KERANOS

-¿Todo bien?
-Sí, claro…
-Vamos a ir al mirador de aquí al lado.
-Vale.

Durante el camino estuvimos en silencio. Me estaba poniendo más nervioso por como la veía. Estaba como distante, mirando por la ventana, sin decir nada, muy diferente a la Elena que yo conocía, siempre alegre, habladora y con una sonrisa en la boca. Cuando llegamos por fin empezó a hablar.

-Javi… Eres una persona muy importante para mí… (dijo seria).
-Y tú para mí (dije nervioso sin entender que estaba pasando).
-Es que verás…
-Elena, ¿qué pasa? Me estoy poniendo nervioso…
-No te preocupes, no pasa nada. Sólo quería explicarte lo que pasó en mi casa.
-Ah, bueno. No hace falta, Elena. No te quiero ver mal (dije aliviado).
-Quiero contártelo porque confío en ti y para mí lo eres todo…
-Joder, Elena (dije cogiéndole la mano).
-Verás, Javi…

Entonces se puso a contarme que su familia siempre había sido como una familia ideal, pero en el último año sus padres discutían más hasta que llegó un punto en el que discutían a diario y ella lo pasaba bastante mal por eso. Pero un día, su madre fue a la puerta del trabajo de su padre y vio como estaba con otra mujer, los siguió sin que se dieran cuenta y vio como se metían en el mismo coche. Se dio cuenta de que le estaba engañando y cuando su padre llegó a casa tuvieron una discusión muy fuerte con muchos gritos. Me dijo que ella estaba en su habitación llorando y entonces empezó a llorar por los recuerdos del momento. Le dije que parara de contarme, que no quería verla así, pero ella quería hacerlo, así que siguió.

Dijo que oyó como su madre le decía su padre que como se atrevía a romper una familia de esa manera, que como no pensaba en sus hijas y que lo echó de casa sin dejarle que hablara con ellas y le prohibió que les hablara. Después su madre tuvo una charla con ellas, poniendo bastante mal a su padre y les dijo que no hablaran con él, que se iban a separar y que, si creían que su padre había hecho bien en hacer eso, que se podían ir con él. Les prohibió que llevaran chicos a casa para cualquier cosa, que por eso se puso así cuando la vio con su ex en su habitación.

También me dijo que cuando le contó a su madre que había roto con su ex, que le preguntó por qué habían roto y que ella no se lo contó y entonces dedujo que había sido por la misma razón por la que ellos habían roto. Y le dijo que no se podía fiar de ningún tío, que todos son iguales, que su padre rompió la relación con ella después de muchos años juntos y dos hijas y su novio le había hecho eso después de 5 años de relación. Que no era culpa suya, que eran los tíos, que solo pensamos en lo mismo. Y que por eso toda la situación con su madre.

-Lo siento, Elena…

Elena se encogió de hombros mientras se limpiaba las lágrimas.

-¿No has vuelto a hablar con tu padre?
-Claro que he hablado con él, le echo mucho de menos. Pero se fue a otro pueblo a vivir y llevo bastante sin verlo. Yo sé que lo que hizo estuvo mal, pero es que es mi padre. Le quiero un montón…
-Te entiendo, Elena. No tienes que justificar nada.
-Y Alejandro sabiendo todo eso va y también me lo hace a mí… Lo he pasado muy mal, Javi…
-No tenía ni idea, Elena… Si necesitas tiempo…
-No, no. Si yo no tenía previsto nada, pero no sé, te interesase y vi que estaba a gusto contigo y bueno, empezaron a surgir sentimientos y estoy encantada contigo.
-Yo también estoy encantado contigo, Elena.
-Bueno, pues ya lo sabes. Espero que no sea un inconveniente.
-¿Pero qué dices? Anda ven aquí (le di un abrazo y un beso para consolarla, porque estaba bastante triste).
-Por cierto, no sé si nos vamos a poder ver tanto a partir de ahora…
-¿Por qué?
-Porque ahora mismo en mi casa no trabaja nadie, yo me he ofrecido para buscar trabajo, pero mi madre me ha dicho que me tengo que centrar en acabar mis estudios y con la manutención que nos pasa a mi padre de mi hermana y la poca pensión que le dan a mi abuela, no es suficiente para las cuatro y mi madre cree que es una tontería que estemos viviendo en dos casas, pudiendo estar las cuatro en una solo y poder sacar dinero vendiendo la otra.
-Elena, yo tengo algo de dinero ahorrado.
-Ni se te ocurra, Javi. Vamos a vender mi casa y nos vamos a casa de mi abuela. Por eso ha venido esta mañana, para preparar la escritura de la casa.
-Lo siento, Elena, no sé qué decir…
-Tengo tantos recuerdos en esa casa… Pero a mi madre también le trae recuerdos, pero con lo que pasó, no quiere seguir ahí.
-Bueno, no te preocupes. Ya veremos qué hacemos (dije mientras le cogía la mano para besársela).

