SIX

-Tienes toda la razón. Yo te haría caso…- Contesté levantando las palmas de mis manos haciendo un gesto de impotencia. –Pero es que te veo y no me puedo resistir… Que quieres que te diga. Me tienes loquísimo! Te veo y bufff… Solo pienso en comerme esas tetas, en ese coñito tan delicioso que estaría lamiendo horas, bufff… y ese culito que tienes, que sabes que me encanta follar… Hablas y veo esos labios, y pienso en esa boquita, Mmhhh… Esa boquita tiene la culpa de que tenga ganas de metértela hasta la garganta todo el tiempo!! Me tienes muy loco! Mucho!! Si es que te huelo y me pongo cachondo!

Me salió así, de manera natural, con un punto juguetón. En realidad, acababa de confesarle que no podía dejar de pensar en ella, que me ponía mucho. Y aunque fuera más que evidente, decírselo así, y pareciera una broma, me extrañó.

-Jajaja! O sea que tengo yo la culpa?- Soltó sonriendo mientras se apartaba el pelo de los ojos con un dedo.

Su tono fue tan natural que me dio mucho morbo. Ana se lo había tomado a broma, pese a que lo solté sin pensar, y era la pura verdad. Acabábamos de pegarnos una follada tremenda, y Ana continuaba con las piernas abiertas con aquel water entre ellas, esperando por si salía alguna gota más y poder secarla con el papel de su mano, mientras yo la miraba apoyado en la pica de enfrente. La situación era extraña, pero fomentaba la intimidad y por alguna razón, alimentaba mi sinceridad. Quizás fue el tremendo orgasmo que me había dejado vulnerable.

-Hombre, la culpa… Pues no lo sé…- Decidí esquivar y bromear, me puse a la defensiva al verme vulnerable, y seguí con las risas y la euforia del momento, fibrolizando. -Pero no soy yo quien ha venido sin bragas desde casa… luego enseñándome el coño arriba delante de todos… Insinuándose todo el rato… Haciéndose la ofendida, “aquí no”, “aquí no”, “uy, uy, uy…”–Me burlé. -Para luego acabar bajando aquí y suplicar querer acabar chorreando leche.

Ana abrió la boca sorprendida de mi burla, y volvió a mirarme. Me gustaba provocar esas expresiones suyas de asombro, donde me decía con sus ojos “tío, como te pasas”, pero a la vez se le leía un puntito de morbo y aceptación en la mirada.

-Eres un hijo de puta, lo sabes, no?- Respondió con rintintín.

Hablábamos bajito, susurrando deprisa. Yo la miraba desde la pica, ella estaba donde el wáter con la puerta abierta, seguía acuclillada mirándose el coño, y cada vez que se miraba, su melena le invadía la cara. Luego alzaba la cabeza para hablarme, haciendo un giro de cabeza para apartar todo aquel pelo, y terminaba soplando algún que otro mechón rebelde de una forma muy graciosa.

-Dicho por ti parece hasta todo un alago…- Dije con orgullo.

Inflé el pecho y crucé mis brazos con gallardía. Como había cambiado todo! Tiempo atrás si me hubiera llamado hijo de puta, la hubiéramos tenido muy gorda. Y ahora me parecía el mejor piropo que me podía echar una tía a la que le supuraba mi corrida por el coño.

-No te engaño! Te estoy diciendo la pura verdad! No me crees? Mira!- Le dije agarrándome la polla exageradamente por encima de la ropa para que viera bien claro que la volvía a tener durísima. –No te miento! Acabo de follarte, y ya me tienes loco! Mira! Crees que esto es normal??

Ana miró el bulto de mi pantalón con una mezcla de sorpresa y asombro, pero sus labios la traicionaron sonriendo.

-Eso es porque eres un salido de mierda. Un puto pervertido…- Me soltó con ese tonito vacilón que ahora tanto me ponía.
-Pervertido? Hacía tiempo que no me llamabas así…
-Y no es verdad? Porque muy normal no es todo lo que me obligas a hacer.- Soltó.

Me la quedé mirando unos segundos.

-Perdona? Que yo te obligo? Querrás decir lo que me obligas a mi a hacerte! O se te olvida eso de “dame más fuerte cabrón”- Me burlé imitando exageradamente su vocecita cuando me la follaba y ella gritaba. –Que yo soy una persona normal, y mira que tengo que estar haciendo por tu culpa.- Solté señalando a la pared donde acabábamos de follar con un evidente tono de cachondeo. –Joder! Que tendría que estar trabajando arriba sabes? No tienes ni idea de la cantidad de trabajo que tengo retrasado por tu culpa… Y luego soy yo el pervertido… Lo que pasa es que la que me pervierte eres tu!! Tu eres la que me obliga a hacer estas cosas! Joder que yo soy un chico normal e inocente! Que yo no haría estas cosas nunca! Luego tengo mis remordimientos y mis pesadillas… Todo el día ahí, sufriendo, con imágenes de como me comes el rabo…

Gesticulaba exagerando mis palabras, dramatizándolo todo de manera cómica como si estuviera realmente asustado. Bromeaba. Ana me miraba sorprendida por mi reacción, en silencio, sin saber que contestarme, con los ojos muy abiertos, evidentemente sin saber a que venía aquella payasada propia de un arrebato de estupidez.

