SUSURRO

Versión de ella

                Hola me llamo Reyes y estas es la historia de cómo jodi mi vida y la de mis seres queridos por una noche de sexo y eso que él me lo advirtió.

                Tal como sabéis por una enfermedad coronaria mi marido no es capaz de tener relaciones sexuales, eso le hizo entrar en una espiral de dudas sobre nuestra vida, diciéndome que yo llegaría a engañarle, le decía que no necesitaba el sexo, que con él estaba bien, que le quería y que no se volviera loco.

                Pero la verdad que después de tener una vida sexual en la que prácticamente todos los días hacíamos el amor, a pasar a no hacerlo nunca, me tenía algo necesitada de esos instantes de pasión.

                Os voy a contar un poco como nos conocimos y nuestra relación.

                Nos conocimos en una discoteca de moda en aquella época para gente trabajadora, yo tenía 15 años y el 19, nos presentó un amigo común, el venia todos los fines de semana y me buscaba para bailar y charlar, al principio no me llamo la atención y le daba bola porque era simpático y gracioso, pero con el paso del tiempo con su conversación inteligente, sus gracias y sobre todo como me miraba me empecé a fijar un poco más en él y me di cuenta de que era guapo, no guapo de cachas con abdominales, la verdad que era atlético pero sin exagerar, no muy alto, sobre 1.75, moreno, con el pelo liso y corto, vestía de modo informal, pero lo que más me impacto, era su seguridad, su porte, su saber estar en cada situación.

El conforme pasaban las semanas me miraba de una forma más cariñosa, me trataba como a una persona madura no como a una niña, la verdad es que para mi edad yo estaba muy desarrollada, no sé cómo paso, pero poco a poco fui mirándolo de otra manera, no sabía describirlo, pero me gustaba estar con él, deseaba que llegara el fin de semana para verle, el corazón se me aceleraba cuando me hablaba y sobre todo cuando me miraba con esos ojos oscuros, el día del trabajador, estábamos hablando en una esquina yo a punto de irme cuando se  acercó a mí y muy suavemente rozo sus labios con los míos, después yo me separe le mire a los ojos y fui yo la que lo beso, fue un beso apasionado, pero a la vez delicado, cerré los ojos y me deje llevar, a partir de ese momento comenzamos a ser novios.

                En aquella época él estaba estudiando en la universidad a unos 70 kilómetros de nuestra ciudad, estudiaba ingeniería y empresariales a la vez, era muy inteligente, bastante por encima de la media, nos llamábamos todos los días,  todos los días me escribía cartas, de aquella aun no existían las redes sociales ni los medios de comunicación actuales, eran cartas románticas, apasionadas, llenas de vida, en ella me contaba absolutamente todo lo que le pasaba en su día a día, prácticamente lo dedicaba a estudiar, quería sacar las mejores notas, yo la verdad que lo de estudiar lo llevaba muy mal, no me llamaba, dedicaba más tiempo a mis amigas y a leer sus carta y escribirle que a los estudios, mis padres se enfadaron con mis notas y me castigaron un mes sin salir de casa, y José en lugar de enfadarse  con mis padres, se enfadó conmigo, me llamo por teléfono y me dijo que si no quería estudiar una carrera, estudiar una formación profesional, él se encargaría de mandarme los folletos y si yo quería me aconsejaba, al final opte por una maestría de secretariado, por mediación de sus padres me inscribieron en la mejor escuela de secretarias de la ciudad, mis padres en cuanto se enteraron se alegraron de mi cambio y me preguntaron el porqué, yo les conté lo de José.

Al principio se mosquearon por la diferencia de edad, pero en cuanto les conté que fue el que me animo a estudiar de nuevo y enseñarle a mi madre alguna de sus cartas, se dieron cuenta de que era una persona sensata y seria, lo único que me pidieron era que fuera prudente en el aspecto del sexo.

En el aspecto del sexo, el me dejo muy claro que las pautas al principio las marcaria yo, que el solo me haría lo que yo le pidiera, pero que jamás me penetraría hasta que cumpliera los 18 años.

Yo al principio no lo entendí, pero él me lo explico, me dijo que a pesar de ser mentalmente una mujer y estar muy desarrollada para mi edad,  él prefería esperar.

Cumplió su palabra, solo hacíamos lo que me apetecía en cada momento, al principio caricias, besos, rozamientos, pero a mí me faltaba más, el día que me beso los pechos por primera vez creí ver el cielo, no es que José fuera el primer chico que me tocaba, pero él lo hacía de una forma delicada, recorría con sus labios mis aureolas y hacia círculos a su alrededor, sujetaba mis pezones con sus labios y luego los mordía muy suavemente, y con su lengua los apretaba, dios me ponía un montón, otras veces comenzaba besándome las orejas, mordisqueaba mis lóbulos y eso me ponía tan cachonda que le pedía que me follara, pero él me decía que tenía intención de cumplir su promesa, si cuando me beso los pechos por primera vez me derretí, cuando acaricio mi coño fue lo máximo.

 Era un día que llevaba falda, estábamos en su coche, bueno el de su padre, nos estábamos besando cogí su mano y las lleve a mi rodilla, el comenzó a acariciarla, yo me acerque a su oreja y le pedí por favor que me masturbara, que lo deseaba con locura.

 El en lugar de ir directamente a mi sexo, bajo su mano a mis pies, me quito los zapatos y comenzó a masajearme los dedos, subió lentamente por la planta del pie, me hacía cosquillas, pero la vez sentía una sensación extraña, siguió subiendo por mis piernas haciendo pequeños círculos en mis gemelos, joder que sensaciones, siguió subiendo muy lentamente, deteniéndose en cada poro, llego a mis muslos y no me los acaricio, me los masajeo con una delicadeza, con una pasión, que sentí que mi cuerpo se fundía, que mi mente se desvanecía, que me relajaba como nunca antes en mi vida, estuvo masajeándome como tres minutos, yo ya no podía más, cogí su mano y quise llevarla a mi coño, pero él me dijo que no tuviera prisa, que así sería más placentero, al cabo de los tres minutos, me dijo que me quitara las bragas.

 Lo mire y sin dudarlo me las quite, el comenzó de nuevo la misma operación pero de una forma más rápida, que no menos delicada, volvió a llegar a mis muslos y volvió a masajearlos, yo ya no podía más, interiormente le rogaba que me tocara el coño, quería decírselo, pero no me salían las palabras, solo era capaz de concentrarme en el placer que me estaba dando, comenzó a subir hacia mi sexo, llego a los labios superiores, los acaricio con la yema de su dedo meñique, sin separarlos, solo acariciarlos, lentamente, subía y bajaba, yo ya suspiraba, cerraba los ojos y pensaba que no podía sentir más placer, pero me equivocaba, separo lentamente los labios con dos dedos y comenzó a acariciarme por dentro, joder que placer, en cuanto poso sus dedos en mi clítoris, me corrí.

Mi primer orgasmo, fue brutal, me  tense toda, me puse totalmente rígida sobre el asiento del coche, me salían lágrimas de los ojos, apretaba los labios, comencé a soltar liquido por el coño, y no paraba, y fue cuando grite de placer, en mi vida sentí tanto placer, le pare la mano, no podía más necesitaba un respiro.

 Él lo entendió y paro, dejo de acariciarme el coño y paso a acariciarme las mejillas, mientras dejaba de temblar por el placer, pasaron como cinco minutos en el que no se movió, solo me acariciaba la cara, solo miraba para mí, abrí los ojos y lo vi, tenía una cara de felicidad como si el orgasmo lo hubiera tenido el, me sorprendió, acerque mis labios a los suyos y lo bese con verdadera pasión, lo sentía más mío, mas, no sé cómo describirlo, más dentro de mi sin  que me hubiera penetrado, solo con sus caricias, me transporto a un nirvana.

Sus padres no es que fueran millonarios, pero emigraron a Venezuela e hicieron un pequeño capital que les permitió comprar unos pisos y locales y vivir de los alquileres, aunque el padre no renuncio a trabajar.

A veces íbamos a uno de esos pisos que quedaban vacíos, nos desnudábamos  y disfrutábamos de nuestros cuerpos sin llegar a la penetración, la primera vez que vi su polla erecta me impresiono, era gruesa, y larga, no era capaz de cubrirla con mi mano y me costaba abarcarla, como nunca antes había visto una polla pensé que esa medida era la normal.

Así fue pasando nuestra vida, por la semana los dos estudiando y procurando sacar los estudios y los fines de semana disfrutando el uno del otro.

                Llego la semana en que  cumplía dieciocho años y José me dijo que tenía una sorpresa para mí el fin de semana, pues el cumpleaños coincidía en un día de semana,  pero el día de mi cumpleaños me llego un ramo de flores con una nota suya.

¡Te amo! Eres lo más importante en mi vida, y cuando tú quieras podemos dar el siguiente paso.

                Solo leerlo y me moje toda, por fin íbamos a hacer el amor, me iba a follar cuando yo quisiera, fueron pasando los días, yo totalmente loca de deseo, hablábamos todos los días, y yo le decía que estaba loca por estar con él en una cama y que me penetrara, llego el viernes, como siempre José y yo quedamos en una cafetería cerca de mi casa.

                Reyes me dijo, este sábado iremos a comer tu familia y la mía a un restaurante y allí te daré tu regalo y además una sorpresa, yo no podía con los nervios, si por mi fuera me tiraría en ese mismo instante sobre él, me  desnudaría y le dejaría que me follara delante de toda la gente, yo se lo dije, se rio y me dijo tranquila mi amor, todo llegara, ahora vamos a disfrutar de este fin de semana tan especial, nos despedimos con un beso y cada uno para su casa.

                Llego el sábado a mediodía nos juntamos las dos familias, mis padres, mis dos hermanas y mi hermano pequeño por nuestra parte, sus padres, su hermano y hermana por la de él, en un céntrico restaurante, nuestros padres ya se conocían de comidas anteriores, la verdad que entre ellos hubo buen rollo desde el principio ambos matrimonios congeniaron, nos sentamos en la mesa pedimos cada uno lo que nos apetecía, la comida fue de lo más agradable, al llegar a los postres, José llamo la atención de todos.