Después de la conversación y unos arrumacos para animarla, la llevé de vuelta a su casa, despidiéndonos con un beso, aún la notaba triste. Regresé a mi casa, pensando por el camino en como animarla y se me ocurrió algo.

Mi plan era pedirle a Noelia el número de su padre para ponerme en contacto con él y que pudiera ver a Elena. Lo haría en la próxima clase que tuviéramos. Llegué a casa y mi madre me notó raro, así que le conté lo que pasó.

-Vaya hijo… Está la cosa fea.
-Ya, pero tengo un plan (contándole mis intenciones).
-Javier, eso está muy bien, de verdad. Pero ¿y si te trae problemas?
-No creo, mamá. Quiero que esté contenta, es lo mínimo que puedo hacer.
-Vale, hijo. Me parece bien.

Estaba más animado por el plan que se me ocurrió, esperando que llegara el martes para hablar con Noelia para ver si me podía ayudar.

El resto del día y el lunes pasaron normales, con mi trabajo rutinario. Hablé con Elena para ver como estaba, notando la mejor poco a poco. Por fin llegó el martes por la tarde, así que fui a casa de Elena para dar la clase con Noelia.

Como no me avisaron, imaginé que su madre no estaba, así que llamé a la puerta. Me abrió Noelia, dándome dos besos y haciéndome pasar al salón, pero al entrar me llevé una sorpresa. No estábamos solos. En el salón estaba la amiga de Noelia que vi cuando quedé un día con Elena nada más empezar a ser pareja y cuando Noelia estaba mosqueada al enterarse de que ahora su hermana y yo estábamos juntos. Entró Noelia.

N: Javi, esta es María, también va regular con el examen y le comenté que me estabas echando una mano y que me iba mejor y me dijo que si podía venir para que le ayudaras. No te importa, ¿no?
J: No, para nada (dije, aunque estaba un poco extrañado de que no me hubiera dicho nada antes de ir).
M: Hola (dijo acercándose para darme dos besos).

Nos sentamos en el sofá y nos pusimos a trabajar, quedando yo entre amabas. Repetí lo que hice con Noelia en las primeras clases para que María fuera cogiendo el ritmo, mientras Noelia repasaba vocabulario y rellenaba algún examen. María era una chica bastante extrovertida y cercana. Se tomaba la confianza de ponerme la mano en el hombro y arrimarse cuando le explicaba algo señalando en la hoja las partes importantes.

Físicamente era algo más alta que Noelia, era una chica delgada, aunque sus generosos pechos y su culo redondito le hacían una figura con unas curvas muy sensuales, haciéndola realmente atractiva. De cara era bastante guapa, con unos ojos marrones muy vivos a juego con su larga melena lisa castaña, una nariz pequeña y unos labios pequeños, aunque carnosos. Era blanquita de piel, aunque no tanto como Noelia y Elena.