-Ana! Pesadillas! Sabes? Tengo… tengo que confesarte algo…- continué susurrando cambiando de repente mi tono de broma por uno mucho más serio, como si le fuera a confesar un secreto importante, y tuviera vergüenza de confesarle una cosa.

Ana frunció el ceño, en silencio. No entendía nada. Pero me miró solemne, con una mezcla de preocupación y miedo en los ojos.

-So… Soy virgen!- Le dije por fin con un hilillo de voz.

Ana de repente estalló en carcajadas, no podía contenerse la risa, y empezó a partirse la caja intentando taparse la boca con la mano. Yo no pude continuar con el cachondeo al verla reír, y contagiado, también empecé a partirme de risa.

Sin darnos cuenta, aquel baño se llenó de ecos riendo con nosotros, nos estábamos arriesgando, sin saberlo, a que nos descubrieran. Y a ver como le íbamos a explicar al que abriera la puerta aquella escena. Pero en aquel momento, nos importó todo una mierda. Solo queríamos reír. Estábamos borrachos de euforia.

–Bueno…- Continué sin dejar de reir. -En realidad lo era, ya sabes, tu y yo… hace un momento…

Volví a gesticular, imitando el gesto de estar follando con mis caderas y mis manos, riéndome y continuando la broma mientras luego señalaba el trozo de pared en el que habíamos estado apoyados mientras lo hacíamos.

-Esto… Me ha cambiado la vida, sabes?? Yo…- insistía haciendo ver que estaba muy jodido por ello. Dramatizando de forma muy cómica.

Los dos nos reíamos de mi gilipollez.

-Pero que imbécil eres!- Me dijo cuando logró controlarse la risa.

Pero con las contracciones de aquella risa incontrolada, Ana, aun en cuclillas sobre el wáter, volvió a gotear alguna gotita de leche de su coño.

-Joder tío!! Aún sigue saliendo! Pero que me has metido dentro!!- Se quejó enseñándome el coño empapado.

Y volvió a mirarse pasándose otra vez un nuevo trozo de papel higiénico.

Me encogí de hombros.

-Que quieres que te diga, tenía muchas ganas de ti! Me has puesto muy cachondo…- Le contesté sin poder evitar inflar el pecho de orgullo. -Mmmh… Anda que si llego a acabar en tu boca, te hubieras ahogado!! Jajajaja!!

Ana volvió a alzar su cabeza, con el pelo alborotado frente a su rostro.

-Que idiota eres!- Dijo con un murmullo cariñoso. –Pero no recuerdo una corrida tuya tan bestia.
-Joer! Que pronto se te olvidan! Quieres repetir?- Volví a bromear.
-Jajajaja!- Se descojonaba.
-No, en serio… Debe ser porque no acostumbro a acabar dentro de ti.- Dije como excusa, Encogiéndome de hombros. -Yo también estoy flipando.

Pero yo sabía que era porque Ana me había puesto muy cachondo con lo de venir sin ropa interior expresamente para mi, y luego todo lo que hizo aquel día hasta volverme loco. Confieso que si bien la cantidad me extrañó, recuerdo aquella corrida como muy intensa, y aquellos días iba muy, pero muy excitado por culpa de Ana. Supongo que se habían juntado muchos factores, el riesgo, el polvo que fue alucinante, aquella mamada, el estado continuo de estar a punto de explotar, reteniendo la excitación hasta el límite.

Ana volvió a lanzar una de sus miraditas con ese gesto suyo de morderse los labios que me volvía loco.

-Y no será que te ha gustado?- Me preguntó con una pizca de vicio en el tono de su voz.
-Bromeas? Ha sido una autentica pasada!- Le solté recordando de manera involuntaria todos y cada uno de los espasmos que sentí tras cada sacudida y cada descarga, mientras se me erizaba la piel. –A ti no??

Ana sonrió, e inmediatamente sus mejillas la traicionaron poniéndose muy coloradas, un tono rojizo que enseguida envolvió su cara. Abrió la boca un par de veces, se mordió los labios, y sonrió de manera perversa.

No pude soportar ver como se ruborizó, y como puso aquella cara de cachonda. Y de dos pasos largos me abalancé sobre ella, cogiéndole la cara, tirando de ella hacía mí. Ana se puso en pie acompañando a mis manos, que tiraban de ella, y le comí la boca como si no acabáramos de follar hacía unos minutos, y llevara siglos sin ella.

Y con la misma hambre me devolvió aquel beso.

Continuara…

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