FRAN REL

Sonia es una chica seca, borde, engreída, chulesca e inaguantable por regla general. Cuando llegó al trabajo, no tardó ni 5 minutos en dar la nota y a hacer méritos para que todos la odiáramos. Es de esas personas que si cometes un error, te machaca públicamente. Es muy exigente con ella misma y con todos, y no tiene ningún tacto. Y es muy inteligente. Así es como persona.

Físicamente es morena, de cara normalita pero siempre tiene un gesto serio y seco que hace que no resulte guapa. Siempre va maquillada al trabajo pero bien, sin pasarse, sabe maquillarse. Tiene una buena melena y ojos marrones grandes. La nariz un poco puntiaguda y bonitos labios grandes. Mide sobre el metro setenta más o menos, pero siempre lleva tacones en el trabajo. Y siempre lleva falda o pantalones ejecutivos y camisas o blusas que no muestran ni un poquito de canalillo, pero sí dejan ver que tiene unos senos grandes, potentes. De cuerpo es delgada pero sin pasarse, tiene buenas curvas en la cadera y en los pechos como ya he comentado. Y las faldas y pantalones le hacen un culo fantástico. Y cuando lleva falda, deja ver unas piernas bien contorneadas. Tiene 28 años.

Cuando la ves o te la cruzas, es de esas mujeres que no puedes dejar de mirar, llama la atención su físico, es voluptuosa aunque no lo busca adrede. Pero su carácter lo echa todo a perder. A nadie le gusta trabajar con ella ni estar con ella. No come con compañeros, alguna vez con jefes pero casi siempre con su novio que trabaja cerca y alguna vez he visto como la recoge. El novio es un tipo muy bien parecido, guapo, atractivo, con buena percha… le pega como pareja, hacen buena pareja.

Sonia es una de las protagonistas de esta historia. Ahora me presento yo. Soy Fran, tengo 29 años, mido 1,90 m pero soy de complexión más bien delgada. Me cuido bastante pero no soy culturista ni mucho menos, solo marcando un poquito. Soy moreno, pelo corto. No soy guapo, alguna chica me ha clasificado como un feo atractivo. Y mi «arma» es normalita de grande, entre 16-18cm, pero de grosor sí está por encima de la media, es lo que más les llama la atención a las chicas, de forma muy positiva. No soy de tener relaciones duraderas, al revés, me gusta ir por libre.

Vivo con una compañera de piso, antigua ex y con la que pasé de relación estable a folla-amigos y luego a vivir juntos, la vida da muchas vueltas. Ella es Gema, 24 añitos, es bajita, muy delgada, muy sonriente y atractiva, tetas como unas manzanas (más bien pequeñitas pero muy sugerentes). Hace mucho deporte, casi que se dedica a eso y tiene el cuerpo fibroso, cero grasa, y un pequeño pero redondito y duro culo. A veces es rubia, otras pelirroja, otras a saber de que color… y en la cama es un volcán, pura energía, pero luego está muy loca en su día a día. Cuando éramos pareja, me dejó por una chica pero luego ha tenido de todo, le va todo. Le pasa lo mismo que a mí, no es de tener parejas, cambia mucho de opinión y gustos, pero a veces seguimos follando porque la chica es tremenda en la cama, pero cada vez es menos a menudo, ahora somos más amigos que otra cosa.

Y esta historia empezó en Madrid. La empresa nos envió a varios compañeros a un trabajo en un cliente. La cosa se complicó y Sonia y yo acabamos pringados hasta arriba. Fuimos los que nos quedamos al final, echando horas extras a punta pala, pero al final, lo conseguimos. La experiencia de trabajar a solas con Sonia fue una pesadilla, si de normal es exigente y borde, con estrés era aún mucho peor. Sonia y yo, laboralmente hablando, somos del mismo nivel pero ella, al ser como es, siempre busca imponer sus ideas y mandar. Esto nos llevó a muchas discusiones pero conseguimos terminar antes de tiempo, sin mandarnos a la mierda, y encima nos llevamos felicitaciones de clientes y jefes.

El día que ya nos teníamos que volver, el cliente insistió en invitarnos a cenar y, a regañadientes porque a ninguno de los dos nos apetecía, nos tuvimos que quedar una noche más. En casi 3 semanas en Madrid, era el primer día que cenaba con Sonia fuera, ni siquiera comíamos juntos, de lo cansados que acabábamos el uno del otro. También es verdad que solíamos comer en las instalaciones del cliente, algo rápido mientras seguíamos trabajando, incluido fines de semana.