La clase transcurrió con normalidad, aunque notaba a María un poco echada para delante, se arrimaba un poco de más quizás, pero tampoco le di mucha importancia, porque veía que su personalidad era así. Cuando acabamos le dije a Noelia que, si podía hablar con ella de una cosa, aprovechando que Elena estaba en casa de su abuela.

-Dime.
-A ver, Noelia. No sé como pedirte esto…
-Mmm… ¿qué pasa?
-A ver. Estuve el otro día hablando con tu hermana y…
-Venga, suéltalo…
-Necesito que me hagas un favor y no sé si te va a gustar.
-Uy…
-Es que me contó lo que pasó entre tus padres y…
-Ah, eso…
-Sí, y me dijo que echa mucho de menos a tu padre y que lleva muchísimo sin verlo, porque bueno, en fin. Que me contó todo y tal…
-Vale, ¿y qué pasa?
-Que me gustaría darle una sorpresa y me gustaría quedar con él para que se vieran. Por si me puedes pasar su número para poder hablar con él.
-Bueno, va a ser un poco difícil porque yo borré su número, no quiero saber nada de él.
-Vaya… Lo siento…
-No pasa nada.
-No sé, ¿crees que podrías cogerle el móvil a tu hermana para poder ver su número y pasármelo?
-Ah, ahora sí que puedo coger su móvil a escondidas, ¿no?
-Noelia, no es lo mismo una cosa que la otra.
-Vale, vale, lo hago, ¿pero yo que obtengo a cambio?

Me quedé en silencio sin saber que responder con cara de sorprendido.

-Es broma, Javi. Esta noche a ver si puedo hacerlo y te lo paso.
-Gracias, de verdad.
-Ya… ¿algo más?
-No, nada. Ya nos vemos en la siguiente clase.
-Vale. No te ha molestado lo de mi amiga, ¿no?
-No, es muy simpática y se le ve interesada.
-Vale. Pues nos vemos en la siguiente clase.

Le pregunté a Elena si nos veíamos para despedirnos, aprovechando que estaba en su pueblo. Me dijo que pasara por la puerta, que salía un momento para darme un beso. Fui a donde me dijo, yendo por primera vez a la casa de su abuela. Aparqué cerca, aunque no en la misma puerta y le avisé. Salió y nos dimos un beso. La veía más animada. Le dije que a ver si mañana o el día siguiente para vernos y tomarnos algo con los amigos, pero me dijo que su madre tenía que arreglar papeles por lo de la casa y que se tendría que quedar con su abuela, ya que su hermana tenía que ir a clase, así que quedamos en vernos para la fiesta que iban a montar los amigos en una casa, que finalmente sería el sábado para los que tuvieran clase o que ir a trabajar pudieran ir también. Nos despedimos rápidamente y me fui a casa, esperando la noche para ver si Noelia me podía conseguir el número de su padre.

Por la noche me habló Noelia.

-Javi, he estado con mi hermana cuando he ido a casa de mi abuela y he conseguido eso, te lo paso.
-Muchas gracias.
-Oye, estos días el tema de las clases va a estar un poco chungo…
-Ya me ha dicho tu hermana.
-Sí, mi madre está yendo y viniendo con papeles y no me fio de hacerlas aquí.
-Pues no se me ocurre nada. Sólo esperar.
-Ya, el tema es que como se venda la casa rápido, no podremos hacerlas más en mi casa.
-Es verdad. Pues no sé, Noelia…
-Le voy a preguntar a María, a ver si pudiéramos en su casa.
-Vale. Si no hay opción, me parece bien.
-Vale, dice que no hay problema, que sus padres están toda la tarde fuera porque ambos trabajan (dijo al rato).
-Vale. Pues genial, podremos seguir con las clases hasta que las necesitéis.
-¿Cuándo hacemos la siguiente?
-Pues, ¿qué te parece el viernes? Así podéis ir haciendo exámenes y me los traigo y les echo un ojo.
-Me parece bien, no creo que María tenga problema. Si por algo no podemos, te aviso.
-Vale. Nos vemos el viernes entonces. Y muchas gracias por el favor.
-De nada.