  • Bueno familia: estamos celebrando el cumpleaños de Reyes y tengo para vosotros dos sorpresas y para Reyes dos regalos, la primera sorpresa es que ya tengo un trabajo bien remunerado, una empresa que tiene relaciones con la universidad necesita un ingeniero y mi rector me recomendó, comienzo a trabajar este lunes y lo más impórtate es que puedo seguir estudiando, la otra sorpresa es que cuando termine la carrera y realice el servicio militar la empresa, si cumplo con sus expectativas, me trasladara aquí para poder estar cerca de vosotros.

Todos nos quedamos alucinados con sus noticias, nuestros padres le felicitaron a su madre  le caían las lágrimas, mis hermanos y sus hermanos se levantaron para felicitarle, y yo, yo me levante me tire a su cuello y comencé a besarlo sin que me importara la gente que estaba alrededor, él se echó a reír y me dijo que me sentara de nuevo que aún faltaban sus regalos.

Nos sentamos, pedimos los cafés y licores, y José pidió que nos trajeran champan, me fueron dando los regalos poco a poco, primero mis padres, los de él, mis hermanos y los suyos, cuando todos me dieron los regalos, solo faltaban los de José.

Tomamos los cafés se sirvieron los chupitos o las copas, todos se pusieron a charlar y yo estaba súper nerviosa, faltaban los regalos de José, no sabía cómo sentarme, no sabía que pensar, parecía que no tuviera intención de darme sus regalos.

En cuanto terminamos los cafés, él se levanto fue llenado las copas de champan de cada uno de nosotros, dejándome a mí la última, al llegar a mi lado y llenar mi copa, se acercó a mi oído y me dijo.

  • Reyes te quieres casar conmigo.

Me empezaron a caer las lágrimas, no era capaz de hablar, empecé a temblar, José se asustó, temía que me diera un ataque de pánico, salte sobre él y le dije que sí, que por mi mañana mismo.

                Nuestra familia entendió al momento lo que pasaba y entonces todo se convirtió en un baño de lágrimas, mi madre y la de él se abrazaban llorando, mis padres se estrechaban las manos, nuestros hermanos aplaudían, José saco de su bolsillo un estuche, con dos añillos, exactamente iguales, me puso uno en el dedo, y me dio el otro para que se lo pusiera, nada más ponérselo, el me abrazo, me beso con pasión y todo la gente del restaurante comenzó a aplaudir.

                En cuanto nos calmamos un poco, paso a contarnos la segunda sorpresa, con el aval de sus padres había comprado un piso en una nueva zona de la ciudad, y que a partir de ese día, él y yo pasaríamos a vivir en la nueva casa.

                El nos conto que tenia todo pensado, que con el sueldo de su trabajo le daba para pagar la hipoteca y aun quedaba algo de dinero para vivir los dos, que ambos seguiríamos estudiando y cuando acabara la carrera y se trasladara definitivamente a nuestra ciudad nos casariamos.

                Terminamos de comer y fuimos todos a ver el nuevo piso, estaba un poco alejado del centro, pero con la evolución de la ciudad, Jose decia que en pocos años seria una zona mas céntrica, que tenia muchas zonas ajardinadas, colegios nuevos, un centro comercial con todo lo necesario para vivir, a mi familia le encanto, lo mas curioso es que con algunos muebles de los pisos de sus padres lo tenia mas o menos amueblado, tenia cuatro habitaciones, un comedor, un salón, cocina y dos cuartos de baño, trastero y garaje, a mi familia le encanto.

Nos despedimos de nuestra familia sobre las ocho de la noche, y Jose me propuso dar una vuelta por el barrio para conocerlo mejor, vimos el centro comercial, la escuela,  los jardines, pero yo solo deseaba llegar a casa para que me hiciera el amor por primera vez, necesitaba que me penetrara, estaba tan excitada que le pedi por favor irnos a casa, el se echo a reir, y me pidió que me tranquilizara, que antes cenaríamos en un restaurante del barrio que le recomendaron y que después iríamos a casa, la cena estuvo genial, bebimos vino, y yo no paraba de acariciar sus manos, sus brazos, de tirarme a su cuello, de besarlos, estaba tan cachonda que me lo follaria allí mismo, terminamos de cenar y fuimos para el piso paseando, el con su brazos por encima de mis hombros y yo abrazada a su cintura, solo pensaba en lo que iba a pasar al llegar a casa.

                Nada más abrir la puerta de casa me abalance sobre él, le comencé a desabrochar la camisa, el me pidió calma, que me sosegara, que lo haríamos pero a su manera, fue la primera vez que el marco las pautas y aun es hoy el día que se lo agradezco, me llevo de la mano a la habitación, me beso apasionadamente, me acaricio la cara, los brazos, el cuello y me fue diciendo lo mucho que me amaba, lo que sentía por mí, yo me fui tranquilizando, me desnudo lentamente, como si no tuviera prisa, se deleitaba mirándome, conforme me iba quitando prendas, me acariciaba, me besaba, cuando estuve totalmente desnuda, se separó de mí, mi miro y suspiro, me dijo que era perfecta, que jamás sería capaz de borrar la imagen de mi cuerpo.

                Me tumbo en la cama, y se empezó a desnudar, yo admiraba aquel cuerpo, no es  que fuera el tío más guapo que viera en mi vida, pero para mí era Adonis, su vientre plano, sus brazos musculados, sus piernas torneadas, su piel morena, su pelo liso, sus labios prominentes, sus ojos tan oscuros, pero lo que más me ponía era su pene, era, no sé cómo decirlo, hermoso, por hablar con mis hermanas mayores, sabía que el pene de mi novio  era más grande que la media, haciendo cálculos diría que unos 22 cm. y tres dedos de grosor, tenía miedo que me hiciera daño cuando me penetrara.

                Se acostó a mi lado y empezó a recorrer todo mi cuerpo con su boca, besaba cada rincón de mi cuerpo, se detenía en las zonas  erógenas, y cada vez me excitaba más, solo deseaba que me penetrara, no pensaba en otra cosa que en sentir aquella verga dentro de mí, pero él no tenía prisa, me decía que aquella primera vez aunque fuera un poco dolorosa, fuera también especial, yo sabía que sentiría dolor en cuanto me rompiera el himen, pero me daba igual, solo deseaba ser poseída y poseerlo, pero él seguía sin tener prisa, se detuvo en mis pechos, lamio mis pezones que estaban duros y erectos como alfileres, fue bajando por mi cuello, llego a mi vientre, me lamio el ombligo cosa que me pone a mil, si era posible ponerme más cachonda en ese momento, siguió bajando y llego a mi sexo, lo tenía poblado de pelo, él nunca dijo si lo prefería rasurado o peludo, con delicadeza aparto con dos dedos los pelos y comenzó a lamer mis labios esteriores, la verdad que me gustaba, pero no me llenaba, le pedí por favor que parara que aquello no me excitaba lo suficiente, él lo entendió, y paro, se levantó me miro a los ojos y me pregunto de nuevo si estaba segura, yo asentí con la cabeza, no podía esperar más, se colocó un preservativo, se acercó a mi despacio, coloco su pene enfrente de mi coño y muy lentamente comenzó a penetrarme, me dolía, el paraba, reculaba y me miraba, esperando mi aprobación, yo con la mirada le decía que continuara, volvía a entrar en mi lentamente, cada vez un poco más, volvía a salir y volvía a repetir la operación, así estuvo un rato, de repente note como llegaba a mi himen, y lo frene, él se detuvo en seco, me miro a los ojos y espero, entonces fui yo la que empuje mi pelvis hacia él, con fuerza, note un dolor dentro de mí, como si algo se rompiera, él no se movía, me miraba con dulzura, me susurraba al oído, me decía que me amaba que si quería se salía y lo dejábamos por hoy, pero yo volví a dar otro golpe de caderas y entro otro poco más, le susurre que siguiera que ya no me dolía tanto, el comenzó un mete saca lento, pausado, con delicadeza, notaba como entraba parte de su ser dentro de mí, pero también notaba que no penetraba  con toda su verga, que no tenía intención de metérmela toda, le pregunte por qué y el me contesto, que deberíamos ir poco a poco para que mi coño se fuera adaptando a la longitud y el grosor, yo lo entendí, pues si intentaba meter un poco más de lo que tenia dentro, me dolía, el me pregunto si quería que siguiera y con un susurro le dije que por favor no parara, que me follara.

                Agarre sus glúteos y lo empuje hacia mí, el comenzó a metérmela lentamente de nuevo con un movimiento acompasado, entraba y salía sin meterme toda esa masa de musculo, yo intentaba adaptarme a su ritmo, notaba un placer que nunca en mi vida había sentido, cerraba los ojos y sentía aquella verga, comencé a gemir, mi cuerpo temblaba, el no paraba de hablarme de besarme el cuello, los labios, las orejas, de entrar sin parar, de hacerme sentir querida y poseída, llevaba como 20 minutos amándome, me volvía loca, gemía, gritaba, la arañaba la espalda, las nalgas, le pedía por favor que no parara, que me sentía llena, que nunca había sentido tanto placer.

 Al cabo de otros diez minutos me tense, creí que me moría, mi cuerpo sintió como una sacudida eléctrica, mis labios vaginales apretaron aquella verga y me corrí, de forma abrupta, exagerada, no paraba de gemir de gritar, de llorar, me convulsionaba, mis piernas y mis brazos temblaban, mis ojos giraban dentro de sus orbitas.

 El paro y me dejo disfrutar de aquel momento, en ningún momento salió de mí, solo se detuvo, se levantó un poco con ayuda de sus brazos sin salirse y me vio, me contemplo.

