ECONOMISTA

Puse una mano sobre su muslo, comprobando la suavidad de su piel y luego sentí las manos de Mariola pasar hacia delante y desabrocharme el pantalón. La mejor amiga de mi mujer me estaba metiendo la mano por dentro del calzón. No podía creérmelo cuando sentí los dedos de Mariola agarrándome la polla.

―¡¡No Mariola, nooooo!! ―exclamé patéticamente.
―¡Vamos cornudo, quiero ver cómo te corres!, hazte una paja, ¿o prefieres que te la haga yo?, no creo que a Claudia le importe mucho ―dijo empezando a sacudírmela.

Aquella situación era demasiado para mí, llevaba una semana sin correrme, tenía muchísima tensión acumulada de todo lo que había pasado esa noche y los gemidos de Claudia retumbaban por toda la habitación. No sé muy bien explicarlo, pero a pesar de estar tan excitado y a punto de correrme se me había bajado la erección, Mariola me cogió el pito con un par de dedos y le pegó tres o cuatro sacudidas.

―¿Qué te pasa que no la tienes dura?
―Ahggggg Mariola, nooooooooo…

Aquello era patético, Mariola me estaba pajeando con dos dedos y poco a poco mi polla fue creciendo, tampoco aguanté mucho, veinte segundos más tarde ya la tenía dura de nuevo, Mariola me agarró la polla con la mano y con suavidad me pegó cuatro o cinco sacudidas más, eso me hizo explotar inmediatamente, liberando la tensión acumulada durante toda la semana.

―¡Ahhhggggg ahhhgggggg, me corro!, me voy a correr Mariola, no puedo másssss, ahhhhhh…
―Mmmmmm sííííí, ¿ya te vas a correr?

Eché la cabeza hacia atrás y apreté con la mano el muslo de Mariola, salió un primer disparo potente hacia delante y ella siguió masturbándome lentamente, haciéndome descargar mientras mi cuerpo no paraba de temblar. Mi corrida parecía interminable, seguía escupiendo semen en la alfombra, en un orgasmo inagotable, no creo que nunca haya echado tanta leche como aquel día y Mariola no dejó de pajearme hasta que me exprimió la última gota, sacudiéndome la polla para escurrirla bien.

―Muy bien cornudo, eso es, échalo todo, mmmmmmmmm, muy bien, mmmmm, ¡menuda corrida!

Estaba soltando la tensión de toda la noche, de toda la semana. Me dolían hasta los huevos del semen que había acumulado. Cuando terminé de correrme Mariola y yo nos quedamos escuchando otra vez los gemidos de Claudia, que parecía que se estaba corriendo de nuevo.

―¡¡La está destrozando el hijo de puta!!, b

ufffff

, creo que necesito una ducha ―dijo mirándose la mano lleno de semen.

Me dio mucho morbo el haberla empapado la mano a Mariola con mi corrida, quitó la pierna que me estaba envolviendo la cintura y se levantó. Yo seguía sentado en la cama, con el pantalón desabrochado, la polla flácida fuera y una enorme corrida debajo de mí en la alfombra.

Era la viva imagen del cornudo.

Mariola me echó un vistazo, sonrió y sin decir nada se metió en el baño. Pude ver de nuevo parte de su culazo cubierto tan solo por el tanguita. Al poco escuché el agua correr, me acerqué a la pared y como había hecho Mariola antes pegué la oreja.

A pesar de haberme corrido seguía excitado, nervioso, me entraron unas ganas locas de pajearme de nuevo, pero no lo hice, aunque se me volvió a poner dura cuando escuché cómo Claudia gritaba claramente “Fóllame, fóllame”.

Estuve un rato escuchando a mi mujer con su amante hasta que se detuvo el agua de la ducha, señal de que Mariola ya iba a salir, no quería que me pillara así, con la oreja pegada a la pared, entonces limpié la corrida que había en la moqueta de la habitación y me senté en la cama esperando a que Mariola saliera de la ducha.

No tardó en hacerlo, la imagen me pareció de lo más erótico que he visto en mi vida, llevaba el pelo mojado y tan solo se había vestido con la camiseta de los Rolling Stones. No llevaba nada más debajo, sin decir nada se acercó hasta el armario y se inclinó para coger unas braguitas blancas de su maleta.

¡¡La muy puta me estaba mostrando su tremendo culazo!!

Luego se las puso sin mirar hacia atrás, pero sabiendo que yo debía tener los ojos pegados a su trasero.