Al día siguiente llamé al padre de Elena y me presenté. Le dije que me había contado lo que había pasado y que le echaba mucho de menos y que quería verlo. Le expliqué que estaba muy triste y que por eso quería darle una sorpresa. Me dijo que le parecía bien, que él también quería ver a su hija, ya que desde ese día no se veían. Me dijo de quedar el sábado, ya que tenía que trabajar y era de otra ciudad. Me pareció perfecto, así que quedamos sobre las 2 en mi ciudad, para que la viera y de paso nos invitaba a comer en un restaurante.

Estaba contento, porque todo iba como planeaba, me cayó muy bien el padre de Elena. Ya sólo quedaba que Elena no tuviera problema para poder estar a esa hora. Los siguientes días fueron normales, con la rutina de trabajo de siempre, hablando con Elena por teléfono y saliendo alguna tarde-noche con los amigos para una cerveza, pero sin ella. Llegó el viernes, ese día tenía clase con Noelia y María a las 6, pero sobre las 4 recibí unos mensajes de Noelia.

-Javi, estamos María y yo aquí, que hemos ido a tomarnos una cerveza con algunos más de clase, pero nos hemos quedado tiradas. ¿Nos puedes llevar y ya de camino damos la clase?
-Vale, dame un momento que me preparo y voy a por vosotras.
-No hace falta, estamos aquí al lado de tu casa, te esperamos en la puerta.
-Perfecto.

Salí de casa y ahí estaban las dos, esperando. Nos montamos en el coche, ellas dos se montaron atrás y no paraban de cuchichear en voz baja y soltar risitas. Llegamos a casa de María y entramos. Efectivamente estábamos solos. Nos sentamos en unas sillas, en la mesa de su salón y empezamos a dar la clase, que fue normal, aunque ambas estaban un poco distraídas con varias risitas.

J: Veo que os lo habéis pasado bien…
N: Sí, hemos tomado alguna cerveza de más, jeje…
M: O a lo mejor no, jiji…
J: Va, vamos a centrarnos.

Continuamos con la clase y seguían con las risitas, aunque no me importaba, pero también se arrimaban más de la cuenta, ocasionándome algo de incomodidad. Acabamos sobre las 8 de la tarde y cuando me iba a despedir, saltaron ellas antes.

M: Oye, ¿nos vamos a tomarnos algo? (Dijo mirándonos a Noelia y a mí).
N: Por mí sí, ¿te vienes, Javi?
J: No puedo, tengo que hacer cosas.
M: Venga va, una cerveza rápida.
N: Venga, Javi, no nos hagas el feo.
J: De verdad, no puedo, tengo cosas que hacer. Además, tengo que coger luego el coche y paso de beber…
M: Joder tío…
J: Otro día. Hoy no puede ser.
M: Vale, pero no te escabullas la próxima…
J: Vale, vale.

Nos despedimos con dos besos y me fui de allí, montándome en el coche. Me dio la impresión de que algo pasaba, así que decidí salir de ahí como fuera. No quería ningún lío. Llamé a Elena para aprovechar que estaba ahí para vernos, pero no me cogía el teléfono. Por la noche, Elena y yo hablamos por mensajes.

