SILVIA ZALER

9

Sí, hubo un segundo polvo. Más calmado y que a mí me costó más. Obviamente no podía explicarle que él era el tercer hombre con que me acostaba y follaba en una noche. La parte buena, fue que Borja se esmeró más en hacerme llegar al clímax. No era un profesional, pero admito que se esforzaba. Y eso siempre gusta.

Nada más terminar de follar la primera vez nos duchamos. Yo entré primero, pero de inmediato abrió la puerta y se metió conmigo. No lo hicimos en la ducha. Más que nada porque es incómodo y peligroso. Teniendo una cama como la de la habitación, para qué arriesgarse a escurrirse o a golpearse.

—Ha merecido la pena… —dijo sonriente.

—¿Es un piropo? —le dije acariciando su pecho mojado.

—No lo dudes. —Me besó ligeramente.

Nos tomamos un tiempo de relax. Limpié las dos o tres gotas de semen que había caído en las sábanas. Lo hice con la toalla recién mojada de la ducha. Me di por satisfecha. Cuando Borja se fuera, tenía sitio en la cama de sobra para no ocupar esa parte.

Estuvimos hablando de algunas cosas sin trascendencia. De un lunar mío de la espalda, hizo chiste de sus bíceps con posturas excesivas imitando a un culturista. Se tomó una cerveza y yo apoyé mis pies en sus rodillas. Nos reímos un par de veces y nos acariciamos otras tanto.

Me estaba tomando un zumo envasado de la nevera de la habitación cuando Borja me abrió el albornoz y empezó a lamerme un pezón. Vi su polla ya erguida y dura. Me alegré de que se recuperara de forma relativamente rápida. Miré el reloj de mi móvil y vi que eran las tres de la mañana. Teníamos tiempo de un nuevo polvo.

Le toqué su pene y vi que estaba dispuesto. Yo me acaricié mi clítoris porque todavía me quedaba un poco para empezar a ponerme a tono. Le miré con cara de zorra. Debió gustarle porque se quedó observando cómo trabajaba mi dedo corazón.

Le lamí el glande y le chupé la polla con calma esperando mi reacción. Mis dedos seguían trabajándome. Alterné sus huevos con un masajeo de su miembro. Pasé la lengua también por sus testículos y me centré en mirarlo cuando lo hacía. Le gustaba. Me introduje la polla en la boca mientras yo gemía por el inicial acceso de placer que surgía de mi dedo en el clítoris.

Aquello, hizo que él se diera cuenta de que podíamos empezar a follar. Me colocó en los pies de la cama. Apoyé las manos en ella y abrí las piernas. Borja no tardó en introducirme de nuevo el pene tras colocarse el condón con rapidez. Aquel gesto, de la misma forma que cuando se lo quitó en el primer polvo, me convenció de que no era un inexperto. El tipo podía no llegar a ser un crack, pero alcanzaba el notable.

Me introdujo la polla con suavidad mientras sentía como sus dedos me acariciaban el ano. De nuevo con maña, alternó los movimientos de cadera y el de su dedo. Poco a poco, tras ensalivárselo y mojarlo también en mis fluidos vaginales, lo introdujo en mi culo.

Gemí de gusto e hizo que abriera más las piernas. Un segundo dedo, entró en mi ano. Miré por encima de mi hombro y vi su cara de excitación.

—Mi culo hay que ganárselo… —susurré con una sonrisa.

En ese momento pensé que era una opción válida. Recién duchada, con los flujos vaginales… Sí, podría suceder. A fin de cuentas, no sería ni el primero, ni tampoco el último que lo hiciera.

—En eso estoy… —me dijo agachándose y mordisqueando de nuevo el lóbulo de mi oreja—. Tienes un culazo…

Se movía bien. Quizá, tardó un poco más de lo que yo hubiera deseado. Durante un minuto largo, o quizá dos, relajó los movimientos de su cadera y de la mano. Me fui a volver para ver si sucedía algo, pero con la mano que estaba utilizando para excitarme el culo, no me lo permitió. 

—Paciencia… —me dijo embelesado y besando uno de mis glúteos—. Te la voy a meter hasta el fondo…

Fue terminar de decir aquello, una nueva parada como si necesitara algo de fuerza y sentí que su polla en la entrada de mi culo. Me abrí un poco más y esta vez sí me volví durante un segundo. Sonreí y le vi concentrado en la operación. Con una de sus manos dirigía su polla al ano. Con la segunda me abría los cachetes del culo para facilitar la entrada. Tenía los dedos mojados de saliva.

Mi culo no era ni mucho menos virgen. No necesitaba tantos preparativos, pero le dejé hacer. Yo misma me abrí también los glúteos y por fin empezó a entrar su polla. Emití un gemido largo y profundo.

—Dios… sigue… —murmuré arqueando la espalda y echando la cabeza atrás.

Me encanta que me enculen cuando estoy excitada. Es la máxima sensación de sexo. Follar era sencillo. Encular, no tanto.

Borja tampoco era un experto. Pero como la gente en general no sabe hacerlo y él, más o menos sí, en este caso superaba la media. Ya sin disimulo y dejando claro que quería que me la metiera ya, subí una rodilla a la cama. La otra pierna continuaba descansando en el suelo. Aquello hizo un poco más amplio el agujero y Borja hundió su polla algo más. Iba con cuidado, pero yo no sentía dolor ninguno. Era una especie de estrechez que se iba expandiendo. Pero placentera y muy morbosa.

Unos instantes después ya tenía toda su polla en mi culo.

—Tranquilo, no me haces daño… —le dije, ya sin ánimo de besar o de acariciar. Deseaba ese sexo ya desatado.

