ALMUTAMID

En el fondo fue un día dedicado a nosotros y nuestros cuerpos, pues Marta me despertó cuando ya anochecía para que me duchara rápido. Había quedado con Ángela para despedirnos. En cierto sentido fue una despedida bastante emotiva con todo lo sucedido a los tres aquel curso. Terminamos brindando por nuestra amistad antes de despedirnos, pues Ángela se volvió a la residencia y Marta y yo a su casa.

Además Silvia había salido por lo que estábamos solos en el piso de nuevo. Aunque nos dio igual, pues echamos un polvo tranquilo y sosegado. En realidad no era sexo, pues yo estaba sentado con la espalda pegada a la pared mientras Marta estaba sentada sobre mí con mi nabo clavado mientras nos acariciábamos, besábamos y hasta charlábamos.

Durante aquel polvo hasta me acordé de su crema lubricante que no habíamos usado. Su respuesta me dejó cortado:

-Si me escuece el chocho la semana que viene será un buen recuerdo tuyo…

Es curioso cuanto me gusta tener la churra en caliente. Aunque no estés follando. Esa sensación de estar charlando o relajados con tu polla dentro de ella como si no estuvieras teniendo sexo, sólo enlazados. Aquella noche estuvimos bastante tiempo así sin más movimientos que las contracciones musculares que Marta hacía para sentirme de vez en cuando. Me extrañó que cuando le propuse terminar ella no quería. No tenía ganas de llegar hasta el orgasmo que con sentirme dentro ya había tenido bastante pero remató diciendo:

-Pero para no dejarte de recuerdo un dolor de huevos, ¿tú quieres terminar?

Sin darme tiempo a contestar se levantó dejando que mi polla resbalara de su interior sentándose a mi lado con la cabeza en mi hombro. Agarró mi polla diciendo:

-Está empapada…
-De ti…

Marta empezó a pajearme suave al principio y cogiendo ritmo poco a poco.

-No es necesario…
-Déjame que te consienta después de lo de anoche…
-Por eso no hace falta…llevamos todo el día follando.
-Me apetece…

Después de dos polvos iba a tardar en correrme y se lo hice saber pero aun así insistió en pajearme pero se le terminó cansando la mano. Así que se levantó de su posición a mi lado poniéndose de rodillas entre mis piernas y cambió la paja por la mamada. Marta sabe controlar perfectamente cuando chupa para excitarte y cuando lo hace para que te corras. Y fue al grano. Mamadas profundas con masaje de huevos combinándola chupadas cortas apoyadas con su mano.

Lo hacía muy bien pero también me apetecía tocar así que la hice ponerse de lado y así yo podía acariciar su culo mientras mi chica terminaba su trabajito. Pero su culito tan cerca propició que mi mano terminara encontrando su raja empapada y mi dedo se terminara colando en ella. De hecho provocó una intensificación de sus chupadas ahora acompañadas de gemidos y gruñiditos. Eso sí que colaboraba en que yo acabara.

Pero mi dedo cumplía su parte. Marta estaba menos concentrada en mi churra por las sensaciones que mi mano le provocaban, pero eso no bajó mi excitación sino todo lo contrario. Era el estímulo que me faltaba para dejarme ir. Así que en breve avisé a Marta de que me corría, pero estaba tan concentrada en mi dedo y mi polla que no reaccionó y empecé a soltarle chorros en la boca que ella succionaba. Fui capaz de darme cuenta de que en realidad ella estaba a punto de su orgasmo por lo que a la vez que mis huevos descargaban mi dedo se clavaba en su coño hasta que un gruñidito muy agudo a la vez que abría la boca dejando que resbalara una mezcla de saliva y semen hasta mis pelotas. Nos estábamos corriendo a la vez.

Entonces me escurrí de la pared tumbándome en la cama de forma que Marta cayó sobre mi pecho relamiéndose y recuperando el aliento con los ojos cerrados. La abracé quedándonos en silencio. Ella se quedó dormida yo tardé un poco más.

