ALMUTAMID

¿Pero qué había pasado? ¿Por qué me evitaba? Ángela no bajó a cenar y me preocupó aun más. No pude evitar ir a buscarla a su dormitorio. Llamé a la puerta y oí su voz decir:

-Luis, vete. No me apetece hablar.
-Ángela por favor, sólo quiero ayudarte.
-A lo mejor no necesito que me ayuden.
-Entonces ¿por qué nos evitas? Algo habrá pasado para eso.
-Luis, por favor, déjame sola. No quiero hablar del tema.

Desobedecí sus órdenes y abrí la puerta. La llave no estaba echada. La habitación estaba totalmente a oscuras. Encendí la luz y cerré la puerta. Entonces vi a mi amiga en bragas tirada en la cama hecha un ovillo.

-¡Vete! ¡Déjame tranquila!

Cogí una camiseta que tenía tirada en el suelo y se la di.

-Ponte algo anda y vamos a cenar que todavía está abierto el comedor.
-¡Que te vayas, joder!
-No me voy a ir y lo sabes y si te tengo que llevar a rastras a comer en tetas por toda la residencia te llevo…
-No tengo hambre.
-Yo no me voy a ir hasta que me digas que te pasa. Así que tú decides si vienes a comer algo vestida o desnuda.-le dije dándole la camiseta.
-Vete a la mierda- respondió tirándome la camiseta a la cara enseñándome sus tetas.
-Te juro que no te entiendo.-le dije desconcertado mientras volvía a la posición fetal en la que la había encontrado.

Llamé a Marcos por teléfono y le pedí que me bajara al comedor y subiera una botella de agua, un bocadillo y algo de fruta. No me pidió explicaciones y a los 5 minutos estaba en la puerta. Abrí un poco para respetar la intimidad de Ángela y tomé la bolsa que traía mi compañero de habitación dándole las gracias. Agradecí su discreción.

Cerré la puerta y le dije que Marcos había subido algo de comer.

-No tengo hambre- contestó con sequedad.
-Pero sed seguro que sí con este calor. Ten bebe agua.-le dije alargándole la botella de agua.

Por fin reaccionó sentándose en la cama con los ojos hinchados de llorar y bebiendo agua con fruición.

-Vas a necesitar otra botella. ¿Me prometes que me abres si salgo a buscarla?

Ángela asintió con la cabeza por lo que confiando en ella me levanté y salí a por otra botella pidiéndole que se pusiera una camiseta antes de que yo volviera. Tardé un par de minutos y aproveché para coger varias botellas pues yo tenía sed también. Regresé y ni llamé abriendo directamente la puerta que mi amiga no había cerrado con pestillo. Estaba tal y como la había dejado, sentada en el suelo con su postura habitual con las piernas cruzadas comiéndose el bocadillo como si no hubiera un mañana a grandes bocados casi sin masticar pero sin ponerse la camiseta.

-Mastica bien, mujer, que te me vas a atragantar…-le dije sentándome a su lado para darla una botella.

Dejé que comiera en silencio observando el estado en que se encontraba. No se había duchado, estaba despeinada y seguramente la vi porque iba al baño. Tenía apuntes desparramados sobre el escritorio pero no tenía pinta de haber estudiado mucho. Cuando se terminó el bocadillo le di la camiseta otra vez. Esta vez se la puso. Parecía que se le había pasado el golpe de ira un rato antes. Aproveché para preguntarle qué había pasado y con la mirada en el infinito, sin mirar nada en concreto me respondió:

-Es una hija de puta…
-¿Karina?
-Me ha jodido, Luis. Me ha jodido bien.
-¿Pero qué ha pasado?
-Me ha estado engañando todo el tiempo. Ni sé a cuantos tíos se ha follado en este tiempo.
-¿Cómo?
-Tiene una carpeta llena de dibujos y fotos de tíos en bolas y pollas en todas las posturas.
-Que obsesión…pero a mí me dibujó y no pasó nada.
-Eres mi amigo…no se iba a descubrir tan fácilmente. Ha estado aparentando todo este tiempo tener una relación conmigo mientras se ha estado tirando a tíos.
-¿Y cómo los conocía?
-En la misma aplicación de citas donde yo la conocí.
-Joder.
-¿Y cómo te has enterado?
-El jueves discutimos porque le dije que pasaba de sus jueguecitos con Dani. Y me respondió que era una estrecha y una mojigata. Que no existían las medias naranjas ni la exclusividad amorosa. Le eché en cara que entonces qué hacía conmigo. Y me reconoció que estaba explorando su sexualidad y que como yo era tan exclusivista no le había quedado más remedio que aparentar una relación conmigo como la que yo quería hasta que yo me abriera. ¿Te lo puedes creer?