-Tengo una perdida tuya, ¿qué pasa?
-Nada, que estaba en tu pueblo, que hemos tenido clase tu hermana y yo y ya que estaba ahí pues quería aprovechar para verte.
-Jo… Es que estaba con mi abuela durmiendo en la cama. A veces le da el bajón y se pone triste y le gusta que duerma con ella.
-Vaya, no lo sabía.
-Bueno, no pasa nada. ¿Y dónde habéis dado la clase?
-En casa de una amiga suya que se nos unió el otro día.
-Am. ¿Y cómo ha ido?
-Pues bien. Ha sido una clase bastante larga, porque a las 4 me ha dicho tu hermana que se habían quedado a tomarse unas cervezas aquí y se habían quedado tiradas. Me dijo que si las podía llevar y de paso dábamos la clase.
-Vaya jetas…
-Bueno, hemos aprovechado el tiempo, aunque iban un poco contentillas creo yo.
-¿En serio?
-Sí, mucha risita y tal, pero bueno. Están en la edad…
-Madre mía… Oye, qué ganas tengo de que llegue mañana…
-¿Y eso?
-Pues que llevo aquí encerrada toda la semana y tengo ganas de verte y salir. La fiesta de mañana me viene perfecta para ambas cosas.
-Yo también tengo ganas, así me despejo de tanto trabajo.
-Oye… Llevamos muchos días sin… ¿Venimos después a mi casa?
-Lo mismo no me aguanto en la fiesta cuando te vea… Jajaja.
-Jajaja. Me daría morbo que me follaras ahí la verdad…
-Pues me estás dando ideas…
-Ah, ¿sí…?
-Pues sí. De hecho, ¿mañana sobre la 1 estás libre?
-Sí.
-Pues a esa hora paso a por ti.
-¿Qué vamos a hacer?
-Es sorpresa…
-Vaya, que ganas. Me encantan tus sorpresas, ya lo sabes.
-Seguro que te gusta esta también.
-Que ganas. La quiero ya…
-Venga, anda, no te pongas como una niña y vamos a dormir, que mañana va a ser un día muy largo…
-Vale…

Me fui a dormir muy contento porque todo iba a salir como esperaba.

Al día siguiente me desperté sobre las 10, me fui a desayunar y me pegué una ducha. Estaba un poco nervioso, estaba haciendo hora para ir a por Elena, pero el tiempo pasaba muy lento. Mientras tanto hablé con mi madre, diciéndole como iba la cosa y los planes para ese día. Me dijo que se alegraba por nosotros y que nos lo pasáramos bien.

Al fin llegó la hora, así que fui a por Elena. Cuando llegué, aparqué cerca de su casa y le dije que la estaba esperando. Cuando me vio, se acercó corriendo hacia a mí, saltando encima mía para darme muchos besos por la cara.

-Vaya, que bien te veo…
-Sí, tenía unas ganas de verte…
-Venga, vamos. Móntate en el coche, que tenemos que ir a un sitio.
-¿A dónde?
-Ahora lo verás…
-Jo…
-Venga, va.

Nos montamos en el coche y se puso a mirarme como una niña esperando su regalo en Navidad. Me empecé a reír y ella me hacía cosquillas.

-Elena, que estoy conduciendo…
-Javi, llevo muchos días sin verte. Bastante que no tiro del freno de mano para montarme encima tuya…
-Jajajaja, ya veo, ya… (dije poniéndole la mano en el muslo)
-Esto tampoco ayuda… Jajaja.
-Ya verás esta noche…
-O paras, o tiro del freno de mano, tú mismo… Jajaja
-Jajaja, vale, ya paro.

Llegamos al restaurante y fui a aparcar.

-¿Y este sitio?
-Hoy vamos a comer aquí.
-Como me cuida mi niño…
-Bueno, esta no es la sorpresa en realidad…
-Ah, ¿no?
-Pues no.
-¿Entonces?
-Ahora verás.

Fuimos andando hacia un parque que había al lado del restaurante y allí estaba su padre. Cuando Elena le vio, salió corriendo hacia él. Yo me quedé un poco retirado para darles intimidad, Elena lloraba bastante, pero no estaba triste. Su padre también estaba emocionado, se veían después de varios meses. Cuando vi que se tranquilizaban un poco me acerqué para presentarme y estrechar la mano de su padre, él me dio la mano y también un abrazo y las gracias por haber hecho eso. Después fuimos a comer mientras se pusieron al día, estuvimos a gusto, hablando y disfrutando de lo que servían en ese restaurante. Cuando acabamos, se despidieron con la promesa de verse más seguido, ya que su padre le dijo que vendría a verla cuando pudiera.