Por la mañana tocaba recoger y acompañarla a la estación. No estábamos precisamente locuaces. No queríamos expresar realmente lo que sentíamos y plantear algo distinto a lo ya hablado podría terminar en discusión y dejar mal regusto de boca a nuestra relación. Por eso la despedida terminó con un beso tierno, un largo abrazo y un hasta pronto por la ventana del tren mientras yo aguardaba en el andén.

Por la tarde sentí vacío y cierta añoranza pero no con la profundidad de otras ocasiones. Además Ángela me hizo buena compañía en la cena. Me quedaban dos semanas en la residencia y la última sería dura pues ya se habrían ido todos.

El lunes me tomé una cerveza al mediodía con Víctor y Lourdes que también se iban pero comí con Miriam pues la pareja tenía todavía que “terminar de recoger juntos”. Ya me imaginaba yo lo que iban a recoger…

En la comida Miriam me recordó mi salida de tono del fin de semana:

-Vaya cómo estabas el viernes, Luisito…
-Perodna, estaba algo bebido…
-Es que te colaste un poco, nene.
-Aún así me ofreciste dormir en casa. A lo mejor no te molestó tanto…

Miriam se puso colorada y empecé a reírme en un semivacío comedor universitario.

-No es eso. Malpensado. Era por no dejarte tirado…
-Lo sé, Miriam. Era por picarte. Aparte…-le dije guiñándole un ojo- no te vi tan incómoda.

Fue a protestar con mi insinuación pero antes de que lo hiciera añadí:

-Ya en serio. Estabas muy guapa. Quizá te espanté a algún interesado.
-No digas tonterías.
-Bueno y si en tu casa te meto cuello ¿qué habría pasado?

Miriam se quedó pensativa y finalmente respondió:

-Tendrías que haber ido para comprobarlo, jajajaja…

Así fue transcurriendo la semana, estudiando muchas horas, comida con Miriam y algún día también Ángela, mis ejercicios por la tarde y cena con Ángela. Pero el jueves tras el examen Miriam también se fue. De mis ángeles sólo quedaba Ángela y se iba el lunes. Tenía una semana hasta el siguiente examen y tras la cena y aburrido sin nadie con quien tomarme una cerveza la acompañé a su dormitorio.

Mientras organizaba apuntes para los últimos repasos me tiré en su cama. Me dio el punto nostálgico y empecé a repasar todo lo vivido en el curso que estábamos terminando.

-Te noto tristón…¿es por Marta?
-Sí y no.

Ángela se tumbó a mi lado en la cama con su cabeza en mi hombro.

-Venga habla…-me dijo.

Yo empecé a explicarle mi mezcla de sentimientos sobre mi relación con Marta hasta que le reconocí que me estaba dando cuenta de que realmente no estaba tan enamorado de ella como la primera vez.

-Pero ella sí…-me respondió mi amiga- por eso no quiere profundizar. Sabe que lo vuestro tiene fecha de caducidad.
-¿Y por qué ha dado el paso estas semanas?
-Ha preferido disfrutarte a amargarse viéndote. Es lógico.

Las habitaciones de la residencia eran hornos en invierno con la calefacción y hornos en verano. Con la puerta abierta había algo de corriente pero todo el mundo las cerraba para tener intimidad y estudiar tranquilos. Yo estaba pasando bastante calor y más con Ángela a mi lado.

-¿Te importa que me quite la camiseta?- le pregunté.
-Luis, hijo. A estas alturas…

Me desnudé de cintura para arriba y retomamos la postura.

-¿Y qué vas a hacer?- me preguntó.
-Hemos quedado en vernos este verano. Según lo que pase decidiremos.
-¿Y ahora?
-Somos dos amigos que han estado liados un mes.
-¿Libres?
-Según ella sí.
-¿Y vas a enrollarte con alguien?
-No ando pensando en eso ahora. Todavía mi cuerpo recuerda las últimas sensaciones de su piel.
-Qué bonito, Luis. Se lo has dicho.
-No me deja.

