ALMUTAMID

La verdad es que no me apetecía nada hablar con la niña. Además no tenía su número pero Marta lo consiguió fácilmente mirando en el tablón de la facultad sus carteles para buscar modelos de cuerpo que en realidad ya sabíamos que eran modelos de churra y a veces algo más. El viernes por la noche habíamos quedado en salir para dar una vuelta y tomar algo, así que me sirvió de excusa para retrasar el contacto con Karina. Ángela parecía haber superado lo peor del bache e incluso bromeó mientras tomábamos unas cervezas.

Yo ofrecí a Marta venirse a dormir a la residencia para acompañar a Ángela y de paso estar solos en el dormitorio y echar un par de quiquis, pero ante la dificultad para colarla por la noche ella misma ofreció que todos durmiéramos en su casa. Me pareció bien con tal de dormir con Marta, pero cuando ya en la cama fui a meterle mano me frenó diciendo que no le parecía bien que nos pusiéramos a follar estando nuestra amiga pasándolo mal en la habitación de al lado. Empezaba a mosquearme la situación. Y es que tener a Martita con un top ajustadito de tirantas con sus pezones marcados y un pantaloncito suelto de pijama al lado echadita sobre mí y no poder hacer nada me tenía en ascuas.

Pero por la mañana me desperté tontorrón evidentemente y me puse a acariciarla recibiendo Marta mis caricias y besos gustosa dándome pie a que echáramos un polvete mañanero, pero cuando estábamos en la primeras caricias y besos llamaron a la puerta del dormitorio.

-¿Si?-preguntó mi chica.
-¿Estáis visibles?- oímos preguntar a Marta desde fuera.

Marta se recolocó el top que yo había levantado un poco acariciando su espalda pero mi erección era difícil de esconder, aún así respondió:

-Claro Ángela, pasa…

Abrió la puerta y entró con la camiseta con la que había dormido apenas tapando sus bragas evidentemente sin sujetador como mostraba el libre bamboleo de sus pechos, que yo ya conocía, pequeñitos aunque no tanto como los de Marta.

-No quiero molestar, pero llevaba un rato despierta en el salón y os he escuchado hablar.-se disculpó nuestra amiga.
-Tú no molestas.-respondió Marta ante mi incómodo silencio.

Mi chica se pegó a la pared tirando de mí para dejar sitio en la cama a Ángela. Quien me iba a decir que me iba a mosquear tanto meterme con dos chicas en una cama. No era la primera vez, ya lo hicimos como amigos. Pero aquella vez no me había cortado el rollo, y ya iban tres con el temita de Dani incluido. Aun así hice de tripas corazón y le ofrecí mi brazo para que se recostara en mi hombro. Marta hizo lo mismo. Alguien diría que era excitante la situación, pero con mi cabreo hasta se me bajó el empalme. Ángela estaba sensible y nada más acomodarse nos agradeció lo que estábamos haciendo por ella.

-Para eso están los amigos- respondió Marta.- Ya sabes que Luis y yo estamos contigo y para lo que necesites.

Yo miré a Marta con cara de pocos amigos recordándole el lío en que me había metido Ángela contándole a Karina lo del trío. Me sentía vendido por ella. Pero Marta me ignoró diciéndole a nuestra amiga delante de mis narices:

-Yo sé lo que es sentirse engañada y duele mucho, porque todos los momentos vividos con esa persona se vuelven de bonitos a feos en tu recuerdo. Te llega a molestar todo de esa persona a la vez que la echas de menos.
-Joder-dije- eso no irá por mí.
-Tonto- dijo agarrándome la cara para darme un pico- Eras tú, pero evidentemente ya no eres.
-¿Y cómo lo superaste?- preguntó Ángela.

