ESRUZA 

Qué harás cuando seas viejo 

y yo ya me haya ido, ¿te importará? 

Tal vez nada, tal vez algo, 

o, tal vez, no sea ni siquiera un recuerdo. 

Qué harás cuando seas viejo, 

y ya no disfrutes la soledad, y ésta, 

quizá pese en tus noches y tus días 

y extrañes hablar con alguien; 

me dolería mucho porque te 

he amado, pero no lo sabré. 

Ya no seré esa estrella que te amó 

profundamente, y que tú también amaste, 

pero a quien le negaste tu sensibilidad. 

¿Acaso la recordarás? ¿Recordarás El Nayar? 

Ya no seré esa estrella, porque del firmamento 

de tu vida desaparecí, y volé a otro plano, 

y no lo sabrás. 

Acaso, si llegas a saberlo rodará una lágrima 

por tu mejilla ya no lozana, y me recordarás con 

dulzura, con amor o, con resentimiento y amargura 

de los tiempos idos de tu alegre juventud. 

O, sólo extrañarás no tener las ninfas de los trenes 

de pasada que no dejaron huella alguna. 

Qué harás cuando seas viejo, y la vida 

ya no te ofrezca los dones de la juventud: 

Las sonrisas de esas ninfas, flores frescas 

de perfumes oferentes, y todo aquello  

que siempre buscaste, encontraste y disfrutaste, 

y que, por lo mismo, no deberías extrañar, 

porque amor nunca te dieron. 

No lo sabré, porque me iré primero que tú. 

Un comentario sobre “Qué harás cuando seas viejo (2)

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