Sobre las 4 de la tarde, lleve a Elena a su casa, quien me daba las gracias por el camino.

-Javi, muchas gracias por esto. No tengo palabras, de verdad.
-Me alegro que te haya gustado.
-Qué suerte tengo de haberte conocido. Me cuidas mejor de lo que me gustaría.
-Anda ya, Elena. Es lo menos que puedo hacer. El otro día se me rompía el corazón viéndote tan triste. Tenía que hacer algo…
-Jo, Javi… Te quiero.
-Yo también te quiero, Elena (dije poniéndole la mano en el muslo).

Ella cogió mi mano y la acarició. El resto de camino hablamos de las ganas que teníamos de la fiesta de esa noche. Llegamos a su casa, donde nos despedimos, dándonos un beso. De nuevo me dio las gracias por lo que había hecho por ella. Quedamos en que iría a por ella a las 10 de la noche, para irnos a mí ciudad, donde era la fiesta.

Fui a mí casa y en cuanto llegué, mi madre me preguntó como había ido. Le conté como fue todo y se alegró mucho por mí. También me recordé que esa noche iríamos a una fiesta. Me dijo que lo pasáramos bien y que tuviéramos cuidado. Después de cenar algo fui a vestirme. Me puse una camisa blanca, unos vaqueros más formales y unos zapatos. Hasta me recorté la barba para causar buena impresión. Después fui a por ella.

Le esperé en la puerta de su casa y en cuanto le dije que estaba ahí, salió. Estaba guapísima, con una camiseta granate ajustada con un poco de escote, una cazadora vaquera, la falda que se puso en la fiesta anterior, unas medias negras y unos zapatos parecidos a los que se puso en la fiesta anterior, pero eran del color de la camiseta. Se alisó el pelo y se puso un poco de maquillaje.

-Madre mía, Elena… Estás tremenda…
-Tú también estás cañón (dijo sonrojándose).

Nos dimos un beso y le cogí el culo.

-Javi, a ver si no vamos a llegar a la fiesta… Jajaja.
-Joder, es que llevo días sin verte y me vienes así…
-Esta noche partimos la cama.
-Ya ves que si la vamos a partir…

Nos montamos en el coche para irnos a la fiesta. Cuando llegamos a la casa, saludamos a todos, dividiéndonos ella con las chicas y yo con los chicos. Estuvimos echando un muy buen rato, pero de vez en cuando Elena y yo nos mirábamos sonriendo. Entre los días que la eché en falta y lo guapa que la veía, estaba que no podía más. La puntilla fue en una de estas veces, cuando nos mirábamos sonriendo, cuando hizo ese gesto que me vuelve loco, mirándome con su perfecta sonrisa y girando la cara. En cuanto lo hizo me excusé de mis amigos y fui hacia ella, que estaba hablando con una amiga suya. La cogí de la mano y la saqué de ahí, llevándola al cuarto de baño y echando el pestillo.

-Javi, ¿qué pasa?
-Que no puedo más (dije mientras le cogí la cara para empezar a besarla).

Ella se dejaba llevar, cogiendo mis manos, continuando mi beso. Entonces le cogí del culo, acercándola a mis caderas. Nos estuvimos morreando durante un rato, metiéndonos mano. Entonces se puso en cuclillas para empezar a desabrocharme los pantalones, sacando mi polla y empezando a chuparla.

La chupaba con ansia, metiéndosela casi entera en la boca rápidamente, lo que provocaba que hiciera sonidos de atragantarse. Yo le cogí del pelo para manejar la mamada, hasta que ya no pude más, necesitaba metérsela.

