ECONOMISTA

Estuve a punto de salir fuera a espiarles poniéndome detrás de ellos, pero tenía el corazón muy acelerado e intenté calmarme. Me bebí la copa con tranquilidad, disfrutando la música, como si estuviera solo en el bar, recreándome ante lo que acababa de vivir. Y por lo que me había dicho Mariola esto solo era el principio, la primera noche de muchas, aquella zorra iba a llevar a mi mujer al límite. Iba a conseguir lo que yo llevaba años pidiéndola y tanto me había costado.

Terminé la copa y la dejé en la barra. Salí sin prisa del bar, tampoco tenía nada que hacer, ni un sitio donde quedarme. Mi único plan era volver al hotel y escuchar los gemidos desde el pasillo. Era eso o reservar otra habitación para dormir yo solo. Hice el tiempo suficiente para que cuando llegara al hotel ya hubiera empezado la fiesta. Me fui andando tranquilamente hasta el hotel y en cuanto salí del ascensor en la planta en la que estábamos ya escuché los primeros gemidos, era un sonido alto y grave, enseguida me di cuenta de que no era Claudia, pegué la oreja en la puerta de su amiga y efectivamente los gemidos venían de su habitación. Mariola estaba disfrutando como una loca, la cama crujía a cada sacudida y me imaginé al gigante moreno destrozando a la amiga de mi mujer. ¡¡Menudo polvazo estaban echando!!

Pero yo no había subido hasta allí para escuchar como follaba Mariola, yo había subido para escuchar a mi mujer. Cuando llegué a la puerta de la habitación Claudia había puesto el cartelito rojo de “No molestar”. Aquel gesto hecho para mí supuso otra pequeña humillación, estaba tratándome como si fuera una limpiadora de planta, pero me dio igual, me apoyé en la puerta y al principio no escuché nada, además no era fácil, su amiga chillaba como una cerda en la habitación de al lado, así que me tocó pegar la oreja y afinar el oído, pero de momento seguía sin escuchar nada.

Me quedé en el pasillo y volví a la puerta de Mariola, estaban echando un polvazo brutal, por los gemidos de ella parecía que se había corrido ya un par de veces, se escuchaba perfectamente los cuerpos chocar. Se la debía estar follando a cuatro patas, o eso pensé yo y de repente el grandullón soltó un sonido ronco, señal de que también se estaba corriendo.

Luego se hizo un pequeño silencio, que no duró mucho, pues enseguida reconocí los gemidos de Claudia. No perdí un segundo y pegué la oreja a la puerta de nuestra habitación, la cama se movía a un ritmo increíble y los jadeos de Claudia eran altos, secos y muy agudos, de vez en cuando dejaba salir un gemido largo “Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh” y luego volvía a los “Ahh ahhhh ahhh ahhh”.

Intenté calmarme, ya no podía tocarme la polla, ni tan siquiera por encima del pantalón o me correría inmediatamente, tenía que disfrutar aquello lo máximo posible, era lo que llevaba esperando toda la noche, entonces escuché un primer azote bien duro, Claudia gimió y desde fuera entendí claramente como le decía “Sííííí”, enseguida vino otro azote que retumbó en el pasillo del hotel y el rubio de pelo rapado todavía aceleró más el ritmo con el que se estaba follando a mi mujer.

El rubio, joder, entonces caí en la cuenta de que ni tan siquiera sabía el nombre del tío que se estaba follando a Claudia y azotando su culo. Era un chico que acababa de conocer y apenas una hora después estaba dejando que se la follara en nuestra cama de hotel.

El corazón me seguía bombeando deprisa, estaba muy nervioso, como si fuera la primera vez, sabía que no iba a poder acostumbrarme nunca a esto, y eso que ya había visto a Claudia incluso follar con Víctor, pero aquellas situaciones me superaban por completo, la polla me daba de vez en cuando pequeños espasmos y tenía un nudo en el estómago que no lograba soltar.

