MOISÉS ESTÉVEZ

Estas humedades que me están matando tarde o temprano provocarán
mi jubilación anticipada – pensaba aquel francotirador – mientras ascendía por
una escarpada colina en mitad de un agreste bosque alejado de cualquier
indicio de civilización. Un lugar ideal para no ser encontrado. Soltó en el suelo
los casi veinticuatro kilos de mochila y con sumo cuidado extrajo una funda en
la que guardaba celosamente su preciada herramienta de trabajo, su fusil,
compañero inseparable en innumerables misiones – otra más amigo mío – sacó
también una manta de dos por tres metros, mimetizada con el entorno, y
cubriéndose por completo con ella comenzó a montar el arma…

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