 Al cabo de unos minutos, abrí los ojos y él estaba llorando, me miro, le pedí que siguiera que necesitaba volver a sentir esa sensación tan nueva, el comenzó de nuevo, joder que placer, me penetraba esta vez con un poco más de fuerza sin excederse, notaba que el también necesita desahogarse, pero aguantaba, no paraba, esperaba mi siguiente orgasmos para tener el suyo, al cabo de 10 minutos volví a sentir esa sensación de placer extremo, me tense de nuevo, note como las neuronas de mi cerebro se concentraban en un solo punto, para darme ese placer increíble y nos corrimos los dos a la vez, jadeábamos como posesos, temblábamos, su eyaculación fue prolongada, no paraba de bufar, de decirme que me amaba, de darme las gracias por ese momento de placer, se dejó caer sobre mí un instante, me beso el cuello, y me dijo que me amaba.

Cada vez que volvíamos a hacer el amor, el penetraba un poco más, con paciencia, esperando siempre mi consentimiento, al cabo de un mes me entraba toda y os puedo jurar que el placer que sentía con aquello dentro de mí era increíble, me daba unos orgasmos bestiales, era capaz de sacarme dos o tres orgasmos antes de correrse, lo que si era que él quería experimentar, pero a mí me daba miedo, no sé cómo decirlo, intentare explicarme, sentía que con me penetrar el coño me llegaba, que no necesitaba nada más, no me sentía cómoda cuando intentaba comerme el coño, no es que no me gustara, pero me sentía rara, intento una vez penetrarme por detrás, pero sentí tanto dolor nada mas empujar que desistió, me gustaba chuparle la polla, pero no que se corriera dentro de mi boca,  me gustaba que me penetrara poniéndome a cuatro patas, pero me cansaba pronto, por lo que no lo hacíamos muy a menudo, pero él no protestaba nunca, ni ponía mala cara, solo me decía que le llegaba así.

                               Dos años después de cumplir los dieciocho y una vez terminado nuestros estudios nos casamos en una ceremonia sencilla  por lo civil, no tuvimos luna de miel, pues el tenia que incorporarse a su nuevo puesto en la empresa, mayor cargo y mayor sueldo, yo por mi parte entre de secretaria en un bufete de abogado.

                Nuestra vida sexual era plena José prácticamente me hacia el amor todos los días, me encantaba, que estuviera pendiente de mí, intentaba cumplirme todos los caprichos, aunque a veces se tenía que poner serio.

Al cabo de un año quede embarazada de nuestro primer hijo, Denis, dos años después vino la niña Laura, y tres años después Adrián, tuvieron que ligarme las trompas pues los tres nacieron de cesárea y era muy peligroso que me quedar de nuevo embarazada, José me dijo que él se hacia la vasectomía, pero yo le dije que no.

                Éramos felices, José estaba contento con su trabajo, yo quise dejar el bufete para dedicarme a nuestros hijos, José me dijo que no era necesario que dejara de trabajar, que entre los dos podríamos bien, pero yo estaba decidida y no se discutió más.

                Pero al poco de cumplir los 40 años José sufrió un infarto en el trabajo, no fue nada grave, pero si preocupante.

                Este hecho le hizo replantearse la vida, y decidió que era el momento de correr por su cuenta, pidió el finiquito en la empresa y con ese dinero y con lo que teníamos ahorrado monto una empresa de ingeniería informática y robótica, al principio le costó conseguir clientes, pero en  cuanto demostró sus habilidades, y su seriedad, empezaron a lloverle los pedidos, tuvo que aumentar la plantilla, y ampliar las oficinas, todo iba sobre ruedas, nuestros hijos crecían y poco a poco se fueron independizando, todos muy pronto, eran buenos estudiantes y no les fue difícil conseguir trabajo, aunque algunas veces con la ayuda de su padre.

                José tenía 52 años cuando todo se complicó, en una revisión cardiológica, le descubrieron un problema en una arteria, que solo tenía dos soluciones, una era una operación con un 40% de posibilidades de que saliera mal y otra era un nuevo fármaco que entre los efectos secundarios estaba la pérdida del lívido, José estaba dispuesto a operarse, pero entre sus hijos y yo le convencimos que optara por la medicación, a regañadientes acepto, pero esa misma noche en casa, me dijo si la medicación no afectaría a nuestra relación, pues con la falta de sexo, es posible que yo perdiera interés, yo le dije que no necesitaba el sexo que solo lo necesitaba a el vivo, lo acepto.

                Pasaban los años y cada día éramos más felices, nuestros hijos prosperaban, y nuestra hija nos dio nuestro primer nieto, éramos abuelos, José disfrutaba como un loco de ese regalo, al cabo de dos años Laura nos dio nuestro segundo nieto, todo era felicidad, como regalo José me permitió arreglar el piso a mi gusto, lo cambie de arriba abajo, el no dijo nada, aunque sé que algunas de las reformas no le gustaban, no quisimos cambiarnos de barrio, llevábamos toda la vida en él.

                No sé cómo paso, pero José se empezó a paranoia con que yo necesitaba sexo, que si yo no se lo daba, que lo buscaría fuera, que se acostaría con otro hombre, yo le contestaba que estaba bien que no necesitaba el sexo, que el con su cariño me llenaba, que no se volviera loco, que todo estaba bien, que disfrutáramos de nuestros nietos  que se olvidara de aquellas tonterías. El me hizo caso y nos olvidamos del asusto, se dedicó a su empresa y a mí.

                Llegaba a casa cenaba, charlábamos de las cosas del día, le contaba de nuestros nietos, me besaba con pasión y se  acostaba, yo me quedaba viendo la tele y algunas veces viendo alguna película con escenas sensuales, me terminaba por masturbar, lo necesitaba, a pesar que le decía a José que no, pero había momentos que lo necesitaba.

                El hablo con su médico y le pidió Viagra, pero la cosa no fue bien, no tenía una erección y si la tenía le duraba poco tiempo, al cabo de dos intentos dijo que no le intentaría más que nuestra vida sexual estaba terminada y como yo le había dicho que no era importante en mi vida, pues se olvidó del tema, pero en el fondo tenía dudas.

                Fueron pasando los meses y nuestra vida a pesar de no tener sexo era plena o eso creía yo, él me amaba, me lo demostraba todos los días con besos, caricias, me colmaba de detalles, me llevaba de cenas románticas y a pesar que llegaba los fines de semana cansado, me cumplía uno de mis mayores placeres, el hacer rutas forestales, todos los sábados me llevaba a hacer una ruta distinta, cogíamos el coche y me lleva a cien kilómetros para hacer una ruta que no conocía, se pasaba la semana buscando rutas nuevas, siempre para mi deleite, la verdad que en ese aspecto cumplía de sobra.

                Pero yo aunque le decía que no, me faltaba algo y ese algo era esas sesiones de sexo

                Con el tiempo me acostumbre a masturbarme en las noches mientras miraba la televisión pensando en José, en cómo me penetraba, como me acariciaba, como recibía aquella tranca dentro de mí, pero conforme avanzaba mi mente me llevaba a otros sitios a situaciones morbosas con otros hombres que miraba en la calle, en las rutas, en las cenas a las que me llevaba mi marido, no lo podía evitar, era superior a mí, era esperar a que José se acostara, y llevar mi mano a mi sexo para masturbarme pensando en ese chico con el que me cruce en la calle, en ese hombre que estaba al lado de nuestra  mesa mientras cenábamos, en ese grupo de chavales que hacían el mismo recorrido que nosotros, pero todo eso pensaba yo que era un desahogo, que jamás sería capaz de llevarlo a la práctica, a veces pensaba que eran varios los  que me usaban, si usar, pues mis imágenes eran obscenas, morbosas, sexo salvaje, algo que no tuve nunca, pues no lo necesitaba o creía que no lo necesitaba, que solo era un juego.

                No quería contar mis fantasías a José para que no se preocupara, él estaba totalmente centrado en su trabajo y en la familia, la empresa crecía de una manera que no nos podíamos imaginar, José decidió implicar a nuestros hijos en la empresa, Denis en el  departamento de ingeniería, Laura en el jurídico y adrián en i+d+i.

                Todo iba sobre ruedas, pero yo tenía una sensación de que me faltaba algo.

                Tengo un grupo de madres que nos juntamos todos los jueves para tomar un café y hablar de nuestras cosas, nos juntamos desde que nuestros hijos empezaron el  colegio, vamos que tenemos mucha confianza, sobre todo con Carlota, las dos nos confesamos todo lo que nos pasa, le conté lo que me sucedía con José y mi necesidad de tener sexo de vez en cuando, ella me dijo que se lo contara  a José, que lo siguiéramos intentando con la Viagra, que hoy en día existían muchas maneras de curar la impotencia, que entre los dos seguro que habría una solución, en cambio Amparo que estaba en la conversación pues con ella también tengo confianza me dijo, que si tanta necesidad tenía que aprovechar alguna oportunidad y me acostar con alguien aunque solo fuera una vez.

                Yo le dije que no creía que fuera capaz de engañar a José que si lo hiciera y se enteraba le destrozaría el corazón y arruinaría nuestra vida, pero ella insistía en que lo podía hacer de forma discreta de manera que él no se enterara, a mí no me convencía la idea, y me olvide de ella.

                El grupo tenemos una cena una vez al año en el que cenamos en un restaurante y después nos vamos a bailar, al final quedamos en hacerlo el próximo fin de semana, Amparo se encargaría de buscar el restaurante.