―Bueno, pues habrá que dormir, parece que Claudia no tiene mucha intención de terminar todavía…
―Debería irme…no sé qué hago aquí ―dije yo levantándome de la cama.
―No seas tonto, quédate aquí, la cama es muy grande, por mí no te preocupes, no voy a hacerte nada más, ya me he quedado a gusto con la ducha ―dijo insinuándome que se había estado tocando bajo el agua.

La situación era muy extraña y no sabía qué hacer, me encontraba en una habitación de hotel con la mejor amiga de mi mujer, que estaba medio desnuda y quería que durmiera con ella mientras Claudia estaba en la habitación de al lado follando con un chico que acababa de conocer.

―Quédate en serio, no me importa.
―No sé Mariola, es un poco raro.
―La cama es muy grande, podemos dormir aquí perfectamente los dos, además desde aquí es donde vas a poder escuchar mejor a Claudia.

Se recostó en la cama, se puso unas gafas de pasta y luego sacó su Tablet, me parecía increíble la naturalidad de Mariola, como si fuera lo más normal del mundo estar así en una habitación de hotel conmigo, mientras Claudia estaba follando con otro.

Me metí en el baño dudando qué hacer. Después de refrescarme la cara me quedé frente al espejo, dudando. ¿Pasaba la noche con Mariola o me reservaba otra habitación? Lo mejor y más decoroso era irme, pero el morbo que flotaba en el ambiente en esa habitación era insuperable. Uno no tiene todos los días a una mujer como Mariola medio desnuda tumbada a su lado y me daba mucho morbo escuchar a su lado los gemidos de Claudia.

Decidí pasar la noche con ella, quería saber hasta dónde estaba dispuesta a llegar Mariola con sus humillaciones hacia mí, salí del baño y me fui desnudando sentado en la cama.

―Vale, me quedo a dormir aquí.

Mariola no contestó, siguió con su Tablet como si nada, yo me quité la camiseta, quedándome en calzoncillos y me metí en la cama.

―Buenas noches…
―Joder, como siga así tu mujer me voy a tener que hacer otro dedo ―dijo Mariola haciendo un amago de bajar la mano para acariciarse.

El incremento de los gemidos de los dos anunciando un nuevo orgasmo precedió a un momento de calma. ¿Habrían terminado ya?. Les escuchamos hablar un minuto y luego entendimos a Jan algo así como “Mmmmm, joder sííí, venga sigue”.

―¿Se la estará chupando? ―dijo Mariola.

Apenas escuchamos nada más durante los siguientes minutos.

―Parece que ya han terminado, bueno vamos a dormir.

Pero en cuanto Mariola apagó la luz y se tumbó en la cama, otra vez volvieron los gemidos de Claudia. Menuda sesión de sexo se estaban pegando, llevaban ya dos horas follando sin parar y mi mujer seguía gritando con la misma intensidad que al principio. Así me iba a ser imposible poderme dormir. En el silencio de la oscuridad me quedé escuchando como chocaban los cuerpos a cada embestida, los gemidos de mi mujer y como le decía “Vamos sigue”, “fóllame, fóllame” o “más, sigue, más”.

Yo estaba otra vez con un calentón importante, me había sabido a poco correrme solo una vez, me temblaba el cuerpo y me acaricié despacio la polla por encima del calzón, intentaba no hacer ruido para no molestar a mi compañera de cama y se pensara que era un pajillero o algo así, pero entonces a Mariola se la escapó un suspiro “ahhhhh, joder”, entonces entendí que estaba intentando masturbarse en silencio, pero poco a poco se fue delatando. Ella estaba igual o más excitada que yo, se puso boca arriba y se abrió de piernas, llegando a tocarme con la rodilla en mi muslo. Quería que yo supiera que se estaba haciendo un dedo escuchando cómo se follaban a Claudia.

Aquello me puso fuera de sí, tenía a Mariola a mi lado, masturbándose y abierta de piernas, así que hice lo que cualquiera hubiera hecho, con decisión me saqué la polla e intenté ponerme encima de ella. Me iba a follar a esa zorra.

Pero en cuanto se dio cuenta de mis intenciones encendió la luz y me empujó a un lado.

―¿Pero qué coño haces?

Yo estaba de rodillas delante de ella, sujetándome la polla con la mano.

―Pensé que querías…
―Una cosa es que antes me hayas dado pena y te haya hecho una paja, pero no vas a follarme, ni lo pienses…
―¡Eres muy zorra!, ¿entonces para qué coño me tocas con la pierna?
―Lo he hecho porque me encanta provocarte y quería que supieras que me estaba tocando escuchando cómo se follan a Claudia, pero no tenía ninguna intención de dejar que…
―¡¡Esto no tiene sentido!!, ¡mejor me voy a ir! ―dije saliendo de la cama y comenzando a vestirme.
―No te vayas así, no te enfades David, ¡si quieres puedes hacerte una paja mirándome! ―dijo Mariola acariciándose el coño suavemente por encima de las braguitas.