Marta empezó a acariciarme el pecho mirando su mano mientras decía:

-Yo quería a Luis, un día lo odié llevada por un engaño pero después acepté como es. Y me di cuenta que me gustaba estar a su lado. Que se equivocaba pero que no tenía maldad. Al revés, que se dejaba engañar constantemente dejándose arrastrar a situaciones algo rocambolescas, pero que es buen amigo, buena persona y bueno…que bien jajaja…
-Vaya…no me esperaba que me vieras tan así…
-He aprendido a vivir con tu forma de ser aunque no significa que me guste del todo. Pero sé que nadie es perfecto,
-Ya…

Con Ángela delante tampoco era el momento de preguntarle si esa era la causa de no querer comprometerse aunque era evidente que en ella quedaba un poso de desconfianza. No le di demasiada importancia teniendo en cuenta que en el fondo estábamos manteniendo una relación aunque no le hubiéramos puesto nombre. Pero Ángela detuvo mis pensamientos diciendo:

-También quería pediros perdón.
-¿Por qué?- preguntó mi chica.
-Siempre habéis estado de lujo conmigo, con mis líos con Miriam y después aguantando a Karina, y cuando me vino la crisis pasé de vosotros y tal, y ahora sin embargo no me lo tenéis en cuenta, y además, joder, que me lo dais todo. Y Luis se quedó a dormir conmigo siempre tan cariñoso, que de verdad…

No pudo continuar con un nudo en la garganta y las lágrimas aflorando en sus ojos.

-Pero Angelita…que ya te he dicho que los amigos estamos para eso…-respondí tirando de su hombro con el brazo que tenía debajo de ella para que cayera su cara sobre mi pecho. Se abrazó fuerte a mí mientras Marta le acariciaba la espalda consolándola.

Evidentemente para ella lo de Karina había sido un mazazo del que iba a tardar aun un tiempo en recuperarse. Por eso se quedó unos instantes echada sobre mí. Por fin habló limpiándose las lágrimas con la mano al decirla a Marta:

-Por cierto, tu Luis es una estufita…
-Jajajaja, es ideal para invierno.-respondió mi chica.- Aunque no sé si ponerme celosa por irse a dormir contigo.
-Tranquila, nena…corres más peligro conmigo tú que él…
-Jajajajajajaja- reímos los tres a coro el comentario de Ángela.

El cabreo de antes ya se me había pasado y no estaba incómodo con mis chicas echadas en mis hombros con sus caras muy juntitas mientras seguimos hablando ya de otras cosas. Hasta se me estaba pasando el mosqueo por lo del trío. Tanto me estaba relajando que empezaba a sentir sus manos apoyadas en mi pecho y vientre, sus tetitas aplastarse bajo las camisetas y sus respiraciones muy cercanas. Algo empezaba a despertare en mis calzoncillos y alguna podría darse cuenta. De hecho ellas seguían hablando y yo en silencio concentrándome en intentar impedir que la tienda de campaña me delatase. Empecé a sudar. A lo mejor con suerte no se darían cuenta.

Pero una de sus manos se coló en mi calzoncillo. Me quedé paralizado. Debía ser Marta. Sobaba mi polla. ¿Qué pasaría si Ángela se daba cuenta De golpe Marta dijo:

-Mira Ángela, Luis se ha puesto contento de tenernos juntitas, se le ha puesto la polla durísima.

¿Qué estaba pasando??

-¿Le damos su regalito por estar siendo tan buen amigo?- preguntó Ángela.

¿Era algún tipo de prueba o broma? Las chicas se sonrieron y se dieron un pico a escasos centímetros de mi cara. ¿Era algo preparado? De golpe se sentaron a mis costados y Marta sacó mi polla del calzoncillo ante mi cara de desconcierto.

-Mira Ángela, ¿quieres ver como es el tacto de la polla de Luis? Es suave y calentita. Ya verás como te va a gustar.

Ángela alargó la mano y Marta se la sostuvo pasándola por mi glande y lo largo del tronco hasta que hizo que la rodeara con sus dedos con una risita nervioasa:

-Jajajajaj, ¿pero cómo puede ponerse tan dura?

Joder me iba a correr del morbo…pero de golpe escuché la voz de Marta de nuevo en mi hombro:

-Luis ¿estás bien? Estás muy callado y sudando mucho.