El día de la cena, cuando salimos del cliente e íbamos en el taxi al hotel, me dice
– ¿Qué piensas ponerte para la cena?
– Me pondré el traje, no tengo mucho más aquí
Ella, con cara de cabreo:
– Claro, los tíos con el traje lo tenéis todo solucionado, pues yo tengo que ir a comprarme algo, que llevo 3 semanas poniéndome la misma ropa.
Le dije que de acuerdo, que yo me iba a echar una buena siesta. Entonces me dice:
– ¿Tienes camisas limpias?
Y yo, algo fastidiado por esa intromisión, le dije que algo tendría.
– Si quieres te compro una ¿qué traje te vas a poner?
– No sé, no lo he pensado

Y ahí quedó la conversación. Me fui a mi habitación y me eché en la cama. A las dos horas, me despertó las llamadas a mi puerta. Me levanté y era Sonia, que dándome una bolsa me dice
– Ponte el traje granate, es el que mejor te queda. La camisa que te he comprado es para ese traje y te la he dejado para planchar, luego te la suben. La factura de la camisa está dentro de la bolsa, luego me la pagas.

Y se fue, dejándome sin reaccionar, aún medio dormido. Más tarde, cuando me vestí, estuve a punto de no ponerme la camisa por rebeldía pero me gustaba y me quedaba perfecta, la chica tenía buen ojo para las tallas. La verdad es que no sabía si era un detalle de ella o que buscaba causar mejor impresión aún a los clientes.

Me bajé al hall del hotel a esperarla y cuando apareció, provocó que todos los tíos la miráramos, atraía todas las miradas, llevaba un vestido muy ajustado, negro, con la falda a medio muslo, tacones… No enseñaba nada de nada por arriba pero dejaba ver bien claramente el generoso tamaño de sus pechos. Estaba elegante y tremenda, es de ese tipo de mujeres que sabe vestir bien y con gusto. En cuanto me vio, se puso a darme instrucciones para la cena, que decir, por donde enfocar la conversación… para ella era una cena de negocios, no una celebración de fin de trabajo.

En el taxi, al sentarnos, se le subió un poco la falda y pude ver que no llevaba pantis sino medias de encaje, eso me puso un montón, no sé porqué. Ella seguía muy sería, estresada, repasando cosas que decir a los clientes. La cena fue muy bien, pero a Sonia no se la veía nada relajada. Cuando los clientes querían hablar de tonterías, a ella se le notaba a la legua que estaba contrariada, no lo puede evitar. Y cuando le hacían alguna broma o halago, podía ver el esfuerzo que le costaba reír la gracia, la pobre lo estaba pasando mal. Pero en líneas generales, fue muy bien la cena.

Al terminar y despedirnos de los clientes, fui a buscar un taxi pero Sonia me dijo
– Fran, estoy muy tensa, que horror de cena
– Ha ido muy bien, hemos causado muy buena impresión
– Estas cosas no se me dan bien, me cuesta mucho adular a la gente y reírme de sus tonterías

Me reí por dentro, anda que se le notaba poco a la pobre. Entonces me dice:
– Necesito tomarme una copa, conozco un sitio que me gusta de cuando vengo con mi novio, venga, vamos a ir
– No, paso, estoy destrozado, necesito dormir durante dos días
– No, te vienes, yo así no puedo dormir, necesito tomarme algo para relajarme

Ella, como siempre, tajante y exigente. Las ganas que me dan de mandarla a tomar por culo son pocas cuando tiene ese tono. Pero entonces me dice:
– Tú has estado muy bien, ahora y durante el proyecto, sé que soy difícil de aguantar en el trabajo, pero me he sentido cómoda trabajando contigo y eso es raro, déjame invitarte a una copa, por favor. Te prometo no hablar de trabajo.
Me dejó pasmado… ¡¡¡un halago!!!