Aquello era muy tentador, pero ya había recibido suficientes humillaciones por esa noche, de repente me pareció patético estar allí en la cama con Mariola, me vestí rápidamente y decidí bajar a recepción a reservarme una habitación. Por suerte había alguna libre y subí a la que me dieron sin llevar nada para dormir, solo la ropa que llevaba puesta. Me desnudé y me metí en la cama.

Entre en una especie de somnolencia, pero sin llegarme a dormir. Un rato más tarde el móvil que tenía sobre la mesilla vibró.

Claudia 4:49
¿Donde estás?
David 4:49
He reservado una habitación en el hotel.Claudia 4.49
Anda, ven aquí, ya estoy sola.

Me levanté de la cama, miré el reloj, apenas llevaba una hora en la habitación y volví a la habitación de Claudia, la puerta estaba medio abierta, pasé dentro y Claudia me estaba esperando.

El olor a sexo en la habitación era casi irrespirable.

Mi mujer estaba tumbada desnuda en la cama, boca arriba y tenía en el vientre dos lefazos de la última corrida de Jan. Debían haber sido sus últimas reservas. Claudia estiró la mano.

―Ven aquí ―me dijo.

Yo me subí a la cama sin poder dejar de mirar el cuerpo de Claudia manchado por el caliente semen de su amante. Mi mujer estaba abierta de piernas, con cara de cansada, pero satisfecha, tenía el pelo revuelto y los ojos medio cerrados, cómo si le costara abrirlos. Estaba extasiada de placer, se debía de haber corrido unas diez veces. Yo era su plato final. Se pasó un dedo por el ombligo y tocó el semen que bañaba su cuerpo.

―¿Qué tal estas? ―me preguntó.
―Joder Claudia, lo de esta noche ha sido…
―Esto es para ti ―dijo mostrándome los dedos manchados de semen.

Me metió uno en la boca que limpié con rapidez.

―Aquí tienes más, es para ti…

Yo me agaché pasando la lengua por el vientre de Claudia y poco a poco fui pasando la lengua por su ombligo para recoger los restos de la corrida de Jan. Ahora tenía el semen caliente y pringoso de su amante en la boca y nos quedamos mirando fijamente. Yo abrí la boca para que ella viera lo que tenía dentro.

―¡Trágatelo cornudo! ―me ordenó.

Mientras nos seguíamos mirando hice lo que me pidió y al poco sentí la corrida espesa de su amante bajando por mi garganta. Me fui desnudando y luego me puse sobre ella.

―¡¡Ha sido increíble escuchar cómo te follaba ese tío!!
―¡Estoy reventada!, me ha follado cuatro veces…
―Uffff Claudia, ¡¡deja que te la meta, por favor!!, estoy cachondísimo.
―¿Eso es lo que quieres cornudo?
―Sííí, eso es lo que quiero.

Me puse sobre el cuerpo de mi mujer y despacio fui acercando la polla hasta su enrojecido y sensible coño. Ella se abrió de piernas y dejó que se la metiera despacio. No me costó ningún esfuerzo penetrar a Claudia.

No hablamos, no dijimos nada, mi mujer ni tan siquiera gimió cuando me la follé, la polla de Jan debía de ser bastante más grande que la mía y apenas debía de estar sintiendo nada mientras yo la embestía con fuerza. Estaba cachondo y me la follé duro, con ganas, pero no conseguí sacarla ni un triste gemido. Me dio absolutamente igual, me corrí dentro de Claudia, apenas tardé un minuto y ella me dio un par de palmaditas en la espalda.

―Muy bien cornudo…así me gusta, 

ufffff

, vaya noche, deberíamos dormir un poco, mañana tenemos comida familiar…
―Espera, déjame un poco ―dije disfrutando de la sensación de estar dentro de mi mujer.

Luego hizo que la limpiara y nos acostamos desnudos, nos quedamos dormidos juntos, abrazados. Aspiré el aroma que emanaba del cuerpo de mi mujer.

Ese olor inconfundible a sexo.

Me dormí nervioso y excitado ante el futuro que se nos venía encima. Mariola iba a llevarnos al siguiente nivel y Claudia ya casi no tenía límites. Le daba igual follar con Jan, con Basilio, con su mejor amiga o quien se la pusiera delante, pero Mariola le iba a dar el empujoncito que necesitábamos para avanzar todavía un poco más en nuestros juegos. Sabía que con ella íbamos a cumplir nuestras fantasías más prohibidas.

Esta noche solo había sido el principio.

FINAL

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