Mi imaginación me había jugado una mala pasada pero la erección era real.

-Necesito ir al baño…

Nervioso me levanté y me fui corriendo al baño intentando ocultar el bulto del calzoncillo. No sabía si hacerme una paja o darme una ducha. Opté por echarme agua en la cara. Marta llamó a la puerta:

-Luis ¿estás bien?
-Sí, sí, sólo que me ha venido un apretón.

Tuve que esperar que se me bajara el nabo y cuando lo hizo suficientemente me fui al dormitorio a ponerme al menos unas calzonas. Las chicas seguían acostadas charlando en la cama como dos adolescentes en una fiesta pijama.

-Me has asustado como has salido corriendo…-me dijo Marta.
-Casi no llego, jajajaja-disimulé.- Bueno, habrá que desayunar.
-Estaría bien que un chico nos preparara el desayuno mientras nos quedamos en la cama- respondió Marta.
-Oído cocina…-respondí dejándolas en el dormitorio sin que el corazón se me hubiera relajado del todo.

Cuando al fin nos levantamos de la cama y desayunamos me fui a la facultad a buscar el teléfono de Karina en alguno de los anuncios para buscar modelos que había dejado, o mejor dicho para buscarse sus churras, pues parecía que era la único que le interesaba. Pero antes de llegar a la facultad me lo pensé mejor. Yo no tenía nada que hablar con esa niña. Ni tenía ganas ni confianza para abordarla en ese tema. Si alguien se había equivocado era Ángela y tendría que ser ella la que me diera explicaciones. Había dejado a Marta estudiando pues ella sí se presentaba al examen del lunes mientras que yo lo había retrasado, en cambio Ángela se había ido a la residencia a ducharse y organizar apuntes para estudiar.

Antes de llegar a la facultad cambié de dirección. Entré en la residencia decidido pero al subir las escaleras dudé como enfrentar la situación y plantearle el asunto. Me fui a mi dormitorio y planteé la estrategia para no ser ni muy duro ni que me la diera con queso. Al fin me aclaré, aunque admito que yo mismo estaba nervioso, incluso tembloroso por como se tomaría Ángela mis preguntas.

Llamé a su puerta.

-¿Sí?-se escuchó su voz desde dentro.
-Soy Luis…
-¡Pasa!

Abrí la puerta y me la encontré sentada en el escritorio estudiando con una camiseta, las piernas recogidas como ella solía en la silla y una toalla en la cabeza recogiendo su pelo aun mojado por una ducha reciente.

-Qué sorpresa, no te esperaba en la residencia.-comentó levantándose de la silla acomodándose la camiseta para tapar sus bragas.
-Es que tenía que haberte dicho algo pero no he querido hacerlo delante de Marta.

De repente se puso seria.

-¿Qué es eso tan grave que me tienes que decir a espaldas de tu novia?
-Marta y yo no somos novios…
-Bueno, tú me entiendes. Esta mañana estabas tan normal. He disfrutado mucho con vosotros acostadita. Sois adorables. ¿Qué pasa?

Dudé como preguntarlo pero al final lo solté de sopetón:

-¿Por qué Karina le ha dicho a Dani que él y yo habíamos hecho un trío con una chica?

Ángela palideció y se quedó totalmente cortada sin saber como responder. Entonces ataqué dejando traslucir mi enfado:

-Yo confío en ti, te cuento lo más íntimo y vas tú aireándolo por ahí. Joder, que decepción. Mi confidente a resultado ser una cotilla, una chismosa…
-No, Luis. Eso, no.
-Pues explícame, porque yo no lo entiendo…-respondí levantando la voz algo más de la cuenta.

Ángela me puso la mano en el hombro y tras tragar saliva me dijo:

-Tranquilízate. Yo te lo voy a contar. Siéntate, por favor y cálmate un poco.