                Se lo dije a José y este no dijo nada, pero le note cara de preocupado, durante la semanas todo fue normal, el con sus muestras de cariño, yo cuidando a nuestro nieto por la mañana y preparando la comida en casa de mis suegros, pues son muy mayores y entre mi marido y yo los cuidamos, aunque ellos viven en su casa, note que sus muestras de cariño eran más efusivas, como si necesitara demostrarme que me ama con locura, no le di mayor importancia, llego el viernes, viéndome en el espejo después de ducharme me di cuenta que tenía mi coño demasiado poblado de pelo, y con el tanga, me iba a molestar, cogí una tijera y empecé a recortarlo, cuando lo tenía cortito, me mire de nuevo al espejo y me dije para mí misma, porque no te lo afeitas a ver cómo  te  queda, cogí la crema afeitar de José, me unte por todo el coño y con una maquinilla de afeitar me empecé a depilar todos los pelos en cuanto termine, me seque y me puso talco por todo el coño, me mire de nuevo al espejo y me agrado lo que vi, un coño con unos labios anchos, sensuales, me separe los labios y mire el reflejo de unos labios interiores, finitos, con un clítoris hinchado, me di cuenta que estaba excitada, baje mi mano a ese clítoris y comencé a pellizcarlo suavemente, joder que placer, comencé a pensar en que esa noche conocería a un joven que me adularia, que me viera deseable, que me cortejara, mi mano no paraba de acariciar el botoncito, mi otra mano se fue a mi pezón, comenzó a pellizcarlo, con forme me iba excitando, iba aumentando el ritmo de frotación, cerré los ojos y me imagine a ese joven penetrándome con una verga como la de mi marido y me corrí, me volví a meter en la ducha y me puse debajo del chorro para relajarme, me sentía mal por pensar esas cosas, pero a la vez relajada.

                Las niñas quedamos a las nueve de la noche en la cafetería donde tomamos el café, sobre las ocho, me duche, fui al armario y pensé que ropa ponerme, al final me decante por un vestido corto n poco por encima de las rodillas. Unas medias de seda y tacones,  cosas que  no uso a menudo, pero las chicas decidimos ir guapas por si ligábamos, cosa que decíamos todos los años en broma.

 voy a describirme un poco, mido 1.70 bien formada ni pizca de grasa, tres veces a la semana voy al gimnasio con Carlota y Amparo, además tal como os conté los fines de semana José y yo realizamos rutas rurales, tengo unos pechos normales pero que no se me caen a pesar de la edad y haber amamantado a tres hijos, pero eso se debe a mi familia todas las mujeres tenemos unos pechos rígidos y turgentes, con unos pezones grandes y unas aureolas oscuras, tengo un culo redondeado y bonito o por lo menos es lo que me dice José, unos ojos verde azulados, labios sensuales, pelo largo, oscuro, 

                José en cuanto me vio así se puso nervioso, comenzó a temblar como nunca lo vi en la vida, me asusto creí que le iba a dar un infarto, él se sentó en el sofá me volvió a mirar y me pido por favor que no fuera a la cena que tenía un palpito que algo malo iba a pasar esa noche.

                Yo le dije que se tranquilizara que no iba a pasar nada, que para que se quedase tranquilo iba a la cena, estaba una hora en la disco y me venía para casa, más que nada porque estaba realmente preocupada por su salud, pues sabía perfectamente que no iba a pasar nada.

                Él se quedó más tranquilo, me dio un beso y me dijo que me lo pasara bien.

                Salí de casa y fui andando a la cafetería, nos juntamos todas las niñas y decidimos ir en dos coches, llegamos al restaurante no sirvieron el menú, nos reíamos de las anécdotas de nuestras vidas y el vino iba desapareciendo de la mesa, yo no bebo normalmente, pero en esas cenas me tomo unas tres copas de vino que me dan un puntito de alegría.

                Terminamos de cenar y cómo íbamos un poco alegres decidimos dejar los coches y coger dos taxis que nos llevaran a la discoteca, entramos y había poca gente pues era relativamente temprano, las niñas pidieron cada una su copa y yo pedí un agua, no quería pasarme de alcohol pues como dije no soy de beber y fuimos a la pista a bailar, llevábamos como media hora bailando cuando llego un grupo de unos 20 chicos, pidieron unas copas y se metieron en la pista de baile, al cabo de un rato habíamos formado un grupo solo donde charlábamos animadamente entre todos, los chicos tendrían entre 25 y 35 años, la mayoría atléticos, altos y sobre todo muy guapos, poco a poco fuimos intimando un poco, en un momento dado me entraron ganas de ir al baño, me encamine hacia los servicios y vi a Amparo que también llevaba la misma dirección que yo entramos en los servicios, me subí la falda, me baje las bragas y me puse a mear, mientras lo hacía Amparo me dijo, Reyes, sigues teniendo necesidad de un encuentro de sexo, la verdad que en ese momento no había pensado en ello, pero en cuanto me lo dijo, no sé si sería por el vino, pues estaba con un puntito, pero le conteste que sí, entonces ella me dijo que por que no aprovechaba y me liaba con alguno de los chicos de la disco, que ella me cubría.

                Me levante como un resorte y le dije que no, que ni de broma, que no tenía intención de engañar a José, por muy necesitada que estuviera, Amparo no dijo nada, salimos y volvimos a la pista, seguimos bailando, se empezaron a formar grupos más reducidos, Amparo y yo estábamos bailando con cinco chicos realmente guapos, medirían como 1.90, atléticos, se le notaban los músculos a través de sus camisetas ajustadas, yo me estaba empezando a excitar, en mi mente se mostraban imágenes en la que esos chicos me penetraban, pero decidí dejar de pensar en ello y centrarme en el baile, uno de los chicos el más guapo se acercó a mí y se presentó.

  • Hola me llamo Juan y tú.
  • Hola soy Reyes.
  • Vienes mucho por aquí.

Yo me reí.

  • No, estamos de cena de amigas y es la primera vez que venimos.
  • Pues nosotros estamos también de cena de equipo de futbol.
  • Te apetece una copa.

Le iba a contestas que no, pero sin darme cuenta estaba caminando con el hacia la barra, se apoyó en ella, llamo la atención del camarero.

  • Tú que tomas.
  • Un ron cola.

Le pido al camarero las bebidas, y mientras esperábamos se acercó a mí, pues con el ruido de la música era difícil hablar separados.

  • Vais a estar mucho tiempo por aquí.

Iba a contestarle que yo me iría en un rato, pues tenía a mi marido en  casa esperándome, pero no lo hice.

  • Pues no lo sé, depende del ambiente.
  • Pues entonces creo que os va a dar la madrugada aquí.
  • Y eso.
  • Nosotros somos muy fiesteros y nos gusta pasarlo bien con unas mujeres tan guapas como vosotras.
  • Que zalamero eres, me alagas.

Cogimos nuestras copas y volvimos a la pista a bailar, mientras lo hacía, me decía porque mentía, por que no era capaz de irme de coger mi bolso y marcharme a casa como le prometí a José, pero la verdad es que estaba cómoda rodeado de aquellos hombres tan guapos, seguíamos bailando, divirtiéndonos, a mí me encanta bailar pero a José no le llama mucho la atención y además con su enfermedad se cansa muy pronto,  paso como una hora y yo estaba cansada, le hice una señal a Amparo indicándole que me iba a sentar, cuando me di cuenta que Juan caminaba detrás mía en dirección a nuestros sofás, me senté y él se sentó a mi lado.

  • Cansada.
  • Si un poco, es que no salimos a menudo a bailar, además no tengo costumbre de beber y el ron se me está subiendo por la cabeza.

Él se acercó un poco más a mí, pues con el ruido de la música casi no nos oíamos.

  • Perdona que dices.
  • Que no estoy acostumbrada a bailar muy a menudo y el ron se me sube a la cabeza, no soy de beber.
  • Y se puede saber de qué os conocéis.
  • De cuando nuestros hijos iban al colegio, éramos miembros del AMPA.
  • A Vale y que suerte que os juntarais un grupo de madres tan guapas.
  • Sigue alagándonos, que me encanta que me adulen.

Yo no sé porque decía aquellas tonterías, no lo entendía, lo que si entendía es que mi coño se estaba mojando viendo a aquel chico y con lo que me decía.

  • Sabes que eres muy guapa, que tienes un sexapil que vuelve loco a cualquier hombre.
  • No digas tonterías, soy una mujer normal, madre de familia con nietos, vamos una abuela.
  • Ya me gustaría a mí ligarme a una abuela como tú.
  • No si al final acabaras besándome.

De repente todas las niñas vinieron a sentarse en los sofás y vi como los chicos cogían sus copas y se reunían con nosotras, creo que fue idea de Amparo, la cosa es que empezamos todos a charlar y la verdad que los chicos eran muy simpáticos, contando anécdotas de los partidos de futbol nos partíamos a reír, en cuanto me termine la copa, Juan se levantó y apareció con otro ron cola para mí, la verdad que no me apetecía, que ya tenía ese puntito de alegría, pero por no hacerle un feo comencé a beber.

                La discoteca se empezaba a llenar y los chicos nos invitaron a otra discoteca más tranquila, ellos ofrecieron sus coches para llevarnos, nos apuntamos ocho madres, Carlota, Amparo, Rosa, Elisa, María, Helena, Mayte y yo.

                Antes de marcharnos Juan nos presentó a sus amigos, eran además de Juan, Luis, Antonio, Pedro, Mario, Yoni, Gus, Emilio, Jesús y Carlos.

                Cogimos nuestros abrigos y bolsos nos despedimos de la madres que o se quedaban o se iban y nos encaminamos a  la salida, una vez fuera nos distribuimos en cuatro coches, a mí me tocó con Juan, Luis, Antonio y Pedro, Luis era el que conducía, delante de copiloto iba Antonio y en la parte de atrás estaba yo en el medio de Juan y Pedro.

                En aquel coche se respiraba sexo, se sentía una tensión que en cualquier momento podía estallar, yo me encogí todo lo que pude para no rozarme con ninguno de los dos chicos, estaba tan excitada que cualquier roce de sus cuerpos producía en mi temblores, solo deseaba llegar a la discoteca, bajarme del coche, estar un rato con todos e irme para casa.

                Juan alzo el brazo y lo puso detrás de mí, notaba como sus dedos intentaban acariciar mis hombros, mientras pedro disimuladamente, ponía los brazos sobre el asiento intentando tocar mis rodillas, empecé a sudar, no sabía dónde poner los brazos y los apoye en mis rodillas, parecía una colegial, toda encogida y con las rodillas pegadas y los brazos sobre ellas, Juan llego a tocarme el hombro y acariciármelo, mientras Pedro lograba acariciar mis piernas a la altura de las rodillas, les aparte la mano a los dos y les dije.