—Qué culo tienes…

Fui yo la que primero empezó a moverse para sentir la polla entrar y salir. Aquello le animó y nos complementamos bastante bien. Los movimientos eran más lentos que cuando me había follado antes. Pero también, más profundos. Con su cadera hundía hasta el fondo su polla en mi ano y me hacía sentir toda mi cavidad llena.

—Ah… sigue… Más…

Escuché cómo resoplaba. La sensación era fantástica. Sexo total. Empecé a sentir que iba a alcanzar con cierta rapidez el orgasmo en cuanto él empezó a metérmela con algo más de ritmo.

No tardé mucho en alcanzar un clímax bastante sentido. Profundo y espaciado que se adentraba en mí como una marea. Gemí de gusto en varias ocasiones, me agarré a las sábanas y me dejé llevar por la brutal sensación de que te penetren por el culo. Me corrí entre espasmos y gemidos. Jadeé y gruñí de gusto.

Vaya noche, me dije cuando ya se empezaba a deshacer el orgasmo. Una sonrisa se dibujó en mi cara. Me coloqué el pelo y miré a Borja que seguía con la polla en mi culo. Me salí de él. No se había corrido, así que, me arrodillé allí mismo, le quité el condón y empecé a chuparle la polla como seguramente nunca se lo habían hecho.

—Joder… —masculló mientras observaba mi cabeza ir y venir—. Joder, no pares…

Mi lengua no dejaba de pasar por su glande encerrado en mi boca. Mis manos la acariciaban los huevos de forma salvaje. Sentí que me llegaba a la garganta y que aquello le gustaba.

—Dios… —volvió a decir en medio de un gemido que anunciaba la inminente corrida.

No me saqué la polla de la boca hasta que la noté ya tensada y presta a correrse. Tengo habilidad para eso, así que no me costó esperar hasta el último momento para sacármela y que se corriera en mi cuello y mis tetas.

Generalmente no lo hago. Menos aún, si no conozco con quien estoy follando, pero estaba excitada. Me había gustado mucho la enculada y yo misma quería, incluso, más si hubiera podido. Pero ni la hora, ni que aquel era mi quinto orgasmo en menos de cinco horas, me permitía mucho más.

Con eso y con todo, hice que se corriera encima de mí. Eché la cara hacia atrás y su semen caliente me golpeó el cuello y el canalillo de mis bonitas tetas. Tuvo que apoyarse en el pie de la cama en medio de otro gemido larguísimo, pero no dejé de pajearle.

Cuando le noté ya calmado, aunque con la respiración agitada, le lamí la polla. Me llevé las dos o tres últimas gotas con mi lengua. Las tragué con una sonrisa. Borja, despeinado pero contento, continuaba con la respiración entrecortada.

—Ha sido brutal… —confesó.

Me levanté con la corrida y durante un par de segundos le mire sonriente.

—O sea que sí merecido la pena esperar esa hora, ¿no?

—No quiero parecer grosero… pero eres la hostia.

Me reí con ganas. Acto seguido me encaminé a la ducha de nuevo. Con el agua, me limpié la corrida. Borja ya no entró y se limitó a mirarme y a esperar. Sabía que aquello había terminado.

Mientras él se duchó, yo me lavé los dientes y me quité el sabor a esperma. Borja salió de la ducha y se secó con una la misma toalla que había utilizado antes. Era un chico educado, sin duda.

—¿Cuándo vuelves por aquí? —me preguntó mientras se secaba el pelo.

No contesté. Aquello había sido algo excepcional. Una especia de conjuro entre Manolo, las fotos a Sonia y que el chico era guapo. En lo sucesivo, no sé si volverían a linearse los planetas de la misma forma. Seguramente, no.

Además, mi vida era otra cosa. Mi trabajo, mi ambición, mi foco en ascender. Lo del sexo era algo momentáneo. Útil para explayarme y olvidarme del estrés y agobios. En mi caso, el sexo era la válvula de escape.

—Pues no lo sé… Me dejas el teléfono y ya te llamo.

—¿Y si me dejas el tuyo?

—Cielo, no lo estropees —le dije sonriendo tras enjuagarme la boca de la pasta de dientes.

Me acerqué y le di un ligero piquito en los labios.

—Mañana tengo que madrugar.

—¿Me echas? —dijo colocando su bonita sonrisa.

—No es eso. La gente del despacho se levantará tarde. Yo me iré al gimnasio o a correr. Y si puedo, repasaré algo de trabajo.

—¿No paras nunca?

—Bueno… lo acabo de hacer contigo.

Le acaricié la cara. Una pena, porque Borja era muy mono y estoy segura de que podríamos alcanzar en el sexo compenetración. Pero no. Un amante fijo no me convenía. Para relajarme ya tenía a gente como Carlos y Octavio. Y a Borja no le iba a meter en un trío, por supuesto.

—Paro lo necesario.

—… O sea que yo era necesario…

El chico tenía su guasa. En otro momento, o mejor, en otro mundo, quizás. Sonreí.

—Si eso te sube el ego, sí. Has sido un rato que me ha gustado.

—Me gustaría volver a verte… —me dijo tras acercarse y besarme—. Si me quieres llamar, ya sabes… Lo mismo te vuelve a gustar.

Sonreí y meneé un poco la cabeza. Era gracioso el chico. No dijimos nada más. Borja terminó de ponerse los pantalones, la camisa y la blazer. Lo hizo en silencio, quizá esperando que yo añadiera algo más. Pero no lo hice. Pasados cinco minutos, se fue con un ligero beso mío en sus labios. Y yo, quince minutos más tarde, empecé a conciliar el sueño.

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