SILVIA ZALER

8

Me desperté con algo de pereza. Las cortinas de la habitación estaban echadas. Aunque no totalmente, por lo que se filtraba algo de luz. No era molesta y dejé que me fuera abriendo los ojos poco a poco. No es que yo sea romántica. En realidad, nada o prácticamente, nada. Pero no pude evitar sonreír.

Borja ya no estaba. Nunca dormía con un hombre en uno de mis viajes. Sí lo había hecho en mi casa. Pero en un lugar donde pueda haber testigos, clientes o compañeros de trabajo, no.

Me estiré abriendo todo lo que pude los brazos y piernas. Estaba desnuda todavía. Volví a sonreír al recordar a Borja. No es que fueran un par de polvos de los de recordar. Tampoco estuvo mal, pero yo estaba acostumbrada a follar con profesionales y tipos que se ganan la vida así. Por lo tanto, Borja salía con un aprobado. Nada más.

Y no es que el chico no le pusiera ganas ni imaginación. Lo hizo, y la verdad que se lo agradecí. Pero seguía sin ser comparable a un profesional. A Carlos o a Octavio, por ejemplo.

Me levanté con un bostezo que me duró hasta la ducha. Me dejé llevar por el agua caliente. Me tonificaba y despertaba. Me vi un ligero moretón en un muslo. Tuve que sonreír porque no sabía si había sido Octavio, Carlos o Borja. Menuda noche, me dije.

Me había tirado a tres tíos en menos de seis horas. Aquel pensamiento, lejos de preocuparme, me hizo sentirme bien. No tenía que rendir cuentas ante nadie.

El agua seguía cayendo y me sentí relajada. Con Borja, aunque estuviera lejos de Carlos y Octavio, había estado decentemente bien. Era un hombre que follaba con asiduidad. Tenía buen cuerpo y de cara era bastante guapo. Vestía elegantemente y sabía mantener una conversación. En ese sentido, superaba con mucho a los dos profesionales.

Conmigo intentó ser cortés hasta cuando me la metía. Esperando a comprobar mis reacciones para ver si me follaba fuerte o con un ritmo más pausado. Recordé cuando entramos en la habitación. En vez de irse a por mí y empezar a besarme mientras me desnudaba, esperó mi reacción.

No podía pedirle que fuera como Carlos que conocía mis apetencias. Pero en ese momento, prefería a mi escort. Tampoco puedo decir que Borja no supiera besar, abrazar o desnudar a una mujer. Lo hacía, y bastante bien. Solo que su nivel estaba debajo del profesionalismo.

Conseguí que me desnudara. Más o menos, como me gusta. En medio de besos y caricias. Yo hice lo mismo. Me agaché hasta colocarme de rodillas y le desabroché la bragueta y el cinturón.

Salió una polla ya dura y de tamaño normal. Afortunadamente, algo más gruesa que la de un tipo normal de bar. Admito que eso me alegro e hizo que me concentrarme más en él.

Decidí ser yo quien tomara las riendas. Si íbamos a follar, que fuera según mis reglas. Empecé a chupársela. Primero con suaves lametones y toques de mi lengua. Aquello le excitaba. Luego le comí, literalmente los huevos. No eran tan grandes como los de Carlos, por ejemplo. Pasé la lengua varias veces y por todo el contorno de sus testículos. No iba depilado, aunque sí es verdad que se rasuraba. Ver un matojo de pelambrera toda rizada y larga no me suele gustar. Entiendo que no se afeiten los huevos, pero que no se pasen de vez en cuando la tijera o la maquinilla, no me gusta.

Borja sí debía hacerlo. Pero aquella noche, al menos, no. Calculé que un par de días o así. En su caso no me importó demasiado y seguí lamiendo hasta que conseguí endurecer sus pelotas. Luego engullí la polla. No tuve complicación en meterme de golpe más de la mitad. Succioné, chupé, pasé mi lengua y noté su excitación.

Me erguí de nuevo y terminé de quitarme la ropa con su ayuda. Ya estaba más atrevido y se lanzaba algo más. Nos fuimos a la cama y sin pedírselo, me empezó a comer el coño. Sorprendentemente no lo hacía mal. Aquí debo decir que he visto a muy pocos hombres que lo hagan decentemente. Salvo, claro está, profesionales. La mayoría con los que me he acostado se limitan a chupetear y se olvidan de lamer y tocar el clítoris. Borja, sin ser un consumado experto, al menos, supo dónde dirigir esos movimientos.

En ese momento me alegré de tenerlo en la cama. Tras los polvos con Carlos y Octavio, dudaba de que fuera capaz de excitarme. O, mejor dicho, de hacer que me corriera en poco tiempo. Por suerte, Borja lo hacía bastante bien.

Me costaba llegar al orgasmo, claro. Pero supe que lo iba a lograr. Y posiblemente, hasta par de ello. Con eso remataba una noche. Y no precisamente, una noche más…

El efecto que tuvo la comida que me hizo fue positivo. No solo consiguió erizarme la piel y querer un nuevo orgasmo. También consiguió que él mismo se animara al comprobar que me gustaba. Se atrevió a comerme el culo, también. Me gusta mucho. No es que practique el sexo anal con frecuencia. Más que nada, porque hay que prepararse. No es como en las películas que ensartan a las chicas sin apenas preparación. Para un buen anal hay que lubricarse y, al menos, en mi caso, estar dispuesta y muy cachonda. No digo nada de la limpieza, que es absolutamente necesaria. El hecho es que me lo comió con ganas. Lo disfruté y me puso muy a tono.