  • Estaros quietos chicos, solo vamos a tomar una copa y a bailar, solo eso, no quiero que os hagáis ideas raras, estoy felizmente casada, amo a mi marido y no quiero rollos raros, entendido.

Los dos retiraron sus manos y fue Juan el que hablo.

  • Vale Reyes, seremos chicos buenos, solo pasara lo que tu desees, pero no te enfades por que queramos intentarlo, es que estas muy buena, y nosotros estamos de noche de chicos, buscando mujeres como tú.
  • Os entiendo pero conmigo vais a dar en piedra.

Llegamos a la discoteca, aparcamos los coches y entramos, la verdad que era una discoteca de música de nuestra época, con poca gente y con un ambiente de los 70 u 80.

                Nos sentamos todos en un reservado, los chicos nos preguntaron lo que queríamos tomar, caso todas pidieron un gin-tonic y yo un agua.

                Yoni, Emilio y Gus, fueron a la barra a pedir, mientras que los demás nos fuimos sentando y colocando nuestros bolsos y abrigos en un sofá, nos fuimos a la pista con el resto de los chicos y comenzamos a bailar, como había poca gente hicimos un corro, saliendo de vez en cuando alguno a bailar en el centro, nos íbamos turnando, cuando me toco a mi sonaba una bachata, estaba bailando moviendo las caderas y agitando los brazos, cerré los ojos y me deje ir, de repente note unos brazos me abrazaban por la cintura, abrí los ojos era Juan, acompañaba mis movimientos y nos pusimos a bailar de una forma sensual, ahora acercándonos ahora alejándonos, nuestros cuerpos se juntaban y se separaban, Juan me agarro por la espalda con sus fuertes brazos me acerco a él y metió su pierna en el medio de las mías, y comenzó un movimiento de arriba y abajo, su rodilla rozaba mis piernas y me excite como hacía mucho tiempo que no lo hacía, lo deje hacer, sus manos fueron bajando lentamente hacia mi culo, su cuerpo se pegó más a mí, notaba su pecho poderoso, sus brazos me abrazaban, nuestras mejillas llegaron a juntarse, fue entonces cuando me susurro al oído.

  • Que buena estas, tienes un cuerpo para ser follado, sé que estas caliente, excitada, lo noto en tus gestos, en tus movimientos, en tu respiración, déjate llevar,  no intentes resistirte, sabes que lo deseas.

El cabron tenía razón, estaba tan excitada que tenía el tanga empapado, los pezones duros y erectos, me temblaban las piernas, pero aunque de verdad lo quería, realice un último esfuerzo y me dije a mi misma, Reyes no, se fuerte, niégate, piensa en José que está en casa esperándote, confía en ti, no seas loca, no estropees lo bonito que tienes, piensa en tus hijos y en tus nietos, no seas loca, yo me decía todo eso, pero mi cuerpo pensaba de otra manera, Juan seguía apretado a mí, susurrándome palabras que no oía, acariciando mis nalgas, pero me separe, quite sus manos de mis nalgas y me separe, me volví al corro, vi la cara de Carlota, era una cara de desaprobación, de decirme, niña céntrate no tires tu matrimonio por la borda.

                Tenía que salir de allí, tenía que salir, escaparme, me encamine a los baños, necesitaba refrescarme, sacarme aquella calentura del cuerpo, hasta pensé en masturbarme en los servicios para relajarme, entre busque un cubículo vacío, me senté sobre el retrete y comencé a analizar lo que me estaba pasando, por una parte pensaba en José, aquel hombre que llevaba conmigo toda la vida, que se desvivía por mí,  que me mimaba que me cuidaba, el padre de nuestros hijos, el hombre que lleno mi vida de un sexo pleno, que me arrancaba varios orgasmos cada vez que me hacia el amor, que me trataba con una delicadeza cada vez que me penetraba que me hacía sentirme plena, feliz.

                Por otro lado aquella necesidad de volverme a sentir deseada, de ser poseída, de notar una verga dentro de mí, conforme pensaba más me excitaba, mis pezones, sobresalían sobre la tela del vestido, era imposible que no se notaran, mi cuerpo pedía sexo, necesitaba sexo, me daba igual que tipo de sexo, salvaje, suave, bizarro, solo necesita ser follada.

                Estaba en esos pensamientos cuando escuche la voz de Amparo.

  • Reyes, donde estas. Este bien.

Salí del cubículo, me dirigí al lavamanos abrí el grifo hice una cuchara con las manos y me eche el agua a la cara, necesita enfriarme, Amparo me miraba, se daba cuenta de mis dudas, de mi excitación, de que necesitaba confirmar lo que deseaba.

  • Reyes, no lo dudes, lo estas deseando, vete con Juan, que te folle, disfruta de esta noche, desahógate, solo esta noche y después, vete con tu marido, vive tu vida con él, pero esta noche se una puta, déjate follar por un hombre, sé que amas a José más que a nada en este mundo, pero por desgracia él no te puede dar lo que necesitas en este momento, vive la vida por una vez.
  • Amparo no puedo, dentro de mi hay dos personas peleándose, la esposa fiel, la que desea irse con su marido, con su amante, la que desea seguir con la vida de siempre y la mujer caliente que necesita sexo, que desea ser deseada, la que pide a gritos un hombre que la satisfaga, que la penetre con ganas, tengo que salir de aquí, quiero irme a casa, por favor no me lo pongas más difícil.
  • Vale, es tu cuerpo y tu vida, pero creo que lo lamentaras, que debes conceder a tu cuerpo lo que te pide.

Salimos del baño, yo totalmente decidida a irme, llegar a casa y besar a mi marido, contarle todo, lo de las masturbaciones, lo de pensar en otros hombres mientras me masturbo, lo cerca que estuve esa noche de traicionarle, de volver a la normalidad, de pedirle por favor volver a intentar hacer el amor, de que volviera a tomar la Viagra, de que se operara, de que realmente necesitaba ser poseída por él.

                Estaba decidida en cuanto llegáramos al reservado cogería mis cosas pediría un taxi y me iría.

                En cuanto llegamos, ni siquiera me senté, me encamine a donde teníamos las cosas, estaba cogiendo mi abrigo, cuando note una mano sobre mi espalda, me gire, era Juan.

  • Te vas ya.
  • Si.
  • Espera un poco, vamos a pedir champan, para celebrar el triunfo del equipo, tomate una copa y después te llevamos a casa.
  • No, me voy.
  • Por favor, solo una copa.
  • De acuerdo.

Me senté, en el medio de Rosa y Elisa, no quería estar cerca de Juan, estaba muy nerviosa, seguía notando ese duendecillo que me decía que me lanzara.

Llego el camarero con dos botellas de champan, y varias copas,  Luis descorcho una botella y comenzó a servir las copas, en cuanto lleno la mía, me giño un ojo, yo me puse nerviosa, bebí la copa de un solo trago, tenia sed, en cuanto vacié la copa, Juan volvió a llenármela.

  • La última, después te llevamos.
  • Pero la última.

Pero Amparo me dijo que esperara un poco, que volviéramos a la pista a bailar y que después nos iríamos las dos en un taxi a buscar el coche y me llevaría a casa, no sé si era por efecto del alcohol, pero acepte.

                Volvimos de nuevo a la pista a bailar, mientras bailaba  las palabras de Amparo se repetían en mi cabeza, Vete con Juan disfruta de tu cuerpo, se repetía una y otra vez en mi cabeza, de repente empezó a sonar una melodía de música lenta, se empezaron a formar parejas bailando, Amparo con Mario, Rosa con Yoni, Helena con Gus, los demás se fueron a los sofás a seguir bebiendo, hacia allí me encaminaba yo cuando Juan me toco el hombro.

  • Bailas.
  • Vale, pero que corra el aire.

El me sujeto por la cintura, yo pose mis brazos sobre su cuello y separados comenzamos a bailar, pero poco a poco juan comenzó a acercarse a mí, con sus brazos, me acercaba hasta su pecho, me relaje, sentía la tensión sexual, el chico no cejaba en su empeño, mis pechos se rozaban con su pecho, sus labios estaban a la altura de mi oreja, comenzó a soplar y aquellos soplidos me excitaban, sentir ese aire en mi lóbulo me ponía a cien, de repente no era un soplido, era un mordisco, después otro, sus labios fueron bajando hasta llegar a mi  cuello, lo beso, lo lamio, yo me dejaba hacer, mi coño palpitaba, mis pezones se erizaban, el tenia que notar la dureza de estos a través de la tela de su polo, sus labios recorrían ahora mis mejillas, las besaba, mientras sus manos acariciaban mis nalgas, joder que placer, se separó nuestros ojos se miraron, no podía mas, deseaba que me besara, abandonarme en sus brazos, se acercó a mi boca y me beso, al principio un beso suave, un roce, se separó de nuevo, me miro como esperando mi aprobación y en ese instante fui yo la que busco sus labios, abrí la boca y mi lengua entro en contacto con la suya, creí morir, sus manos sobre mis glúteos, se movían en círculos, amasaba, sobaba, de una forma un poco brusca, dejo una mano sobre mis nalgas y con la otra comenzó a subir por mi espalda, la puso por delante y agarro un pecho, lo comenzó a masajear, a sobarlo, joder otra vez esa sensación, aquella sensación que hacía tiempo  que no sentía, mas y note ese bulto, estaba empalmado, notaba aquella cosa contra mis piernas, y me corrí, si me corrí, no fue un orgasmo exagerado, pero si placido, se separó de mí y me sonrió.

  • Vamos a sentarnos, te parece bien.
  • Claro.

El abarco mi cintura con sus brazos, yo  la suyo y fuimos hacia los sofás.

                Cuando llegamos la escena era de lo más erótica.

                Se estaban morreando.

                Rosa se morreaba con Yoni, Helena con Gus, Mayte con Jesús, María con Carlos y lo que más me sorprendió era Amparo, ella estaba no enrollándose, sino comiéndose los morros con Carlos, joder se respiraba sexo, la única que ponía un poco de decencia era Carlota que se levantó y se fue a la pita a bailar con otro grupo de matrimonios y gente suelta, no quería ver el espectáculo.