Al final fuimos al local, que tenía barra, mesas y zona de baile. Empezamos tomando algo en la barra y ella pronto se comenzó a relajar. Se le soltó la lengua y se puso a criticar a los compañeros. El resumen, para ella todos son unos inútiles. No se salvaba nadie. Decía cosas como «Nuria, esa es subnormal, tiene que tener las rodillas destrozadas porque sino, no me explico que hace ahí». Luego insistió en bailar, y baila bien, era raro de cojones verla tan suelta y distendida. No es que riera mucho pero sí se la notaba más relajada que de normal, parecía que le habían quitado el palo del culo como dice un compañero.

Estuvimos allí un par de horas y bien, me lo pasé muy bien. Además, como está tan buena, pues era un placer verla bailar y bailar con ella. En cuanto la dejaba sola, se le acercaban moscones, como es natural, pero entonces volvía la Sonia normal con su bordería innata y los alejaba rápido.

Ya cansados de bailar, ella empezó a quejarse de los tacones y que quería volver así que salimos para buscar un taxi, y solo salir, me cogió y me llevó a una pared para besarnos. Otra vez me dejaba de piedra, no lo esperaba para nada. Habíamos estado hablando mucho de su novio, sus viajes… y de pronto, este ataque… no me lo esperaba, no me dio en ningún momento indicios de interés de este tipo.

El morreo se prolongó un buen rato y aproveché para bajar una mano a su culo y otra a un pecho, y ella no puso ninguna objeción, siguió con el largo morreo. Cuando terminamos me dijo
– Sigamos en el hotel
– Claro
– No entiendas mal esto, es un revolcón porque necesitamos eliminar el estrés de estos días, solo eso, nos usamos y ya está
– Vale

En el taxi seguimos la fiesta, me faltaban manos, pero a ella también. El taxista no nos quitaba ojo pero a ella le daba igual. Fuimos directos a mi habitación que era la primera y nos metimos sin encender la luz. Nos desnudamos rápidamente y, gracias a la luz que entraba por la ventana abierta, pude admirar su cuerpazo, unas tetas de infarto, un culo espectacular… tenía un condón en la cartera de casualidad, y me lo puse rápidamente. Fue un buen polvo, con Sonia muy caliente y cachonda. Lo que más me gustó es verla encima mía cabalgándome, con esas tetazas moviéndose al compás de sus embestidas a mi polla. Además, solo se dejó las medias y eso le daba un aspecto aún más sexy. No tardó en correrse con un gran gemido. Luego cambiamos de postura, me puse encima y estuvimos un buen rato besándonos y tocándonos mientras la follaba. Noté que tenía un orgasmo cuando me clavó las uñas en la espalda y se estiró con una sacudida y ya no pude aguantar más y descargué dentro de ella, en el condón.

Hasta aquí es el típico caso de polvo entre compañeros de trabajo tras pasar muchos días juntos y estresados ¿no? pero entonces pasó lo que ya no considero tan normal…

Al poco, Sonia se levantó y se puso a buscar su ropa. Encendió la luz y, sin ningún pudor, siguió buscando hasta encontrar su tanga y sujetador, que se puso rápidamente. La observé atentamente, en ropa interior, con las medias de encaje, estaba tremenda.

Entonces, no sé que coño le pasó, que se puso borde y agresiva. Me empezó a soltar gilipolleces e insultos sin venir a cuento hasta que me harté, me levanté desnudo para ponerme enfrente suya y le dije que se fuera a la mierda
– No sé que coño he pensado para follar contigo, no eres más que un neandertal
– Serás pija de mierda, menuda niñata
– Subnormal
– Vete de una puta vez
– Sí, a ver donde coño me has tirado el bolso, gilipollas

Y así todo el rato… no entendí su cabreo repentino pero cada vez estaba yo más cabreado con la situación. La veía dar vueltas buscando el puto bolso y venga a insultarme. Y de pronto me dice:
– Tanta polla y ni sabes follar en condiciones

Aquí ya me harté del todo, la tía se había corrido dos veces y se quejaba, no me lo podía creer.
– Mira, loca pija de los cojones, ¿no será más bien que eres un palo seco?
– ¿No será que eres maricón?
– Serás puta
– ¿Te van las pollas o qué?