Y de repente se unieron a la fiesta Mariola y el moreno, parecía un concurso a ver quien gemía más alto, estaban follando las dos a la vez, aunque yo prefería escuchar a mi mujer, por supuesto. Me separé un poco de la puerta y recorrí el pasillo del hotel paseando despacio, disfrutando de la melodía de fondo. Los gemidos se escuchaban casi en toda la planta del hotel, incluso al final del pasillo. Volví andando hasta ponerme entre las dos puertas, pegué un poco la oreja en la habitación de Mariola y la entendí perfectamente un “Vamos, fóllame cabrón!. Qué mal hablada era cuando quería la hija de puta de ella.

Luego volví a la puerta donde estaba Claudia, no sé el rato que llevaban follando, pero todavía no le había escuchado al rubio correrse o eso me pareció. Estaba tan concentrado escuchando lo que pasaba dentro de la habitación de mi mujer que no me di ni cuenta, cuando una pareja salió del ascensor y se acercó hasta donde estaba yo.

Justo en ese momento el rubio había acelerado las embestidas y los chillidos de Claudia todavía eran más altos. La chica que iba por el pasillo se tapó la boca sonriendo de los gemidos que se escuchaban, pero al acompañante no le hizo gracia verme así, con la oreja pegada a la puerta. Se debió pensar que era un salido o un depravado, o algo del estilo. “Este es de los que van a los hoteles a escuchar cómo follan las parejas”.

Entonces se dirigió a mí, posiblemente también iba a follarse a la chica con la que iba y no le gustó la idea de que yo pegara la oreja a la puerta de su habitación.

―Perdona, ¿qué haces aquí, tío? ―me dijo serio.

Me incorporé y mi primera reacción fue salir rápido de allí sin contestarle, pero las piernas se me quedaron paralizadas, justo cuando dentro de la habitación el rubio y mi mujer chillaban como locos, seguramente llegando al orgasmo casi a la vez.

Saqué la cartera y una tarjeta con el número de la puerta.

―Es mi habitación ―le contesté.

El chico no pareció muy conforme con mi respuesta, cualquier huésped del hotel tenía una tarjeta igual que la mía.

―¿Puedo ver el número de la habitación?, no quiero tener que llamar a la seguridad del hotel, pero entenderás que se me hace raro ver a alguien así, como tú, con la oreja pegada a la puerta, escuchando lo que pasa dentro de las habitaciones ―me preguntó.
―Sí, mira, es mi habitación, ¿ves?
―Vale, sí, es el mismo número, ¿y puedo saber por qué estás aquí?
―Eso creo que ya no es asunto tuyo.

Se me hacía raro tener que estar dando explicaciones a aquel tío, que tendría unos 45 años, mientras en la habitación de al lado ahora la que gemía era Mariola al ritmo que se la follaba el grandullón.

―No, pero entenderás que tengo que avisar a recepción que hay alguien escuchando lo que pasa dentro de los habitaciones.
―Te he dicho que es mi habitación, ya te he enseñado el número.
―No quiero discutir contigo, haz lo que quieras, yo voy a avisar a recepción…
―Espera, joder, ehhhhhh…vale, es mi mujer vale?, es mi mujer la que está dentro ―le tuve que decir para que me dejara tranquilo.
―Pero…¿cómo tú mujer?…la que está…¿pero no vas a hacer nada raro, no?, no les estás esperando para…a ver si vas a cometer alguna locura…

Entonces la chica con la que iba le dijo.

―¡Que no!, no te enteras, yo creo que es de esos, de los que les gusta que su mujer y otro…ya sabes…
―¡Ahhh, hostia!, perdona tío, perdona, perdona… ―dijo el chico tapándose la boca.
―Vale, no pasa nada.
―Venga buenas noches ―dijeron y siguieron andando por el pasillo mientras cuchicheaban y se iban riendo.

