de como nos iba y todo lo que estaba descubriendo. Hablamos de varias cosas y le pregunté por la casa.

-¿Sabes cuándo se va a vender la casa?
-Pues ni idea. Puede ser en cualquier momento. Si sale un comprador, los de la inmobiliaria vienen con él a enseñarle la casa. Ya estamos moviendo todo para la otra casa y tal, pero me cuesta mucho… Mi madre me ha dicho que me vaya allí a dormir, porque es una casa más grande y tenemos varias habitaciones para todas, pero es que quiero aprovechar todo el tiempo que pueda aquí…
-No te pongas triste, va (dije mientras me levantaba para abrazarla por detrás).

Se me pasó algo por la cabeza mientras le abrazaba, pero era una locura. A penas llevábamos un mes juntos.

Cambié de tema para que no estuviera triste y al cabo de un rato nos despedimos, quedando en que nos veríamos entre semana para ir a tomarnos algo con los amigos. Me fui a mi casa, pensando en como afrontar lo de Noelia. Estaba bastante molesto con la situación, pero tampoco quería parecer un idiota y pasarme con ella como la vez que se desnudó en el baño de su casa cuando fui a mear. Debía zanjar el tema de manera tajante, aunque sin ser un imbécil. Pensé en plantarme en su instituto el día siguiente en el recreo para hablar con ella, así no tendría tiempo de pensar alguna de las suyas si le avisaba con tiempo.

Llegó el día siguiente y fui sobre las 11 a la puerta del instituto para ver si veía a Noelia. La vi junto a María y más chicas y al poco miró ella hacia la puerta, viéndome. Le hice un gesto con la cabeza para que saliera, yendo hacia el parque en el que hablamos la última vez para sentarme en un banco desde el que me pudiera ver cuando girara desde el instituto. A los pocos minutos apareció, sentándose a mi lado.

-Javi…
-¿A qué vino lo del sábado?
-Yo no…
-Es que ya no sé qué hacer contigo… Lo he intentado todo, pero tú sigues igual. Y más aún cuando me dijiste que confiara en ti y que no habría más problemas. Y pasa lo de la clase con tu amiga y lo del sábado.
-Javi, es que…
-Sólo se me ocurre hablarlo con tu hermana y que ella hable contigo para ver si te das cuenta de que todo lo que estás haciendo está mal. Es que es ridículo. ¿Qué va a ser lo próximo, que aparezcas de debajo de la cama mientras estamos juntos?

Aquí me tiré un farol bastante grande. Evidentemente no le iba a contar nada a Elena a esas alturas, pero la situación me estaba empezando a quemar y sentía agobio por como Noelia no paraba de insistir, llegando a situaciones absurdas y cada vez más raras.

-No, no. No le cuentes nada a mi hermana.
-Entonces, ¿qué hago? Noelia, estoy desesperado, me siento acosado.

Puso una cara entre seriedad y pena y se levantó para irse. Yo me quedé sentado en el banco, estuve cerca de levantarme e ir detrás de ella para sacar algo en claro de aquello, pero no lo hice. Me fui a casa para trabajar y no estar dándole vueltas al tema.

Por la noche hablé con Elena para ver contarnos como nos había ido el día, sin contarle lo de Noelia, obviamente. Pero ella sí me sacó el tema.

-Oye, ¿ya no le das clase a mi hermana?
-No, estoy bastante liado con el trabajo y no tengo tiempo para perder la tarde entera, además, ya va muy bien, no creo que lo necesite más. ¿Por qué lo preguntas?
-Nada, porque cuando ha llegado a casa la he visto un poco mustia y me he acordado de las clases.
-¿Y sabes por qué está así?
-Ni idea.
-Estará agobiada.
-Imagino que será eso.

Parecía que se había tomado en serio la bronca que le eché. No le di mucha importancia a como reaccionó, probablemente porque estaba cansado de su actitud, pero parecía que se iba a acabar todo ese circo que montaba cada vez que me veía o cuando sabía que estaría con Elena a solas.

Toda esa semana estuve realmente ocupado con el trabajo, apenas tenía tiempo, para cuando acababa o era muy tarde o estaba muy cansado como para ir a por Elena, salir con los amigos, llevarla otra vez y venirme a casa, además de que esas veces acabábamos tarde. Aun así, Elena y yo nos comunicábamos todos los días, haciéndolo por última vez el viernes por la noche, quedando en que nos veríamos el sábado en su casa para cenar y pasar ahí la noche, me dijo que estaríamos solos, así podríamos jugar, ya que ambos teníamos ganas después de estar toda la semana sin vernos.

Llegó el sábado por la noche, así que fui a su casa, aparcando el coche cerca. Llamé a la puerta y me abrió ella, dándome varios besos por la cara, la veía muy entusiasmada. Me llevó de la mano al salón, pudiendo ver que ya estaba todo preparado para cenar.

-Anda, ¿y esto?
-Después de la semana que te has pegado y tantos días sin vernos, me ha apetecido prepararte algo.
-Vaya, como me cuida mi chica.
-Pues claro (dijo apretando mi cara con su mano para darme un beso).

Empezamos a cenar mientras hablábamos. Fue un rato fantástico, lo que me preparó estaba genial y disfrutaba de una buena conversación con Elena. Me encantaban esos momentos en pareja. Cuando acabamos de cenar, recogimos todo y nos quedamos en el sofá del salón mientras veíamos un rato la tele. Al rato empezamos con las caricias y arrumacos, hasta que ella se subió encima mía, sentándose en mis muslos para empezar a besarme mientras yo le acariciaba el culo. Entonces se oyó la puerta de la calle abrirse. Elena pegó un saltito, sentándose en el sofá mientras nos mirábamos con cara de susto. Apreció Noelia, con María y un chico.