Yo estaba en realidad un tanto anonadado con el asunto. Karina era aún peor de lo que yo me había imaginado. Y no prejuzgaba su tendencia sexual. Ya lo había visto con Dani. Lo que yo no veía era el engaño. Ellos podían vivir su sexualidad como se les antojara, pero no mintiendo a sus parejas ya fuese la novia “formal” de Dani o a la pobre Ángela enamorada hasta el tuétano de Karina. Como dicen en mi pueblo con Dani y Karina se habían juntado el hambre con las ganas de comer. Pero Ángela siguió:

-Me ha engañado desde el principio. Ha aparentado ser mi novia y todo el tiempo ha estado comiéndose pollas por ahí para besarme después. Qué asco, de verdad. Hija de puta…
-Pero Ángela- intervine- tú ya estabas decidida a dejarla. ¿Qué ha pasado para verte así? ¿Y cómo no has contado con nosotros?
-Porque yo creía que ella se asustaría cuando le planteé dejarla y se dejaría de inventos. Pero es que el invento era yo. ¿Te lo puedes creer, Luis?

No sabía qué decir así que la abracé y dejé que me llorara un poco en el hombro mientras le acariciaba el pelo. Intenté convencerla de que alejarse de esa niña era lo mejor, y de que no debía sufrir por lo pasado pues ella desconocía el engaño. Ahora era doloroso pero peor habría sido seguir con ella. Evidentemente sonaba todo a palabras vacías, pero no encontraba forma de consolarla. Me chocaba ver a una persona tan decidida en fuerte como Ángela en tantas cosas en ese estado. Joder, y encima en plenos exámenes con lo que el perjuicio sería mayor. No estaba dispuesto a consentirlo.

La convencí para que se diera una ducha y se despejara. Mientras lo hacía llamé a Marta para contarle lo sucedido. Le dije que la veía muy mal y que me iba a quedar toda la noche con ella para que estudiara un poco y fuera aceptando lo sucedido. Mata por supuesto que me apoyó y lamentó no poder venir ella a acompañarnos.

Cuando volvió Ángela le propuse que estudiáramos un rato. Fui por mis apuntes y nos pusimos un momento a ordenar sus apuntes. Pero al poco Ángela lo dejó:

-Soy incapaz de concentrarme.-se justificó.
-¿Has dormido?
-Mal…
-Pues empezamos por ahí. Vamos a dormir. Me quedo contigo.
-Luis, tú tienes que hacer tus cosas. No es necesario.
-He hablado con Marta y no quiere que te dejemos sola. Eres nuestra amiga. Somos como los mosqueteros, uno para todos y todos para uno…

Mi ocurrencia obtuvo su primera sonrisa. Tras pasar por el baño nos acostamos tumbados en su cama. El calor era insoportable.

-Ángela, ¿te importa que me quite la camiseta?
-No, claro. Hace mucho calor.

Me senté en la cama y me quité la camiseta. Me sorprendió Ángela haciendo lo mismo quedándose sólo con unas braguitas negras. Me volví a tumbar y ella se echó sobre mí hombro pegando sus tetas a mi costado como si fuera mi novia.

-Ángela…
-¿Qué?
-Tú eres lesbiana, pero yo no…
-Uy, perdón. El calor y la confianza. Me pongo la camiseta…
-No pasa nada. No soy un animal con instintos básicos, no te voy a violar…
-Vale…-dijo acomodándose de nuevo.

Al poco habló ella.

-Luis…
-Dime…
-Eres una estufita…jajajaja.
-Te doy calor…normal. Si quieres me subo a la litera.
-No…-respondió agarrando mi brazo como si fuera un peluche.-Luis…
-Dime…
-Gracias…
-Duerme anda…

Me desperté empapado en sudor con Ángela echada de lado junto a mí mientras sus manos parecían aferrarse a mi brazo. Es una niña muy bonita. Verla con la placidez del descanso tras la angustia que mostraba el día anterior me relajó a mí también. Pero no podía evitar tener una sensación extraña por tener a mi amiga casi desnuda a mi lado. Pero a la vez me sentía orgulloso de mí mismo. Creía estar actuando correctamente y con el convencimiento de que ella habría hecho lo mismo por mí.