Nos quedamos un rato en silencio. Ángela observaba mi pecho desde mi hombro pero no decía nada. Al rato me preguntó:

-¿Vuestros pezones son tan sensibles como los nuestros?
-Son sensibles pero creo que tanto no. Pero no vayas a tocarme uno que son un mando a distancia.
-¿Cómo?
-Sí. Tocas el botón y se levanta la antena…
-Jajajaja. Pero que idiota eres.-rio dándome un manotazo en la barriga.-La verdad es que no sé nada de tíos…
-Ángela, ¿eres virgen?

-A ver Luis, que sé por donde vas…no me he acostado con un tío, pero no soy virgen…
-Ya…-respondí haciéndome el curioso.- Pero entonces…
-Luis, no te hagas el nuevos. Imagínatelo y punto. No necesito que un tío me meta su polla para sentir placer.
-Ya, ya, perdona. Pero es que me puede la curiosidad. Pero, hablando de curiosidad, ¿nunca?
-No…bueno, sí. Pero si no me gusta ninguno, para qué. ¿Me estabas hablando hace un momento de Marta y vuestros líos y ahora me saltas con ésta? Pero ¿con qué pensáis los tíos?-respondió molesta levantándose de la cama.
-No pienses mal. En ningún momento he pensado en nada de eso. Ha sido una curiosidad que me ha venido de golpe.
-Luis estas son las cosas que me dan coraje de los tíos. Que en cuanto hay algo de cariño pensáis con la polla.
-Por favor, no me malinterpretes. No iba por ahí. Ven por favor…

Le indiqué con la mano que volviera conmigo a la cama. Ángela se echó poco convencida en la almohada sin llegar a echarse en mi hombro y continué:

-Tuve una fantasía contigo…
-¿Cómo?
-¿Te acuerdas el otro día que estuvimos charlando Marta, tú y yo en su cama?
-Sí…
-Pues por un momento se me fue la cabeza imaginándome un rollo medio lésbico, medio trío, medio tú probando cosas…
-Jajajajaja. ¡Por eso te levantaste tan nervioso y no volvías!
-Para que veas que soy transparente…
-¿Y qué te imaginaste?
-Ah, no, no. Eso me da vergüenza…
-Venga Luis. Porfa, que eso me ha resultado divertido. Sobre todo lo del rollo lésbico, jajajaja.
-En el fondo estáis tan salidas como nosotros.
-Sólo un poquito menos. Porfa, porfa, porfa….
-Que no, que no…

Me levanté de la cama mientras Ángela tenía una cara de diversión enorme.

-Me voy a estudiar a mi cuarto…
-Jajajajajajaja.

En el fondo me avergonzaba de la erección que acababa de volver a tener.

Un par de horas más tarde llamaron a mi puerta y antes de que me diera tiempo a preguntar se abrió la puerta. Era Ángela. Estaba en calzoncillos pero me daba igual.

-¿Qué quieres ahora?-pregunté molesto.
-No estarás enfadado.
-No…
-¿Seguro?
-Que sí…
-Que de verdad me da cosa reñirte y después reírme de ti. No quería molestarte.- dijo sentándose en mi cama en su postura habitual con las piernas cruzadas.
-No estoy enfadado de verdad. Es que tengo mucho lío en la cabeza con Marta, los exámenes, volver a casa.
-¿Sólo eso? Es que tampoco era para que te fueras como te has ido.
-Tienes razón, pero es que hay un problema. Somos amigos no tengo intenciones contigo pero resulta que vivimos pegados, más de la cuenta a veces, y resulta que yo soy un tío y tú una tía que encima está buena. ¿Me entiendes?
-Vale.- respondió seria.
-No te molestes. Eres mi mejor amiga. Pero entre sentarnos a contarnos nuestras cosas a tenerte abrazada en la cama pues…pues eso.
-Vale. Lo he entendido. ¿Sabes qué me pasa, Luis? Estás con Marta, has sido casi mi único apoyo este año y te veo, no sé como decirlo. Que no te veo como un tío. Te veo asexuado, no pienso en que yo te pueda provocar algo.
-Espera, Ángela. No es eso. Son algunas situaciones. Podemos estar aquí juntos hablando y estudiando, pero me he dado cuenta de que tenemos una confianza que me pone nervioso en ocasiones.
-Vale- respondió con una sonrisa- no es nada serio.

