QWERQ

CAPITULO 17

Verónica, atareada con un bolso abultado, lleva una camiseta marrón en la que se le pueden ver sus voluminosos pechos. Una trenza bien hecha cae por su hombro derecho. Sorprendida de ver a mi madre, le responde. —Uy Alejandra, no te había reconocido. ¿Dónde vas?

—Justo ahora estaba pensando en ti…— Dice mi madre devolviéndole una sonrisa. —Pues no lo tengo muy claro. Iba a ir al parque a dar un pase… o a tomar algo… no estoy muy decidida.— Miente.—¿Y tú? ¿Te vas a casa?

—Sí… Salgo ahora de la tienda, he encontrado todo lo que necesita…

—¿Quieres… Quieres venir conmigo?—Dice mi madre indecisa.

—¿Ahora? Pero si ya nos hemos tomado un café esta mañana —contesta Verónica mirando el reloj.

—Venga… Ven conmigo mujer, tómate un rato, lo de esta mañana me ha sabido muy a poco…— Le contesta mi madre. «No me extraña que Don Fernando esté loco por ella…». Piensa mi madre mientras la mira y le habla.

—Pero… No tengo mucho tiempo…

—Nada, un café. Bueno yo igual un gin tonic.— Contesta mi madre sonriendo.

—¿Hoy martes?

—Estoy de baja. No te lo había dicho.

—¿Ah si? ¿Y eso?

—Bueno… Algo de depresión por estrés laboral. Poca cosa, la verdad. Pero no me irá mal parar dos semanas…

Indecisa, contesta Verónica.—Bueno, venga, pero un café rápido, ¿Vale?

—Genial.— Dice mi madre sonriendo. Mientras deciden a qué cafetería ir.

Se encaminan hasta llegar a una cafetería que hay en un parque, cerca de la zona donde viven.

Mientras se sientan en la mesa. No puede evitar mirar disimuladamente los pechos de Verónica sin que ella se dé cuenta. Don Fernando le ha hablado tanto de ellos que no puede evitarlo.

—¿Entonces estás de baja?— Dice Verónica retomando la conversación de antes.

—Sí…

—A ver, por un lado lo entiendo, es difícil llevar un departamento entero sin que no acumules mucho estrés…

—Bueno… ya te digo… Según el psiquiatra, es algo frecuente…

—¿Estás yendo a tratamiento?

—Sí… Fui a visitarla porque estaba muy decaída.

Una amiga fue a un psiquiatra por un problema parecido de estrés y le fue muy bien. Ya verás como a ti también te va muy bien. —le contesta sonriendo dulcemente, como acostumbra a hacer.

—¿Qué tomarás tú?— Le pregunta mi madre. Mientras la camarera se acerca a ellas.

—Un café con leche.

—Un café con leche y un gin tonic por favor.— Le dice a la camarera que apunta en una libreta. —Yo como estoy medio de vacaciones… me lo voy a permitir…— Le contesta mirando de nuevo a Verónica.

Verónica y mi madre empiezan a hablar de sus cosas. La conversación parece animada. Mientras tanto, aparecen las bebidas y ambas se ponen a beber mientras hablan. Siempre se ha dicho que la medicación y el alcohol… nunca deberían mezclarse.

—Por cierto Alejandra. Si estás yendo al psiquiatra… ¿Te estás medicando?

—Sí…

—¿Qué? Alejandra… No es recomendable medicarse y beber alcohol…

—Me ha subido un poco.. Pero no pasa nada mujer… Aún me mantengo en pie.— Contesta mi madre, medio en broma.

—Ten cuidado Alejandra… —Dice Verónica, con cara de preocupación.

—Tranquila mujer…, ¿Y qué me cuentas? ¿Todo va bien?

—¿Yo? Sí… Todo va bien. De hecho ahora en casa me espera mi marido y Anita, que estará deseando que llegue.

—Ay perdona, te estoy entreteniendo…

—Nono, tranquila Alejandra.— Dice sonriendo dulcemente.— Hemos quedado para tomarnos un café rápido ¿No?— Dice en confianza.

—Sí, sí. Claro.

—Por eso te tomas el café con leche y no me acompañas con esto, ¿no?.— Dice refiriéndose al gin tonic.

—Bueno… Yo desde que está Anita, no he probado el alcohol…

—Llevas una vida sana… haces bien…—Dice intentando ser comprensiva.— Pero no sé como puedes resistirte a un buen vino… De buena calidad…

—Me acostumbré desde el embarazo y he intentado seguir así…

—El día que quieras romper tu abstinencia, te invito a un buen vino blanco, bien fresquito. —Ahora la que sonríe en confianza es ella.