Lo único incómodo era mi erección matutina que se marcaba en mi calzona. Con un brazo atrapado por mi amiga me costaba recolocarme la polla en el calzoncillo sujetándola con el elástico pegada a mi pubis y cubriendo mi glande que asomaría con la calzona. El problema es que en medio de la operación a una mano se despertó Ángela pillándome con la mano dentro. La saqué con prisa aparentando que me rascaba.

-Buenos días, Luis…-me dijo desperezándose soltando mi brazo.
-¿Qué tal has dormido?
-Mmmmmmmm- contestó estirándose- para ser la primera vez que duermo con un tío no ha estado mal.
-Y eso que te has perdido lo peor…
-Jajaja, que tonto.
-Me encanta que te rías.

Ángela me regalo una preciosa sonrisa.

-Con amigos como tú ¿para qué quiero una novia?
-Para lo otro…
-Jajajajaja. Es verdad…Venga levanta, que necesito ir al baño. Bebí mucha agua anoche y me estoy meando.

Me levanté de espaldas a ella con tan mala suerte que se me escurrió la churra del elástico marcándose mi erección. Quedaría mal meterme la mano para colocármela pero ya Ángela estaba levantada poniéndose una camiseta.

-Ya vengo…-dijo saliendo por la puerta.

Afortunadamente parecía no haberse dado cuenta. Yo me fui al baño también tras pasar por mi dormitorio a coger mi albornoz y el neceser. Necesitaba una ducha por lo que había sudado toda la noche.

Volví a mi dormitorio a vestirme para desayunar e irme a casa de Marta a estudiar. Antes recogí a Ángela. Le propuse que se viniera a estudiar con nosotros pero rechazó la propuesta. Juraba que ya estaba mejor y que sólo había sido una pequeña crisis, aunque yo le recordé que había perdido tres días de estudio. Me agradeció mi insistencia pero rechazó el ofrecimiento. Yo por mi parte me fui a casa de mi chica con mis apuntes para echar el día allí estudiando hasta mi hora de correr, que no perdonaba ni con los exámenes.

Le conté a Marta todo lo sucedido evidentemente obviando la desnudez de Ángela. No había pasado nada ni tenía nada que ocultar pero era un detalle que tampoco quería airear para evitar los celos que yo sabía que seguía teniendo. Marta no ocultó su orgullo por lo que había hecho pero me afeó no haberla traído con nosotros. A lo mejor aparentaba sentirse bien pero volvía a encerrarse en la habitación por lo que nos planteamos pasar por allí antes de irnos a comer a los comedores universitarios. Al final nos entretuvimos y lo hicimos al revés. Nos fuimos a comer y después nos pasamos a buscarla. Por supuesto a Miriam ni una palabra de lo que había pasado con Karina.

Pasamos por el dormitorio de Ángela y parecía estar mejor. Había almorzado y estaba estudiando cuando llegamos. Dejé a las chicas solas un rato para que Ángela pudiera contarle a Marta lo que había pasado con la complicidad de dos niñas y yo me fui a mi dormitorio a estudiar. Al rato llegó Marta. Llamó a la puerta y le dije que pasara. Tras contarme por encima lo que había hablado con Ángela le pregunté si nos íbamos a su casa a estudiar.

-Se me hace raro estar en tu dormitorio- me dijo- A saber qué cosas contarían estas paredes.
-Pues de Óscar seguro que muchas, pero conmigo no hay tanto que contar. Sólo tres chicas han entrado aquí conmigo. Claudia, Blanca y tú.-respondí echándome atrás en la silla de estudio.

Marta, que hasta entonces había estado dando vueltas por la habitación se acercó a mí y pasando su pierna por encima de las mías se sentó en mi regazo frente a mí.

-Mis recuerdos contigo siempre son en mi casa- me dijo mirándome a los ojos.