Me senté con Juan en un sofá, él puso su brazo por encima de mi cuello, acerco su boca a la mía y me volvió a besar, yo en ese momento no pensaba en nada, me dejaba llevar, él puso una mano sobre mi rodilla, y comenzó a acariciarla mientras me besaba, sentía tal placer que casi me corro de nuevo, lo separe un segundo y miraba a mis compañeras comerse los morros con aquellos chicos, aquello era una bacanal de sexo, de pasión, de lujuria, toda entregadas a aquellos chicos, que en ese momento eran hombres, entregados a satisfacer nuestras necesidades, de repente un flas, me acorde de José, y se me vino el mundo encima, no, no podía hacerle eso, lentamente retire las manos de Juan.

Me tome la copa, me levante, cogí mi abrigo  mi bolso, me despedí de las chicas y de los chicos y me fui a la salida, nada más salir busque mi móvil en el bolso para pedir un taxi, no lo encontraba, me puse nerviosa, lo habría perdido, revolvía el bolso desesperada, no lo entendía, donde estaba el maldito móvil, de repente me acorde, deje le móvil encima de la mesa del salón mientras cogía el abrigo y se me olvido cogerlo.

Vi como salían Juan, acompañado de Luis, Antonio y Pedro.

Juan se acercó a mí.

  • Creí que ya te habías ido.
  • Me olvide el móvil en casa.
  • Si quieres te llevamos.
  • Vale, pero por favor sin cosas raras.
  • Está bien.

Estaba hablando con Juan, cuando salió, Carlota.

  • Este bien.
  • Sí, quiero poner fin a esta locura, me voy a casa.
  • Me parece lo correcto, yo me quedo un rato más, me he encontrado con unos amigos y me quedo con ellos, vete tranquila, lo de hoy está olvidado.

Nos dimos dos besos.

Entonces me gire hacia Juan y sus amigos.

  • Y el resto.
  • Se quedan, se han formado algunas parejas, alguno a tenida suerte, cosa que yo no puedo decir, a pesar de intentarlo.
  • No empieces, me lleváis y ya está, no lo compliques.

Me encamine con él al aparcamiento seguido de Luis, Antonio y Pedro, parece ser que iríamos los mismos que llegamos.

                Mi intención era ir en el asiento del copiloto y así evitar los roces innecesarios.

Pero se me adelanto Antonio. No me quedo otra que sentarme detrás en el medio de Juan y Pedro, si a la ida me encogí, en este momento me gustaría ser diminuta, me encogí todo lo que pude, puse las manos sobre mi regazo y encima el bolso, Luis encendió el coche  me pregunto a qué dirección, le di la dirección y arranco.

                Mire el reloj, eran las tres de la mañana, en 15 minutos estaría en casa con mi marido.

                Luis en lugar de ir por la ruta más corta empezó a dar un recorrido demasiado largo, decía que se equivocaba, que no  conocía bien la zona, mientras esto pasaba, Juan acerco su boca a mi oído.

  • Reyes, lo estas deseando, no reprimas tus necesidades, déjate llevar.

Mientras me hablaba posaba su mano sobre mi rodilla, apartando las mías, la otra mano la puso por encima de mi hombro, acariciando mi brazo.

  • Vamos, sé que en lo más profundo de tu ser sabes que va a pasar, no te resistas, mírame.

Gire mi cara hacia él, y note como su  cara se acercaba a mí, sus labios buscaban los míos, cerré los ojos y note ese roce, el roce de unos labios sedientos de pasión, abrí la boca y su lengua entro dentro de mí, su mano separo mis piernas, yo ya era un juguete en sus manos, no puse resistencia, su mano comenzó a avanzar sobre mis piernas, llegando a mis pantorrillas, avanzaba con determinación, yo habría más mis piernas, no quería abrir los ojos, pues sabía que si los abría cortaría esta locura y no quería, necesitaba esa mano sobre mí, que me recorriera, su otra mano se dejó caer sobre mi escote, separo la tela del vestido y acaricio mi pecho, mis pezones ya erectos se pusieron más duros, tanto que me dolían, separo sus labios de mi boca, y avanzo con su manos sobre mis piernas hasta llegar a la tela del tanga, me acaricio por encima de la tela y yo suspire, un suspiro de placer, volvió a besarme y yo agarre su cuello y lo apreté contra mi cara, le metía la lengua con lujuria, sus dedos se movían por mi coño y mis pechos, estaba desbocada, lo besaba, le acariciaba el cuello, deje caer el bolso al suelo, se separó de nuevo, me miro a los ojos.

  • Quítate el vestido.

Mire a Pedro, mire hacia delante, y sin darme cuenta me incorpore un poco y me subí el vestido, Pedro me ayudo a quitármelo, mientras Juan me susurraba al oído.

  • Eso es déjate hacer, no tengas miedo, no pienses, se feliz.

Pedro acabo de quitarme el vestido, estaba en el asiento trasero de un coche con cuatro tíos solo cubierta por un tanga.

 juan se agacho sobre mi pecho y comenzó a besar mis pezones, de mi boca solo salían gemidos de placer, de repente note que Pedro giraba mi cara hacia él, note como sus labios se juntaban como los míos y volví a abrir la boca, dios que placer, Juan besándome los pechos y Pedro con su lengua dentro de mi boca, era un beso apasionado, lleno de lujuria, de pasión, me derretía con esos besos, sus manos recorrían todo mi  cuerpo, ahora sobre mis pechos, ahora sobre mi coño, Juan cogió mi mano y la llevo a su entrepierna, note un bulto, más pequeño que el de José, pero un bulto, Pedro agarro mi otra mano y también la llevo a la suya, notaba aquellos dos miembros dentro de sus pantalones, lentamente los desabroche las cremalleras, metí mis manos dentro y comencé a acariciarlos, eran pollas digamos que normales, bastantes más pequeñas que las de José, pero en ese momento para mi eran dos enormes máquinas de placer, ambos se desabrocharon los pantalones para que yo tuviera mejor acceso a sus pollas, se los bajaron, y solo se quedaron en calzoncillos, yo masajeaba aquellas vergas por encima de la tela. Juan separo la fina línea del tanga y metió primero un dedo dentro de mi coño, acaricio mis labios interiores, se le notaba nervioso, como si fuera la primera vez.

  • Tranquilo, vete despacio, no tengas prisa, le dije,
  • Joder parezco un crio, como si fuera la primera vez que acaricio un coño, pero es que tú me pones así, nervioso, me pones mucho.

Yo ante aquellas palabras me  derretía, solo quería que metiera otro dedo que me masturbara, pero saco su mano de mi coño, me agarro por el cuello y me empujó hacia abajo.

                Sabía lo que quería, yo lo estaba deseando, aparte su  calzoncillo, saque la lengua y le lamí, primero recorrí todo el miembro lentamente, deleitándome en cada vena, después, bese su glande y me la metí toda en la boca, me entraba toda entera, era una delicia, sentir toda aquella masa de musculo dentro de mi boca, entraba y salía notando su liquido pre seminal, inundar mi boca, no paraba de chuparla, me encantaba, me puse de medio lado para estar más cómoda, y Pedro aprovecho para meter su mano por detrás y comenzar a acariciar mi coño, joder que placer, a uno le mamaba la polla mientras que el otro martirizaba mi coño, Pedro introdujo un dedo, después otro y un tercero, empezó un movimiento de meter y saca que me volvía loca, de repente saco sus manos, pidió algo, note como separaba la tela de mi tanga y note el látex, me iba a follar, en el coche, en una postura incomoda, pero me daba igual, note como su polla entraba de un tirón.

                Allí estaba yo con dos pollas a mi disposición, una dentro de mi boca y otra dentro de mi  coño,  mientras mi boca subía y bajaba dentro de aquel rabo, Pedro me daba caña en mi coño, cada uno se apodero de un pecho y comenzaron a magrearme, era el paraíso, pero notaba que me faltaba algo, que ambas pollas no alcanzaban a darme el placer que buscaba, Juan se tensó, se puso regido, sabía lo que ello implicaba, quise salirme de su boca, pero me sujeto la cabeza y la hundió mas, la sentía dentro, y se corrió en mi boca, no era capaz de entenderlo, notaba como su semen invadía mi garganta, como me ahogaba con cada espasmo, pero decidí tragarme aquello, notaba su calor su viscosidad, pero también notaba que aquel sabor no me desagradaba, la verga empezó a retraerse, a desinflarse, la saque de mi boca y la lamí, si, la lamí, quería sentir otra vez ese sabor tan agrio.

                Pedro comenzó un ritmo más rápido también quería correrse, note como su verga quería entrar más, pero tenía el tamaño que tenia, no llegaba hasta el fondo, grito, bufo y se corrió dentro de mí.

                Lleve mi mano a mi  clítoris quería también correrme y empecé a frotar como una posesa, no paraba de bufar, de gemir, de gritar, me proporcionaba más placer de lo que me  daban ellos dos, pero me sabía que tenía que llegar hasta el fin, que aquella noche seria de los cuatro, que me follaria con locura, pero lo que no sabían que jamás alcanzarían a darme el placer que me daba José, José el bendito José, el causante accidental de aquella locura, sino fuera por su enfermedad, por su incapacidad de proporcionarme el placer que me daba antes no me vería en aquella situación, pero no, el no tenia la culpa, la culpa era mía, solo mía, por no serle sincero y me corrí.

 note que el coche se detenía, mira hacia fuera y me di cuenta que estábamos en una zona rural, en una zona apartada, Juan y Pedro se bajaron del coche e intercambiaron posiciones con Luis y Antonio,  se desabrocharon los pantalones y comenzamos el mismo juego, a Antonio lo chupaba su pequeña polla, pues la tenia pequeña, mientras, Luis me penetraba, al cabo de diez minutos se corrieron los dos, uno en mi coño y el otro en mi boca, como la vez anterior me bebí todo el semen, ya no le hacía asco, juan saco una manta del maletero, y la poso sobre la hierba, salimos del coche yo solo vestida con el tanga, hacía calor o por lo menos yo lo tenía, todos se desnudaron, comenzó una verdadera orgia de placer, yo era penetrada, ahora uno ahora otro, comía su vergas, se corrían sobre mi cuerpo, me besaban, me  acariciaban, me sobaban y yo encadenaba un orgasmo tras otro, era una verdadera locura, me empecé a sentir  incomoda, aquel sitio no era el ideal para tener sexo desenfrenado, me senté un momento.