La obedecí pues en el fondo todo lo que tenía era nerviosismo por la situación. Me senté en la cama y ella hizo lo propio a mi lado. Me cogió una mano como muestra de confianza y empezó a decirme sin mirarme a los ojos:

-Cuando Karina empezó con sus ideas de explorar y probar cosas juntas y tal lo primero que me soltó es que quería hacer un trío con un tío. Yo evidentemente pasaba de eso, así que intenté quitárselo de la cabeza, pero ella insistía sobre todo cuando nos estábamos enrollando. Yo estaba tan colgada por ella que se me ocurrió contarle una mala experiencia de alguien, y ahí entraste tú. Le expliqué que tú lo habías hecho y te habías arrepentido. Pero lejos de cambiar de idea me decía que quería preguntarte por tu experiencia. Yo no quería que tú supieras que ella lo sabía, pero insistía tanto que al final estuve a punto de pedirte que tú se lo contaras. Fue aquel día que quise preguntarte algo pero al final me arrepentí. Yo noté que te quedaste extrañado pero lo descarté. No podía dejarme arrastrar por ella…
-Recuerdo ese día. Estabas rara, en plan enigmático.
-Me estaba dejando arrastrar por ella a cosas que yo no quiero.
-¿Pero te llegaste a plantear el trío?-pregunté.
-Nooooo. Nunca. Con nadie.
-Pero ¿tú le dijiste que yo había hecho el trío con Dani?
-No. Sólo que tú tenías esa experiencia.
-¿Y entonces? Ella se lo ha dicho a Dani…

Ángela se encogía de hombros y yo no entendía qué estaba pasando. ¿Quién habría sido?

No fuimos capaces de llegar a ninguna conclusión. Aunque yo seguía sospechando de Ángela, capaz de todo por complacer a su chica caprichosa. Aparenté creer todo lo que me había dicho y nos despedimos con un abrazo quedando en vernos a la tarde. Ya era mediodía y avisé a Marta para comer juntos en los comedores. No pude hablar con ella pues estaba Miriam con nosotros pero al llegar a su casa para estudiar después de comer nos echamos un rato en el sofá como solíamos y ahí con mi chica echada en mi pecho aproveché para contarle lo sucedido.

-¿Cómo se te ha ocurrido soltárselo a Ángela sin hablar antes con Karina?- me riñó sentándose en el sofá.
-No tengo nada que hablar con esa niña, Marta. Cuanto más lejos mejor, quien tendría que explicarse es mi amiga, a la que yo le confesé lo que había hecho. Karina me importa un carajo…
-Pero le has hecho daño seguro.
-He sido cuidadoso y me lo ha explicado todo…

Tras referirle la conversación con nuestra Amiga noté a Marta incómoda pero supuse que sería por tener que estar hablando de una situación de las que le provocan celos, así que no le di importancia. Pero no tuve más remedio que plantearle mi duda: “¿Quién carajo le había contado a Karina que el otro tío era Dani?”. La salida de Marta me pareció lógica:

-Luis, ya sabes que no ha sido Ángela del todo. Y tú dices que te da igual lo que piense Dani, déjalo pasar y arréglate con Ángela.

¿Y ese cambio de actitud de un día para otro? ¿Marta quería evitar problemas? ¿Evitar a Karina? ¿A Dani? ¿No remover la mierda? Yo iba a replantear la investigación pero según se me ocurrió la primera teoría mi chica empezó a besarme el pecho. Una iniciativa poco habitual en ella teniendo que estudiar, pero desde luego nada incómoda. De hecho, yo elucubraba y ella parecía no echarme cuenta centrándose en saborear mi piel hasta que no pude más y dije:

-Si tú atacas atacó yo…-incorporándome en el sofá para quitarle la camiseta y dejarla en tetas solo con sus pantaloncitos de atletismo. Marta juguetona se levantó del sofá y salió corriendo al dormitorio. Cuando yo llegué me la encontré sentada en la cama con el bote de crema lubricante en la mano. Creo que la invitación era evidente. Quizá a ella también s ele había cortado el punto aquella mañana con Ángela en nuestra cama. Era raro en ella, pero no iba a preguntar. Cerré la puerta me quité calzonas y calzoncillo y le enseñé mi erección caminando hasta ponérsela delante de la cara. Antes de pensar ya estaba en su boca. Creo que me gusta más que me la coman de pie viendo como se perdía mi cacho de carne dentro de su boca. Mamada no muy larga, de aproximación. Los dos queríamos follar y se notaba.