Me acerqué a ella amenazadoramente, a punto de coger y echarla de la habitación a empujones, tal como estaba en ropa interior
– Eres una zorra calienta pollas
– Pues no será tu polla la que se calienta
– Puto zorrón
– Maricón
– Coño, Sonia, deja de joder y tengamos la fiesta en paz, que me estás tocando mucho los cojones
– ¿Qué cojones maricón? te estoy insultando y no eres capaz de hacerme callar y mucho menos de joderme en condiciones

Y entonces me di cuenta, la tía me estaba provocando de mala manera, llevaba un rato tonteando sin vestirse, quería caña y me provocaba, ¿buscaba que yo la insultara? ¿que fuera agresivo con ella? Pensé que sí aunque no estaba seguro. La miré y la cogí por el cuello, y le dije
– Te voy a joder como nunca lo han hecho, zorra

Ahora se quedó callada, mirándome, sin intentar soltarse ni moverse
– Me vas a chupar la polla como la puta que eres

Ella seguía mirándome, sin rechistar ni sonreír ni nada, pero la noté excitada. Con la mano libre le agarré una teta y noté el pezón duro a través del sujetador de encaje
– Y luego te voy a follar ese coño de puta que tienes hasta destrozarte, zorra

Le bajé uno de los tirantes y le dejé la otra teta fuera del sujetador, con el pezón visiblemente duro. Se lo acaricié y ella soltó un gemido de placer… realmente estaba excitada…

Apreté un poco la mano en su cuello y ella jadeó, pero sin moverse, sin dejar de mirarme
– ¿A qué esperas para chupármela, zorra?

La solté y ella se puso de rodillas y me miró desde abajo. Le hice un gesto y me cogió la polla que la tenía semi erecta por la situación. Sacó la lengua y me lamió la punta, para luego metérsela en la boca. Empezó una mamada lenta pero sin pausa. yo seguí insultándola y ella me miraba sin parar de chupar. Le dije
– Cómeme los huevos, zorra

Y ella paró y me lamió los testículos y luego se los metió en la boca, primero uno, luego el otro. Estuvo un rato y luego le dije:
– Sigue chupándomela, putita

Ella obedeció rápidamente. Yo estaba alucinado, no me podía creer esa sumisión de Sonia. Entonces le apreté la cabeza obligándola a meterse más y más polla en la boca. Le costaba debido al grosor, como a todas, pero no me paró. Seguía apretándola hasta que ya no aguantó más y se salió, tosiendo y diciendo «joder, que me vas a ahogar». Le dije
– Pues aprende a hacer una mamada, puta

Me miró con mala leche y pensé que me había pasado, pero fue algo pasajero, volvió a meterse mi polla en la boca y a reanudar la mamada, intentando ella sola metérsela entera, con mucho esfuerzo y ruidos de atragantamiento.

La dejé un rato hasta que le dije
– Ya está bien, ahora te voy a follar, puta, desnúdate

Ella se levantó, se quitó el sujetador y el tanga, quedándose solo con las medias. Le dije
– Joder, que pinta de fulana tienes con esas medias de puta

Y la besé, Sonia estaba increíblemente sexy con las medias, me tenía malísimo. Le cogí las tetas, el culo, me podía en ansia… ella me besaba con ardor mientras me cogía la polla, moviendo la mano a lo largo de ella.
– Estás deseando que te folle ¿verdad zorrita? venga, vete a la cama

Sonia se subió a la cama y se puso a 4 patas, esperándome. La visión era alucinante, verla así, mostrándome el culo y el coño, un pedazo de mujer en toda regla, tremendo… me acerqué y le toqué los labios vaginales, estaban húmedos. Le metí un dedo, estaba muy mojada, la tía estaba muy cachonda. Entonces caí que no tenía más condones y me quedé parado, pero esa visión que tenía delante, eso no lo podía aguantar. Se la metí a pelo. Gocé de ella un buen rato, follándola duro, insultándola, cogiéndola del cuello, diciéndole que hacer… ella obedeciendo sin rechistar, corriéndose claramente varias veces… yo lo estaba pasando de fábula pero ella también.

Entonces, cuando ya me cansé, le dije que se pusiera de rodillas, que me iba a correr en su cara de zorra. Ella obedeció de nuevo, poniéndose delante mía. Le dije que chupara, y lo hizo con muchas ganas, rápidamente, para que me corriera. Cuando ya no pude más, se la saqué de la boca y me corrí en su boca y cara, ella con la lengua fuera, esperando mi leche. La dejé totalmente pringada de mi leche. Ella me miraba, esperando algo. Le cogí un poco le leche de su mejilla y le metí el dedo en la boca, y ella chupó con ansia. Luego le dije que se limpiara con los dedos y los chupara, y eso hizo, de una forma muy erótica. Fui al baño a buscar una toalla y se la di. Ella se secó.