Se levantó dándome un beso en la mejilla y se fue a su dormitorio dejándome totalmente anonadado.

Pese al extraño suceso, al día siguiente nos lo pasamos prácticamente juntos estudiando y descansando y no volvió a salir el tema ni nada incómodo. Pero el día que Ángela hizo su último examen quiso celebrarlo pero sólo quedaba yo y algún compañero de su facultad. Salimos a tomar algo. La ciudad ya estaba en su largo letargo veraniego vacía de estudiantes por lo que siendo pocos y sin mucha confianza prácticamente nos limitamos a tomar unas cervezas y poco más. Pero Ángela quería marcha y como yo no tenía ya más que mi último examen para el que faltaban 6 días le seguí el rollo terminando los dos a chupitazos en uno de los pocos pubs de ambiente alternativo que seguían abiertos pese a ser viernes.

A la vuelta veníamos subidos de alcohol con la risa floja. Al pasar junto a una urbanización se escuchaba la depuradora de una piscina. Ángela al oírla me dijo:

-Luis, vamos a hacer una locura de fin de curso. Vamos a bañarnos.
-Es una urbanización privada…
-Por algún sitio se podrá entrar.
-No lo veo…

No había terminado de decirlo cuando Ángela ya se había arrimado a una farola pegada a una caseta que daba a la piscina.

-Estás loca…
-Corre ven jajajaja…

La seguí trepando por la farola. Subimos al tejado de la caseta y desde allí saltamos hasta el césped. La piscina estaba totalmente a oscuras y sólo se escuchaba el murmullo de los chorros de agua de la depuradora. Cuando mis ojos se estaban acomodando a la oscuridad vi que Ángela se había quitado el vaquero negro que llevaba y se quitaba la camiseta quedándose sólo en bragas.

-Venga solo…-me dijo susurrando yéndose hacia la piscina.

Qué leches. No me lo pensé y me quedé en calzoncillos siguiéndola. No la veía pero la escuchaba chapotear ligeramente. Había entrado por la escalerilla. La seguí. El agua estaba fría pero no tanto como para incomodar el baño. La perseguí hasta donde se encontraba. Y nos quedamos los dos charlando dentro del agua hasta que nos dio frío, un cuarto de hora después aproximadamente. Nos salimos pero no teníamos toalla por lo que nos tumbamos en el césped mirando al cielo en el que se veían algunas estrellas mientras nos secábamos.

-Gracias, Luis…
-¿Por qué?
-Por ser tan buen amigo y seguirme en todo.
-Yo también tendría que darte las gracias. Pero no te me pongas sentimental ahora.
-Luis, este año ha sido muy importante para mí. Fuera de casa, intentando vivir mi sexualidad. Con mis líos con Miriam y con Kar…mejor ni nombrarla. Y tú siempre has estado al lado.
-Venga no le des importancia. Eso es la amistad.
-Eso…Bueno, y la sinceridad.

¿? No sabía por donde iba ahora.