Yo subiendo las manos por sus muslos hasta colarlas bajo su falda respondí sonriendo:

-Me encantaría tener recuerdos contigo en cualquier lugar…tu casa, la calle, una playa desierta, aquí…

Marta sonriendo empezó a besarme pero yo seguía sin saber interpretar si ella quería tener sexo en ese instante en mi dormitorio o se limitaba a expresar en alto sus pensamientos, pero rápidamente me sacó de dudas susurrándome al oído:

-Algo se está poniendo duro aquí debajo…
-¿Te molesta?

Negó con la cabeza justo antes de cogerme la cara con sus manos para besarme de nuevo. Mensaje recibido. Mis manos abandonaron sus muslos para quitarle la camiseta. Marta colaboraba. Incluso cuando la torpeza de mis dedos era incapaz de soltar su sujetador. No solía usar y estaba increíble con un sujetadorcito de esos con relleno negro, pero me corría más prisa disfrutar de sus tetitas que de la visión de su cuerpo con la prenda. Ella lo sabía y se echó hacia atrás apoyando la espalda en la mesa sujetándose con los codos. Estaba encantadora con la cara de picardía y su torso desnudo que me ofrecía para mi deleite. No me hice esperar y me lancé a acariciar y apretar una teta mientras mis labios se apoderaban del pezón de la otra. Su gemido de aprobación me dio pie a lanzarme con más pasión por mis presas con gruñidos de aceptación.

De golpe Marta me dijo:

-Oye…¿no llegará Marcos?
-Vale…hay que poner un calcetín en el pomo de la puerta.

Marta se levantó de mis piernas pero antes de que yo me levantar ya tenía un calcetín mío en la mano. Estaba monísima sólo con su faldita de vuelo y sus pechitos a la vista. Lo que más me sorprendió es que así como iba semidesnuda abrió la puerta lo justo para sacar la mano y colocar el calcetín en el pomo a riesgo de que alguien la pudiera ver al pasar por el pasillo. Como una niña traviesa cerró la puerta y regresó donde yo estaba. Se quedó de pie entre la mesa y la silla haciéndole yo hueco entre las piernas y se fue a por mi camiseta para quitármela. Cuando bajé los brazos la atrapé besando su barriguita y sus pechos mientras Marta abrazaba mi cabeza. Pero no me lo pensé mucho y colando mis manos de nuevo por sus muslos bajo su falda llegué al elástico de sus braguitas, que resultaron ser un tanga y se lo bajé sin oposición por su parte aprovechando para dejar acceso libre a su chocho y descalzarla. Pero le dejé la falda puesta. Entonces la senté en la mesa. Ella se apoyó en sus brazos viendo como sus pechitos perdían parte de su tersura por efecto de la gravedad.

Le levanté la falda y Marta me regaló una apertura de piernas que ni Sharon Stone en “Instinto Básico”. Pero de golpe las cerró.

-¿Qué pasa?- pregunté extrañado.
-No me he depilado y ya empieza a salir vello.
-A mí me gusta de cualquier manera…
-Pero no está arregladito…

Con mis manos presioné para que abriera las piernas. No opuso mucha resistencia. Entre sus muslos se veía una sombra de vello que empezaba a oscurecer la piel blanca de su pubis en contraste con el moreno del resto de su piel. Me relamí de gusto y eso hizo que Marta apoyara las piernas en mis rodillas permitiéndome ver su raja al completo.

-¿Sabes que te voy a comer la raja?- le dije sin complejos.
-¿No te apetece meterme tu cosita?
-Vamos a tener tiempo para todo…-respondí poniéndome de rodillas colando mi cabeza entre sus piernas que apoyó en mis hombros para sostenerla.

No hubo preámbulos. Un lengüetazo de abajo a arriba tornó la risa que le había dado mi respuesta en gemidos de placer y escalofríos. Se mezclaba el sabor saladito de su sudor con el más dulzón de sus flujos y rápidamente su voz se volvió más aguda a cada lamida por mi parte con un repetitivo:

-Ay, Luis…..Luis…ay…mmmmm

En cuanto descubrí en una de mis pasadas de lengua su botoncito de placer hinchado mis labios se apoderaron de él succionándolo. Sabía el efecto que provocaría ahogando sus gritos. No pensaba dejar de lamer y succionar hasta que mi chica se corriera en mi cara. Pero sus planes eran otros pues entre jadeos empezó a empujar mi cabeza diciéndome:

-Luis…métemela ya…te necesito dentro…

Qué leches y yo también me moría por metérsela. Me levanté y me bajé pantalón y calzoncillos de un tirón. Casi arranco el botón del pantalón. Mi nabo saltó como un resorte poderoso y brillante, listo para la contienda. Me acerqué a la mesa dirigiendo mi misil col la mano hasta alcanzar el objetivo. Marta estaba empapada por mi comida de coño pero no tan caliente. Faltaba la crema. Pero no iba a recordárselo. En cuanto entré dentro de ella lancé un gemido y ella un largo suspiro abrazándome para besarme.