Fuera la ropa que le quedaba y esta vez se puso ella la crema mientras yo me pajeaba. Me había encendido mucho. En menos de un minuto estaba dentro de ella haciendo un misionero acompañado de gemidos y alabanzas mutuas. Pero viendo lo juguetona y receptiva que estaba cambié rápidamente a perrito ganándome gemidos más profundos y su primer orgasmo. Pero tras esperar a que se relajara y volví a buscar su chocho con mi polla se revolvió con la misma risa juguetona de antes y de rodillas como estaba yo en la cama se agachó a comerme de nuevo la polla con ansia, como con prisa.

-Despacio- le pedí- ¿O ya quieres mi leche?
-Mmmmmm, síiiii, dámela ya….

Me sorprendió su prisa. Me apetecía pasar un rato follando. Pero ella me pajeaba y chupaba con ansia hasta que no pude evitar relajarme y dejar que mi corrida le llenara la boca. Se levantó cuando terminé d evaciar los huevos para escupir mi semen en el baño. Pero yo estaba algo descolocado por el polvo y después la prisa. Habíamos echado un quiqui pero tan rápido y acelerado que me había sabido a poco.

Fui tras ella al baño y pegué mi polla a su culo aun erecta mientras nos mirábamos a través del espejo sonriéndonos a la vez que se lavaba los dientes.

-Tengo ganitas de más…-le dije socarrón.

Marta se dio la vuelta con su sonrisa de follar y me besó tras haber escupido el enjuague de du boca. Después me dio un cachete en el culo y me dijo:

-A estudiar…

No sé si soy malpensado pero tenía una extraña sensación: Marta había utilizado el sexo para evitar la conversación. Joder, estaba empezando con manías persecutorias como ella. Si yo empezaba a dudar de ella como ella lo hacía de mí, ¿qué hacíamos juntos?. Aparté el pensamiento de mi cabeza. Ese tipo de ideas son las que provocaron mi ruptura con Claudia, más que la propia confesión en sí. No quería volver a entrar en esas paranoias.

Lo curioso es que por la noche mis cariños en la cama no consiguieron despertar la libido de mi chica de modo que no pude repetir una sesión de sexo más sosegado antes de dormir. Y eso que Ángela dormía en la residencia. No tenía esa excusa. Pero como la tarde anterior al menos habíamos tenido algo no le di importancia. Cuando Marta fuese terminando los exámenes ya se iría relajando. Es lo malo de tener novias responsables.

Marta estaba tan metida en el estudio que apenas hablábamos de otra cosa en los descansos, ni siquiera el sábado por la noche, que Ángela volvía a dormir con nosotros con lo que yo sabía que eso significaba. Pero sí hubo cierta sorpresa. Yo me fui a correr y a la residencia a ducharme y traer ropa limpia. Ya que pagábamos una residencia, Ángela y yo cenamos allí para después irnos juntos a casa de Marta. Además Silvia no iba a estar y estaríamos los tres solos, pues aprovechando que yo no estaba Marcos coló a su novia en la residencia. El chaval también tenía interés en ser visto con su compañera de juegos amatorios.

Durante la cena Ángela me sorprendió con el siguiente comentario:

-Luis le he estado dando vueltas a lo que hablamos ayer y creo que tengo una idea posible.
-Canta…
-Se lo dijo Marta…

No sé que cara debí poner pero desde luego no me esperaba esa acusación contra mi chica. Creo que negué con la cabeza y respondí:

-Eso es imposible. Ella no lo sabía.
-Luis, sí lo sabía…

Me quedé en silencio. ¿Marta lo sabía? ¿Lo ha sabido desde antes de volver conmigo? ¿Por eso mi confesión no le resultó impactante? Pero ¿qué estaba pasando?