Me tumbé en la cama destrozado. El primer polvo había sido bueno pero el segundo había sido salvaje total, estaba alucinado. Sonia se terminó de quitar la leche de la cara y se tumbó a mi lado, callada. La miré, estaba tranquila, mirando al techo. Le cogí una teta y se la acaricié. Ella me dejó, sin mirarme. Me empecé a adormilar, estábamos los dos tumbados, desnudos, con la luz encendida, tras haber echado uno de los polvos más raros y salvajes de mi vida.

Entonces ella se giró, me abrazó y me dijo
– Estoy un poco mareada
– ¿Por la bebida?
– Sí, y por todo esto, ha sido muy intenso
– ¿Te pareció malo el primer polvo?
– No
– ¿Entonces?
– No sé, estaba borracha y quería seguir jugando
– Joder Sonia, te podría haber hecho daño, otro tío te podría haber dado una buena hostia
– Lo tenía controlado
– Eso es jugar con fuego
– Además, eso hubiera sido parte del juego
– ¿La hostia?
– Sí

Entonces se levantó y se fue al baño. Cada vez estaba más sorprendido con Sonia. Escuché como orinaba y pensé «esta mujer está mal de la cabeza».

Gracias por los comentarios, voy a terminar esa noche loca de sumisión inesperada.

Sonia volvió del baño y se me quedó mirando para decir a continuación
– Bueno, ¿me voy o eres capaz de otro?

La miré sorprendido
– ¿Otro?
– ¿Por qué no?
– pero ¿igual de cañero?
– Tú sabrás
– Joder, sí que eres un zorrón
– No tienes ni puta idea (medio sonriendo)
– ¿Qué pasa? ¿tu novio no te folla bien?
– Mi novio folla genial, pero él no está y yo tengo mis necesidades, así que me conformo contigo
– Ven aquí putita

Y se acercó a la cama despacio, totalmente desnuda, solo con las medias, super sensual. Por cierto, creo que no he dicho que está casi completamente depilada ahí abajo, solo tiene una pequeña franja de pelo, cosa que me ponía aún más que si lo tuviera totalmente depilado. Le dije
– Gírate, quiero verte el culo

Se giró, enseñándome su excitante trasero
– Joder, vaya culo que tienes, puta, estoy pensando en follártelo ahora
– No, eso no
– ¿No te gusta?
– No

A pesar de sus palabras, quiso provocarme más y, sin volverse a mí, se inclinó un poco, para dejarme una visión aún más infartante de su culo
– Sepárate las nalgas

Y lo hizo, en silencio, mostrándome el ano. Se me puso dura al momento, la tía estaba demasiado buena como para no ponerme malo al instante
– Ven aquí, putita

Se giró y se acercó a la cama, mirando mi polla erecta y sonriendo levemente
– Tienes ganas de mi polla ¿no putita?
– Sí
– ¿Quieres volver a chupármela o tienes más ganas de tenerla dentro de tu coño de zorra?

Me miraba sin contestar y entonces le pegué una palmada en una teta, diciéndole
– Contesta puta

Sonia puso cara de dolor pero no protestó ni gritó. Tampoco dijo nada. Le volví a dar otra palmada en la otra teta, un poco más fuerte. Esta vez sí soltó un quejido
– Dí, zorra, ¿qué quieres?
– Quiero chupártela y que luego me folles mi coño
– ¿Tu coño de qué?
– Mi coño de puta

La cogí del brazo y la tumbé en la cama donde nos besamos. Yo estaba super cachondo, como me ponía esa sumisión de Sonia, con lo cabrona que era siempre, verla así me ponía cerca del infarto. Nos dimos un buen morreo mientras nos tocábamos y luego le comí las tetas, que tetas tiene la cabrona, una maravilla. Volví a por su boca y luego a su cuello. Le dije al oído
– Joder Sonia, que buena estás
– Puta
– ¿Qué?
– Que me insultes, no digas mi nombre, insúltame

Con el calentón me tenía loco y se me olvidó el juego de dominación pero ella lo tenía muy presente. La miré y le dije
– Que buena estás, puta