En recompensa o como lo queramos llamar, le hice una mamada espectacular. Sé comer pollas. Lo he hecho muchas veces y comprobado las reacciones de los hombres. Muchos, menos sutiles, y de reacciones físicas más primarias. A Borja, por ejemplo, le gustaba sentir una buena succión. Mi boca llena y las caricias en sus huevos. Que subiera y bajara sin sacarme la polla de la boca. Que alternara con lametones tras haberla tenido chupado un buen tiempo. Reaccionaba a las expresiones lujuriosas. Y yo sé poner cara de muy puta. Posiblemente lo sea, porque disfruto. Me gusta chupar pollas, sentir esa carne que palpita y que está loca por entrar en mi coño.

Lo único malo era que me di cuenta de que, si me esmeraba en exceso, Borja se correría sin remedio. Y como no sabía lo que aguantaba, me tuve que contener. Hice lo que pude para retardar al máximo su orgasmo. Creo que lo hubiera conseguido a poco que me esforzara con el fenomenal trabajo bucal que le hice. Luego resultó que Borja podía con un segundo y sin demasiado descanso entre ese y el primero. Pero en ese momento, al desconocerlo, preferí ser conservadora.

Me tumbó en la cama. Él de rodillas y yo con la cabeza en la almohada. Me penetró despacio al principio, dejando que resbalase su polla dentro. Se colocó condón, por supuesto. Nunca follo con desconocidos sin protección. Con algún profesional permito hacerlo a pelo. Pero es que también les pido un certificado de sanidad en donde me demuestren que no tienen venéreas. Carlos, por ejemplo, se lo hace semanalmente.

Me folló razonablemente bien. Al principio demasiado despacio. Creo que intentaba medirme y comprobar si me gustaba así o más fuerte. No es que prefiera que me follen con violencia, pero sí que me empotren. Hay diferencia. Posiblemente radica en que una es con una fuerza excesiva y sin apenas respeto, y la otra es follarte con vigor y firmeza, pero sin caer en excesos o en algo bizarro. El caso es que con Borja la noche fue bien en líneas generales.

Cuando vi que estaba realmente excitado me senté sobre él, y con la vista fija en sus ojos, yo misma me introduje su polla. Lo hice lentamente. Saboreando su expresión de disfrute. Incluso nos besamos. Pero de inmediato se centró en mis pezones. Duros, y excitados. Jugó con su lengua en ellos, mientras yo ascendía y descendía con él dentro.

Gemía y hablaba por lo bajo. No entendía y tampoco prestaba atención, pero sé que dijo cosas como:

—Joder…

—Dios, qué buena eres…

—Sigue… qué bien follas.

Seguramente era lo que sentía. Aunque es posible que me quisiera halagar. Yo, en cambio, follo en silencio. No me gustan expresiones soeces o de poligonera. Gimo, respiro profundo y, sobre todo, pongo caras de puta. Y es porque me gusta. Disfruto follando. Me place sentir una polla dentro de mí. En la boca, en el coño o en el culo. Me excita sentir el placer de un hombre, sus corridas y cómo ambos avanzamos al orgasmo. Me encanta el sexo, simplemente.

De nuevo percibí que le quedaba poco para correrse. Sin embargo, a mí, bastante más. Así que decidí retrasar todo de nuevo hasta conseguir que nos acopláramos algo más. De nuevo acerqué mi boca a la suya y besé aquellos labios carnosos y bien dibujados de Borja. Era un hombre guapo, sin duda. Volví a acercarle mis pechos y los tomó sin esperar un segundo. Yo apreté mis piernas para que su erección no decayera y me moví ligeramente para que continuara excitado. Lo hice lentamente, abrazando su pene con fuerza, pero sin cabalgarlo. Estuvimos así un par de minutos. Y cuando vi que yo avanzaba en mi excitación, reanudé los movimientos pélvicos y de cadera. Noté en su cara que recuperaba su vigor.

—La hostia… sigue…

Ante su sorpresa, me salí de él y me quedé a gatas en la cama. Con una mirada le invité a que me penetrara y tomara el mando. No lo dudó. En un momento, Borja estaba de rodillas detrás de mí hundiendo su pene con más fuerza de la que me imaginaba. Creo que entendió que necesitaba ese tipo de follada. Le dejé hacer y marcar un ritmo. Su polla entraba y salía a buena velocidad y chocaba con mi culo con fuerza. Logré acompasarme a sus acometidas y ya no pude detener su orgasmo.

Tras varias entradas de su polla en mi vagina con más rapidez, se la sacó, arrojó el condón al suelo con habilidad, y me salpicó la espalda y los glúteos. Algo cayó en la cama, pero hice como que no me daba cuenta. En ese momento, pensé que llamar de nuevo al servicio de habitaciones para que me cambiaran las sábanas por segunda vez, iba a resultar extraño.

Aún con la corrida en mi cuerpo, me agarró de los tobillos y me arrastró ligeramente hasta que mi culo quedó en el borde de la cama. Y él, de pie, empezó a pajearme con sus dedos. Se tumbó encima de mí sin tener en cuenta su propio semen.

Aquello me excitó mucho. Y con la combinación de sus dedos en mi coño y en mi culo, conseguí correrme en un par de minutos. Fue un buen orgasmo. No como los de Octavio o Carlos, pero muy decente. Fue, incluso, largo. Ambos gemimos de gusto. Se acercó a mi oreja y la mordisqueó.

—Eres la polla… —me susurró.

Acaricié su cabeza y lo besé. Juntamos de nuevo saliva y las lenguas. En ese momento, yo ya quería más. Y Borja, estoy convencida de que ya se veía en un nuevo polvo conmigo.

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