-…yo se lo conté.-admitió Ángela mostrando cierto pudor.
-¿Por qué?- pregunté desconcertado.
-Luis, desde que conozco a Marta está colgadísima por ti. No sabes las veces que se lamentaba de haberte dejado en brazos de Claudia y saber que era tu segundo plato, o el tercero, o el cuarto…Cuando llegaste contando que ya no tenían novia se esperanzó, y a los pocos días todo el mundo sabía que te tirabas a Blanca. Cuando me contaste lo del trío no pude evitar decírselo, no para que se enfadara contigo, todo lo contrario. Para decirle que te arrepentías, que habías sobrepasado un límite y que no querías eso. Y funcionó, al poco la besaste y aquí estáis…
-Pero ¿eso qué tiene que ver con Karina?
-No lo sé. Pero ella es la única persona que ha podido contarle que el trío lo hiciste con Dani.
-Joder…¿para qué?
-No sé, Luis. No sé. Pero conociéndola no ha sido por capricho.

Me quedé pensativo un rato mientras terminábamos de comer y Ángela respetaba mi silencio. Joder, no podía ser verdad. Y además, ¿por eso follamos el día anterior? ¿Para que yo no sacara conclusiones? No tenía ganas y ¿me vació los huevos para que no pensara? ¿Así me ve? ¿Eso soy yo para ella? Estaba sorprendido, dolido, extrañado…y lo peor, ¿Qué iba a hacer ahora? Ella vivía en su permanente duda, yo no puedo vivir así. Yo corté con Claudia para evitarme esa sensación. Corté con la chica de mis sueños y ahora me veía envuelto en algo parecido…¿qué sentía yo por Marta? Demasiadas dudas me asaltaban. Aun así disimulé. Aparenté con Ángela que no pasaba nada grave y que lo hablaríamos más tranquilos.

Pero la procesión va por dentro. Al llegar a casa de Marta disimulé la frialdad con que quería saludarla y acepté su pico como algo natural. Ya sé lo que pensáis, que yo he sido siempre el que ha ocultado. Pero con ella no. Con ella le conté todo. Abrí mi corazón y quise que conociera mis debilidades, mis errores, y mi voluntad de enmienda. Y ella, sin embargo, me ocultaba ahora algo así y además me confundía quitándose la culpa. Sabía que aquí algo iba a salir mal pero no sabía hasta donde salpicaría.

Los tres nos pusimos a estudiar en un silencio que para Marta era de concentración, pero para mí era algo tenso. No quería sacar conversación y me costaba trabajo concentrarme. Menos mal que no me presentaba al examen del lunes. Como no lo conseguía me fui a dormir sin más dejando a las chicas estudiando en el salón. Pero no me podía dormir. No dejaba de darle vueltas. Al final me autoconvencí de que la hipótesis de Ángela tenía que ser equivocada.

De madrugada oí a las chicas despedirse y tras pasar por el baño Marta entró a la habitación. La sentí cambiarse de ropa o quitarse algo mientras me hacía el dormido. Se coló desde los pies de la cama para meterse entre mi cuerpo y la pared como solía, y sentí como me abrazaba pegando su cuerpo desnudo a mi espalda agarrando mi pecho, aferrándose a él, y besar mi hombro y mi nuca. Se quedó en esa postura esperando el sueño. Me moví como si estuviese medio despierto para ver qué hacía y me soltó, pero en cuanto me puse bocarriba buscó mi hombro y volvió a abrazarse a mí. No aguantaba más. Era el momento.

-Marta…
-¿Estás despierto?
-Sí.
-¿Qué te pasa?
-Tengo un runrún que no me deja dormir…
-¿Estás preocupado por los exámenes que te faltan? Si te has organizado bien el tiempo, verás como te salen bien…-me contestó acariciándome el pecho.
-No es eso…
-Algo tienes porque llevas todo el día muy callado.
-Marta se lo contaste tú ¿verdad?

