ISA HDEZ

El camino era agradable, tenía poca pendiente y nada le impedía realizarlo con premura. Ansiaba llegar a la Montañeta y contemplar el salto del agua hacia el barranco. El entorno se revestía engalanado de tonos ocres y el suelo parecía una alfombra de colores diversos por la hojarasca otoñal. A pesar del frescor no estaba mojado y las pisadas eran seguras para Cris, que, avanzaba sumida en su mundo mirando a todas partes embriagada por los reflejos de la luz pálida que adornaba la arboleda. Al llegar al lugar deseado el ruido del agua y el murmullo del grupo de caminantes la repuso a la realidad y, quedó extasiada al descubrir la enorme cascada desfilando entre las rocas y cayendo al fondo para seguir el curso del río. El sonido de las aves resaltaba en los momentos de silencio y pareciera que estuviera en un bosque encantado. Cris tenía la facilidad de aislarse entre la multitud del grupo, y su mente viajaba hacia los recuerdos que en otro tiempo contemplara en entornos similares de colores y, sonríe en su interior mientras se sentía acercándose a riachuelos para jugar a salpicarse con el agua, dando saltos de alegría, emanando risas, fantasías e ilusiones compartidas, esas que creía entonces que durarían toda la vida, pero que el tiempo se encargaría mostrarle la realidad. Iba tan ensimismada que una compañera del camino la zarandeó para que despertara de sus pensamientos que seguro viajaban en la lejanía de otros senderos. ©

Un comentario sobre “La cascada

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