Ella aceptó el insulto con un pequeño gemido. Desde su cuello fui bajando tomándome mi tiempo en sus tetas, vientre, ombligo… hasta llegar a su coño. Lo miré de cerca, hinchado, mojado, precioso… y me lancé a comérselo. Cuando se corrió, volví a su boca, la besé y le dije
– Sabe a coño de puta ¿verdad?
– Sí
– Cómeme la polla

Me tumbé boca arriba y ella bajó a hacerme una buena mamada mientras yo la llamaba zorra, puta,…

Tras un buen rato, le dije que se pusiera a 4 patas sobre la cama, que la quería follar. Ella obedeció de inmediato. Me puse detrás de ella pero al ver su culo, volví a pensar en follármelo. Le dije
– Te voy a follar el culo, zorra
– No

Le pegué una palmada en una nalga. Ella dio un respingo
– No te pido permiso, puta, te digo que te lo voy a follar
– No

Otra palmada, esta vez fuerte de verdad, se tuvo que escuchar en todo el hotel. Ella dio otro respingo y un quejido, pero no se movió, siguió a 4 patas delante mía
– Te voy a follar este precioso culo, putita

Esta vez no dijo nada. Le puse la punta en el ano y ella ni se apartó ni nada. Pensé «¿me va a dejar?». Eché saliva en su ano y la restregué por él con mi polla. Apreté un poco. Sonia no se apartaba, se dejaba hacer. Entonces me agaché y se lo lamí. Ella lanzó un gemido de placer. Se lo lamí varias veces y mientras le acariciaba el clítoris con un dedo mojado. Sonia se retorcía de gusto, gimiendo. Cuando vi que estaba muy cachonda, me incorporé. Eché más saliva sobre mi polla, y volví a apretar, entrando un poco. Sonia se quejó diciendo «ahhhhh» pero no se apartó. Apreté más, entrando la punta entera. Sonia volvió a quejarse, agachando la cabeza y me fijé que tenía agarradas con fuerza las sábanas.
– Relájate, putita, te acabará gustando si te relajas

Sonia se recolocó un poco, dejando de estar a 4 patas para tumbar la cabeza y brazos y levantar un poco más el culo. Seguí metiéndola… tenía el culo super apretado, me dolía la polla de lo cerrado que lo tenía.
– Relájate, lo tienes bien apretado, tócate, eso te ayudará

Me obedeció y se empezó a tocar. Me quedé quieto, con un poco más del glande metido en su culo. Al rato le dije
– ¿Estás bien?
– Sí
– ¿Sigues cachonda?
– Sí
– Voy a moverme
– Sí

Eché un poco más de saliva y volví a apretar. Sonia volvió a quejarse, pero no paró de tocarse. Cuando llevaba la mitad de la polla dentro paré y la empecé a sacar lentamente, para luego volver a meterla. Fui moviéndome más rápido y conseguí un buen ritmo de folleteo de su culo, siempre sin metérsela entera. Ella se quejaba y gemía, pero ya se notaba otro tono, era placer. Acabó corriéndose gracias a su mano.

Me salí y me tumbé a su lado, ella estaba boca abajo, con la cara en la almohada, recuperándose de su orgasmo. Entonces me miró, tenía el maquillaje echo un desastre, se le habían saltado las lágrimas y le corrían por la cara unas líneas negras. Le limpié un poco la cara con los dedos y le di un beso tierno.

Le dije
– Quiero follarte por el coño

Ella callada, mirándome
– Pero antes límpiame la polla con la boca, chúpamela

No veía sucia mi polla, al menos no visiblemente, pero al haber estado en su culo, metérsela en el coño directamente no me gustaba. Sonia ni lo dudó, se incorporó y volvió a chupármela, de su culo a su boca directamente, menuda zorra estaba hecha. Luego le dije que se pusiera encima y me cabalgó un rato, mientras yo disfrutaba del bamboleo de sus tetazas. Al rato le dije
– Ahora por el culo

Sonia me miró y se sacó mi polla de su coño. Se colocó para poner la punta en su ano y apretó. Le costó varios intentos pero logró metérsela. Me dolió bastante y a ella también por la cara que puso. Le dije
– Echa saliva, que lubrique algo
– Espera, tengo una idea

y se levantó y buscó su bolso, que curiosamente, encontró enseguida, no como antes del segundo polvo. Sacó un botecito de crema y se untó en las manos y luego en el culo. Luego me puso en la polla. Se volvió a poner encima. Esta vez le costó aún más metérsela pero cuando lo logró, ya no me dolió. Fue despacio, colocándose varias veces para aceptar mejor la entrada hasta que dio con una buena postura que me dejó ver bien su coño y mi polla dentro de su culo ya que se inclinó para atrás, con las piernas hacia delante, como a 4 patas pero invertida. Empezó un lento folleteo, con caras de dolor y placer mezclándose aunque pronto fueron solo de vicio.