Me habían hecho pasar un mal rato y finalmente la chica me había reconocido como un Cornudo. Otra pequeña humillación para incrementar mi excitación. Pero gracias a su interrupción me habían privado de disfrutar del orgasmo de Claudia y de su amante, lo que irremediablemente me hubiera llevado a empapar los calzones. Ahora seguía con la polla dura y cachondo como pocas veces había estado.

Los que volvieron a correrse fueron Mariola y su amigo, otra vez le escuché a él ese sonido primitivo, dándolo todo mientras descargaba. Aquello estaba siendo un suplicio para mí, me pregunté cuando tiempo iba a poder aguantar así. En ese momento valoré la posibilidad de bajar a recepción y reservarme una habitación para pasar la noche. Apenas eran las dos de la mañana y quedaba mucha noche por delante.

Ahora estaba todo en silencio, pero al poco otra vez empezaron los gemidos en la habitación de Claudia, me acerqué rápido y pegué la oreja mirando hacia el pasillo, entonces de repente vi como se abría la puerta de la habitación de su amiga y a Mariola sacando la cabeza.

―¿Ves?, te lo dije que iba a estar ahí…
―Anda pues es verdad ―dijo el moreno asomándose también.

Aquello me sorprendió e intenté incorporarme, manteniendo la compostura, como si nada hubiera pasado, pero ya daba igual. Me habían pillado de pleno.

―¿Qué haces ahí?, ven anda pasa ―me dijo Mariola.
―Da igual Mariola, me quedo aquí, creo que voy a bajar a reservar una habitación…
―No seas tonto, pasa por lo menos, quédate hasta que termine Claudia…

Sinceramente no me apetecía mucho entrar en la habitación de Mariola y aquel grandullón engominado, no sé muy bien qué es lo que pintaba yo allí con ellos, sin embargo al pasar dentro el morenazo estaba en la cama poniéndose las botas, tenía el pantalón vaquero con dos botones abiertos y la camisa puesta, pero sin abrochar. Era evidente que se estaba vistiendo para irse.

―¿Así que es verdad que eres el marido de Claudia?, joder, tenías razón Mariola…
―Sí, es mi mujer ―le contesté de pie en medio de la habitación.
―Pues menudo con el que habéis ido a parar, Jan es un puto salvaje, se va a estar follando a tu mujer toda la noche ―dijo incorporándose, mientras se abrochaba el pantalón
―¿Se llama Jan? ―le preguntó Mariola.
―Sí, su padre es alemán, aunque su madre es de Toledo…estuvo viviendo en Alemania creo que hasta los 9 o 10 años…
―¿Y por qué dices que es un salvaje? ―preguntó Mariola.
―Es un puto animal en la cama, me lo han dicho varias de las chicas con las que ha estado, ya le has visto, el tío es callado, pero es muy atractivo para las mujeres, todos los fines de semana se folla a dos o tres tías, nunca falla, no tiene problemas en ligar…además le encanta follar…por eso te digo que hasta que no se quede satisfecho no va a parar, puede tranquilamente echar cuatro o cinco polvos casi seguidos, va a estar horas follándose a su mujer…
―¡Joder! ―exclamó Mariola.
―Bueno guapa, tengo que irme.
―Te doy mi teléfono…
―Sí claro, por si alguna vez me acerco o vuelves a Madrid, pero tú no me llames, ya sabes ―dijo mostrando a Mariola el anillo de casado.
―No, tranquilo…

Se acercó a Mariola y le dio un beso en los labios antes de irse, de repente me quedé a solas con Mariola. En la habitación de al lado los gemidos de Claudia se escuchaban casi como si estuvieran con nosotros y la tensión sexual volvió a flotar en el ambiente.

Además no ayudaba mucho la vestimenta de Mariola, llevaba una camiseta blanca muy holgada de los Rolling Stones que le cubría hasta la mitad del culo, se notaba que no llevaba sujetador y en la parte de abajo solo llevaba un tanguita.

Se acercó a la pared contigua a nuestra habitación y pegó la oreja escuchando como el tal “Jan” se follaba a mi mujer.