Sus piernas me estorbaban un poco colgando de la mesa así que se las cogí para que me rodeara con ellas y así yo poder inclinarme en la mesa para poder follarla bien. Menos mal que numero las páginas de los apuntes, porque si no menudo lío iba a formar ordenándolos revueltos encima de la mesa, alguno bajo el culo de Marta y otros caídos por el suelo. Pero eso era bastante secundario en ese momento donde sólo me concentraba en sentir el roce de mi polla con las paredes de su coño mientras mi chica me gemía en la oreja a cada pollazo que le daba.

-Arghhh, Luis…mmmmm, sí, arghhhh

Marta estaba habladora y eso me animaba a bombear más fuerte aún. Iba a ser un polvo corto pero tal y como había empezado tampoco era precisamente muy de cariñitos. Marta quería polla y yo se la estaba dando. Cada cosa en su momento. Además la forma como se agarraba a mí eran preludio de su orgasmo próximo. Pensé en darle la vuelta y follármela de pie apoyada en la mesa, pero así lo había hecho una vez con Claudia en la otra mesa de la habitación, la que estaba junto a la ventana, y lo descarté. Tenía que ser diferente. Era Marta, no Claudia…

Justo estaba descartando esa idea cuando Marta dio un gritito ahogado con la respiración muy agitada y su boca se entreabrió como buscando un aire que no encontraba sin que saliera sonido alguno de su garganta mientras sus piernas intentaban cerrarse más envolviéndome. Se estaba corriendo. Clavé mi polla hasta el fondo quedándome quieto hasta que sus temblores cesaron.

-Ummmm, Luis…mmmm- decía tragando saliva.

Fui a sacar la polla de su coño pero me detuvo:

-No, por favor, no la saques todavía…

Entonces cogí sus piernas poniéndolas sobre mis hombros haciendo que se resbalara por la mesa cayendo algún folio más al suelo. Se sujetó con las manos soltando mi cuello. Yo empecé a follármela de nuevo con intensidad. Su rostro angelical se transformó en una mueca mezcla de placer y dolor, para a continuación poner un gesto de absoluto deseo contrayendo su carita cada vez que mi churra volvía a perderse más en el fondo de su chocho. Me miraba con una intensidad que casi me asustaba y a la vez me animaba a darle más fuerte.

-Sí, Luis…sí…mmmmm, sí…..mi vi…

No terminó la frase. Y volvió a repetir mi nombre:

-Mmmmm, Luis, Luis…argh…

Noté que me faltaba poco y la avisé.

-Marta, me viene…¿dónde lo quieres?
-Donde tú quieras…no me manches la falda…mmmmm, dentro, Luis, dentro….mmmm

No me hice esperar mucho y empecé a soltar chorros dentro de su coño sin cortarme a la hora de dejar escapar mis gritos de placer.

-Mmmmmmmm, Marta….arghhhhh. mmmmm, grrrrrrrrrr…..

ufffff

f.

Fue una corrida intensa y bastante larga. Creo que hasta se me bajó la tensión pues casi me da un mareo al terminar. Besé a Marta y me senté en la silla mientras mi chica se bajaba de la mesa.

-Luis, date prisa, dame algo para limpiarme que se me escurre tu corrida.