Su mano se detuvo súbitamente sobre mi pecho abierta.

-¿Qué conté a quién, Luis?
-Lo sabes…lo del trío. Tú le dijiste a Karina que había sido con Dani y Blanca.

Mierda. Silencio incómodo- No respondía. No negaba. No se defendía. ¡Pero di algo!

-Ángela me ha confesado que te lo había contado antes de que nos enrolláramos-continué para provocar su respuesta- Por eso no te sorprendiste como yo esperaba cuando te lo confesé.

Su silencio me estaba matando. ¿Por qué no lo negaba? ¿O se justificaba?

-Podías habérmelo contado- seguí- no me iba a enfadar si me explicabas los motivos. Pero no entiendo por qué querías que hablara con ella…

Marta levantó la mano de mi pecho y se la llevó a la cara para tapársela con ambas manos. Joder, ¿estaba reconociéndolo?

-¿Es verdad?-dije con lástima- Por favor, dime algo…
-Joder, Luis. Me muero. Tenía pánico de que lo descubrieras…
-Pero ¿por qué?- dije girándome hacia ella.
-Luis es que no puedo evitarlo…-dijo con voz lastimosa.

Me dio la sensación de que lloraba y pasé la mano por su mejilla para comprobarlo. Mierda, estaba llorando. Eso me mataba, me rompía el alma. Ya lo había vivido antes y no lo podía soportar. Y siempre terminaba en ruptura. Aunque en realidad ahora había poco que romper.

-Pero ¿qué pasó?- pregunté rodeándola con mi brazo para que sintiera el calor de mi cuerpo.

Marta tragó saliva y entre suspiros explicó:

-Luis…Ángela me había contado lo de tu trío…
-Ya lo sé.
-Me dijo que estabas muy arrepentido, que no es lo que quieres y que te sentías mal. Pero cuando Karina llegó con sus historias y con su cuento de que quería probar cosas nuevas me soltó que Ángela le había contado que tú habías hecho uno y que quería hablar contigo. No me fiaba un pelo de esa niña…
-Y de mí tampoco…

Silencio incómodo. De nuevo tragó saliva y continuó:

-Yo le dije que tu te habías visto algo así como empujado a hacerlo y que no querías hablar de la experiencia, y para que te dejara tranquilo le expliqué que había sido con Dani, que lo conocía de tu cumpleaños. Pero entonces ella se fue a buscarlo y me sentí fatal por Ángela. Pero ¿cómo iba a contarle que la había echado yo a las garras de Dani? Tenía que evitarlo. Como la excusa era dibujar a un tío te empujé a ti sabiendo que no iba a haber peligro porque yo le había advertido.
-Joder, Marta…
-Por si acaso Ángela y yo acordamos que ella llegara antes de tiempo porque no nos fiábamos de ella.
-Ni de mí…, insisto.
-Y, bueno…Karina ya había quedado con Dani, y con otros que no sabíamos, y saltó todo por los aires…perdóname, Luis…Ángela miró por ella y yo miré por mí…tengo siempre miedo contigo…
-¿Y por qué no me lo dijiste ayer?
-¿Y reconocerte que he intrigado a tus espaldas? ¿Y reconocerte mis miedos?
-Pero princesa ¿te he dado motivos?
-No…-reconoció con la cabeza pegada a mi pecho- el problema está en mí. No puedo evitarlo, Luis…yo, siempre tengo miedo de que te vayas…
-Pero es que con estas cosas me echas tú…

Marta quedó en silencio aferrada a mí. Se agarraba como si creyera que la querían separar de mí y yo fuese su tabla de salvación. La notaba más inquieta y quise tranquilizarla:

-…pero estoy aquí contigo. Tenemos que hablarlo con Ángela, sería una pena estropear todo lo que tenemos los tres por un malentendido. Soy capaz de perdonaros porque yo tampoco soy perfecto. Que cada palo aguante su vela. Mi culpa fue ese trío y la vuestra haberlo usado a mis espaldas…

Un comentario sobre “La residencia (122)

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s