-Venga, cuéntame la fantasía…jajajaja.
-¡No me salgas con esas ahora!
-Shhhhh, que nos van a oír…
-¿Estás segura?
-Claro.
-Pueden pasar dos cosas. Una que te enfades conmigo y otra que me ponga tontorrón.
-Anda ya, Luis. No creo que pase ninguna de las dos cosas.
-Tú misma. Allá voy. Me imaginé que marta y tú os besabais conmigo en medio, mientras estabais echadas en mi pecho y que al ver mi tienda de campaña Marta te enseñaba a manejarme la polla.
-¿Eso es todo? ¿Para eso tanto misterio?
-Para ti no es nada. Yo me tuve que ir al baño a quitármelo de la cabeza.
-Jajajajaja, me parto…
-Shhhhhh. Baja la voz tú ahora.
-Tanto misterio y ni me he enfadado ni te has puesto tontorrón.
-No te has enfadado es verdad.
-¿Y te has puesto tontorrón?
-Pues medio en pelotas con mi amiga lesbiana en tetas aquí al lado mía en el césped a oscuras de una piscina y recordando el temita…

Hice un silencio y mi amiga levantó la cabeza para mirarme reflejándose en sus ojos oscuros un brillo lejano de farolas.

-Vamos…que no…
-Pues entre el agua fría y la oscuridad han hecho lo suyo…
-Jajajajaja, Luis. Me encantas…
-¿Nos vamos ya?
-No…ya no tengo frío y estamos aquí tan a gusto. Vamos a quedarnos un ratito ahora que sñe que estoy segura…
-Ven tonta…hasta te dejo que me abraces…

Y abrazados hablando quedo ya de otros temas y planes nos quedamos un buen rato hasta que temimos no llegar a la residencia.

Al llegar a la residencia Ángela no quería irse a dormir así que tras ducharnos se vino a mi dormitorio. Además no sé cómo había conseguido una botella de licor y se la trajo para que pudiéramos seguir hablando. Yo apenas tomé un par de chupitos más pero Ángela quería pillarse una buena papalina su último día de residencia en su primer año de universidad.

Se lamentaba de no haber conseguido hacer buenos amigos en su clase. La verdad es que su universo interno era complejo. La realidad de vivir dentro o fuera del armario suponía una complejidad de la que me heterosexualidad me hacía ajeno. Conocedora de su homosexualidad desde la pubertad había mantenido las formas con muy pocas relaciones y la complicación de tener que motivar por qué rechazaba a los chicos que querían salir con ella. Pues me explicaba entre divertida y triste que tenía mucho éxito en su instituto entre los chicos, y aunque había llegado a besar a alguno los sentimientos por una de sus amigas habían sido intensos dejándole clara su tendencia sexual.

Para ella la universidad era una liberación. Pero muy diferente a lo que me había pasado. Yo había ganado en seguridad en mí mismo abandonando al Luis tímido e inseguro del instituto y sustituyéndolo por un nuevo Luis en ocasiones demasiado venido arriba. Pero pese a todo yo me siento mejor persona. Sabiendo que he cometido errores pero también ganando en confianza.

Pero Ángela no había encontrado lo que esperaba. El salir abiertamente del armario la había aislado en si facultad de modo que se veía obligada prácticamente a relacionarse casi solamente con compañeros gays y alguna otra chica lesbiana con la que no había hecho demasiadas migas. Se veía de nuevo encerrada, no ya interiormente, sino clasificada y aislada por los demás y no por ella misma como le había ocurrido en el instituto.

Sin embargo, nosotros habíamos sido su verdadera liberación. Primero no rechazándola ni clasificándola, y después convirtiéndola en una más. Asumimos con naturalidad su historia con Miriam y además acogimos a Karina pese a no caernos bien desde el principio. Ese era su gran agradecimiento hacia nosotros. Por eso temía volver a su casa y vivir de nuevo escondida entre amigas que no la entendían y chicos que se ofrecían a “curarla”.

Con la lengua pastosa ya por el alcohol me tocó de nuevo el turno de alabanzas. Yo había roto su visión de los tíos. Había descubierto que no éramos pollas con piernas que acosábamos a las tías. Sus charlas conmigo y nuestra complicidad le habían hecho cambiar su visión general del sexo masculino. Ver tan de cerca mi relación con Marta sabiendo lo que yo sentía la había unido mucho a mí. Y que yo la viera como un buen faro que me ayudara a dirigir mis pasos la había hecho sentirse importante y útil.