  • Chicos, estoy reventada y sobre todo incomoda, podíamos por favor ir a otro sitio.
  • Vale, vamos al piso de Luis, dijo Juan, os parece bien.

Todos asintieron.

                Nos vestimos, entramos en el coche.

                Juan encendió el coche y arranco.

                 De repente me di cuenta que no tenía el móvil y tenía que comunicarme con José.

  • Chicos tenemos que ir por mi casa, necesito coger el móvil, sino mi marido se preocupara y no quiero que se preocupe, seguramente estará dormido, pues toma un medicamento para dormir, solo será coger el móvil para poder mandarle un mensaje diciéndole que llegar tarde, que lo estamos pasando también que seguiremos bailando y después iremos a desayunar chocolate con churros.
  • De acuerdo, dijo Juan, llévanos a su casa.

Luis me volvió a besar en los labios yo estaba totalmente entregada, deseaba llegar a casa coger el móvil, llegar a su piso y que me follaran.

                Sí que me follaran todos, los cuatro, necesitaba pollas si pollas en plural, me sentía una puta, estaba demasiado excitada como para pensar, y los besos y las caricias aumentaban mi calentura, Antonio no paraba de masturbarme y Luis de comerme las tetas, de repente me tense, sabía que iba a tener un orgasmo, grite y mi cuerpo empezó a temblar, sentía que mi cerebro iba a estallar, fue un orgasmo sensual.

                Ninguno de los orgasmos que tuve se podía comparar con los  que me proporcionaba mi marido cuando me hacia el amor, hacia tanto tiempo que él no me follaba, pero recordaba aquellos orgasmos, aquella sensación, aquel nirvana, sé que ninguno de ellos me iba a dar ese placer, pero me daría algo que necesitaba en ese momento, un sucedáneo, no sé porque me empeñaba en comparar todo lo acontecido hasta ahora con José, que si sus pollas, que si los orgasmos, que si su virilidad, pues estos se corrían a los diez minutos, mientras cuando José me follaba podía estar una hora dándome sin correrse, me podía sacar varios orgasmos.

                Llegamos a mi casa.

 Salí del coche y ellos bajaron las ventanillas y comenzaron a decir burradas.

Vamos nena acaba de una vez que queremos follarte, te vamos a dar tanta caña que quedaras servida para una temporada.

Yo conforme caminaba le iba echando besos con las manos.

Abrí el portal, subí las escaleras, pues vivimos en un primero, con sigilo, metí la llave en la cerradura y la gire, no encendí a luz sabía perfectamente donde me movía, procuraba no hacer ruido, decidí quitarme los tacones para así amortiguar mis pasos, estaba a punto de coger el móvil e irme, entonces se encendió la luz y lo vi.

Era José, mi marido, me miraba raro.

  • Buenas noches, me dijo con una voz  que me asusto.
  • Hola cariño, dije yo sorprendida, vengo a buscar el móvil, me están esperando abajo las chicas vamos a tomar la última y a desayunar por ahí, seguramente llegare tarde, pues después iré con Amparo de tiendas.
  • Acabo de verte en la calle con esos chicos y escuchar las cosas que te dicen, de mirar cómo les mandabas besos y les reías sus gracias, por favor dime la verdad, te has acostado con ellos.

Yo no sabía qué hacer, me sentía acorralada, le mire y me di cuenta de lo que quería, de lo que iba a hacer, me iba a ir con esos chicos, lo tenía decidido, quería que me follaran, pero tenía que explicarle a José que solo sería sexo, solo sexo.

  • José, tengo que irme con ellos, lo necesito, lo merezco.
  • Como que lo necesitas, como que te lo mereces, explícate.
  • Necesito lo que tú no me puedes dar ahora, necesito que me follen, no que me hagan el amor, necesito que me follen, me voy a ir con ellos, después volveremos a nuestras vidas, pero por favor déjame ir, de verdad que lo necesito.
  • Entonces todo este tiempo me estabas engañando, diciéndome que no tenías necesidad de sexo, que todo estaba bien, que solo con estar conmigo estabas llena, me estás diciendo que me mentías.
  • Si, te mentía, siempre necesite ser follada, lo que pasa que no te lo decía.

Se levantó me cogió del brazo.

                – Si sales por esa puerto no vuelvas, pues cogeré todas tus cosas las meteré en las maletas y las pondré en la entrada, llamare a un cerrajero y  cambiare la cerradura, no te das cuenta que me estas matando, que te amo con todas mis fuerzas que llevo tiempo diciéndote que esto pasaría y que tú lo negaste mil veces, por favor no te vallas.

  • Te lo repito si sales por esa puerta no vuelvas.

Me soltó el brazo, me miro a la cara, me di la vuelta, abrí la puerta y Salí, sabía que estaba arruinado mi vida, pero mi mente solo pensaba en esos chicos en el placer que me iban a proporcionar, en que realmente merecía la pena abandonar todo por esos instantes de futuro placer.

Salí del edificio, me encamine al coche abrí la puerta y entre, estaba decidida, pero comencé a llorar, Juan me abrazo.

  • Has tomado la decisión correcta, seguro que tu marido nunca te satisfizo como vamos a hacerlo nosotros, te llevaremos a situaciones que no comprenderás, te daremos tanto placer que gritaras como una loca, te follaremos con dureza, para que sepas lo que es un verdadero hombre, no el pusilánime de tu marido.
  • Cállate, le espete, los cuatro juntos nunca le llegareis a la altura de los zapatos a mi marido, ha sido durante el tiempo que pudo el mejor amante que una mujer se puede imaginar, hasta ahora ninguno de vosotros me ha dado un orgasmo como los que me daba el, y ahora arranca el coche y vámonos al piso, pero no se os ocurra volver a nombrar a mi marido.

Luis encendió el coche y salimos para su piso.

                Durante el trayecto no paraba de llorar, sabía que José estaba hundido, pero mi coño mi mente no pensaba con claridad, era mi sexo el que marcaba las pautas de mi vida en ese instante, les pedí por favor que no me tocaran hasta llegar al piso y así fue.

                Mire de nuevo el reloj eran las siete de la mañana.

                Llegamos al piso, Luis abrió la puerta y nada más entrar, les dije.

  • Acabo de renunciar a lo más hermoso que me ha pasado en la vida, espero que merezca la pena.

Y me desnude.

                Los cuatro se desnudaron también, los obligue a hacer un circulo alrededor mía, me arrodille y comencé a comerles las pollas, yo giraba y me metía una en la boca mientras con las manos masturbaba otras dos, iba girando y chupando, no estaba más de dos minutos con cada polla, cuando notaba que alguno se iba a  correr cerraba mi boca alrededor del glande y me tragaba todo el semen, al cabo de media hora se corrieron los cuatro, la verdad que no aguantaban mucho, pero eran jóvenes y se recuperaban con cierta prontitud, en cuanto estuvieron los cuatro de nuevo con sus vergas erectas, les indique que me llevaran a la habitación.

                Me tumbe en la cama y les dije.

  • Poneros preservativos.

Juan se puso el  condón, fue Juan el primero en tumbarse a mi lado, comenzó a besar mis pechos, lamiendo mis pezones, yo estaba tan excitada que me dolían los pezones, bajo su mano a mi sexo y comenzó a acariciarme los labios exteriores, estaba tan mojada, que notaba  como manchaba la cama.

  • Ponte encima y follame de una vez.

Juan obedeció, se puso encima cogió su verga con una mano y me penetro, comenzó a subir y bajar con un ritmo constante, Les dije a Luis y Antonio que se pusieran cada uno a cada lado de mi cara, con sus vergas cerca de mi boca y me lleve la de Luis a la boca, iba de una polla a otra, con un gesto le indique Pedro que se acercara, agarre su polla con la mano y comencé a masturbarlo, ellos bufaban, me decían lo zorra que era, lo bien que se la chupaba, Juan se tensó y estallo en otro orgasmo, se salió de mí y su lugar lo ocupó Antonio, así se fueron turnado, me follaban se corrían, se quitaban el preservativo, acercaban su verga a mi boca y yo con las mamadas se las ponía de nuevo dura, al cabo de una hora, les pedí un receso.

  • Traerme agua, necesito hidratarme.

Luis se acercó a la cocina y vino con cinco botellas de agua de litro y medio, abrí una y me la lleve a la boca, pegue un trago largo, mientras yo bebía, ellos hablaban entre sí.

  • Reyes, solo nos quedan cuatro preservativos, dijo Antonio, Voy a buscar una farmacia de guardia y comprar más.
  • Trae bastantes, pues ya que he jodido mi matrimonio, quiero acabar llena de hombre esta noche.

Vi cómo se vestía, y salió de la habitación.

  • Bien chicos, ya que solo os quedan cuatro preservativos, me vais a follar los tres y luego me vais a comer todo el cuerpo, uno a mis pechos, otro a mi coño y otro a mi culo.

Luis fue el primero en follarme, en cuanto se corrió, me follo, Pedro y después Juan, yo tenía un orgasmo en cada follada, pero no me sentía completa, eran orgasmos no diría que fingidos, pero notaba que me faltaba un punto, sus penes no llegaban lo profundo en mi coño que yo necesitaba.

En cuanto terminaron de follarme los tres me puse de pie.

Vamos ahora comerme toda.