La levanté y la puse contra el lavabo, nos mirábamos a través del espejo y empecé a besarle el cuello mientras ella cerraba sus ojos y se mordía el labio. Le subí la falda para bajarle las medias y el tanga hasta medio muslo y empezar a acariciarle su raja con mi polla. Se le empezó a acelerar la respiración y le empecé a meter la polla, que entre sus babas y lo mojada que estaba, entró sin mucha dificultad. La notaba apretadita, entonces soltó un gemido tal vez un poco más alto de la cuenta, pero no me importó, porque el baño estaba alejado de la zona donde estaban todos.

Le cogí de las caderas y empecé a metérsela y a sacársela suavemente, ella acompañaba los movimientos con gemidos. Le metí una mano por el escote para tocarle las tetas y pellizcarle un pezón, reaccionando ella con un gemido más fuerte. Fui acelerando el ritmo y ella el sonido de sus gemidos hasta que llegué a follarla duro mientras ella cerraba los ojos con fuerza e intentaba contener los gemidos, entonces dijo:

-Ay… Javi… Así, así… Me voy a correr…

Y se agarró fuertemente al lavabo mientras cerraba sus ojos con fuerza. Yo le cerré la boca con una mano y con la otra fui a buscar su clítoris para estimularlo. Entonces empezó a temblar, agarrándose con más fuerza al lavabo, cerrando sus ojos con más fuerza mientras le fallaban las piernas. Gemía a través de mi mano, pudiéndola oír yo, pero sin llegar a hacer suficiente ruido como para que se oyera fuera.

Empezó a mojarse, pero sin llegar a chorrear, aunque me llenó la mano y la polla de sus flujos. Se la saqué de golpe para ponerla de rodillas, pajeándome para correrme en seguida en su lengua, cayendo todo ahí y deslizándose dentro de su boca. Cuando acabé de correrme le dije:

-Abre los ojos y mírame.

Ella me obedeció.

-Ahora trágatelo.

Me obedeció de nuevo, tragándoselo mientras me miraba a los ojos. Cuando lo hizo, la levanté, apoyándola en el lavabo y le bajé más las medias y el tanga para empezar a estimularle el punto G, hasta que empezó a soltar chorros muy finos y largos, poniendo perdido el suelo. Ella empezó a gemir más fuerte de la cuenta, así que le tapé la boca para que no hiciera tanto ruido. Le empecé a besar mientras se recuperaba, notando como temblaba y me daban espasmos. Después me aparté para dejar que se recuperara, poniéndome bien la ropa y recogiendo todo. Cuando se recuperó, me cogió de la mano para levantarme y darme un beso.

-Javi, que ganas tenía…
-Ya te he visto como gritabas… jajaja.
-No podía evitarlo. Llevábamos varios días sin hacerlo y cuando me la has metido ha sido… brutal.
-Sí, he notado que estabas más apretada.
-Mmm…
-Esto ha sido un aperitivo, esta noche más.

Nos lavamos un poco para aparentar normalidad y salimos del baño regresando con nuestros amigos. Pasado un rato se me acercó alguien por detrás, dándome toquecitos en el hombro. Era Laura.

-Hola, Javi. ¿Qué tal?
-Hola Laura, ¿qué pasa?

Empezamos a hablar de varias cosas, ya que desde la última fiesta no nos vimos. Nos apartamos un poco, porque había un poco de jaleo y no podíamos hablar bien. Me estuvo contando que se había ido a su ciudad natal unos días, como le iba, también me preguntó por mí, como me iba en el trabajo y demás, hasta que se empezó a acercar a mí, intentando darme un beso. Me aparté un poco para atrás.

-Uy…
-Laura, perdona. Pero es que estoy con Elena.
-Ah, perdona. No lo sabía. No quería…
-No pasa nada…
-Que tonta soy. Es que, bueno… Te veo así guapete, buena gente y también lo que hiciste por Elena y bueno…
-No te preocupes, de verdad. Tú eres una chica muy guapa también.

Entonces alguien me cogió del hombro con fuerza, tirando hacia atrás para girarme y me llevé un puñetazo, tirándome la copa. Era Alejandro.

-Venga, dímelo a la cara si tienes huevos.

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