—¡Vale! Aunque a Raúl no le gustará la idea. Podríamos salir los cuatro si quieres.—Pregunta inocentemente.

—Sí Raúl te va a poner problemas, salimos tu y yo. —Dice mientras no puede fijarse en la belleza que transmite Verónica. Como poco a poco se está dejando influir por ese viejo. Hasta hace nada, no se fijaba en ese tipo de detalles. «De ninguna manera voy a preguntarle lo que quiere Don Fernando. Además no quiero verlo más» Se dice a sí misma.

—No sé… Aunque ahora que lo pienso… Raúl salió hace dos fines de semana con los amigos.. Así que tengo la escusa perfecta…— Contesta, transmitiendo toda la inocencia y dulzura que tiene.

—Raúl seguro que es uno de estos que quiere a la mujer en casa y con la pata quebrada…

—Nono, Raúl es muy bueno. Nos cuida mucho a Anita y a mi…

—Y si lo es no deberías permitírselo…

—Nono… Claro que no… Pero es muy bueno… De verdad…

—Cuidar también es dejar espacio al otro… Aunque no dudo que os cuida… —habla como una mujer mayor que ella.

—Sí claro, nos dejamos el especio que necesitamos.

—Es que hay algunos que la verdad… Aunque en el fondo, lo que pasa es que son inseguros… No creo que Raúl lo sea…

—¿A qué te refieres?— Pregunta Verónica.

—Pues eso… Los hombres celosos… lo son.. porque son inseguros. Piensan que no son suficientes para su pareja.

—Conoces a Raúl, Alejandra. Es muy bueno.

—Sisi… Lo sé. Por suerte no es vuestro caso. Ni el de Iván, claro.

—Hasta la fecha, nunca ha sido celoso conmigo. —dice defendiendo a su marido.—Iván tiene pinta de ser muy bueno también.

—Ni motivos le doy para que se ponga celoso, claro.— Dice ella segura de sí misma.

—¡Claro! ¡Nosotras también somos muy buenas! ¡Tienen unas esposas que no se merecen!

—Eso seguro. Aunque bueno… También tiene sus debilidades… Ya te conté.

—¿Debilidades? ¿Quién, Iván?

—Te conté lo de Iván… Que se le van los ojos…

—Sí… lo recuerdo…

—Pues eso, la verdad es que no le doy importancia. Es un buenazo.

—Sí… Aún que ellos son distintos a nosotras. Menos fiables. Más débiles a las tentaciones del mundo y la carne…

—¿Por qué dices eso?— Le pregunta Verónica sin entenderle.

—Porque son así, Verónica. —le habla como una mujer mayor que ella.

—No te sigo… Mi marido me quiere… Y yo a él.

—Yo veo a un hombre guapo y no pienso en nada… bueno, como mucho que es guapo… A ellos se les va la mente…

—¿Tú crees?

—No tiene nada que ver… Es biológico… O cultural… Eso ya no lo tengo tan claro…

—Yo nunca he visto a Raúl que se le vaya la mente con ninguna…

—Bueno… Su mente no la ves… Pero es más fácil a una mujer seducir a un hombre que a un hombre seducir a una mujer. Eso es así Verónica.

Verónica escucha sin contestarle.

—Y con esto no digo que nuestros esposos se dejen seducir… Y menos teniendo unas esposas como tienen, que no se las merecen— Contesta medio sonriendo. Intentando transmitir confianza.

—¿Dónde quieres llegar, Alejandra?

—A ninguna parte. Era solo hablar por hablar…

—Yo sé cuidar bien de mi marido, si es a lo que te refieres —dice en un tono más serio de lo habitual.

—Seguro que sí.. Verónica. No he querido molestarte. No te lo tomes como algo persona. Nada más lejos de mi intención… Hablaba de hechos… Generales…

—Tranquila Alejandra. No me ha molestado nada de lo que has dicho —Contesta sonriendo.

—Pero intento cuidar mi relación con mi marido.. Solo eso…

—Eres un sol Verónica.

Verónica se sonroja.—Gra-gracias…

—Seguro que sí Verónica. Además son cosas personales. Y a él se le ve feliz contigo. Muy feliz. Así como a tu hija.

—Sí.. Somos muy felices…

—Es que si Raúl se fuese con otra mujer siendo tú su esposa, sería para matarlo o encerrarlo en un manicomio…

—Jajaja.. ¡Se la corto!— Dice bromeando.