Alargué la mano y le toqué el coño. Le metí un dedo, estaba muy mojado. La toqué y la masturbé mientras ella se movía más rápido. Durante los polvos, ella había gemido mucho pero casi sin gritar, en esta ocasión se puso a gritar de placer, a las 5 de la madrugada… se la tuvo que escuchar en todo el hotel. Yo no aguanté más y me corrí dentro de su culo, y ella me siguió al momento, con un gran orgasmo.

Después de aquello, se tumbó a mi lado y me quedé dormido. Me desperté un par de horas más tarde ya que cogíamos el tren de vuelta temprano. Sonia no estaba, se habría ido tras el polvo y ni me enteré. Me duché, vestí y terminé la maleta. Bajé a recepción y la esperé para irnos a la estación. Bajó ligeramente maquillada pero muy bien, sin rastro de la fiesta nocturna, con unos vaqueros y camiseta, muy informal, nunca la había visto así. Me dio los buenos días pero sin beso. Dimos las tarjetas y cogimos un taxi.

Ella no me habló en todo el trayecto, se puso gafas de sol y miraba por la ventana. En la estación, me dijo de tomar un café pero no tenía hambre, yo sí, después del ejercicio nocturno estaba desfallecido. Durante el desayuno, ella se limitó a tomarse su café sin decir nada. Pensé que estaba enfadada por todo lo que le había dicho y hecho durante el sexo. Al terminar, nos quedamos sentados y ya no aguanté más
– ¿Estás bien?
– Perfectamente
– No sé, lo mismo estás molesta
– No
– Bueno, si tú lo dices
– Mira, lo de anoche fue lo que fue, nos divertimos y ya está, pero fue un error, ya lo sabes
– ¿Error?
– Claro, nos emborrachamos, teníamos mucha presión encima pero tengo novio y tú tienes a la canija esa (se refería a Gema , porque una vez se conocieron en un evento de la empresa donde llevé a Gema como pareja y supongo que pensaría que estábamos juntos)
– En todo caso, 3 errores

Aquí ella me miró por primera vez en la conversación y sonrió
– Un error los cuernos, los polvos no
– Bueno, que disculpa si me pasé, se me fue un poco la olla
– No hay nada que disculpar, fue divertido, nos lo pasamos bien, pero no va a volver a pasar nada más, lo tienes claro ¿verdad?
– Vale, sí, pero que dije cosas que no pienso
– Déjalo, estábamos jugando
– Vale, vale, si no estás molesta, mejor
– Bueno, ahora que lo dices, sí, una cosa
– Dime
– Si te digo varias veces que no quiero que me des por el culo, será por algo
– Ah, pero es que tampoco te apartabas
– Pero ¿tú me viste como estaba?
– ¿Cómo?
– Que no estaba yo para pensar razonablemente
– No te entiendo
– Que estaba muy cachonda, joder, que pareces tonto
– Vale, vale
– No tienes una polla para follar culos, me va a estar doliendo una semana
– Lo siento, intenté ir con cuidado
– Ya, con eso no vale ni el cuidado ni nada, es demasiado gruesa
– Vale, vale, perdona, yo tampoco razonaba mucho
– ¿A la canija le das por el culo? porque la tienes que partir con ese culito que tiene
– Se llama Gema y sí, lo disfruta, casi tanto como tú ayer (ya me estaba tocando los cojones)

Sonia, con una media sonrisa, y dijo
– Bueno, dejemos el tema, de esto no se vuelve a hablar ¿De acuerdo? nos lo pasamos bien, genial, pero ya está, es solo anecdótico

Entonces nos levantamos para irnos al tren y me fijé que teníamos una pareja de 40-50 años detrás que nos miraban con cara de asombro total, nos habían escuchado claramente. Sonia también se dio cuenta pero pasó del tema. Yo me puse rojo de vergüenza.

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