Luis se lanzó por mi coño, Pedro a mis tetas y juan a mi culo, se esforzaban en darme el mayor placer y consiguieron sacarme varios orgasmos, lamian, besaban, chupaban todos mis agujeros, yo los disfrutaba, era fantástico, por un momento me olvide de José, y tome la decisión de no volver a pensar en él, en abandonarme a lo que pasara.

        Al cabo de media hora llego Antonio con varias cajas de preservativos, las puso encima de la mesa.

  • Bien hoy vais a explorar todos mis agujeros, quiero que me folleis el coño,  que me rompáis el culo, quiero sentir dos pollas a la vez, quiero que no os cortéis, que seáis bruscos, que me tratéis como a una zorra, quiero sentirme guarra, no dudéis en insultarme en vejarme, en hacer conmigo lo que queráis, Antonio ponte un condón, mereces un trato especial, pues te has perdido parte de la fiesta, acuéstate que te voy a montar.

Se puso el preservativo, se tumbó en la cama, me puso de pie encima de él, le deje que admirara mi  cuerpo mientras iba bajando lentamente, hasta llegar a tocar mi coño con el principio de su polla y me la metí de un solo golpe.

                Comencé a cabalgarlo con fiereza, subía y bajaba, notaba como su polla entraba hasta su pubis dentro de mí, les dije a los otros chicos que se pusieran de pie en la cama con sus pollas apuntándome a mí y como antes comencé a chupárselas, a mamárselas hasta que conseguí sus orgasmos, yo no paraba de cabalgar a aquel pobre chico que lo único que hacía era resoplar, bufar, se tensó y se corrió de una manera brutal.

  • Joder so puta como follas, me acabas de dejar seco, eres una verdadera guarra.

Los chicos se desinhibieron, comenzaron a ser esos machos que yo necesitaba, mi llamaban de todo me usaban como si fuera un  trapo, no me daban respiro, ahora uno me follaba, como otro me metía la polla en la boca, ellos empalmaban un orgasmo tras otro, yo también me corría, pero necesitaba más, le dije a Juan que se sentara, me inserte su polla de espaldas a su cara, le dije a Antonio que pusiera su polla en la entrada de mi coño y que la metiera, este hizo lo que le mande y joder tenía dos pollas en el coño, los dos se acoplaron perfectamente y sus pollas entraban y salían de mi al unísono, sus dos pollas se convirtió en una sola, en ese instante me sentí plena, eso era lo que necesitaba una polla gruesa, dura, que me llenara, que abriera mi coño.

                Hay si tuve un gran orgasmo, un orgasmo profundo, un orgasmo que me rindió por un momento, los tres nos corrimos a la vez, me deje caer en la cama, necesitaba un respiro.

  • Traerme agua.

Bebí de una manera bestial, de forma que el agua resbalaba por mis pechos, estaba seca.

                Continuamos follando, y en un momento dado les pedí que me follaran el culo, la única parte de mi cuerpo virgen, se lo jugaron a los chinos quien sería el primero y Juan fue el ganador, se lo merecía, fue el que me trabajo desde un principio para caer en las garras de él y sus compañeros, se puso un preservativo, yo me puse a cuatro en la cama, con una mano abrí mis nalgas y el con su mano recogía flujo de mi coño y lo embadurnaba en mi ano, metió un dedo, después dos, un tercero y yo ya estaba lista, se lo hice saber, puso su polla en la entrada de mi ano, hizo un poco de fuerza y entro su glande, lo note, me encanto, fue empujando poco a poco, su polla iba entrando, cuando tenía más de la mitad dentro, se salió y me la clavo de un solo golpe, en ese instante, me corrí, me corrí como una perra, mientras Juan me follaba, Antonio cogió mi móvil y empezó a sacar fotos, a filmar, en un momento dado me pregunto.

  • Reyes nos das permiso para usar estas imágenes como nosotros veamos.
  • Si tenéis mi permiso, usarlas como os plazca.
  • Bien, ahora quiero que pienses en tu marido, en lo cornudo que es, quiero que le llames cornudo.

Extasiada como estaba con aquella verga dentro de mi culo.

  • José mira como me follan, me están follando como tú no puedes, eres un puto cornudo, mira como me rompen el culo, cosa que nunca te deje hacer a ti, me he comido sus pollas y me he bebido su semen, cosa que a ti nunca te lo he hecho, me han comido el coño y bebido mis flujos cosa que tampoco te he permitido, porque eres un blando, si un puto blando, ahora mira como me follan estos hombres, no el mierda de hombre que eres ahora, si es verdad que no hace mucho me llenabas, me complacías, que me sacabas un orgasmo detrás de otros, pero todo se acabó con tu maldita enfermedad, dejaste de ser aquel hombre que me poseía todos los días, que me follaba con pasión pero a la vez con dulzura, que dejabas que yo marcara las pautas y ahora mira, a estos chicos les permito todo, porque me siento una puta, me siento una mujer llena, o sea que jodete, que te den por el culo a ti y a todos esos pusilánimes que no entienden lo que estoy buscando.

No sé lo que me paso, pero las palabras salían de mi boca sola, no las pensaba, era como si fuera un acto reflejo.

                Antonio lo grabo todo.

  • Ahora zorra, vamos a mandarle esta grabación a todos tus  contactos, que sepan lo puta que eres, que vean cómo te follamos en todas las posturas, te vamos a grabar mientras te follamos todos, mientras te volvemos a penetrar tu coño dos a la vez, mientras nos comes las pollas, mientras te reventamos el culo.

Y fue verdad se turnaban a follarme y a grabarme, conforme terminaban una follada mandaban el video a mis contactos, yo estaba tan salida que me daba igual lo que hicieran solo quería que me follaran que no pararan, estuvimos follando todo el día y toda la noche, parábamos a comer algo, pedíamos una pizzas y de nuevo a follar.

                Pero todo tiene un final, en cuanto se acabaron todos los preservativos y cuando yo ya no podía mas, les pedí que termináramos, que necesitaba ducharme, vestirme e ir a casa, a casa, necesitaba volver.

                Me levante de la cama y me fui a la ducha, abrí los grifos, regule la temperatura y me metí debajo de aquel chorro, y entonces fue cuando me di cuenta, de la locura que acababa de cometer, le permití a aquellos críos  usar mi móvil para grabarme, a mandarlo a mis contactos, a mis hijos, a mis hermanos, a mis amigos, a mis compañeras de la cena, joder me puse a temblar, ahora sí  que definitivamente acababa de joder mi vida y las de las personas que me querían que me apreciaban, me duche rápido, me seque, Salí desnuda, cogí la ropa del salón y me vestí, me fui de nuevo al baño y me mire al espejo, lo que vi reflejado no me gusto, estaba ojerosa, demacrada, en fin echa una mierda.

Salí de nuevo del baño, les dije que me pidieran un taxi, pero se negaron me dijeron que ellos me llevarían a casa, por si José se ponía violento, yo sabía que pasara lo que pasara jamás me pondría una mano encima, mire el reloj eran las 11 de la mañana llevaba más de 24 horas fuera de casa, de mi  casa, bajamos entramos en el coche y yo no pronuncie palabra, Luis me entrego el móvil.

  • Hemos pasado mientras tú te duchabas todos los videos a un disco duro, para tenerlo como recuerdo de un día inolvidable, espero que no te moleste.
  • Me da exactamente igual lo que hagáis, solo quiero que me dejéis en casa.

Llegamos, Juan se bajó conmigo para acompañarme, por seguridad según dijo.

                Abrí el portal subí las escaleras y la escena que vi me puso nerviosa, allí estaban cinco maletas, en el descansillo, abrí una y me quede totalmente en blanco, era mi ropa, mis cosas, llegue a la puerta de casa, intente meter la llave en la cerradura, pero no entraba, algo pasaba y me di cuenta de las palabras que me dijo José la mañana anterior cuando salía de casa, para irme con mis amantes y me puse a temblar.

                Juan comenzó a llamar al timbre a aporrear la puerta, a gritar, llamaba a José.

                Vamos cornudo abre la puerta.

De repente escuche su voz.

  • Que quieres, quien eres.
  • Soy uno de los amantes de Reyes, los que salimos en los videos follandola, como tú no sabes, ábreme para hablar.
  • No hay nada que hablar, ya lo habéis dicho todo con las fotos y los videos, iros de una puta vez, si no os vais llamare a la policía.

Juan se retiró.

  • Reyes me voy no quiero líos, aclararos tu marido y tú.

Y se fue, me dejo sola, delante de la puerta de casa, en ese instante me di cuenta de lo estúpida que había sido, de la locura que acababa de cometer.

                Me acerque a la puerta y toque el timbre.

  • Que quieres.
  • Volver a casa.
  • Eso es imposible.
  • Por favor, perdóname, no volverá a pasar, ábreme y hablamos.

Comencé a temblar, me caían las lágrimas, lloraba como nunca en mi vida.

  • Por favor José ábreme.
  • Reyes coge tus cosas y vete a vivir con esos hijos de puta que tanto quieres, me insultaste, me has dicho cosas muy duras y aun por encima están las fotos y los videos, como quieres que te deje entrar, para ti estoy muerto y tú para mí también, ahora por favor vete.

No sabía qué hacer, a donde ir, me senté en las escaleras, que iba a hacer con las maletas, cogí el móvil y llame a mi hermana Mary.

  • Mary soy Reyes, he cometido una locura, necesito ir a tu casa, no tengo a donde ir, José me ha echado.
  • Joder Reyes, que has hecho, lo de los videos es una locura, en que estabas pensando, anda coge un taxi y vente, tenemos que hablar.

Colgué el teléfono, llame a dos taxis y les pedí por favor que me ayudaran con las maletas, las metimos todas y arrancamos a casa de mi hermana, los taxistas me ayudaron a subir las maletas, les pague con la tarjeta, entre en casa de Mary y me derrumbe, comencé a llorar de una manera desconsolada, no podía parar, Mary intentaba calmarme, me dio una pastilla para dormir con un poco de agua, me llevo a la habitación, me desnudo, se acostó a mi lado y me abrazo.

  • Duerme, descansa, mañana hablamos con calma.

Me hice un ovillo y me dormí.

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