No sabía que coger ni tenía a mano pañuelos, ni un rollo de papel ni nada. Sin pensarlo cogí su tanga y lo pasé por el interior de su muslo recogiendo el líquido grumoso que resbalaba por él. Cuando Marta se percató de lo que era me dijo:

-Pero Luis, ¿y yo ahora qué me pongo?
-Pues no sé…¿unos calzoncillos míos? O nada…

La vuelta a casa fue de lo más divertida por mi parte, pues tras probarse unos calzoncillos míos Marta se vio poco sexi y prefirió ir sin bragas aunque no dejaba de sujetarse la falda con la mano a pesar de no hacer viento. Yo la piqué preguntándole:

-¿Qué se siente? ¿Fresquito? Jajajaja
-Tengo la sensación de que todo el mundo sabe que voy sin nada y me están viendo.
-Y yo me muero por levantarte la falda, jajajaja
-¡Ni se te ocurra!
-Tranquila, ese chochito es para mí…pero ¿sabes que también me pone nervioso saber que no llevas braguitas?
-¿Nos tomamos algo en una terraza?
-Nooooooo, jajaja. Me muero. Vamos a casa rápido que además se me está escurriendo todavía un poquito…
-Mmmmmm, chochito mojado….

El manotazo en mi espalda tuvo que resonar en toda la ciudad, pero también mi risa.

Pero pese a lo que la conversación pareciera poder indicar, al llegar a su casa Marta entró al baño a limpiarse bien los restos de nuestro sexo en la residencia y después se puso uno de sus tops de andar por casa y un pantaloncito de deporte, pero no dio señales ninguna de seguir con juegos pues de inmediato nos pusimos a estudiar. Yo a pesar del polvazo que habíamos echado en mi dormitorio seguía contentillo y quise provocar alguna situación preguntándole si se había echado la crema para evitar posibles irritaciones. Pero me dijo que sí, por lo que pensé que tendría un efecto diferente después de follar o Marta era capaz de aguantarse las ganas porque ya se había quedado satisfecha. La cuestión fue que tocó estudiar hasta mi hora de irme a correr, que era algo que no perdonaba para mantener mi equilibrio en esos días de estudio.

Al llegar a la habitación para cambiarme me di cuenta que había dejado los calzoncillos sucios con los que me había limpiado la polla tirados en el suelo. Además Marcos me dio un postit que alguien había dejado en la puerta del dormitorio que ponía: “¿POR QUÉ NO FOLLAS EN OTRO LADO A LA HORA DE LA SIESTA?”. Joder, entre lo de Blanca y esto mis polvos empezaban a ser famosos en la residencia. Esa habitación estaba marcada desde los tiempos de Óscar.

Cené con Ángela y le repetí el ofrecimiento de estudiar juntos. Esta vez lo aceptó. Después de cenar estudiamos un rato en su dormitorio. A la mañana siguiente también se vino a casa de Marta. Era una típica casa de estudiantes en época de exámenes: Silvia en su dormitorio, Ángela en el salón y Marta y yo en su dormitorio.

A Ángela le venía bien tener compañía en los descansos pero a mí se me acabó el pensar en tener un ratito con Marta, y más cuando al día siguiente se nos unió Miriam. Al menos con suerte, el jueves después del examen caía un polvete, porque tener a Marta y su barriguita con el piercing en mis narices y saber que no iba a pasar de cuatro besos y caricias me ponía malo, más que malo, más salido todavía. Qué pronto nos acostumbramos a la periodicidad del sexo y que mal llevamos la falta.

Así pasamos el examen del jueves, del viernes en el caso de Ángela. Pero salvo la mañana después del examen y un descansito en la comida, nada de nada. Sólo estudiar. Y de la mamada que me hizo Marta la semana anterior o el polvo en mi dormitorio, ni hablar. Me tenía a pan y agua porque estábamos a todas horas con nuestras amigas. Mi esperanza era quedarme a dormir ese jueves y que estuviéramos solos. Pero por la tarde recibí un mensaje extraño en el móvil. Era Dani:

-Oye tío ¿qué tal?

Avisé a Marta: “Mira quien me escribe”.

-A ver que quiere, pero no le digas nada a Ángela.-me recomendó.

-¿Qué tal, tio? Bien, estudiando mucho.-respondí a Dani.
-¿Cómo llevas los exámenes?
-Bien, me he dejado ya uno para los finales pero bien. ¿Tú qué tal?
-Voy tirando. Ya sabes que no me estreso. Mira, Luis quería comentarte algo.
-Dime.
-¿Tú conoces mucho a la Karina esa?

