MOISÉS ESTÉVEZ

Se despertó sobresaltada por una pesadilla, aunque también por lo
incómodo de la postura en la que se había quedado sobre el sillón después de
que Hypnos la acogiera en sus brazos.
Las cuatro de la madrugada. Se levantó y dejó la taza de café en la
cocina junto al informe. Dirigió sus pasos hacia la cama con la intención de
dormir un rato más. Estaba cansada. El trajín de los últimos días habían hecho
mella en su organismo y necesitaba descansar, pero esta vez en posición
horizontal.
Cuando volvió a despertarse eran casi las seis y media, y
paradójicamente, en poco más de dos horas parecía haber recuperado el
sueño de una semana.
Puso la Melita a calentar y se metió en la ducha. También la necesitaba.
Salió como nueva, por lo menos por fuera, y decidió una vez se hubo vestido
de rellenar su vaso térmico de café bien caliente para tomarlo de camino a
comisaría, se le ocurrió la idea de visitar a la gente de rastros para ver si tenían
resultados con lo de la cuerda, si el capitán no ponía objeción claro, aunque
seguramente era demasiado pronto – qué coño, no tengo nada que perder, y de
todas formas creo que es lo mejor que puedo hacer en estos momentos –
después ya vería…

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