Mientras le contesta en tono jocoso, en la mente de ella se dibuja el momento en el que Don Fernando le hablaba de sus piernas… Se siente rara con estos pensamientos revoloteando por su cabeza. Como si de alguna manera la traicionara. Vuelve a su mente las preguntas que le hizo el viejo. La medicación junto con la bebida, hace que todas esas cosas la perturben continuamente. «No quiero preguntarle esas cosas… no sé ni cómo hacerlo… Ni creo que esté bien hacerlo… Además no quiero perderla como amiga… Espero que nunca se entere de las cosas que he hecho…» Piensa mientras sigue mirando a Verónica, haciendo como si la escuchara. «Qué dulce es… Nunca he pensado en el cuerpo de una mujer… Pero es hermosísima… ¿Qué se debe sentir besando unos pechos así? Pero no… No… Nunca lo haría… ¿Pero que pasaría si ella me los ofreciera? No… Eso no puede ser… Y por suerte… Eso no ocurrirá nunca…». Pensamientos que jamás habían pasado por su cabeza. Todo por culpa de Don Fernando.

Con todos esos pensamientos en la cabeza a ella se le escapa otro vistazo sin querer a su pecho, mientras ella bebe su café.

—¿Quieres que te acompañe a casa?

—Nos vamos ya?

—Pensaba que tenias prisa… Yo estoy muy bien aquí contigo. En casa solo está mi hijo…

—Cuando quieras nos vamos. Mientras no estemos aquí hasta muy tarde. Que a mi sí que me están esperando.

—Tú mandas Verónica. Yo estoy de vacaciones— Sonríe.

—Termino de tomarme el café y nos vamos, ¿vale?—Dice tomando otro sorbo de su taza.

—¿Y qué vas a hacer estos días que estás de baja?

—No sé…. Pasear… Leer… Ir a la piscina cuando no haya nadie…

—Por la mañana hay poca gente de normal…

—Sí… mañana tenia pensado ir.— Miente.

—Sí, yo bajé la semana pasada con Anita, el día que tenia libre y la verdad es que se estaba muy bien.

—¿Quieres que vayamos juntas el día que libres?

—¿Juntas?

—Con tu hija… así la cuido mientras tú te bañas…

—Libro el jueves… Podemos ir si te apetece…

«¿Qué estoy haciendo? Porque estoy quedando con Verónica en ir a la piscina… Joder…»

—¿Estás bien Alejandra?— Le dice al notarle un poco ida.

—Sí… sí… Solo que de vez en cuando me da el bajón…

—Vaya… Espero que estés bien… —le contesta mientras que ahora es ella quien pone una mano encima de la de mi madre… Ella ve como Verónica lo hace.

—De alguna manera… Supongo que estoy enferma…— «Si supiera… Me entran ganas de llorar… Tendría que haberme tomado otra pastilla antes de salir…» Mientras las imágenes de Don Fernando le atormentan. Su presencia. Sus preguntas. Sabe que volverá a la carga… —pero tranquila.. estoy bien… —«No quiero que sus manazas la toquen… Eso no…».

—¿Bueno, nos vamos?— La pregunta de Verónica la saca de sus pensamientos.

—Sí… Vamos… No hagas esperar más a Anita. Es tan guapa como su madre.

Verónica nota un poco desmesurada su adulación hacia ella, pero no te dice nada. Pagan, recogen las cosas y se van. Siguen hablando por la calle hasta llegar al portal. Su hija, el trabajo y otras cosas rellenan el camino de vuelta a casa. Suben en el ascensor, durante el camino, Alejandra se ha fijado disimuladamente en sus piernas… Entendiendo que le gusten a Don Fernando.

Para en el piso de Verónica.—Bueno… Hasta el Jueves verónica…— Y le da un beso en la mejilla.— Cosa que nunca lo había hecho.

—Bueno.. has-hasta el jueves…— Se sorprende de ese beso en su mejilla.

«Qué bien huele…»

—Dale recuerdos a Raúl y dile que si te has retrasado es culpa mía.

—No te preocupes Alejandra. Siempre viene bien un café y ponernos al dia.—Consigue contestarle a mi madre mientras se cierra la puerta.

Cuando se cierra la puerta, le viene una imagen a la cabeza. Una imagen que hace que sienta asco… Intenta quitárselo de la mente. No quiere volver a pensar en ver a su amiga Verónica, arrodillada.. mientras está chupando la polla de ese cerdo… Mientras ella está acariciando su cabeza…

Un comentario sobre “El advenimiento (17)

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s