―Joder, menudo polvazo la está pegando…

ufffff

fff, ven David acércate, escucha…
―No, da igual, estoy bien aquí…
―Bueno tú mismo, siéntate si quieres en la cama, no sé, quédate a dormir, no me importa…¿qué tal estás por cierto?

Los gemidos de Claudia se incrementaron en ese momento y la cama golpeó contra la pared con mucha violencia, luego fue Jan al que escuchamos gritar mientras se corría y poco a poco los jadeos de los dos se fueron apagando.

―Vaya bestia, me estoy poniendo hasta cachonda otra vez y eso que no tengo queja, hemos echado un par de buenos polvos…dime David, que no me has contestado, ¿estarás excitado, no?, tienes que estar que explotas, o…¿ya te has corrido antes?
―No, no me he…
―Ah no?, joder, no sé cómo te puedes aguantar, escuchar cómo se están follando a Claudia, ¿y no quieres hacerlo?
―Estoy bien…
―Joder, tú mismo, yo solo de escucharles ya me he puesto, b

ufffff

, así que tú ni me imagino ―dijo Mariola tumbándose en la cama medio recostada mientras ojeaba el móvil.

La situación era incómoda para mí, no sabía qué decir, ni qué hacer, y Mariola estaba en la cama, como si nada, enseñándome las piernas flexionadas y parte del tanguita. No tardaron en volverse a poner a follar de nuevo Claudia y el rubio.

―¡¡Qué hija de puta!!, otra vez…¡qué manera de follar!, uffff, como me están poniendo…

Mariola se levantó de la cama y volvió a pegar la oreja en la pared, empezaba a pensar que no era más que una excusa para enseñarme el culo, cuando se inclinaba contra la pared prácticamente le podía ver los dos glúteos y como la tira de su tanguita negro se metía entre ellos.

Pero tenía razón, Claudia gemía escandalosamente y el ritmo al que follaban era endiablado. Parecía que iban a atravesar la pared de los golpes que pegaba el cabecero de la cama.

Yo me senté en la cama, avergonzado, humillado y con un calentón que sabía que estaba a punto de correrme encima sin tan siquiera tocarme, solo esperaba que cuando eso pasara Mariola no se diera cuenta.

Mariola se dio la vuelta y cuando me vio con las manos apoyadas en las rodillas me dijo.

―Hazte una paja si quieres, no me importa…sé que lo estás deseando.

Esta vez no dije nada y ella vio en mis ojos que podía hacer conmigo lo que quisiera.

―¿Estás deseando hacerlo, verdad?, no me extraña, a mí también me excita escuchar los gemidos de Claudia…venga, hazte una paja, vamos cornudo, quiero ver cómo te corres ―dijo Mariola subiéndose a la cama.

Me sorprendió que me llamara cornudo, definitivamente había tomado la iniciativa, entonces se puso detrás de mí y me acarició la espalda, luego se pegó abrazándome desde atrás y me susurró en el oído.

―Vamos cornudo, quiero ver cómo te corres…¿te gusta escuchar cómo se están follando a tu mujer?
―Mmmmmmmm Mariola, no hagas eso… ―jadeé cuando me mordió sutilmente el hombro.
―¿Qué te pasa cornudo?, estás muy caliente, verdad?, venga sácatela y hazte una paja…quiero verlo…

No podía aguantarme más, los gemidos de Claudia retumbaban en nuestra habitación y Mariola se sentó detrás de mí pasando una pierna hacia delante y rodeándome con ella. ¡¡Menudas piernas tenía la cabrona!!

―¡¡Venga hazlo, quiero verlo!!, sácate la polla, si te digo la verdad, yo también estoy cachondísima, mmmmmmm…

Puse una mano sobre su muslo, comprobando la suavidad de su piel y luego sentí las manos de Mariola pasar hacia delante y desabrocharme el pantalón. La mejor amiga de mi mujer me estaba metiendo la mano por dentro del calzón.

No podía creérmelo cuando sentí los dedos de Mariola agarrándome la polla…

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