Evidentemente valoré sus halagos quitándole importancia. Yo no era consciente de haber hecho nada especial sino simplemente había descubierto a una niña estupenda que con su buen carácter y sus buenos consejos se había ganado mi amistad. Y encima guapa.

Quizá me sobró ese último comentario. Pero Ángela lo asumió con naturalidad. Yo me caía de sueño y se lo hice saber. Afortunadamente Ángela ya tenía ganas de dormir también aunque me sorprendió que me pidiera dormir conmigo. No era la primera vez pero después de mi confesión de la noche anterior reconociendo que me ponía nervioso tenerla tan cerca se veía que se lo había pasado por el forro de la chaqueta.

-No te asustes si te tropiezas con un bulto…
-Que tonto. Ya sé lo que te pasa y si a ti no te importa yo no voy a poner pegas.

Nos acostamos en mi cama uno al lado del otro, pero en menos de un minuto Ángela me solicitó un abrazo de amigo y con tanta confesión no podía negárselo. Se durmió pronto y yo no tardé mucho más.

Por la mañana me la encontré desnuda sólo con sus braguitas dormida a mi lado. Habría pasado calor y se había desnudado. Yo tenía mi tienda de campaña mañanera pero como estaba dormida no me preocupó. Me puse unas calzonas y me fui al baño a mear.

Cuando volví ya se estaba desperezando. Me dio los buenos días y se puso la camiseta para salir al baño. Bajamos a desayunar y a la vuelta ella se fue a terminar de recoger sus cosas para irse. La acompañé a coger el autobús y se despidió de mí diciéndome:

-Luis, nunca me imaginé que mi mejor amigo sería un tío hetero y que se pone nervioso conmigo…
-Pero te puedo abrazar sin excitarme.
-Jajajaja. Te voy a echar de menos…
-Y yo. Ya haremos algo este verano ¿no?
-Vale.

Y con su sonrisa tras el cristal del autobús me dejó solo en la residencia.

La marcha de Ángela me dejó sin el último de mis ángeles. El problema es que en mi mente se había quedado grabada la imagen de su piel blanca en el césped de la piscina y sus pechos agitándose cuando se desperezaba al despertarse en mi cama. Siempre he sabido distinguir amistad y deseo pero Ángela me lo había puesto muy difícil en los últimos días seguramente de forma inconsciente.

Pero su marcha me dejaba muy solo aunque fuesen pocos días. El sábado por la noche, ya sin ella quedé con dos compañeros del equipo para tomar algo pero evidentemente me volví pronto para poder dormir en una residencia en la que apenas quedábamos una decena de residentes. El ambiente era solitario y triste y vino acompañado para profundizar esa sensación de una tormenta de verano con chaparrones.

El domingo se me hizo realmente tedioso estudiando y comiendo solo. La siesta que me pegué me dejó tan aturdido que aprovechando que las tormentas habían refrescado el calor de los días anteriores me pasé un par de horas corriendo y haciendo ejercicio antes de estudiar un rato y cenar en un comedor casi vacío.

Como me había duchado tarde me demoré en el comedor. Ya salía hacia la escalera cuando noté que me llamaban:

-Luis…

Me giré para mirar a la puerta de la residencia y me encontré con una figura conocida. Esas piernas largas eran inconfudibles. Su mano se agitaba saludándome mientras que su sonrisa inundaba la estancia. Me giré para llegar a su altura mientras ella esperaba con un trolley en la recepción de la residencia. Pese a su pelo más largo y un vestidito corto estaba como siempre. No fui capaz de decir nada, sólo abrazarla. De golpe se me había acelerado el pulso. Claudia estaba de vuelta.

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