Le enseñé el mensaje a Marta que me contestó: “Síguele la corriente a ver qué quiere”

-Bueno- respondí- es la ex de una amiga.
-Ya. Eso lo sabía, no veas que escenita me montaron el jueves pasado.
-No sabía nada- mentí.
-Puff, no veas que dos leonas como se pusieron. La Karina esa quería que me lo montara con su novia y resulta que la tía es boyera cerrada. No sé en qué pensaba. El tema es que se presentó tu amiga donde habíamos quedado para discutir con Karina y no te imaginas lo que se dijeron allí.
-Algo me ha contado mi amiga, pero no en detalle.
-Yo la verdad es que no eché mucha cuenta. La Karina esa es una zorrita que le va la marcha y a tu amiga no. Pero joder, la próxima vez que se pongan de acuerdo antes de meterme por medio. Me tragué el numerito de las dos discutiendo y encima me quedé sin follar.
-Gilipollas…-comentó Marta que leía los mensajes a mi lado.
-Pero tú no me has escrito por eso.-respondí.
-No. Es por la Karina esta. Verás yo no sabía que tenía novia. Ella no me dijo nada y yo me la he zumbado varias veces. Me vino con el cuento de dibujarme, pero me sonó a excusa. La tía buscaba tema y le gustan las pollas gordas.
-Imbécil…-decía Marta a mi espalda.
-El tema es que me hemos quedado varias veces para que me dibuje pero al final hemos tenido fiesta. La tía es la bomba. Nuestra Blanquita se queda en nada con esta zorra.
-¿Cómo puedes aguantar a este tio?- me preguntó marta leyendo los mensajes.
-No lo aguanto- le respondí a mi chica. Hice las paces con él porque tú me lo aconsejaste…
-Vale…el tio engaña tela. Lo reconozco.
-Bueno a ver que quiere.-dije para seguir leyendo lo que escribía Dani.

Dani había escrito una parrafadita:

-Pero hay una cosa que me tiene extrañado, tío. La tipa está obsesionada con montarse un trío conmigo y otra chica porque dice que yo tengo experiencia. ¿Tú qué vas publicando tus proezas por ahí? Ya te lo advertí una vez, lo que se hace en la cama se queda en la cama. Los machos somos discretos, ya me entiendes.

Marta y yo nos miramos extrañados.

-Luis ¿a quién se lo contaste?- preguntó Marta.
-A ti…¿o quizá a Ángela también? Estaba tan arrepentido que no recuerdo habérselo contado a nadie hasta que me sinceré contigo. ¿Se lo contaría a Ángela en una de nuestras charlas?
-Si tú no lo sabes…
-¿Tú no habrás sido?
-Luis ¿yo? ¿Por qué? ¿A Karina?
-Nooooo, a Ángela.
-No nos contamos esas cosas.-respondió Marta con suficiencia.-Pero veo que tú y ella sí.
-Tranquila que no le he contado nada de ti.
-De todos modos hay que decirle algo a Ángela.
-Hablarle de Karina ahora. No lo veo.-atajó mi chica.
-Y ¿qué le digo a Dani?

Mi chica me arrebató el teléfono y empezó a escribir.

-Yo no he contado nada a esa niña ni a mi amiga, pero a lo mejor Karina se ha imaginado que tú tendrías esa experiencia.
-No va a colar.- le dije a Marta.-Es tonto pero no gilipollas.
-Espera…-y siguió escribiendo:
-¿Te has montado tríos antes? Porque a lo mejor no le ha llegado por mi parte.

Dani no respondía. No quería un lío con ese tío. Creía que había salido bien parado de mi extraña relación con él y no quería más historias. Pero Karina me estaba metiendo en un lío. Por fin llegó su respuesta.

-Vale, tío. Sólo era por saber si ibas contando batallitas por ahí. No te preocupes. Si quieres nos tomamos una cerveza un día de estos.
-Cuando termine los exámenes encantado.-mentí antes de despedirnos.

Marta y yo nos quedamos un rato pensativos. Pero yo hablé antes mostrando mi zozobra.

-¿Qué hacemos?
-Será más bien qué haces.-me espetó fríamente.-Este es un lío tuyo que a mí ni me va ni me viene.
-Pensé que éramos nosotros.-respondí con voz triste.
-Yo te apoyo, Luis pero lo arreglas tú.
-Vale. Pues aconséjame. Quien me aconseja normalmente no sé si me ha vendido y está sentada en el salón. ¿Le pregunto directamente a ella y la hundimos o qué hacemos? Yo pensaba que podía confiar en ti.
-Tenemos que hablar con Karina. Mejor dicho, Luis. Vas a hablar con Karina…

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