N: Joder… (dijo cuándo nos vio en el salón).
E: ¿Qué hacéis aquí?
N: Vamos a mí habitación, anda (dijo mirando a sus amigos).
E: Oye, que te estoy hablando (dijo al ver que se iban sin decir nada).
N: ¿Qué quieres?
E: Que me respondas. ¿No nos ibas a dejar solos?
N: Pues mira, he cambiado de planes. También es mi casa. ¿O es que no puedo venir aquí?
E: ¿Por qué me hablas así?
N: Porque estoy harta (dijo yéndose poniendo cara de desprecio, especialmente hacia a mí).
E: ¿Harta de qué? (dijo levantándose para ir detrás de ella).
N: Harta de que tú puedas hacer lo que quieras y yo no (dijo alzando la voz mientras cerraba la puerta de su habitación con aire).

Elena volvió y se sentó, la veía enfadada.

-Tranquila.
-Es que no veas con la nena… Lleva así toda la semana.
-¿Pero qué le pasa?
-No lo sé, pero como siga así, le voy a meter un guantazo…
-Bah, déjala, ya se le pasará.

La intenté tranquilizar acariciándole la espalda por dentro de la sudadera y lo conseguí, empezándonos a besar después y a meternos mano un poco.

-Vamos a mi habitación, anda… (dijo con voz melosa).
-Venga (dije cogiéndole en brazos mientras ella soltaba risitas).

Pasamos con cuidado por el pasillo, pasando por la puerta de Noelia, pero sin oír nada. Llegamos a su habitación y ahí empezamos a besarnos con más ganas. Íbamos lento, queríamos disfrutar el momento, haciéndolo más sensual con caricias y besos, ya que llevábamos varios días sin vernos. Entonces empezamos a oír gemidos desde la otra habitación. Elena y yo separamos nuestras caras y nos empezamos a reír.

-No me lo puedo creer. ¿Se están montado un trío?
-Eso parece, jajaja.
-Joder, como me han cortado el rollo…
-¿Por qué?
-Hombre, no me hace mucha gracia oír como se follan a mi hermana. Es como oír a tus padres…
-Yo que sé…
-Voy a decirles que bajen el tono.
-¿Qué dices? Déjalos anda, con lo que jode eso…
-Pero es que yo también quiero follar, pero así no puedo…
-Bueno, pues esperamos a que acaben, da igual.
-Esta chica es tonta, de verdad. No sé qué coño le pasa.
-Anda, ven aquí (dije abrazándola para que echara su cabeza en mi pecho).

Estuvieron bastante rato así, tanto, que para cuando acabaron ya era tarde y Elena tenía bastante sueño, durmiéndose sobre mi pecho. Yo seguía despierto pensando en lo que hacía Noelia, y no me refería al trío. Pensaba en como estaba llamando la atención como una niña pequeña. Tampoco le di más vueltas y me relajé para dormir junto a Elena. Entonces oí como se cerraba la puerta de la calle, suponía que sus amigos se habían ido.

A la mañana siguiente me desperté con Elena dándome besos por la cara y el cuello, estaba muy cariñosa.

-Qué mono estás cuando duermes…
-Mmm… ¿qué hora es?
-Las 9.
-¿Nos levantamos?
-Anoche al final no hicimos nada… Me quedé dormida, estaba tan calentita a tu lado que me relajé mucho y caí.
-¿Quieres hacerlo ahora?
-Mmm… sí (dijo con voz melosa).

Entonces me abrazó estando encima mía y se movió para que quedara yo encima suya y empezamos a besarnos, desnudándonos poco a poco. Después de estar un rato besándonos, cogió mi polla para metérsela dentro.

-Házmelo despacio (dijo mientras pasaba sus brazos por mi cuello y besándome).

A pesar del ritmo lento, me excité mucho por la sensualidad y el cariño que estábamos teniendo, no fue un simple polvo, estábamos haciendo el amor. Todo el tiempo en la misma postura, con suaves embestidas, hasta que Elena se empezaba a retorcer ligeramente y me abrazó con fuerza para juntar nuestros cuerpos, empezando a temblar mientras respiraba entrecortadamente. Al sentir como temblaba y como su coño estrujaba mi polla me empecé a correr dentro, respirando entrecortadamente como Elena, dejando caer mi peso sobre ella. Cuando acabé de correrme, me intenté tumbar a su lado, porque por nuestra diferencia de tamaño pensaba que le podría estar haciendo daño o no la dejaba respirar bien.

-No te muevas. Déjame disfrutarte así.

Poco a poco dejó de temblar, dejando de apretar para abrazarme y relajando sus piernas. Me cogió la cara con sus manos y me empezó a besar.

-Te quiero (dijo susurrando).

Yo me quedé embobado mirándola con una sonrisa tonta. Ella me devolvió la sonrisa y me dijo:

-Javi, me tengo que lavar, que voy a poner esto perdido…
-Sí, claro (dije apartándome para dejar que se levantara).

Se fue limpió con papel y se vistió para ir al baño y lavarse. Yo mientras me vestí y fui al baño para mear y lavarme la cara cuando ella acabó. Cuando salí oí ruido en la cocina, así que fui para allí, pero era Noelia. Estaba preparándose el desayuno, sin decirme nada. Preferí irme y no quedarme a solas con ella, así que fui a buscar a Elena a su habitación. Estaba allí, abriendo la ventana y haciendo la cama, cuando me vio dijo de ir a la cocina a desayunar. Fuimos y aún estaba Noelia allí, sentada desayunando, sin decirnos nada, ni siquiera nos miró cuando entramos. Elena fue la que empezó a hablar.

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